sábado, 14 de julio de 2018

Billie Holiday - Extraño fruto





Los árboles del Sur tienen un fruto extraño
con sangre en sus raíces,
sangre en sus hojas.
Los negros se remueven  con los vientos del Sur,
con esa fruta extraña que cuelga de los álamos.

Idílicas escenas llenan el Sur amable
entre los ojos mórbidos, las bocas indignadas
y el aroma de magnolias
 plácido y fresco
que cercena el olor ardiente de la carne.

Aquí dormita el fruto que los cuervos arrancan,
que la lluvia recoge,
inspira el viento
y pudre el sol,
cuando abandona el árbol
se amasa una cosecha penosa y extraña.

(Abel Meerepol - 1939)


lunes, 9 de julio de 2018

En la lluvia del recuerdo






Llueve en las soledades quietas de la avenida,
sobre los institutos que guardaron tu huella.

Quizás de este naufragio me quede con la cita que hago de un poema mío de 1998. Es difícil explicar a alguien que no escriba el esfuerzo que puede costar dos o tres minutos de lectura cuando viene exigido por algo que no comprendes y a lo que sin embargo quieres dotar de una coherencia con respecto a tus exigencias sentimentales e ideológicas.  Por esa razón me sentí tan bien cuando decidí que no lo tocaba más (no fue del todo cierto) a pesar de que escribirlo no fue precisamente una experiencia placentera.
15 de marzo de 2013


No encuentro el punto de sentirme a gusto cuando escribo, tendría que hacerlo porque me gusta realmente escribir, pero no es así. Para colmo el otro día, mi mujer me viene con un artículo en el que Antoine de Saint-Exupéry queda en entredicho en su relación con Consuelo, a la que yo tenía como un auténtico tormento para la sensibilidad extrema del autor de "El pequeño príncipe". En fin, nos queda Robert Jordan,  ya que es un personaje de ficción y no le podemos descubrir más de lo que muestra la novela por mucho que tenga el rostro de Gary Cooper, y mi amigo que siempre será el mejor amigo que ha habido.
30 de marzo de 2013

Representa un poco lo que buscaba en los últimos meses (se me han quedado sin concluir tres o cuatro poemas de corte parecido, precisamente porque no acabo de encontrar en ellos lo que buscaba) aunque, no tenga mucho que ver con el asombroso poeta francés en el estilo, casi siempre muy clásico en la forma, una de las características que más aprecié en él y que pude disfrutar en toda su extensión, gracias a la generosidad de un autor alemán que la analizaba a fondo en su blog  “Paroles Brassens”, era la de enlazar hitos sentimentales, literarios, hechos históricos, anécdotas personales, e intentar por todos los medios suavizar las brusquedades que pueden resultar de todo ello, hacer creer que todo podía pertenecer a una misma línea narrativa. No sé si lo he conseguido, pero, en este caso al menos, me queda la satisfacción de que, quizás, no me he quedado muy lejos.
4 de abril de 2013

Escribir este poema me puso de los nervios, y todo por buscar una coherencia absoluta con lo que pienso, con lo que me ha pasado, con el sentimiento del amor tal como se ha desarrollado en mi vida. En estos días ser diferente no es una indecencia, se ha convertido en una tortura.
11 de mayo de 2013

“Me gustaría pensar que la gente en los bares habla de mi poesía.”
(Philip Larkin)

Quizás queden los bares para hablar de poesía, quizás lo importante sea el intento y que podamos recordar con un cariño similar aquellos poemas de los que hablamos y aquellos que se quedaron en el camino. Casi siempre es preciso perder muchos poemas para encontrar uno que verdaderamente merezca la pena.

13 de enero de 2014

La luz del sol sigue madurando,
lejos andan los vendedores ambulantes;
sigue agriándose la tibieza del verdor en los mercados
del mundo,
por las calzadas de indecible perfume,
en las orillas de los mares, al pie de los volcanes.

