sábado, 19 de enero de 2019

Lou Reed - Canción triste





Hay dolores que dan vida y placeres que matan, creo que fue Baudelaire quien lo dijo. En el amor la muerte significa dejar abierta la puerta para que entre otra pasión o para que el olvido comience su largo camino. Si se deja entreabierta lo que entran son los reproches, los remordimientos, las relaciones tormentosas que no saben cómo acabar, aunque suelen ir a peor.

 Me impresionó mucho cuando supe acerca de la correspondencia entre F.S. Fitzgerald y su mujer, Zelda, nada que ver con Abelardo y Eloísa, no inventaron el amor, ni son un ejemplo raro de matrimonio destrozado que formalmente se mantiene, pero nos da todas las claves de una de las obras maestras de la literatura de nuestro tiempo; "Tierna es la noche", y algunas del porqué en plena tormenta es necesario acordarse del ruiseñor de Keats.


sábado, 17 de noviembre de 2018

El muro de las lamentaciones



Comprendiste con dolor que los hombres nunca lloran,
después llegó el diluvio,
aprendimos a naufragar en la orilla
pero no sabemos lo que hemos aprendido;
el amor siempre es un sueño que nos despierta
y la vida nos sorprende dormidos
cuando soñar es un privilegio de los atormentados
que no cierran los ojos cuando aparece el destino.

No puedes tener de mí lo que no me pertenece
no puedo tener de ti lo que perdiste
y aún conservas
en un poema de amor que nadie leerá nunca
aunque esté escrito en el muro de las lamentaciones.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Leonard Cohen - Sintiendo desde la torre de la Canción




Creo, Juan Carlos, que tan bueno como acordarnos de nuestros cantantes es elegir las canciones que mejor los representan. Con Cohen siempre recurres a aquellas que sustentan el mito de su inmortalidad; sobrevivirían como poemas de gran altura y de belleza emocionada al leerlos hacia adentro cuanto más ofrecidos en profunda sintonía con la música. 
***

Vi muy acertada la reivindicación que Cohen hace de Hank Williams en esta canción, también Dylan tuvo palabras laudatorias y un sincero agradecimiento para ese desconocido entre nosotros que reinventó el country y que escribía sus propias canciones, que verdaderamente pagó el alquiler más alto en el mundo de la música.

Leonard insiste en el paso del tiempo y en lo duro que es mantenerse cuando se han perdido las ilusiones. Te dejo una traducción de la primera estrofa, el tercer verso se me resiste, me acogí a lo que entendí y, quizás, no acertara, pero creo que pone bien claro lo fácil que puede llegar a ser conseguir sexo y lo complicado que es conseguir amor.

Mis amigos ya se han ido y tengo el cabello gris,
ahora sufro en los lugares donde solía jugar
y estoy loco de amor pero no lo alcanzo,
solo pago la renta cada día
en La Torre de la canción.

***
(2017)

Creo que Leonard Cohen intentaba arrimar cada tema a la vida y al amor, triste y hermosa, como la queja sin esperanza de una muchacha sefardí, es la historia de esa amante que se ha ido separando de él, con su voz grave y dolorida le advierte que la seguirá escuchando porque él, cuando ella se haya ido definitivamente, le hablará con ternura y recuerdo desde la Torre de la Canción.

Leonard Cohen empezó muy tarde en esto del mundo de la música, tenía unos 34 años, cuando los monstruos asustados que, aún hoy, nos siguen nos siguen arrastrando con sus miedos, lo habían hecho apenas superada la veintena. “Las canciones de Leonard Cohen” es un álbum mítico que le aseguró para siempre el respeto, quizás no la comprensión, entre críticos, músicos y poetas. Pero vivió profundas decepciones a lo largo de su carrera.

