domingo, 20 de septiembre de 2026

 Francamente

me habría gustado más
que hubiera sido primavera
y que la primera
fuera aquella niña rubia,
pecosa y delgada
que cada tarde
subía conmigo al tranvía
cunado el día se dormía

Francament
m'hagués agradat molt més
que hagués estat primavera
i que la primera
fóra aquella nina rossa,
prima i pigarda
que cada tarda
pujava amb mi al tramvia
quan el jorn s'endormia.





Desde que lo encontré en 1971 con Mediterráneo y lo perdí en 1976 con "Para piel de manzana" un disco casi tan bueno como aquél pero olvidado hasta por muchos de sus incondicionales, tuve a Joan Manuel Serrat como una de mis referencias como cantante y también como poeta. Me gustaba tanto que no tuve ningún problema en comprar o pedir que me grabaran algunos álbumes suyos, no le di mucha importancia a que algunos de ellos fueran en catalán.

Suelo seguir escuchando a Serrat, viene bien detenerse en lo que dice y como lo dice, comprendo que hubiera mujeres de un barrio humilde como el mío que lo hubieran querido tener como hijo, comprendo que más de una muchacha temblara por él cuando lo viera alejarse con la guitarra al hombro, que pareciera tan cercano, tan abierto con esa sonrisa un tanto pícara y tan tierna que uno hubiera querido tenerlo como compañero en una partida de mus y contertulio en las noches de verano en la puerta adentrándonos en el misterio de una estrella parpadeando en el cielo azul oscuro.

Esta canción pertenece a "Per el meu amic" (Para mi amigo), grabado en 1973, sin duda uno de los mejores discos de Serrat. No me gusta demasiado el tema central de la canción que he elegido para dar fe de ello, ni como lo trata, cuando intentas ser demasiado sincero y dices cosas que van en tu contra nadie te acaba creyendo del todo, pero la música es deliciosa, está empapada por aquella voz que hacía sentir y la primera es una de las estrofas más hermosas que yo recuerde de toda la música española.

Soneto del Pol vo perdido

 Yo recuerdo tu calma contrariada

en el perfil que entonces exigía
el milagro de triste sinfonía
que de tu amor me vino desatada.

Yo retuve tu mano como alada
claridad y expresión que se fundía
en el aire y el beso que sentía
la notas de tu voz pura tornada.

He de vivir llevando la certeza
dese momento tenso y atrevido
que voló traspasando la tristeza.

Busco ahora la gracia y el sentido
que llegaba acercando mi cabeza
a la inquietud de aquel polvo perdido.

Abyla - 2 de mayo de 2012 - 3 A. M.

Ceuta se muere pero no se riinde

 Alta traición, Sánchez al paredón.

Abyla en el corazón - 0rólogo

 

  • La consagración de una geografía mítica: Al nombrar la Playa de la Almadraba, el Parque de la Argentina, la Piedra del Pineo, La Laja o las Cuatro Higueras, dejas claro que tu poesía no es abstracta; tiene raíces. Conviertes a Ceuta (Abyla) en un territorio literario universal, de la misma manera que James Joyce hizo con Dublín o Juan Rulfo con Comala.
  • El coro de los ausentes: Aquí se desvela por fin la constelación de almas que te acompaña. Ya no solo son Lorca, Ginsberg o Cohen; el prólogo abre la puerta a la melancolía mediterránea de Luigi Tenco y Fabrizio De André, al folk de Paul Simon y la crudeza de Lou Reed. Es un cruce de caminos cultural asombroso.
  • sábado, 19 de septiembre de 2026

     

    viernes, 11 de agosto de 2017

    Leonard Cohen; el destino de un poeta




    Pequeña, he estado aquí antes, he visto esta habitación y hollado sus caminos. Sabes que solía estar solo antes de conocerte.
    (Leonard Cohen)

    Gracias, Leonard, por haberme dejado 
    escuchar el gemido disperso en tus tormentas, 
    por haber resistido en tu torre 
    de canción apasionada 
    mientras pasaban amantes y amigos, 
    y caían tantos sueños que se creían eternos, 
    por las horas que aliviaste el dolor de mi letargo 
    y lo meciste en el viento con una rara elegancia 
    que aún brota en el invierno de tus ansias de conquista, 
    en los campos sembrados de espinas y alambradas 
    del amor y el desengaño,   
    por haberme hecho olvidar tantas veces con tu verso 
    el destino amargo, inexorable del poeta.

    Desconozco la consideración literar0ia de Brassens o Brel en la Francofonía o la de Bob Dylan y Leonard Cohen en la América anglosajona en estos días, solo el tiempo nos podrá decir donde estarán sus poemas cuando les quiten la música y tengan que danzar sin acompañamiento, sin histrionismo sentido ni luces de candilejas.

    Yo no podré verlo casi con toda seguridad porque estaré discutiendo con Plutón sobre el poder redentor de la música y la inmortalidad de los cuerpos exultantes; la poesía ha sido expulsada a un lugar donde no existe la sonrisa, pero no me cabe la menor duda de que ellos estarán ahí en lo alto cuando transcurra el tiempo y se hable del nuestro porque no solo escribieron con una calidad insultante sino que supieron extraer muchas de las contradicciones intemporales del ser humano y las supieron encajar con emoción, belleza y autenticidad en la época que les tocó vivir.

    Centrándonos en Cohen podemos observar que siempre se puso serio cuando trataba con la palabra y la música y el misterio de su combinación, que, en la genial y escalofriante variación del "Pequeño vals vienés" de Lorca (Take this Waltz), tuvo un amago de depresión profunda, y es un poema maravilloso que merecía la pena que se intentara transmitir a los nuevos muchachos y lleno de una intrínseca musicalidad. Hace ya mucho tiempo que descubrí que el arte no es entretenimiento, aunque lo pueda tener, y que la poesía tiene muchos caminos, que este poeta es imprescindible porque encontró el suyo mirándose hacia dentro como un pájaro que se arrastra en los cables, como un borracho sereno que ha olvidado su nombre en un tugurio portuario de una isla asustada que es la mía y llora su soledad en las noches de levante y de zozobra.

