martes, 25 de agosto de 2026

En la mirada de la noche (Versión junio 2020)

 A Roxane Aristy, ha muerto Camarón

pero sigue el cante porque es tan grande

que nació herido de muerte.


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Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

(Lorca - Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías)


I


En la mirada de la noche.


En la mirada de la noche donde expiran los olivos,

en el verde de silencio oscuro y cerrado de los campos

donde alumbra sin brillo

una estrella que tiembla

con timidez de niña enamorada

voy midiendo los huecos del camino[ii].


Y no se lleva el miedo que la luna sombría

acaricia en su tela de araña que muerde,

y no mira a los locos

que sueñan la maleza del llanto de los grillos

que no pueden romper la aurora con sus éliitros

ni el delirio infantil que acunan los carteros

sin palabras de amor,

sin esquelas ni huellas gimiendo en los tejados

donde sufren los hombres y sangran los poetas.


II


Hay un jardín que muere en el patio de los miedos

donde canta la alondra

que lloraba sin luz

en lo turbio y estrecho que vuelve de una infancia[iii]

y no encuentra palabras para explicar tu canto,

y entre escombros agolpados contra el muro

la tristeza se esfuerza

por ofrecer su lecho de raíces a unas plantas de Oriente[iv]

que no verán el polvo de sus primeros pasos nunca más

como tus ojos,

en un barranco donde no habita una estrella

que los guíe,

oscuros, deslavazados, apasionados, muertos,

en el libro amarillo[v] que mostrara tu hondura

ante mi asombro de niño,

en la palabra de amor que desplegó tu boca hacia los tristes,

hacia los que nacieron arrodillados

ante el peso infinito del estigma invisible[vi],

hacia los que tienen hambre de amapolas

de montes rotos que imploran su olor a tierra,

la melancolía de su ocaso

que nadie mirará mientras duerman los dioses

entre sábanas blancas tendidas en un mísero cordel

y la canción que hiere en las tinieblas

de las cinco en punto de la tarde[vii].


III


En una noche de agosto te marchaste Federico

cantando una soleá con muerte de seguiriya,

con un maestro de escuela y con dos banderilleros

con los ojos de aceituna y negra y roja bandera.


Para hablar a los silencios de tu cálida tristeza,

de tu fresca alegría

para que te consuelen en la muerte que llevas

con la sombra de Ignacio gimiendo en los arrayanes,

para que te recuerden los trinos del amor

al que otros escupen y apuñalan

en las aguas cristalinas y puras de la Vega.


Para que se marchen los comisarios viejos

de la sonrisa exacta que caminan

con sus cruces sobre los hombros de los tristes

y esgrimen en el aire sus látigos del orden

que gobierna la muerte en la esquina del nocturno[viii].


IV


Federico ausente


Yo en este rincón donde no llega

el aire que he buscado con ansia y amargura

pensando en la aspereza

de las lenguas que insisten con medallas de cieno,

en esta tierra mía,

cansada de llorar por quienes la llenaron de elegancia

y la preñaron de ternura,

en cegar la mirada del jilguero

que no aprendió a volar y cayó en agosto,

encadenar el llanto que derrama

el hombre bueno y libre[ix],

desenterrar las flores, apartar las estrellas,

en manchar la hermosura de tu figura y tu acento,

despojar a los santos de su mensaje íntimo

y masacrar la rosa en los labios del profeta.


V


El poeta y la muerte


Yo acorralado

en este desconcierto de palabra cautiva

que no verá su curso natural cubierto con requiebros

de amante a la ventana y coplas en el aire;


Granada ya no es Granada,

es una charca de sangre

en esa noche ardiente de partituras huecas

que lloran la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones

que no temen las balas donde sus ramas duermen

y siempre escapan prestos del canto del verdugo.

Y, al fin, llega el poeta

con su traje de loco que no encontró destino,

su valiente alegría

masacrada en los salones de la camisa azul

con la cruz en la mirada y la muerte

en las entrañas,

con el corazón quebrado por una pena

que brama,

sangra, duele, pero no sabe expandir

en los labios que la tiemblan, la precipitan, le cantan

los bardos por seguiriyas

y sitúa los huecos que arrastran a un rincón desconocido

entre el polvo y los espejos de un barranco[x] aletargado

cuya senda nunca ha sido ni barrera ni quebranto

que levante el vuelo alto derramado

en tus pequeños ojos

infinitos.


VI


Por eso canto,

para recordar la emoción del niño

que mira a sus mayores agradecido y obnubilado,

canto por esta senda perdida que cubre la soledad del mar,

los quejíos del monte y el dolor de los recuerdos[xi],

por este eco profundo

cuyo lamento no escucho pero llora y me asalta

en el rostro inundado por la gracia de aquellos

tocados por la elegancia,

prendidos por la cintura de un torero enamorado,

de una bandera bordada y su Marianita[xii] ausente.


Canto para enmarcar la brisa pasajera

del cómico ambulante,

de los iletrados que llevan en la sangre la poesía[xiii],

de los andaluces que tocaban las palmas con espanto

cuando en el Tarajal se estiraba la muerte,

de mi pequeña calle donde sigue mi madre

aunque digan que cerraron sus ojos para no verme

borracho y melancólico[xiv]

sintiendo otra bandera...


Y siempre encuentra abrigo en el pecho de los sauces

que viste a Federico triste, frío, muerto, sin sudario[xv],

en la hondura temeraria que el levante no se lleva,

en el poema de luz que se hunde en los estanques

donde Millais expira con una novia ajada[xvi]

y suspira entre los mirtos mientras los sueños se detienen;


“…tuve un amigo, tuve un poeta

que rimaba las nubes y el agua quieta[xvii]”.


John Cornford, poeta inglés, moriría en Lopera, unos meses después que Federico, entre los olivos. Tenía veintiún años y un día, como los inocentes el 28 de diciembre de 1936.

[ii] Luis Cernuda.

[iii] Gustavo Adolfo Bécquer; “Del salón en el ángulo oscuro”.

[iv] De la India.

[v] Un libro de PREU que encontré tirado en un pequeño barranco en la playa de La Fragua, lugar de culto para los gitanos y los que no tenían rumbo y bebían vino desde las primeras horas de la mañana.

[vi] La injusticia aleatoria que denuncia en Poeta en Nueva York. Creo que el poema era “Romance sonámbulo”. Recuerdo las tres rimas de Bécquer, en cambio.

[vii] Federico García Lorca: La cogida y la muerte.

[viii] Para saber que no todo se ha perdido. Lorca; Nocturno del eco.

[ix] Carlos Cano cuando emocionado evoca a Diamantino.

[x] Parece ser que Lorca pasó sus últimas horas entre Víznar y Alfacar, en un barranco de este último pueblo se piensa que se encuentran sus restos; los españoles tenemos a los mejores poetas pero no amamos la poesía.

[xi] Emilio Prados: “Jardín cerrado”.

[xii] Mariana Pineda que fue asesinada por bordar una bandera liberal en los tiempos terribles de Fernando VII.

[xiii] En el Tobogán, mi pequeña calle de tan sólo catorce viviendas, había analfabetos que disfrutaban cuando se les leía poemas de Lorca, Antonio Machado, Bécquer…

[xiv] Antonio Machado.

[xv] Ven acá muerte, ven acá / y que se me entierre bajo un triste ciprés. (William Shakespeare).

[xvi] La muerte de Ofelia.

[xvii] Manuel Pareja Obregón: Llora Granada cuando sale la luna.

