jueves, 27 de agosto de 2026

Brel - Amsterdam

Brel nunca grabó Amsterdam en estudio, la p4eparó expresamente para una nueva cita de las muchas que tuvo con el Olympia, creo que en 1964, cuando ni Johnny Hallyday en su esplendor ni Marlene Dietrich en el capítulo final de su leyenda podían discutirle la monarquía absoluta del auditorio parisino a este republicano descreído, fiel a las convicciones que se habían forjado en sus propias experiencias desde la soledad del anonimato hasta alcanzar una cumbre en la que nunca se detuvo para plantar las hermosas banderas, es posible que Brel fuera más crítico y amargo cuanto más éxito tenía, más desesperado cuanto más se movía en la tranquilidad de una vida resuelta, más despreciativo y desconsiderado con el hombre común cuanto más lo amaba, cuanto más le hubiera gustado ayudarle a que se rebelara contra su destino en la mediocridad de las supuestas buenas costumbre.


La canción prostibularia más popular de la historia tendría una réplica discreta del genial David Bowie. Le sentó francamente mal a Brel esta intromisión de Ziggy Stardust en sus dominios y cuando le preguntaron que le parecía, contestó con un desprecio evidente y una considerable incorrección política que no quería saber nada de aquel pédé (despectivo por homosexua).

No debemos tenerle en cuenta sus salidas de tono, la víctima propiciatoria de sus ataques era frecuentemente él mismo, una de sus características más acusadas es que su palabra iba tres segundos por delante de sus pensamientos y que se reía del acento que le había entregado su ciudad.

Amsterdam es un momento para la eternidad sincera y apasionada de un bruselense corroído por el fulgor de su propia inteligencia. Su épica y sana capacidad competitiva forjada en la visión compulsiva de los héroes de Ford en su niñez hizo que aceptara sustituir a una Marlene Dietrich que no quiso acudir, argumentando problemas de salud, a su cita con el Olympia el día siguiente de que el auditorio parisino fuera arrasado por el entusiasmo juvenil de los seguidores de Johnny Hallyday. Las silla rotas que desaparecieron fueron testigo.

Nota.- Leo un artículo de 2007, en él François Raubel, uno de sus arreglistas, reconoce que a Brel no le gustaba Amsterdam, lo justificaba diciendo que la primera estrofa era una tautología, que la consideraba muy primaria y que carecía de estribillo. Ninguna de las tres razones tienen que parecernos convincentes, sigo viendo interesante despojar de estribillo a una canción, insistir en una idea con palabras parecidas o intentar dejarnos llevar por nuestros sentimientos más elementales. A pesar de ello la solía cantar en los casi 200 conciertos que ofrecía al año en su época de esplendor porque el público se lo pedía, Raubel solo recuerda que la cantara dos veces en uno que ofreció en Moscú. Aclara que no fue por consideración lo del estreno en el Olympia, no le importaba hacerlo en un pueblo perdido si había terminado una canción antes de actuar en él. Yo no sé si Amsterdam es la segunda canción más popular de Brel, pero cabe esa posibilidad. Se tiene por cierto que el cantante le tenía manía a su canción más popular, Ne me quitte pas, pero no dudaba de su calidad, aquí entrarían en juego los sentimientos; quería liberarse de un sentimiento de culpa, y acabó arrastrándose, así se lo dijo Édith Piaf. Era muy hermoso pensar que no grabó nunca Amsterdam en estudio porque pensara que la representación apasionada y ciega que ofreció en octubre de 1964 en el auditorio parisino era insuperable.

III 

En la Escuela de Comercio - A. Armilo

I

Tus anhelos que sueñan en un árbol vencido,

en la hiedra que cubre la Escuela de Comercio

van subiendo la cuesta de las hojas perdidas

y no quiero enterrar

un beso amortajado que desgarra

las venas de la calle, el mar en mi tristeza

y muestra en las paredes de un antro tu sonrisa,

las palabras de antaño que mueren en la playa

escribiendo un poema de amor entre la niebla,

la impronta de tu rostro en un cuaderno

frágil y humedecido

que se queda en tus ojos y pierde tu mirada.


II


Tu mirada que piensa en el árbol cansado

de la esquina de Comercio,

con la hiedra que inunda la sombra de los muros,

va subiendo la rampa de las notas caídas,

profanando la huella de los niños dichosos,

y no quiere enterrar la queja miserable

de un hombre enamorado

que no encuentra un lugar para esconderse,

camina en su dolor por puertos expugnables

y desgarra sonriendo la voz de los mendigos,

las venas de las calles que nos vieron morir,

el aroma del mar, la luz de tu tristeza.

¿Recuerdas que querías ser John Lennon?

 A Alejandro Costa

I

El hombre de ningún lugar


Here’s a real nowhere man,

sitting in his nowhere land,

making all his nowhere plans for nobody…


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Es un auténtico hombre de ninguna parte,

sentado en su tierra de ningún lugar,

haciendo sus planes de nunca jamás

para nadie...

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Rubber Soul no es el mejor disco de los Beatles, pero puede que sea el más importante, el que fracturó definitivamente en dos su carrera. Determinó un eclecticismo inagotable, un hambre evolutiva insaciable y la retirada de los chicos de Liverpool de los escenarios, ya podían crear sin más agobios que los que ellos mismos se impusieran.


No hay disco de los Beatles al que me sienta más unido que a Rubber Soul, recuerdo la fecha, es un día señalado en mi ciudad, y la playa, iba con mi amigo de entonces y dos chicas que no tenían mucho en común excepto el nombre y el radiocassette en el que reprodujimos la cinta que nos dejaron; África, una leía a Poe, la otra las portadas de las revistas. Aquel 13 de junio de 1976 escuché por primera vez algunas canciones que siempre me han acompañado. McCartney estaba brillante, excelso en la recreación de música clásica de "Michelle" Hay quien dice que es una parodia de la Chanson más empalagosa, no me lo creo; Paul distaba mucho de ser un ignorante), se ensañaba en una parodia irreverente sobre los delirios de grandeza que dice mucho más de lo que parece en "Drive my car" (Serás mi chófer) y mostraba la profundidad de su talento y enviaba un regalo envenenado a los Byrds en la injustamente olvidada "I'm looking through you" (Te estoy calando).


Pero Lennon estaba genial, ya conocía sus dos mejores canciones de este disco, no puedo precisar cómo llegaron hasta mí. Pienso como entonces; In my life y Nowhere man (Hombre de ningún lugar) están entre las mejores canciones que Lennon compusiera, se convertía de repente en un adulto con la cabeza muy mal amueblada, no tenía la madurez y el control de sí mismo de McCartney, y se reprochaba su indeterminación, su falta de implicación con los problemas de los demás, su alienación como hombre de este tiempo que no es de nadie y sigue siendo el nuestro, su falta de personalidad para adoptar un punto de vista. John reconoció que, a pesar de hablar en tercera persona, se refería a sí mismo y la canción era el fruto de un duro examen de conciencia y un estado depresivo. In my life es simplemente un canto de amor a Liverpool y una confesión de entrega al recuerdo imborrable de su primera novia, es como una rosa que no se debe tocar.


La otra joya es Girl, con una letra fantástica dentro de un concierto no demasiado afortunado en la música juvenil acomplejada por el fulgor de Dylan que publicaba en aquellos días sus obras capitales, aunque para algunos, entre ellos los Beatles, supuso un acicate y les llevó con éxito a proponer situaciones complejas. Con sus aires mediterráneos, con su aspiración, y su melancolía, aquel 13 de junio escuché Girl por primera vez, y aún me acuerdo de ella muchas tardes. No podemos dejar de lado para terminar la fantástica y melancólica "Norwegian wood" en la que Lennon se enfunda el traje de perdedor en una historia de amor frustrada con una chica responsable que distinguía entre la diversión y las obligaciones aunque le había dejado dormir en su casa, canción que abre el disco y en la que Harrison experimenta magistralmente con el sitar además de hacer dos interesantes aportaciones.

II

Julia

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La mitad de lo que digo no tiene sentido

pero solo lo hago para llegar a ti, Julia[1].

Sé que a veces hablo como si tuviera comunicación directa con John Lennon, y esto lo digo como si hubiera alguien que pudiera advertirlo. Pero no, parece que he dado un paso adelante y algo que me parecía patético cuando lo advertía en Rafle[2] a pesar de su grandeza, hablar y seguir hablando aunque nadie te escuche e incluso cuando ponen un gesto contrariado, empieza a ocurrirme a mí y ya no me importa, debe haber algo bueno en ello cuando Rafle lo hacía.


Julia es una canción muy especial, una de las joyas, como Blackbird[3] o When my guitar gently weeps[4], del Álbum blanco, un disco irregular pero con canciones impresionantes que se vuelven más atractivas para los seguidores del cuarteto de Liverpool en tanto que algunas de ellas no son demasiado conocidas por el gran público.


Imagino que para Lennon no debió ser fácil escribir esta canción ensoñadora y entregada a la mujer a la que se la dedica; su madre. Las razones son demasiado obvias, Julia era una persona con muy buen carácter y con mucha suerte en alguna de sus decisiones, ella le regaló a John su primera guitarra, pero distó mucho de ser una buena madre; irresponsable, enamoradiza, caprichosa, abandonó la educación y la crianza de este genio en ciernes a su estricta hermana y a su cuñado, quien sería un amigo con el que John frecuentaba los cines para ver películas del oeste, y a quien le unía íntimamente compartir la misma cruz.