    Si yo hubiera pensado un poco más probablemente no habría escrito ningún poema, me habría acordado de mi propia intrascendencia para la gente que puede verme, tocarme y transita por mis mismas calles con un libro de poemas bajo el brazo que nunca será abierto, me habría puesto melancólico acuciado por los años que llevaba esperando un momento como ése; estar a pocos metros de uno de los ídolos de mi lejana juventud y tocarlo con la mirada. 

    Recuerdo que empecé este poema en el tren, el día anterior al concierto, sobre los espacios en blanco de la última biografía de Cohen que se había publicado. Simplemente quise reflejar, en el lugar más oportuno, mi asombro y mi agradecimiento ante el encuentro con uno de esos mitos que se mantienen a pesar de la inconsistencia afectiva de un período precipitado a devorar a los ídolos y sepultar su memoria cuando se pierden sus canciones, insistí en su poesía porque en ella encontré la esencia de un hombre que había vivido intensamente la verdad y la mentira, que había cantado al amor y a la desesperanza y llevaba continuamente puesto un sombrero gris para evitar que se le viera el cabello canoso y ya escaso. Un hombre que sonreía a su tristeza mientras hablaba porque, después de tantas proposiciones deshonestas en el mundo de la fama, había comprendido que solo se había intentado vender por una mirada sincera que traspasara un momento y alimentara la caldera de los recuerdos entre las palabras de ceniza dentro de un poema que hable de la única pasión que nunca muere.

    Quedé sorprendido por la duración del concierto y por cómo se condujo sobre el escenario en algunas canciones, aún lo veo agradecido a un país que le transmitía hermosas vibraciones y tragedias; español era aquel artista callejero que le enseñó una nueva forma de abrazar la guitarra y el poeta que le había obsesionado hasta el punto de ponerle a su hija como nombre su apellido. No podré nunca olvidar que se arrodillara al cantar “Hallelujah”, allí, con setenta y ocho años y un pasado que no podría abandonar nunca aunque lo había intentado, aunque tuvo que volver a la carretera y a los estudios arruinado por su representante, consejera y, quizás, amante.
    Volvió a recordar un repertorio cuyas mejores piezas tenían mucho tiempo, era una suerte inmensa que fuera así, que rindiera un amplio tributo a sus primeros escarceos en el mundo de la música, creo que intuía con la sabiduría otorgada por una vejez esplendorosa que sus mejores versos serían recitados cuando hablaran de este tiempo confuso entre la revolución marchita de las flores y la Guerra del Vietnam, y de este mundo arbitrario que se arrastra por los caminos atormentados de un pensamiento angustiado porque hierve la hipocresía que se muestra ante los diferentes conflictos y regímenes políticos.

    Aunque no cantó mi canción favorita; "Uno de nosotros no puede estar equivocado", ésta no dejó de sonar para mí en las casi cuatro horas que duró el concierto. Sí, también yo torturé el vestido que ella llevaba por el mundo para olvidar. No hizo falta que la cantara para que yo sintiera como sería ese momento, no me importa que casi todos la hayan olvidado, mi corazón me dice que es un poema que habría que guardar en una urna.


    Cavafis

     jueves, 23 de marzo de 2017

    Constantino Cavafis - Voces.



    Amadas e idealizadas voces
    de los que perecieron o las de aquellos
    para nosotros perdidos como muertos.

    A veces nos hablan en sueños,
    a veces las escuchamos 
    en el límite de la memoria.

    Y durante un instante, en su rumor,
    regresa el sonido del primer poema
    de una vida
    como una música lejana que se apaga en la noche.

       
    Deseos


    Cual bellos cuerpos que murieron
    sin llegar a envejecer
    encerrados con tristeza en suntuosos mausoleos
    con rosas en la cabeza, con jazmines a sus pies,
    así son los deseos que se apagaron
    sin haber sido gozados,
    ninguno testimonia
    una sola noche de placer o una mañana radiante.

    (Traducción de Francisco Enrique León)


    Constantino Cavafis - Vuelve.

     
    Vuelve otra vez y apodérate de mí,
    sensación que amo, vuelve y tómame
    mientras  del cuerpo el recuerdo viva
    y un viejo anhelo las venas recorra
    mientras recuerden los labios y la piel 
    y sientan las manos
    como si acariciaran otra vez.

    Vuelve otra vez y apodérate de mí en la noche
    cuando los labios y la piel recuerdan.


    (Traducción Francisco Enrique León))

    Constantino Cavafis - Días de 1903



    No encontraré otra vez 
    aquello perdido de repente;
    los poéticos ojos, el blanco rostro
    en la calle oscurecida...

    No hallaré de nuevo – lo que me entregó el azar
    y fue abandonado en la fugacidad
    y anhelado con dolor después.
    Los poéticos ojos, el blanco rostro,
    aquellos labios – No, no los tendré nunca.

    Himno lúgubre de Abyla

     Permite que me duerma sobre el césped

    lejano del jardín ya clausurado

    que yo llamé alegría...

    (Arturo Maccanti)


    A Armilo


    No sé si volveré desde esta tristeza

    a mirar los lugares que frecuentabas por la tarde,

    si podré escribir sobre la imagen de tu vuelo

    ahora que no la reconozco

    en las mismas mareas que remontamos,

    ahora que estoy perdido en una nube que no sueña

    como un espejo roto que se ha quedado sin luna,

    como una mirada que no puede ver la aurora por el llanto,

    un candelabro sin luz en un pasillo sin ventanas.