 Pienso que sus mejores creaciones, cuando ya se veía amenazado por el tiempo y temblaba con la misma intensidad cuando miraba el pasado y no encontraba el futuro, son una crítica poética y amarga de ese mundo al que ya no podía ver distinto a los otros, a los que veía precipitarse sobre las ruinas de los sueños que habían sido cubiertas con el manto de la vulgaridad en la que iban cayendo los nuevos medios de comunicación. Los versos más afortunados y terribles de la segunda parte, se dice que nunca fueron buenas, de su primer resurgimiento se los reserva para los asuntos que le eran más queridos; el dolor por el paso del tiempo, el alejamiento, sin que se perciba apenas, de los amigos y la muerte de un gran amor, porque son los que siempre acaban en ruptura; es difícil recuperar cada día la resurrección de los primeros momentos. Es imposible que los seguidores del poeta olvidemos a Marianne Ihlen.

***
Me emocionó, también a mí se me escapaba alguna lágrima, sobre todo cuando evocaba al músico español que le enseñó a tocar la guitarra española y cuando brillaban sus ojos taciturnos mientras pronunciaba con morosidad y temblando el nombre de su poeta. Estos versos que te dejo es muy posible que nunca los hubiera escrito si no fuera por Cohen. Lo tengo a él y a Saint-Exupéry como los maestros que me enseñaron a perder el miedo a volar al adentrarme en la alegoría. No creo que tenga sitio en la Torre de la canción, pero nadie puede impedir que escriba lo que veo cuando estoy mirando el mundo desde lo alto de ella.

Dejas en las arenas el rastro de un recuerdo
que vibra acompasado
en la huella del alma plena que no se pierde,
en revistas que llegan vestidas de fracaso,
ilusiones sin voz que gritan en el muro
donde esperas que vuelva mi nombre entre las piedras.

Creo que le cogí el pulso a Cohen hace unos meses después de años intentándolo, incluso empecé a escribir un poemario; "According to Leonard Cohen" que se quedó en un puñadito de poemas de escaso mérito. Si quieres te busco alguno de ellos para que veas que no miento. Fue visitar Hydra, milagros de la Red, y todo empezó a ir mejor, fue comprender su delicadísima situación con respecto al estado de Israel, su pasión por las mujeres que le alejó de Marianne, su sincero rechazo del star-system, su relación con la poesía como algo necesario para aferrarse a la vida...

(2018)

jueves, 8 de noviembre de 2018

Recuerdos de Barcelona



1

Como un pájaro en los cables,
como un borracho en una ronda nocturna
he intentado ser libre a mi manera.
(Leonard Cohen)

Estuvimos tanto tiempo juntos
que hasta llegamos a amarnos
en el crepúsculo de los dioses que morían
porque sufríamos
la estulticia faraónica de los viejos gobiernos,
las cadenas libertarias de las nuevas revoluciones.

He comprendido que no puedo engañarte,
que cuando te miento
sobre los himnos y consignas de nuestra juventud
el amor se derrumba
en el infierno de las explicaciones,
en las palabras gloriosas que no tienen sentido
cuando se funden en un beso sin recuerdos ni labios,
en unos brazos cuya esperanza se pierde
en una calle de sombras con farolas apagadas,
en una barca que no llega a la orilla de los templos,
a los estigmas candentes de los mártires postergados.

Estuvimos tanto tiempo juntos
que comprendo que tenga tu cuerpo bendecido
aunque no estés a mi lado,
que sea tu herida la sangre de mis venas,
las llagas de mi pelo, las uñas de mi derrota.

2

Y ahora, solo, triste, sin amor
voy del puerto hacia la niebla.
(En el Poblado Marinero)

Me humillas como si de repente
te acordaras de que no soy el amigo
infatigable del viento
que murió en tus brazos y te llamaba,
como si hubieras enterrado en una flor
los pétalos marchitos
y el sueño del poeta que adoraste en la alborada,
como si ondearas tu lúbrica bandera
diciendo que no puedo acariciar
su aliento y sus mejillas
cuando despliega su emoción en ráfagas abiertas
y llega a tu recuerdo
y te ilumina,
como si me mintieras cada vez
que me dices te quiero
y me llevaras como una carga de soledad y espinas
entonando el himno fugitivo
que nació entre tus manos y se perdió en el mástil
y ya no puede ser mío
sino para la boca
que navega en tu tristeza y gobierna tus adentros.