Julia murió atropellada cuando Lennon tenía 17 años y parecía haber vuelto, eso era lo que él quería creer. Los biógrafos de Lennon parecen querer dar más dimensión a la tragedia cuando recalcan que el coche que la arrolló era conducido por un policía borracho, eso sí, al menos estaba fuera de servicio.

[1] Half o what I say is meaningless / But I say it just to reach you, Julia.

[2] Rafle: entrañable amigo y lector compulsivo, su vida estaba en la lectura en la lectura de los grandes autores en un entorno que estaba lejos de comprender sus inclinaciones.

[3] Blackbird: Mirlo.

[4] Cuando mi guitarra dulcemente llora.

III In my life                                                   ¡Quién fuera Lennon y McCartney!

¡Quién fuera el batiscafo de tu abismo!

(Silvio Rodríguez)

Lennon y McCartney firmaron un buen ramillete de obras maestras y como decía Paul con el paso del tiempo con esa flema inglesa de quien ha sido nombrado Sir, solo hubo polémica de autoría en tres o cuatro canciones.

Lo malo es que entre ellas están, nada y nada menos que "En mi vida" y Eleanor Rigby, las dos en la tabla alta entre las mejores canciones de todos los tiempos. Cuando escucho las explicaciones y los argumentos me decanto con cierta claridad por creer que In my life, la más emblemática entre las canciones de John, lleva en el puente música de McCartney (además de los sonidos de clavicordio de George Martin en la parte final) y Eleanor Rigby lleva ideas, la contemplación de una lápida solitaria y, quizás, algún verso de Lennon. En fin, pienso que cada uno de ellos lleva razón en sus reivindicaciones sin acabar de tenerla. Se influyeron mucho y bien, soy de los que piensan que ni siquiera el mejor Lennon, sin duda el beatle con una más brillante carrera en solitario, alcanzó la excelencia de aquellos años.

In my life es una de esas canciones que exceden en mucho lo que se pretendía, a través de un intimismo minimalista nos llena de nostalgia de su ciudad, que puede ser la de cualquiera que lleve el halo del rumor portuario, y nos hace pensar en los amigos, en los lugares que quedan y en los que se fueron para siempre y en el amor verdadero que se cruza muy pocas veces en la vida.

IV


Lennon recuerda - Madre


Mother you had me,

But I didn’t have you

(John Lennon – Mother)


Madre, tú me tuviste,

pero yo nunca te tuve. 

Y Lennon recordaba;

su chaqueta oscura parecía transpirar

en aquellas aceras de citas sin destino,

en el banco grabado siempre con otras fechas,

muy cerca del jazmín donde solía esperarte,

leyendo su memoria como si me acordara,

anhelando los pasos

que anunciaban tus besos cada tarde.


Y Lennon recordaba...

donde tú te movías, la gracia en tu cintura,

entre coches y aceras,

y sueños que dejaban caricias esparcidas

de adioses sin querer que te llevaban

por la arena a la playa del Chorrillo

en su letargo de invierno

cuando los espigones se adentraban

en el mar del recreo y los encantos

que mojaba tu blusa y mi locura,

que dejó mi corazón perdido en los acasos

del te quiero y no quiero, te tengo y no respiras,

y mi alma expiraba en la sangre de tus dudas,

mi libertad en la cumbre del fracaso.


Y Lennon recordaba,

yo lo recuerdo siempre.

V


Mirando las

 ruedas o Llevando mi timón.


s que hemos hablado, pero sería un número uno para un montón de grupos de calidad. Este John no cambiará nunca.

Je est un autre


(Yo es otro)

(Arthur Rimbaud)


Un hombre encadenado a tu figura

se encamina a mi rostro en la escollera

con un rumbo abortado

que invade los caprichos de la muerte

en los días sin nombre que fluyen en el agua.


Este hombre se arrastra por las nubes

rojizas del crepúsculo que hiere

y arrasa los cristales del silencio en las ramas,

permanece en los bancos vacíos de los parques

y se ahoga en tus ojos

que abren las cortinas, buscan otro calor

y no sienten la luz lenta de mi esperanza.


Ya no me amas, es cierto, miras el horizonte

de los painicos tristes que lloran en la luna,

de palabras sin velo que cubren la sonrisa,

de ilusiones que pasan y se pierden

en cada esquina fría

que detiene mi olvido, mi angustia y tu mirada,

Jardines de la Argentina


Ahora siento el frío

correr sobre mi rostro,

frío sobre los tejados

en donde anida un loco.

(1981)


I

Ahora vuelvo al parque descuidado

de la Argentina

con sus puertas abiertas y veladas,

te recuerdo y no estás en sus bancos ausentes,

busco la remembranza de tu aliento

mientras hierve en mis ojos el hombre fracasado

que venera los tuyos y se enamora


de la canción del mar, de las flores que brotan,

de tu misterio

y se enreda en las hojas del laurel

reseco y carcomido de la historia

que arrastra su tiniebla en el vapor lejano,

que se hunde en el mar turbio de tus secretos.




II



Se derrama en la noche el lirio de tu ausencia

como una carta amarga que no puede escribirse

y sigue en la mesita

donde teje la angustia de un amor disidente

que lucha con los monstruos sombríos del rencor.


Muere el parque de siempre con el alma

de un banco que no espera

al viajero cansado que escruta el horizonte

de los viejos amantes que perdieron la rima.


Rompen los coches roncos la frontera y los muros

murmuran en la savia de las flores

que murieron en el rostro del último verano,

y no vuelve tu aliento sobre mi nombre errante,

no tengo tu caricia como si fuera mía,

como si me abrigara

el viento del pasado que recorre tu pelo,

y volviera el estigma de tu piel al jazmín.


Yace abierta una llaga que brilla en el futuro

que nunca llegará a los labios de Abyla

cuando mueran los faros que abrazan otros mares

para seguir desiertos en las noches de luna,

cuando ya no se vea tu lengua en el teatro

de la acera que escucha del naranjo la rabia,

el grito del poeta

que guarda en cada encuentro con las sombras

un papel apagado que hierve en el olvido.


He sentido en mi pecho el pulso de los astros,

las palabras del loco que escribe en las paredes

de una noche romana que agita la memoria

de un libro amortajado

que arrastra la amargura de un verso interrumpido,

y no puedo tener la luz de tus columnas,

el sueño de vivir

la magia de tu piel tersa entre mis manos,

el ansia de sentir tu túnica abierta

que llora en la deriva cerrada de los puertos,

que ve partir los barcos que no regresarán

y no quiere perder la huella de tus alas.

Nocturno en Toledo


...el silencio y la noche mordían con su abrazo

mi alma en la litera

y ardía el mundo de los tiernos y de los tristes

devastado por los celos de la espera que no muere.

(11 de abril)



Siempre arrastré las llagas de tu culpa

y sufrí por las cartas perdidas que no llegué a leer,

por las llamadas

que no pude escuchar mientras te maldecía,

mientras me acorralaban la ausencia y tu vestido

en una sala oscura que nunca frecuéntaste

y amarga me miraba

como si fuera un hijo de las sombras

atrapado en el fulgor hiriente de un recuerdo

que nunca permitiste

que descansara en el temblor de mi almohada.


Lloré por el rechazo que cubría mi rostro

y ahondaba en los rincones

del velo de la luna

que ardía en los espejos de una alcoba sin puerta,

en la espina de miel ensangrentada

de tus gélidas manos

en los días más grises que morían

y desfilaban huecos por las enredaderas

que nunca atravesaste con soltura,

por los escaparates

rotos que me mostraste en un rincón perdido,

en la noche del dolor que mordía las sábanas,

desgarraba mi orgullo y se hundía en mi mirada.

A Rosario

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Soy un poeta de mujeres sensibles, Rosario, y cada vez son más escasas con el impacto regresivo e implacable de la Nueva Revolución. Es mi estigma y lo llevo muy bien, soy un heterosexual interminablemente cerrado aunque no vista bien en estos días sin huellas y con un virus. Los hombres que escriben poesía se han puesto el traje del John Wayne implacable y nostálgico, de no se sabe qué, a Ford le encantaba guardar muy bien sus secretos aunque derrochaba poesía porque le sobraba, en la inmortal "Los buscadores", aunque no quieran admitirlo; El papel vergonzoso del bueno de John en la Caza de Brujas y su conservadurismo glorioso y retrógrado tienen la culpa de ello. Pienso que nuestros colegas se sitúan todo lo cerca que pueden de la órbita de poetas prosaicos de nombres impronunciables muy alejados de Bécquer. El genial poeta sevillano era acusado de prosaísmo por sus amigos de la Escuela Neoclásica sevillana, el misterio de su inmortalidad estaría en que supo, con una maestría propia de muy difícil exportación, conjugarlo con el lirismo, la musicalidad, la tradición oral andaluza y el Flamenco. Esos poetas, mucho de ellos extranjeros, no suelen gustarme, quizás sean las traducciones o el complejo que nos lleva a la consagración de los nombres y las vidas extrañas que nos vienen de afuera, especialmente cuando acaban en suicidio.