Canciones de Sabina

 

1

Cerrado por derribo





Hace tiempo que encabezo mis opiniones con el "creo", el "pienso" o el "quizás", y eso es así porque he aprendido a reconocer que me había equivocado en cosas de las que me sentía muy seguro, porque he comprendido que creer en Dios no es hermoso si no se tiene una duda sobre su existencia. Creo que el Sabina que despedía un milenio y se asomaba a otro ya había dejado canciones para que se le recordara, pero es en este período en el que forja el resplandor de su leyenda de hombre derrotado pero no vencido aunque no haya dedicado una canción a los samnitas o a Pirro. Desconozco, como tú, los entresijos de una canción que siempre encontrará a alguien que la quiera escuchar sabiendo que habla de sí mismo y de su propio desconcierto ante el paso de los años. ¡Qué no daría el viejo y ya entrañable Joaquín por volver a sentir el temblor de asomarse a los cincuenta!


Sabina estuvo años forjando una leyenda de libertino urbano, tierno en las asperezas, rebelde hasta con su propia estampa, iconoclasta del jueves con Joaquín e inmisericorde con Sabina, y lo hizo francamente bien con canciones que todos tenemos en la cabeza que les niega que se desplieguen en el olvido como una bandera que se enamora del aire y no representa a nadie. Después estuvo años intentando sin contemplaciones deshacer esa leyenda que no era verdad ni mentira y llegó la inmortalidad con tres discos irrepetibles. Es un privilegiado que alcanzó su plenitud a la edad que muchos habían plegado sus velas incapaces de manejar los vientos que habían cambiado, supo encontrar un rumbo incierto en la deriva con la humildad forzosa de aquel que solo sabe que no puede engañarse a sí mismo y encuentra el arte en la belleza mórbida y decadente de sus propias ruinas.

2


Como un dolor de muelas







La madurez se alcanza cuando piensas con sinceridad que te puedes morir el día siguiente. Cuando es verdad sirve de poca ayuda a los otros, nunca nos creemos las palabras de alguien que va a morir, tampoco las de aquel que piensa que va a vivir para siempre cuando muera.


Sabina firma las palabras de otro, en este caso las del subcomandante Marcos, y logra una de los aportes más brillante a su colección de disparos a bocajarro, a este mundo en el que vivimos que parece enfadado con la verdad; cuando aparece lleva con frecuencia el desgaste por el paso de los años de Joaquín y los mordiscos de su deriva quevedesca.



Cuando solo nos queda la verdad de nuestro pensamiento, ese que nos recuerda que aparecieron otras arrugas en la frente de nuestros amigos, que nuestro cabello se llenó de sal amarga, que nuestro corazón dejará de latir sin saber que se habrá hecho de nosotros, cuando perdemos el miedo de morir porque, como diría Pablo, la vida no vale nada, y luego sueñas que estás despierto para volver a dormir.



Tara21 de octubre de 2017, 1:08


Cuentan que escribir, componer… es un acto privado e intransferible. Me desconcierta un poco este ¿encargo? Del subcomandante Marcos a Sabina. No se la parte de la letra de uno y de otro, aunque hay una simbiosis singular hasta el punto de ver en Sabina otro Sabina, como capas superpuestas perfectamente encajables. Es verdad lo que afirmas, el mejor de “los disparos a bocacarro”. Una canción gesto con su voz tan devaluada que emociona de puro desgaste. ¿Cómo quedarse impasible ante esto?

Como si llegaran a buen puerto mis ansias,

como si hubiera donde hacerse fuerte,

como si hubiera por fin destino para mis pasos,

como si encontrara mi verdad primera,

como un suspiro profundo y quedo,

como un dolor de muelas aliviado

,

Francisco, eres poeta hasta haciendo críticas tan asertivas y acertadas como esta que nos ofreces, sobre todo en su tramo final.


Nota.- Anoche, antes de irme a la cama me pareció leer algo distinto en esta entrada, no se si era que estaba destemplada por culpa de la gripe o qué.


Francisco Enrique León3 de noviembre de 2017, 2:36


La letra de esta canción tiene mucho de su firma aun en el caso de que no hubiera escrito ni un solo verso hace suyo el mensaje con una sinceridad que hiere y nos deja un halo redentor como si hubiéramos dejado el alma en cada golpe de voz. No podemos imaginar el "Aunque tú no lo sepas" sin el fantasma de Enrique Urquijo sobre el escenario del Galileo, sin el maduro adolescente que siempre fue Sabina deshojando el farewell de los besos que vienen y se van.

3


Por el bulevar de los sueños rotos.




Mi corazón se está quedando en el Madrid cosmopolita y mestizo, no lo puedo evitar, admiro a los camareros de los bares que frecuento esparcidos abundantemente en la cercanía del Sol, cada vez más diversos y eficientes en su acento y en su piel. Un Madrid cada vez más humano, como dijo Blas de Otero fieramente.


Aquí Sabina se pasó varias estaciones sin repostar. Directo y a las sienes de Chavela Vargas y su cruz de olvido, sus míticas borracheras y sed de sexo y de arte, su corazón en todas partes, pero primero en Madrid.


Joaquín me dejó con las ganas de haber compuesto una canción así, él y yo, andaluces, de La Elipa. Hubo un tiempo en el que desconfiábamos en los caprichos pretenciosos de nuestra gran urbe, ya tiene nuestro corazón, ya vibra con nuestras lágrimas, tan bien derramadas como están en honor de la gran e indomable Chavela.


4


Que se llama Soledad








que ser valiente no salga tan caro,

que ser cobarde no valga la pena.


Ayer un compañero nuestro me llevó a Claudio Rodríguez, no era la primera vez que lo leía y volví a encontrarme con lo mismo; admiración y desapego, hay algo que no conecta entre su sensibilidad y la mía, pero siempre percibí que me encuentro ante un gran poeta, que ya lo era apenas con 19 años.


Sé que a otras muchas personas les habrá ocurrido algo parecido, los que escribimos poemas siempre estaremos marcados por los poetas que nos llegan pero podremos ayudarnos de apreciaciones casi objetivas; dominio del lenguaje poético, léxico, ritmo, pausas, azares constatables... para reconocer que aunque no nos sintamos a gusto leyéndole nos encontramos ante un gran poeta, pero entramos de lleno en otros cuya principal virtud para nuestros ojos es que nos concilia con nuestra condición de hombres. No quiero decir con ello que Joaquín Sabina no tenga recursos poéticos, ni mucho menos, pero cuando pase el tiempo, ese dios implacable que pone a cada uno en su sitio, no será su técnica ni su habilidad con la pluma las que permitan su recuerdo, serán aquellas sentencias entreveradas, a veces en una canción no muy afortunada y el alma de lo que decía en apenas dos versos que implicaban su conocimiento de la naturaleza humana. Joaquín no tiene nada que ver con el Príncipe e intuyo que se siente dichoso de que así sea, ha sabido atravesar los pasillos sonrientes donde jugaba a ser feliz la criatura de Wilde y quedarse atrapado en el palacio de las preocupaciones donde el placer y el deseo tantas veces nos roban la sonrisa.


Una curiosidad, aunque parezca imposible, esta canción no la escribió Sabina.

5


Esta noche contigo






Voy añadiendo posts a mi colección que ya no adorna los pasillos, desde luego que Sabina no ha encontrado en mí un buen embajador, pero hago lo que puedo con las mejores intenciones, sin saber la razón, ya sé que vivo en el país que se ha empeñado en dar calidad de bueno a lo mediocre mientras los santos vuelven a irse de paseo.


Creo que merece la pena medir los versos de Sabina, son inmensamente largos, como una cita bíblica sin Dios que la corrija, como ese sueño que perseguimos y que lo mejor que nos puede pasar es que no lo alcancemos. España tiene muchas cosas malas, pero tiene cosas buenas que pueden ser objeto de estudios minuciosos; ¿Cómo es posible que tengamos tan buenos escritores entre tanta gente que no sabe leer?


