viernes, 28 de noviembre de 2014

Leonard Cohen -- Avalancha


       


      Como todo en la vida, hay canciones buenas y malas, después les añadimos adjetivos y gradaciones, otras que no son ni una cosa ni la otra a las que su tibieza les impide que lleguen y se pierden en el camino, y otras a las que solo las podemos llamar por su nombre, de tal forma representan algo único que solo puede cruzarse en la mente de un elegido. Avalancha es una de ellas. Yo hubiera querido que Leonard Cohen cantara en español y poder degustar así cada una de sus palabras, quedarme con cada uno de los matices de su voz dolorida y temblorosa, directamente, sin tener que acudir a intermediarios. Ni siquiera el Dylan de "Blood on the tracks" supo afilar con tanto resentimiento las espinas, ni entregarnos los hierros que dejan sangre en el camino.

         El sempiterno poema de amor es tratado con crudeza y realismo no exento de un romanticismo que se rebela con fuerza contra el fracaso, contra el destino aunque sea en su vertiente escarpada y trágica. El cantante desgrana sus nada complacientes palabras como si el odio pudiera liberarnos de un amor cuando nos duele, como si las cenizas de lo otrora venerado y perseguido pudieran provocar nuestra indiferencia mientras esparcimos su memoria en el viento, como si desear fuera siempre el comienzo de una amarga derrota. 

         Cohen decía en uno de sus enigmáticos poemas que hablaba del silencio porque sabía mucho de él, que le entregaba a ella como regalo un poema que había surgido de las entrañas del silencio. Es muy probable que esa ella de la canción fuera otra, dado que en ese tiempo en el que encuadramos "Avalancha" y en el que, posiblemente podemos situar "El regalo", el poeta era un enamoradizo impenitente, pero eso no quiere decir que no viviera cada amor como si fuera el definitivo o que no sufriera la indefensión de quien se siente desnudo y monstruoso ante la mirada de la amante que ha cambiado su discurso, que empieza a ver un alma torturada donde en algún momento vio una estrella resplandeciente, que no hay nada más amargo que cambiar los besos por reproches, una sonrisa por un gesto de desaprobación. Los amigos del amor romántico un tanto ingenuos encontrarán en "Avalancha" un atentado cruel contra sus ideales de la belleza en la poesía, ese tipo de personas difícilmente podría apreciar el valor artístico de un Cristo crucificado de Matthias Grünewald e, incluso, del Guernica aunque no lo dirán porque saben que encontrarán una avalancha de opiniones contrarias ya sea por convicciones sinceras o como un ejercicio de esnobismo mal asimilado. Cohen no buscó nunca satisfacer a ningún público, nunca alcanzó las cotas de popularidad de otros cantantes, pero tenía claro su compromiso como artista verdadero y aquí lucha por sacar algo de luz de las tinieblas, algo de amor en la tortura, algo de belleza en lo grotesco de un contrahecho moral, construir un altar con los restos del naufragio.  

       El título del álbum en el que está inserta es Canciones de amor y odio, uno se pregunta adónde ha ido el amor; Avalancha es sórdida, sombría, una canción de culto para los deprimidos que lo apuestan todo a la sensibilidad, vaga por los recovecos negros de la desesperación, cuando todo ha terminado y no se sabe cómo decir adiós, cuando se odia tanto que todavía se ama.


28 de noviembre de 2014



      

Simon and Garfunkel - The boxer



In the clearing stands a boxer
And a fighter by his trade
And he carries the remainders
Of every glove that laid him down
And cut him till he cried out
In his anger and his shame
“I am leaving, I am leaving”
But the fighter still remains


En el fondo queda un boxeador,
un luchador por su cuenta
que arrastra los vestigios
de cada golpe que lo derribó o le cortó
hasta que gritó de rabia y de vergüenza
me voy, me voy
pero el luchador sigue en pie.



       Estoy en el ring, en una esquina, voy perdiendo ampliamente a los puntos, tengo los ojos tan hinchados que, casi, no puedo ver, el rostro tan castigado que no siente, pero lo tiro todo en busca de un golpe definitivo. Si no llega quiero al menos acabar el combate. Ese podría ser el tema sobre el que gira The boxer, pero no, una de las canciones más complejas que se conocen; es casi imposible reproducirla fielmente en directo y necesitó más de noventa tomas, y una encrucijada de mezclas para darla por terminada. 