(Pasolini – 1962 – Traducción de Guillermo Fernández)

Hace unos días leí Las hermosas banderas al fin, en castellano, no sé italiano, y observé que es un poema irregular, que, probablemente, técnicamente, está muy lejos de la obra maestra de Neruda, pero me detuve atentamente en dos largos pasajes y no pude sentir sino fascinación; fluían los sentimientos encontrados, sintetizaba sentimentalmente la historia de la Italia convulsa de la posguerra, apelaba para neutralizar el veneno al intelectual convencido de que había dejado de creer en Dios y arremetía amargamente contra el consumismo emergente que perdía volitivamente la huella de la piedad para vestirse con un ropaje positivista que destrozaba los lazos familiares, los contactos íntimos con las personas que compartían el tiempo y los pesares con nosotros y defendían la sonrisa ante las cornadas de la vida. Ahí me veía yo intentando decidir entre un poema, casi perfecto (a cualquier poema en verso libre le encontraremos defectos), que tengo canonizado desde que tenía 17 años y un poema irregular, discursivo, humilde, en fin, humano.

4 de marzo de 2016

Nadie me quiso hasta que tú llegaste
y esa fue la razón por la que nunca
supe ser amado,
no distinguí los brazos de las cadenas,
el calor de la nieve, el frío de la llama,

el triunfo del fracaso
y muchas veces 

tuve que mirar en la muralla de tus ojos
las cumbres de Gredos
que cruzamos entre las manos y las curvas
esperando el autobús en una vía desierta
mientras se agigantaban las garras de Hinault
sometiendo Serranillos en la calle escarpada
de los novios de la muerte,
que escaparme de casa para que no me vieras
como un muchacho que asciende el Tourmalet

porque ya no encuentra
su lugar en el barrio mutilado de la infancia,
ni una familia confusa que ha perdido el nombre
en el maillot desgarragado de las últimas heridas
en el laberinto de la comodidad
mientras lo escribía sobre la lluvia y los adoquines
en el Infierno del Norte
cegado por las luces mustias de la cuneta
de los gregarios atrapados 
en la montonera de la modernidad
por la indiferencia de los faros que persiguen los laureles
y levantan el barro que se acumula en los rostros
y en la sangre
de los vencedores y de los vencidos.

Me costó concluirlo pero después, era como si el poema se hubiera independizado de mí y quisiera ser reescrito constantemente, no me ocurría algo parecido desde que tenía 22 años con un relato. No me preguntes por qué razón concreta, sentí la satisfacción de haberlo escrito, de liberarme de él, quizás por esas personas con las que compartí una buena parte de mi vida o por aquellas otras con las que disfruté de un momento especial que se recuerda siempre y pensé en Brassens porque era poeta y porque nació en el Cementerio de los pobres.

22 de enero de 2014

Quienes hemos nacido en ciudades con una importante presencia militar aprendemos que solo aceptan que estemos con ellos o contra ellos, entre estos últimos destaca, por su repulsa radical, una minoría de hijos de militares que se declara en rebeldía contra la mente cuadriculada de sus padres. Nada nuevo según el refranero, pero significativo.

         Conocer la lógica militar durante el franquismo era quedar aterrorizado por el culto al servilismo, la violencia y la muerte. Me consta que algo ha cambiado, pero no lo suficiente, sigue habiendo nostálgicos incluso entre personas jóvenes que no conocieron al caudillo y el terror doctrinario que ejercía sobre la inteligencia del hombre de la calle.

         La clase dirigente, burguesa y estirada que nos ha vendido participa del amor al dinero y de un entusiasmo pueril por los militares para los que prepara un marco adecuado para que puedan exhibir sus uniformes nuevos, sus viejos himnos, su disciplina ridícula y sus medallas.