Sé que Joaquín verá con buenos ojos que María le robe la cartera, que quiere mucho a la Jiménez y se siente orgulloso de haberle servido en bandeja de plata una obra maestra perdurable.

6


Peces de ciudad

Tus manos temblorosas esgrimen el papel

donde Byron dibuja la Hélade soñada,

y ya no quedan barcos para buscar las islas.


Estamos de acuerdo en que debemos llevarnos lo vivido, que lo más grande que hay no son las letras de cambio, en desuso hoy en día pero sustituidas por unas cláusulas más implacables aún con su letra pequeña en la que se suele decir que el diablo vendrá por tu alma teniendo al banco como intermediario, que hipoteca es una palabra amarga en la que los trabajadores nos dejamos media vida, que cuando habla el maestro del conceptismo urbano los parlanchines vacuos callan y los chalados nos arrimamos para ver si se nos pega algo, tarea harto difícil, ya que Joaquín estará en el barrio de las Letras cambiando ingenios con Quevedo.


Esta joya no funcionó ni bien ni mal, no estamos en disposición de exigir demasiado a un público acostumbrado a escuchar el sonido estruendoso de los platillos cuando se le advierte que llegan los aplausos mientras suena la ejecución rockera y farragosa de la maravillosa, dolorida e imperturbable princesa del recuerdo, cuando Madrid no era una fiesta y no quedaba cera para esculpir una herida más en lo perdido.


Pero mirad nombra a Brel y convierte a Amsterdam en una mujer que nunca pasa por nuestra calle mientras se desabrocha el último botón de nuestra camisa y sonríe con malicia porque sabe que ha enterrado contra su pecho el candor de nuestra mirada más peregrina, y se empapa del polvo de Desolation Row cuando Dylan sabía llorar y emocionaba a pesar de las limitaciones de su voz, y eso me pone un montón, me la quedaría solo por eso y tiene más, tiene poesía y sentimiento, tiene crítica social y un estribillo derrotado que vence al tiempo.


Un genio en el apogeo de la sonrisa irónica y amarga no exenta de ternura, un poeta sin más límites que su propia imaginación, un músico que desaparece para entregarnos sus cenizas llenas de vida y sinceridad en un urna que ama, como la mañana al sol, al ruiseñor nocturno de un jovencito inglés tísico que agoniza en la Italia eterna que nos pertenece desde que vimos la luz.


¿Si me gusta Sabina? No os lo ibais a creer si dijera que no. Es el más grande, con permiso de su primo el Nano. Serrat es demasiado grande, ya peregriné al portal de sus primeros pasos, de su niñez breliana de soñador que enamora a los vientos y, sin embargo, Joaquín ha ido con él de la mano, Serrat ya no es Serrat, se dejó el corazón en Piel de Manzana, Joaquín dio lo mejor de sí mismo cuando se adentraba peligrosamente en los cincuenta, cuando dejó de mirarse en el espejo y reservó el grito para aliviarse de un dolor de muelas.


7

Pasolini

 Creo que, por desgracia, no hay que recordar mucho para encontrar el mundo que denunciaba Pasolini. El debilitamiento de la sociedad sagrada en Occidente no ha hecho que esta haya sido sustituida por otra con verdaderos valores humanistas.

(9 de junio de 2018)


Creo que debemos conocer a Pasolini, estemos de acuerdo o no con sus posicionamientos; dio motivos sobrados para cuestionarlos, en buena parte por una inconformista tensión constante que le hacía buscar la originalidad y desechar los tópicos más aceptados; su polémico punto de vista sobre el aborto no satisfizo a nadie. Pero quienes escribimos debemos insistir en su poesía, a veces pasan largos años sin que surja un poeta de su talla.

(7 de octubre de 2018)


Pasolini, en sus dos facetas más destacadas; la poesía y el cine, pasaba con suma facilidad de la genialidad al atropello, pero en ellas encontró lo más perdurable, yo añadiría, como su otra cumbre, la entrevista, un arte apenas reconocido e improvisado, en el que siempre buscaba la calidad estética y el compromiso, para mí incomprensible cuando lo basaba en la simple provocación del escándalo, ¿hay algo más escandaloso que decir simplemente la verdad a pequeño-burgueses que sueñan con la burguesía e imitan su decadencia? Su final, sinceramente presentido, podría haber formado parte de uno de sus guiones, sería el mártir en el que creía con el candor mortificado de un niño católico obnubilado por los brazos protectores de su madre. Probablemente nunca tuvo tiempo para escribir poesía, para corregirla o buscar la palabra exacta, el concepto adecuado, aun así dejó poemas que debiera conocer todo aquel que se asoma al mundo de los versos. Cuando empecé a conocer su obra dije, y el tiempo me ha ayudado a corroborarlo, que Pasolini partía de un lugar en el camino adonde no llegarían nunca incluso poetas de renombre.


(24 de octubre de 2018)


Ciertamente, Mirta, se me ha hecho corto tu comentario, perdóname si me he equivocado al llamarte, en España lo más normal es tener dos nombres y es, hasta cierto punto, frecuente que se nos llame por uno solo que no coincide con ninguno de los dos.


La luz del sol sigue madurando,

lejos andan los vendedores ambulantes;

sigue agriándose la tibieza del verdor en los mercados

del mundo,

por las calzadas de indecible perfume,

en las orillas de los mares, al pie de los volcanes.


(Pasolini – 1962 Las hermosas banderas – Traducción de Guillermo Fernández)


Me sorprende que, con respecto a Pasolini, algunos me hayan tratado como a un Jeremías extraviado. Respeto a todos los poetas y no niego ninguno de sus méritos pero pienso que la mayoría de los poetas endiosados, a pesar de su vasta cultura y su pulcritud a la hora de escribir versos, quedan lejos del alma apasionada del poeta boloñés.(26 de octubre de 2018)


Quizás haya demasiados que articulen la muerte de Pasolini haciendo referencia a los hechos y a través de ellos entrar en el pozo insondable de las especulaciones, quizás se haya acaparado demasiado en el simbolismo trágico de que fuera aplastado por una de sus debilidades menos perdonables, esa que le acercaba algunas veces, muy a su pesar, a la decadencia babilónica contra la que clamaba apasionadamente y sin ningún miramiento. No debemos pedirle más a un hombre, hasta Cristo llegó a perder la calma. Pero en el hito más importante de nuestra civilización cada error nos recuerda a los de Cristo, cada pasión de alguien que arrastre una cruz es la suya.


(25 de diciembre de 2018)


Sé bien, sé bien qué estoy en el fondo de la fosa;

qué todo aquello que toco ya lo he tocado;

qué soy prisionero de un interés indecente;

qué cada convalecencia es una recaída;

qué las aguas están estancadas...


(Pasolini - Análisis tardío -Traducción - Hugo Beccacece)


No recuerdo en este preciso momento si fue su propio y lujoso coche el que acabó deformándolo, aplastando sus órganos y sus huesos, el instrumento póstumo del martirio, como le dije a nuestra entrañable compañera, Roxane. Cada minuto de escritura nos exige demasiado, quedará escrito lo que podrá leerse cuando pasen los años, podrán ser evaluados los errores de sintaxis, las faltas de ortografía, el desconocimiento cada vez más profundo que tenemos de nuestra alma.


La grandeza de Pasolini, de Lorca o Antonio Machado no puede evitar que al hablar de ellos hablemos de sus muertes y que memoricemos morosamente los detalles que las precedieron y los que las siguieron, estoy seguro de que ninguno de ellos quiso morir por sus ideas pero, sin la tierna ironía de Brassens y muy a su pesar, es por lo que lo hicieron.


Reconozco que yo también hubiera preferido hablar de Pasolini con ropa de mercadillo y con un utilitario carente de extras que hiciera sonreír con burla a los jovencitos bellos y pretenciosos; la soledad de la muerte acoge en las mismas garras del silencio al burgués y al comunista.