       Con Puentes sobre aguas turbulentas Paul Simon y su enemigo íntimo Art Garfunkel daban por finalizada su tortuosa relación con un disco que aún cuenta entre los más vendidos de la historia, heterogéneo y con canciones comerciales que funcionaron muy bien como singles, pienso que dista mucho de ser el mejor trabajo del dúo neoyorquino, pero tiene obras maestras entre las que destaca, precisamente, esta canción.  Quizás la letra no tenga el lirismo de Paul Simon en otros momentos, pero entra de lleno en sus mensajes descarnados, y la música es maravillosa, el li lie li contagioso, el tono con el que cantan de un pesimismo que nos lleva al respeto, cuando no a la piedad. Su mensaje es claro y devastador; la Gran manzana ya no quiere a nadie y un pobre muchacho malgasta las ilusiones que tenía cuando llegó allí, sin trabajo y sin dirección, solo los vagabundos le dan un poco de calor pero tienen que pensar en ellos mismos y las prostitutas le hacen un guiño pero tiene que pasar por caja. Solo encuentra cobijo en la estación del tren, el invierno está donde se olvidan los sentimientos y no debe ser muy agradable estar allí cuando llega; Me voy, me voy, pero el luchador sigue en pie.

      Sin duda alguna, a alguien a quien quisiéramos le suplicaríamos que arrojara la toalla. 

Pink Floyd - Syd Barrett -See Emily play

  
       
     El espantapájaros es bastante más triste que yo, que soy tan triste, y no tiene remedio; el mago de Oz cuando murió se marchó en busca de otro sueño.       

        Entre la inspiración y la locura, sus encabalgamientos abruptos y desencadenados, sus imágenes que nos ofrecían la posibilidad de tocarlas y cotejar una textura onírica con la que intentaba que fuera comparado el mundo de todos los días, Syd Barrett nos dejó un escaso bagaje cuantitativo y su buena estrella empezó a torcerse antes aún de su salida, poco diplomática aunque provocada por su desenfreno, de Pink Floyd. Tenía apenas 21 años y su trayectoria se interrumpió definitivamente dos o tres años más tarde cuando con la ayuda desinteresada de su sustituto en el grupo, David Gilmour, intentaba enderezar en solitario su camino, y no pudo dominar su gigantesca proyección como artista de primer orden.

      La causa de su temprana caída  fue una enfermedad mental diagnosticada, trastorno bipolar, a  la que se añadiría una ingesta desmedida de alucinógenos. En apenas cuatro años de actividad pública y con poco más de una treintena de canciones publicadas dejó su impronta original e intransferible dentro del cambio más brusco que sufriera el mundo del rock, ese que enterraría el lenguaje de las flores y el deseo de paz universal, no es que ya no interesara esto último, pero era tarea de otros, así nos va.

      En la grabación del único álbum en el que lideró a Pink Floyd, El flautista en las puertas de la aurora, coincidió con los Beatles cuando grababan la que para muchos es su obra maestra, Sgt. Peppers, ya sabemos que los pedantes nos rebelamos contra esta opinión extendida y decimos que es el Revolver a pesar de su submarino amarillo. Se dice, desconozco con que base, que la inmersión ensoñadora de Lennon en los senderos de la imaginación en canciones como A day in the life o Lucy in the sky with diamonds se debió, aparte del LSD y la presión del talento de McCartney, a que entrara en contacto personal con aquel jovencísimo e incorregible genio.



      See Emily play es solo una canción juguetona e irreverente que exprime como pocas la música y la letra hasta hacer de ellas un todo imposible de separar. Pero, junto a Astronomy domine y Scarecrow, vino a decirnos que algo había cambiado para siempre en el candor juvenil, pocas canciones se acordarían de una manera simple del chico que sufría por su amor.  

      Veo en ella claros signos de que Barrett conocía perfectamente a Lewis Carroll.

Enrique Urquijo - Aunque tú no lo sepas






       Descubrí verdaderamente a Enrique Urquijo dos años antes de que muriera. No tuve demasiado interés en los años anteriores por la Movida madrileña, lo reconozco, aunque casi todos sus representantes eran de mi generación me sentía desligado de la música que creaban y defendían, y de la acomodada extracción social de la que sus miembros más representativos procedían.