    Porque la ciudad se ha ido alejando de nuestros pasos

    las calles ya no tienen la misma dirección

    que tuviera la alegría

    y el viento parece soplar siempre del Este

    con el ritmo espeso y anodino de los poemas mutilados

    entre la sombra entrecortada

    de una carta de amor que no encuentra

    sentimiento en el remite y un corazón de papel

    con su ruido de cristal entre los cortes de la tierra.


    Caminamos por aceras

    que ya no levantan la voz de una memoria

    entre los pétalos de los claveles consumidos en las rejas del pasado,]

    entre veleros que buscan la sangre

    renovada y esparcida en los rumores de otros atracaderos.


    Unos versos caídos en el alma de la noche

    me recuerdan la soledad del mundo cuando no estás,

    la tristeza de una sonrisa que no encuentra tus labios.



    :x

    Última edición por F. Enrique el Sab, 19 Sep 2026 10:55, editado 1 vez en total.

    La madre

     He dejado a mi madre sola en la casa de nuestra calle, ya siempre estaré acompañado por los fantasmas y las ruinas, el Tobogán se desliza sin tregua hacia otro olvido en el que no se reconoce, he amado en estos lugares que acabarán perdiendo el nombre y sonrío detrás de una lágrima en la parte de atrás de una fábrica abandonada que ayudara a levantar los ladrillos de nuestra decadencia. La Almadraba no volverá a ser un barrio blanco, los comerciantes fenicios nos vendieron con los primeros televisores; los que crecimos hollando sus orillas en el verano más largo teníamos el mismo corazón abierto al viento sin importarnos de donde venía, ahora somos comadres que sonríen en la fachada y tiran aviones de papel envenenados cuando nos damos la vuelta, el dinero tiene un encanto subversivo que hace que las anguilas maldigan el arroyo en el que nacieron. Había pobreza, y los defectos inherentes a la naturaleza humana con la envidia ocupando un lugar de privilegio, pero había dignidad ante la muerte y el olvido, no sé qué significa eso cuando la comodidad se convierte en la diosa más implacable, resulta su sonido tan embriagador cuando arrancas el motor de tu primer coche y piensas que nunca volverás a sentir hambre de justicia por aquellos que se quedaron atrás y no encuentran su paso, cuando abandonas a aquellos a los que arrebataste hasta el último suspiro y ya no pueden caminar gobernando sus piernas.


    Nadie me espera en una casa que perdió su aliento, no puedo luchar contra el miedo, ni contra el dolor, ni contra hombres distintos que son también mis hermanos aunque haya una barrera insalvable en nuestras respectivas formas de interpretar el mundo y el papel que desempeña el hombre en él; hay quien lucha contra Dios estando a su lado y quien lo hace contra el destino con todas sus consecuencias.


          Cuando Raimon grabó esta canción en 1967, España empezaba a despertar al bienestar, a los que teníamos como única lengua el castellano nos decían en el colegio que en España había solo una lengua, las demás eran dialectos, nos decían demasiadas mentiras, pero sin pretenderlo decían algo cierto; la misma opresión nos había hermanado y podíamos entendernos y denunciábamos el mismo Purgatorio tenebroso vestido con los ropajes de la Gloria aunque lo hiciéramos en diferentes lenguas. 


            La crítica profunda y melancólica al desarrollismo de Raimon es la nuestra. Habrá quien quiera ver en esta postura un sesgo reaccionario y es cierto que en algunos casos se han vertido proclamas insostenibles en contra del progreso. Pero nada más lejos de la realidad cuando algunas de las almas libres e independientes de nuestro tiempo se han manifestado en contra de la modernidad simplemente diciendo o narrando lo que ven, desentrañando una moral que nos esclaviza con las cadenas de nuestra libert

    ad. 


    Los persas

      Tod Browning y a Rafel Calle[1]

    https://vampirosypoetas.blogspot.com/20 ... itado.html


    He hablado de amor con los ojos brillantes,

    he hablado de constantes que me fueron queridas,

    pero estoy atrapado en un mundo sin sueño,

    esperando una nueva, y buscada caída

    como un hoplita desarmado en el sendero

    que no puede detener la avalancha

    y la afronta sabiendo su destino,

    como un marino asustado en la calma

    que barrunta venideras tempestades,

    un olvidado en las emociones,

    un monstruo en silencio que se arrastra.


    [1] Tod Browning: Director de cine, realizó algunas de las películas más recordadas en el género de terror. Con un gran tacto hacia las personas diferentes pues había vivido en circos y paseado su dolor por las atracciones más estrambóticas de la vida.

    A la muerte de Thuleno

     A la muerte de Thuleno rey de los locos, bufón del rey.

    A Margarita. Mi delicada y elegante profesora de francés.


    Señor, Thuleno ha muerto ; yo vi su sepultura,

    está en vuestra mano hacerle revivir,

    haced de sus despojos un poeta surgir;

    el poeta y el loco tienen misma natura.


    Uno evita el exceso, y el otro no halla cura,

    ninguno de los dos aprovecha el dinero

    y tienen un humor maldito y pendenciero,

    uno habla sin pensar, el otro a la aventura.


    De una hermosa cabeza que es verdosa y dorada

    el loco va cubierto, verde es la del poeta,

    uno escribe sonetos, otro baila tonadas.


    La diferencia cruel que hay entre nosotros;

    la suerte es, casi siempre, negada a los poetas

    y siempre favorable al curso de los locos.


