domingo, 28 de mayo de 2017

Mi voz



Llegó una noche triste con el vinagre amargo
empapando el costado ensangrentado 
de la brisa perdida que yo amaba,
no supo terminar su recorrido,
transformarse en el canto del gallo que moría
ronco cada mañana,
y allí tendida como flor marchita
que busca su pasado vertido en la almohada
mi voz se desgajaba como un jarrón desierto,
mi voz que no tenía normas ni diccionario,
mi voz atormentada,
mi luz de ave sin norte temblando en las paredes
donde el romero ardía, donde la sombra hablaba.

...   ...   ...   ...   ...   ...   ...   ...

                   ¿Dónde está aquel muchacho que creía en la vida?                     
¿dónde el viento del sur que mecía su playa?
¿dónde mi voz de luna que rimaba los puertos?
¿dónde la primavera vestida de alborada?

Mi culpa atravesada por un quejido antiguo,
mi corazón perdido en una voz que pasa
y no encuentra el camino de la pasión ardiente
que lleva hasta tu casa,
la llave del silencio abierta a mi lamento,
mi apetencia de mar muriendo en la distancia.

El recuerdo de la muerte



Ahora me das miedo de verdad,
porque estás de verdad cerca, incluida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia casi de creatura nueva.

(Pier Paolo Pasolini – Fragmento de la muerte)
(Traducción – Delfina Muschietti)


Te marchaste una tarde, 
como tantas otras veces
sentí la frustración de quien no hace nada
por detener la aurora y el pensamiento firme
de un llanto en la ventana del recuerdo
más querido y hermoso, más entrañable y cálido
con la fragilidad apasionada
de quien no puede vencer a las garras del destino
que arañan los espejos y rompen la esperanza.

Han pasado las lunas y aún te estoy esperando, 
tanto tiempo contigo y no sé cómo llamarte
en esta soledad de hielo desangrado que te busca
en los caminos del mar, en la Piedra del Pineo
con su rumor de barca sin nombre a la deriva.

En el corazón de sombras que regresa a la calle
desconsolada por tu ausencia,
cegada por tu destello, 
en los arbustos del jardín cubierto de cenizas 
y azucenas
he querido abrazarte, ofrecerte las ruinas
del muchacho perdido que acarició tu huella
y la memoria intacta de los altos edificios
que levantaron el vuelo de un amor 
con las alas partidas por el silencio y la noche
que vuelve del olvido, se arrincona en el misterio,
añora el hambre oscura del sueño de la vida
y destierra la luz de los ojos de la muerte.

viernes, 26 de mayo de 2017

La niebla





Después del silencio se derrama tu voz
en una canción alegre hundida en la tristeza ,
no queda una elegía que haga renacer
los sentimientos rotos, no queda una palabra
para evocar las notas transidas de dolor,
de puente,  de excesos, de corazón, de manos, 
de orgullo y agonía.
                                                          
En el martirio de tus dudas te sumerges
en ese mar de ginebra que se agita sin norte
en la mano que tiembla en el cristal,
en los labios pintados que procesionan en el pasillo.

El amor no aparece con su sonrisa extraña
rellenando los huecos de unos párpados que lloran
mientras el mundo se inclina en otra dirección
que no tiende sus lazos,
que no retienes, se difumina y te abandona.

Vives el desconcierto, flirteas con las pastillas,
mueres en la amargura con el tono marchito
de quien siente que su tren se perdió en alguna parte
en los raíles sin espejo de una metáfora sentida
donde yacen los versos de luz
que huyeron hacia el oeste donde duermen los dioses
que abrazan el ocaso,
y una sombra que estrecha su figura contra tu cabeza
  susurra lo cerca que se halla la salida.

¡No sé cuántas veces te busqué en el murmullo
del parque por la noche,
cantante callejera en la soledad de la isla,
ni  cuántas recité a Ginsberg acariciando
en su aullido iconoclasta
 la ternura de tu rostro de ninfa enajenada!

Ahora miro tu cuerpo abandonado en la niebla
que desprendían aquellos ojos cerrados al mañana.

(14 de junio de 2015)

domingo, 9 de abril de 2017

La despedida.



...Ogni giorno la breve finestra
s'apre immobile all'aria che tace...
(Cesare Pavese)

...Cada día la breve ventana 
se abre, inmóvil, al aire que calla...
(Tr. José Agustín Goytisolo)


Al sentir tu voz ronca tan cerca de mi aliento, 
al saber que para siempre te alejabas 
supe que no había sitio para mí en esta calle, 
en este turbio hotel de pequeñas ventanas.

No me puedo alegrar de haber roto el silencio, 
el cielo azul celeste[1] oculto en tu mirada, 
el cabello alentado por los expresionistas 
no serían para mí que los reverenciaba. 




[1] Constance Dowling tenía los ojos color de avellana.

sábado, 8 de abril de 2017

Rubén Darío - Divagaciones




Mis ojos espantos han visto,
tal ha sido mi triste suerte;
cual la de mi Señor Jesucristo,
mi alma está triste hasta la muerte.

Hombre malvado y hombre listo
en mi enemigo se convierte;
cual la de mi Señor Jesucristo,
mi alma está triste hasta la muerte.

Desde que soy, desde que existo,
mi pobre alma armonías vierte.
Cual la de mi Señor Jesucristo,
mi alma está triste hasta la muerte.