3

Que me acoja el dolor
humano de los vivos,
que me lleve la suave
tristeza de los muertos.
(El fajador)

Ni siquiera alguien como yo
podrá salir indemne del dolor que me causas,
cayeron otras torres sobre la soledad
del Metro por la noche,
otros muros acogieron el amor que te daba
y guardan tu recuerdo como una flor que siente
en el papel que tiembla y busca mi candor.

Cambiaron los espejos del mar que nos miraba
y el aire no es azul
entre el himno de los coches
y el rumor del tabaco en labios juveniles
que nunca aprendieron
a creer en el ayer y no creen en el mañana.

Y supe encajar los golpes en el ring de la vida,
refugiarme en tu rostro
ante la incomprensión del mundo enrevesado
de las rosas de plástico y las canciones fingidas
que atravesaban calles sin melodía y sin voz.

Ni siquiera yo, que fui el aroma
de la resistencia de los perdidos sin causa,
que sostuve en la deriva
el alma del perdedor que no sabe rendirse
e insiste en evocar cada derrota,
que atravesé el desierto de tu indiferencia,
la cruz de aquellos ojos que suben el Calvario
y no pueden rezar con palabras que niegan
un pasado risueño que marchitó tu mano,
las garras de tu olvido para volver a amarme,
podré alzar los brazos
ante esa serpiente sonriente que me muerde en el rostro
alentada por el veneno de tu rencor,
por el sabor lejano de la fruta que mordiste en secreto.

Terminó todo, después vendrá la noche
a despejar las sombras de los claros,
a enamorarse de la tristeza de los días dichosos.

sábado, 20 de octubre de 2018

Cartas a Cesare; Segunda Guerra




Tu non sai le colline
dove si è sparso il sangue.
(Cesare Pavese - 1945)

No conoces los montes
donde corrió la sangre.
(Traducción; José Agustín Goytisolo)

Para cuando me muera, tendido en mi sudario
se apagará conmigo
el muchacho que tiembla en la colina
con el polvo cegándole los ojos,
el horror de los pasos que se acercan
y las frases solemnes en las temibles
rampas angostas de un gigante que no siente.
La pólvora y la muerte elevadas
a un ritual de honor y de conquistas
y un himno alentando la barbarie
con los cuerpos desgarrados en la niebla.
Arrinconados, en la altura
enrarecida de los montes Dolomitas,
el amor que esperaba y no me diste,
las cartas sin remite que nunca me enviaste,
y caricias que tendrían otro destino
mïentras
el silencio y la noche mordían con su abrazo
mi alma en la litera
y ardía el mundo de los tiernos y de los tristes
devastado por los celos de la espera que no muere.



      El delicado estado de salud que padecía hizo que Cesare Pavese no estuviera en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, eso supuso un gran alivio ya que evitó que tuviera que luchar al lado del enemigo. Vivió este período como un emboscado atravesando las calles de un Turín derruido, pero su militancia sincera y comprometida no exenta de riesgo no fue suficiente para evitar que viviera la Guerra con una angustia intensa y que floreciera en su alma un sentimiento de culpa que le corroía y en el que invocaba a compañeros perdidos que se echaron a los montes. A pesar de los años y las dificultades implícitas a un tiempo de guerra seguía pensando en Battistina Pizzardo cuya voz y cuyo recuerdo le acompañarían siempre a pesar de los intentos con otras mujeres.    