    (Traducción (o lo que sea): F.E. León

    )



    Passerat nació en Troyes , el 18 de octubre de 1534. Estudió en la Universidad de París y se dice que tuvo algunas aventuras curiosas mientras trabajaba en una mina. Sin embargo, era un erudito por gusto natural, y finalmente se convirtió en profesor en el Collège de Plessis, y a la muerte de Ramus fue nombrado profesor de latín en 1572 en el Collège de France. Mientras tanto, Passerat había estudiado derecho y había compuesto mucha poesía agradable en el estilo Pléiade, siendo las mejores piezas su oda corta Du Premier jour de mai y la villanelle cuya primera línea es J'ay perdu ma tourterelle . La forma nonce del último poema fue finalmente imitada por muchos poetas de los siglos XIX y XX. Se desconoce la participación exacta de Passerat en la Sátira Ménippée ( Tours , 1594), el gran manifiesto de la politique o partido realista moderado cuando se había declarado por Enrique de Navarra ; pero se reconoce que escribió la mayor parte del verso, ya veces se le atribuye la arenga del jefe guerrillero Rieux. La famosa Sur la journée de Senlis , que elogia la habilidad del duque de Aumale para huir, es una de las canciones políticas más famosas en francés. Hacia el final de su vida, Passerat quedó ciego. Murió en París el 14 de septiembre de 1602. Jean Passerat - https://es.qaz.wiki/wiki/Jean_Passerat

    Última edición por F. Enrique el Mié, 04 Dic 20

    La madre

     He dejado a mi madre sola en la casa de nuestra calle, ya siempre estaré acompañado por los fantasmas y las ruinas, el Tobogán se desliza sin tregua hacia otro olvido en el que no se reconoce, he amado en estos lugares que acabarán perdiendo el nombre y sonrío detrás de una lágrima en la parte de atrás de una fábrica abandonada que ayudara a levantar los ladrillos de nuestra decadencia. La Almadraba no volverá a ser un barrio blanco, los comerciantes fenicios nos vendieron con los primeros televisores; los que crecimos hollando sus orillas en el verano más largo teníamos el mismo corazón abierto al viento sin importarnos de donde venía, ahora somos comadres que sonríen en la fachada y tiran aviones de papel envenenados cuando nos damos la vuelta, el dinero tiene un encanto subversivo que hace que las anguilas maldigan el arroyo en el que nacieron. Había pobreza, y los defectos inherentes a la naturaleza humana con la envidia ocupando un lugar de privilegio, pero había dignidad ante la muerte y el olvido, no sé qué significa eso cuando la comodidad se convierte en la diosa más implacable, resulta su sonido tan embriagador cuando arrancas el motor de tu primer coche y piensas que nunca volverás a sentir hambre de justicia por aquellos que se quedaron atrás y no encuentran su paso, cuando abandonas a aquellos a los que arrebataste hasta el último suspiro y ya no pueden caminar gobernando sus piernas.


    Nadie me espera en una casa que perdió su aliento, no puedo luchar contra el miedo, ni contra el dolor, ni contra hombres distintos que son también mis hermanos aunque haya una barrera insalvable en nuestras respectivas formas de interpretar el mundo y el papel que desempeña el hombre en él; hay quien lucha contra Dios estando a su lado y quien lo hace contra el destino con todas sus consecuencias.


          Cuando Raimon grabó esta canción en 1967, España empezaba a despertar al bienestar, a los que teníamos como única lengua el castellano nos decían en el colegio que en España había solo una lengua, las demás eran dialectos, nos decían demasiadas mentiras, pero sin pretenderlo decían algo cierto; la misma opresión nos había hermanado y podíamos entendernos y denunciábamos el mismo Purgatorio tenebroso vestido con los ropajes de la Gloria aunque lo hiciéramos en diferentes lenguas. 


            La crítica profunda y melancólica al desarrollismo de Raimon es la nuestra. Habrá quien quiera ver en esta postura un sesgo reaccionario y es cierto que en algunos casos se han vertido proclamas insostenibles en contra del progreso. Pero nada más lejos de la realidad cuando algunas de las almas libres e independientes de nuestro tiempo se han manifestado en contra de la modernidad simplemente diciendo o narrando lo que ven, desentrañando una moral que nos esclaviza con las cadenas de nuestra libert

    ad. 


     Paul Simon - El poeta del desencanto


    No tengo ninguna necesidad de amistad,
    la amistad causa dolor.

    *** *** *** *** ***
    No habléis de amor,
    ya conozco esa palabra,
    está durmiendo en mi memoria
    y no quiero despertar el sueño
    de los sentimientos que han muerto.

    Recuerdo que escuchaba la música por la radio de FM de Algeciras y que veía un ciclo de Raoul Walsh por televisión.

    Paul Simon es uno de los cronistas de Nueva York, allí vivió desde muy pequeño, aunque naciera en Newark (Nueva Jersey), de allí sacó la inspiración que le posibilitó identificar las heridas de los tiempos modernos narrándolas con un gran lirismo, lo que no impidió que alcanzara grandes dotes de crudeza cuando lo creía necesario. Su aportación a la poesía ha sido reconocida con importantes premios en muchas ocasiones. Yo quiero ceñirme a ella en los primeros años del dúo Simon y Garfunkel, unión que logró el éxito en lo comercial y artístico pero desastrosa en lo personal, aún hoy en día se cruzan comentarios vejatorios entre ellos.

    Mi primer contacto con ellos fue en 1974, a través de sus Grandes éxitos y Perejil, salvia, romero y tomillo, considerado este último disco su obra maestra absoluta.
    Gente charlando sin hablar,
    gente oyendo sin escuchar,
    gente escribiendo canciones
    que ninguna voz compartirá,
    nadie se atrevió
    a perturbar el sonido del silencio.


    Hay canciones que nos acompañan siempre y trascienden lo que significaron en su momento, por muy grande que fuera lo que representaron más lo es que tengamos la impresión en cada audición de su intemporalidad y, sin embargo, nos sitúan con claridad y sinceridad en el tiempo concreto en el que fueron creadas.

