domingo, 28 de junio de 2015

Las cifras del desnudo





Cada poema se pondrá el vestido
de tristeza que no atienda a razones
y alimente las cifras del desnudo
que te arranqué sin verte en los salones.


Pero ahora me voy como un ausente
sin calle, sin semáforo, sin coche
como la piedra helada de tu frente
que ya no piensa en mí,
que no late, no llora, que no siente.


Habrá una aurora nueva en tu silencio,
un mensaje de dudas
en mi buzón de espera,
pues no hubo tregua abrupta en mi vida
que sangre y fuego labrado no hubieran
con las rosas durmiendo en el tejado
y los gatos hiriendo
el sueño en la maleza adormecida,
con seres de locura enamorados
y besos sin carmín en las mejillas.


Pero me voy como un hueco que grita
en los parajes yermos del espanto
abrigando en mi pecho soledades,
incomprensión de olvido que no acaba,
derroteros del mar que nos inunda
y deja nuestros ojos sin ventanas
y una estrofa temblando en los andenes
de tu pelo perdido en los jazmines.


Pero ahora me voy como un ausente
sin calle, sin semáforo, sin coche,
como la piedra helada de tu frente
que ya no piensa en mí
que no late, no llora, que no siente.

miércoles, 24 de junio de 2015

Me amabas... y sin embargo

      

      Me amabas en tu ardiente frialdad con la misma pasión descontrolada con la que yo me odiaba, me amabas por aquella incapacidad para concentrarme en una sola idea que existiera antes de que hubiera abierto los ojos y que me hacía tanto daño y tanto amabas tú aunque hubiera logrado que no me soportara y reprobabas los delirios de libertad iconoclasta que cimentaban mi orgullo, mi verdad irrenunciable como hombre, mi empeño en intentar ser humanista antes que poeta. Ahora estoy vencido, amputados de mi alma sueños, causas y azares que me fueron queridos, veo que el tiempo me ha ganado terreno, no se detiene y me acorrala; cabello gris,  arrugas pronunciadas y pragmatismo de importación apresurada adornan la frente que otrora tuviera ansias de laureles. Ya no pienso en vender miles de libros, no  iremos a Florencia para comprobar si no podemos dejarla atrás sin preocuparnos por los gastos, no buscaremos el verano eterno en los Mares del Sur. He comprendido que no puedo transitar la encrucijada de sentidos en la que se perdía Quevedo sin soltar las riendas, no puedo llegar a la gente con la naturalidad envenenada de Sabina, no puedo ser querido como Joan Manuel Serrat.

       Pero pienso en las ruinas de Bogart sacando adelante una empresa desde la desesperanza, es cierto que me amabas por lo que yo me odiaba, pero aún me amas y yo estoy empezando a no odiarme, como decía Joaquín "las cosas no dan mucho más de sí."

(Conversaciones con Laura.)

martes, 23 de junio de 2015

Tu herida

Insisto en los acordes de la guitarra oscura
que duerme entre los labios de un trovador que llora,
en los muelles que añoran de tus barcos la ausencia,
en la torre que muere prisionera en los muros
de las alas azules que cortaron tus pájaros.

Pues hoy la tierra gime y no tengo tu acento,
pues hoy me precipito sobre la huella inquieta
que tu orgullo fingía
y tu amor abrigaba
sobre la sombra errante del pino solitario
que arrinconó el delirio de una rima candente
y recogió tu vuelo de encendida palabra.

Quiero romper las nubes que tus ojos miraron,
vivirte en la fragancia de las horas que pasan
en la niebla que brilla entre los farallones,
arrancar un nocturno de Chopin de tu pecho,
acariciar tu herida como si recordaras,
como si fueras vida,
como si fueras viento.

I want you - A María C.

        Jesús me trajo la película que me sirvió de inspiración, tenía que verla por el esfuerzo que hizo para conseguirla. Siempre creí que el I want you de Dylan era un tema menor pero pegadizo. Como tantas otras veces, estaba equivocado y me alegré profundamente.




Nunca te deseé tanto
como en aquel hotel de mala muerte
cuando te ajustabas las medias
después de haberlo hecho

con poco arte de mi lado
corroído por la culpa como estaba.

Porque tú y yo sabemos
que yo deliraba, estancado
en un sueño de amor
que nunca se abriría
por más que me chocara
contra el muro de las lamentaciones.

Te ponías la falda
para ir a tus clases de Francés,
me dejaste para un taxi...
y no he vuelto a verte;
te fuiste para siempre con Musset.

... ... ... ... ... ... ...

