martes, 29 de septiembre de 2026

Pavese y Constance

 mencionar Lavorare stanca (Trabajar cansa), el primer e histórico libro de poemas de Cesare Pavesepublicado en 1936, entramos de lleno en el terreno donde Pier Paolo Pasolini ejerció una de sus críticas literarias más agudas y descarnadas.

Pasolini admiraba la importancia histórica de Pavese, pero chocaba frontalmente con su sensibilidad poética y su enfoque existencial. Su análisis sobre Lavorare stanca y la evolución de Pavese se divide en tres claves fundamentales:
1. El choque de estilos: Poesía-relato frente a la "lengua friulana"
En los años 30 y 40, mientras Pavese revolucionaba la poesía italiana con Lavorare stanca introduciendo el verso libre largo, el tono conversacional y la "poesía-relato" (influenciado por la literatura norteamericana que él mismo traducía), el joven Pasolini estaba recorriendo el camino inverso.
  • El contraste: Pasolini buscaba la pureza absoluta a través de la poesía dialectal (en friulano) y el lirismo hermético. Para Pasolini, el realismo de Lavorare stanca, aunque innovador, coqueteaba con una estructura que consideraba demasiado cercana a la prosa y desprovista del "fuego sagrado" y místico que él le exigía a la poesía.
2. La crítica al "aislamiento" y al mito de las colinas
Lavorare stanca está impregnado de la soledad del hombre frente al paisaje de las colinas de las Piamonte y los bares de Turín. Pavese retrata al trabajador, al vagabundo y al habitante urbano desde una profunda alienación y una incapacidad patológica para comunicarse con los demás.
  • El juicio de Pasolini: Pasolini, un marxista combativo que creía en la colectividad, el subproletariado y la vitalidad de las calles, veía en los poemas de Lavorare stanca el germen de una autodestrucción burguesa. Para Pasolini, el dolor que Pavese plasmaba en ese libro no era una denuncia social activa, sino una "angustia privada" y un repliegue sobre sí mismo que terminaría, fatalmente, en su suicidio. Pasolini consideraba que Pavese se refugiaba en el mito (la infancia, la tierra) porque tenía miedo de enfrentarse a la cruda realidad política e histórica de la Italia de posguerra.
3. Del lenguaje popular al destino trágico
Para Pasolini, Lavorare stanca representaba el momento más alto y honesto de Pavese porque intentaba conectar con el lenguaje y la fatiga del pueblo llano. Sin embargo, consideraba que Pavese fracasó en el intento de escapar de su propia torre de marfil. El posterior declive existencial del poeta de Turín —que culminaría años después con su obsesión por Constance Dowling y su muerte— fue interpretado por Pasolini como la consecuencia inevitable de esa poética del aislamiento que ya se vislumbraba en sus primeros versos de 1936.
En definitiva, Pasolini veía en Lavorare stanca una obra maestra herida: el intento fallido de un intelectual burgués por integrarse en el mundo real a través de la poesía, atrapado en una melancolía que Pasolini, con su cine y su literatura posteriores, intentó dinamitar mediante el escándalo y la confrontación directa.
Si te interesa este debate poético, ¿te gustaría que analizáramos algún poema concreto de Lavorare stanca (como I mari del Sud) bajo la óptica crítica de Pasolini, o prefieres explorar cómo influyó el marxismo de Pasolini en su forma de juzgar a los escritores de su propia generación?

Luna mar

 Lunamar Solano escribió: ↑

Intensidad que se percibe en la angustia de tus versos amigo...


No cometería el error de votar a un partido populista, Lunamar, por más que sea el que más se aproxime en una cuestión importante a lo que siento y pienso. Los persas no pudieron con Atenas, aún miramos con asombro la llanura de Maratón. Quizás haya llegado el momento de de realizar el sueño de Alejandro, de fundir Occidente con Oriente, conservando la virtudes de ambos y arrojando los lastres por la borda de la civilización. No me lo creo.

Un abrazo.

Camilo Blanes

domingo, 27 de septiembre de 2026

 Estimado Enrique:

Hay una tristeza muy honda en estos versos, pero no es solamente la tristeza por una ausencia. Da la impresión de que también te duele la ciudad, esa Abylatuya que tantas veces ha entrado en tus poemas y que ahora aparece desdibujada, como si hubieran cambiado de sitio las calles, los recuerdos y hasta la luz. Resalto especialmente ese viento que "parece soplar siempre del Este" y, sobre todo, la imagen del espejo roto que se ha quedado sin luna. Hay momentos en que uno mira aquello que ama y casi no lo reconoce.