(21 de septiembre de 2019)  


que no se pueden comparar mundos diferentes (como cuando la gente dice que el libro es mejor que la película, frase que escucho con demasiada frecuencia. No se pueden comparar artes que están hechas de materiales distintos).

Como en un disco habrá canciones que nos gusten más que otras, no se si es buena comparación.

También sabemos distinguir que Revolution number 9 del álbum blanco, no se le puede llamar si quiera canción. Más bien un experimento.


Francisco Enrique León13 de noviembre de 2017, 3:08


Me dejé el escalofriante "Análisis tardío", "La rabia" y "Las hermosas banderas". Tardé mucho en cogerle el pulso a los dos últimos poemas, el primero fue un flechazo.


Para mí, Juan Carlos, hablar de poesía o música es hacerlo sobre lo mismo. Los artistas buenos suelen conseguir el sentimiento de la emoción en cualquier disciplina, cuando no lo logran pueden acudir a la llamada del oficio. En la poesía y en la música, el oficio por sí solo suele ser un argumento estéril.

el mundo desconocido,
él, desconocido, pequeño santo,
semilla perdida en el campo.
Y en cambio ha escrito
poesías de santidad
creyendo que así
el corazón se engrandecía.
los días pasaron
en un trabajo que le ha arruinado
la santidad del corazón:
la semilla no ha muerto,
y él ha quedado solo.
(Traducción de Delfina Muschietti – Versión de 1974)


22 de Julio de 2013


Sin que sepa, Ó., la razón concreta, siempre me ha gustado hacer partícipe a otros compañeros del placer que me causaba el descubrimiento de artistas en general y, especialmente, de poetas. Lo que me dices lo encuentro fascinante como el hecho de que Pasolini te haya resultado extraordinario, conocer a los grandes siempre nos abre puertas para afrontar nuestros retos, cuando requieren traducción en ella se nos ofrece unas posibilidades originales de tratar nuestra propia poesía.


Vuelvo a Pasolini en esta noche de levante que ha oscurecido las plantas, los semáforos, las nubes, las aceras y me recuerda algunos poemas que podría haber escrito.


Gracias, Rosana, por darme la oportunidad de acordarme de algunos momentos que no he vivido, de algunas cosas que no han pasado.


***


Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.


(11 de agosto de 2017)


En la vida no importa los pasos que des,

las sandalias que lleves

sino la huella que dejas.

(Pasolini - Variación: F.E. León)


Francisco Enrique León1 de junio de 2019, 20:40


Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.


(11 de agosto de 2017)

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Francisco Enrique León1 de junio de 2019, 20:43


Dom, 25 Nov 2018 8:53

No me parezco en nada a Pasolini, Roxane, él escribía poemas políticos y sociales y los llenaba de amor, yo solo escribo poemas de amor y, casi siempre, cuando no queda amor. Para mí es importante arrastrar esa contradicción; escribo poemas de amor y pies de página; he llegado hasta ahí por circunstancias específicas. No creo que la poesía me haya dado la espalda y, sin embargo, me siento como si fuera así.


Ni los ateos más recalcitrantes pueden negar la importancia de Cristo en nuestra civilización. Nos encontramos con la aparición de la sociedad laica y la contradicción que nos encontramos es que los creyentes más fervientes de Cristo, ahí debemos de situar a Pasolini, no creen en su divinidad, y quienes creen en ella la reducen a la parafernalia; lo importante es comprarle la túnica más lujosa al Nazareno para que procesione cada primavera u organizar una recogida de alimentos para los ➕ necesitados sin querer enseñarles el camino para que dejen de ser pobres.


Cada época de nuestras vidas tiene su canción, su película, su lugar, un nombre, una sonrisa, que con su sola evocación nos traslada a ella, y, aunque a muchas personas les cueste trabajo decirlo y otras pocas lo digan como quien hace una trasgresión excitante de una regla, aunque no recuerden un solo verso de él, cada época tiene su poeta. Así, Bécquer y Juan Ramón Jiménez marcaron mi niñez, Neruda, Antonio Machado y Hernández mi adolescencia, Hölderlin, Pavese y Lorca, iba a decir, mi madurez, pero casi he desistido en el intento de lograrla. Cohen y Pasolini llevan ahora unos años rondándome, no sé si me han desviado de la única lengua que conozco o si me han ayudado a la hora de hacer hablar a la del corazón, en la que todos entendemos.


Este apartado lo he reservado para el segundo de ellos, un descubrimiento tardío y que presentí que iba a ser largo nada más leer, antes de pagar el libro, el poema que venía en la contraportada. Este trabajo ha querido reflejar aquel encuentro. No es un esfuerzo unitario, son poemas sueltos escritos durante estos últimos años, me he permitido incrustar dos traducciones del inspirado poeta italiano, una de ellas, como indico, desde una versión en inglés de Pasquale Verdecchio, aquí no incluyo los originales porque no estoy seguro sobre los derechos que tengo para hacerlo.






Tenía veinte años, incluso menos, dieciocho,

diecinueve… y había vivido un siglo,

toda una vida.


Al constatar, consumido por el dolor

que nunca podría dar mi amor

sino a mis manos o al musgo de las trincheras.


O quizás a la tierra de una tumba desolada...

Veinte años y, con una historia humana

y toda su poesía, una vida había terminado[2].


(Pier Paolo Pasolini, de “Una vitalidad desesperada,

traducida al inglés por Pasquale Verdecchio)




Pasolini en el recuerdo (Versión 2018)

 Pasolini en el recuerdo (Versión 2018)


… Estoy en otro tiempo,

un tiempo que dispone sus mañanas

en esta calle que yo miro, ignoto,

en esta gente fruto de otra historia


(Pier Paolo Pasolini – Traducción: Delfina Muschietti)


1


Cuando la luz

ya no ofrece esperanza

y se me adentra el verso de un profeta que muere

en el nocturno inhóspito

de una playa tardía,

envejece mi alma por no saber nombrarle,

por no haber arrastrado

el peso de mi culpa, por ser testigo ciego

del implacable olvido,

de los años que pasan

por torpes avenidas y empañan las vidrieras,

amurallan los cultos, desfiguran los rostros

de los iluminados y alargan los pañuelos

para cubrir la huella de la sangre,

por las flores ajadas que viven en mis venas

y gritan su amargura,

por no reconocer

que la vida oscurece la memoria

y masacra el estigma eterno de un poema,

agrieta la palabra del poeta que duerme

en el discurso roto

de un instante de amor que busca y se le escapa

entre los matorrales sombríos del Leteo.


2


Ya no conozco a nadie que añore lo perdido

y solloce en la niebla de una playa rendida

por los labios que labran la herida de los surcos

que sufren en las llagas,

y el sueño mortifica el arrebato

del devenir cansado de la idea.


Ya no gozo ni sufro en el recuerdo.


En la sombra se pierde

el polvo de un fragmento desolado,

la voz del cementerio de una sonrisa triste

que no tiene memoria

y la lengua anhelante de las termas ardientes

que se ahoga en el Foro,

en las temibles velas de la brisa

que ocultan las banderas del puerto que decae

y sueña con la barca que no llega a sus brazos,

que agoniza temblando en las orillas

donde yace el silencio que aprisiona a los

 pobres

y el delirio insensato que adoran los poetas.

s.

domingo, 23 de agosto de 2026

Poemas de la locura

  A Leopoldo María Panero



Pobre barquilla mía,

entre peñascos rota

(Lope de Vega)


I


Yo que lucho por la luz,

he sido por la luz abandonado,

y no tengo forma,

palabra ni silencios

hacia donde vagaran

los barcos del delirio;

Lope encharcaba sus velas

por no cruzar mi bahía.