Me importa Pavese, lo considero un poeta imprescindible, sus poemas me han acompañado desde 1981 y he tenido la suerte de que José Agustín Goytisolo con sus poemas y Ángel Crespo con su famoso diario, El oficio de vivir, después fueran los traductores de sus poemas. 
De vez en cuando hablo de su soledad con mi mujer, y sopeso sus errores con los míos. Era taciturno, silencioso, grave, sus flores no nacían en un recuerdo claro que atrajera a los ojos alegres que pasaban por su vida y temían enamorarse de él.
Pienso que Pavese y yo jugamos con un pequeño margen de error por diferentes motivos; él era sincero cuando decía que el triunfo de una persona era medido por las cosas más elementales de la vida; satisfacer a una mujer, conservar a un amigo, mezclarse con la gente de su pueblo y tener las mismas aspiraciones que las personas que luchan por mantener un trabajo.
En los casi dos años que llevo en esto he intentado crear diálogos y opiniones, situarme en un mundo que suponía muy por encima de la sociedad nuestra de cada día. Estoy contento con este poema que no pretendió otra cosa que ser un homenaje íntimo a un poeta crucial en mi vida y en el que acabé reflejando mi repulsa hacia el perfil más perverso y brutal del hombre, la soledad en el amor, la incomprensión en la poesía.


He seguido insistiendo en este poema, María, que nació en un instante preciso. Es difícil saber si hemos interpretado bien a nuestros poetas, aunque creo que lo más importante es recrear lo que se nos ha quedado en la memoria; la soledad, las dificultad en entablar una relación amorosa, los remordimientos por no haberse echado a los montes como hicieron otros, la poesía como un sueño indefinido. Supongo que él no hubiera podido imaginar que se le recordaría por sus últimos versos, esos que surgieron de un deseo no realizado. 


Tanto tú como yo, Elda, tenemos la suerte de no haber vivido una guerra, eso no quita que no podamos tener una percepción de ella a través de lo que hemos visto o leído. Este poema tiene mucho que ver con la lectura de los que Cesare Pavese escribió en 1945, me impresionaron en su día y no han dejado de hacerlo, coindían la guerra y la falta de amor, quise acercarme todo lo que pude a un poeta honesto que llevaba con amargura no haber participado en la contienda al lado de los partisanos por problemas de salud.


Siempre me das, Fanny, la oportunidad de poder expresarme, es algo que te agradeceré siempre. Quizás éste sea un poema extraño, un intento de expresar algo terrible como la guerra que he tenido la fortuna de no vivir, lo encajé dentro de otros poemas centrados en la figura de Cesare Pavese aunque ofrece diferencias importantes respecto a los otros cuatro poemas. Te aconsejo que leas la breve obra poética de este autor, no sé hasta qué punto supe situarme en sus obsesiones, lo de las cartas hace referencia a un exilio que vivió un par de años antes de que empezara la guerra y gira alrededor del que fue el gran amor de su vida y la decepción que le produjo que se casara con otro y se despreocupara de la situación difícil a la que ella le había conducido, "La voz dulce y ronca no vuelve en el silencio frío" 

Siempre es difícil hacer valoraciones comparativas, leo, un poco al azar buscando tal o cual año, "El oficio de vivir" y me parece imprescindible cuando aparece la sombra de sus mujeres, la búsqueda de la muerte como un paso inevitable que no quería que ella lo diera; "Nadie se suicida por el amor de una mujer", llegó a escribir, cuando se acepta que lo último que hizo antes de ir al encuentro con la muerte fue llamar a algunas de las mujeres con las que había tenido contacto.

          Pero acabo inclinándome del lado del poeta, nunca fue reconocido como tal y fue premiado con el máximo galardón literario italiano como novelista. No sonreía, algo muy raro en él, por el reconocimiento sino por la presencia de Constance Dowling.

