domingo, 25 de noviembre de 2018

Enredados en las redes del Ventoux



Cada expresión artística ha tenido épocas de esplendor favorecidas por unas circunstancias concretas y por la aparición de genios irrepetibles que intuían las posibilidades que se les ofrecía para pintar lo antiguo con aires de modernidad. Siempre se ha hecho buena música pero hay que tener en cuenta al receptor para valorarlo, en esto radicaría mi desencanto con estos años, no queremos distinguir entre lo valioso y lo superfluo, asumir una responsabilidad con el criterio.

 

La gente no quiere darse cuenta de que, en cierta forma, no ha terminado la Guerra del Vietnam, de que no ha caído el Muro, de que sigue habiendo niños que mueren en la playa, de que Tom Simpson vuelve a su última caída cada 13 de julio por intentar conseguir lo que está fuera de sus posibilidades reales, mientras el hombre aún lucha por alcanzar la Luna. No estamos en los peores años de esta era, pero sí son los que más duelen a los humanistas ya que no se ha resuelto casi nada cuando se tienen más instrumentos que nunca para hacerlo. Estamos dejando escapar un caballo con unas posibilidades inmensas que cada vez está más lejos de lo logrado por la Radio y la Televisión, a pesar de las críticas acerbas que le han llegado a esta última por su proceso de vulgarización.

En Cádiz todos nos morimos siendo unos chiquillos.

Jacques Brel - Vivir de pie



        "Hemos nacido en este tiempo y debemos recorrer el camino hasta el final. No hay otro. Es nuestro deber permanecer sin esperanza de salvación en el puesto ya perdido. Permanecer como aquel soldado romano cuyo esqueleto se ha encontrado delante de una puerta en Pompeya que murió porque al estallar la erupción del Vesubio nadie se acordó de licenciarlo. Eso es grandeza. Eso es tener raza. Ese honroso final es lo único que no se le puede quitar al hombre." 


Osvald Spengler, 'El hombre y la técnica'.

Como un hoplita desarmado en el sendero
que no sabe detener la avalancha 
y la afronta sabiendo su destino.
(Los persas)

Brel es una de las grandes paradojas de mi vida, quizás ningún cantante me guste más que él, represente mejor lo que yo hubiera querido ser, lograra lo que nunca podré tener, pero no me atreví a escribir nada sobre su gloria y su tormento hasta hace poco más de un año, eso creo. Pienso que esta dejación imperdonable era porque me imponía, porque pasé madrugadas traduciendo sus versos con lo poco que tenía y era feliz en mi melancolía.

           Es fastidioso y sientes pena al pensar que nada volverá a ser como antes, que ese niño con canas que siempre llega tarde a la escuela ha perdido la paciencia y lee sin saber lo que está escrito, pero te fortalece su mensaje en el recuerdo. Creo entenderlo bien, a pesar de las brumas y el lenguaje, aunque por ello no esté de acuerdo con algunas de sus actitudes y posicionamientos, siempre es interesante querer atravesar las circunstancias en que una persona con un irrenunciable espíritu revolucionario fuera tildado de reaccionario. En estos días sentimos miedo de decir lo que pensamos amenazados por la guadaña intransigente de la corrección, ante ciertas cuestiones dar una opinión se convierte con facilidad, si no se dice lo esperado, en una acusación de mentalidad regresiva, como si no fuera posible seguir adelante con unos determinados sentimientos, como si amar se hubiera convertido en algo distinto, como si tuviéramos que procesar la pertinencia de una sonrisa y reírnos de una ocurrencia unos segundos más tardes de que nos la hayan contado. 

Creo que nunca se ha utilizado con más propiedad y sentido aquello de que Brel solo se parecía a Brel; él que amaba la paz, no era ese soldado, era todo un ejército cuando se trataba de cumplir lo que había dicho por más de que no hubiera público que le escuchara, un hoplita desarmado que se crece en la derrota y no huye ante la llegada de los persas porque no entiende la vida sin la polis. 

