domingo, 25 de noviembre de 2018

Enredados en las redes del Ventoux



Cada expresión artística ha tenido épocas de esplendor favorecidas por unas circunstancias concretas y por la aparición de genios irrepetibles que intuían las posibilidades que se les ofrecía para pintar lo antiguo con aires de modernidad. Siempre se ha hecho buena música pero hay que tener en cuenta al receptor para valorarlo, en esto radicaría mi desencanto con estos años, no queremos distinguir entre lo valioso y lo superfluo, asumir una responsabilidad con el criterio.

 

La gente no quiere darse cuenta de que, en cierta forma, no ha terminado la Guerra del Vietnam, de que no ha caído el Muro, de que sigue habiendo niños que mueren en la playa, de que Tom Simpson vuelve a su última caída cada 13 de julio por intentar conseguir lo que está fuera de sus posibilidades reales, mientras el hombre aún lucha por alcanzar la Luna. No estamos en los peores años de esta era, pero sí son los que más duelen a los humanistas ya que no se ha resuelto casi nada cuando se tienen más instrumentos que nunca para hacerlo. Estamos dejando escapar un caballo con unas posibilidades inmensas que cada vez está más lejos de lo logrado por la Radio y la Televisión, a pesar de las críticas acerbas que le han llegado a esta última por su proceso de vulgarización.

En Cádiz todos nos morimos siendo unos chiquillos.

Jacques Brel - Vivir de pie



        "Hemos nacido en este tiempo y debemos recorrer el camino hasta el final. No hay otro. Es nuestro deber permanecer sin esperanza de salvación en el puesto ya perdido. Permanecer como aquel soldado romano cuyo esqueleto se ha encontrado delante de una puerta en Pompeya que murió porque al estallar la erupción del Vesubio nadie se acordó de licenciarlo. Eso es grandeza. Eso es tener raza. Ese honroso final es lo único que no se le puede quitar al hombre." 


Osvald Spengler, 'El hombre y la técnica'.

Como un hoplita desarmado en el sendero
que no sabe detener la avalancha 
y la afronta sabiendo su destino.
(Los persas)

Brel es una de las grandes paradojas de mi vida, quizás ningún cantante me guste más que él, represente mejor lo que yo hubiera querido ser, lograra lo que nunca podré tener, pero no me atreví a escribir nada sobre su gloria y su tormento hasta hace poco más de un año, eso creo. Pienso que esta dejación imperdonable era porque me imponía, porque pasé madrugadas traduciendo sus versos con lo poco que tenía y era feliz en mi melancolía.

           Es fastidioso y sientes pena al pensar que nada volverá a ser como antes, que ese niño con canas que siempre llega tarde a la escuela ha perdido la paciencia y lee sin saber lo que está escrito, pero te fortalece su mensaje en el recuerdo. Creo entenderlo bien, a pesar de las brumas y el lenguaje, aunque por ello no esté de acuerdo con algunas de sus actitudes y posicionamientos, siempre es interesante querer atravesar las circunstancias en que una persona con un irrenunciable espíritu revolucionario fuera tildado de reaccionario. En estos días sentimos miedo de decir lo que pensamos amenazados por la guadaña intransigente de la corrección, ante ciertas cuestiones dar una opinión se convierte con facilidad, si no se dice lo esperado, en una acusación de mentalidad regresiva, como si no fuera posible seguir adelante con unos determinados sentimientos, como si amar se hubiera convertido en algo distinto, como si tuviéramos que procesar la pertinencia de una sonrisa y reírnos de una ocurrencia unos segundos más tardes de que nos la hayan contado. 

Creo que nunca se ha utilizado con más propiedad y sentido aquello de que Brel solo se parecía a Brel; él que amaba la paz, no era ese soldado, era todo un ejército cuando se trataba de cumplir lo que había dicho por más de que no hubiera público que le escuchara, un hoplita desarmado que se crece en la derrota y no huye ante la llegada de los persas porque no entiende la vida sin la polis. 

