martes, 30 de diciembre de 2014

Pepa Flores, si la hermosura es arte...




La pena entra en la cabeza.
           

            Inmensa, de una belleza mórbida que hubiera vuelto loco al Baudelaire más engreído ensimismado en los balcones con el recuerdo juvenil del vuelo de un albatros. 

       No le hubiera hecho falta cantar y, sin embargo, vería las Bodas de sangre de Saura mil veces para escuchar sus nanas y el despierte. No se sintió cómoda en el mundo de los adultos y perdimos a la Wendy de todas las horas, esa que alegra la tristeza de nuestro corazón de poeta con un verso perdido en una tarjeta navideña, esa que se rebela y nos castiga sin sus canciones, esa que nos lleva de la sierra al mar derramando las flores de su apellido. 

          Por fortuna nos quedan los vídeos para poder tocar el telúrico acento malagueño de su voz partida al pasar de los años, el pliegue almidonado de su bata de cola, la envidia que sentimos de su dichosa peineta. Esta mujer no es poeta, es poesía.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.