martes, 10 de abril de 2018

Leonardo Favio, artista deslumbrante, político entre las sombras



Yo no soy un director peronista, pero soy un peronista que hago cine y eso en algún momento se nota. En ningún momento yo planifico bajar línea a través de mi arte, porque tengo miedo de que se me escape la poesía.
(Leonardo Favio)


Me sigue emocionando "Ella ya me olvidó" hasta la exaltación de las lágrimas, es una pérdida del amor de siempre, ese que viene con nosotros hasta la muerte. Creo que era la cara B de otro hito inolvidable del romanticismo intemporal; el himno a la melancolía por un amor fugaz que queda "Fuiste mía un verano", yo las escuchaba con mis ojos de niño.

Pero su autor, el impetuoso y sentimental Leonardo Favio, hizo algo que difícilmente podemos asimilar sus seguidores. Era un artista polifacético de primer orden;  dirigió películas de culto, los críticos suelen atribuirle los dos mejores  largometrajes argentinos de la historia, además fue un actor de mérito, gran guionista y poeta... !Lástima de la  política cuando se convierte en una religión exclusivista de ángeles que ajustician a los demonios con otras alas¡ Así se señala desde el púlpito casi siempre a los mismos, aquellos que han sido sorprendidos sin haberse confesado porque no creen en un dios intransigente y severo, así se marchita la flor del poeta que ama su libertad y acaba incitando desde el fanatismo y la estulticia a que se mate la de aquellos que no piensan como él. La reputación del gran cantante quedaría herida para siempre en la masacre de Ezeiza  en la que invocaba la paz por un lado mientras señalaba con el dedo por otro, en la que llevaba una paloma en una mano y en la otra una pistola. Confusa su actuación en aquella tragedia, para los suyos quedó como el hombre que pedía la calma, en un momento de tensión crítica, y la conciliación entre las diferentes facciones del peronismo, para los amigos de las víctimas fue quien las identificó entre la multitud. 

Lo que salva, hasta cierto punto, la memoria de este gran artista es que era un idealista sincero, como casi todos equivocado, y como ser humano que, sobrepasado por los tintes trágicos de aquella negra jornada, amenazara a los paramilitares que torturaban a los izquierdistas que lloraban en los portales con amplificar este hecho por los altavoces.

lunes, 9 de abril de 2018

Vieja estación



Vientos de soledad en la mañana
                          y en el andén espera        
la sombra del amor que acaso fuiste,
se me escapó tu huella en el espejo
y  no te reconozco
 y no sé cómo hablarte.

Como si fueras otra me recuerdas
al silencio que canta
en los versos que pierden la cadencia
 cuando emergen del alma desprendidos
por un tibio calor que ya no sientes.

En la vieja estación rota y vacía
que no tiene cuadrantes de destinos
he pasado la tarde
con los bancos gastados
y un reloj sin agujas que se duerme
en el rumor del tren que nunca pasa,
en los besos errantes
que perdieron el norte en el camino
y forjaron la nube de tu ausencia.

Aranjuez está lejos,
los trigales se visten de verano
y los ecos torcidos se derraman
en un torpe cuaderno  
que no arrastra mi nombre por tus venas
que no arrebata un lazo en una rima.

 En el rincón de sombras impregnado
por la grave caricia de tu rostro,
por la larga madeja sin memoria
de los recuerdos quietos que se mueven
está mi corazón llorando triste,
pensando en los senderos perseguidos
que arrastrarán los nombres
 de los bellos amantes desolados
que algún día tuvieron
la sonrisa despierta de la aurora,
la mirada de luz que yo he perdido.








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domingo, 8 de abril de 2018

Las cartas




Como un poema mal escrito
somos versos sin rima,
estrofas sin ritmo
en un compás entrecortado.
(Paul Simon – Conversación en el aire – Traductor desconocido)


Quizás no se abra paso el paseo nocturno
en nuestra vieja calle cubierta de geranios
ni entre los farallones de la playa de Azuara
y los montes sombríos de tu primer misterio
que me hablan y me acusan
                                       de haber dejado                                                                             
que tus cartas buscaran el Leteo
y, lentas, se perdieran
entre los autobuses de una cita nostálgica
sin huella en el camino,
y sin embargo
deseé hasta la muerte las palabras
que llevaran mi nombre y nunca me escribiste.

Las busqué en el recuerdo de la aurora,
en el invierno gris del templo oscuro 
cuando hilan las pavanas el manto de las nubes,
asalté los peldaños de los tragos amargos,
pregunté por las sendas, me hice amigo del aire
intentando escuchar en sus entrañas
lo que nunca pasó, lo que no me dijiste.