Mié, 22 Ago 2018 18:26

Creo que escribir un poema sobre Pavese allana mucho el camino, no hay, entre los grandes escritores, otro más coherente que él, con una vida más sencilla, hasta el haberse afiliado al partido fascista estaría justificado por la búsqueda de tranquilidad y por conseguir un empleo, no son cosas triviales bajo un régimen represivo y violento. De ideas izquierdistas fue detenido y condenado al exilio tres años más tarde, pero no fue por sus ideas (no creía demasiado en la política) sino por amor, sin duda el más grande y amargo. Es posible que su conocido y aclamado diario haya desviado la atención de sus estudiosos más allá de lo aconsejable, interpretándose todo lo que decía en él como si fuera una declaración ante un juez o un testamento; es posible que su obra de ficción y su poesía aporten tantos datos de su personalidad y de sus intenciones como él. Cabe la posibilidad de que Pavese  hurgara en sus páginas buscando a aquel que podría haber sido y respondiera, por ejemplo, en un lenguaje vulgar y despreciativo hacia las mujeres como una respuesta impulsiva provocada por la frustración constante que sufría por parte de ellas. Pero esta misoginia no se mantiene si analizamos el tratamiento que otorga a los personajes femeninos de sus novelas y, sobre todo, si atendemos a los testimonios que nos han llegado de su trato directo con ellas. Un hombre brillante en su oscuridad asumida; los mediocres casi nunca sacan los pies del tiesto. Quizás nunca consideró debidamente la presencia constante de su hermana María, fue, hay cartas que lo atestiguan, la fiel confidente en su cruel decepción con Battistina, y aquella con la que convivió hasta el final de su vida.

Dom, 17 Mar 2013 14:24

Cuando escribí estos versos estaba inmerso en el poema de la duda, y vino tan claro y tan franco (excepto este poema que quedaba un poco desencajado y tuve que reescribirlo unas cuantas veces). Pero refleja la admiración que siento hacia un hombre bueno y sincero a quien todo le salió mal, creyó en el amor y en la amistad y éstos siempre escapaban por la ventana, murió como una vedette decepcionada por una aventura pasajera, como un hombre que no encuentra su sitio en el mundo. 

Para Pavese, Gallnnet, cualquier mujer era hermosa, su ideal amoroso era amanecer con una que llenara la estancia con su sonrisa, que iluminara el aire al respirar. Él no escribió su famoso diario para que fuera leído (comprendo que esto último genere dudas). La misoginia que se deduce de su lectura puede llevar a confusión, estaba dolido con las mujeres porque nunca pudo culminar un gran amor. Un hombre bueno y comprometido que fue severo consigo mismo hasta donde le fue posible, un mártir, quizás, sin Dios, un hombre honesto que se llamó a sí mismo cobarde por no haber participado de forma activa en la guerra.
Dom Dic 17, 2017 4:05 pm

Para Pavese, Gallnnet, cualquier mujer era hermosa, su ideal amoroso era amanecer con una que llenara la estancia con su sonrisa, que iluminara el aire al respirar. Él no escribió su famoso diario para que fuera leído, la misoginia que se deduce de su lectura puede llevar a confusión, estaba dolido con las mujeres porque nunca pudo culminar un gran amor. Un hombre bueno y comprometido que fue severo consigo mismo hasta donde le fue posible, un mártir, quizás, sin Dios.

Dom Dic 17, 2017 6:53 pm

Pavese era a la soledad lo que Pessoa al desasosiego, Ale, eran dos solitarios que demasiadas veces tenían que lidiar a solas con sus respectivos pensamientos. Con respecto a Pavese podemos decir que nunca llevó la vida que deseaba y que identificaba con la que llevaba cualquier hombre de la calle, el amor siempre le fue esquivo, desde la bronquitis crónica que cogió a la puerta de un teatro bajo la lluvia en donde le había plantado una bailarina hasta la ruptura con una actriz norteamericana meses antes de su muerte y siempre su amor sin descanso por la mujer de su vida, aquella que le traicionó y por la que sufrió un exilio; Tina Pizzardo.

y yo me maldecía por haber convertido
en nube aquel encanto,
en sueño el desvarío.