Lo que me dices, Rosario, es lo que espero y, me lo tomo como un gran cumplido de tu arte y de tu elemental y atractiva actitud hacia la poesía, tu desparpajo me recuerda al de Concha aunque seáis muy distintas; ella en la onda de Carrol, tú persiguiendo la longitud creciente de la nariz de Pinocho, ella deliciosamente loca, tú, gran observadora de la realidad, dejando títere sin cabeza con una ironía medida. Pero sé que soy un divulgador natural y espontáneo que ha empleado más de una hora en colgar algunos posts que no suele leer nadie. Es muy duro para un cantante expresarse con convicción ante unas gradas casi vacías con gente con miedo como si habitara en su cemento frío un coronavirus permanente.

Me ha costado mucho trabajo comprender y no acabo de admitirlo de buena gana que no me parezco al Dostoievski que indaga con desesperación en los más oscuros recovecos de la naturaleza del ser humano en las situaciones más atormentadas y controvertidas, esas que lo llevaron a escribir una obra grandiosa con una introspección psicológica que aún no se ha superado y que le arrastró en su propia vida hasta la muerte.

Muchas gracias, Rosario, por tus cálidos comentarios.

Avalancha

 Te vas lejos, lejos de mí

pero te siento cada vez que respiras.


(Epílogo - 1971)

Como todo en la vida, hay canciones buenas y malas, después les añadimos adjetivos y gradaciones, otras que no son ni una cosa ni la otra a las que su tibieza les impide que lleguen y se pierden en el camino, y otras a las que solo las podemos llamar por su nombre, de tal forma representan algo único que solo puede cruzarse en la mente de un elegido. Avalancha es una de ellas. Yo hubiera querido que Leonard Cohen cantara en español y poder degustar así cada una de sus palabras, quedarme con cada uno de los matices de su voz dolorida y temblorosa, directamente, sin tener que acudir a intermediarios. Ni siquiera el Dylan de "Blood on the tracks" supo afilar con tanto resentimiento las espinas, ni entregarnos los hierros que dejan sangre en el camino con tanto desasosiego.


El sempiterno poema de amor es tratado con crudeza y realismo no exento de un romanticismo que se rebela con fuerza contra el fracaso, contra el destino aunque sea en su vertiente escarpada y trágica. El cantante desgrana sus nada complacientes palabras como si el odio pudiera liberarnos de un amor cuando nos duele, como si las cenizas de lo otrora venerado y perseguido pudieran provocar nuestra indiferencia mientras esparcimos su memoria en el viento, como si desear fuera siempre el comienzo de una amarga derrota.


Cohen decía en uno de sus enigmáticos poemas que hablaba del silencio porque sabía mucho de él, que le entregaba a su amante como regalo un poema que había surgido de las entrañas del silencio.


Es muy probable que la amante de la canción fuera otra, dado que en ese tiempo en el que encuadramos "Avalancha" y en el que, posiblemente podemos situar "El regalo", el poeta era un enamoradizo impenitente, pero eso no quiere decir que no viviera cada amor como si fuera el definitivo o que no sufriera la indefensión de quien se siente desnudo y monstruoso ante la mirada de la amante que ha cambiado su discurso, que empieza a ver un alma torturada donde en algún momento vio una estrella resplandeciente, que no hay nada más amargo que cambiar los besos por reproches, una sonrisa por un gesto de desaprobación. Los amigos del amor romántico un tanto ingenuos encontrarán en "Avalancha" un atentado cruel contra sus ideales de la belleza en la poesía, ese tipo de personas difícilmente podría apreciar el valor artístico de un Cristo crucificado de Matthias Grünewald e, incluso, del Guernica aunque no lo dirán porque saben que encontrarán una avalancha de opiniones contrarias ya sea por convicciones sinceras o como un ejercicio de esnobismo mal asimilado. Cohen no buscó nunca satisfacer a ningún público, nunca alcanzó las cotas de popularidad de otros cantantes, pero tenía claro su compromiso de artista verdadero y aquí lucha por sacar algo de luz de las tinieblas, algo de amor en la tortura, algo de belleza en lo grotesco de un contrahecho moral, construir un altar con los restos del naufragio.


El título del álbum en el que está inserta es Canciones de amor y odio, uno se pregunta adónde ha ido el amor; Avalancha es sórdida, sombría, una canción de culto para los deprimidos que lo apuestan todo a la sensibilidad, vaga por los recovecos negros de la desesperación, cuando todo ha terminado y no se sabe cómo decir adiós, cuando se odia tanto que todavía se ama.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Ceuta: Sombras de la Bahía Sur de Ceuta



I


A Pascual López, por su Humanismo sincero y su bonhomía.






"...hablarle a las nubes

es abrir un balcón donde se escucha el silencio de los pájaros."

(Vicente Martín - La Chica de la foto (II))


I


Es triste que no vuelvas a mover el destello

tibio de la colina en los brazos que sienten

la voz apasionada

que yace entre los olmos

camino de la Huerta cada día

y el cálido capricho de unas manos desiertas

en tu camisa clara entre los pensamientos

que lleva la miseria del arroyo

aventando las ramas profundas del azul,

la caricia que sufren


los labios de los vientos,

la humildad entrañable de la higuera

donde juegan sonrientes los niños que perdimos.


Es triste que no vuelvas con tu sonrisa amplia

a dejarnos la imagen

exhausta y fugitiva de la muchacha oscura

que ahoga la verdad, la fuerza y los sentidos

del forzado que nunca tuvo alas

y vuelve a sus caídas relatando la crónica

nocturna del amor cada mañana

abrupta como un paso que lo espera

en un Estrecho extraño que vierte su amargura

al Poniente que acecha a la alegría

cuando la tarde muere entre las rampas,

palidece y no llega a la orilla del templo

mientras muge en el Hacho la sirena

en el taró de agosto que aparece en diciembre

cuando las niñas penan la copla del naufragio

que gime en sus entrañas

y mustia volotea en la puerta entreabierta

que empuja Punta Almina hacia los duelos

en las ruinas del faro, en la voz de la muerte

que se adentra en los ojos vacíos de las sombras.


II


Lloraba el niño del velero y se quebraban los corazones

angustiados por el testigo y la vigilia de todas las cosas

y porque todavía en el suelo celeste de negras huellas

gritaban nombres oscuros, salivas y radios de níquel.

(Lorca – Paisaje de la multitud que orina)



Pienso que esa muchacha del alba que no llega

llevará extendida en el regazo

la sábana de un mártir

que no supo morir entre los muertos,

que sigue caminando entre las sierpes,

y vuelve a su dolor en sus pupilas,

el grito de una hoguera que rompe los vestigios

de la voz de los presos torturados

que llorando aparecen en la luz de la Luna,

el drama del atún que tiembla en la bodega

y tiene el mismo nombre que un torpe marinero,

y colgada en el mástil

la misma dirección que lo delata

y siente Europa lejos, amarga y sumergida,

y la turbia marea se mueve en el arroyo,

en la Laja inundada

por la nube y los sueños de un poeta

que busca los vestigios de amor en las orillas

y encumbra la añoranza de un ósculo en los charcos,

en la arena desierta

con un decir de ritmo alargado que hiere

y atraviesa la huella que mora en una rada

y muere en la memoria

del almacén de redes que aprendió otro rezo

que prende y no ilumina,

y la sonrisa estrecha

que añora su pasado en la fuente callada

ya no puede alentar un barrio moribundo

arrastrado en la alcoba de los niños

mientras las barcas buscan del monte la bandera

que no tiene color,

que agita en los periódicos los látigos del mundo,

y un cementerio herido, por la rabia azotado,

por la yerba, la cal y la injusticia

que anuncia en su rostro la vileza del mundo

y ahoga en el misterio del cante su quejío,

en las velas que sufren su olvido en la Fragua

del dios de los gitanos que proclama en el vientre

de la noche su agonía y vaga en el exilio,

la angustia del viajero

que no halla la ruta de los lazos que puedan

amarrar las soledades

en los signos borrados por la senda del agua,

en el delfín que sufre las dagas de los botes

que huyen de la ruina.


El aullido del puerto perdido en los papeles

lacera y acorrala

la evocación sentida de los nichos sin nombres,

de los santos de piedra que pasaron

entre flores y lágrimas meciendo la locura.


III


He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales

dejándome la sangre por la escayola de los proyectos,

ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas.

Y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura.


(Lorca - Navidad en el río Hudson)


Esa niña que muestra

el manto de su olvido y su ignorancia,

el vuelo desvelado de su imagen rendida,

el llanto de la Virgen

acosada por el fervor postrero

de salmos que acorralan su capilla

recogerá las sábanas de los cuerpos ardientes

y el rumor de eucalipto que embriaga la Bodega

donde sufren los lirios

bajo el graznido torvo de los cuervos

el doce de diciembre,

bajo el púrpura gris envuelto en los fenicios

que rompieron su ruta en la esquina de un beso,

de los requiebros rotos, sumisos y angustiados

que sus venas no encuentran en el curso

callado de las olas donde vagan los pobres

que no muerden ni hablan en la orilla

cuando las amapolas abandonan la sangre

y arde oscura la copla en la noche más densa.