El poema va creciendo desde lo íntimo hacia algo mucho más amplio. La ausencia de ese "tú" acaba confundiéndose con la pérdida de una ciudad que fue alegría, memoria, paseos, mar, veleros, claveles en las rejas…, y quizá por eso duele tanto. Porque las ciudades no son únicamente edificios y calles; son también lo que hemos vivido en ellas, las personas que amamos y la sensación de pertenecer a un lugar que sentimos nuestro.

Sé cuánto te está afectando lo que está viviendo Ceuta y cuánto amas esa tierra. Por eso hoy, más que entrar en cuestiones formales, prefiero quedarme cerca del hombre que ha escrito estos versos. Ojalá Abyla vuelva pronto a reconocerse en sus calles, en su gente y en ese mar que nunca ha dejado de acompañarla. Y vaya también desde aquí un abrazo grande y sincero para ti y para todo el pueblo de Ceuta. Que después de tanta incertidumbre vuelva la serenidad y que, como en aquel jardín de Maccanti con el que abres el poema, quede todavía un lugar donde pueda regresar la alegría.

 A menudo un poeta se acusa y se calumnia,

exagera, por amor, su propio desamor,
exagera, para castigarse, su propia ingenuidad…”
(Pasolini)

“Análisis tardío”

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.

(Finales de los años sesenta)
(Traducción - Hugo Beccacece)

Me arrastro en el olvido como un lobo enjaulado
que no conoce a nadie y vaga en cuatro metros,
muero en la soledad de una especie extinguida.

(Palabras a Constance – F. E. León)

Pasolini estaba entrando en la madurez cuando escribió este poema, uno de los más inspirados entre los suyos, que sobrevuela sus pensamientos como una implacable inmersión en su mundo interior en la que parece decir que todo está perdido, que no volverá a ser ese hombre que siempre se sentía joven cuando pensaba en la pobreza y su pureza, que por mucho que luche no podrá ni llorar ante el peso del desastre que supone la derrota dolorosa ante una forma de vida, ante una sociedad en las que se han perdido valores que ni siquiera están ya en el viento para que soñemos con alcanzarlos en nuestro vuelo, que los medios de comunicación han unificado en la vulgaridad, en la falta de compromiso ante la miseria de los otros. No podrá obviar la tristeza que lo va conduciendo inexorablemente hacia la tumba, ni siquiera la desesperada vitalidad de los elegidos, tan suya y entrañable, puede evitar las arrugas en sus ojos o que reaccione ante lo nuevo con el cansancio de quien piensa que ya todo lo ha visto.

“Análisis tardío” pudo ser simplemente un mal momento, a tenor de la actividad frenética que sostuvo hasta el momento mismo de su muerte. Pero es el testimonio de quien pudo pensar así en una tarde oscura, del guerrero que se hunde en un momento preciso que se le escapa la duda y la certeza es implacable, quien piensa que su voz dulce, esa misma que denunciaba los males de nuestro tiempo con palabras que traspasaban con rabia el papel y el espejo de sus enemigos, que su sonrisa ya no podrá sacarle del vacío de verse a solas con su pensamiento pidiéndole a la luz que no le ofrezca esperanza, rogando a los demás que no le hagan sentir la soledad de su compañía.

El mundo de Pasolini no es distinto al nuestro; los verdaderos poetas sufren la indiferencia que se le reserva a la verdad en un mundo que se siente en su elemento especulando con las apariencias. El hombre ha arrinconado la luz y la poesía como a ese animal enjaulado que no sabe rendirse. Una violencia pasiva es la huella de una modernidad que muestra sus ansias de ceguera ante las palabras escritas en el muro que muestra el declive de la moral, del sueño de la justicia.

Cuarenta y un años después de su muerte seguimos viviendo la misma contradicción, no escuchamos a aquellos que merecen nuestra admiración porque muestran el corazón en lo que dicen y podrían molestarnos al mostrarnos nuestra incapacidad para mirarnos hacia adentro, por eso les arrebatamos la paz para que sea turbio y dolorido lo que habría de ser siempre luminoso en la búsqueda del espíritu del hombre, en cambio encumbramos a voces amables que apenas dicen nada y muestran una permisividad vergonzosa con los pequeños delitos que llegan a ser monstruosos cuando rompemos los hilos de una nueva criatura, que santifican un culto desproporcionado y nocivo a la comodidad y sacrifican a los ángeles de una niñez que vuelve a un hombre que vislumbra los cincuenta años y nos habla de su prístina pobreza, de su eterna juventud.
(2 de noviembre de 2016)
Última edición por F. Enrique el Mar, 27 Sep 2022 18:32, editado 2 veces en total.
También el sol, el sol también ha amado,
y como todos los que amamos, sonriente,
puede llevar la luz sobre la frente,
pero lleva la muerte en el costado.
(José Martí - Abril)