         Entre los profetas solo son escuchados al pie de la letra aquellos cuyas palabras sirven para provocar el odio, el miedo y la sumisión a unas normas impermeables para la evolución con la consiguiente expulsión de la libertad y de la inteligencia a los lugares donde nunca llueve. En cambio, aquellos que hablaron de amor, de perdón y de conciencia individual fueron cubiertos hace mucho con el manto de la intolerancia e interpretados con un sesgo interesado que pone las antiguas palabras adulteradas bajo el control de la lengua de los sacerdotes.

4 de agosto de 2017

Siempre quise escribir un poema largo,  nunca vi la fragilidad de los grandes tan claramente como en ellos, y pienso que no es malo penetrar en las debilidades de aquellos que nos han dejado tan buenos momentos. Pienso que no es negativo que muestre mi fragilidad aunque no sea grande porque hay empresas que se justifican por el simple hecho de emprenderlas, hay quien intenta escalar el Everest simplemente porque está ahí y quien lo hace esperando un reconocimiento. Con el paso del tiempo he ido conociendo algunas de mis limitaciones, en unos casos he aceptado el esfuerzo de intentar limarlas aun sabiendo que no era una garantía de conseguirlo, en otros, en cambio, no he querido plegarme a esa tarea ingrata; no me gustan mis errores pero veo cierto encanto en algunos de ellos. Sé que a Chaplin no le hubiera gustado lo que digo.

10 de mayo de 2018

Es probable que Hemingway hubiera querido ser Robert Jordan y que, en su obra maestra, utilizara todo lo que había visto o había creído ver y apenas echara mano a la imaginación. El escritor norteamericano no fue un ejemplo a seguir en su vida cotidiana y nos mostró los excesos y contradicciones que suelen acompañar a cualquier persona cuya característica más acusada es el ansia de vivir.

         Robert Jordan no representaba el perfil idealista de un brigadista al uso; no defendía el Puente de los franceses en Madrid mientras cantaba con entusiasmo sino que dinamitaba puentes en la sierra de Gredos con la precisión de alguien que conoce su oficio y quiere llegar al fin último para el que ha sido reclutado. Su tragedia era que veía claramente la inutilidad de la que acabaría siendo su última misión y ni un solo momento pensó que debía esquivar lo que era su obligación a pesar de que la duda se removía en sus entrañas.

12 de mayo de 2018

Escribir un poema puede ser un acto de fe que nunca debemos esperar que sea comprendido aunque el fin último que persigamos sea precisamente ese. Creo que nuestra marca cultural nos empuja a intentar hacer las cosas lo mejor posible, en eso nos parecemos casi todos, pero dada nuestra diversidad nos diferenciamos en los motivos que nos llevan al intento. Para mí, ponerle una canción determinada a mis nietos puede ser más importante que escribir un buen poema. Además esto último no se sustenta por sí mismo ya que la subjetividad que se enseñorea cuando juzgamos algo que hemos escrito nosotros mismos me impide, a ciencia cierta, tener la seguridad de si es bueno o malo ese poema, en cambio aporto algo entrañable si mis nietos acaban amando la música.

13 de mayo de 2018

La nostalgia tiene un no sé qué embriagador e hiriente al mismo tiempo que muchas veces nos impide disfrutar de lo que estamos viendo por rememorar lo que creímos ver en el pasado. Un escritor uruguayo, no recuerdo su nombre aunque de sobras lo merece, dijo que sentía nostalgia del futuro, en términos parecidos se expresó el injustamente olvidado poeta hispano-mexicano Tomás Segovia en la que  fuera su última entrevista en España. Probablemente ambos estuvieran equivocados pero mostraban una firme actitud de rebeldía contra uno de los tópicos que nos es más querido. Yo añadiría que la nostalgia es el recuerdo del futuro que pasó. Al final nos engancha más la actitud de un autor que las bondades de su escritura. Es posible que Saint-Exupéry haya sido el escritor con el estilo más depurado y bello del siglo XX, pero es más que probable que hoy no estaríamos hablando de él si no fuera por su actitud y que se esforzara hasta unos límites insospechados por hacer llegar de una manera diáfana su mensaje hasta el oído menos favorecido.
13 de mayo de 2018