         Pienso que en su origen hay una diversidad que me recuerda a mi ciudad, en su caso afecta seriamente a dos factores, entre otros muchos que le iría añadiendo la vida, era un flamenco que se expresaba en francés, eso hizo que se sintiera más cerca de sus hermanos de lengua, manteniendo unas distancias pronunciadas por motivos políticos, y que conocía bien las costumbres que no quería aceptar, con los de sangre, y un católico que nunca renunció del todo a esta confesión a pesar de su descreimiento. Supongo que por su posicionamiento siempre militante en sus canciones de amor hoy día no le dejarían actuar en "El Olympia" y el poco agraciado auditorio parisino perdería el hito más perdurable que sustenta su leyenda; desde la adolescencia y los primeros amoríos interpretaba la relación amorosa como una tierna guerra, prevaleciendo esto último, y en ella solía estar al lado del hombre, él lo era, en lo bueno y lo malo hablaba siempre de la derrota.

sábado, 17 de noviembre de 2018

El muro de las lamentaciones



Comprendiste con dolor que los hombres nunca lloran,
después llegó el diluvio,
aprendimos a naufragar en la orilla
pero no sabemos lo que hemos aprendido;
el amor siempre es un sueño que nos despierta
y la vida nos sorprende dormidos
cuando soñar es un privilegio de los atormentados
que no cierran los ojos cuando aparece el destino.

No puedes tener de mí lo que no me pertenece
no puedo tener de ti lo que perdiste
y aún conservas
en un poema de amor que nadie leerá nunca
aunque esté escrito en el muro de las lamentaciones.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Leonard Cohen - Sintiendo desde la torre de la Canción




Creo, Juan Carlos, que tan bueno como acordarnos de nuestros cantantes es elegir las canciones que mejor los representan. Con Cohen siempre recurres a aquellas que sustentan el mito de su inmortalidad; sobrevivirían como poemas de gran altura y de belleza emocionada al leerlos hacia adentro cuanto más ofrecidos en profunda sintonía con la música. 
***

Vi muy acertada la reivindicación que Cohen hace de Hank Williams en esta canción, también Dylan tuvo palabras laudatorias y un sincero agradecimiento para ese desconocido entre nosotros que reinventó el country y que escribía sus propias canciones, que verdaderamente pagó el alquiler más alto en el mundo de la música.

Leonard insiste en el paso del tiempo y en lo duro que es mantenerse cuando se han perdido las ilusiones. Te dejo una traducción de la primera estrofa, el tercer verso se me resiste, me acogí a lo que entendí y, quizás, no acertara, pero creo que pone bien claro lo fácil que puede llegar a ser conseguir sexo y lo complicado que es conseguir amor.

Mis amigos ya se han ido y tengo el cabello gris,
ahora sufro en los lugares donde solía jugar
y estoy loco de amor pero no lo alcanzo,
solo pago la renta cada día
en La Torre de la canción.

***
(2017)

Creo que Leonard Cohen intentaba arrimar cada tema a la vida y al amor, triste y hermosa, como la queja sin esperanza de una muchacha sefardí, es la historia de esa amante que se ha ido separando de él, con su voz grave y dolorida le advierte que la seguirá escuchando porque él, cuando ella se haya ido definitivamente, le hablará con ternura y recuerdo desde la Torre de la Canción.

Leonard Cohen empezó muy tarde en esto del mundo de la música, tenía unos 34 años, cuando los monstruos asustados que, aún hoy, nos siguen nos siguen arrastrando con sus miedos, lo habían hecho apenas superada la veintena. “Las canciones de Leonard Cohen” es un álbum mítico que le aseguró para siempre el respeto, quizás no la comprensión, entre críticos, músicos y poetas. Pero vivió profundas decepciones a lo largo de su carrera.

 Pienso que sus mejores creaciones, cuando ya se veía amenazado por el tiempo y temblaba con la misma intensidad cuando miraba el pasado y no encontraba el futuro, son una crítica poética y amarga de ese mundo al que ya no podía ver distinto a los otros, a los que veía precipitarse sobre las ruinas de los sueños que habían sido cubiertas con el manto de la vulgaridad en la que iban cayendo los nuevos medios de comunicación. Los versos más afortunados y terribles de la segunda parte, se dice que nunca fueron buenas, de su primer resurgimiento se los reserva para los asuntos que le eran más queridos; el dolor por el paso del tiempo, el alejamiento, sin que se perciba apenas, de los amigos y la muerte de un gran amor, porque son los que siempre acaban en ruptura; es difícil recuperar cada día la resurrección de los primeros momentos. Es imposible que los seguidores del poeta olvidemos a Marianne Ihlen.

