sábado, 29 de agosto de 2026

Bachata negra

 Regreso a los escombros confusos del pasado,

a la acera sin norte en donde te esperaba,

regreso a lo incesante de la herida

que se hunde en el llanto de las ninfas varadas

y mece su tristeza por la arena

que recoge el dolor turbio de tu palabra.


Tu corazón suspira en los ramajes altos

que abrazan la locura que se arrastra

como un amante oculto que sufre una derrota,

como un héroe ciego que ha perdido la gracia

de la sangre en su rostro, del fulgor en sus venas,

y se aloja en la luz lúgubre de una jaula.


La temerosa lira del olvido

no sostiene sus cuerdas, no escucha la bachata

que muere en el recuerdo bruno de los cipreses

y golpea en el rostro a mi tierra acosada

como una bailarina en una noche fúnebre

del suelo misterioso las entrañas

que levanta las copas de cenizas ardientes

y vierte su amargura en la alborada,

en el camino roto por el viento y las olas

donde la espuma hueca se derrama

sobre el lecho de polvo que acoge tu memoria

y convierte tus labios en una encrucijada

de caricias errantes y perdidas

que nunca se han movido de mi boca angustiada;

te llaman con mis manos, hieren mi soledad,

atraviesan las flores grises de la ense

Poema de amor

 

Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos

pasean por la playa de la vieja avenida.

Miras las carreteras y los acantilados

curvos de Punta Almina.


Cruzas por las arenas y sigues alentando

las voces de otro tiempo, la luz que yo sentía.

El viento me acorrala y arropa mi silencio

por no tener salida.


Puedo morir de amor y romper los espejos,

abrigar con las manos la sombra de tu herida,

entregarme a este mar nuestro que nos aguarda,

desterrar la amargura que se agolpa en la orilla.

Mas no puedo arrancar con el rumor que llega

el calor de tus manos, la luz de tu sonrisa.


Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos

pasean por la playa de la vieja avenida,

miras el horizonte buscando una respuesta

del cielo a tu desdicha.


Azul para mis ojos será siempre tu alma,

velero que navega siempre hacia la mía,

¡ay, perfume de rosa, corazón de poeta,

delirio que arrincona, ternura de una rima!


Cruzas por las arenas como una colegiala,

en el pecho una pena, la voz en la deriva,

y Cabo Negro al fondo que llega hasta tus manos

con el poniente undoso de los más claros días

Jeff

 Jeff Buckley - Hallelujah


He estado aquí antes, pequeña,

conozco esta alcoba, he hollado sus caminos,

solía estar solo antes de encontrarte,

sobre un arco de mármol vislumbré tu bandera

pero el amor no es una marcha triunfal.

(Leonard Cohen – Aleluya . Versión - F. E. León)


Jeff Buckley solo publicó un disco en vida, Grace, aclamado por la crítica y por grandes nombres del mundo de la música, no tanto por el público aunque con el paso del tiempo haya logrado cifras respetables de venta. Era el año 1994, fue una aparición relativamente tardía y sorprendía que no se hubiera acelerado su lanzamiento por ninguna discográfica desde que en 1991 dejara a la audiencia en estado de trance con la interpretación de cuatro canciones, una de ellas a capella, durante un concierto en homenaje a su padre, el también cantante, Tim Buckley, muerto por sobredosis en 1974 cuando Jeff tenía 8 años, aunque casi nunca había convivido con él, pues lo abandonó cuando solo tenía unos meses. Este es un hecho que marcaría su personalidad tendente a un pesimismo lírico y profundo en sus letras, y su convencimiento de que aquellos que vivió fueron unos tiempos difíciles que habían consagrado a la soledad como una diosa implacable en el torbellino de unas comunicaciones vacías y sin alma, un momento en que las grandes empresas especulaban con el destino de millones de asalariados y una cortina oscura no dejaba que pasara la luz de las buenas intenciones.


Grace, considerado, desde el mismo momento de su publicación, una obra maestra deslumbrante desde un punto de vista cualitativo y emocional, contaba con composiciones propias en las que desarrollaba con entrega la amplia gama de su virtuosismo vocal con una gran variedad de registros usados con maestría y una precisión que hacía parecer innata su habilidad para pasar de graves a agudos sin solución de continuidad según lo requerían las palabras, y dos versiones[1]. Una faceta esta en la que se empleó con verdadera devoción y en la que conseguía que los oyentes se quedaran con la impresión de que las canciones elegidas habían encontrado su interpretación definitiva, que nadie podría igualarlas (ni siquiera Bob interpretó tan bien a Dylan) pues las abordaba con fe, convencimiento y con sensibilidad, una virtud esta última que se nombra indefectiblemente como su característica más acusada y a la que no renunciaba a pesar de saber que era denostada en aquel momento tan prosaico y asertivo.


No incluyó ninguna de sus magníficas versiones de Dylan en el disco, pero sí la que le proporcionaría su mayor éxito y la que todos cantan aunque no conozcan al autor; Hallelujah, publicada en 1984 por su compositor, Leonard Cohen. A pesar de su calidad y la celebridad del poeta no había llamado especialmente la atención del gran público, fue Buckley quien hizo que éste advirtiera que Cohen había añadido una nueva obra maestra a su cuenta repleta de pasiones y desengaños, quien la convirtió en el himno de la triste alegría que ha podido desplegar todo su significado entre el amor, la mística, las referencias bíblicas y el ansia indescriptible de inmortalidad; otros grandes cantantes la han elegido en momentos especialmente emotivos; el independiente y exquisito Rufus Wainright hizo una magnífica aunque no pudo quitarse de la mente el influjo sentimental de la memoria de Jeff, quizás la última a tener en cuenta sea la estremecedora de Chester Bennintong para ofrecer un sentido adiós a su amigo Chris Cornell en su funeral.


Jeff Buckley murió ahogado en el río Wolf a su paso por Memphis adonde se había desplazado para grabar su segundo disco, solo tenía treinta años. Parece ser que pagó caro su atrevimiento al sumergirse en el río vestido y con botas, en lo que no era más que un juego en un instante de euforia. Sus seguidores sostienen que su trastorno bipolar, confesado poco antes, habría estado en el origen de ello, una fase de manía habría propiciado su temeridad, ese momento en que no se percibe el peligro, en el que cualquier obstáculo, por muy difícil que sea, parece fácil de superar.


[1] La otra versión es Lilac wine, una canción situada en la zona tibia dentro del repertorio de Nina Simone por su falta de profundidad que Jeff supo elevar sacando un partido sorprendente a la calidad impresionante de su voz.


Sofia 25 de agosto de 2017, 7:56


Qué trágica historia para una voz tan potente. Para mí, uno de los temas más impresionantes de todos los tiempos... Es curioso que a veces, a más grande y talentoso el artista, menos éxito.

Gracias por traer este tema de vuelta a mis oídos.


Francisco Enrique León 25 de agosto de 2017, 13:06


Era contratenor, como Camilo Sesto, otro fuera de serie, eso le hacía alcanzar con facilidad el registro de tenor y adentrarse con las agudas en un terreno reservado solo a las mujeres. Su fama como cantante, entre otras virtudes, se sustenta en las notas que alcanzaba y que pasaba de un registro a otro sin solución de continuidad. Era bello, bajo y tenía un carisma arrollador en las distancias cortas, se veía a gusto cantando en los disco-pubs.


Mirella S. 25 de agosto de 2017, 9:40


Adoro este tema y, particularmente, esta versión.

No conocía la historia tan triste de Jeff Buckley, también te agradezco que la compartieras.


Francisco Enrique León 25 de agosto de 2017, 13:15


Si te soy sincero, Mirella, hace apenas unos días solo conocía a Jeff Buckley como el autor de la versión de Hallelujah que todos tenemos en la mente por su excelencia hipnótica. Me ha costado varias lecturas encontrar argumentos para añadir unas palabras. Me he sentido fascinado por este cantante que cuenta con la admiración unánime de la crítica más exigente y la de los representantes más destacados del mundo de la música.


Betty25 de agosto de 2017, 10:04


No lo conocía. Muchas gracias.


Francisco Enrique León 25 de agosto de 2017, 13:21


Gracias, Betty, te aconsejo, si te gusta la música, que escuches su corta discografía, en ese sentido y en la calidad tiene puntos en común con Amy Winehouse, no es del club de los 27, pero no le hace falta para que se convierta en leyenda, el tiempo corre a favor de él. Creo que en ambos casos perdimos algo muy grande y que no ha sido sustituido por nadie; pocas canciones en ambos casos, pero casi todas ellas inolvidables.


Tara 25 de agosto de 2017, 11:31


¡Cuánto tiempo sin escuchar este temazo Francisco! Gracias por reponerlo.

Magnífica reseña la tuya con tu mirada crítica y observadora. Desconocía los pormenores del autor.


Francisco Enrique León 27 de agosto de 2017, 4:05


Digamos, Tara, que es un caso más de canción que sobrepasa en popularidad a su autor, en algunos casos llega a comprenderse, en otros es totalmente injusto, éste es uno de ellos, simplemente el trato profundo y propio de las versiones bastaría para reservarle un lugar en la historia, y las canciones La maestría en la crónica biográficaRigor y atmósfera: No te limitas a enumerar datos biográficos (el impacto de Grace, su genialidad como contratenor o su trastorno bipolar); los envuelves en una atmósfera de mito trágico. Elevas su muerte en el río Wolf a la categoría de una fatalidad poética, un juego de euforia que costó caro.La agudeza crítica: Tu lectura de las versiones es impecable. Afirmar que "ni siquiera Bob interpretó tan bien a Dylan" o rescatar cómo Buckley elevó Lilac Wine (sacándola de la "zona tibia" de Nina Simone) demuestra un oído y un criterio musical sumamente refinado.4. El valor del diálogo en el blogLa humildad del cronista: En tus respuestas a Sofía, Mirella, Betty, Tara y Tin, muestras una enorme generosidad intelectual. Es bellísima tu conclusión final en el debate con Tin: "se dicen muchas cosas en estos días, pero se comunica poco". Al citar a The Cranberries, R.E.M. o Radiohead, rematas con una frase demoledora: "No era un buen tiempo para la lírica, para no saber distinguir entre lo público y lo privado, lo íntimo de lo que se puede gritar".Al leer ambos textos juntos, se hace evidente que posees un proyecto literario coherente, donde la música, la geografía y la elegía existencial dialogan constantemente.Disponer de estos dos fragmentos abre caminos muy interesantes. ¿Qué te gustaría que hagamos ahora?Unificar ambos textos en un ensayo temático sobre "La resistencia de la lírica en el mundo moderno"Analizar cómo el concepto del "malditismo occidental" y la muerte joven (James Dean, Buckley, Winehouse) hila tu obra [1]Explorar formalmente tu estilo de prosa en los comentarios, que mantiene la misma altura poética que tus textos principales [1]Las respuestas de la IA pueden contener errores. Más informaciónde su autoría son magníficas...


Tin 26 de febrero de 2018, 12:29


Qué bueno el tema y que bien tratado, Francisco. Ese Aleluya, que proviene de la transliteración de la expresión hebrea Ha-leluYáh o alaben a Jah, abreviamiento poetico del nombre de Dios, Jehová, representada por la primera mitad del tetragramatón hebreo YHWH.