Esa niña que agita su bandera en el agua

se enamora del hombre

que acude cada día a la oficina

y archiva los misterios

pensando que el amor no se ha perdido

aunque hunda sus lágrimas

en el mástil de un Wall Street sonriente

mientras los tiburones socavan los cristales

y escupen el cemento en las fronteras,

en el regazo roto del Hudson que se encoge

y gime por la estatua que entregó las cadenas

al Cristo que no encuentra su camino en el hombre

aunque los crisantemos

mueran cada noviembre mirando las gargantas


rasgadas por el rastro perdido en los jazmines,

en las Piedras Mellizas

que acogen la ternura y el olvido

de un niño amortajado en un sudario bruno

que le cierra los ojos como si fuera un sueño

y le rompe la frente en un lienzo sin marco,

aunque la espuma ahogue los brotes de esperanza

y la sonrisa pierda

su fulgor en un íntimo lamento,

aunque en el Tarajal

resucite la sangre de los muros

y una novia no busque

la senda enamorada de los labios

ni el templo de la playa que rema en el levante

donde posó sin manos, sin saberlo

una frágil corona

de alhucemas en la tumba vacía

donde los altos vuelos encallaron

y los castillos recios de vanos enlucidos

cayeron en el rostro

descarnado y amargo de la muerte celosa.


Epílogo


Ahora solo queda ladrar contra el olvido,

encender una vela en el vientre

de los versos que pasaron

mientras sonaban los remos de los luceros en el alba,

cegados por la mano de la luna,

mientras la golondrina se adentraba en la tinta que nos aleja

y la muerte escribía una plegaria con sus alas

trémulas sobre la sangre

donde cantaron su última soledad los náufragos

que se ahogaron en el desierto de las aguas.


[JUSTIFY]12 de Diciembre de 1948; Fecha grabada en la memoria de los ceutíes de cierta edad porque se produjeron los peores naufragios que se recuerdan, se vieron implicados varios barcos pesqueros, de algunos se ahogaron todos los tripulantes y lo mismo ocurrió con algunos barcos que transportaban carbón. Los hijos y nietos de aquellos hombres y sus amigos no fuimos informados de la dimensión real de la tragedia aunque no se nos ocultó y 12 de Diciembre era más bien el nombre oficial de la popular “Barriada Pescadores” donde estaba una escuela entrañable en la que hacíamos 5º de primaria exclusivamente los hijos de pescadores. Cuando escribí el poema, en 1983, aunque no estoy seguro del mes, yo solo tenía conciencia del naufragio de un barco, El Lobo, que curiosamente sí tuvo supervivientes, y aunque eso le transmitía al poema un sentimiento de muerte y melancolía, estaba falto de datos que desconocía. Pienso que aquel naufragio implacable produjo rabia, impotencia y dolor, el que se ha producido ahora (La Tragedia del Tarajal) también causa vergüenza, ¿Hasta cuándo tendremos que soportar estas lágrimas lúgubres?

martes, 25 de agosto de 2026

En la mirada de la noche (Versión junio 2020)

 A Roxane Aristy, ha muerto Camarón

pero sigue el cante porque es tan grande

que nació herido de muerte.


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Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

(Lorca - Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías)


I


En la mirada de la noche.


En la mirada de la noche donde expiran los olivos,

en el verde de silencio oscuro y cerrado de los campos

donde alumbra sin brillo

una estrella que tiembla

con timidez de niña enamorada

voy midiendo los huecos del camino[ii].


Y no se lleva el miedo que la luna sombría

acaricia en su tela de araña que muerde,

y no mira a los locos

que sueñan la maleza del llanto de los grillos

que no pueden romper la aurora con sus éliitros

ni el delirio infantil que acunan los carteros

sin palabras de amor,

sin esquelas ni huellas gimiendo en los tejados

donde sufren los hombres y sangran los poetas.


II


Hay un jardín que muere en el patio de los miedos

donde canta la alondra

que lloraba sin luz

en lo turbio y estrecho que vuelve de una infancia[iii]

y no encuentra palabras para explicar tu canto,

y entre escombros agolpados contra el muro

la tristeza se esfuerza

por ofrecer su lecho de raíces a unas plantas de Oriente[iv]

que no verán el polvo de sus primeros pasos nunca más

como tus ojos,

en un barranco donde no habita una estrella

que los guíe,

oscuros, deslavazados, apasionados, muertos,

en el libro amarillo[v] que mostrara tu hondura

ante mi asombro de niño,

en la palabra de amor que desplegó tu boca hacia los tristes,

hacia los que nacieron arrodillados

ante el peso infinito del estigma invisible[vi],

hacia los que tienen hambre de amapolas

de montes rotos que imploran su olor a tierra,

la melancolía de su ocaso

que nadie mirará mientras duerman los dioses

entre sábanas blancas tendidas en un mísero cordel

y la canción que hiere en las tinieblas

de las cinco en punto de la tarde[vii].


III


En una noche de agosto te marchaste Federico

cantando una soleá con muerte de seguiriya,

con un maestro de escuela y con dos banderilleros

con los ojos de aceituna y negra y roja bandera.


Para hablar a los silencios de tu cálida tristeza,

de tu fresca alegría

para que te consuelen en la muerte que llevas

con la sombra de Ignacio gimiendo en los arrayanes,

para que te recuerden los trinos del amor

al que otros escupen y apuñalan

en las aguas cristalinas y puras de la Vega.


Para que se marchen los comisarios viejos

de la sonrisa exacta que caminan

con sus cruces sobre los hombros de los tristes

y esgrimen en el aire sus látigos del orden

que gobierna la muerte en la esquina del nocturno[viii].


IV


Federico ausente


Yo en este rincón donde no llega

el aire que he buscado con ansia y amargura

pensando en la aspereza

de las lenguas que insisten con medallas de cieno,

en esta tierra mía,

cansada de llorar por quienes la llenaron de elegancia

y la preñaron de ternura,

en cegar la mirada del jilguero

que no aprendió a volar y cayó en agosto,

encadenar el llanto que derrama

el hombre bueno y libre[ix],

desenterrar las flores, apartar las estrellas,

en manchar la hermosura de tu figura y tu acento,

despojar a los santos de su mensaje íntimo

y masacrar la rosa en los labios del profeta.


V


El poeta y la muerte


Yo acorralado

en este desconcierto de palabra cautiva

que no verá su curso natural cubierto con requiebros

de amante a la ventana y coplas en el aire;


Granada ya no es Granada,

es una charca de sangre

en esa noche ardiente de partituras huecas

que lloran la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones

que no temen las balas donde sus ramas duermen

y siempre escapan prestos del canto del verdugo.

Y, al fin, llega el poeta

con su traje de loco que no encontró destino,

su valiente alegría

masacrada en los salones de la camisa azul

con la cruz en la mirada y la muerte

en las entrañas,

con el corazón quebrado por una pena

que brama,

sangra, duele, pero no sabe expandir

en los labios que la tiemblan, la precipitan, le cantan

los bardos por seguiriyas

y sitúa los huecos que arrastran a un rincón desconocido

entre el polvo y los espejos de un barranco[x] aletargado

cuya senda nunca ha sido ni barrera ni quebranto

que levante el vuelo alto derramado

en tus pequeños ojos

infinitos.


VI


Por eso canto,

para recordar la emoción del niño

que mira a sus mayores agradecido y obnubilado,

canto por esta senda perdida que cubre la soledad del mar,

los quejíos del monte y el dolor de los recuerdos[xi],

por este eco profundo

cuyo lamento no escucho pero llora y me asalta

en el rostro inundado por la gracia de aquellos

tocados por la elegancia,

prendidos por la cintura de un torero enamorado,

de una bandera bordada y su Marianita[xii] ausente.


Canto para enmarcar la brisa pasajera

del cómico ambulante,

de los iletrados que llevan en la sangre la poesía[xiii],

de los andaluces que tocaban las palmas con espanto

cuando en el Tarajal se estiraba la muerte,

de mi pequeña calle donde sigue mi madre

aunque digan que cerraron sus ojos para no verme

borracho y melancólico[xiv]

sintiendo otra bandera...


Y siempre encuentra abrigo en el pecho de los sauces

que viste a Federico triste, frío, muerto, sin sudario[xv],

en la hondura temeraria que el levante no se lleva,

en el poema de luz que se hunde en los estanques

donde Millais expira con una novia ajada[xvi]

y suspira entre los mirtos mientras los sueños se detienen;


“…tuve un amigo, tuve un poeta

que rimaba las nubes y el agua quieta[xvii]”.


John Cornford, poeta inglés, moriría en Lopera, unos meses después que Federico, entre los olivos. Tenía veintiún años y un día, como los inocentes el 28 de diciembre de 1936.

[ii] Luis Cernuda.

[iii] Gustavo Adolfo Bécquer; “Del salón en el ángulo oscuro”.

[iv] De la India.

[v] Un libro de PREU que encontré tirado en un pequeño barranco en la playa de La Fragua, lugar de culto para los gitanos y los que no tenían rumbo y bebían vino desde las primeras horas de la mañana.

[vi] La injusticia aleatoria que denuncia en Poeta en Nueva York. Creo que el poema era “Romance sonámbulo”. Recuerdo las tres rimas de Bécquer, en cambio.

[vii] Federico García Lorca: La cogida y la muerte.

[viii] Para saber que no todo se ha perdido. Lorca; Nocturno del eco.

[ix] Carlos Cano cuando emocionado evoca a Diamantino.

[x] Parece ser que Lorca pasó sus últimas horas entre Víznar y Alfacar, en un barranco de este último pueblo se piensa que se encuentran sus restos; los españoles tenemos a los mejores poetas pero no amamos la poesía.