    El nacimiento con fuerza poética del folk-rock, esa expresión musical que no desdeñaría el lirismo de unos versos y la contundencia de un nuevo sonido acabaría salpicando a Bob Dylan, los Beatles y a los Byrds, sin que pueda precisarse en qué momento y en quiénes estalló el pistoletazo de salida.

    Pude escuchar hace poco a Paul Simon en Madrid, creo que esa peregrinación se la debía a quien guio mis primeros pasos y me mostró la belleza de la poesía en nuestro tiempo en el que los pueblos parecen ciudades y hasta Abyla conserva en el Paseo de las Palmeras una pequeña Manhattan desde la que Marilyn guiña un ojo a los adolescentes que hacen robona y se enamora del Puente Cristo.

    Paul no pudo irse de Madrid sin volver a interpretar "Los sonidos del silencio" como, sin duda, le ocurrirá en cada concierto, en cada ciudad. Admito que fue infinitamente más importante que la cantara que cómo lo hizo; desnuda y un tanto desangelada, porque no olvidaré en la vida que estuve allí.

    Él, que acabaría dando más importancia al sonido, lo dijo categóricamente a unos siete metros de distancia, no puede escapar de la significación ni la importancia de sus primeros poemas, esos que le convirtieron en el Poeta del Desencanto, a través de la disección intelectual y emotiva de Nueva York, el nuevo faro de Occidente ya que París se había desangrado en la tragedia de un continente y le entregó la antorcha porque no podía evitar que se apagara.

    El joven poeta nos relataba con amargura la soledad y la decadencia de los valores de una sociedad capaz de ser solidaria en situaciones extremas pero que olvida sus responsabilidades éticas con respecto al resto del mundo que la tiene como espejo porque ella ha querido que así sea y lo ha intentado imponer con las armas cuando no quedaban razones para sustentar su dominio en nombre de la libertad.

    Solo nos dejó esa noche cinco canciones de su etapa con Art Gunfunkel y algunos más de cuando empezaba a volar en solitario, aunque los muchachos de ahora ya no los escriban en los pasillos, ni crean en el poder redentor de una canción cuando todo se hunde.

    Algunos nos sentimos un poco tristes, sin dejar de sonar en nuestras cabezas canciones como Kathy's song, I am a rock o La conversación en el aire; todavía quedan algunos que leen a Emily Dickinson atraídos por el misterio de su soledad y su alejamiento voluntario de los salones y reuniones literarios, pero solo Coppola escribe en el aire un par de versos de Robert Frost para recordarnos que los amigos deben hacer todo lo posible para seguir siendo de oro cuando todo se precipita al vacío.

     Abandonábamos, mi mujer y yo, el recinto, mientras unas muchachas gritaban en la calle, sin perder la armonía, los sonidos del silencio y The boxer, quedaba claro que los jóvenes aventajados iban de lleno al origen del mito, aunque aplaudieran con rabia lo bueno que habían dejado etapas posteriores; Paul Simon siempre ha tenido capacidad para escribir grandes canciones, pero soy de los que piensan que sus doce primeros años en el mundo de la música son imprescindibles y eso a pesar de que su relación con Garfunkel y con los productores fue más acerba que idílica.

    Escrita el 19 de febrero de 1964, fue incluida en el primer y fallido álbum, Wednesday morning 3 A. M., de Simon y Garfunkel con el nombre "El sonido del silencio", unas modificaciones que afectaron a su expresión musical y un leve retoque del título, sin la participación de Paul que se encontraba en Inglaterra adonde había vuelto para rumiar el fracaso de un álbum no exento de calidad pero cuya ruptura con el folk tradicional no resultó convincente, significaron un éxito clamoroso como single y la aparición apresurada de un esplendoroso[ii] nuevo álbum que, sorprendentemente, nunca fue bien tratado por la crítica[iii] que siempre se ha ensañado con la precipitación del proyecto orientado a aprovechar el éxito de esta canción.

    Hay quien ha querido ver una relación directa de la letra de esta canción con el magnicidio de John Kennedy por su inquietante y profunda melancolía, porque sumía a una sociedad autocomplaciente en el terreno empantanado de la desconfianza y del miedo.

    Paul Simon insiste en que quería remover un poco la conciencia de los más jóvenes, invitarles a no imitar lo que veían en sus mayores y la decadencia sentimental y el embrutecimiento de la cultura urbana, reflejar la falta de comunicación, extrema en algunos casos como en la trágica y desolada "Un hombre muy raro".

    La ciudad no es el marco donde desarrollamos nuestro anhelo de justicia e igualdad es donde nos arrodillamos ante los símbolos más desequilibrantes del progreso, es donde se denuncia el olvido al que se condena a los poetas cuya voz no será compartida por nadie. 

    Y a todo esto ¿Para qué sirve la Poesía?