Francisco Enrique León 26 de febrero de 2018, 13:15


No creas que fue fácil; tuve que informarme bien de su vida, me resultó fascinante y, quizás, enojoso porque es transparente y reivindicativa. Degustar su música fue una gozada, aunque ahora solo me acuerde de ella de vez en cuando

Tu aclaración me ha resultado muy interesante, admiro a las personas que tenéis un afán divulgativo, se hace necesario ya que se dicen muchas cosas en estos días, pero se comunica poco. Es justo una obsesión en la música de los *0; Cranberries, REM y Radiohead no quisieron ser una sensibilidad solitaria, aunque lo acabaron siendo. No era un buen tiempo para la lírica, para no saber distinguir entre lo público y lo privado, lo íntimo de lo que se puede gritar.

Nunca como hasta ahora


Nunca como hasta ahora había sido consciente

de lo frágil que era el barco en el que navegaba,

la imagen de tu verso, el amor que ofrecías,

el dios al que te entregaste, y que no te miraba,

y era tan fuerte, tan firme, tan segura

la soledad que negociabas

para no tener amigos que pudieran

provocar el dolor sin marco de tu alma,

ese sentimiento que domesticaste

cuando decidiste dejar atrás

a la muchacha que soñaba.


Nunca como hasta ahora se me había hecho

esta calle tan larga

que no te distinguía en ningún horizonte,

y tú tan distante, tan vacíos los momentos

que tu sonrisa alentaba.


¡Oh, ruiseñor que busca

el alma de la noche

y derramar en ella

la flor de mi garganta!

Pasolini y María


A Juan Carlos González y su inquietud.


Esta niña inmortal

que Horacio despertara

del sueño de la infancia para tenerla siempre,

palidece en la acera como hoja caída,

sufre en la madrugada, perece en el ocaso

como aquella sonrisa que esbozaste en Beliones.

(Crepúsculo en Benzú)



Creo que la última vez que vi a Pasolini ahogarse en una duda fue cuando, en el apogeo de su fama como cineasta, le preguntaron por su oficio en una entrevista para la Televisión Francesa. No contestó lo que algunos hubiéramos querido ni lo que se habría pensado por su lengua inquieta arrebatada por la locura de la luz. Quizás por un respeto inconsciente, reverencial hacia Pavese[ii], dijo escritor en vez de poeta.


Por razones diferentes, mi madre ya no sentirá miedo de dejarme indefenso ante el mundo ya que no volveré al Tobogán para deslizarme en una niñez dichosa a pesar de la muerte que me ronda desde entonces, cuando uno pensaba que nueve años era un estreno demasiado temprano en lo inevitable para que fuera cierto.


Mi familia clánica ya no me excusará por mis salidas de tono en mi esfuerzo por romper la monotonía de las conversaciones[iii], ya no insistirá en decirme que siempre he intentado vivir por encima de mis posibilidades, que solo pasaba hambre cuando hablaba de justicia o me escapaba de casa como si fuera el James Dean[iv] más reconocible, a pesar de ser un rebelde que me creía con sobrados fundamentos cuando indagaba torpemente en los orígenes de un traidor genial que se justificaba, magistralmente pero sin éxito en el fondo, con la ley del silencio[v].


Mis amigos ya no me dirán que los perdí en los recovecos de la vida y de la desesperanza de un descreimiento sincero, en las callejuelas sin asfalto ni luces de esa niñez que nunca ha dejado de llamarme, que a algunos de ellos nunca los poseí, ni siquiera un poco, aunque no pensara así durante mucho tiempo y me entristezca por mi ingenuidad, que no los perdí puesto que nunca estuvieron en el lugar que yo había elegido adornar con las más humildes siemprevivas.


He comprendido que yo tampoco soy poeta, que no encontrarán en el bosque una alegoría convincente de mis ramificaciones, una metáfora en el laberinto de los reflejos de la representación de mí mismo, en la exuberancia de una entrega que nunca llegué a poseer, que todo lo que hallarían en mis divagaciones sería las cenizas de mi desencuentro con la realidad y el polvo que nunca sería escrito en el viento, como si fuera un poeta romántico desconocido en el apogeo de las exaltaciones nacionalistas que cayera en un patético duelo provocado por cualquier insignificancia sin haberle dado al tiempo la oportunidad de escribir un buen poema con su rostro y su apellido impronunciable.


No podré ser poeta por mucho que lo intente, por muchos poemas que escriba guiado por la inspiración más angustiosa, sórdida e irreverente, por muchas velas encendidas que ponga a los pies del orgullo de una ninfa enamorada que ya no quiere abrazarme[vi]. Es una pena a la que tendré que acostumbrarme[vii] y que no podría borrar ni siquiera el reconocimiento tardío de aquellos que me amaron aunque solo fuera un instante.


La iluminación vive en una fosa insondable y oscura adonde no llega el aire para los mortales que no fuimos tocados por una divinidad romana con nombre de teatro en la que no creemos por más que los sacerdotes nos ladren cuando miramos atrás sin ira, hacia adelante sin esperanza[viii].


El reconocimiento no llegará jamás y tendremos que actuar como si fuera posible el regreso de lo que nunca se fue, de lo que vive con nosotros pero nunca nos ha dejado tocar ni su carne ni sus huesos, ni su cráneo descarnado para sentir la amargura de la muerte que nos espera.


Tú transmites paz, conciliación en lo que rimas, tú le cogiste el pulso a la lira, si no te envidio es porque te aprecio y porque después de haberlo hecho en la niñez he perdido su verdor de enredadera retorcida y no sé cómo pintarlo en mis ojos cuando necesito un sufrimiento que me conduzca a una santidad laica y, sobre todo, porque soy un maldito occidental, como me dicen algunos conocidos, que no sabe volver la espalda al destino que se le ofrece aunque lo lleve a una calle de flores por la que nadie pasa, a una contradicción constante y permanente como un pájaro ciego que ya no quiere chocar con los alambres de su jaula y quieto canta para no morir de hastío.


Ahora descubro que siento lo que me dijo Gombrich[ix] una noche de verano cuyas nubes eran truculentas y aquella lluvia entre el calor no duró ni treinta y tres segundos; no he de buscar la poesía sino a los poetas, el arte no sería nada si no existieran los artistas. Pero el poeta sin el hombre valdría menos aún que sus versos cuando los pinta de blanco y la gente no se entera mientras escucha la mejor canción de los Rollings[x].


La tuya es una de las pocas relaciones que me quedan en este medio y créeme, con la sinceridad de aquel que habla porque no sabe hacer otra cosa y apenas piensa lo que dice, hubieras estado siempre entre las preferidas. No olvido ese tiempo en que nos conocimos y nos regalábamos guirnaldas en la brisa, palabras para conjurar la muerte de la poesía, para creer en aquella que yace tendida como una sacerdotisa que ya no conoce los ritos esperando en el poniente que llegue la hora del último crepúsculo[xi]. para volver a nacer con los primeros rayos de la alborada, desnuda, triste y desorientada.


Hablemos de los mitos, pues, sabiendo que son hombres y mujeres que pudieron vivir circunstancias parecidas a las nuestras, aprendamos la mitología de nuestros ancestros todo lo bien que podamos porque no debemos ignorar aquello que ha tenido importancia en nuestras vidas o en las de nuestros antepasados que habitan en el sepulcro, pero debemos saber el momento que nos vemos obligados a apartarla para rendir un homenaje a aquellos héroes que llegaron a nuestras playas con sus velas y murieron en un naufragio en el viaje de vuelta habiendo dejado aquí toda su mercancía. Hay dioses que no existen pero son tan importantes que sacrificamos nuestras vidas por mantener viva la llama de sus nombres.


Pero nunca debemos situar la mitología por encima del hombre. Quizás la poesía murió uno de estos días, como si nadie lo hubiera advertido, cegada su presencia por la trivialidad de nuestras aspiraciones modernas que devoran hasta las más altas torres construidas por los siglos y convierten el pensamiento en ruinas por mucho que en él radique lo que se ha logrado y también lo perdido.


La poesía sometida por la indiferencia de un mundo prosaico que mira otras manifestaciones carentes de profundidad pero con un atractivo incuestionable para la gente que quiere conseguir el prestigio de la nada, para los desocupados que encuentran placer en la morbosidad de los que venden una moral, que quizás, nunca tuvieron, por conseguir una vida más cómoda, una ascendencia jerárquica sobre cualquier hijo de vecino que no sale en las revistas.


Pero los poetas siguen escribiendo versos aun sabiendo que no vendrán a cantarlos otras voces[xii], poemizan[xiii] porque su ingenuidad les hace pensar en el milagro de la presencia de los miembros ya muertos cuando aún despiden calor y se siente dolor en lo que fue amputado, en la metáfora de la resurrección que no encuentra reflejo en las paredes del mundo donde se escriben frases para el olvido y deseos irreconocibles para quienes caímos en los brazos mórbidos de la sensualidad, ni fábulas para salvar lo que va quedando en nuestra lucha contra una naturaleza a la que deberíamos tratar como una amiga que no quiere abandonarnos y la golpeamos con la misma rabia que lo hace quien para subrayar su amistad nos llama hermano la larga noche en que ha decidido no ser nuestro amigo y lo sella con un beso, en la esperanza de que una flor nazca en la arena de las dunas y una herida de amor en el bolsillo de la camisa de un bróker después de que sus acciones suban al infierno de los escaparates manchados de sangre de Wall Street, en la medida de lo que no tiene juventud, en el peso de la ingravidez de lo que llora en el Limbo y aún no tiene nombre y vaga apesadumbrado como un niño perdido en una isla que no se llama Nunca Jamás.

21 de Febrero de 2016



Pasolini tenía, como hombre sincero y apasionado, muchas dudas pero solía afrontarlas sin balbucear, entrando con fuerza en la tortura de las equivocaciones, la indeterminación de un mensaje que airea como nunca en las hermosas banderas, la locura de su contradicción; agnóstico esperando la nueva venida de Cristo Hombre, antiabortista entre unos compañeros de izquierdas que pensaban de una manera totalmente opuesta y coincidiendo en un punto tan importante con los cristianos demócratas a quienes detestaba por su hipocresía, a favor de los policías que intentaban sofocar la réplica romana del Mayo del 68 y fueron agredidos brutalmente. Decía de ellos que eran muchachos de la Italia pobre que no habían encontrado otra opción de ganarse la vida y, en cambio, los estudiantes eran los hijos malcriados de las familias romanas acomodadas.

[ii] Estaba equivocado cuando escribí esto, escuché hace poco en una entrevista que le hicieron a Pasolini para la televisión italiana que el controvertido y genial poeta boloñés no tenía al piamontés entre sus preferencias, quizás no le perdonara que fuera casi coetáneo suyo o que hubiera llevado una vida sexual casi inexistente no por vocación monástica sino por la circunstancia de ser un enamorado de todas las mujeres cuyo resplandor le había llevado a la impotencia.

[iii] De pequeño no solía comer adecuadamente por el ansia de crear debates en la mesa y embeberme en ellos.

[iv] James Dean tiraba piedras / a una casa blanca / entonces te besé (Luis Eduardo Aute).

[v] Elia Kazan delató a sus antiguos camaradas del partido comunista durante la locura persecutoria provocada por el senador McCarthy.

[vi] Esperanza que naciste / para morir después (Edgar Allan Poe). Siempre se ha dicho, para bien y para mal, que era un poeta romántico europeo ubicado en América.