         Pienso que en su origen hay una diversidad que me recuerda a mi ciudad, en su caso afecta seriamente a dos factores, entre otros muchos que le iría añadiendo la vida, era un flamenco que se expresaba en francés, eso hizo que se sintiera más cerca de sus hermanos de lengua, manteniendo unas distancias pronunciadas por motivos políticos, y que conocía bien las costumbres que no quería aceptar, con los de sangre, y un católico que nunca renunció del todo a esta confesión a pesar de su descreimiento. Supongo que por su posicionamiento siempre militante en sus canciones de amor hoy día no le dejarían actuar en "El Olympia" y el poco agraciado auditorio parisino perdería el hito más perdurable que sustenta su leyenda; desde la adolescencia y los primeros amoríos interpretaba la relación amorosa como una tierna guerra, prevaleciendo esto último, y en ella solía estar al lado del hombre, él lo era, en lo bueno y lo malo hablaba siempre de la derrota.

sábado, 17 de noviembre de 2018

El muro de las lamentaciones



Comprendiste con dolor que los hombres nunca lloran,
después llegó el diluvio,
aprendimos a naufragar en la orilla
pero no sabemos lo que hemos aprendido;
el amor siempre es un sueño que nos despierta
y la vida nos sorprende dormidos
cuando soñar es un privilegio de los atormentados
que no cierran los ojos cuando aparece el destino.

No puedes tener de mí lo que no me pertenece
no puedo tener de ti lo que perdiste
y aún conservas
en un poema de amor que nadie leerá nunca
aunque esté escrito en el muro de las lamentaciones.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Leonard Cohen - Sintiendo desde la torre de la Canción




Creo, Juan Carlos, que tan bueno como acordarnos de nuestros cantantes es elegir las canciones que mejor los representan. Con Cohen siempre recurres a aquellas que sustentan el mito de su inmortalidad; sobrevivirían como poemas de gran altura y de belleza emocionada al leerlos hacia adentro cuanto más ofrecidos en profunda sintonía con la música. 
***

Vi muy acertada la reivindicación que Cohen hace de Hank Williams en esta canción, también Dylan tuvo palabras laudatorias y un sincero agradecimiento para ese desconocido entre nosotros que reinventó el country y que escribía sus propias canciones, que verdaderamente pagó el alquiler más alto en el mundo de la música.

Leonard insiste en el paso del tiempo y en lo duro que es mantenerse cuando se han perdido las ilusiones. Te dejo una traducción de la primera estrofa, el tercer verso se me resiste, me acogí a lo que entendí y, quizás, no acertara, pero creo que pone bien claro lo fácil que puede llegar a ser conseguir sexo y lo complicado que es conseguir amor.

Mis amigos ya se han ido y tengo el cabello gris,
ahora sufro en los lugares donde solía jugar
y estoy loco de amor pero no lo alcanzo,
solo pago la renta cada día
en La Torre de la canción.

***
(2017)

Creo que Leonard Cohen intentaba arrimar cada tema a la vida y al amor, triste y hermosa, como la queja sin esperanza de una muchacha sefardí, es la historia de esa amante que se ha ido separando de él, con su voz grave y dolorida le advierte que la seguirá escuchando porque él, cuando ella se haya ido definitivamente, le hablará con ternura y recuerdo desde la Torre de la Canción.

Leonard Cohen empezó muy tarde en esto del mundo de la música, tenía unos 34 años, cuando los monstruos asustados que, aún hoy, nos siguen nos siguen arrastrando con sus miedos, lo habían hecho apenas superada la veintena. “Las canciones de Leonard Cohen” es un álbum mítico que le aseguró para siempre el respeto, quizás no la comprensión, entre críticos, músicos y poetas. Pero vivió profundas decepciones a lo largo de su carrera.

 Pienso que sus mejores creaciones, cuando ya se veía amenazado por el tiempo y temblaba con la misma intensidad cuando miraba el pasado y no encontraba el futuro, son una crítica poética y amarga de ese mundo al que ya no podía ver distinto a los otros, a los que veía precipitarse sobre las ruinas de los sueños que habían sido cubiertas con el manto de la vulgaridad en la que iban cayendo los nuevos medios de comunicación. Los versos más afortunados y terribles de la segunda parte, se dice que nunca fueron buenas, de su primer resurgimiento se los reserva para los asuntos que le eran más queridos; el dolor por el paso del tiempo, el alejamiento, sin que se perciba apenas, de los amigos y la muerte de un gran amor, porque son los que siempre acaban en ruptura; es difícil recuperar cada día la resurrección de los primeros momentos. Es imposible que los seguidores del poeta olvidemos a Marianne Ihlen.

***
Me emocionó, también a mí se me escapaba alguna lágrima, sobre todo cuando evocaba al músico español que le enseñó a tocar la guitarra española y cuando brillaban sus ojos taciturnos mientras pronunciaba con morosidad y temblando el nombre de su poeta. Estos versos que te dejo es muy posible que nunca los hubiera escrito si no fuera por Cohen. Lo tengo a él y a Saint-Exupéry como los maestros que me enseñaron a perder el miedo a volar al adentrarme en la alegoría. No creo que tenga sitio en la Torre de la canción, pero nadie puede impedir que escriba lo que veo cuando estoy mirando el mundo desde lo alto de ella.