Saint-Exupéry y Robert Jordan murieron en distintas guerras cuando eran hombres de paz y creían en la vida. Hablo de un chico nigeriano que suele cantar en Fuencarral el repertorio de Bob Marley con un tempus muy original, sensiblemente más lento que el del jamaicano, apoyado en una voz potente y no falta de armonía, entre los que se sientan en la esquina es de los que recogen más monedas. Hablo de mi amigo que vive en Algeciras y que ha hecho que el Estrecho parezca una distancia insalvable, pero hemos vivido demasiadas cosas juntos para que podamos dejar de ser amigos y hablo del amor, eso que habría de redimirnos pero que, con nuestra complejidad actual, tantas veces convertimos en un castigo.

Observar a aquellos que no gustan puede arrojarnos a los brazos de la experimentación simplemente porque ellos lo hacen, está claro que, como otros factores que intervienen en la creación de un poema, puede ser un acierto o un error que la incorporemos a nuestra paleta, dependerá de nuestra personalidad que sea una cosa o la otra. Por mi parte tengo que decir que le tengo una gran querencia a la experimentación, un lugar no siempre muy transitado, y que animaría a todo el mundo a acercarse a ella, creo que merece la pena aunque te equivoques, puedes abordar como nuevas sensaciones de sobras conocidas.

13 de mayo de 2018

sábado, 16 de junio de 2018

Silvio Rodríguez - Medios de incomunicación



He estado al alcance de todos los bolsillos
porque no cuesta nada mirarse para adentro.
(Silvio Rodríguez)



No voy a decirte que cualquier tiempo pasado fue mejor, ya que no sería cierto, Hélène, ahí está la historia para recordárnoslo. Pero es cierto que este mundo nuestro, creo que empieza en los 60, tiene sus propios problemas específicos y los tópicos, quizás vigentes desde Horacio, ya no pueden ayudar a identificar los males para intentar erradicarlos si no es a través de buscarles una vuelta de tuerca que los adapte a los tiempos que vivimos. La Red no ha creado la inversión de valores pero es el instrumento que más ha ayudado a su expansión; todos podemos comprobar que una persona que parece culta es más querida que otra que realmente lo es, que un misántropo puede tener más de treinta amigos en una red social y una persona de buen trato en su vida cotidiana no será admitida de buen grado en la misma porque suele conducirse con sinceridad. Es posible que la virtud esté mal vista.

***

Critico la sociedad que me ha tocado vivir con una visión panorámica, reconozco que puedo pecar de caer en la grandilocuencia como tantos otros salvadores del mundo que juegan en sus ratos libres a ejercer de Jeremías. No soy un franciscano, sé que pertenezco a la misma sociedad que critico, y que participo de los vicios más característicos de mi tiempo. Carezco de una conciencia selectiva que me acerque a los problemas de puerta en puerta, que me permita empatizar con las preocupaciones de todos los días como las que tú me cuentas, no quiero decir con ello que sea escapista, simplemente dirijo el objetivo de mi cámara hacia aquello en lo que pienso que tengo algo que decir, yo no podría ser Ken Loach pero es posible que pueda situarme en la huella de Igmar Bergman, uno no suele elegir lo que quiere ser muchas veces, son las circunstancias las que lo eligen a él.

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En una sociedad desquiciada como la nuestra, en la que cualquier hijo de vecino tiene delirios de grandeza sin que quiera refrendar sus cualidades por el esfuerzo, la moderación, curioso, como en los tiempos de Montaigne, es un símbolo de valentía cuando debería serlo de equidad. Quizás nuestro problema actual no sea la evolución ¿hacia dónde? sino recuperar valores. Hoy día un profesor universitario puede ser una persona básicamente inculta, puede parecer que sea algo anecdótico, pero tiene su importancia; es la primera vez en nuestra historia contemporánea que los padres aman más la cultura que los hijos.