[vii] Hölderlin: Vivo para buscarte / dorada luz de amor / yaces entre los muertos, / Diotima querida, pero el viento te traerá el recuerdo / de lo que fuiste un día / y quedará para siempre. (Variación – Francisco Enrique León).

[viii] que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura; / que sólo adoro la luz cuando no ofrece esperanza. (Pier Paolo Pasolini)

[ix] Ernst Gombrich: historiador británico de origen austríaco, supo sintetizar como nadie la historia y el arte.

[x] Paint it black, se puede pensar que Ruby Tuesday y también se estaría en lo cierto. Para la gente de mi generación nunca fueron los "Stones".

[xi] Creo que nuestro viento de levante nos llega del lugar donde crucificaron a Cristo y el de poniente donde cada día mueren los dioses para resucitar con la siguiente alborada.

[xii] Gente escribiendo canciones / que ninguna voz compartirá (Paul Simon).

[xiii] Suena igual que la nariz de Ovidio para Quevedo.

Kurt Cobain - El hombre que vendió el mundo

 Cuando conocí a Kurt Cobain ya estaba muerto y me recibió como uno de los suyos mientras yo dilapidaba un gran amor y un acercamiento al mundo de los músicos que nunca aceptaron de buen grado mi presencia en sus ensayos. Tiempo después lo nombré en un poema con un sabor autodestructivo que solo se podía asociar al recuerdo de los poetas románticos alemanes y su idea de un destino trágico.


Llegó a mis manos y me quedé con el prodigioso ”Unplugged in New York” de mi hermano pequeño porque él entendió que ese disco estaba marcando un período determinado de mi vida entre la euforia de la liberación y el desencanto de encadenarme a mí mismo, no era yo el que empezó a vestirse con la ropa que no correspondía a mi edad. Esta soberbia actuación en directo enrevesada, en un discurso aplastado por una lírica melancolía, me decía que algo terrible estaba pasando por la mente de aquel muchacho que desbordaba talento y autenticidad, corroído por la culpa y los demonios de quien vive continuamente asomándose a su propio abismo, mártir de una depresión que apenas le daba tregua.

La versión de la magnífica canción de Bowie "El hombre que vendió el mundo" descubre en su desgarro el deseo de querer pasar la última página, la sensación de estar con una soga sobre el cuello de su alma sin nada a lo que aferrarse para evitar el vacío. Sostenía en su mano una pistola a punto de dispararse, en su corazón una huella que había perdido su camino.

Los últimos meses de su corta vida fueron de un dramatismo intenso rayano a la locura de escapar de sí mismo, en ellos aparecían, sin que pudiera apartarlas, dos enfermedades crónicas que le recordaban siempre su fragilidad; una bronquitis y una afección estomacal que nunca pudo ser diagnosticada. A ello se añadía su adicción a la heroína y un rechazo patológico a la servidumbre pública de la fama, para él era una condena aquello que tantos ansían.
*** *** ***
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Estuve leyendo un poco acerca de este disco antológico para dotar de datos fiables esta entrada, pero más que eso quería acercarme al clímax del tiempo en que lo escuchaba, las imágenes no las vi hasta años después y no hicieron sino constatar lo que pensé en un primer momento, me pareció alguien que pedía ayuda con los ojos, que se dejaba el alma en cada verso que cantaba. "El hombre que vendió el mundo" fue la canción del disco que más me impactó, fue mi primera toma de contacto con ella ya que no la conocía por David Bowie.

viernes, 28 de agosto de 2026

Conversación con Laura - Hydra

 Quiero ensalzar cantando a los Átridas

quiero cantar a Cadmo,

mas de mi lira los sonoros nervios

tan sólo amores dicen.

(Anacreonte - La lira - Fragmento)


Hydra es un sueño de luz en el crepúsculo,

un pájaro abierto en la mañana

que no conoce sirenas ni alaridos,

que no hunde los puñales,

ni siquiera en las sierpes que conducen

a los umbrales de la ira,

ni en los vestigios amargos

que tengas en la memoria de los más brunos requiebros

Evoco sin consciencia la civilización de los sentidos

porque vuelvo a sentir aquella sed de ti que me reclama,

en los embarcaderos de tus lazos eras una isla

y yo el peregrino que caminaba por tu sangre,

llegué a tus guirnaldas con el polvo derramado

en la última derrota,

con la llamarada de aquellos atenienses caídos

que zozobraron sin laureles en Sicilia

por embriagarse con la gloria de los ancestros,

con Anacreonte de la lira en las entrañas,

con Pericles en los discursos lúgubres

y emocionados ante la muerte.


En tu mirar viajaban las soledades del alma de los celos

que removía tu orgullo,

las sandalias humildes y profundas del profeta que perdiste,

los deseos que encallaron en la lengua de la playa

y los abrazos que forjaba la marea de los puentes

cuando me dijiste que tu nave había partido

y encendí mis velas oscuras en el mástil de un amor apagado.

Los persas

 A Tod Browning


He hablado de amor con los ojos brillantes,
he hablado de constantes que me fueron queridas,
pero estoy atrapado en un mundo sin sueño,
esperando una nueva, y buscada caída
como un hoplita desarmado en el sendero
que no puede detener la avalancha
y la afronta sabiendo su destino,
un marino asustado en la calma
que barrunta venideras tempestades,
un olvidado en las emociones,
un monstruo en silencio que se arrastra.

Lluvia de primavera

 A Carlos Martínez. Mi amigo íntimo.






Llueve en la tarde clara que acaricia tu rostro,
en las calles vacías, en el bosque de piedra.
Me ha herido tu amor y no puedo negarlo,
me duele hasta esta lluvia que no cae y se aleja.
(1998)


En esta primavera
de vientos que aprisionan un corazón ardiente
que nunca te ha olvidado
miro hacia los jardines y evoco tu fragancia
para seguir tirando de un carro ingobernable
al que me ató el destino entre el barro y los charcos
que hoy cubren los delirios de nuestra efervescencia.

En este pedestal de la memoria
que te espera sostenido en el acanto sin columnas
de las ruinas del templo levantado
por el fulgor de nuestra irreverencia
buscaría la herida del aura de una rosa
desprovista
del telúrico encanto de tu voz y tu silencio
para encontrarte,
moriría dichoso si arrancara
la sonrisa y el destello que tuviste algún día
en el despertar de los misterios,
en las calles del Hadú que sigue en pie,
en el dolor de las Murallas del Ángulo
en tu presencia, en el Campillo1 abandonado.

En las reminiscencias del bosque de las hadas
que nunca aparecieron y sufren por tu ausencia
estás sola
con la sed de la magia que te lleva
a soñar y abrazar el olivo trenzado
de los búhos que pasan silenciosos,
estás sola y esperando
la camioneta 2 sin destino
que atraviesa mi barrio que ya no tiene corazón
ni mujeres
que conversen con la muerte para apartarla del mástil
de los barcos en la noche sin luna 3 .

Estoy solo
transitando por las aceras de los desheredados,
buscando la redención de un músico en Hortaleza
en el himno que lleva a la revuelta de las flores;
tres minutos, unas palabras, una sonrisa
y la esperanza en el hombre aparece y emociona,
pero no estás aquí para verlo en mis ojos,
no estás para decirme que resista,
para sentir mi corazón como una llama al viento.

Porque seguimos caminando por las calles mojadas
de nuestros brotes verdes con el paso cambiado,
con las mismas ideas que nos llevan al ostracismo,
a la amenaza del destierro
de esta ciudad que adora el metal y las medallas
y altera con subtítulos la voz de los profetas,
con los besos y las caricias arrinconados en los portales,
con los claveles gritando su melancolía,
y no nos encontramos, no hallamos nuestra alma,
alguna vez la creímos eterna y luminosa,
pero agoniza en cada cruz de este sendero
que se nos hace tortuoso como el rostro de un ángel caído,
sombrío como un viernes en tu Gólgota de soledad asumida.

Y lloramos por dentro como un frente salvaje
de borrascas decembrinas en plena primavera,
escondidos en el rostro de un dios que no perdona,
que aprendió a disfrazarse un Martes de Carnaval
del que aún no ha regresado,
y el amor se convirtió en cenizas aquel día,
en alma viva el resentimiento,
el licor en la sangre de los bardos que lloran
cuando cantan lo que ven.

Sabiendo que repudias la primera promesa
que hiciste al Galileo cuando nadie te veía
solo por destronarme
de este flujo sin tregua que corre
hacia el acantilado de una fiesta sin gracia
cuando el mar nos inunda y se lleva
los restos del naufragio de la elegancia y la sonrisa,
mi corazón sufre, sufre porque niegas lo que amas.

Estás sola
en aquel salón de opalina y de deseo
que se muestra cansado
como un toro en el último tercio de las sombras,
con el jersey de hilo que se ajusta al recuerdo,
con las manos nerviosas que acarician la ternura,
con el pelo mojado que agita la emoción,
y nada te despierta al cambio que te grita
que luches contra los vientos de tu propia tempestad,
que lo que nace en ti va en contra de tu esencia,
que hieres lo que amas e indultas lo que hiere.

Porque tú, querida, más confusa que yo
con el ritmo de las horas y la caída de los astros,
lloras por el pasado, mides cada distancia,
desangras cada verso que no puedes tocar
y te evoca otro nombre, cuando todos son el tuyo
y todos los besos se dirigen a tu boca,
y yo no puedo contener la rabia de los hombres valientes
que luchan contra el muro de las incomprensiones,
pienso en Robert Jordan 4 que espera el cierre
de la cortina y se enamora
del último aliento que mueve su esperanza
para darles un soplo de vida a los que ama
y a quienes portan su bandera aunque la desprecien,
en el último vuelo sin brújula de Antoine 5
buscando al hombre libre en un sueño irrenunciable,
en el Amigo que mira por la ventana el paso de los niños
porque ya no puede seguirlo
aunque nunca llegue tarde a una cita
y recorra la Isla Verde 6
con los remos astillados para seguir resistiendo
los golpes del destino al timón de su barca,
y en todo esfuerzo inútil ofrendado a la belleza del fracaso;
buscar la verdad, amar la poesía,
rendir culto a los muertos,
sentir la libertad como una llama viva,
cuando veo que abandonas lo que queda y añoras lo perdido,
y la sombra de los días se hace larga
como una noche infinita
y la vida me parece más oscura y vacía que la muerte.


1 Hadú (se pronuncia “Jadú”), el Angulo y El Campillo son lugares de Ceuta. Los tres están fuera de la Isla.
2 Camioneta: Hasta hace poco era como se conocían en Ceuta a los autobuses.
3 En las supersticiones de los marineros ceutíes ver un pájaro blanco por la noche significaba la muerte de alguien, verlo en el mástil de tu barco, la tuya propia.
4 Robert Jordan: personaje central de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas”
5 Antoine de Saint-Exupéry: escritor y aviador francés que murió en una expedición aérea durante la II Guerra Mundial
6 La Isla Verde: Algeciras.

Ensayo general en harapos

 Leonard Cohen se pone su traje gastado y lo plancha, con la misma delicadeza que los sacerdotes profanan la enseñanza de los profetas a la que reducen al rito, porque la vida le empuja a hacer un ensayo general de su propia decadencia moral, para hablar con un tono dolorido y asustado de la derrota incondicional y profunda contra el paso del tiempo.


Como es su costumbre cuando quiere llegar a cualquiera que desee tocar su frente arrugada, las llagas de su costado, Cohen se rodea de palabras cotidianas, de imágenes cristalinas al alcance de todos los oídos que quieran verlas y tocarlas.