[xi] Emilio Prados: “Jardín cerrado”.

[xii] Mariana Pineda que fue asesinada por bordar una bandera liberal en los tiempos terribles de Fernando VII.

[xiii] En el Tobogán, mi pequeña calle de tan sólo catorce viviendas, había analfabetos que disfrutaban cuando se les leía poemas de Lorca, Antonio Machado, Bécquer…

[xiv] Antonio Machado.

[xv] Ven acá muerte, ven acá / y que se me entierre bajo un triste ciprés. (William Shakespeare).

[xvi] La muerte de Ofelia.

[xvii] Manuel Pareja Obregón: Llora Granada cuando sale la luna.

Canciones de Sabina

 

1

Cerrado por derribo


Hace tiempo que encabezo mis opiniones con el "creo", el "pienso" o el "quizás", y eso es así porque he aprendido a reconocer que me había equivocado en cosas de las que me sentía muy seguro, porque he comprendido que creer en Dios no es hermoso si no se tiene una duda sobre su existencia. Creo que el Sabina que despedía un milenio y se asomaba a otro ya había dejado canciones para que se le recordara, pero es en este período en el que forja el resplandor de su leyenda de hombre derrotado pero no vencido aunque no haya dedicado una canción a los samnitas o a Pirro. Desconozco, como tú, los entresijos de una canción que siempre encontrará a alguien que la quiera escuchar sabiendo que habla de sí mismo y de su propio desconcierto ante el paso de los años. ¡Qué no daría el viejo y ya entrañable Joaquín por volver a sentir el temblor de asomarse a los cincuenta!


Sabina estuvo años forjando una leyenda de libertino urbano, tierno en las asperezas, rebelde hasta con su propia estampa, iconoclasta del jueves con Joaquín e inmisericorde con Sabina, y lo hizo francamente bien con canciones que todos tenemos en la cabeza que les niega que se desplieguen en el olvido como una bandera que se enamora del aire y no representa a nadie. Después estuvo años intentando sin contemplaciones deshacer esa leyenda que no era verdad ni mentira y llegó la inmortalidad con tres discos irrepetibles. Es un privilegiado que alcanzó su plenitud a la edad que muchos habían plegado sus velas incapaces de manejar los vientos que habían cambiado, supo encontrar un rumbo incierto en la deriva con la humildad forzosa de aquel que solo sabe que no puede engañarse a sí mismo y encuentra el arte en la belleza mórbida y decadente de sus propias ruinas.


2


Como un dolor de muelas


La madurez se alcanza cuando piensas con sinceridad que te puedes morir el día siguiente. Cuando es verdad sirve de poca ayuda a los otros, nunca nos creemos las palabras de alguien que va a morir, tampoco las de aquel que piensa que va a vivir para siempre cuando muera.


Sabina firma las palabras de otro, en este caso las del subcomandante Marcos, y logra una de los aportes más brillante a su colección de disparos a bocajarro, a este mundo en el que vivimos que parece enfadado con la verdad; cuando aparece lleva con frecuencia el desgaste por el paso de los años de Joaquín y los mordiscos de su deriva quevedesca.


Cuando solo nos queda la verdad de nuestro pensamiento, ese que nos recuerda que aparecieron otras arrugas en la frente de nuestros amigos, que nuestro cabello se llenó de sal amarga, que nuestro corazón dejará de latir sin saber que se habrá hecho de nosotros, cuando perdemos el miedo de morir porque, como diría Pablo, la vida no vale nada, y luego sueñas que estás despierto para volver a dormir.


Tara21 de octubre de 2017, 1:08


Cuentan que escribir, componer… es un acto privado e intransferible. Me desconcierta un poco este ¿encargo? Del subcomandante Marcos a Sabina. No se la parte de la letra de uno y de otro, aunque hay una simbiosis singular hasta el punto de ver en Sabina otro Sabina, como capas superpuestas perfectamente encajables. Es verdad lo que afirmas, el mejor de “los disparos a bocacarro”. Una canción gesto con su voz tan devaluada que emociona de puro desgaste. ¿Cómo quedarse impasible ante esto?


Como si llegaran a buen puerto mis ansias,

como si hubiera donde hacerse fuerte,

como si hubiera por fin destino para mis pasos,

como si encontrara mi verdad primera,

como un suspiro profundo y quedo,

como un dolor de muelas aliviado


Francisco, eres poeta hasta haciendo críticas tan asertivas y acertadas como esta que nos ofreces, sobre todo en su tramo final


Nota.- Anoche, antes de irme a la cama me pareció leer algo distinto en esta entrada, no se si era que estaba destemplada por culpa de la gripe o qué.


Francisco Enrique León3 de noviembre de 2017, 2:36


La letra de esta canción tiene mucho de su firma aun en el caso de que no hubiera escrito ni un solo verso hace suyo el mensaje con una sinceridad que hiere y nos deja un halo redentor como si hubiéramos dejado el alma en cada golpe de voz. No podemos imaginar el "Aunque tú no lo sepas" sin el fantasma de Enrique Urquijo sobre el escenario del Galileo, sin el maduro adolescente que siempre fue Sabina deshojando el farewell de los besos que vienen y se van.


3


Por el bulevar de los sueños rotos.


Mi corazón se está quedando en el Madrid cosmopolita y mestizo, no lo puedo evitar, admiro a los camareros de los bares que frecuento esparcidos abundantemente en la cercanía del Sol, cada vez más diversos y eficientes en su acento y en su piel. Un Madrid cada vez más humano, como dijo Blas de Otero fieramente.


Aquí Sabina se pasó varias estaciones sin repostar. Directo y a las sienes de Chavela Vargas y su cruz de olvido, sus míticas borracheras y sed de sexo y de arte, su corazón en todas partes, pero primero en Madrid.

Joaquín me dejó con las ganas de haber compuesto una canción así, él y yo, andaluces, de La Elipa. Hubo un tiempo en el que desconfiábamos en los caprichos pretenciosos de nuestra gran urbe, ya tiene nuestro corazón, ya vibra con nuestras lágrimas, tan bien derramadas como están en honor de la gran e indomable Chavela.


4


Que se llama Soledad


que ser valiente no salga tan caro,

que ser cobarde no valga la pena.


Ayer un compañero nuestro me llevó a Claudio Rodríguez, no era la primera vez que lo leía y volví a encontrarme con lo mismo; admiración y desapego, hay algo que no conecta entre su sensibilidad y la mía, pero siempre percibí que me encuentro ante un gran poeta, que ya lo era apenas con 19 años.


Sé que a otras muchas personas les habrá ocurrido algo parecido, los que escribimos poemas siempre estaremos marcadoos por los poetas que nos llegan pero podremos ayudarnos de apreciaciones casi objetivas; dominio del lenguaje poético, léxico, ritmo, pausas, azares constatables... para reconocer que aunque no nos sintamos a gusto leyéndole nos encontramos ante un gran poeta, pero entramos de lleno en otros cuya principal virtud para nuestros ojos es que nos concilia con nuestra condición de hombres. No quiero decir con ello que Joaquín Sabina no tenga recursos poéticos, ni mucho menos, pero cuando pase el tiempo, ese dios implacable que pone a cada uno en su sitio, no será su técnica ni su habilidad con la pluma las que permitan su recuerdo, serán aquellas sentencias entreveradas, a veces en una canción no muy afortunada y el alma de lo que decía en apenas dos versos que implicaban su conocimiento de la naturaleza humana. Joaquín no tiene nada que ver con el Príncipe e intuyo que se siente dichoso de que así sea, ha sabido atravesar los pasillos sonrientes donde jugaba a ser feliz la criatura de Wilde y quedarse atrapado en el palacio de las preocupaciones donde el placer y el deseo tantas veces nos roban la sonrisa.

Una curiosidad, aunque parezca imposible, esta canción no la escribió Sabina.


5


Esta noche contigo


Voy añadiendo posts a mi colección que ya no adorna los pasillos, desde luego que Sabina no ha encontrado en mí un buen embajador, pero hago lo que puedo con las mejores intenciones, sin saber la razón, ya sé que vivo en el país que se ha empeñado en dar calidad de bueno a lo mediocre mientras los santos vuelven a irse de paseo,


Creo que merece la pena medir los versos de Sabina, son inmensamente largos, como una cita bíblica sin Dios que la corrija, como ese sueño que perseguimos y que lo mejor que nos puede pasar es que no lo alcancemos. España tiene muchas cosas malas, pero tiene cosas buenas que pueden ser objeto de estudios minuciosos; ¿Cómo es posible que tengamos tan buenos escritores entre tanta gente que no sabe leer.


Sé que Joaquín verá con buenos ojos que María le robe la cartera, que quiere mucho a la Jiménez y se siente orgulloso de haberle servido en bandeja de plata una obra maestra perdurable.

6


Peces de ciudad

Tus manos temblorosas esgrimen el papel

donde Byron dibuja la Hélade soñada,

y ya no quedan barcos para buscar las islas.


Estamos de acuerdo en que debemos llevarnos lo vivido, que lo más grande que hay no son las letras de cambio, en desuso hoy en día pero sustituidas por unas cláusulas más implacables aún con su letra pequeña en la que se suele decir que el diablo vendrá por tu alma teniendo al banco como intermediario, que hipoteca es una palabra amarga en la que los trabajadores nos dejamos media vida, que cuando habla el maestro del conceptismo urbano los parlanchines vacuos callan y los chalados nos arrimamos para ver si se nos pega algo, tarea harto difícil, ya que Joaquín estará en el barrio de las Letras cambiando ingenios con Quevedo.