Y te deseo, te deseo,
te deseo tanto
que eres una masturbación
en silencio
en tantas noches de soledad en compañía,
que me hieren y me derrumban
desde que no veo aquellas piernas. 



Publicado el 13 de Agosto de 2014

lunes, 22 de junio de 2015

Bob Dylan - Mr Tambourine Man

Profeta y trovador que deslizara la última canción de un tiempo en otros labios.



       Bob Dylan no es Dios, pero debemos admitir que en su época dorada, esa que va de 1963 a 1976, hubo momentos de plenitud en los que parecía que tenía comunicación directa con él. Esta canción nos lo recuerda.

sábado, 20 de junio de 2015

Leonard Cohen la exaltación sublime de la tristeza



 

Well my friends are gone and my hair is grey
I ache in the places where I used to play
And I'm crazy for love but I'm not coming on
I'm just paying my rent every day
Oh in the Tower of Song.


Mis amigos se fueron y tengo el cabello gris,
ahora sufro en los sitios donde solía jugar
y estoy loco de amor pero no lo alcanzo,
solo pago la renta cada día
en La Torre de la canción.

sábado, 13 de junio de 2015

Hay quien puede creer



Hay quien puede creer que aún cantas entre los muertos
esa canción que me ponía tan triste,
que sueñas en los escalones
del umbral de una casa sin muros ni recuerdos
inserta en un cartel publicitario,
que miras la profundidad de la baraja
donde yace la muerte teñida de imprudencia,
tu juventud atravesada por una pluma sin tintero
cuya esperanza se ha perdido,
tu sonrisa acorralada por un deseo de amor
que no despierta,
las hojas muertas llevadas por el viento, 
tu vestido arrugado en la tierra naufragando.

viernes, 12 de junio de 2015

El poeta pide a su amor que le escriba


        
       No conozco ejemplos de intertextualidad más logrados que los de Lorca en este soneto, en unos casos los reproduce literalmente, en el otro a través de un genial cambio del orden en las palabras que altera algo el sentido sin resentirse en la hondura. Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Quevedo brillan en una creación solo al alcance de un poeta que ya no se pone límites cuando se trata de transgredir lo aceptado y a no atender a regla alguna aunque sus Sonetos del amor oscuro sean un ejemplo de ortodoxia formal evitando sinalefas que pudieran ser sometidas a enfrentadas interpretaciones. El misticismo de los primeros convertido en carnal pasión amorosa, la soledad en el amor y en la muerte de nuestro poeta más profundo en un reflejo brillante y propio de quien siglos más tarde rivalizaría con él.

       A todo esto, Amancio Prada sublime en su interpretación.
  
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal, la piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena 

noche del alma para siempre oscura.

Las ramas de laurel



Las ramas de laurel que se me alejan
y anudan los temblores de los montes perdidos
donde sueña sin sueño
la noche más oscura del llanto de los pájaros,
me llevan a la angustia
de perseguir tu huella,
de hurgar en recovecos sombríos y sinuosos
para encontrar tu herida.

El resplandor que abriga una corona oscura,
la fuente de mi barrio perdida en una copla
anuncian el adiós a la colina,
su quejido ahogado entre los matorrales
y el amor que me diste cuando no me querías.

La brisa del recuerdo que inunda la Almadraba,
se funde con sus muros y empapa su silencio
donde gritan los versos de un trovador dormido.

El llanto se resuelve entre sábanas blancas
que extienden tu misterio y cubren mi mirada,
y buscan su descanso, su olvido para siempre.

Mujer de alma y deseo, caricia que me rompe,
corazón que me busca, me hiere y no me llama,
me dejas desterrado en el miedo y las sombras
a solas con el mar de dolor que me cubre,
en esas olas negras que arrastran a la playa.

domingo, 7 de junio de 2015

Ya no mueren los labios lejanos que tuviste



Ya no mueren los labios lejanos que tuviste 
en el rubor sin rostro de una lágrima amarga 
que cae en el espejo de una sonrisa triste,
una fragancia muerta, una esperanza herida,
un árbol arrastrado por las hojas del tiempo. 


He perdido tu gracia, el ritmo de tus brazos, 
los libros que guardabas en el desván del viento, 
tengo sangre en las alas,
 el corazón perdido
y una corona mustia que insiste en los reflejos 
de aquellos versos largos que huyeron de mi alma.

Ya no busco en las sombras el aura de tu rostro, 
tu cintura prendida en un deseo que hiere, 
la luz de tu recuerdo en las calles vacías, 
pero sigo surcando 
el mar de tu mirada.