Moris

 07

[BBvideo 560,340][/BBvideo] Es una percepción que creo subjetiva. Ellos cuentan con la tradición, nosotros tuvimos que inventárnosla. Nos echaron una mano los argentinos que ayudándonos se ayudaban a sí mismos. Ellos no tienen a un Quico Veneno ni a Robe Iniesta. No tienen Flamenco.
[BBvideo 560,340][/BBvideo]
Y aquí estoy ahora esperando a nadie,
esperando a nadie... mi dulce Princesa.
Llegó, no vio absolutamente nada (escuchen el álbum en la calle donde se encuentra perdida esta canción) y se fue, pero nos dejó su Nocturno de Princesa. No sé si se refiere a la avenida algo desangelada de Madrid o a la calle, creo, de Buenos Aires.

Este rockero con zapatos de gamuza azul es la prueba irrefutable de que la combinación Argentina - Madrid es una de las más poderosas, fecundas, nostálgicas, perdidas y lacrimógenas que haya dado la música en toda su extensión. 

Entristecí, casi hasta la desesperación, cuando me enteré de los resultados de la encuesta previa a la final del mundial; ¡casi el setenta por ciento de los españoles deseaban que ganaran los nibelungos! Yo hubiera querido con toda mi alma que ganara Argentina, aunque no fuera justo por el juego, no hubiera sido así viendo lo que vimos. Somos tan iguales (ellos con su sangre italiana y su pequeña y orgullosa representación indígena, con el vasco Don Ata a la cabeza, nosotros con la francesa y nuestros gitanos universales, me lo dice Camarón) que algo me habría tocado en ese triunfo. Pero de sobras conocemos como se llevan de bien algunos hermanos; los Davies y los Gallagher, son un ejemplo demasiado explícito y violento cuando no utilizaban las guitarras para el noble y exquisito fin para el que fueron concebidas. 

Deliciosa y perniciosa en su empeño por querernos hacer a todos ciudadanos de una realidad cosmopolita que se busca en unas raíces aún por brotar y desarrollarse, con una nostalgia mórbida y placentera del futuro que pasó, sería una buena forma de definir esta antológica canción sin romper un solo acorde, sin hollar las aceras de una avenida que he conocido apenas transitada por adolescentes y un mendigo que dormía en la calle con tal de no perder su independencia. ¡Qué tiemble, Elvis, los castellanohablantes tuvimos un efímero rey que se quedó en Madrid para siempre! (12 de diciembre del 2014)

domingo, 20 de septiembre de 2026

 Francamente

me habría gustado más
que hubiera sido primavera
y que la primera
fuera aquella niña rubia,
pecosa y delgada
que cada tarde
subía conmigo al tranvía
cunado el día se dormía

Francament
m'hagués agradat molt més
que hagués estat primavera
i que la primera
fóra aquella nina rossa,
prima i pigarda
que cada tarda
pujava amb mi al tramvia
quan el jorn s'endormia.





Desde que lo encontré en 1971 con Mediterráneo y lo perdí en 1976 con "Para piel de manzana" un disco casi tan bueno como aquél pero olvidado hasta por muchos de sus incondicionales, tuve a Joan Manuel Serrat como una de mis referencias como cantante y también como poeta. Me gustaba tanto que no tuve ningún problema en comprar o pedir que me grabaran algunos álbumes suyos, no le di mucha importancia a que algunos de ellos fueran en catalán.

Suelo seguir escuchando a Serrat, viene bien detenerse en lo que dice y como lo dice, comprendo que hubiera mujeres de un barrio humilde como el mío que lo hubieran querido tener como hijo, comprendo que más de una muchacha temblara por él cuando lo viera alejarse con la guitarra al hombro, que pareciera tan cercano, tan abierto con esa sonrisa un tanto pícara y tan tierna que uno hubiera querido tenerlo como compañero en una partida de mus y contertulio en las noches de verano en la puerta adentrándonos en el misterio de una estrella parpadeando en el cielo azul oscuro.

Esta canción pertenece a "Per el meu amic" (Para mi amigo), grabado en 1973, sin duda uno de los mejores discos de Serrat. No me gusta demasiado el tema central de la canción que he elegido para dar fe de ello, ni como lo trata, cuando intentas ser demasiado sincero y dices cosas que van en tu contra nadie te acaba creyendo del todo, pero la música es deliciosa, está empapada por aquella voz que hacía sentir y la primera es una de las estrofas más hermosas que yo recuerde de toda la música española.