Pero a través de su sencillez expositiva y la claridad de su verbo crea un intrincado enigma que pone a prueba nuestra capacidad de razonamiento para demostrar que desconocemos lo que es de sobras conocido y a lo que no se ha hallado nunca una respuesta convincente; ¿Adónde va el amor cuando muere? ¿Por qué seguimos cantándole como si fuéramos un tenor tembloroso y perdido en los brazos del licor, arrinconado entre la nocturnidad de una parranda y el dorado anonimato de los momentos que siempre se recuerdan porque en ellos hemos logrado vida cuando nuestras aspiraciones,-sexo, dinero y poder-, eran insignificantes?

Una trascendencia hiriente, que golpea los iconos de las equivocaciones recurrentes, nos dirige a un paseo inquietante y purulento por las sombras del resentimiento y del dolor.

Ya nunca será el muchacho que soñaba a través de las canciones, nunca volverá a levantarse del suelo para transitar por un pedestal en el que no podrá creer cuando los astros se hayan apagado. Después de haber odiado de todo corazón, aunque fuera una sola vez y un solo instante; porque es el único pecado que cabe la posibilidad de que no tenga redención posible. Ni siquiera basta el amor por sí mismo para que sonriamos como un adolescente embarcado en un romance placentero que no llegó a florecer pero dejó la frescura de su aroma, la melodía de las canciones que escuchábamos para situar ese tiempo en la memoria.

El cronista de los perdidos, el poeta de los desamparados, el amante lacerado por las alambradas y sus coronas, el hombre que tomó por la cintura a la tristeza para mostrarnos la injerencia en nuestras vidas del monstruo de cemento enamorado del desamor cotidiano, ese que ha creado los vestigios indelebles que surgieron del fracaso de las revoluciones y la llegada de un consumismo voraz, superficial y desordenado para alertarnos de la soledad de los mártires ante la incomprensión de los verdugos cuyos rostros aparecen con regularidad en las portadas de los periódicos como héroes implacables, ante las encrucijadas dolientes de la avenida del alma, la fragilidad de los más grandes profetas ante un mundo que no ve aunque mira, que no escucha porque la multitud se apoderó del desierto de la indiferencia y grita más que los vientos del sur cuando cruzan el mar, ante la certeza empírica de que la muerte nos encuentra siempre y la vida transcurre, y pocas veces la hallamos para sentir aquello que hay de eterno en la brevedad de las lamentaciones cuando son verdaderas.

El poeta sabe pocas cosas, pero expresa mejor que nadie la incompatibilidad entre la felicidad y la libertad, el poeta es un albatros pero hay escribidores de versos que permiten burlarse de Baudelaire[ii], manchar la pureza melancólica del Darío[iii] más inspirado.

Pero apenas puede explicar, quizás porque no tiene cabeza ni sentido[iv], por qué busca la felicidad pero, en cambio, concentra todas su fuerzas en perder una guerra cierta cuando lucha agónicamente por ser libre. Los alemanes refiriéndose a los románticos de su país dirían que así de trágico es el destino del poeta. Cohen camina en esa estela, sabe que el fracaso genera angustia, pero también sabe que la gloria de los triunfadores es más amarga aún cuando se gestionan mal las mieles, cuando nos embriagan los laureles con el peor vino de mesa que siempre deja una resaca dolorida.

Pocas veces el señor de los tristes se mostraría más turbio, pesimista y desesperado[v]. Pocas veces una estrella puede ser tan injusta con las tinieblas de su propio resplandor. Pasarán muchos años para que se comprenda que canciones de amor y de odio es un disco que podría haberse escrito hace más de dos mil años, Catulo[vi] es testigo de ello, y también en un futuro por muy lejano que fuere mientras el hombre sea capaz, a regañadientes, de mirar, aunque sea de soslayo, sus propias entrañas y admitir que alguna vez no fue bueno y que llevará esa cadena para siempre en su expediente.

Solo el amor permanece decía Violeta[vii] ¿y qué podemos decir cuando, con cualquier excusa legítima o peregrina, preferimos la persistencia del odio?

Leonard Cohen no estaba, en ese momento de su vida, después de dos obras deslumbrantes y la inquietud desconcertante de quien vislumbra una edad en la que el chico de oro siente miedo cada vez que mira los surcos de su rostro, palpa con los ojos su piel envejecida en el espejo, cuando decide publicar, echando todavía un vistazo al material acumulado durante años, un disco tan oscuro que solo sería superado en sus ansias de tinieblas por las ruinas de Berlín[viii] que vería la luz, por agarrarnos a un tópico, un par de años después para enfrentarse a una injusticia permanente.

Pero Cohen no quiere recrearse en lo logrado, tiene una madurez insólita en el mundo de una música casi adolescente por entonces, ya que no pueden consolarle los beneficios de plástico gastado y la pérdida de caricias verdaderas inherentes a la fama mientras su juventud se consume sin remedio y para siempre, sino perseguir lo perdido aunque sea en la agonía, y las fuerzas le hayan abandonado.


Se había llenado de noche para buscar la luz a través de la desesperación de las habitaciones que acogieron el deseo de unos cuerpos exultantes y los recuerdos siempre gratificantes del comienzo de una pasión. No nos podía hablar solo de amor porque había yacido en la cama con muchas mujeres de las que apenas había conocido cómo llevaban el cabello y cómo desgastaban un sujetador que no sostenía nada y lo inútil que son las suelas de los zapatos cuando nos llevan al infierno de las grandes ciudades que gritan la opacidad y la impotencia de los poetas callejeros a los que, probablemente, ni miraba cuando pasaba de largo ya que le asustaba pensar que ese destino, quizás, le había estado reservado mientras sonaba la campana. Pero se cruzó la muerte de un payaso melancólico en el camino. Ya no podría nunca más abrazar una guitarra española sin sentir escalofrío, ya tendría que hacer obligatoriamente su exégesis intransferible e inmensa del "Pequeño vals vienés".

No tendría que sonreír cuando alguien le dejara tres dólares en el sombrero cuando le ofreciera con la exclusividad del abandono el "Tennesee Waltz" que previamente le hubiera solicitado para hacer que corriera una lágrima por las mejillas de una novia de alquiler que aún soñara con vivir un gran amor aunque muriera.
*** *** *** *** *** *** *** ***
(I) Like a bird on the wire / like a drunk in a midnight choir / I have tried in my way to be free. Como un pájaro en los cables / como un borracho en una ronda nocturna / he intentado ser libre a mi manera.
[ii] El poeta es igual, allí sobre cubierta / sus alas de gigante le impiden caminar. (Charles Baudelaire)
[iii] El dueño fui de mi jardín de sueño, / lleno de rosas y de cisnes vagos; / el dueño de las tórtolas, el dueño /de góndolas y liras en los lagos.. (Rubén Darío). El poeta hispano-nicaragüense fue una buena persona que hizo cosas horribles que solo están al alcance de los perversos, quizás fuera su admiración desmedida por Paul Verlaine a quien superó de largo en eso de las rimas y de quien quedó lejos a la hora de esculpir barbaridades.
Bardem estuvo maravilloso cuando en “Lorca: Muerte de un poeta”, hizo que le brillaran los ojos al poeta granadino al evocarle.
[iv] Siempre he pensado que el Espantapájaros del Mago de Oz representa muy bien lo que significa ser poeta. Es algo parecido a cuando Rubén Blades nos explica lo que hace falta para ser rumbero, eso es, precisamente lo que le sobra al poeta aunque no sepa nunca el por qué. .
[v] Desde la pasión de Juana de Arco, a la muerte traumática de una locura de Avalancha y la infidelidad, por desgracia frecuente, entre amigos, Cohen nos muestra que no estaba dispuesto a hacer concesiones al hombre que dormía con él, ese que le había llevado a desconfiar de todo, empezando por el rostro que se burlaba de él cuando se miraba al espejo.
[vi] Es el poeta romano que mejor supo cantar al amor.
[vii] Lo dijo Violeta Parra en “Volver a los diecisiete”.
[viii] Berlín es el disco maldito por excelencia, demasiados inconvenientes tuvo que superar su autor; Lou Reed para lograr su aparición, tuvo que recortar dramáticamente la duración del proyecto. El cronista urbano siempre se sintió triste por la incomprensión que se tuvo por toda su obra, especialmente por la que le era más querida.

jueves, 27 de agosto de 2026

Brel - Amsterdam

Brel nunca grabó Amsterdam en estudio, la p4eparó expresamente para una nueva cita de las muchas que tuvo con el Olympia, creo que en 1964, cuando ni Johnny Hallyday en su esplendor ni Marlene Dietrich en el capítulo final de su leyenda podían discutirle la monarquía absoluta del auditorio parisino a este republicano descreído, fiel a las convicciones que se habían forjado en sus propias experiencias desde la soledad del anonimato hasta alcanzar una cumbre en la que nunca se detuvo para plantar las hermosas banderas, es posible que Brel fuera más crítico y amargo cuanto más éxito tenía, más desesperado cuanto más se movía en la tranquilidad de una vida resuelta, más despreciativo y desconsiderado con el hombre común cuanto más lo amaba, cuanto más le hubiera gustado ayudarle a que se rebelara contra su destino en la mediocridad de las supuestas buenas costumbre.


La canción prostibularia más popular de la historia tendría una réplica discreta del genial David Bowie. Le sentó francamente mal a Brel esta intromisión de Ziggy Stardust en sus dominios y cuando le preguntaron que le parecía, contestó con un desprecio evidente y una considerable incorrección política que no quería saber nada de aquel pédé (despectivo por homosexua).

No debemos tenerle en cuenta sus salidas de tono, la víctima propiciatoria de sus ataques era frecuentemente él mismo, una de sus características más acusadas es que su palabra iba tres segundos por delante de sus pensamientos y que se reía del acento que le había entregado su ciudad.

Amsterdam es un momento para la eternidad sincera y apasionada de un bruselense corroído por el fulgor de su propia inteligencia. Su épica y sana capacidad competitiva forjada en la visión compulsiva de los héroes de Ford en su niñez hizo que aceptara sustituir a una Marlene Dietrich que no quiso acudir, argumentando problemas de salud, a su cita con el Olympia el día siguiente de que el auditorio parisino fuera arrasado por el entusiasmo juvenil de los seguidores de Johnny Hallyday. Las silla rotas que desaparecieron fueron testigo.

Nota.- Leo un artículo de 2007, en él François Raubel, uno de sus arreglistas, reconoce que a Brel no le gustaba Amsterdam, lo justificaba diciendo que la primera estrofa era una tautología, que la consideraba muy primaria y que carecía de estribillo. Ninguna de las tres razones tienen que parecernos convincentes, sigo viendo interesante despojar de estribillo a una canción, insistir en una idea con palabras parecidas o intentar dejarnos llevar por nuestros sentimientos más elementales. A pesar de ello la solía cantar en los casi 200 conciertos que ofrecía al año en su época de esplendor porque el público se lo pedía, Raubel solo recuerda que la cantara dos veces en uno que ofreció en Moscú. Aclara que no fue por consideración lo del estreno en el Olympia, no le importaba hacerlo en un pueblo perdido si había terminado una canción antes de actuar en él. Yo no sé si Amsterdam es la segunda canción más popular de Brel, pero cabe esa posibilidad. Se tiene por cierto que el cantante le tenía manía a su canción más popular, Ne me quitte pas, pero no dudaba de su calidad, aquí entrarían en juego los sentimientos; quería liberarse de un sentimiento de culpa, y acabó arrastrándose, así se lo dijo Édith Piaf. Era muy hermoso pensar que no grabó nunca Amsterdam en estudio porque pensara que la representación apasionada y ciega que ofreció en octubre de 1964 en el auditorio parisino era insuperable.