Dejas en las arenas el rastro de un recuerdo
que vibra acompasado
en la huella del alma plena que no se pierde,
en revistas que llegan vestidas de fracaso,
ilusiones sin voz que gritan en el muro
donde esperas que vuelva mi nombre entre las piedras.

Creo que le cogí el pulso a Cohen hace unos meses después de años intentándolo, incluso empecé a escribir un poemario; "According to Leonard Cohen" que se quedó en un puñadito de poemas de escaso mérito. Si quieres te busco alguno de ellos para que veas que no miento. Fue visitar Hydra, milagros de la Red, y todo empezó a ir mejor, fue comprender su delicadísima situación con respecto al estado de Israel, su pasión por las mujeres que le alejó de Marianne, su sincero rechazo del star-system, su relación con la poesía como algo necesario para aferrarse a la vida...

(2018)

jueves, 8 de noviembre de 2018

Recuerdos de Barcelona



1

Como un pájaro en los cables,
como un borracho en una ronda nocturna
he intentado ser libre a mi manera.
(Leonard Cohen)

Estuvimos tanto tiempo juntos
que hasta llegamos a amarnos
en el crepúsculo de los dioses que morían
porque sufríamos
la estulticia faraónica de los viejos gobiernos,
las cadenas libertarias de las nuevas revoluciones.

He comprendido que no puedo engañarte,
que cuando te miento
sobre los himnos y consignas de nuestra juventud
el amor se derrumba
en el infierno de las explicaciones,
en las palabras gloriosas que no tienen sentido
cuando se funden en un beso sin recuerdos ni labios,
en unos brazos cuya esperanza se pierde
en una calle de sombras con farolas apagadas,
en una barca que no llega a la orilla de los templos,
a los estigmas candentes de los mártires postergados.

Estuvimos tanto tiempo juntos
que comprendo que tenga tu cuerpo bendecido
aunque no estés a mi lado,
que sea tu herida la sangre de mis venas,
las llagas de mi pelo, las uñas de mi derrota.

2

Y ahora, solo, triste, sin amor
voy del puerto hacia la niebla.
(En el Poblado Marinero)

Me humillas como si de repente
te acordaras de que no soy el amigo
infatigable del viento
que murió en tus brazos y te llamaba,
como si hubieras enterrado en una flor
los pétalos marchitos
y el sueño del poeta que adoraste en la alborada,
como si ondearas tu lúbrica bandera
diciendo que no puedo acariciar
su aliento y sus mejillas
cuando despliega su emoción en ráfagas abiertas
y llega a tu recuerdo
y te ilumina,
como si me mintieras cada vez
que me dices te quiero
y me llevaras como una carga de soledad y espinas
entonando el himno fugitivo
que nació entre tus manos y se perdió en el mástil
y ya no puede ser mío
sino para la boca
que navega en tu tristeza y gobierna tus adentros.

3

Que me acoja el dolor
humano de los vivos,
que me lleve la suave
tristeza de los muertos.
(El fajador)

Ni siquiera alguien como yo
podrá salir indemne del dolor que me causas,
cayeron otras torres sobre la soledad
del Metro por la noche,
otros muros acogieron el amor que te daba
y guardan tu recuerdo como una flor que siente
en el papel que tiembla y busca mi candor.

Cambiaron los espejos del mar que nos miraba
y el aire no es azul
entre el himno de los coches
y el rumor del tabaco en labios juveniles
que nunca aprendieron
a creer en el ayer y no creen en el mañana.

Y supe encajar los golpes en el ring de la vida,
refugiarme en tu rostro
ante la incomprensión del mundo enrevesado
de las rosas de plástico y las canciones fingidas
que atravesaban calles sin melodía y sin voz.

Ni siquiera yo, que fui el aroma
de la resistencia de los perdidos sin causa,
que sostuve en la deriva
el alma del perdedor que no sabe rendirse
e insiste en evocar cada derrota,
que atravesé el desierto de tu indiferencia,
la cruz de aquellos ojos que suben el Calvario
y no pueden rezar con palabras que niegan
un pasado risueño que marchitó tu mano,
las garras de tu olvido para volver a amarme,
podré alzar los brazos
ante esa serpiente sonriente que me muerde en el rostro
alentada por el veneno de tu rencor,
por el sabor lejano de la fruta que mordiste en secreto.

Terminó todo, después vendrá la noche
a despejar las sombras de los claros,
a enamorarse de la tristeza de los días dichosos.