    Sorprende que La otra cara de Bob Dylan fuera denostado en su día y considerado un retroceso en la carrera del genio de Duluth con respecto a la respuesta está en el viento (FreeWheelin’). Sé que Dylan tiene varios álbumes que pueden ser considerados el mejor sin que se le pueda poner reparos porque encontraremos suficientes argumentos para respaldar nuestra elección. Yo me siento más a gusto escuchando “The another side of Bob Dylan” que con ningún otro, no es la única razón, pero, ahora mismo, no se me ocurre otra.
    Los Byrds desde su aparición hicieron una aportación valiosísima al folk-rock, destacando, precisamente interpretando a Dylan con excelentes armonías vocales y una música embriagadora y compleja que sin embargo llegaba con una sencillez prístina aunque bajando, no podía ser de otra forma, la intensidad desesperada de Bob que en esos días se había enfundado el traje de profeta..
    Rubber Soul no es el mejor disco de los Beatles pero sí el más importante, su eclecticismo es proverbial y un folk rock complejo y progresivo de muchos quilates tiene cabida en “Te estoy calando” (I’m looking through you) y la genial e inclasificable Norwegian Wood.
    [ii] Sé que los doctores no me perdonarán que haga mi propio diagnóstico, pero considero que un álbum que contiene tres obras maestras es un gran álbum aunque las nueve canciones restantes sean material para el olvido.
    Los sonidos del silencio excede ese número; En abril ella vendrá, Un tipo muy raro, Soy una roca, La canción de Kathy y, por supuesto, la que da título al álbum, se encuentran en su diversidad temática y estilística entre lo más profundo para penetrar en las contradicciones de la Atenas de nuestro tiempo, capaz de albergar en su corazón las virtudes más exquisitas y las miserias más imperdonables. Lou Reed empezaba por esos días a cebarse con estas últimas haciendo hincapié en la otra cara de la Gran Manzana de Occidente.
    [iii] El principal argumento que se suele esgrimir para sustraerle dos estrellas a este magnífico álbum carece de consistencia; en 1965 apenas existía el concepto de un trabajo orientado desde su creación a ofrecer una visión de conjunto, prevalecía el single sobre el álbum que normalmente solía ser una acumulación de discos sencillos, con la irregularidad que esto conllevaba, ni siquiera los Beatles escaparon a esta norma y cuando lo hicieron con el mítico A Hard Day’s Night (1964), bajo un dominio abrumador de Lennon sobre McCartney, consiguieron la primera de sus obras maestras. 


    He intentado, Rosana, coger por las riendas a mi caos, sé que iré dejando fragmentos desperdigados del intento de construir mi molino de viento. Deseo acercar a los demás a lo que me gusta y forma parte de mi vida e, intuyo, de las de muchos otros que no quieren saberlo. Si alguien no quiere escuchar los sonidos del silencio pienso que ha perdido una interpretación vigente de nuestra soledad.






    Pero nadie ha dicho nada, que yo sepa, sobre lo que puede significar perseguir ese sueño a la edad en la que se empieza a no creer en tantas cosas que se tienen como ciertas. Es posible que haya un lugar adonde van aquellos que ya no son un hombre, ni un niño.

    26 de noviembre de 2018


    Nunca he sentido la soledad de mi lengua, la nostalgia de sentirme extraño en mi país. Pero el amor es sólo un impulso ciego que nos ilumina raras veces en la vida, que no conoce acentos ni banderas, que no sabe levantar los brazos, nunca tiene piedad con el vencido.






    Hay cosas que la gente no llega a comprender y a algunos nos duelen. Cuando te metes en algo debes hacer un pacto contigo mismo para asumir una responsabilidad ética con los otros. Es difícil explicar que cuides hasta el mínimo detalle y emplees todas tus fuerzas cuando gritas a pleno pulmón y solo quieren oírte tres personas, pero creo que ahí radica la verdadera diferencia entre un artesano y un artista. El primero nunca haría algo para nada, el segundo no puede dejar de escribir para nadie.


    4

    Resaca

     15¹ muertos. Bien. Merecen un díá fe silencio.

    viernes, 18 de septiembre de 2026

    Parque de la Argentiná

     Ahora siento el frío

    correr sobre mi rostro,
    frío sobre los tejados
    en donde anida un loco.
    (1981)



    I


    Ahora vuelvo al parque descuidado
    de la Argentina
    con sus puertas abiertas y veladas,
    te recuerdo y no estás en sus bancos ausentes,
    busco la remembranza de tu aliento
    mientras hierve en mis ojos el hombre fracasado
    que venera los tuyos y se enamora

    de la canción del mar, de las flores que brotan,
    de tu misterio
    y se enreda en las hojas del laurel
    reseco y carcomido de la historia perdida
    que arrastra su tiniebla en el vapor lejano
    que se hunde en el mar turbio de tus secretos.



    II


    Se derrama en la noche el lirio de tu ausencia
    como una carta amarga que no puede escribirse
    y sigue en la mesita
    donde teje la angustia de un amor disidente
    que lucha con los monstruos sombríos del rencor.

    Muere el parque de siempre con el alma
    de un banco que no espera
    al viajero cansado que escruta el horizonte
    de los viejos amantes que perdieron las riendas
    de nuestra libertad que hiere a la esperanza.

    Rompen los coches roncos la frontera y los muros
    murmuran en la savia de los lirios
    que murieron en el rostro del último verano,
    y no vuelve tu aliento sobre mi nombre errante,
    no tengo tu caricia como si fuera mía,
    como si me abrigara
    el viento del pasado que recorre tu pelo
    y volviera el estigma de tu piel al jazmín.

    Yace abierta una llaga que brilla en el futuro
    que nunca llegará a los labios de Abyla
    cuando muera la barca que abraza otros mares
    para seguir desiertos en las noches de luna,
    cuando ya no se vea tu lengua en el teatro
    de la acera que escucha del naranjo la rabia,
    el grito del poeta
    que guarda en cada encuentro con las sombras
    un papel apagado que hierve en el olvido.

    He sentido en mi pecho el pulso de los astros,
    las palabras del loco que escribe en las paredes
    de una noche romana que agita la memoria
    de un libro amortajado
    que arrastra la amargura de un verso interrumpido,
    y no puedo tener la luz de tus columnas,
    el sueño de vivir
    la magia de tu piel tersa entre mis manos,

    tu sonrisa en el deseo de alcanzar lo vivido,
    el ansia de sentir tus sábanas abiertas
    llorando en la deriva amarga de los puertos,
    viendo partir los barcos que no regresarán,
    que no quieren perder la huella de tus surcos.
    Última edición por F. Enrique el Dom, 28 May 2023 19:14, editado 5 veces en total.

     II


    Miércoles de Ceniza

    1


    Quizás prosiga triste

    por haber olvidado

    su sonrisa de invierno despejando la aurora,

    sus flores

    derramadas en el viento de junio,

    sus manos que tuvieron la emoción de las horas.