III 

En la Escuela de Comercio - A. Armilo

I

Tus anhelos que sueñan en un árbol vencido,

en la hiedra que cubre la Escuela de Comercio

van subiendo la cuesta de las hojas perdidas

y no quiero enterrar

un beso amortajado que desgarra

las venas de la calle, el mar en mi tristeza

y muestra en las paredes de un antro tu sonrisa,

las palabras de antaño que mueren en la playa

escribiendo un poema de amor entre la niebla,

la impronta de tu rostro en un cuaderno

frágil y humedecido

que se queda en tus ojos y pierde tu mirada.


II


Tu mirada que piensa en el árbol cansado

de la esquina de Comercio,

con la hiedra que inunda la sombra de los muros,

va subiendo la rampa de las notas caídas,

profanando la huella de los niños dichosos,

y no quiere enterrar la queja miserable

de un hombre enamorado

que no encuentra un lugar para esconderse,

camina en su dolor por puertos expugnables

y desgarra sonriendo la voz de los mendigos,

las venas de las calles que nos vieron morir,

el aroma del mar, la luz de tu tristeza.

¿Recuerdas que querías ser John Lennon?

 A Alejandro Costa

I

El hombre de ningún lugar


Here’s a real nowhere man,

sitting in his nowhere land,

making all his nowhere plans for nobody…


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Es un auténtico hombre de ninguna parte,

sentado en su tierra de ningún lugar,

haciendo sus planes de nunca jamás

para nadie...

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Rubber Soul no es el mejor disco de los Beatles, pero puede que sea el más importante, el que fracturó definitivamente en dos su carrera. Determinó un eclecticismo inagotable, un hambre evolutiva insaciable y la retirada de los chicos de Liverpool de los escenarios, ya podían crear sin más agobios que los que ellos mismos se impusieran.


No hay disco de los Beatles al que me sienta más unido que a Rubber Soul, recuerdo la fecha, es un día señalado en mi ciudad, y la playa, iba con mi amigo de entonces y dos chicas que no tenían mucho en común excepto el nombre y el radiocassette en el que reprodujimos la cinta que nos dejaron; África, una leía a Poe, la otra las portadas de las revistas. Aquel 13 de junio de 1976 escuché por primera vez algunas canciones que siempre me han acompañado. McCartney estaba brillante, excelso en la recreación de música clásica de "Michelle" Hay quien dice que es una parodia de la Chanson más empalagosa, no me lo creo; Paul distaba mucho de ser un ignorante), se ensañaba en una parodia irreverente sobre los delirios de grandeza que dice mucho más de lo que parece en "Drive my car" (Serás mi chófer) y mostraba la profundidad de su talento y enviaba un regalo envenenado a los Byrds en la injustamente olvidada "I'm looking through you" (Te estoy calando).


Pero Lennon estaba genial, ya conocía sus dos mejores canciones de este disco, no puedo precisar cómo llegaron hasta mí. Pienso como entonces; In my life y Nowhere man (Hombre de ningún lugar) están entre las mejores canciones que Lennon compusiera, se convertía de repente en un adulto con la cabeza muy mal amueblada, no tenía la madurez y el control de sí mismo de McCartney, y se reprochaba su indeterminación, su falta de implicación con los problemas de los demás, su alienación como hombre de este tiempo que no es de nadie y sigue siendo el nuestro, su falta de personalidad para adoptar un punto de vista. John reconoció que, a pesar de hablar en tercera persona, se refería a sí mismo y la canción era el fruto de un duro examen de conciencia y un estado depresivo. In my life es simplemente un canto de amor a Liverpool y una confesión de entrega al recuerdo imborrable de su primera novia, es como una rosa que no se debe tocar.


La otra joya es Girl, con una letra fantástica dentro de un concierto no demasiado afortunado en la música juvenil acomplejada por el fulgor de Dylan que publicaba en aquellos días sus obras capitales, aunque para algunos, entre ellos los Beatles, supuso un acicate y les llevó con éxito a proponer situaciones complejas. Con sus aires mediterráneos, con su aspiración, y su melancolía, aquel 13 de junio escuché Girl por primera vez, y aún me acuerdo de ella muchas tardes. No podemos dejar de lado para terminar la fantástica y melancólica "Norwegian wood" en la que Lennon se enfunda el traje de perdedor en una historia de amor frustrada con una chica responsable que distinguía entre la diversión y las obligaciones aunque le había dejado dormir en su casa, canción que abre el disco y en la que Harrison experimenta magistralmente con el sitar además de hacer dos interesantes aportaciones.

II

Julia

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La mitad de lo que digo no tiene sentido

pero solo lo hago para llegar a ti, Julia[1].

Sé que a veces hablo como si tuviera comunicación directa con John Lennon, y esto lo digo como si hubiera alguien que pudiera advertirlo. Pero no, parece que he dado un paso adelante y algo que me parecía patético cuando lo advertía en Rafle[2] a pesar de su grandeza, hablar y seguir hablando aunque nadie te escuche e incluso cuando ponen un gesto contrariado, empieza a ocurrirme a mí y ya no me importa, debe haber algo bueno en ello cuando Rafle lo hacía.


Julia es una canción muy especial, una de las joyas, como Blackbird[3] o When my guitar gently weeps[4], del Álbum blanco, un disco irregular pero con canciones impresionantes que se vuelven más atractivas para los seguidores del cuarteto de Liverpool en tanto que algunas de ellas no son demasiado conocidas por el gran público.


Imagino que para Lennon no debió ser fácil escribir esta canción ensoñadora y entregada a la mujer a la que se la dedica; su madre. Las razones son demasiado obvias, Julia era una persona con muy buen carácter y con mucha suerte en alguna de sus decisiones, ella le regaló a John su primera guitarra, pero distó mucho de ser una buena madre; irresponsable, enamoradiza, caprichosa, abandonó la educación y la crianza de este genio en ciernes a su estricta hermana y a su cuñado, quien sería un amigo con el que John frecuentaba los cines para ver películas del oeste, y a quien le unía íntimamente compartir la misma cruz.


Julia murió atropellada cuando Lennon tenía 17 años y parecía haber vuelto, eso era lo que él quería creer. Los biógrafos de Lennon parecen querer dar más dimensión a la tragedia cuando recalcan que el coche que la arrolló era conducido por un policía borracho, eso sí, al menos estaba fuera de servicio.

[1] Half o what I say is meaningless / But I say it just to reach you, Julia.

[2] Rafle: entrañable amigo y lector compulsivo, su vida estaba en la lectura en la lectura de los grandes autores en un entorno que estaba lejos de comprender sus inclinaciones.

[3] Blackbird: Mirlo.

[4] Cuando mi guitarra dulcemente llora.

III In my life                                                   ¡Quién fuera Lennon y McCartney!

¡Quién fuera el batiscafo de tu abismo!

(Silvio Rodríguez)

Lennon y McCartney firmaron un buen ramillete de obras maestras y como decía Paul con el paso del tiempo con esa flema inglesa de quien ha sido nombrado Sir, solo hubo polémica de autoría en tres o cuatro canciones.

Lo malo es que entre ellas están, nada y nada menos que "En mi vida" y Eleanor Rigby, las dos en la tabla alta entre las mejores canciones de todos los tiempos. Cuando escucho las explicaciones y los argumentos me decanto con cierta claridad por creer que In my life, la más emblemática entre las canciones de John, lleva en el puente música de McCartney (además de los sonidos de clavicordio de George Martin en la parte final) y Eleanor Rigby lleva ideas, la contemplación de una lápida solitaria y, quizás, algún verso de Lennon. En fin, pienso que cada uno de ellos lleva razón en sus reivindicaciones sin acabar de tenerla. Se influyeron mucho y bien, soy de los que piensan que ni siquiera el mejor Lennon, sin duda el beatle con una más brillante carrera en solitario, alcanzó la excelencia de aquellos años.

In my life es una de esas canciones que exceden en mucho lo que se pretendía, a través de un intimismo minimalista nos llena de nostalgia de su ciudad, que puede ser la de cualquiera que lleve el halo del rumor portuario, y nos hace pensar en los amigos, en los lugares que quedan y en los que se fueron para siempre y en el amor verdadero que se cruza muy pocas veces en la vida.

IV


Lennon recuerda - Madre


Mother you had me,

But I didn’t have you

(John Lennon – Mother)


Madre, tú me tuviste,

pero yo nunca te tuve. 

Y Lennon recordaba;

su chaqueta oscura parecía transpirar

en aquellas aceras de citas sin destino,

en el banco grabado siempre con otras fechas,

muy cerca del jazmín donde solía esperarte,

leyendo su memoria como si me acordara,

anhelando los pasos

que anunciaban tus besos cada tarde.


Y Lennon recordaba...

donde tú te movías, la gracia en tu cintura,

entre coches y aceras,

y sueños que dejaban caricias esparcidas

de adioses sin querer que te llevaban

por la arena a la playa del Chorrillo

en su letargo de invierno

cuando los espigones se adentraban

en el mar del recreo y los encantos

que mojaba tu blusa y mi locura,

que dejó mi corazón perdido en los acasos

del te quiero y no quiero, te tengo y no respiras,

y mi alma expiraba en la sangre de tus dudas,

mi libertad en la cumbre del fracaso.


Y Lennon recordaba,

yo lo recuerdo siempre.

V


Mirando las

 ruedas o Llevando mi timón.


s que hemos hablado, pero sería un número uno para un montón de grupos de calidad. Este John no cambiará nunca.

Je est un autre


(Yo es otro)

(Arthur Rimbaud)


Un hombre encadenado a tu figura

se encamina a mi rostro en la escollera

con un rumbo abortado

que invade los caprichos de la muerte

en los días sin nombre que fluyen en el agua.


Este hombre se arrastra por las nubes

rojizas del crepúsculo que hiere

y arrasa los cristales del silencio en las ramas,

permanece en los bancos vacíos de los parques

y se ahoga en tus ojos

que abren las cortinas, buscan otro calor

y no sienten la luz lenta de mi esperanza.


Ya no me amas, es cierto, miras el horizonte

de los painicos tristes que lloran en la luna,

de palabras sin velo que cubren la sonrisa,

de ilusiones que pasan y se pierden

en cada esquina fría

que detiene mi olvido, mi angustia y tu mirada,

Jardines de la Argentina


Ahora siento el frío

correr sobre mi rostro,

frío sobre los tejados

en donde anida un loco.

(1981)


I

Ahora vuelvo al parque descuidado

de la Argentina

con sus puertas abiertas y veladas,

te recuerdo y no estás en sus bancos ausentes,

busco la remembranza de tu aliento

mientras hierve en mis ojos el hombre fracasado

que venera los tuyos y se enamora


de la canción del mar, de las flores que brotan,

de tu misterio

y se enreda en las hojas del laurel

reseco y carcomido de la historia

que arrastra su tiniebla en el vapor lejano,

que se hunde en el mar turbio de tus secretos.




II



Se derrama en la noche el lirio de tu ausencia

como una carta amarga que no puede escribirse

y sigue en la mesita

donde teje la angustia de un amor disidente

que lucha con los monstruos sombríos del rencor.