***
Me emocionó, también a mí se me escapaba alguna lágrima, sobre todo cuando evocaba al músico español que le enseñó a tocar la guitarra española y cuando brillaban sus ojos taciturnos mientras pronunciaba con morosidad y temblando el nombre de su poeta. Estos versos que te dejo es muy posible que nunca los hubiera escrito si no fuera por Cohen. Lo tengo a él y a Saint-Exupéry como los maestros que me enseñaron a perder el miedo a volar al adentrarme en la alegoría. No creo que tenga sitio en la Torre de la canción, pero nadie puede impedir que escriba lo que veo cuando estoy mirando el mundo desde lo alto de ella.

Dejas en las arenas el rastro de un recuerdo
que vibra acompasado
en la huella del alma plena que no se pierde,
en revistas que llegan vestidas de fracaso,
ilusiones sin voz que gritan en el muro
donde esperas que vuelva mi nombre entre las piedras.

Creo que le cogí el pulso a Cohen hace unos meses después de años intentándolo, incluso empecé a escribir un poemario; "According to Leonard Cohen" que se quedó en un puñadito de poemas de escaso mérito. Si quieres te busco alguno de ellos para que veas que no miento. Fue visitar Hydra, milagros de la Red, y todo empezó a ir mejor, fue comprender su delicadísima situación con respecto al estado de Israel, su pasión por las mujeres que le alejó de Marianne, su sincero rechazo del star-system, su relación con la poesía como algo necesario para aferrarse a la vida...

(2018)

jueves, 8 de noviembre de 2018

Recuerdos de Barcelona



1

Como un pájaro en los cables,
como un borracho en una ronda nocturna
he intentado ser libre a mi manera.
(Leonard Cohen)

Estuvimos tanto tiempo juntos
que hasta llegamos a amarnos
en el crepúsculo de los dioses que morían
porque sufríamos
la estulticia faraónica de los viejos gobiernos,
las cadenas libertarias de las nuevas revoluciones.

He comprendido que no puedo engañarte,
que cuando te miento
sobre los himnos y consignas de nuestra juventud
el amor se derrumba
en el infierno de las explicaciones,
en las palabras gloriosas que no tienen sentido
cuando se funden en un beso sin recuerdos ni labios,
en unos brazos cuya esperanza se pierde
en una calle de sombras con farolas apagadas,
en una barca que no llega a la orilla de los templos,
a los estigmas candentes de los mártires postergados.

Estuvimos tanto tiempo juntos
que comprendo que tenga tu cuerpo bendecido
aunque no estés a mi lado,
que sea tu herida la sangre de mis venas,
las llagas de mi pelo, las uñas de mi derrota.

2

Y ahora, solo, triste, sin amor
voy del puerto hacia la niebla.
(En el Poblado Marinero)

Me humillas como si de repente
te acordaras de que no soy el amigo
infatigable del viento
que murió en tus brazos y te llamaba,
como si hubieras enterrado en una flor
los pétalos marchitos
y el sueño del poeta que adoraste en la alborada,
como si ondearas tu lúbrica bandera
diciendo que no puedo acariciar
su aliento y sus mejillas
cuando despliega su emoción en ráfagas abiertas
y llega a tu recuerdo
y te ilumina,
como si me mintieras cada vez
que me dices te quiero
y me llevaras como una carga de soledad y espinas
entonando el himno fugitivo
que nació entre tus manos y se perdió en el mástil
y ya no puede ser mío
sino para la boca
que navega en tu tristeza y gobierna tus adentros.

3

Que me acoja el dolor
humano de los vivos,
que me lleve la suave
tristeza de los muertos.
(El fajador)

Ni siquiera alguien como yo
podrá salir indemne del dolor que me causas,
cayeron otras torres sobre la soledad
del Metro por la noche,
otros muros acogieron el amor que te daba
y guardan tu recuerdo como una flor que siente
en el papel que tiembla y busca mi candor.

Cambiaron los espejos del mar que nos miraba
y el aire no es azul
entre el himno de los coches
y el rumor del tabaco en labios juveniles
que nunca aprendieron
a creer en el ayer y no creen en el mañana.