!Oh soledad sin faro¡

!Oh espinas¡ !Ay, espinas¡

¡Mi corazón en tus ojos,

mi libertad en la rosa,

mis vientos en el poniente

mi barca en la deriva!


II


Soy un payaso sin luz

que busca en una esquina

el amor y la risa,

que no encuentra nada

y no se conforma, no se conforma,

pero no sabe siquiera

lo que ha hecho, y no recuerda nada

de lo que ha dicho y sufre;

amarillean las hojas

en el huerto de adoquines.


Sentado en la arena

de la playa que gime

el grito de la sal

de los ancestros,

hablando a nadie,

defendiendo mi deriva.


III


Este circo sin fieras;

este llorar hacia adentro,

esta mutilación de las virtudes,

este orto del mar desfigurado,

este hombre que sueña en el tejado,

este trozo de mí que no me encuentra.


IV


Y me dices que estoy loco,

que volar es para pájaros.


(Hilario Camacho)


Sólo es hermoso el pájaro cuando muere

destruido por la poesía.



(Leopoldo María Panero)


Pero al fin mentimos y lloramos;

tú hacia el vértice de una estrella,

yo hacia la luna de los gatos,

tú ocultando este vacío,

yo, recordándote en el patio.

Tristeza

 Y de repente yo sin ti no era yo mismo


Estoy solo y lloro,

y no puedo mostrar el alma de mi queja.

He perdido el derecho a decir que estoy herido.

A oscuras me enfrento a la llaga que siempre vuelve,

que me aprisiona,

no sé si escribir es una liberación

o un camino hacia el infierno que no habla.


Ahí estás tú,

alardeando de lo que nunca deberías

sentirte orgullosa.

Es tu tendencia de un tiempo a esta parte;

puñales son tus palabras, son tus justificaciones,

no puedo salir de la red que me tiendes,

no puedo expresar mi angustia,

no puedo verte como antes.


Aún escucho en el pasado el corazón de las ballenas

y el suspiro de las hadas,

el llanto del sauce en un recodo del camino,

aún tiembla mi alma con el último beso,

antes del naufragio,

no demasiado apasionado de tu parte.


Y tú eres la mujer por encima de todas las mujeres

y yo el bufón que no sabe a qué dirección llevar su llanto,

cómo digerir el fruto amargo de su queja.


(7/12/2023)

II

Fotografía en el barrio La Viña 1987

 A Miguel Aurelio en el Barrio La Viña 1987.


para tu corazón

me arrastro en el olvido como un lobo enjaulado

que vaga en cuatro metros y no conoce a nadie,

muero en la soledad de una especie extinguida.


(Palabras a Constance IV)





Su frialdad se ha fijado en mi memoria.

Tan fría era, tan fría

que al estrecharla contra mi pecho

su corazón no latía.

(Friedrich Nietszche - tr- Mariano Manent)


Pavese vuelve a morir

cada vez que te miro y no me encuentro;

soy la soledad de una cita con las sombras,

el lobo abatido entre las rejas de San Amaro.


Es agosto y esta ciudad se ha llevado el rumor del río.

Nietszche vuelve a vivir en tu locura,

te busca en una carta que nunca llegará,

en cada pensamiento que no puede ser amado.


Sufro en las ramajes

más frágiles del Averno, pero ya ves;

te amo incluso cuando me regañas,

cuando quieres destruirme

por matar el tiempo...


No tengo la culpa de sentirme

un chico abandonado

cuando no me sonríes.


Hablé con Andrés

el día de la mujer mundial

pero no me escuchaba,

le decía que en Hoyos del Espinar

no deben atar un purasangre a una noria.

(Conversaciones con Laura - Turín, 18 de mayo de 2019)

Fotografías de Hydra

 Siempre quise saber a quién miraba

la chica de la foto,
de quién lleva en las cejas un umbral de flores amarillas
y por dónde respira el fanal de su inocencia,
su candidez exacta.
(Vicente Martín)

I

Imagen

Regresé de la muerte para hablarle a la soledad,
y sentir, en tu desierto,
el miedo y el aullido de un profeta olvidado;
para hundirme en las islas abandonadas
que emergían
entre los edificios exangües y ruinosos
de una ciudad antigua que no podía abrazarme
sin las sábanas húmedas
que mecieron nuestros cuerpos,
ni creer en la esperanza de los santos amortajados.

Escribí palabras de amor en el corazón del puente
que no quería llevar tu nombre,
y no esperaba a nadie entre la gente solitaria
que pasa por la calle
y no encuentra calor ni fuerza en el camino.

Sufrí en los lugares que tuvieron nuestra risa,
por el desapego que sentiste
de tu propia imagen en el cuarto de mi desvelo;
por las ideas
que ya no cultivabas en el jardín
erigido por las ramas de mi fragilidad y mis temores;
por la memoria de la niña que jugaba
entre las notas de una canción perdida en el olvido
y un corazón roto y desesperado.
II

Imagen

Ya no conoces el rumor del aire
en el alma fugaz de los jazmines,
la sangre clara y nueva que brota en los veneros,
ya no miras las nubes que se escapan
mientras la tarde oscura
se pliega en el silencio de tu rostro
y esa niña en grisalla con lazos en el pelo
siente con amargura mi derrota anunciada,
sufre la soledad del hombre ante la muerte,
solloza en los relojes
por la eterna crueldad del tiempo con Saturno;
ya no escribes mi nombre en el camino
devastado en los bordes de tu huella
y en su candor
no vuelve a las sandalias profundas de tu canto,
a la sonrisa tierna que llora entre los sauces.

III




Estás ahí, en ese trozo de papel borrado
que ya no habla de cambios
y de justicia
en los tugurios donde la bruma se detiene,
estás en mis brazos cuando sueñas
con el deseo de amarte por encima de las hojas
y de la muerte
cuando respiras en mis labios,
estás con mi sombrero azul de fieltro en mis rodillas,
caminas por el nácar de un negativo oscuro
como la nube de polvo que mecía
cada mañana tu almohada con mis manos
y el vestigio de una plegaria perseguida
por la virgen sin luz
de la capilla sin nombre y cerrada
por la sangre que perdía el clavel del Mentidero.

IV

El poema manchado de tu silla
y el vino de la noche
descienden a tu rostro de sirena exiliada
por el vuelo nervioso de una alondra
que no pliega las alas y emprende otro camino,
como un hueco en el salón
que golpea en las ramas de una puerta
ebria y atormentada
como la juventud que no fue nuestra
y llora
cada vez que me asomo a la veranda de tus labios,
al amargor de los helechos
de un niño ciego amortajado por el amor
que no supo querernos cuando llegó la noche larga.

sábado, 22 de agosto de 2026

Sacerdotes

 


Sacerdotes


Me enamora esta extraña rudeza de los vivos.
Me enamoran los ritmos
de los miembros ya muertos.
Me enamoran aquellos que ya entraron
en la noche que huele a pétalos y a polvo.

( Sidney Keyes - Traducción; Mariano Manent)

He pensado mucho en Ramón Ataz en estos días, en cierta forma muchas de las cosas que he escrito han podido verse modificadas por la impresión, difícil de explicar, pero cierta, de pesimismo valiente lleno de esperanza que me ha dejado su despedida. Reconozco que al escribir éste que os presento, el más osado de todos los que he escrito puesto que en su búsqueda olvidó que existen las cuerdas y las redes o que siempre puede haber un lugar seguro donde guardar la ropa antes de mostrar una herida, su recuerdo era vago y difuso.

Pero no puedo reprimir mi admiración hacia un hombre que no solamente sabía latín, estoy casi seguro de ello, sino que lo amaba, de eso no me cabe la menor duda, y lo mostraba siempre con la humildad del peregrino iluminado, nunca se subió al púlpito para hacerlo. La causa de que no le dedique el poema abiertamente no es otra de que me queden muchas dudas de que el poema esté a la altura de lo que él merece.