Muere el parque de siempre con el alma

de un banco que no espera

al viajero cansado que escruta el horizonte

de los viejos amantes que perdieron la rima.


Rompen los coches roncos la frontera y los muros

murmuran en la savia de las flores

que murieron en el rostro del último verano,

y no vuelve tu aliento sobre mi nombre errante,

no tengo tu caricia como si fuera mía,

como si me abrigara

el viento del pasado que recorre tu pelo,

y volviera el estigma de tu piel al jazmín.


Yace abierta una llaga que brilla en el futuro

que nunca llegará a los labios de Abyla

cuando mueran los faros que abrazan otros mares

para seguir desiertos en las noches de luna,

cuando ya no se vea tu lengua en el teatro

de la acera que escucha del naranjo la rabia,

el grito del poeta

que guarda en cada encuentro con las sombras

un papel apagado que hierve en el olvido.


He sentido en mi pecho el pulso de los astros,

las palabras del loco que escribe en las paredes

de una noche romana que agita la memoria

de un libro amortajado

que arrastra la amargura de un verso interrumpido,

y no puedo tener la luz de tus columnas,

el sueño de vivir

la magia de tu piel tersa entre mis manos,

el ansia de sentir tu túnica abierta

que llora en la deriva cerrada de los puertos,

que ve partir los barcos que no regresarán

y no quiere perder la huella de tus alas.

Nocturno en Toledo


...el silencio y la noche mordían con su abrazo

mi alma en la litera

y ardía el mundo de los tiernos y de los tristes

devastado por los celos de la espera que no muere.

(11 de abril)



Siempre arrastré las llagas de tu culpa

y sufrí por las cartas perdidas que no llegué a leer,

por las llamadas

que no pude escuchar mientras te maldecía,

mientras me acorralaban la ausencia y tu vestido

en una sala oscura que nunca frecuéntaste

y amarga me miraba

como si fuera un hijo de las sombras

atrapado en el fulgor hiriente de un recuerdo

que nunca permitiste

que descansara en el temblor de mi almohada.


Lloré por el rechazo que cubría mi rostro

y ahondaba en los rincones

del velo de la luna

que ardía en los espejos de una alcoba sin puerta,

en la espina de miel ensangrentada

de tus gélidas manos

en los días más grises que morían

y desfilaban huecos por las enredaderas

que nunca atravesaste con soltura,

por los escaparates

rotos que me mostraste en un rincón perdido,

en la noche del dolor que mordía las sábanas,

desgarraba mi orgullo y se hundía en mi mirada.

A Rosario

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Soy un poeta de mujeres sensibles, Rosario, y cada vez son más escasas con el impacto regresivo e implacable de la Nueva Revolución. Es mi estigma y lo llevo muy bien, soy un heterosexual interminablemente cerrado aunque no vista bien en estos días sin huellas y con un virus. Los hombres que escriben poesía se han puesto el traje del John Wayne implacable y nostálgico, de no se sabe qué, a Ford le encantaba guardar muy bien sus secretos aunque derrochaba poesía porque le sobraba, en la inmortal "Los buscadores", aunque no quieran admitirlo; El papel vergonzoso del bueno de John en la Caza de Brujas y su conservadurismo glorioso y retrógrado tienen la culpa de ello. Pienso que nuestros colegas se sitúan todo lo cerca que pueden de la órbita de poetas prosaicos de nombres impronunciables muy alejados de Bécquer. El genial poeta sevillano era acusado de prosaísmo por sus amigos de la Escuela Neoclásica sevillana, el misterio de su inmortalidad estaría en que supo, con una maestría propia de muy difícil exportación, conjugarlo con el lirismo, la musicalidad, la tradición oral andaluza y el Flamenco. Esos poetas, mucho de ellos extranjeros, no suelen gustarme, quizás sean las traducciones o el complejo que nos lleva a la consagración de los nombres y las vidas extrañas que nos vienen de afuera, especialmente cuando acaban en suicidio.

Lo que me dices, Rosario, es lo que espero y, me lo tomo como un gran cumplido de tu arte y de tu elemental y atractiva actitud hacia la poesía, tu desparpajo me recuerda al de Concha aunque seáis muy distintas; ella en la onda de Carrol, tú persiguiendo la longitud creciente de la nariz de Pinocho, ella deliciosamente loca, tú, gran observadora de la realidad, dejando títere sin cabeza con una ironía medida. Pero sé que soy un divulgador natural y espontáneo que ha empleado más de una hora en colgar algunos posts que no suele leer nadie. Es muy duro para un cantante expresarse con convicción ante unas gradas casi vacías con gente con miedo como si habitara en su cemento frío un coronavirus permanente.

Me ha costado mucho trabajo comprender y no acabo de admitirlo de buena gana que no me parezco al Dostoievski que indaga con desesperación en los más oscuros recovecos de la naturaleza del ser humano en las situaciones más atormentadas y controvertidas, esas que lo llevaron a escribir una obra grandiosa con una introspección psicológica que aún no se ha superado y que le arrastró en su propia vida hasta la muerte.

Muchas gracias, Rosario, por tus cálidos comentarios.

Avalancha

 Te vas lejos, lejos de mí

pero te siento cada vez que respiras.


(Epílogo - 1971)

Como todo en la vida, hay canciones buenas y malas, después les añadimos adjetivos y gradaciones, otras que no son ni una cosa ni la otra a las que su tibieza les impide que lleguen y se pierden en el camino, y otras a las que solo las podemos llamar por su nombre, de tal forma representan algo único que solo puede cruzarse en la mente de un elegido. Avalancha es una de ellas. Yo hubiera querido que Leonard Cohen cantara en español y poder degustar así cada una de sus palabras, quedarme con cada uno de los matices de su voz dolorida y temblorosa, directamente, sin tener que acudir a intermediarios. Ni siquiera el Dylan de "Blood on the tracks" supo afilar con tanto resentimiento las espinas, ni entregarnos los hierros que dejan sangre en el camino con tanto desasosiego.


El sempiterno poema de amor es tratado con crudeza y realismo no exento de un romanticismo que se rebela con fuerza contra el fracaso, contra el destino aunque sea en su vertiente escarpada y trágica. El cantante desgrana sus nada complacientes palabras como si el odio pudiera liberarnos de un amor cuando nos duele, como si las cenizas de lo otrora venerado y perseguido pudieran provocar nuestra indiferencia mientras esparcimos su memoria en el viento, como si desear fuera siempre el comienzo de una amarga derrota.


Cohen decía en uno de sus enigmáticos poemas que hablaba del silencio porque sabía mucho de él, que le entregaba a su amante como regalo un poema que había surgido de las entrañas del silencio.


Es muy probable que la amante de la canción fuera otra, dado que en ese tiempo en el que encuadramos "Avalancha" y en el que, posiblemente podemos situar "El regalo", el poeta era un enamoradizo impenitente, pero eso no quiere decir que no viviera cada amor como si fuera el definitivo o que no sufriera la indefensión de quien se siente desnudo y monstruoso ante la mirada de la amante que ha cambiado su discurso, que empieza a ver un alma torturada donde en algún momento vio una estrella resplandeciente, que no hay nada más amargo que cambiar los besos por reproches, una sonrisa por un gesto de desaprobación. Los amigos del amor romántico un tanto ingenuos encontrarán en "Avalancha" un atentado cruel contra sus ideales de la belleza en la poesía, ese tipo de personas difícilmente podría apreciar el valor artístico de un Cristo crucificado de Matthias Grünewald e, incluso, del Guernica aunque no lo dirán porque saben que encontrarán una avalancha de opiniones contrarias ya sea por convicciones sinceras o como un ejercicio de esnobismo mal asimilado. Cohen no buscó nunca satisfacer a ningún público, nunca alcanzó las cotas de popularidad de otros cantantes, pero tenía claro su compromiso de artista verdadero y aquí lucha por sacar algo de luz de las tinieblas, algo de amor en la tortura, algo de belleza en lo grotesco de un contrahecho moral, construir un altar con los restos del naufragio.


El título del álbum en el que está inserta es Canciones de amor y odio, uno se pregunta adónde ha ido el amor; Avalancha es sórdida, sombría, una canción de culto para los deprimidos que lo apuestan todo a la sensibilidad, vaga por los recovecos negros de la desesperación, cuando todo ha terminado y no se sabe cómo decir adiós, cuando se odia tanto que todavía se ama.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Ceuta: Sombras de la Bahía Sur de Ceuta


I

A Pascual López, por su Humanismo sincero y su bonhomía.


"...hablarle a las nubes

es abrir un balcón donde se escucha el silencio de los pájaros."

(Vicente Martín - La Chica de la foto (II))

I

Es triste que no vuelvas a mover el destello

tibio de la colina en los brazos que sienten

la voz apasionada

que yace entre los olmos

camino de la Huerta cada día

y el cálido capricho de unas manos desiertas

en tu camisa clara entre los pensamientos

que lleva la miseria del arroyo

aventando las ramas profundas del azul,

la caricia que sufren


los labios de los vientos,

la humildad entrañable de la higuera

donde juegan sonrientes los niños que perdimos.


Es triste que no vuelvas con tu sonrisa amplia

a dejarnos la imagen

exhausta y fugitiva de la muchacha oscura

que ahoga la verdad, la fuerza y los sentidos

del forzado que nunca tuvo alas

y vuelve a sus caídas relatando la crónica

nocturna del amor cada mañana

abrupta como un paso que lo espera

en un Estrecho extraño que vierte su amargura

al Poniente que acecha a la alegría

cuando la tarde muere entre las rampas,

palidece y no llega a la orilla del templo

mientras muge en el Hacho la sirena

en el taró de agosto que aparece en diciembre

cuando las niñas penan la copla del naufragio

que gime en sus entrañas

y mustia volotea en la puerta entreabierta

que empuja Punta Almina hacia los duelos

en las ruinas del faro, en la voz de la muerte

que se adentra en los ojos vacíos de las sombras.


II


Lloraba el niño del velero y se quebraban los corazones

angustiados por el testigo y la vigilia de todas las cosas

y porque todavía en el suelo celeste de negras huellas

gritaban nombres oscuros, salivas y radios de níquel.

(Lorca – Paisaje de la multitud que orina)



Pienso que esa muchacha del alba que no llega

llevará extendida en el regazo

la sábana de un mártir

que no supo morir entre los muertos,

que sigue caminando entre las sierpes,

y vuelve a su dolor en sus pupilas,

el grito de una hoguera que rompe los vestigios

de la voz de los presos torturados

que llorando aparecen en la luz de la Luna,

el drama del atún que tiembla en la bodega

y tiene el mismo nombre que un torpe marinero,

y colgada en el mástil

la misma dirección que lo delata

y siente Europa lejos, amarga y sumergida,

y la turbia marea se mueve en el arroyo,

en la Laja inundada

por la nube y los sueños de un poeta

que busca los vestigios de amor en las orillas

y encumbra la añoranza de un ósculo en los charcos,

en la arena desierta

con un decir de ritmo alargado que hiere

y atraviesa la huella que mora en una rada

y muere en la memoria

del almacén de redes que aprendió otro rezo

que prende y no ilumina,

y la sonrisa estrecha

que añora su pasado en la fuente callada

ya no puede alentar un barrio moribundo

arrastrado en la alcoba de los niños

mientras las barcas buscan del monte la bandera

que no tiene color,

que agita en los periódicos los látigos del mundo,

y un cementerio herido, por la rabia azotado,

por la yerba, la cal y la injusticia

que anuncia en su rostro la vileza del mundo

y ahoga en el misterio del cante su quejío,

en las velas que sufren su olvido en la Fragua

del dios de los gitanos que proclama en el vientre

de la noche su agonía y vaga en el exilio,

la angustia del viajero

que no halla la ruta de los lazos que puedan

amarrar las soledades

en los signos borrados por la senda del agua,

en el delfín que sufre las dagas de los botes

que huyen de la ruina.