Y supe encajar los golpes en el ring de la vida,
refugiarme en tu rostro
ante la incomprensión del mundo enrevesado
de las rosas de plástico y las canciones fingidas
que atravesaban calles sin melodía y sin voz.

Ni siquiera yo, que fui el aroma
de la resistencia de los perdidos sin causa,
que sostuve en la deriva
el alma del perdedor que no sabe rendirse
e insiste en evocar cada derrota,
que atravesé el desierto de tu indiferencia,
la cruz de aquellos ojos que suben el Calvario
y no pueden rezar con palabras que niegan
un pasado risueño que marchitó tu mano,
las garras de tu olvido para volver a amarme,
podré alzar los brazos
ante esa serpiente sonriente que me muerde en el rostro
alentada por el veneno de tu rencor,
por el sabor lejano de la fruta que mordiste en secreto.

Terminó todo, después vendrá la noche
a despejar las sombras de los claros,
a enamorarse de la tristeza de los días dichosos.

domingo, 21 de octubre de 2018

Palabras a Constance (V) - I


Es preciso encontrar, en la maraña de lo que nunca escribiste, las palabras que mejor te representen para encontrar una salida a tus equivocaciones, para decirle a los vientos cuando recorran su calle que pasabas por allí, que, aunque nadie lo recuerde, alguna vez viviste, que tuviste una amante aunque nunca yacieras con ella.




Ya no puedo ascender
a la falda plisada del alfiler prendido
como un broche angustiado,
tu huella se perdió en la última fuente
y arrastra otros pasos, otra rosa de nube,
entre los calendarios olvidaste mi fecha,
ya no hablaré de amor cuando diga tu nombre,
sintetiza la muerte el color de tus ojos,
me equivoqué, lo sabes, y no me lo dijiste,
me dejaste soñar en un azul confuso.


Ahora
sé que la muerte
lleva otro vestido,
tiene otra mirada,
miente con otros labios.


***


Sé que ahora la muerte
lleva otro vestido,
tiene otra mirada,
miente con otros labios.


Ya no puedo ascender
al alfiler prendido de la falda plisada  

que cierra tu cintura como una despedida
en un broche angustiado.


Tu huella se perdió en la última fuente
y otros pasos arrastra, 

otra rosa de nube
hacia un camino incierto que ilumina tu rostro
en parcas direcciones que rompen nuestros lazos.

Entre los calendarios olvidaste mi fecha;
ya no hablaré de amor cuando diga tu nombre,
ha bordado la muerte el color de tus ojos,
me equivoqué, lo sabes, y no me lo dijiste,
me dejaste soñar en un azul confuso

y me quedé en la calle de la sonrisa amarga 
con un geranio roto, rostro de primavera.


***   ***   ***

La muerte tiene ojos color avellana.
(Manuel Vicent)

I

Me equivoqué, Constance, 
al pensar que tus ojos eran un cielo, 
en una mañana espesa de engañosa primavera
de ideas descontroladas,
una habitación abierta a sombras desiguales,
un estanque tenso, anclado 
en los ejes de un diario dolorido
que no quería seguir y manchaba las palabras,
las fechas, las fotografías, la tinta, los borrones...

Así  tu mirada muestra en tu rebeca
la muerte cuando piensas
en los cánticos que rompen con una melodía
la fragilidad de la noche del amante
adolescente 
en su primera cita con Georgia en el recuerdo, 
así la primavera parece recortarse
en un grito lejano donde las flores brillan
cuando luces tu vestido por las calles antiguas
que sueñan con tu paso y acarician tus pecados.

Ya no habrá queja alguna,
el sol hierve despacio y sonríe la última
luminiscencia de tu acento 
distante, estanco, seco,
perdido al pie de una nota, 
de algún verso suelto
en una canción sin vida.

Ya no podré negarte en la firma de esos días,
ya no podré fingir
el amor entre tus piernas,
este limo del Tíber se olvidó de estas cruces
que vigilan sin tregua los gigantes de piedra, 
pienso en mi pueblo quieto, párvulo de llanura,
allí recordarán a un triste apasionado
que no se echó a los montes y murió en esa pena
ebria de remordimientos.