Por pasar, puede ocurrir de todo en esta vida,
tan monótona y siempre abierta a la sorpresa.

Este poeta que se burla de su sombra y el destino
podría ser bendecido por el pueblo
que le volvió la espalda cuando necesitaba
calor en el largo invierno que su alma fingía
y algo esperaba
mover en las conciencias con su aullido temerario,
mas no por el sacerdote
que desde la primera fila podrá ver
las arrugas profundas que el hambre
y la verdad habrán labrado.

No es algo que yo diga,
es por todos admitido,
cada cual en su escenario despliega lo que tiene,
y ya sabe el actor que vive por las mujeres
que, casi nunca, visitan el camerino
cuando se apagan las luces.

Desconfía, Horacio,
incluso de aquellas almas delicadas
cuando se olvidan del hombre e imponen con voz
condescendiente el brillo de su sotana,
ellas no soportan el verbo temerario
de quien ya no sabe lo que dice,
pero en sus metáforas absurdas les recuerda
el origen de la miseria de sus triunfos.

No tengo más destino

 No tengo más destino que el aroma

de tu cuerpo temblando junto al mío
y sentir el ansiado escalofrío
de la venda de amor que al aire asoma.

No tengo más remedio que la toma
del corazón que fluye como un río
y me lleva a los pies del desvarío
de tu soga de amor que al viento doma.

Me acercaré a tu pecho que provoca
y no podré errar aunque tú falles
pues te llevo en el alma que te invoca.

No podré caminar sin los detalles
que circundan la línea de tu boca;
te escucharé, amor, aunque te calles,

Extraño fruto

 Abel Meerepol







Los árboles del Sur tienen un fruto extraño

con sangre en sus raíces,

sangre en sus hojas.

Los negros danzan

con los vientos del Sur

como esa fruta extraña que cuelga de los álamos.


Idílicas escenas llenan el Sur amable

entre los ojos mórbidos y la boca indignada,

de magnolia un aroma

plácido y fresco

penetra en el olor ardiente de la carne.


Aquí dormita el fruto que los cuervos arrancan,

que la lluvia recoge,

inspira el viento

y pudre el sol,

cuando cae del árbol

se amasa una cosecha lastimosa y extraña.


(Abel Meerepol – 193

9 – Variación – F. E. León)

Patrizio Bárbaro - A Pasolini











El problema es tener ojos

y no saber ver,

mirar las cosas que acontecen.

Ojos cerrados, ojos que ya no ven...

que ya no son inquietos.

Que ya no esperan que ocurra nada más.

Quizás porque no creen

que la belleza exista.

Pero ella pasa sobre el desierto

de nuestras calles

rompiendo el límite agotado

y llenando nuestros ojos de un deseo infinito.


(Variación - Francisco Enrique León)

Leonard Cohen - Perdí mi camino

 "I lost my way,

I forgot to call on your name.
The raw heart beat against the world,
and the tears were for my lost victory.
But you are here.
You have always been here.
The world is all forgetting,
and the heart is a rage of directions,
but your name unifies the heart,
and the world is lifted into its place.
Blessed is the one who waits
in the travellers heart for his turning."


"Perdí mi camino,
olvidé invocar tu nombre.
El corazón prístino latía contra el mundo
y lágrimas fluyeron por mi victoria perdida.
Pero tú estás aquí.
Tú siempre has estado aquí.
El mundo lo olvida todo,
y el interior es un torbellino de itinerarios[iii],
pero tu nombre unifica el corazón,
y el mundo se levanta en su lugar.
Bienaventurado el que espera
en el corazón de los viajeros para que vuelvan. "

Anne Sexton

  Sexton - La verdad que los muertos conocen


https://cuadrivio.net/wp-content/upload ... Sexton.jpg


[img]Se me han ido, vuelvo de la iglesia

evitando la fría procesión hasta la tumba,

dejando a los muertos solos en el coche.

Es Junio y estoy cansada de mi entereza.


Nos dirigimos al Cabo, y me animo a mí misma

cuando el sol se desvanece en el azul

y el mar se balancea como una cancela de hierro

y nos emocionamos. Muere la gente en otros lugares.


El viento, querido, cae como guijarros

de las blancas aguas y cuando nos turbamos

lo hacemos plenamente. Nadie está solo.

Los hombres matan por esto o cosas parecidas.


En cuanto a los muertos... viven descalzos

en los barcos de piedra

porque son más de piedra que el mar cuando se aquieta.”

No quieren que les bendigan

la garganta, los ojos, los tendones.


Para mi madre, nacida en marzo de 1902, murió en marzo de 1959

y mi padre, nacido en febrero de 1900, murió en junio de 1959


For my Mother, born March 1902, died March 1959

and my Father, born February 1900, died June 1959



Gone, I say and walk from church,

refusing the stiff procession to the grave,

letting the dead ride alone in the hearse.

It is June. I am tired of being brave.


We drive to the Cape. I cultivate

myself where the sun gutters from the sky,

where the sea swings in like an iron gate

and we touch. In another country people die.


My darling, the wind falls in like stones

from the whitehearted water and when we touch

we enter touch entirely. No one’s alone.

Men kill for this, or for as much.


And what of the dead? They lie without shoes

in their stone boats. They are more like stone

than the sea would be if it stopped. They refuse

to be blessed, throat, eye and knucklebone.

Pasolini - Cercana a los ojos

 Cercana a los ojos y los cabellos sueltos

sobre la frente, tú, pequeña luz, 

demacrada, enrojeces mi cuaderno.

De adolescente, en tu pálida llamarada,

ardía hasta la noche, y era extraño

escuchar al viento y a los grillos solitarios.

Entonces, en la olvidada habitación

dormían mis padres, y mi hermano,

inmóvil, descansaba tras un muro delgado.

¿Dónde está ahora, luz roja?

No hablas, sin embargo iluminas; y suspira

el grillo en el silencio de los campos.

Y mi madre se peina al espejo

de una manera antigua como tu luz,

pensando en su hijo ya sin vida.

Carta abierta a Rafel Calle

 Y tú lees tu Emily Dickinson

y yo mi Robert Frost,
y señalamos nuestro sitio
en la cinta del libro
para medir lo que hemos perdido.
Como un poema mal escrito
somos versos sin rima,
estrofas sin ritmo
con un compás entrecortado.
(Paul Simon)


Nunca tuve fe en este poema, Rafel,
así, todo lo que me llega hablando sobre él
es un regalo añadido,
una gota que se yergue en el ruido del mar
que nos separa y nos une
como si fuera la poesía que perseguimos
por caminos diferentes y alejados.

En esto me veo cada vez que lo leo
y pienso que añadiría esto que me conforta,
que suprimiría aquello que me hiere,
que me pierdo en el milagro de una sonrisa triste,
que vuelvo al surrealismo que impregna mi palabra
con el romanticismo intemporal
adueñándose de todo aquello
que a todos nos pertenece y se mantiene en el aire;
hay en mi corazón furias y penas
cuando me siento embargado
por un verso de Quevedo.

Tengo asumido que no tendré jamás la lucidez
de José Emilio Pacheco.
Él tenía por cierto que lo que salía de su pluma
sería comentado,
escrito en las paredes impasibles del metro,
que sus sentimientos pertenecerían
a aquellos transeúntes sin destino
que lo necesitaran
como yo en este día de sol
que tirita apagado
como yo en una estrofa de Paul Simon,
como una huella errante sin dueño.

Sé muy bien que la oscuridad de mi palabra
no se enciende en la avenida
que hay entre el olvido y yo
como un pensamiento irreflexivo de Dylan
en el señor de la pandereta,
y la voz cavernosa y deprimida de Cohen
en la elegancia de una sábana desgarrada.