El aullido del puerto perdido en los papeles

lacera y acorrala

la evocación sentida de los nichos sin nombres,

de los santos de piedra que pasaron

entre flores y lágrimas meciendo la locura.


III


He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales

dejándome la sangre por la escayola de los proyectos,

ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas.

Y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura.


(Lorca - Navidad en el río Hudson)


Esa niña que muestra

el manto de su olvido y su ignorancia,

el vuelo desvelado de su imagen rendida,

el llanto de la Virgen

acosada por el fervor postrero

de salmos que acorralan su capilla

recogerá las sábanas de los cuerpos ardientes

y el rumor de eucalipto que embriaga la Bodega

donde sufren los lirios

bajo el graznido torvo de los cuervos

el doce de diciembre,

bajo el púrpura gris envuelto en los fenicios

que rompieron su ruta en la esquina de un beso,

de los requiebros rotos, sumisos y angustiados

que sus venas no encuentran en el curso

callado de las olas donde vagan los pobres

que no muerden ni hablan en la orilla

cuando las amapolas abandonan la sangre

y arde oscura la copla en la noche más densa.


Esa niña que agita su bandera en el agua

se enamora del hombre

que acude cada día a la oficina

y archiva los misterios

pensando que el amor no se ha perdido

aunque hunda sus lágrimas

en el mástil de un Wall Street sonriente

mientras los tiburones socavan los cristales

y escupen el cemento en las fronteras,

en el regazo roto del Hudson que se encoge

y gime por la estatua que entregó las cadenas

al Cristo que no encuentra su camino en el hombre

aunque los crisantemos

mueran cada noviembre mirando las gargantas


rasgadas por el rastro perdido en los jazmines,

en las Piedras Mellizas

que acogen la ternura y el olvido

de un niño amortajado en un sudario bruno

que le cierra los ojos como si fuera un sueño

y le rompe la frente en un lienzo sin marco,

aunque la espuma ahogue los brotes de esperanza

y la sonrisa pierda

su fulgor en un íntimo lamento,

aunque en el Tarajal

resucite la sangre de los muros

y una novia no busque

la senda enamorada de los labios

ni el templo de la playa que rema en el levante

donde posó sin manos, sin saberlo

una frágil corona

de alhucemas en la tumba vacía

donde los altos vuelos encallaron

y los castillos recios de vanos enlucidos

cayeron en el rostro

descarnado y amargo de la muerte celosa.


Epílogo


Ahora solo queda ladrar contra el olvido,

encender una vela en el vientre

de los versos que pasaron

mientras sonaban los remos de los luceros en el alba,

cegados por la mano de la luna,

mientras la golondrina se adentraba en la tinta que nos aleja

y la muerte escribía una plegaria con sus alas

trémulas sobre la sangre

donde cantaron su última soledad los náufragos

que se ahogaron en el desierto de las aguas.


[JUSTIFY]12 de Diciembre de 1948; Fecha grabada en la memoria de los ceutíes de cierta edad porque se produjeron los peores naufragios que se recuerdan, se vieron implicados varios barcos pesqueros, de algunos se ahogaron todos los tripulantes y lo mismo ocurrió con algunos barcos que transportaban carbón. Los hijos y nietos de aquellos hombres y sus amigos no fuimos informados de la dimensión real de la tragedia aunque no se nos ocultó y 12 de Diciembre era más bien el nombre oficial de la popular “Barriada Pescadores” donde estaba una escuela entrañable en la que hacíamos 5º de primaria exclusivamente los hijos de pescadores. Cuando escribí el poema, en 1983, aunque no estoy seguro del mes, yo solo tenía conciencia del naufragio de un barco, El Lobo, que curiosamente sí tuvo supervivientes, y aunque eso le transmitía al poema un sentimiento de muerte y melancolía, estaba falto de datos que desconocía. Pienso que aquel naufragio implacable produjo rabia, impotencia y dolor, el que se ha producido ahora (La Tragedia del Tarajal) también causa vergüenza, ¿Hasta cuándo tendremos que soportar estas lágrimas lúgubres?

martes, 25 de agosto de 2026

En la mirada de la noche (Versión junio 2020)

 A Roxane Aristy, ha muerto Camarón

pero sigue el cante porque es tan grande

que nació herido de muerte.


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Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

(Lorca - Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías)


I


En la mirada de la noche.


En la mirada de la noche donde expiran los olivos,

en el verde de silencio oscuro y cerrado de los campos

donde alumbra sin brillo

una estrella que tiembla

con timidez de niña enamorada

voy midiendo los huecos del camino[ii].


Y no se lleva el miedo que la luna sombría

acaricia en su tela de araña que muerde,

y no mira a los locos

que sueñan la maleza del llanto de los grillos

que no pueden romper la aurora con sus éliitros

ni el delirio infantil que acunan los carteros

sin palabras de amor,

sin esquelas ni huellas gimiendo en los tejados

donde sufren los hombres y sangran los poetas.


II


Hay un jardín que muere en el patio de los miedos

donde canta la alondra

que lloraba sin luz

en lo turbio y estrecho que vuelve de una infancia[iii]

y no encuentra palabras para explicar tu canto,

y entre escombros agolpados contra el muro

la tristeza se esfuerza

por ofrecer su lecho de raíces a unas plantas de Oriente[iv]

que no verán el polvo de sus primeros pasos nunca más

como tus ojos,

en un barranco donde no habita una estrella

que los guíe,

oscuros, deslavazados, apasionados, muertos,

en el libro amarillo[v] que mostrara tu hondura

ante mi asombro de niño,

en la palabra de amor que desplegó tu boca hacia los tristes,

hacia los que nacieron arrodillados

ante el peso infinito del estigma invisible[vi],

hacia los que tienen hambre de amapolas

de montes rotos que imploran su olor a tierra,

la melancolía de su ocaso

que nadie mirará mientras duerman los dioses

entre sábanas blancas tendidas en un mísero cordel

y la canción que hiere en las tinieblas

de las cinco en punto de la tarde[vii].


III


En una noche de agosto te marchaste Federico

cantando una soleá con muerte de seguiriya,

con un maestro de escuela y con dos banderilleros

con los ojos de aceituna y negra y roja bandera.


Para hablar a los silencios de tu cálida tristeza,

de tu fresca alegría

para que te consuelen en la muerte que llevas

con la sombra de Ignacio gimiendo en los arrayanes,

para que te recuerden los trinos del amor

al que otros escupen y apuñalan

en las aguas cristalinas y puras de la Vega.


Para que se marchen los comisarios viejos

de la sonrisa exacta que caminan

con sus cruces sobre los hombros de los tristes

y esgrimen en el aire sus látigos del orden

que gobierna la muerte en la esquina del nocturno[viii].


IV


Federico ausente


Yo en este rincón donde no llega

el aire que he buscado con ansia y amargura

pensando en la aspereza

de las lenguas que insisten con medallas de cieno,

en esta tierra mía,

cansada de llorar por quienes la llenaron de elegancia

y la preñaron de ternura,

en cegar la mirada del jilguero

que no aprendió a volar y cayó en agosto,

encadenar el llanto que derrama

el hombre bueno y libre[ix],

desenterrar las flores, apartar las estrellas,

en manchar la hermosura de tu figura y tu acento,

despojar a los santos de su mensaje íntimo

y masacrar la rosa en los labios del profeta.


V


El poeta y la muerte


Yo acorralado

en este desconcierto de palabra cautiva

que no verá su curso natural cubierto con requiebros

de amante a la ventana y coplas en el aire;


Granada ya no es Granada,

es una charca de sangre

en esa noche ardiente de partituras huecas

que lloran la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones

que no temen las balas donde sus ramas duermen

y siempre escapan prestos del canto del verdugo.

Y, al fin, llega el poeta

con su traje de loco que no encontró destino,

su valiente alegría

masacrada en los salones de la camisa azul

con la cruz en la mirada y la muerte

en las entrañas,

con el corazón quebrado por una pena

que brama,

sangra, duele, pero no sabe expandir

en los labios que la tiemblan, la precipitan, le cantan

los bardos por seguiriyas

y sitúa los huecos que arrastran a un rincón desconocido

entre el polvo y los espejos de un barranco[x] aletargado

cuya senda nunca ha sido ni barrera ni quebranto

que levante el vuelo alto derramado

en tus pequeños ojos

infinitos.


VI


Por eso canto,

para recordar la emoción del niño

que mira a sus mayores agradecido y obnubilado,

canto por esta senda perdida que cubre la soledad del mar,

los quejíos del monte y el dolor de los recuerdos[xi],

por este eco profundo

cuyo lamento no escucho pero llora y me asalta

en el rostro inundado por la gracia de aquellos

tocados por la elegancia,

prendidos por la cintura de un torero enamorado,

de una bandera bordada y su Marianita[xii] ausente.


Canto para enmarcar la brisa pasajera

del cómico ambulante,

de los iletrados que llevan en la sangre la poesía[xiii],

de los andaluces que tocaban las palmas con espanto

cuando en el Tarajal se estiraba la muerte,

de mi pequeña calle donde sigue mi madre

aunque digan que cerraron sus ojos para no verme

borracho y melancólico[xiv]

sintiendo otra bandera...


Y siempre encuentra abrigo en el pecho de los sauces

que viste a Federico triste, frío, muerto, sin sudario[xv],

en la hondura temeraria que el levante no se lleva,

en el poema de luz que se hunde en los estanques

donde Millais expira con una novia ajada[xvi]

y suspira entre los mirtos mientras los sueños se detienen;


“…tuve un amigo, tuve un poeta

que rimaba las nubes y el agua quieta[xvii]”.


John Cornford, poeta inglés, moriría en Lopera, unos meses después que Federico, entre los olivos. Tenía veintiún años y un día, como los inocentes el 28 de diciembre de 1936.

[ii] Luis Cernuda.

[iii] Gustavo Adolfo Bécquer; “Del salón en el ángulo oscuro”.

[iv] De la India.

[v] Un libro de PREU que encontré tirado en un pequeño barranco en la playa de La Fragua, lugar de culto para los gitanos y los que no tenían rumbo y bebían vino desde las primeras horas de la mañana.

[vi] La injusticia aleatoria que denuncia en Poeta en Nueva York. Creo que el poema era “Romance sonámbulo”. Recuerdo las tres rimas de Bécquer, en cambio.

[vii] Federico García Lorca: La cogida y la muerte.

[viii] Para saber que no todo se ha perdido. Lorca; Nocturno del eco.

[ix] Carlos Cano cuando emocionado evoca a Diamantino.

[x] Parece ser que Lorca pasó sus últimas horas entre Víznar y Alfacar, en un barranco de este último pueblo se piensa que se encuentran sus restos; los españoles tenemos a los mejores poetas pero no amamos la poesía.

[xi] Emilio Prados: “Jardín cerrado”.