    Quizás prosiga hablando de lugares perdidos,

    de sombras que perduran

    en un temblor

    sin alba,

    de rostros que pasaron bajo la luna errante

    detenida en sus ojos,

    de amor que no fue amor

    pero me hiela el alma.


    2


    Si yo rezara

    sobre tu amor inerte

    sería una tumba abierta

    sobre tu voz quebrada,

    sería una primavera con el cielo apagado

    que besara tu olvido, tus pies y tus palabras;

    para verte en la calle

    como si fueras otra,

    para hundir en tu cuerpo extraño la mirada

    y no saber reír, llorar, ni aparecerme

    en el hombre de siempre

    que siempre te abrazaba.


    Si yo rezara

    sobre tu amor inerte

    la sombra de la muerte se llevaría mi cara

    y el camino de tierra que siguió nuestro paso

    quedaría en mis ojos en la noche cerrada.


    ¡ Ay triste carnaval de sueño y de pasiones

    que muere cuando reza y llora cuando canta¡


    3


    Vientos de soledad que me aprisionan

    han borrado tu huella de mi frente.


    Si no te quiero, amor,

    ¿qué haré con el vacío?

    ¿qué buscará mi alma sin dios

    por estas calles?


    Sigue la primavera hermosa en los andenes,

    ¿qué haré con esta sombra

    de pétalo fruncido?

    ¿qué haré con este sol que ya no quiere verme?

    ¿qué haré con el recuerdo

    que agoniza?

    ¡Qué haré con tu mirada¡


    Si no te quiero, amor,

    ¿qué haré con el vacío?

    III


    Nocturnos a pleno sol


    1


    Y tú y yo, separados por música y gemidos,

    habitando en un mundo que no nos pertenece,

    desvelamos los surcos del tiempo en nuestras almas.

    (Las flores y los prados)



    I



    No me llames en la noche

    silenciosa de tu manto y de tu olvido,

    no me dejes soñar con la luz de la alborada

    que transita por la estrella ansiosa que te alumbra,

    por el lamento errante

    de un hombre perseguido

    que siempre me visita cuando pienso en tu alma

    con la mueca suplicante de un monstruo atormentado.


    II


    Navego en las canciones profundas de esta tierra

    que anuncia nuestro paso

    y muerde su fatiga en los jazmines,

    en castillos de naipes que se yerguen en una lágrima,

    porque quiero mecerte en la memoria

    de la muchacha de luz que muestra tu sonrisa por las calles

    que nos vieron pasar y esconden tu figura en una esquina,

    porque quiero sentir

    que has vivido en tus entrañas

    la herida penetrante del sueño que brota en tu penar,

    los geranios que vibran solo con tu presencia.


    III


    La voz de tu fragancia vertida en los portales

    se extiende por el barrio

    donde ya nadie escucha la queja

    siempre viva en los ojos de Billie Holiday,

    ni la pluma extraviada de Paul Simon que sigue

    arañando las paredes de un poema sin ritmo

    en tus sentimientos,

    ni la cadena sujeta a los caminos tortuosos de una oración

    que no encuentra su palabra y culmina en tu nombre,

    en una vieja soledad que no envejece

    mientras pasamos por la frontera

    con un mensaje sin destino encallado en el fulgor de tu mirada,

    en los soles dichosos que brillaron y nos sonríen con tristeza.


    2


    Vives en otro mundo

    que para mí

    era el más querido de los últimos rayos

    que bañan las acacias de tu esquina.


    He pisado la isla entre el Hacho y las matas,

    me hundo y tengo miedo,

    he cantado a los hijos lóbregos de la noche

    que muere en la escollera

    como si fuera un sueño interrumpido

    en el swing de tu mente y tu amargura.

    He atracado en los astros de los dioses que penan

    en caminos de polvo que perdieron el nombre,

    en templos derrumbados cubiertos de ceniza.


    Ya no puede pensar en ti sin un aullido,

    ya no puedo olvidar la furia de tu brisa

    cuando no me comprendes,

    la soledad del mundo que brota en tu mirada

    cuando dejas atrás la huella de mis labios

    en tu vestido rojo,

    y el silencio del búho que recorre los diques

    de mis caídas bruscas, de la sombra que espera

    suspendida en el aire de la muerte,

    en el tenue latido

    de la marea tibia que al alba se recoge

    en la cala doliente que tú amaste,

    y no hallo mi alma, perdida en la tristeza.



    3


    No he dejado de amarte

    a pesar de la hondura del proceloso viaje

    que me encierra, nos cubre y nos separa.


    Volveré a los huecos de tu olvido

    para gritar tu noche tensa y larga,

    a los caminos grises para encontrar tu paso.


    4


    Quizás vuelva la noche profunda de las calas

    y camine en tu rostro

    la luz por los estrados y muestres el deseo

    de vivir en la tierra

    que anidara tus pasos cuando te perseguía

    y te entregue los aires dolidos de mi voz.


    Llevas en la mirada el soplo del Poniente,

    en los labios la herida del pájaro que tiembla,

    los soplos que iluminan

    en la huerta que muere y vuelve en el recuerdo

    para hablar en los bancos de la luz apagada,

    del capricho que acoges en tus alas caídas.


    5


    He querido la sombra inquieta de tu blusa,

    la nube de tu canto,

    la hiedra de tus muros,

    he escrito un poema en el atracadero,

    viste su melodía

    la farola en la piedra de un quejío pasado

    en la taberna lúgubre de canciones sin rumbo,

    en los juegos malditos

    que llenaban tu boca y encendían los deseos,

    en los mástiles rotos

    en la herida de n

    iebla cercenando las calas.

    Solo puedo buscarte como un sueño perdido

    que escucha en la mañana la voz de ese silencio

    que se apodera de Abyla

    y grita que aún me amas en su quietud nerviosa.