Soneto del Pol vo perdido

 Yo recuerdo tu calma contrariada

en el perfil que entonces exigía
el milagro de triste sinfonía
que de tu amor me vino desatada.

Yo retuve tu mano como alada
claridad y expresión que se fundía
en el aire y el beso que sentía
la notas de tu voz pura tornada.

He de vivir llevando la certeza
dese momento tenso y atrevido
que voló traspasando la tristeza.

Busco ahora la gracia y el sentido
que llegaba acercando mi cabeza
a la inquietud de aquel polvo perdido.

Abyla - 2 de mayo de 2012 - 3 A. M.

Ceuta se muere pero no se riinde

 Alta traición, Sánchez al paredón.

Abyla en el corazón - 0rólogo

 

  • La consagración de una geografía mítica: Al nombrar la Playa de la Almadraba, el Parque de la Argentina, la Piedra del Pineo, La Laja o las Cuatro Higueras, dejas claro que tu poesía no es abstracta; tiene raíces. Conviertes a Ceuta (Abyla) en un territorio literario universal, de la misma manera que James Joyce hizo con Dublín o Juan Rulfo con Comala.
  • El coro de los ausentes: Aquí se desvela por fin la constelación de almas que te acompaña. Ya no solo son Lorca, Ginsberg o Cohen; el prólogo abre la puerta a la melancolía mediterránea de Luigi Tenco y Fabrizio De André, al folk de Paul Simon y la crudeza de Lou Reed. Es un cruce de caminos cultural asombroso.
  • sábado, 19 de septiembre de 2026

     

    viernes, 11 de agosto de 2017

    Leonard Cohen; el destino de un poeta




    Pequeña, he estado aquí antes, he visto esta habitación y hollado sus caminos. Sabes que solía estar solo antes de conocerte.
    (Leonard Cohen)

    Gracias, Leonard, por haberme dejado 
    escuchar el gemido disperso en tus tormentas, 
    por haber resistido en tu torre 
    de canción apasionada 
    mientras pasaban amantes y amigos, 
    y caían tantos sueños que se creían eternos, 
    por las horas que aliviaste el dolor de mi letargo 
    y lo meciste en el viento con una rara elegancia 
    que aún brota en el invierno de tus ansias de conquista, 
    en los campos sembrados de espinas y alambradas 
    del amor y el desengaño,   
    por haberme hecho olvidar tantas veces con tu verso 
    el destino amargo, inexorable del poeta.

    Desconozco la consideración literar0ia de Brassens o Brel en la Francofonía o la de Bob Dylan y Leonard Cohen en la América anglosajona en estos días, solo el tiempo nos podrá decir donde estarán sus poemas cuando les quiten la música y tengan que danzar sin acompañamiento, sin histrionismo sentido ni luces de candilejas.

    Yo no podré verlo casi con toda seguridad porque estaré discutiendo con Plutón sobre el poder redentor de la música y la inmortalidad de los cuerpos exultantes; la poesía ha sido expulsada a un lugar donde no existe la sonrisa, pero no me cabe la menor duda de que ellos estarán ahí en lo alto cuando transcurra el tiempo y se hable del nuestro porque no solo escribieron con una calidad insultante sino que supieron extraer muchas de las contradicciones intemporales del ser humano y las supieron encajar con emoción, belleza y autenticidad en la época que les tocó vivir.

    Centrándonos en Cohen podemos observar que siempre se puso serio cuando trataba con la palabra y la música y el misterio de su combinación, que, en la genial y escalofriante variación del "Pequeño vals vienés" de Lorca (Take this Waltz), tuvo un amago de depresión profunda, y es un poema maravilloso que merecía la pena que se intentara transmitir a los nuevos muchachos y lleno de una intrínseca musicalidad. Hace ya mucho tiempo que descubrí que el arte no es entretenimiento, aunque lo pueda tener, y que la poesía tiene muchos caminos, que este poeta es imprescindible porque encontró el suyo mirándose hacia dentro como un pájaro que se arrastra en los cables, como un borracho sereno que ha olvidado su nombre en un tugurio portuario de una isla asustada que es la mía y llora su soledad en las noches de levante y de zozobra.

    Si yo hubiera pensado un poco más probablemente no habría escrito ningún poema, me habría acordado de mi propia intrascendencia para la gente que puede verme, tocarme y transita por mis mismas calles con un libro de poemas bajo el brazo que nunca será abierto, me habría puesto melancólico acuciado por los años que llevaba esperando un momento como ése; estar a pocos metros de uno de los ídolos de mi lejana juventud y tocarlo con la mirada. 