       Entonces escuché una recopilación de los Secretos porque uno de mis hermanos la había puesto a mi alcance y conocí joyas como "Pero a tu lado" o "La calle del olvido". Supe que Enrique ya no estaba en el grupo, que actuaba y había grabado varios discos con Los Problemas y que, al parecer, seguía con sus dificultades sempiternas con las mujeres y las drogas. No me costó decidirme en indagar por esta etapa artística de su vida y comprobé mejor que nunca que un cantante podía hacer suya una canción aunque no la hubiera compuesto. Aún suenan en mi mente como si tal cosa aunque me duelan la cruda y dolorosa "Para vivir" de Pablo Milanés y la desesperada  "Aunque tú no lo sepas" de Quique González , aquí tenemos a los dos con esta última canción, escucharla es una ocasión de volver a la vida desde el infierno de la noche vacía de las drogas.

       Cada vez que voy a Madrid suelo ir al Galileo y aún espero encontrarme con la sombra de Enrique. Ese muchacho taciturno que supo extraer todo el lirismo que tiene la tristeza.

Resaca

I

Nubes y gaviotas gritan
bajo el oscuro sol de la mañana.
Tengo que cambiar el signo,
ahora que Dios mira para otro lado.


No todo se ha perdido
con el último tren de madrugada,
 en algún labio suena una sonrisa
para darme fuerzas,
para volver a algún sitio
después de la marejada.

II

En la lengua el sabor amargo que persiste
y en la cabeza las voces que no acaban,
los reflejos de los vasos que se rompen,
el alcohol derramado por los suelos.

Las farolas encendidas aunque sin luz,
en la primera hora de resaca,
en estas peñas que incitan al suicida,
este mar que recoge los cuerpos que soñaron.

En la falda del Hacho, el cementerio
sigue abriendo oquedades
que serán ocupadas por esquelas,
por nombres y jarrones, por pétalos marchitos.

Y los barcos cruzando el Estrecho,
y las almas vagando en la deriva
de una ciudad que muere en el perfume
que ayer la embadurnaba,
que se abre a un rumbo cierto
de plegaria en otra lengua que no entiende. 

Esta ciudad que fue refugio de Camoens
en el ocaso de su sangre se debate,
ebria en su fracaso, confundida
por no haber compartido la miel en el pasado,
por no querer escuchar la voz de los que sufren
cuando sólo pedían caricias con los ojos.



       Solo hay una cosa que se me dé peor que las matemáticas; la orientación geográfica. Mientras con las primeras puede que haya un inconsciente impulso volitivo en no conocerlas, ya que soy un hombre inútil que flirtea con la Filosofía y se cita en un combate sin futuro con las Letras, en la segunda hay un poso de inconfesable tristeza ya que repasando algunos poemas que he escrito me he dado cuenta de que situándome mentalmente en un punto determinado de mi ciudad he afirmado que se veía tal punta o el cementerio católico, cuando he visitado esos puntos con ansias de saber en donde estaba y recordar lo que sentía cuando se me escapaban aquellos versos he comprobado que de ninguna forma podía acceder a ellos con la vista. Había creado un espacio sentimental que no tenía nada que ver con la realidad.

     No me gusta este poema, es visceral, descerebrado, está mal escrito, se me viene a la mente el regusto amargo del alcohol cuando te has excedido y la noche muere y estás en la calle lamentándote por las horas perdidas, pero me da la medida inquietante de un tiempo en el que iba por mal camino, me recuerda lo peor de mí. Para conjurar esta última sensación no hay nada mejor que insistir en ella.