         Para él la soledad fue una tortura, quisiera haber sido cualquier hombre de su calle, pero es Turín una ciudad desangelada que no pudo desembarazarse nunca de la locura de Nietzsche. Demasiadas horas traduciendo, especialmente a los autores americanos de la Generación perdida. Era un traductor laborioso y excepcional, demasiadas horas escribiendo, él quería un amor al que consagrar su vida. Seguro que hubiera sacrificado ser el mejor poeta italiano del siglo XX por ello.

Dic 17, 2017 9:36 pm

Gracias, María, fui quizás un poco previsible con este trabajo, pero la soledad tiene otro sentido desde que Pavese pasó por ella y no pudo esquivarla. Te dejo unas palabras que escribí después de haber leído una página de su diario, "El oficio de vivir".
Es preciso encontrar, en la maraña de lo que nunca escribiste, las palabras que mejor te representen para encontrar una salida a tus equivocaciones, para decirle a los vientos cuando recorran tu calle que pasabas por allí, que, aunque nadie lo recuerde, alguna vez viviste, que tuviste una amante aunque nunca yacieras con ella, que tuviste un amigo aunque hayas olvidado su rostro y su nombre pero recuerdas su sonrisa en los días grises y un pueblo que recitará tus versos de mala gana porque te has convertido en la única posibilidad de que algunos se ganen la vida.

Sáb Dic 16, 2017 8:52 pm

Él la amó siempre, ella, quizás un instante, también lo quiso, él se jugaba la vida por entregar las cartas de amor que ella recibía de otro, no había para los fascistas nada tan subversivo como el amor. Él se llamaba Cesare Pavese, ella Battistina Pizzardo, de esta relación nacieron poemas inmortales, diarios antológicos.

Hace tanto te siento y no llevo tu nombre
como si fuera mío y pudiera abrigarlo,
tu buzón está lleno
de caricias que mueren
y no saben llegar a la orilla del rostro
que apenas puedo ver y sabe que lo vivo,
el mío está vacío y triste hasta la muerte.


Lun Dic 18, 2017 12:42 pm

Cesare no tenía la culpa de ser taciturno o, peor aún, de parecerlo, no llegaría a imaginar que nos hablara tanto de amor alguien que siempre se quedara a las puertas de conocerlo, no supo nunca que las mujeres suelen enamorarse de los hombres que las hacen reír. Le marcó para siempre que su padre fuera un mujeriego y que, Consolina, su madre el más estricto sargento de semana.


viernes, 12 de octubre de 2018

Esta noche contigo



Voy añadiendo posts a mi colección que ya no adorna los pasillos, desde luego que Sabina no ha encontrado en mí un buen embajador, pero hago lo que puedo con las mejores intenciones, sin saber la razón, ya sé que vivo en el país que se ha empeñado en dar calidad de bueno a lo mediocre mientras los santos vuelven a irse de paseo.

Creo que merece la pena medir los versos de Sabina, son inmensamente largos, como una cita bíblica sin Dios que la corrija, como ese sueño que perseguimos y que lo mejor que nos puede pasar es que no lo alcancemos. España tiene muchas cosas malas, pero tiene cosas buenas que pueden ser objeto de estudios minuciosos; ¿Cómo es posible que tengamos tan buenos escritores entre tanta gente que no sabe leer?



miércoles, 10 de octubre de 2018

Palabras a Fanny - La vieja revolución

 
Aprendimos a enterrar a los fantasmas que han encontrado a quienes los resucite y a luchar contra un dios implacable que vuelve con otro rostro después de que lo hubiéramos vencido.