Ahora de tu voz busco las sombras,
la calma del vencido que arroja la toalla
en el viento del Este que azota las quimeras
de nuestro amor dormido, 
en la cometa azul que se enredó en tu blusa,
en las manos de marzo
que movían tu pelo en las tardes dichosas
de un Cádiz que lloraba en el barrio La Viña
la alegría de Carlos viva en La Habana Vieja.

Y no sentí tu aliento de novia apasionada
que portara la herida de un pétalo en la frente,
ni impedí, por mi orgullo,
que acabara en la orilla la palabra precisa
que nervioso esperaba,
quedó entre tu boca y mis caricias
como  un papel mojado que no encontró tu aliento,
como la barca hundida en la arena olvidada
o el viejo pescador que abraza la derrota
de los vientos perdidos
y no vuelve a la mar.



jueves, 5 de abril de 2018

En la niebla




Detrás de un cruel silencio se derrama tu voz
en un alegre canto hundido en la tristeza
y las caricias lloran,
no queda una palabra que pueda sostener
los sentimientos rotos, no queda una salida
que te muestre el amor en el cuaderno
dormido en el armario donde escribes.

Tu cabeza navega en una nube
que no tiene destino
y muere entre las flores
mientras pasan los barcos por las sueños,
por la tumba sin fecha
donde yace el vestigio de los cables
y un niño muestra un lienzo con tu nombre
a muñecas pintadas que no ríen ni mienten.

No queda una elegía para invocar las notas
que suben por tu falda
transida de emoción hasta tus sienes
y espacios que se rompen en barandas que gritan
los excesos que lloran tus caderas
entre los adoquines que cubren los recuerdos,
marchitan las portadas y nublan las revistas.

En tu martirio abrupto se sumergen los faros
que se mueven sin norte en las esquinas
de los mares oscuros de ginebra
que tiemblan en el vidrio que gime en una mano,
de los labios pintados que marcan las paredes
y por turbios baúles procesionan
mientras los camisones se destiñen
en el viento perdido que te llama en un vuelo
y se apaga sin rima en un estanque
ajado en el sendero de las coristas locas
que esconden la mirada en los pasillos,
y la luz no aparece con su extraña sonrisa
cincelando los huecos que tus párpados cierran.

Mientras se inclina el mundo en otras direcciones
que no tienden sus lazos, que nunca se detienen.

Un destello perdido en el celaje
te abandona y se aleja como un claro de espiga
cuando los puentes rasgan los vestidos
y los cabellos hieren en la niebla
las ramas de los puentes que transitan
por los pulsos del aire
mientras los santos vuelven del paseo
que no tiene sentido
y un caballo de mar se ahoga en el asfalto.

El desconcierto sufres, con las pastillas sueñas,
vives en la amargura con el tono apagado
de quien perdió la senda
de una esperanza inquieta en raíles sin luna,
en vagas estaciones donde no espera nadie
y no tienen respuesta
como un nocturno antiguo que pregunta a los astros.

Una alfombra que funde tu figura y tus medias
te susurra lo cerca que se encuentra la muerte.

¡Ya no sé cuántas veces te busqué en el murmullo
del parque por la noche,
cantante callejera
del muelle humedecido, de la urbe solitaria,
ni cuántas evoqué dolido en el destierro
a Ginsberg recitando la deriva
de tus manos, la gracia
de tu rostro de ninfa enajenada,
tu aullido irreverente asaltando balcones,
tu cielo de sirena desvelando escaleras!

Miro ahora tu cuerpo,
tu ausencia, tus caídas en el cartel del muro
al que ya nadie escucha en estos días
embriagado en la niebla
de tu frágil farola de silencio,
en tu anhelo angustiado que no encontró una calle
en los escaparates que tejen el olvido
que  cubría tus ojos abiertos a las sombras,
tus vestigios de cera cerrados al mañana.


sábado, 24 de marzo de 2018

Las adelfas (2018)



Llegas a mí ahora sin haberte buscado
sobre la vista cruel de una avenida
donde muere en la noche un árbol solitario
y las adelfas vierten su tristeza
y su veneno
en ilustres borrachos sin futuro
mientras cantan El rey bajo el latido tenue
de luz de una farola oscurecida.

Dejé la rabia
de amor que me mordía
el cuerpo traspasado por la rosa de los mártires,
por una juventud
rasgada por un pacto no firmado,
lastrada por los vientos que me hacían penar
cuando lloraba la calle y vivían
los cementerios
y los viejos morían mirando su ventana.

Decían que era débil, que remar no podría
contra el levante
en un mar caprichoso que yo amaba
al recordar la brisa del verano
y los nombres que ya no volverían,
la soledad de un padre huérfano y obsesivo
que necesita
ser querido mas ya no sabe hablar;
escapa de las aulas cada día,
y afronta por la noche la tormenta,
su orgullo desterrado,
su presencia en las sombras, su destino en la mar.