    6


    Derrota


    Yo quería vivirte y que tú me vivieras.


    Las notas del poema que llegaba a tu oído

    se acercan a tu paso, se visten de tu aroma,

    se pierden en tu alma

    ahora que navega

    en la tinta borrada por tu propio recuerdo.


    Aunque no te lo diga y no busque tus manos

    sigo pensando en ti

    como el amor de siempre

    porque vuelvo a tu piel en el bajel hundido

    que ha surcado los miedos antiguos que guardamos,

    porque piso las calles que fueron nuestra vida

    como un poeta ciego

    que muere en el destino y canta a la tristeza,

    porque te reconozco

    en mi sueño y mis ansias,

    porque miro la esquina por donde aparecías

    mostrando dolorido los estragos del tiempo.


    Porque voy caminando sin rumbo hacia tus brazos

    y no tengo palabras

    hermosas que ofrecerte,

    he perdido el pudor de admitir mis errores,

    apagado la llama que brotaba en mis labios

    ahora qu

    e las llagas del pecado se muestran.

    Sidney Keyes; Poeta de guerra

     Sidney Keyes (1922 -1943) murió durante una incursión en la guerra de trincheras en Túnez poco antes de cumplir veintiún años. Su poema Poeta de guerra (War Poet) pasa por ser uno de los grandes poemas que se han escrito en esas circunstancias extremas, en él, a pesar de la tradición militar de su familia, el poeta hace un hermoso canto en contra de la sinrazón de la guerra y en unos pocos versos nos presenta la crudeza de ésta; la búsqueda de destruir al enemigo y todo lo hermoso que éste pueda poseer. Su llamada desesperada, evocando aquello que significa humanidad, describiendo los terribles actos que se consideran normales durante un conflicto bélico, en los cuales el hombre se empeña en arrasarlo todo, empezando por lo más importante; la vida, nos sitúa a esta especie de testamento poético, lo escribió poco antes de su muerte, como una llamada a la paz de hondo calado y una advertencia severa a aquellos que se niegan en no ver en la guerra el desconocimiento absoluto de lo que significa la palabra civilización.


    Imagen
    I


    Poeta de guerra

    Yo soy el hombre que buscaba la paz y encontró
    en sus ojos alambradas.
    Soy el hombre que buscaba las palabras y encontró
    una flecha en su mano,
    el constructor cuyos recios muros están circundados
    por arenas movedizas.
    Cuando enferme o enloquezca
    no os burléis de mí, ni encadenadme:
    no me derribéis
    cuando marche junto al viento:
    aunque mi rostro sea un libro quemado
    y una villa devastada.


    (Traducción Francisco Enrique León)

    Añado la traducción que Mariano Manent hizo de este otro poema dividido en dos partes, no conozco el original, pero lo que leo me parece magnífico y pienso que el traductor también tiene una importante parte de culpa en ello.



    II
    Dos oficios de un centinela

    1
    Oficio del mediodía

    En la linde de un campo, donde el grillo sus élitros
    frágiles roza, en medio de la hierba amarilla,
    me detengo a escuchar el mar, cernido siempre
    por los dedos graníticos del cabo.
    En este mediodía del estío implacable
    pienso en los que su boca parlera tienen muda
    y en los acurrucados en una tumba angosta.
    Lloro a los que los ojos tienen llenos de arena.

    2

    Oficio de medianoche

    Los que a todo momento se ofrendaron
    hasta ser dulce el tiempo, como amante saciado;
    donceles de pie raudo, viejos de agudos ojos
    -son libertad sus rutas, constantes sus estrellas –
    me acompañan si miro esta ciudad vacía
    Me enamora esta extraña rudeza de los vivos.
    Me enamoran los ritmos de los miembros ya muertos.
    Me enamoran aquellos que ya entraron
    en la noche que huele a pétalos y a polvo.

    (¿Sidney Keyes? - Traducción; Mariano Manent)

    Desconozco las causas concretas, pero "Oficio de medianoche" me fascina más cuanto más lo leo, ya sé que es una traducción, que no tiene una métrica regular, que no pude saber con certeza quien hay detrás de Mariano Manent y que aquellos que amamos la paz siempre hemos caído en las garras de la belleza mórbida de aquellos poemas que se mueven en los horrores de la guerra.

    He leído, H, con detenimiento algo de lo poco que escribió Sidney Keyes, aunque con un mérito innegable te diría que nada que ver con Rimbaud, pero sería injusto considerarlo un poeta de un solo poema. Guardo, escrito a mano y sin indicar el autor, otro poema que rivaliza con éste en profundidad y capacidad para desmontar el mito de la guerra. Siempre lo atribuí a Keyes, al parecer puede no ser así, y no creas que no he intentado llegar hasta ese poeta desconocido.

    En los momentos más crudos de la Guerra del Vietnam era demasiado tierno, no se había despertado mi espíritu crítico y con un candor estúpido y un etnocentrismo asumido, éste y otros conflictos los veía como periféricos, no sabía darles la importancia que tenían, la última guerra era la que acabó en el 45, la que había dicho nunca más, la que acabaría llevando a la unidad europea y a reconciliar a Europa con el resto del mundo. Años después, el conflicto de los Balcanes, me abriría los ojos; todos los muertos cuentan, es fácil alentar el odio hacia todo aquel que es distinto, hay demasiada gente que sigue creyendo en la guerra y mucha más que siempre mira hacia otro lado cuando aquéllas imponen sus criterios de destrucción regenerativa. Es curiosa la estampa que nos pinta Emir Kusturica en "Papá está en viaje de negocios", esa misma gente que se acabaría matando entre ellos sin límites, en cuanto a crueldad y bajeza, cuando tenían un opresor único e identificado se trataban con complicidad y respeto y eran frecuentes los actos de solidaridad entre ellos ante la miseria material y la carencia de libertades en las que se desenvolvían.