Callas, y en torno a ese silencio se derrama el amor
que las columnas del pórtico no sostienen,
el amor que los transeúntes tocan, torturan
y no guardan
pues no lo reconocen en la claridad de la fiesta 
oscura que crepita cuando planeas otro vuelo,
pues temen los suspiros de mujeres de negro
que siguen en la guerra, estallan, se enamoran 
de los ángeles caídos, de los hombres sin noticia.

Eres como una isla que se me aleja y canta
con el perfume ciego de una rosa cortada,
como el ayer de una comparsa que se oculta
en la máscara suave de un carnaval extinguido
que sigue con sus quejas
sin mirar el calendario.

No era azul el cielo que descubrí en tus ojos,
no era roja la herida que esbocé en tu pecho,
quizás solo la carne me arrastra cuando hablo
cansado de latir,
quizás solo el deseo sabe cuánto he amado
el color de tus medias, la muerte en tus ojos.

Escucho en la penumbra de este cuarto velado 
mi último requiebro, 
tu blusa ajustada,
tu pelo ordenado y quieto de esos días
de brillantina y laca,
tu determinación
de hundirme en el olvido
de arrastrarme en la Troya 
que hieres y arrebatas a mis anhelos;
quedarán mis palabras
tus imágenes dormirán en los archivos
aunque cambien de nombre y te duela. 

Te fuiste en abril, el año
lo he olvidado,
estarás en mi mente
y serás un recuerdo
en la llama de agosto, en las calles de Turín
en sombras bajo el sol que me empuja a la nada.

Ha pasado el amor, la muerte tiene hoy
lo que fue del silencio,
desde el silencio vuelve tu voz esta mañana,
tus ojos avellana son el triste sudario 
de un sueño interrumpido que mantuve despierto
y no supe mirarte aunque, sin duda, te amaba.






sábado, 20 de octubre de 2018

Cartas a Cesare; Segunda Guerra




Tu non sai le colline
dove si è sparso il sangue.
(Cesare Pavese - 1945)

No conoces los montes
donde corrió la sangre.
(Traducción; José Agustín Goytisolo)

Para cuando me muera, tendido en mi sudario
se apagará conmigo
el muchacho que tiembla en la colina
con el polvo cegándole los ojos,
el horror de los pasos que se acercan
y las frases solemnes en las temibles
rampas angostas de un gigante que no siente.
La pólvora y la muerte elevadas
a un ritual de honor y de conquistas
y un himno alentando la barbarie
con los cuerpos desgarrados en la niebla.
Arrinconados, en la altura
enrarecida de los montes Dolomitas,
el amor que esperaba y no me diste,
las cartas sin remite que nunca me enviaste,
y caricias que tendrían otro destino
mïentras
el silencio y la noche mordían con su abrazo
mi alma en la litera
y ardía el mundo de los tiernos y de los tristes
devastado por los celos de la espera que no muere.



      El delicado estado de salud que padecía hizo que Cesare Pavese no estuviera en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, eso supuso un gran alivio ya que evitó que tuviera que luchar al lado del enemigo. Vivió este período como un emboscado atravesando las calles de un Turín derruido, pero su militancia sincera y comprometida no exenta de riesgo no fue suficiente para evitar que viviera la Guerra con una angustia intensa y que floreciera en su alma un sentimiento de culpa que le corroía y en el que invocaba a compañeros perdidos que se echaron a los montes. A pesar de los años y las dificultades implícitas a un tiempo de guerra seguía pensando en Battistina Pizzardo cuya voz y cuyo recuerdo le acompañarían siempre a pesar de los intentos con otras mujeres.    


Me importa Pavese, lo considero un poeta imprescindible, sus poemas me han acompañado desde 1981 y he tenido la suerte de que José Agustín Goytisolo con sus poemas y Ángel Crespo con su famoso diario, El oficio de vivir, después fueran los traductores de sus poemas. 
De vez en cuando hablo de su soledad con mi mujer, y sopeso sus errores con los míos. Era taciturno, silencioso, grave, sus flores no nacían en un recuerdo claro que atrajera a los ojos alegres que pasaban por su vida y temían enamorarse de él.
Pienso que Pavese y yo jugamos con un pequeño margen de error por diferentes motivos; él era sincero cuando decía que el triunfo de una persona era medido por las cosas más elementales de la vida; satisfacer a una mujer, conservar a un amigo, mezclarse con la gente de su pueblo y tener las mismas aspiraciones que las personas que luchan por mantener un trabajo.
En los casi dos años que llevo en esto he intentado crear diálogos y opiniones, situarme en un mundo que suponía muy por encima de la sociedad nuestra de cada día. Estoy contento con este poema que no pretendió otra cosa que ser un homenaje íntimo a un poeta crucial en mi vida y en el que acabé reflejando mi repulsa hacia el perfil más perverso y brutal del hombre, la soledad en el amor, la incomprensión en la poesía.