Pero merece la pena intentarlo, en esa lucha
siempre hay alguna caricia que queda
y se rebela contra los vestigios
que permanecen en los labios ajados del silencio.

Ya no tengo la calma para medir
un poema de amor;
volvamos a la calle de la ausencia,
a ese momento que rompe la soledad
de los poetas polvorientos en el exilio de las calles
que nos siguen acompañando
cuando descubrimos
algún misterio en la palabra siempre,
cuando tenemos por cierta la belleza
que subsiste en el cuidado de un Garcilaso ausente,
en la eternidad que brota en la mirada fugitiva
de aquella que nos mueve en el recuerdo
aun cuando perdemos fuelle en la soledad
que conserva el milagro
del primer verso de cada poema,
ese que nos entregan los dioses
y muere en el secreto de la audiencia
en los pies del teatro de los sueños.

No sé decirte nada más,
como los álamos tiemblo
en los lugares donde solía jugar.

II
Mi abuelo decía - El último tren de Tetuán



Para qué quiero salir a la calle si tengo el sol en la terraza desde donde veo el primer espigón que me trae el recuerdo de la tarde más triste; las rocas cortaron la cuerda que nos unía, a pesar de que me comías a besos y que me amaste cuando no me querías. Desde el espigón, a lo alto, mirábamos el túnel que viera pasar el tren de Tetuán en el taró que retaba al sol árido de agosto y vio la última guerra. A pesar de que la corrupción arrasaba a burócratas y militares, estudios minuciosos de las cuentas lo delatan, los tetuaníes guardan un recuerdo místico, sincero en su paternalismo desmesurado, de los españoles, quizás fuera porque estos carecían del orgullo de pertenecer a una civilización superior de los franceses que se quedaron con la parte más grande, culta y pacífica del Protectorado. Aunque también hubieron que vérselas con Abdelkrim y sus rifeños sanguinarios, en la toma de Fez.

Mis abuelos fueron a Tetuán en su viaje de novios, él, casi con toda seguridad, visitaría el cementerio judío y rezaría en la memoria de sus mayores, sus apellidos; le delatan, sus abuelos quizás eran sefarditas, llegué a conocer a mi bisabuela que parió 16 hijos y estaba prematuramente envejecida, era católica, ella se dejaría llevar, quería que así fuera. Entonces sería antigua y casi culta, conocía todas las canciones populares y todo los refranes, lejos de la amargura para siempre que 33 años después le dejaría la muerte de su hijo pequeño que no tenía más que 18 años, el amor perdió a su mensajero que trabajaba en una de las tiendas de comestibles del barrio.

Mi abuelo decía que lo más grande era ser español como Ricardo Zamora y después ser de Abyla y católico, aunque solo iba a los bautizos y a las misas de difunto, y el 16 de junio a la procesión de la Virgen del Carmen, ya que era contraguía en la procesión de la patrona de los pescadores, aunque no se embarcaba, temía a la mar aunque vivía de ella; compraba el costo, en el que no faltaban el café, la leche y las galletas, y lo llevaba a varios barcos que le obsequiaban con media parte.

Mi abuelo amaba el fútbol, en un principio era del Atlético de Tetuán, no dejaba de narrar sus hazañas, con los ojos llorosos y encendidos, del año que estuvo en la primera división española, después fue del Atlético de Ceuta a muerte y, al final de su vida de la Agrupación Deportiva, en un proyecto ilusionante en que era el bardo que cantaba; un equipo de tercera, con plantilla de segunda y juego de primera, aquel hombre bueno, manso y culto dominado por el carácter amargo de su mujer, se convertía en el hincha más fervoroso del Ceuta, del que era empleado, llevando café en el descanso y alguna pomada al final del partido para aliviar los dolores que provocaban las patadas. Mi abuelo será feliz porque su querida Agrupación ha vuelto a subir a segunda después de una presencia efímera en ella hace 45 años.

Mi abuelo decía que no había naufragio como el del 12 de diciembre de 1948, hasta entonces era panadero y empezó a tener un miedo patológico a la mar, ese mismo mar al que consagró su vida desde entonces.


Baudelaire - A una transeúnte

 La rue assourdissante autour de moi hurlait.

Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,

Une femme passa, d'une main fastueuse

Soulevant, balançant le feston et l'ourlet;


Agile et noble, avec sa jambe de statue.

Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,

Dans son oeil, ciel livide où germe l'ouragan,

La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.


Un éclair... puis la nuit! - Fugitive beauté

Dont le regard m'a fait soudainement renaître,

Ne te verrai-je plus que dans l'éternité?


Ailleurs, bien loin d'ici! trop tard! jamais peut-être!

Car j'ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,

O toi que j'eusse aimée, ô toi qui le savais!


A una transeúnte


La calle aturdidora aullaba en torno mío,

alta, fina, de luto, dolor majestuoso

una mujer pasó paseando una orla,

recogiendo el encaje que la brisa erizaba.


ágiles y livianas sus piernas de escultura

yo bebía crispado, como un extravagante,

en su lívidos ojos que arrastran la tormenta,

el dulzor que fascina, los placeres que matan.


Un resplandor de noche, fugitiva belleza

cuyo mirar me ha hecho de pronto renacer.

No he de volver a verte sino en la eternidad.


Lejos de aquí, muy lejos, tarde, nunca quizás,

tú ignoras dónde voy, yo adónde te perdiste.

Tú a quien yo hubiese amado. ¡Oh, tú que lo sabías!

(Versión española - F. E:. León)


De tanto amarlos, el exquisito ácrata que se compró un castillo, no es tan malo Pablo Iglesias como dicen, perdió el tren de sus colegas del siglo XIX sin percibirlo apenas; El barco ebrio apenas da tumbos y se trastabilla al hablar, apenas toca con los ojos a la transeúnte, el albatros no solo yace roto sobre la cubierta sino que antes perdió las alas. El mejor músico de la Chanson con una diferencia abismal sobre los otros, se empeñó en tratar de usted al poeta maldito y a la amante de Verlaine, el resultado es fascinante según la crítica, pero mi opinión difiere, ninguno de los discos consagrados a estos dos clásicos que no lo pretendían contiene obras maestras como "Con el tiempo", "Barrio latino" o "En mi enterramiento". Brassens con su forma tan primitiva de componer logró joyas imperecederas como "No hay amor dichoso","Las pasantes" o "La balada de las mujeres de antaño".


Me desdigo, he vuelto a escuchar la canción varias veces y me parece una obra maestra sin estribillo.

A una transeúnte


(Versión fiel al original de “À une passante”, Charles Baudelaire)


La calle ensordecía a mi alrededor, aullante.

Alta, delgada, de luto —dolor majestuoso—,

una mujer pasó, con mano fastuosa

alzando y balanceando el borde del vestido.


Ágil y noble, con pierna de estatua.

Yo bebía, crispado como un demente,

en su ojo, cielo lívido donde germina el huracán,

la dulzura que fascina y el placer que mata.


Un relámpago… ¡luego la noche! Fugaz belleza

cuyo mirar me hizo de pronto renacer,

¿no volveré a verte sino en la eternidad?


Lejos, muy lejos de aquí, tarde, nunca quizá.

No sé adónde huyes, tú no sabes adónde voy,

¡oh tú que yo habría amado, oh tú que lo sabías!

Plegaria

 A Morgana de Palacios (Plegaria)


Nada ni nadie es la poesía.

(Joan Margarit)



y destroza a pedradas

el castillo de arena y cicatrices

que a diario restauras

en alguna bahía de mi olvido.

(Katy Parra – Coma idílico).