Pienso que tu pregunta, Fanny, es complicada de formular cuanto más de encontrarle una respuesta, el Cohen que preferimos muchos; el de su tardío comienzo en el mundo de la música, es un hombre formado que ha perdido la ingenuidad de sus sueños de juventud por el camino de su experiencia propia. Al contrario que sus colegas estadounidenses mira a la vieja Europa, se identifica con su decadencia espiritual y bebe con amargura el fracaso de sus revoluciones a uno y otro lado del telón. Cohen llega a la conclusión de que carece de fórmulas conocidas para articular un mundo justo, en vez de eso indaga en las distancias cortas e intenta escuchar al hombre que mejor puede hablarle del declive de una civilización, aunque no llegue a conocerle como quisiera por más que lleve su traje y su sombrero, y escribe versos subjetivos sobre la amistad o el amor, o la presencia inquietante de la muerte sobre cualquier acto de creación. Después de todo el artista no ha tenido nunca una relación amable con la profecía, ya está el pensador para enunciarla, el político para ejecutarla y el hombre de la calle para sufrirla preguntándose si no la ha entendido bien o si los profetas no han sido bien interpretados. Cohen, a pesar de Dylan, ha comprendido que la misión del poeta no es arreglar el mundo teorizando posibles formas de gobierno sino denunciar los síntomas de nuestras equivocaciones, sabe que no le harán caso, que incluso habrá a quien se le escape unas risitas cuando mencione su pesimismo como si fuera una patología inherente a su personalidad taciturna y herida, no viendo que se enfrenta a él con sus mismas armas y en su terreno; mirarte al espejo cuando tienes una cierta edad y decir lo que ves en tu perfil menos favorecido cuando acabas de levantarte no es la única forma de superar un problema, pero sí la más sincera y efectiva.

         Un abrazo, Fanny, muchas veces pienso en ti y doy las gracias de que seas una soñadora deliciosa. Pienso en los años de la Transición y me emociono cuando recuerdo el teatro en la calle, el cine en las residencias juveniles, cuando la poesía no provocaba risitas sino respeto y admiración incluso en aquellos que no la entendían.

(9 de junio de 2017) 

martes, 9 de octubre de 2018

Los nacionalistas flamencos




Insisto en el aroma tierno de tus caderas
que se adueñó del aire
y vendrá adonde vaya,
en el mirar sonoro que me llevó al abismo,
la llama que elevaste cerca de mi locura.

Pensaba hace un mes que lo importante era hablar aunque no te escucharan, pero no lo sentía. Una agonía de más de cinco años me decía que lo importante era llegar a tu gente, hacer que alguien viviera unas palabras como si fueran suyas y le trajeran el recuerdo del primer amor.

           Después de haberme bajado al lenguaje de las callejuelas y pegar mis poemas en un muro al que llaman olvido y siempre tiene espacio para seguir devorando proyectos, asesinando ilusiones, he pensado en el espíritu irrenunciable del artista. Ser popular no es algo que esté a mano de todos los hombres de la calle. Pero he comprobado que no represento a nadie; ni a los navegantes fenicios, ni a los héroes portugueses, ni a los andaluces que aún cantan su pena en mi memoria, ni a los niños de ayer que jugábamos en la pequeña playa de la Almadraba; hace veinte años me sentía más viejo que ahora y sé, sin ninguna duda, que ahora soy más joven que en el mañana que pasó y nunca fue porque vivíamos engañados por una imagen distorsionada de nosotros mismos.

La Democracia hay que aceptarla con elegancia incluso cuando te muestra sus miserias y el capricho arbitrario de las masas que encumbran la vulgaridad y le dan la espalda a una carta de amor cuyo destinatario se ha quedado sin nombre para hablar de lo perdido.

            La burguesía urbana de mi ciudad no sabe distinguir entre los pensamientos y los sentimientos. Hasta ahora ha resistido a todo en el fortín de su estulticia, en la máscara sonriente de su hipocresía ¿Para qué me sirve que esta gente aprenda el lenguaje sibilino de la poesía? ¿Para qué voy a decir que son mis conciudadanos mientras venden la isla para mantener los privilegios?