Esta joya no funcionó ni bien ni mal, no estamos en disposición de exigir demasiado a un público acostumbrado a escuchar el sonido estruendoso de los platillos cuando se le advierte que llegan los aplausos mientras suena la ejecución rockera y farragosa de la maravillosa, dolorida e imperturbable princesa del recuerdo, cuando Madrid no era una fiesta y no quedaba cera para esculpir una herida más en lo perdido.


Pero mirad nombra a Brel y convierte a Amsterdam en una mujer que nunca pasa por nuestra calle mientras se desabrocha el último botón de nuestra camisa y sonríe con malicia porque sabe que ha enterrado contra su pecho el candor de nuestra mirada más peregrina, y se empapa del polvo de Desolation Row cuando Dylan sabía llorar y emocionaba a pesar de las limitaciones de su voz, y eso me pone un montón, me la quedaría solo por eso y tiene más, tiene poesía y sentimiento, tiene crítica social y un estribillo derrotado que vence al tiempo.


Un genio en el apogeo de la soonrisa irónica y amarga no exenta de ternura, un poeta sin más límites que su propia imaginación, un músico que desaparece para entregarnos sus cenizas llenas de vida y sinceridad en un urna que ama, como la mañana al sol, al ruiseñor nocturno de un jovencito inglés tísico que agoniza en la Italia eterna que nos pertenece desde que vimos la luz.


¿Si me gusta Sabina? No os lo ibais a creer si dijera que no. Es el más grande, con permiso de su primo el Nano. Serrat es demasiado grande, ya peregriné al portal de sus primeros pasos, de su niñez breliana de soñador que enamora a los vientos y, sin embargo, Joaquín ha ido con él de la mano, Serrat ya no es Serrat, se dejó el corazón en Piel de Manzana, Joaquín dio lo mejor de sí mismo cuando se adentraba peligrosamente en los cincuenta, cuando dejó de mirarse en el espejo y reservó el grito para aliviarse de un dolor de muelas.


7

Pasolini; una noche en los infiernos

 Creo que, por desgracia, no hay que recordar mucho para encontrar el mundo que denunciaba Pasolini. El debilitamiento de la sociedad sagrada en Occidente no ha hecho que esta haya sido sustituida por otra con verdaderos valores humanistas.

(9 de junio de 2018)


Creo que debemos conocer a Pasolini, estemos de acuerdo o no con sus posicionamientos; dio motivos sobrados para cuestionarlos, en buena parte por una inconformista tensión constante que le hacía buscar la originalidad y desechar los tópicos más aceptados; su polémico punto de vista sobre el aborto no satisfizo a nadie. Pero quienes escribimos debemos insistir en su poesía, a veces pasan largos años sin que surja un poeta de su talla.

(7 de octubre de 2018)


Pasolini, en sus dos facetas más destacadas; la poesía y el cine, pasaba con suma facilidad de la genialidad al atropello, pero en ellas encontró lo más perdurable, yo añadiría, como su otra cumbre, la entrevista, un arte apenas reconocido e improvisado, en el que siempre buscaba la calidad estética y el compromiso, para mí incomprensible cuando lo basaba en la simple provocación del escándalo, ¿hay algo más escandaloso que decir simplemente la verdad a pequeño-burgueses que sueñan con la burguesía e imitan su decadencia? Su final, sinceramente presentido, podría haber formado parte de uno de sus guiones, sería el mártir en el que creía con el candor mortificado de un niño católico obnubilado por los brazos protectores de su madre. Probablemente nunca tuvo tiempo para escribir poesía, para corregirla o buscar la palabra exacta, el concepto adecuado, aun así dejó poemas que debiera conocer todo aquel que se asoma al mundo de los versos. Cuando empecé a conocer su obra dije, y el tiempo me ha ayudado a corroborarlo, que Pasolini partía de un lugar en el camino adonde no llegarían nunca incluso poetas de renombre.


(24 de octubre de 2018)


Ciertamente, Mirta, se me ha hecho corto tu comentario, perdóname si me he equivocado al llamarte, en España lo más normal es tener dos nombres y es, hasta cierto punto, frecuente que se nos llame por uno solo que no coincide con ninguno de los dos.


La luz del sol sigue madurando,

lejos andan los vendedores ambulantes;

sigue agriándose la tibieza del verdor en los mercados

del mundo,

por las calzadas de indecible perfume,

en las orillas de los mares, al pie de los volcanes.


(Pasolini – 1962 Las hermosas banderas – Traducción de Guillermo Fernández)


Me sorprende que, con respecto a Pasolini, algunos me hayan tratado como a un Jeremías extraviado. Respeto a todos los poetas y no niego ninguno de sus méritos pero pienso que la mayoría de los poetas endiosados, a pesar de su vasta cultura y su pulcritud a la hora de escribir versos, quedan lejos del alma apasionada del poeta boloñés.(26 de octubre de 2018)


Quizás haya demasiados que articulen la muerte de Pasolini haciendo referencia a los hechos y a través de ellos entrar en el pozo insondable de las especulaciones, quizás se haya acaparado demasiado en el simbolismo trágico de que fuera aplastado por una de sus debilidades menos perdonables, esa que le acercaba algunas veces, muy a su pesar, a la decadencia babilónica contra la que clamaba apasionadamente y sin ningún miramiento. No debemos pedirle más a un hombre, hasta Cristo llegó a perder la calma. Pero en el hito más importante de nuestra civilización cada error nos recuerda a los de Cristo, cada pasión de alguien que arrastre una cruz es la suya.


(25 de diciembre de 2018)


Sé bien, sé bien qué estoy en el fondo de la fosa;

qué todo aquello que toco ya lo he tocado;

qué soy prisionero de un interés indecente;

qué cada convalecencia es una recaída;

qué las aguas están estancadas...


(Pasolini - Análisis tardío -Traducción - Hugo Beccacece)


No recuerdo en este preciso momento si fue su propio y lujoso coche el que acabó deformándolo, aplastando sus órganos y sus huesos, el instrumento póstumo del martirio, como le dije a nuestra entrañable compañera, Roxane. Cada minuto de escritura nos exige demasiado, quedará escrito lo que podrá leerse cuando pasen los años, podrán ser evaluados los errores de sintaxis, las faltas de ortografía, el desconocimiento cada vez más profundo que tenemos de nuestra alma.


La grandeza de Pasolini, de Lorca o Antonio Machado no puede evitar que al hablar de ellos hablemos de sus muertes y que memoricemos morosamente los detalles que las precedieron y los que las siguieron, estoy seguro de que ninguno de ellos quiso morir por sus ideas pero, sin la tierna ironía de Brassens y muy a su pesar, es por lo que lo hicieron.


Reconozco que yo también hubiera preferido hablar de Pasolini con ropa de mercadillo y con un utilitario carente de extras que hiciera sonreír con burla a los jovencitos bellos y pretenciosos; la soledad de la muerte acoge en las mismas garras del silencio al burgués y al comunista.


(21 de septiembre de 2019)  


que no se pueden comparar mundos diferentes (como cuando la gente dice que el libro es mejor que la película, frase que escucho con demasiada frecuencia. No se pueden comparar artes que están hechas de materiales distintos).

Como en un disco habrá canciones que nos gusten más que otras, no se si es buena comparación.

También sabemos distinguir que Revolution number 9 del álbum blanco, no se le puede llamar si quiera canción. Más bien un experimento.


Francisco Enrique León13 de noviembre de 2017, 3:08


Me dejé el escalofriante "Análisis tardío", "La rabia" y "Las hermosas banderas". Tardé mucho en cogerle el pulso a los dos últimos poemas, el primero fue un flechazo.


Para mí, Juan Carlos, hablar de poesía o música es hacerlo sobre lo mismo. Los artistas buenos suelen conseguir el sentimiento de la emoción en cualquier disciplina, cuando no lo logran pueden acudir a la llamada del oficio. En la poesía y en la música, el oficio por sí solo suele ser un argumento estéril.

el mundo desconocido,
él, desconocido, pequeño santo,
semilla perdida en el campo.
Y en cambio ha escrito
poesías de santidad
creyendo que así
el corazón se engrandecía.
los días pasaron
en un trabajo que le ha arruinado
la santidad del corazón:
la semilla no ha muerto,
y él ha quedado solo.
(Traducción de Delfina Muschietti – Versión de 1974)


22 de Julio de 2013


Sin que sepa, Ó., la razón concreta, siempre me ha gustado hacer partícipe a otros compañeros del placer que me causaba el descubrimiento de artistas en general y, especialmente, de poetas. Lo que me dices lo encuentro fascinante como el hecho de que Pasolini te haya resultado extraordinario, conocer a los grandes siempre nos abre puertas para afrontar nuestros retos, cuando requieren traducción en ella se nos ofrece unas posibilidades originales de tratar nuestra propia poesía.


Vuelvo a Pasolini en esta noche de levante que ha oscurecido las plantas, los semáforos, las nubes, las aceras y me recuerda algunos poemas que podría haber escrito.