Nada ni nadie sabe dónde duerme el olvido,

ni en la voz cavernosa de Tom Waits

diciendo que sin ti


no existe la primavera,


ni en la mirada que arrancara su latido.



No está en la plegaria que cubrió tus ojos


con la melodía desenfrenada


de Patti Smith


cuando añora,


en medio de un sueño,


la ausencia perdida en el llanto de su madre.



Nada ni nadie sabe dónde duerme el olvido,


ni en la última huella de Jim Morrison


en los versos procelosos


que no escribió en París,


ni en la mirada abstracta


de los fríos calcetines de Pavese,


ni en la voz niña y triste de una violeta enamorada,


ni en los besos que aún permanecen en tu boca,


nada ni nadie sabe dónde está la poesía,


adónde van las palabras que nunca se dijeron


y siguen esparcidas en el aire que abrazas,


adónde los pasos que siempre me conducen


del puerto hacia la niebla


donde brota la herida que nunca acaba,


donde habita tu rostro,


donde espera


el vestido que llevaste en la aurora,


la huella de la 

cruz de tu mirada,


el miércoles de ceniza que se posó en mi frente.


Ya no conoces

 Ya no conoces el rumor del aire

en el alma fugaz de los jazmines,
la sangre clara y nueva que brota en los veneros,
ya no miras las nubes que se escapan
mientras la tarde oscura
se pliega en el cansancio de tu rostro
y esa niña en grisalla con lazos en el pelo
siente con amargura mi derrota advertida,
sufre las soledades del alma ante la muerte,
solloza en los relojes
por la eterna crueldad del tiempo con Saturno;
ya no escribe mi nombre en el camino
devastado en los bordes de tu huella,
y en su candor
no vuelve a las sandalias profundas de tu canto,
a la sonrisa tierna que llora entre los sauces.

sábado, 18 de octubre de 2025

Te besaré algún día

 

Te besaré algún día…
…como lo hice entonces,
con los ojos cerrados
y el corazón abierto.

Esperando en la calle,
como un árbol dormido,
como un árbol sin hojas
que tu olvido abrigara.

Te besaré algún día
como si me muriera,
y de la misma muerte
brotaran los deseos.

En esa noche oscura
escribiré un poema;
en esa noche oscura,
solo… enamorado.

Recordando tus alas,
y el último crepúsculo;
recordando tu huella,
como si me esperaras,
como si aún me amaras
a pesar del silencio.

Como si abierta al viento
la falda de tu infancia
penetrara en mi alma
en vuelo decadente,
y escribiera en mi pecho
la fragancia del tiempo…
donde el reloj no tenga
ni lamentos ni agujas.

Te besaré algún día,
como si fueras tuya,
y de quererte tanto,
tu aurora… me tuviera.

viernes, 17 de octubre de 2025

El boxeador

 https://youtu.be/l3LFML_pxlY?si=hhGfV4j05COxFl0S


Soy un buen tipo
aunque ni comportamiento
rara vez lo demuestre.
(Paul Simon - The boxer)


No me queda fe,
como hombre estoy acorralado
por las semillas
y el viento del otoño
que azota mis cabellos;
el poeta que fui
la agotó, inútil
mente,
en la madrugada
de su última salida,
no creo en el amor,
maldigo la luz
cuando deja en su herida
una idea de revolución,
cuando ofrece una esperanza
que no aguarda a la espera.

El despistado
que pasa leyendo el periódico
tropezará con las noticias
que hablan de diálogo
y abogan por la reconciliación del bosque
con la muerte y el olvido,
el desencantado que frecuenta una oficina
discutirá con sus programas
informáticos
en el café aromatizado de un lunes adormecido
que despierta en sus labios cuando Pepa lo sirve,
el borracho nostálgico
herido en una fiesta
hablará de la magia de amores que no fueron,
y que recuerda siempre
con ligueros y tangos,
y el hombre sin fe con mi nombre
y mi pesar
seguirá hasta el final con turbias recaídas
porque no le enseñaron a arrojar la toalla.
Última edición por F. Enrique el Vie, 17 Oct 2025 16:41, edita

Tu adolescencia

 1


He vuelto la mirada hacia tus verdes años
y he muerto sin consuelo
entre tu blusa blanca y aquella falda gris
que adornaban tus libros
y rompían las luces, el mar y los deseos.

Pero sigue la vida como un sueño que gime,
que persigue lamentos en el jardín dormido
de tus primeros besos,
lloran las avenidas y los parques se cierran;
¡soledad de murmullo, juegos que no divierten
y aquella adolescencia tuya que nos invade
con la presencia hermosa de tu regazo herido!

Era siempre el amor aquello que pasaba
y se nos fue apartando
como la estatua ecuestre que apunta hacia la gloria
y no mira el dolor sin luz de los mendigos
que yacen en el suelo.

2

El refugio añorado de las últimas lluvias
ha muerto como un sauce sin hojas, sin raíces
y llora sin consuelo
el último crepúsculo,
la galería no abre su esperanza de ayer
cuando piso su sombra
con los mismos zapatos que llevaba
en el último intento de mis ojos
de arrebatarte una sonrisa abierta,
cuando escribía tu olvido entre los soportales
y entraba en las caricias tiernas que me pedías.


3

Ya no miras atrás,
no miras, ya no sientes
que al perderme tu vida haya encogido.
Como la noche que va hacia las sombras
el pasado se nutre, sin concierto y sin pausa,
de su propia obsesión
que atraviesa las horas,
desaparece al alba que lo muestra
como un bajorrelieve gastado por el tiempo,
como el viento que hablaba en tu sueño de vida,
la canción de Serrat que inundaba tu alcoba
y el póster gris oscuro que paraba tus besos.

Arrancaron la higuera que desde tu ventana
contemplaba en el aire una caricia triste,
la avenida guardaba tu recital de sueños,
el amor te esperaba en brazos del milagro.

IMPERDIBLE!!! Una muestra más de tu señorial pluma. Felicitaciones, poeta.

Mi abrazo de amistad.

Mitsy
Pilar Morte
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Re: Tu adolescencia

Mensaje por Pilar Morte » 

Elegancia y sentimiento puro en este hermoso poema donde la nostalgia se hunde en el recuerdo. Precioso
Abrazos
Pilar
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Marisa Peral
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Re: Tu adolescencia

Mensaje por Marisa Peral » 

F. Enrique escribió:


Arrancaron la higuera que desde tu ventana
contemplaba en el aire una caricia triste,
la avenida guardaba tu recital de sueños,
el amor te esperaba en brazos del milagro.

Volver la vista atrás, a los años que "dicen" felices de la adolescencia.
Un placer leerte F.Enrique, en este poema de nostalgias y memoria agridulce.
Esta estrofa final me gusta mucho, es evocadora y romántica.
Felicidades y un abrazo.
—-
Marisa Peral Sánchez

¡Nunca te dejes poner
el tornillo que te falta.
Corre y se feliz!

—-
Armilo Brotón

Re: Tu adolescencia

Mensaje por Armilo Brotón » 

Enrique, se nota que va entrando el Otoño. ¿Tienen las estaciones una cierta energía particular o les atribuimos nosotros componentes culturales que se hacen costumbre?

Recibe un cordial saludo
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Rafel Calle
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Re: Tu adolescencia

Mensaje por Rafel Calle » 

Hermoso e interesante trabajo de Enrique.
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F. Enrique
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Re: Tu adolescencia

Mensaje por F. Enrique » 

Muchas gracias, Lunamar, por tus bellas palabras. nunca acabamos dejando atrás la nostalgia, es posible que haya escrito más de diez poemas girando sobre el mismo tema.

Un abrazo.
Tenía una casa cerca del mar, pero para ir a la playa había que pasar por delante de un bar. Nunca me bañé”

(George Best - Genial futbolista norirlandés y alcohólico)