He seguido insistiendo en este poema, María, que nació en un instante preciso. Es difícil saber si hemos interpretado bien a nuestros poetas, aunque creo que lo más importante es recrear lo que se nos ha quedado en la memoria; la soledad, las dificultad en entablar una relación amorosa, los remordimientos por no haberse echado a los montes como hicieron otros, la poesía como un sueño indefinido. Supongo que él no hubiera podido imaginar que se le recordaría por sus últimos versos, esos que surgieron de un deseo no realizado. 


Tanto tú como yo, Elda, tenemos la suerte de no haber vivido una guerra, eso no quita que no podamos tener una percepción de ella a través de lo que hemos visto o leído. Este poema tiene mucho que ver con la lectura de los que Cesare Pavese escribió en 1945, me impresionaron en su día y no han dejado de hacerlo, coindían la guerra y la falta de amor, quise acercarme todo lo que pude a un poeta honesto que llevaba con amargura no haber participado en la contienda al lado de los partisanos por problemas de salud.


Siempre me das, Fanny, la oportunidad de poder expresarme, es algo que te agradeceré siempre. Quizás éste sea un poema extraño, un intento de expresar algo terrible como la guerra que he tenido la fortuna de no vivir, lo encajé dentro de otros poemas centrados en la figura de Cesare Pavese aunque ofrece diferencias importantes respecto a los otros cuatro poemas. Te aconsejo que leas la breve obra poética de este autor, no sé hasta qué punto supe situarme en sus obsesiones, lo de las cartas hace referencia a un exilio que vivió un par de años antes de que empezara la guerra y gira alrededor del que fue el gran amor de su vida y la decepción que le produjo que se casara con otro y se despreocupara de la situación difícil a la que ella le había conducido, "La voz dulce y ronca no vuelve en el silencio frío" 

Siempre es difícil hacer valoraciones comparativas, leo, un poco al azar buscando tal o cual año, "El oficio de vivir" y me parece imprescindible cuando aparece la sombra de sus mujeres, la búsqueda de la muerte como un paso inevitable que no quería que ella lo diera; "Nadie se suicida por el amor de una mujer", llegó a escribir, cuando se acepta que lo último que hizo antes de ir al encuentro con la muerte fue llamar a algunas de las mujeres con las que había tenido contacto.

          Pero acabo inclinándome del lado del poeta, nunca fue reconocido como tal y fue premiado con el máximo galardón literario italiano como novelista. No sonreía, algo muy raro en él, por el reconocimiento sino por la presencia de Constance Dowling.

Mié, 22 Ago 2018 18:26

Creo que escribir un poema sobre Pavese allana mucho el camino, no hay, entre los grandes escritores, otro más coherente que él, con una vida más sencilla, hasta el haberse afiliado al partido fascista estaría justificado por la búsqueda de tranquilidad y por conseguir un empleo, no son cosas triviales bajo un régimen represivo y violento. De ideas izquierdistas fue detenido y condenado al exilio tres años más tarde, pero no fue por sus ideas (no creía demasiado en la política) sino por amor, sin duda el más grande y amargo. Es posible que su conocido y aclamado diario haya desviado la atención de sus estudiosos más allá de lo aconsejable, interpretándose todo lo que decía en él como si fuera una declaración ante un juez o un testamento; es posible que su obra de ficción y su poesía aporten tantos datos de su personalidad y de sus intenciones como él. Cabe la posibilidad de que Pavese  hurgara en sus páginas buscando a aquel que podría haber sido y respondiera, por ejemplo, en un lenguaje vulgar y despreciativo hacia las mujeres como una respuesta impulsiva provocada por la frustración constante que sufría por parte de ellas. Pero esta misoginia no se mantiene si analizamos el tratamiento que otorga a los personajes femeninos de sus novelas y, sobre todo, si atendemos a los testimonios que nos han llegado de su trato directo con ellas. Un hombre brillante en su oscuridad asumida; los mediocres casi nunca sacan los pies del tiesto. Quizás nunca consideró debidamente la presencia constante de su hermana María, fue, hay cartas que lo atestiguan, la fiel confidente en su cruel decepción con Battistina, y aquella con la que convivió hasta el final de su vida.