Gracias, Rosana, por darme la oportunidad de acordarme de algunos momentos que no he vivido, de algunas cosas que no han pasado.


***


Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.


(11 de agosto de 2017)


En la vida no importa los pasos que des,

las sandalias que lleves

sino la huella que dejas.

(Pasolini - Variación: F.E. León)


Francisco Enrique León1 de junio de 2019, 20:40


Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.


(11 de agosto de 2017)

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Francisco Enrique León1 de junio de 2019, 20:43


Dom, 25 Nov 2018 8:53

No me parezco en nada a Pasolini, Roxane, él escribía poemas políticos y sociales y los llenaba de amor, yo solo escribo poemas de amor y, casi siempre, cuando no queda amor. Para mí es importante arrastrar esa contradicción; escribo poemas de amor y pies de página; he llegado hasta ahí por circunstancias específicas. No creo que la poesía me haya dado la espalda y, sin embargo, me siento como si fuera así.


Ni los ateos más recalcitrantes pueden negar la importancia de Cristo en nuestra civilización. Nos encontramos con la aparición de la sociedad laica y la contradicción que nos encontramos es que los creyentes más fervientes de Cristo, ahí debemos de situar a Pasolini, no creen en su divinidad, y quienes creen en ella la reducen a la parafernalia; lo importante es comprarle la túnica más lujosa al Nazareno para que procesione cada primavera u organizar una recogida de alimentos para los ➕ necesitados sin querer enseñarles el camino para que dejen de ser pobres.


Cada época de nuestras vidas tiene su canción, su película, su lugar, un nombre, una sonrisa, que con su sola evocación nos traslada a ella, y, aunque a muchas personas les cueste trabajo decirlo y otras pocas lo digan como quien hace una trasgresión excitante de una regla, aunque no recuerden un solo verso de él, cada época tiene su poeta. Así, Bécquer y Juan Ramón Jiménez marcaron mi niñez, Neruda, Antonio Machado y Hernández mi adolescencia, Hölderlin, Pavese y Lorca, iba a decir, mi madurez, pero casi he desistido en el intento de lograrla. Cohen y Pasolini llevan ahora unos años rondándome, no sé si me han desviado de la única lengua que conozco o si me han ayudado a la hora de hacer hablar a la del corazón, en la que todos entendemos.


Este apartado lo he reservado para el segundo de ellos, un descubrimiento tardío y que presentí que iba a ser largo nada más leer, antes de pagar el libro, el poema que venía en la contraportada. Este trabajo ha querido reflejar aquel encuentro. No es un esfuerzo unitario, son poemas sueltos escritos durante estos últimos años, me he permitido incrustar dos traducciones del inspirado poeta italiano, una de ellas, como indico, desde una versión en inglés de Pasquale Verdecchio, aquí no incluyo los originales porque no estoy seguro sobre los derechos que tengo para hacerlo.






Tenía veinte años, incluso menos, dieciocho,

diecinueve… y había vivido un siglo,

toda una vida.


Al constatar, consumido por el dolor

que nunca podría dar mi amor

sino a mis manos o al musgo de las trincheras.


O quizás a la tierra de una tumba desolada...

Veinte años y, con una historia humana

y toda su poesía, una vida había terminado[2].


(Pier Paolo Pasolini, de “Una vitalidad desesperada,

traducida al inglés por Pasquale Verdecchio)




Pasolini en el recuerdo (Versión 2018)

 Pasolini en el recuerdo (Versión 2018)


… Estoy en otro tiempo,

un tiempo que dispone sus mañanas

en esta calle que yo miro, ignoto,

en esta gente fruto de otra historia


(Pier Paolo Pasolini – Traducción: Delfina Muschietti)


1


Cuando la luz

ya no ofrece esperanza

y se me adentra el verso de un profeta que muere

en el nocturno inhóspito

de una playa tardía,

envejece mi alma por no saber nombrarle,

por no haber arrastrado

el peso de mi culpa, por ser testigo ciego

del implacable olvido,

de los años que pasan

por torpes avenidas y empañan las vidrieras,

amurallan los cultos, desfiguran los rostros

de los iluminados y alargan los pañuelos

para cubrir la huella de la sangre,

por las flores ajadas que viven en mis venas

y gritan su amargura,

por no reconocer

que la vida oscurece la memoria

y masacra el estigma eterno de un poema,

agrieta la palabra del poeta que duerme

en el discurso roto

de un instante de amor que busca y se le escapa

entre los matorrales sombríos del Leteo.


2


Ya no conozco a nadie que añore lo perdido

y solloce en la niebla de una playa rendida

por los labios que labran la herida de los surcos

que sufren en las llagas,

y el sueño mortifica el arrebato

del devenir cansado de la idea.


Ya no gozo ni sufro en el recuerdo.


En la sombra se pierde

el polvo de un fragmento desolado,

la voz del cementerio de una sonrisa triste

que no tiene memoria

y la lengua anhelante de las termas ardientes

que se ahoga en el Foro,

en las temibles velas de la brisa

que ocultan las banderas del puerto que decae

y sueña con la barca que no llega a sus brazos,

que agoniza temblando en las orillas

donde yace el silencio que aprisiona a los

 pobres

y el delirio insensato que adoran los poetas.

s.

domingo, 23 de agosto de 2026

Poemas de la locura

  A Leopoldo María Panero



Pobre barquilla mía,

entre peñascos rota

(Lope de Vega)


I


Yo que lucho por la luz,

he sido por la luz abandonado,

y no tengo forma,

palabra ni silencios

hacia donde vagaran

los barcos del delirio;

Lope encharcaba sus velas

por no cruzar mi bahía.


!Oh soledad sin faro¡

!Oh espinas¡ !Ay, espinas¡

¡Mi corazón en tus ojos,

mi libertad en la rosa,

mis vientos en el poniente

mi barca en la deriva!


II


Soy un payaso sin luz

que busca en una esquina

el amor y la risa,

que no encuentra nada

y no se conforma, no se conforma,

pero no sabe siquiera

lo que ha hecho, y no recuerda nada

de lo que ha dicho y sufre;

amarillean las hojas

en el huerto de adoquines.


Sentado en la arena

de la playa que gime

el grito de la sal

de los ancestros,

hablando a nadie,

defendiendo mi deriva.


III


Este circo sin fieras;

este llorar hacia adentro,

esta mutilación de las virtudes,

este orto del mar desfigurado,

este hombre que sueña en el tejado,

este trozo de mí que no me encuentra.


IV


Y me dices que estoy loco,

que volar es para pájaros.


(Hilario Camacho)


Sólo es hermoso el pájaro cuando muere

destruido por la poesía.



(Leopoldo María Panero)


Pero al fin mentimos y lloramos;

tú hacia el vértice de una estrella,

yo hacia la luna de los gatos,

tú ocultando este vacío,

yo, recordándote en el patio.

Tristeza

 Y de repente yo sin ti no era yo mismo


Estoy solo y lloro,

y no puedo mostrar el alma de mi queja.

He perdido el derecho a decir que estoy herido.

A oscuras me enfrento a la llaga que siempre vuelve,

que me aprisiona,

no sé si escribir es una liberación

o un camino hacia el infierno que no habla.


Ahí estás tú,

alardeando de lo que nunca deberías

sentirte orgullosa.

Es tu tendencia de un tiempo a esta parte;

puñales son tus palabras, son tus justificaciones,

no puedo salir de la red que me tiendes,

no puedo expresar mi angustia,

no puedo verte como antes.


Aún escucho en el pasado el corazón de las ballenas

y el suspiro de las hadas,

el llanto del sauce en un recodo del camino,

aún tiembla mi alma con el último beso,

antes del naufragio,

no demasiado apasionado de tu parte.


Y tú eres la mujer por encima de todas las mujeres

y yo el bufón que no sabe a qué dirección llevar su llanto,

cómo digerir el fruto amargo de su queja.


(7/12/2023)

II

Fotografía en el barrio La Viña 1987

 A Miguel Aurelio en el Barrio La Viña 1987.


para tu corazón

me arrastro en el olvido como un lobo enjaulado

que vaga en cuatro metros y no conoce a nadie,

muero en la soledad de una especie extinguida.


(Palabras a Constance IV)





Su frialdad se ha fijado en mi memoria.

Tan fría era, tan fría

que al estrecharla contra mi pecho

su corazón no latía.

(Friedrich Nietszche - tr- Mariano Manent)


Pavese vuelve a morir

cada vez que te miro y no me encuentro;

soy la soledad de una cita con las sombras,

el lobo abatido entre las rejas de San Amaro.


Es agosto y esta ciudad se ha llevado el rumor del río.

Nietszche vuelve a vivir en tu locura,

te busca en una carta que nunca llegará,

en cada pensamiento que no puede ser amado.


Sufro en las ramajes

más frágiles del Averno, pero ya ves;

te amo incluso cuando me regañas,

cuando quieres destruirme

por matar el tiempo...


No tengo la culpa de sentirme

un chico abandonado

cuando no me sonríes.


Hablé con Andrés

el día de la mujer mundial

pero no me escuchaba,

le decía que en Hoyos del Espinar

no deben atar un purasangre a una noria.