            Pienso que Insistencia en la herida es un buen poema, pero sin la gente no es nada. Ha dejado de importarme, quizás vuelva a sentirme encadenado a las ansias divulgativas y sufra otra vez por ello, mientras tanto y sin saber la razón ha dejado de molestarme que la gente de mi barrio aparte la vista cuando le muestro algunos versos, que piense que ese papel hubiera sido mejor empleado en una pajarita con las alas cortadas y caminando contra el viento.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Memorias de Hydra - 1964





                              Pero  me emocioné sinceramente, 
de una manera antigua que se me hizo extraña,
cuando advertí en sus ojos 

que eras tú quien reías  y llorabas, y llorabas 
como si volvieras 
a otros escenarios del recuerdo 
y arrancaras a Marianne 
de la suave marea que aún mece su isla 
          para decirle adiós riendo entre lágrimas.          


            La eternidad del amor dura lo que un recuerdo cuando todo se ha perdido,  cuando agonizan las calles atormentadas de Hydra y se apagan las farolas porque se levantan los postes con la lentitud del abandono y no hay sueño que anide en los cables o se arrastre por la tierra que sigue esperando su pavimento y sus aceras. Una canción permanece mientras haya alguien que quiera escucharla, un salmo si lo escribe un refugiado en unos labios que mantengan la ruptura de su promesa o un templo con tus mórbidas columnas que haya querido ser profanado con toda su alma y se sostiene en la luz crepuscular mientras se derrumba para acariciar sus ruinas en la oscura colina por la que nunca caminaron los dioses.

*** ***   ***

         Aquí estoy, yendo de las flores al silencio capturado por el instante de una fotografía que olvidó, al revelarse, que tú no estabas, en las ramas de la inconsciencia advertida sin saber descender al suelo de tu enigma telúrico que aún juega con la golondrina que se adentró en el cielo oculto por la niebla que derramaste en el último tugurio del puerto donde soñaba una guitarra mientras la vida se detenía para escucharte y contemplar las sienes de tu olvido. Aquí estoy con un lápiz y un sombrero, esperando que llegue la magia al papel, desierto, sin espejo ni destino, navegando en la resaca que me dejó la marca permanente de tu piel en los pasillos, edificando un sentido rítmico con acordes que pasaron por mis manos y no pudimos pronunciarlos mientras cantabas el himno que atenuaba nuestra culpa por haber dado la espalda a los edificios que alentaban el aullido que había salido a la calle y llevaban escrito en sus paredes la rabia de haber dejado escapar los poemas perdidos en las manifestaciones.

***   ***   ***

         Soy yo quien enciende un cigarrillo en una habitación cerrada para pergeñar en el humo el primer sentimiento que desencadene en un poema sin luz que termine en tus brazos para desterrar el miedo, quien transita ansioso por los caminos abiertos en el desfiladero de  tu memoria adolescente, quien no podrá sentir nunca más la tristeza de tus ojos de levante altivo mientras te refugias en los espigones de los besos para que no sea borrado tu nombre de las piedras por el tiempo y el mar, soy quien sobrevuela la belleza resplandeciente de tu rostro cuando amanece confuso y maquillado en la cabecera de la cama que algunas noches y tantas mañanas se adueñó de nuestros cuerpos, quien huye del amor porque desea sentirlo siempre como si acabáramos de conocernos cada vez que nos miramos, y nunca hubiera escuchado el latido nervioso y penetrante de tu pecho, la libertad gritando en tus entrañas, ahora que ya no sientes resquemor por las cartas que nunca me escribiste, que dejo que se apague mi desesperación en las serpientes de tierra que recorríamos entre el licor, los candelabros y el rumor de los embarcaderos que aún lloran sobre las palabras que sostenían tu camisa y perseguían tu huella,  que ya no saben en qué cajón guardé la cinta de tu pelo, el candor de tu vestido de los viernes, que vagan por la orilla de la ensenada que se pierde dos veces al día atravesada  por la voracidad de la canción de las mareas,  que ya no saben cómo era tu acento ni pronuncian en tu mirada el nombre de la isla, ni la ternura de la tarde en que nos encontramos y tú te habías entregado a la amargura de una lágrima.