Dom, 17 Mar 2013 14:24

Cuando escribí estos versos estaba inmerso en el poema de la duda, y vino tan claro y tan franco (excepto este poema que quedaba un poco desencajado y tuve que reescribirlo unas cuantas veces). Pero refleja la admiración que siento hacia un hombre bueno y sincero a quien todo le salió mal, creyó en el amor y en la amistad y éstos siempre escapaban por la ventana, murió como una vedette decepcionada por una aventura pasajera, como un hombre que no encuentra su sitio en el mundo. 

Para Pavese, Gallnnet, cualquier mujer era hermosa, su ideal amoroso era amanecer con una que llenara la estancia con su sonrisa, que iluminara el aire al respirar. Él no escribió su famoso diario para que fuera leído (comprendo que esto último genere dudas). La misoginia que se deduce de su lectura puede llevar a confusión, estaba dolido con las mujeres porque nunca pudo culminar un gran amor. Un hombre bueno y comprometido que fue severo consigo mismo hasta donde le fue posible, un mártir, quizás, sin Dios, un hombre honesto que se llamó a sí mismo cobarde por no haber participado de forma activa en la guerra.
Dom Dic 17, 2017 4:05 pm

Para Pavese, Gallnnet, cualquier mujer era hermosa, su ideal amoroso era amanecer con una que llenara la estancia con su sonrisa, que iluminara el aire al respirar. Él no escribió su famoso diario para que fuera leído, la misoginia que se deduce de su lectura puede llevar a confusión, estaba dolido con las mujeres porque nunca pudo culminar un gran amor. Un hombre bueno y comprometido que fue severo consigo mismo hasta donde le fue posible, un mártir, quizás, sin Dios.

Dom Dic 17, 2017 6:53 pm

Pavese era a la soledad lo que Pessoa al desasosiego, Ale, eran dos solitarios que demasiadas veces tenían que lidiar a solas con sus respectivos pensamientos. Con respecto a Pavese podemos decir que nunca llevó la vida que deseaba y que identificaba con la que llevaba cualquier hombre de la calle, el amor siempre le fue esquivo, desde la bronquitis crónica que cogió a la puerta de un teatro bajo la lluvia en donde le había plantado una bailarina hasta la ruptura con una actriz norteamericana meses antes de su muerte y siempre su amor sin descanso por la mujer de su vida, aquella que le traicionó y por la que sufrió un exilio; Tina Pizzardo.

y yo me maldecía por haber convertido
en nube aquel encanto,
en sueño el desvarío.

         Para él la soledad fue una tortura, quisiera haber sido cualquier hombre de su calle, pero es Turín una ciudad desangelada que no pudo desembarazarse nunca de la locura de Nietzsche. Demasiadas horas traduciendo, especialmente a los autores americanos de la Generación perdida. Era un traductor laborioso y excepcional, demasiadas horas escribiendo, él quería un amor al que consagrar su vida. Seguro que hubiera sacrificado ser el mejor poeta italiano del siglo XX por ello.

Dic 17, 2017 9:36 pm

Gracias, María, fui quizás un poco previsible con este trabajo, pero la soledad tiene otro sentido desde que Pavese pasó por ella y no pudo esquivarla. Te dejo unas palabras que escribí después de haber leído una página de su diario, "El oficio de vivir".
Es preciso encontrar, en la maraña de lo que nunca escribiste, las palabras que mejor te representen para encontrar una salida a tus equivocaciones, para decirle a los vientos cuando recorran tu calle que pasabas por allí, que, aunque nadie lo recuerde, alguna vez viviste, que tuviste una amante aunque nunca yacieras con ella, que tuviste un amigo aunque hayas olvidado su rostro y su nombre pero recuerdas su sonrisa en los días grises y un pueblo que recitará tus versos de mala gana porque te has convertido en la única posibilidad de que algunos se ganen la vida.