(Conversaciones con Laura - Turín, 18 de mayo de 2019)

Fotografías de Hydra

 Siempre quise saber a quién miraba

la chica de la foto,
de quién lleva en las cejas un umbral de flores amarillas
y por dónde respira el fanal de su inocencia,
su candidez exacta.
(Vicente Martín)

I

Imagen

Regresé de la muerte para hablarle a la soledad,
y sentir, en tu desierto,
el miedo y el aullido de un profeta olvidado;
para hundirme en las islas abandonadas
que emergían
entre los edificios exangües y ruinosos
de una ciudad antigua que no podía abrazarme
sin las sábanas húmedas
que mecieron nuestros cuerpos,
ni creer en la esperanza de los santos amortajados.

Escribí palabras de amor en el corazón del puente
que no quería llevar tu nombre,
y no esperaba a nadie entre la gente solitaria
que pasa por la calle
y no encuentra calor ni fuerza en el camino.

Sufrí en los lugares que tuvieron nuestra risa,
por el desapego que sentiste
de tu propia imagen en el cuarto de mi desvelo;
por las ideas
que ya no cultivabas en el jardín
erigido por las ramas de mi fragilidad y mis temores;
por la memoria de la niña que jugaba
entre las notas de una canción perdida en el olvido
y un corazón roto y desesperado.
II

Imagen

Ya no conoces el rumor del aire
en el alma fugaz de los jazmines,
la sangre clara y nueva que brota en los veneros,
ya no miras las nubes que se escapan
mientras la tarde oscura
se pliega en el silencio de tu rostro
y esa niña en grisalla con lazos en el pelo
siente con amargura mi derrota anunciada,
sufre la soledad del hombre ante la muerte,
solloza en los relojes
por la eterna crueldad del tiempo con Saturno;
ya no escribes mi nombre en el camino
devastado en los bordes de tu huella
y en su candor
no vuelve a las sandalias profundas de tu canto,
a la sonrisa tierna que llora entre los sauces.

III




Estás ahí, en ese trozo de papel borrado
que ya no habla de cambios
y de justicia
en los tugurios donde la bruma se detiene,
estás en mis brazos cuando sueñas
con el deseo de amarte por encima de las hojas
y de la muerte
cuando respiras en mis labios,
estás con mi sombrero azul de fieltro en mis rodillas,
caminas por el nácar de un negativo oscuro
como la nube de polvo que mecía
cada mañana tu almohada con mis manos
y el vestigio de una plegaria perseguida
por la virgen sin luz
de la capilla sin nombre y cerrada
por la sangre que perdía el clavel del Mentidero.

IV

El poema manchado de tu silla
y el vino de la noche
descienden a tu rostro de sirena exiliada
por el vuelo nervioso de una alondra
que no pliega las alas y emprende otro camino,
como un hueco en el salón
que golpea en las ramas de una puerta
ebria y atormentada
como la juventud que no fue nuestra
y llora
cada vez que me asomo a la veranda de tus labios,
al amargor de los helechos
de un niño ciego amortajado por el amor
que no supo querernos cuando llegó la noche larga.

sábado, 22 de agosto de 2026

Sacerdotes

 


Sacerdotes


Me enamora esta extraña rudeza de los vivos.
Me enamoran los ritmos
de los miembros ya muertos.
Me enamoran aquellos que ya entraron
en la noche que huele a pétalos y a polvo.

( Sidney Keyes - Traducción; Mariano Manent)

He pensado mucho en Ramón Ataz en estos días, en cierta forma muchas de las cosas que he escrito han podido verse modificadas por la impresión, difícil de explicar, pero cierta, de pesimismo valiente lleno de esperanza que me ha dejado su despedida. Reconozco que al escribir éste que os presento, el más osado de todos los que he escrito puesto que en su búsqueda olvidó que existen las cuerdas y las redes o que siempre puede haber un lugar seguro donde guardar la ropa antes de mostrar una herida, su recuerdo era vago y difuso.

Pero no puedo reprimir mi admiración hacia un hombre que no solamente sabía latín, estoy casi seguro de ello, sino que lo amaba, de eso no me cabe la menor duda, y lo mostraba siempre con la humildad del peregrino iluminado, nunca se subió al púlpito para hacerlo. La causa de que no le dedique el poema abiertamente no es otra de que me queden muchas dudas de que el poema esté a la altura de lo que él merece.

Por pasar, puede ocurrir de todo en esta vida,
tan monótona y siempre abierta a la sorpresa.

Este poeta que se burla de su sombra y el destino
podría ser bendecido por el pueblo
que le volvió la espalda cuando necesitaba
calor en el largo invierno que su alma fingía
y algo esperaba
mover en las conciencias con su aullido temerario,
mas no por el sacerdote
que desde la primera fila podrá ver
las arrugas profundas que el hambre
y la verdad habrán labrado.

No es algo que yo diga,
es por todos admitido,
cada cual en su escenario despliega lo que tiene,
y ya sabe el actor que vive por las mujeres
que, casi nunca, visitan el camerino
cuando se apagan las luces.

Desconfía, Horacio,
incluso de aquellas almas delicadas
cuando se olvidan del hombre e imponen con voz
condescendiente el brillo de su sotana,
ellas no soportan el verbo temerario
de quien ya no sabe lo que dice,
pero en sus metáforas absurdas les recuerda
el origen de la miseria de sus triunfos.

No tengo más destino

 No tengo más destino que el aroma

de tu cuerpo temblando junto al mío
y sentir el ansiado escalofrío
de la venda de amor que al aire asoma.

No tengo más remedio que la toma
del corazón que fluye como un río
y me lleva a los pies del desvarío
de tu soga de amor que al viento doma.

Me acercaré a tu pecho que provoca
y no podré errar aunque tú falles
pues te llevo en el alma que te invoca.

No podré caminar sin los detalles
que circundan la línea de tu boca;
te escucharé, amor, aunque te calles,

Extraño fruto

 Abel Meerepol







Los árboles del Sur tienen un fruto extraño

con sangre en sus raíces,

sangre en sus hojas.

Los negros danzan

con los vientos del Sur

como esa fruta extraña que cuelga de los álamos.


Idílicas escenas llenan el Sur amable

entre los ojos mórbidos y la boca indignada,

de magnolia un aroma

plácido y fresco

penetra en el olor ardiente de la carne.


Aquí dormita el fruto que los cuervos arrancan,

que la lluvia recoge,

inspira el viento

y pudre el sol,

cuando cae del árbol

se amasa una cosecha lastimosa y extraña.


(Abel Meerepol – 193

9 – Variación – F. E. León)

Patrizio Bárbaro - A Pasolini











El problema es tener ojos

y no saber ver,

mirar las cosas que acontecen.

Ojos cerrados, ojos que ya no ven...

que ya no son inquietos.

Que ya no esperan que ocurra nada más.

Quizás porque no creen

que la belleza exista.

Pero ella pasa sobre el desierto

de nuestras calles

rompiendo el límite agotado

y llenando nuestros ojos de un deseo infinito.


(Variación - Francisco Enrique León)

Leonard Cohen - Perdí mi camino

 "I lost my way,

I forgot to call on your name.
The raw heart beat against the world,
and the tears were for my lost victory.
But you are here.
You have always been here.
The world is all forgetting,
and the heart is a rage of directions,
but your name unifies the heart,
and the world is lifted into its place.
Blessed is the one who waits
in the travellers heart for his turning."


"Perdí mi camino,
olvidé invocar tu nombre.
El corazón prístino latía contra el mundo
y lágrimas fluyeron por mi victoria perdida.
Pero tú estás aquí.
Tú siempre has estado aquí.
El mundo lo olvida todo,
y el interior es un torbellino de itinerarios[iii],
pero tu nombre unifica el corazón,
y el mundo se levanta en su lugar.
Bienaventurado el que espera
en el corazón de los viajeros para que vuelvan. "

Anne Sexton

  Sexton - La verdad que los muertos conocen


https://cuadrivio.net/wp-content/upload ... Sexton.jpg


[img]Se me han ido, vuelvo de la iglesia

evitando la fría procesión hasta la tumba,

dejando a los muertos solos en el coche.

Es Junio y estoy cansada de mi entereza.


Nos dirigimos al Cabo, y me animo a mí misma

cuando el sol se desvanece en el azul

y el mar se balancea como una cancela de hierro

y nos emocionamos. Muere la gente en otros lugares.


El viento, querido, cae como guijarros

de las blancas aguas y cuando nos turbamos

lo hacemos plenamente. Nadie está solo.

Los hombres matan por esto o cosas parecidas.


En cuanto a los muertos... viven descalzos

en los barcos de piedra

porque son más de piedra que el mar cuando se aquieta.”

No quieren que les bendigan

la garganta, los ojos, los tendones.


Para mi madre, nacida en marzo de 1902, murió en marzo de 1959

y mi padre, nacido en febrero de 1900, murió en junio de 1959


For my Mother, born March 1902, died March 1959

and my Father, born February 1900, died June 1959



Gone, I say and walk from church,

refusing the stiff procession to the grave,

letting the dead ride alone in the hearse.

It is June. I am tired of being brave.


We drive to the Cape. I cultivate

myself where the sun gutters from the sky,

where the sea swings in like an iron gate

and we touch. In another country people die.


My darling, the wind falls in like stones

from the whitehearted water and when we touch

we enter touch entirely. No one’s alone.

Men kill for this, or for as much.


And what of the dead? They lie without shoes

in their stone boats. They are more like stone

than the sea would be if it stopped. They refuse

to be blessed, throat, eye and knucklebone.