         Tan agradecido a Bécquer como a Rosalía, Rubén Darío edificará monumentos imborrables con el recuerdo de ambos y el camino que mostraron, sobre todo, en sus últimos poemas, aquí y en otros de profundidad insondable se entrega sin medida, tal era su forma de ser, a la genial poeta gallega. Algunos de los poemas más hermosos y sentidos de nuestra lengua se deben a este desposorio poético que funde ambas almas de tal forma que no sabríamos qué poema pertenece a uno u otro si no fuera por la fecha, por la alusión al género o porque están firmados.

miércoles, 5 de abril de 2017

A Julio



Hoy estás frío
y me recuerdas aquella boca 
que quedó 
entre mis labios y el olvido; 
me miró 
aquella niña tan hermosa, 
mis ojos
desde entonces son heridos.

Hoy estás frío 
 como los ángeles de piedra, 
pero arde tu recuerdo
 en mi memoria, 
llorando una canción de primavera 
que me llevó hasta el mar
 en una ola.

Ray Davies - Days



         En el mundo anglosajón, tributario del germánico, el poeta, como conocedor de los misterios, es adorado, respetado y, quizás, como cualquier oficiante que sabe lo que a los demás no les está permitido, temido y odiado. 

          Ray Davies se encuentra en un mundo que no le pertenece pero sabe desentrañar con un espíritu crítico prodigioso, como Bowie o Lennon en sus momentos de lucidez. De joven causaba pavor a cualquier grupo social sobre el que proyectara el objetivo, ese era el suyo, hablar con ironía, incluso con sarcasmo del mundo  al que pertenecía y se regocijaba en la decadencia de sus propias costumbres. No voy a cambiar esta sociedad, parecía decirse a sí mismo, pero me moriré riéndome de su estúpida autocomplacencia. Ray Davies pasará a la historia por aquellos discos que publicó su grupo, The Kinks, en la segunda parte de la década de los 60 y los primeros años de los 70, los mejores conceptuales que se han grabado en la historia de la música popular, ni Revolver, ni Blonde on Blonde tienen tanta coherencia, una planificación aparente tan absorbente y metódica. Ray Davies en su mejor momento no se daba el mínimo respiro, podíamos hilar versos de distintas canciones creyendo que estaban perdidos en el mismo poema; eran tan parecidas y tan distintas las canciones.

           Days no es una canción que nos pondrían como ejemplo del genio creador de Davis, es simplemente una canción de amor agradecida cuando ya todo se ha perdido. Una rareza considerada entre los grandes logros del pop-rock. Aquí ya no es joven ni está acompañado por su grupo, pero es un momento mágico. En España no se respeta a los sacerdotes incluso entre los propios poetas y nunca lucieron estos días ni hubo sangre en el camino ni el flautista yacía en las puertas de la aurora, los españoles solemos equivocarnos con frecuencia y somos casi incorregibles.

martes, 4 de abril de 2017

Los puentes



Ya no sentirás vergüenza  de ser una chica triste,
ya no pensarás que has hecho algo malo
cuando tu amante se enfade
porque han bajado sus acciones o ha perdido en las carreras.

No agacharás la cabeza bajo los puentes inclinados
ante el recuerdo errático de tu amor
y la huida de las caricias,
no verás el acero envolviendo  los cristales
con las pinceladas borrosas de los edificios
en la lejanía de los crepúsculos que se apagan
donde tu corazón se desmorona
como la última lágrima
de una sirena que vaga
perdida en la corriente constante del Hudson.

Como las flores altas.





 Como las flores altas me llega tu mensaje,
tus notas son la lira
donde brota el recuerdo que acorta la distancia
de la noche a los claros y del canto al dolor.

Entre los aguaceros oscuros del otoño
te yergues y arrinconas del sueño la espesura,
iluminas y anhelas un arranque del aire
que abandone mi herida  y aprisione el amor.

Como la golondrina que no quiso exiliarse
de los tiempos dichosos
vuelas sola en la playa con la húmeda arena,
como la torre blanca
descuidada en sus muros que sigue en la colina
y no se rinde nunca
 comprendes las ruinas
de un templo devastado que guarda la belleza,
eres como esa barca sin velo que naufraga
y vive los vestigios entre aromas de mar
para cuando despierten los besos en la esquina
grabada con tu nombre,
eres esa esperanza que no aprendió a plegarse,
sigue abierto en tu alma un sentimiento limpio.

(17 de octubre de 2016)


Dejas en las arenas





Dejas en las arenas el rastro de un recuerdo 
que vibra acompasado
en la huella del alma plena que no se pierde
en revistas que llegan vestidas de fracaso,
ilusiones sin voz que gritan en el muro
donde esperas que vuelva mi nombre entre las piedras,
y dejas la distancia
de tu olvido a mi alcoba
con el reproche inquieto de una amante exiliada
que borda los deseos de juventud perdida
cuya camisa sigue latiendo en una llama.

Entre las flores nuevas que no supe enviarte,
entre los verdes trigos sigue firme la aurora
como un sueño de luz
que se adentra en la calma cuando llega tu imagen
de la playa a la orilla y alienta los deseos. 

Sigue abierta en tu rostro la primera sonrisa
entre el mar y los montes que cubren los paisajes,
entre pájaros tercos que cantan al mañana
y te llevan la espiga de un vuelo enmarañado
para tejer laureles
de un sentimiento antiguo.

Eres como los astros que ahogan el olvido,
como un árbol que llora la tristeza del mundo,
una sombra que siente
entre los espigones un  poema perdido
de asonancia sentida en tus labios de sal,
eres como ese faro que nunca encontró puerto
y busca sin descanso tu mirada en la luz
para sentir que muere el peso de una culpa,
entre libros gastados y un mástil desteñido
penetras en el vientre de una esperanza incierta
porque nunca te rindes ni niegas el pasado.

(17 de octubre de 2016)