    Recuerdo que empecé este poema en el tren, el día anterior al concierto, sobre los espacios en blanco de la última biografía de Cohen que se había publicado. Simplemente quise reflejar, en el lugar más oportuno, mi asombro y mi agradecimiento ante el encuentro con uno de esos mitos que se mantienen a pesar de la inconsistencia afectiva de un período precipitado a devorar a los ídolos y sepultar su memoria cuando se pierden sus canciones, insistí en su poesía porque en ella encontré la esencia de un hombre que había vivido intensamente la verdad y la mentira, que había cantado al amor y a la desesperanza y llevaba continuamente puesto un sombrero gris para evitar que se le viera el cabello canoso y ya escaso. Un hombre que sonreía a su tristeza mientras hablaba porque, después de tantas proposiciones deshonestas en el mundo de la fama, había comprendido que solo se había intentado vender por una mirada sincera que traspasara un momento y alimentara la caldera de los recuerdos entre las palabras de ceniza dentro de un poema que hable de la única pasión que nunca muere.

    Quedé sorprendido por la duración del concierto y por cómo se condujo sobre el escenario en algunas canciones, aún lo veo agradecido a un país que le transmitía hermosas vibraciones y tragedias; español era aquel artista callejero que le enseñó una nueva forma de abrazar la guitarra y el poeta que le había obsesionado hasta el punto de ponerle a su hija como nombre su apellido. No podré nunca olvidar que se arrodillara al cantar “Hallelujah”, allí, con setenta y ocho años y un pasado que no podría abandonar nunca aunque lo había intentado, aunque tuvo que volver a la carretera y a los estudios arruinado por su representante, consejera y, quizás, amante.
    Volvió a recordar un repertorio cuyas mejores piezas tenían mucho tiempo, era una suerte inmensa que fuera así, que rindiera un amplio tributo a sus primeros escarceos en el mundo de la música, creo que intuía con la sabiduría otorgada por una vejez esplendorosa que sus mejores versos serían recitados cuando hablaran de este tiempo confuso entre la revolución marchita de las flores y la Guerra del Vietnam, y de este mundo arbitrario que se arrastra por los caminos atormentados de un pensamiento angustiado porque hierve la hipocresía que se muestra ante los diferentes conflictos y regímenes políticos.

    Aunque no cantó mi canción favorita; "Uno de nosotros no puede estar equivocado", ésta no dejó de sonar para mí en las casi cuatro horas que duró el concierto. Sí, también yo torturé el vestido que ella llevaba por el mundo para olvidar. No hizo falta que la cantara para que yo sintiera como sería ese momento, no me importa que casi todos la hayan olvidado, mi corazón me dice que es un poema que habría que guardar en una urna.


    Cavafis

     jueves, 23 de marzo de 2017

    Constantino Cavafis - Voces.



    Amadas e idealizadas voces
    de los que perecieron o las de aquellos
    para nosotros perdidos como muertos.

    A veces nos hablan en sueños,
    a veces las escuchamos 
    en el límite de la memoria.

    Y durante un instante, en su rumor,
    regresa el sonido del primer poema
    de una vida
    como una música lejana que se apaga en la noche.

       
    Deseos


    Cual bellos cuerpos que murieron
    sin llegar a envejecer
    encerrados con tristeza en suntuosos mausoleos
    con rosas en la cabeza, con jazmines a sus pies,
    así son los deseos que se apagaron
    sin haber sido gozados,
    ninguno testimonia
    una sola noche de placer o una mañana radiante.

    (Traducción de Francisco Enrique León)


    Constantino Cavafis - Vuelve.

     
    Vuelve otra vez y apodérate de mí,
    sensación que amo, vuelve y tómame
    mientras  del cuerpo el recuerdo viva
    y un viejo anhelo las venas recorra
    mientras recuerden los labios y la piel 
    y sientan las manos
    como si acariciaran otra vez.

    Vuelve otra vez y apodérate de mí en la noche
    cuando los labios y la piel recuerdan.


    (Traducción Francisco Enrique León))

    Constantino Cavafis - Días de 1903



    No encontraré otra vez 
    aquello perdido de repente;
    los poéticos ojos, el blanco rostro
    en la calle oscurecida...

    No hallaré de nuevo – lo que me entregó el azar
    y fue abandonado en la fugacidad
    y anhelado con dolor después.
    Los poéticos ojos, el blanco rostro,
    aquellos labios – No, no los tendré nunca.