[xii] Mariana Pineda que fue asesinada por bordar una bandera liberal en los tiempos terribles de Fernando VII.

[xiii] En el Tobogán, mi pequeña calle de tan sólo catorce viviendas, había analfabetos que disfrutaban cuando se les leía poemas de Lorca, Antonio Machado, Bécquer…

[xiv] Antonio Machado.

[xv] Ven acá muerte, ven acá / y que se me entierre bajo un triste ciprés. (William Shakespeare).

[xvi] La muerte de Ofelia.

[xvii] Manuel Pareja Obregón: Llora Granada cuando sale la luna.

Canciones de Sabina

 

1

Cerrado por derribo


Hace tiempo que encabezo mis opiniones con el "creo", el "pienso" o el "quizás", y eso es así porque he aprendido a reconocer que me había equivocado en cosas de las que me sentía muy seguro, porque he comprendido que creer en Dios no es hermoso si no se tiene una duda sobre su existencia. Creo que el Sabina que despedía un milenio y se asomaba a otro ya había dejado canciones para que se le recordara, pero es en este período en el que forja el resplandor de su leyenda de hombre derrotado pero no vencido aunque no haya dedicado una canción a los samnitas o a Pirro. Desconozco, como tú, los entresijos de una canción que siempre encontrará a alguien que la quiera escuchar sabiendo que habla de sí mismo y de su propio desconcierto ante el paso de los años. ¡Qué no daría el viejo y ya entrañable Joaquín por volver a sentir el temblor de asomarse a los cincuenta!


Sabina estuvo años forjando una leyenda de libertino urbano, tierno en las asperezas, rebelde hasta con su propia estampa, iconoclasta del jueves con Joaquín e inmisericorde con Sabina, y lo hizo francamente bien con canciones que todos tenemos en la cabeza que les niega que se desplieguen en el olvido como una bandera que se enamora del aire y no representa a nadie. Después estuvo años intentando sin contemplaciones deshacer esa leyenda que no era verdad ni mentira y llegó la inmortalidad con tres discos irrepetibles. Es un privilegiado que alcanzó su plenitud a la edad que muchos habían plegado sus velas incapaces de manejar los vientos que habían cambiado, supo encontrar un rumbo incierto en la deriva con la humildad forzosa de aquel que solo sabe que no puede engañarse a sí mismo y encuentra el arte en la belleza mórbida y decadente de sus propias ruinas.


2


Como un dolor de muelas


La madurez se alcanza cuando piensas con sinceridad que te puedes morir el día siguiente. Cuando es verdad sirve de poca ayuda a los otros, nunca nos creemos las palabras de alguien que va a morir, tampoco las de aquel que piensa que va a vivir para siempre cuando muera.


Sabina firma las palabras de otro, en este caso las del subcomandante Marcos, y logra una de los aportes más brillante a su colección de disparos a bocajarro, a este mundo en el que vivimos que parece enfadado con la verdad; cuando aparece lleva con frecuencia el desgaste por el paso de los años de Joaquín y los mordiscos de su deriva quevedesca.


Cuando solo nos queda la verdad de nuestro pensamiento, ese que nos recuerda que aparecieron otras arrugas en la frente de nuestros amigos, que nuestro cabello se llenó de sal amarga, que nuestro corazón dejará de latir sin saber que se habrá hecho de nosotros, cuando perdemos el miedo de morir porque, como diría Pablo, la vida no vale nada, y luego sueñas que estás despierto para volver a dormir.


Tara21 de octubre de 2017, 1:08


Cuentan que escribir, componer… es un acto privado e intransferible. Me desconcierta un poco este ¿encargo? Del subcomandante Marcos a Sabina. No se la parte de la letra de uno y de otro, aunque hay una simbiosis singular hasta el punto de ver en Sabina otro Sabina, como capas superpuestas perfectamente encajables. Es verdad lo que afirmas, el mejor de “los disparos a bocacarro”. Una canción gesto con su voz tan devaluada que emociona de puro desgaste. ¿Cómo quedarse impasible ante esto?


Como si llegaran a buen puerto mis ansias,

como si hubiera donde hacerse fuerte,

como si hubiera por fin destino para mis pasos,

como si encontrara mi verdad primera,

como un suspiro profundo y quedo,

como un dolor de muelas aliviado


Francisco, eres poeta hasta haciendo críticas tan asertivas y acertadas como esta que nos ofreces, sobre todo en su tramo final


Nota.- Anoche, antes de irme a la cama me pareció leer algo distinto en esta entrada, no se si era que estaba destemplada por culpa de la gripe o qué.


Francisco Enrique León3 de noviembre de 2017, 2:36


La letra de esta canción tiene mucho de su firma aun en el caso de que no hubiera escrito ni un solo verso hace suyo el mensaje con una sinceridad que hiere y nos deja un halo redentor como si hubiéramos dejado el alma en cada golpe de voz. No podemos imaginar el "Aunque tú no lo sepas" sin el fantasma de Enrique Urquijo sobre el escenario del Galileo, sin el maduro adolescente que siempre fue Sabina deshojando el farewell de los besos que vienen y se van.


3


Por el bulevar de los sueños rotos.


Mi corazón se está quedando en el Madrid cosmopolita y mestizo, no lo puedo evitar, admiro a los camareros de los bares que frecuento esparcidos abundantemente en la cercanía del Sol, cada vez más diversos y eficientes en su acento y en su piel. Un Madrid cada vez más humano, como dijo Blas de Otero fieramente.


Aquí Sabina se pasó varias estaciones sin repostar. Directo y a las sienes de Chavela Vargas y su cruz de olvido, sus míticas borracheras y sed de sexo y de arte, su corazón en todas partes, pero primero en Madrid.

Joaquín me dejó con las ganas de haber compuesto una canción así, él y yo, andaluces, de La Elipa. Hubo un tiempo en el que desconfiábamos en los caprichos pretenciosos de nuestra gran urbe, ya tiene nuestro corazón, ya vibra con nuestras lágrimas, tan bien derramadas como están en honor de la gran e indomable Chavela.


4


Que se llama Soledad


que ser valiente no salga tan caro,

que ser cobarde no valga la pena.


Ayer un compañero nuestro me llevó a Claudio Rodríguez, no era la primera vez que lo leía y volví a encontrarme con lo mismo; admiración y desapego, hay algo que no conecta entre su sensibilidad y la mía, pero siempre percibí que me encuentro ante un gran poeta, que ya lo era apenas con 19 años.


Sé que a otras muchas personas les habrá ocurrido algo parecido, los que escribimos poemas siempre estaremos marcadoos por los poetas que nos llegan pero podremos ayudarnos de apreciaciones casi objetivas; dominio del lenguaje poético, léxico, ritmo, pausas, azares constatables... para reconocer que aunque no nos sintamos a gusto leyéndole nos encontramos ante un gran poeta, pero entramos de lleno en otros cuya principal virtud para nuestros ojos es que nos concilia con nuestra condición de hombres. No quiero decir con ello que Joaquín Sabina no tenga recursos poéticos, ni mucho menos, pero cuando pase el tiempo, ese dios implacable que pone a cada uno en su sitio, no será su técnica ni su habilidad con la pluma las que permitan su recuerdo, serán aquellas sentencias entreveradas, a veces en una canción no muy afortunada y el alma de lo que decía en apenas dos versos que implicaban su conocimiento de la naturaleza humana. Joaquín no tiene nada que ver con el Príncipe e intuyo que se siente dichoso de que así sea, ha sabido atravesar los pasillos sonrientes donde jugaba a ser feliz la criatura de Wilde y quedarse atrapado en el palacio de las preocupaciones donde el placer y el deseo tantas veces nos roban la sonrisa.

Una curiosidad, aunque parezca imposible, esta canción no la escribió Sabina.


5


Esta noche contigo


Voy añadiendo posts a mi colección que ya no adorna los pasillos, desde luego que Sabina no ha encontrado en mí un buen embajador, pero hago lo que puedo con las mejores intenciones, sin saber la razón, ya sé que vivo en el país que se ha empeñado en dar calidad de bueno a lo mediocre mientras los santos vuelven a irse de paseo,


Creo que merece la pena medir los versos de Sabina, son inmensamente largos, como una cita bíblica sin Dios que la corrija, como ese sueño que perseguimos y que lo mejor que nos puede pasar es que no lo alcancemos. España tiene muchas cosas malas, pero tiene cosas buenas que pueden ser objeto de estudios minuciosos; ¿Cómo es posible que tengamos tan buenos escritores entre tanta gente que no sabe leer.


Sé que Joaquín verá con buenos ojos que María le robe la cartera, que quiere mucho a la Jiménez y se siente orgulloso de haberle servido en bandeja de plata una obra maestra perdurable.

6


Peces de ciudad

Tus manos temblorosas esgrimen el papel

donde Byron dibuja la Hélade soñada,

y ya no quedan barcos para buscar las islas.


Estamos de acuerdo en que debemos llevarnos lo vivido, que lo más grande que hay no son las letras de cambio, en desuso hoy en día pero sustituidas por unas cláusulas más implacables aún con su letra pequeña en la que se suele decir que el diablo vendrá por tu alma teniendo al banco como intermediario, que hipoteca es una palabra amarga en la que los trabajadores nos dejamos media vida, que cuando habla el maestro del conceptismo urbano los parlanchines vacuos callan y los chalados nos arrimamos para ver si se nos pega algo, tarea harto difícil, ya que Joaquín estará en el barrio de las Letras cambiando ingenios con Quevedo.


Esta joya no funcionó ni bien ni mal, no estamos en disposición de exigir demasiado a un público acostumbrado a escuchar el sonido estruendoso de los platillos cuando se le advierte que llegan los aplausos mientras suena la ejecución rockera y farragosa de la maravillosa, dolorida e imperturbable princesa del recuerdo, cuando Madrid no era una fiesta y no quedaba cera para esculpir una herida más en lo perdido.


Pero mirad nombra a Brel y convierte a Amsterdam en una mujer que nunca pasa por nuestra calle mientras se desabrocha el último botón de nuestra camisa y sonríe con malicia porque sabe que ha enterrado contra su pecho el candor de nuestra mirada más peregrina, y se empapa del polvo de Desolation Row cuando Dylan sabía llorar y emocionaba a pesar de las limitaciones de su voz, y eso me pone un montón, me la quedaría solo por eso y tiene más, tiene poesía y sentimiento, tiene crítica social y un estribillo derrotado que vence al tiempo.


Un genio en el apogeo de la soonrisa irónica y amarga no exenta de ternura, un poeta sin más límites que su propia imaginación, un músico que desaparece para entregarnos sus cenizas llenas de vida y sinceridad en un urna que ama, como la mañana al sol, al ruiseñor nocturno de un jovencito inglés tísico que agoniza en la Italia eterna que nos pertenece desde que vimos la luz.


¿Si me gusta Sabina? No os lo ibais a creer si dijera que no. Es el más grande, con permiso de su primo el Nano. Serrat es demasiado grande, ya peregriné al portal de sus primeros pasos, de su niñez breliana de soñador que enamora a los vientos y, sin embargo, Joaquín ha ido con él de la mano, Serrat ya no es Serrat, se dejó el corazón en Piel de Manzana, Joaquín dio lo mejor de sí mismo cuando se adentraba peligrosamente en los cincuenta, cuando dejó de mirarse en el espejo y reservó el grito para aliviarse de un dolor de muelas.


7