***




Es cierto, Hélène , que es necesario que nos quede una canción cuando algo importante se ha perdido. El lenguaje no llega a alcanzar del todo el lugar en donde habitan los sentimientos, es frecuente que cuando a través de la palabra queremos arreglar algo lo estropeemos, que usemos los recursos estilísticos no para buscar la verdad sino para intentar orientar con habilidad un discurso hacia donde nos interesa, pero hay algo que difícilmente engaña cuando escuchamos una canción, la que nos enseñaron nuestro padres, la que representaba a nuestro barrio, la que cantaba aquella a la que amábamos. Siempre recordaremos el tiempo de las cerezas, no tanto por lo que dice sino por lo que significa y lo que te hace sentir.






miércoles, 13 de junio de 2018

16 de julio





me dejas desterrado en el miedo y las sombras
a solas con el mar de dolor que me cubre
en esas olas negras que arrastran a la playa.

         (Las ramas de laurel)

En tu dolor me hieres, sin saber el motivo
castigas lo que amas en la ruta obstinada
del calderón que abraza tus orillas
y muere pensativo, varado en las arenas,
                                       provocas lo que sigue      
en el pasaje estrecho sombreando las flores
de tu vestido alegre que no llegó a a los claros
 en la fiesta de ayer,
caminas por el Cuadro abierto que engalana
la acera que retiene
un sitio sensitivo en la memoria
de la niña descalza que vuelve de la escuela
y se pierde en el aire con las rosas marchitas.

Despiertas en la calle como un árbol que sufre
y acoge su destino en la sombra exiliado,
como una enredadera que no alcanza los muros
de la noche vacía, de tu primer poema.

Eres alma de nube peregrina y cansada
como las remembranzas de un poeta apagado
que arroja la toalla de sangre en el camino
entre las Cuatro Higueras y una tumba encalada,
entre los pensamientos del arroyo
y el rostro amortajado de los sueños sentidos.

Vienes desde la muerte de una pasión lejana
que llenaron los pájaros que emigraban al Sur
y buscas la estación
que rompe el horizonte tenue de Cabo Negro,
así te desmadejas en folios y revistas
rotos por un deseo que te llama y te vive
en las fotografías sedientas de pasado
entre las escolleras de la fábrica
que no vuelve del sueño, que no torna a la vida
sobre la fuente intensa de tu boca
que canta su agonía y el alma del quejío
que lleva a la almadraba la herida de los mares,
la luz de la avenida entre los pasadizos
del templo desterrado que perdió la palabra
del galileo
y sufre en el calvario
de mujeres de negro con un himno en la frente
    que mueve la quietud de tu voz y el recuerdo.

domingo, 10 de junio de 2018

Punta Almina




Como una golondrina atrapada en las nubes,
que no puede volar y se apaga en el mástil
de una barca de muerte
cantando a la deriva mustia de su lamento.
(12 de diciembre)

He querido abrazarte en el último estadio
de la canción lejana del olvido que vuelve,
ofrecerte las ruinas que resisten las olas
del muchacho innortado que acarició las cuerdas
de tu voz fugitiva, de tu cabello al viento
y las grietas intactas de tu alma
sin rumbo que detuvo la imagen de una nube
con las alas quebradas por los aires del Sur 
y el halo de la noche
que tuve tu sonrisa cerca de la Sirena,
que vuelve de las sombras y arrincona el sudario
del rostro adolescente
que añora el sueño breve que duerme en la quimera
y destierra el mar de los deseos
a la estrella que gime en un jardín cerrado,
a las piedras que sufren la furia de las aguas,
y halla su desmesura en la medida
de la cinta de raso que aprisionó tus piernas,
en el botón de nácar que despejó tu blusa
entre los crisantemos violetas de un naufragio  
y el llanto atormentado de una sirena cautiva.