Sáb Dic 16, 2017 8:52 pm

Él la amó siempre, ella, quizás un instante, también lo quiso, él se jugaba la vida por entregar las cartas de amor que ella recibía de otro, no había para los fascistas nada tan subversivo como el amor. Él se llamaba Cesare Pavese, ella Battistina Pizzardo, de esta relación nacieron poemas inmortales, diarios antológicos.

Hace tanto te siento y no llevo tu nombre
como si fuera mío y pudiera abrigarlo,
tu buzón está lleno
de caricias que mueren
y no saben llegar a la orilla del rostro
que apenas puedo ver y sabe que lo vivo,
el mío está vacío y triste hasta la muerte.


Lun Dic 18, 2017 12:42 pm

Cesare no tenía la culpa de ser taciturno o, peor aún, de parecerlo, no llegaría a imaginar que nos hablara tanto de amor alguien que siempre se quedara a las puertas de conocerlo, no supo nunca que las mujeres suelen enamorarse de los hombres que las hacen reír. Le marcó para siempre que su padre fuera un mujeriego y que, Consolina, su madre el más estricto sargento de semana.


viernes, 12 de octubre de 2018

Esta noche contigo



Voy añadiendo posts a mi colección que ya no adorna los pasillos, desde luego que Sabina no ha encontrado en mí un buen embajador, pero hago lo que puedo con las mejores intenciones, sin saber la razón, ya sé que vivo en el país que se ha empeñado en dar calidad de bueno a lo mediocre mientras los santos vuelven a irse de paseo.

Creo que merece la pena medir los versos de Sabina, son inmensamente largos, como una cita bíblica sin Dios que la corrija, como ese sueño que perseguimos y que lo mejor que nos puede pasar es que no lo alcancemos. España tiene muchas cosas malas, pero tiene cosas buenas que pueden ser objeto de estudios minuciosos; ¿Cómo es posible que tengamos tan buenos escritores entre tanta gente que no sabe leer?



miércoles, 10 de octubre de 2018

Palabras a Fanny - La vieja revolución

 
Aprendimos a enterrar a los fantasmas que han encontrado a quienes los resucite y a luchar contra un dios implacable que vuelve con otro rostro después de que lo hubiéramos vencido.


Pienso que tu pregunta, Fanny, es complicada de formular cuanto más de encontrarle una respuesta, el Cohen que preferimos muchos; el de su tardío comienzo en el mundo de la música, es un hombre formado que ha perdido la ingenuidad de sus sueños de juventud por el camino de su experiencia propia. Al contrario que sus colegas estadounidenses mira a la vieja Europa, se identifica con su decadencia espiritual y bebe con amargura el fracaso de sus revoluciones a uno y otro lado del telón. Cohen llega a la conclusión de que carece de fórmulas conocidas para articular un mundo justo, en vez de eso indaga en las distancias cortas e intenta escuchar al hombre que mejor puede hablarle del declive de una civilización, aunque no llegue a conocerle como quisiera por más que lleve su traje y su sombrero, y escribe versos subjetivos sobre la amistad o el amor, o la presencia inquietante de la muerte sobre cualquier acto de creación. Después de todo el artista no ha tenido nunca una relación amable con la profecía, ya está el pensador para enunciarla, el político para ejecutarla y el hombre de la calle para sufrirla preguntándose si no la ha entendido bien o si los profetas no han sido bien interpretados. Cohen, a pesar de Dylan, ha comprendido que la misión del poeta no es arreglar el mundo teorizando posibles formas de gobierno sino denunciar los síntomas de nuestras equivocaciones, sabe que no le harán caso, que incluso habrá a quien se le escape unas risitas cuando mencione su pesimismo como si fuera una patología inherente a su personalidad taciturna y herida, no viendo que se enfrenta a él con sus mismas armas y en su terreno; mirarte al espejo cuando tienes una cierta edad y decir lo que ves en tu perfil menos favorecido cuando acabas de levantarte no es la única forma de superar un problema, pero sí la más sincera y efectiva.

         Un abrazo, Fanny, muchas veces pienso en ti y doy las gracias de que seas una soñadora deliciosa. Pienso en los años de la Transición y me emociono cuando recuerdo el teatro en la calle, el cine en las residencias juveniles, cuando la poesía no provocaba risitas sino respeto y admiración incluso en aquellos que no la entendían.

(9 de junio de 2017)