    Mis paisanos podrán comprobar que lo que dije de la orientación va muy en serio, pero no creo que haya alguno que lo lea y si lo hiciera no querría entender lo que digo, a los ceutíes no les gusta demasiado que alguien sepa articular un problema verdadero, somos tan españoles hasta en lo que no sabemos, ni nadie ha sabido explicar. Hallamos en la soledad de vernos sin Andalucía  un rumbo cierto en la deriva, me gustaría que fuera otro rumbo. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Peggy Sue se casó



        Pienso que las estrellas no quisieron esperarme, nunca toqué una pensando que brillaba, nunca tuve un sueño erótico con ninguna de ellas. Yo tan telúrico, tan falto de sueños, pensaba que algún día podría caminar por las calles sintiéndome satisfecho de mí mismo, eso era todo, soportándome en la diversidad peligrosa  y enrevesada de mi pensamiento cercano en su desarrollo polifónico a los ensayos de una orquesta.  Pero si me tengo que decidir a nombrar una que estuviera al alcance de la mano elegiría a Kathleen Turner, seguramente sea por algo que no se puede sospechar. La conocí en una buena película que contribuyó al revival del cine negro a mediados de los ochenta, pero no, aquella femme fatale escapaba de mis pretensiones y sabía certeramente que yo no tendría el privilegio de ser elegido entre sus víctimas.

       La razón de tan rotunda afirmación vendría unos años después en una entrevista concedida a la Televisión española. Lo primero que me sorprendió fue verla un poco gordita, sí, más que maciza, gorda, después al mirarle la cara, antes quise saber si seguía teniendo fuego en el cuerpo, me dí cuenta de que al contrario que otros actores representaba más edad de la que tenía, pero abrió la boca y empezó a fascinarme, su aceptable español con acento cubano, su simpatía, el control tan digno que tenía sobre su propia situación, tal vez un poco vencida pero de pie y sonriendo. Empecé a verla delgada y más joven, había cambiado de nombre y se llamaba Peggy Sue. Recuerdo aquella entrevista como uno de los buenos momentos que te deja la vida. 

       Peggy Sue se casó es sin duda una de las dos películas de Coppola peor tratada por la crítica y por el público, la otra es la interesantísima Corazonada, pero no le acusan, como en ésta última, al gran director norteamericano de haberla utilizado para que su hija Sofía fuera aprendiendo el oficio.

       Buddy Holly y una de sus canciones póstumas planea sobre una historia de viajes al pasado, se me quedó el encuentro con aquel chico que siempre le atrajo pero que quedaba fuera de los hábitos vitalistas y despreocupados que ella y los de su generación tenían  entonces; leía mucho y por su mirada extraña y fija y las indicaciones que le hizo al profesor de literatura sobre una novela de Hemingway casi seguro que escribía poemas que nadie leería y serían para nadie. 

       La canción que da título a la película pasa por ser una especie de secuela de la innovadora y elogiada Peggy Sue, dicen que nunca se hizo tanto con tres acordes mal contados. A mí en cambio no me parece tan asombrosa esta última y la que da título a la entrada, falseada por los arreglos que enmudecieron la guitarra acústica de su autor, pasa por ser para mí la mejor canción de Buddy Holly detrás de la intocable y deliciosa Cada día.

    Para finalizar, entre Peggy Sue y Kathleen me quedo con Kathleen, la de la entrevista. Me enseñó a valorar los encantos de la mujer madura, la belleza que emana de un comportamiento correcto y agradable, de un saber estar.  Ahora sé que no todas las estrellas están en el cielo y, por supuesto, comprendo que no sepan esperarme.

 

En los límites de la humildad

       A veces pienso, Laura, que lo que escribo no es suficientemente bueno para que se publique, pero otras veces lucho contra las sombras de mi propio egocentrismo porque pienso que soy muy, muy bueno. Entonces me doy cuenta por el comportamiento que intuyo en muchas personas que escriben en los foros, ya que en ellos me muevo y me desvelo sin posibilidad de encontrar un abrigo,  que también ellos piensan así de sí mismos aunque casi todas saben defenderse mejor que yo de la fragilidad que supone transmitir esa sensación que será interpretada casi con toda seguridad como un ejemplo insoportable de soberbia y de arrogancia. Pero ese pensamiento de mis mejores momentos simplemente significa que sé reconocer que he hecho algo bien, como si fuera de otro, como si no me acordara de que es mío, ni siquiera porque lleve mi firma y eso es así si no fuera porque muchas veces aparece la luz de tu nombre. 



              Me gustaría decirle a más de uno, por ejemplo, que García Montero es de mi misma edad, vive rodeado por las mismas contradicciones que yo, en el mismo país que nos duele cada vez que leemos el periódico y hace lo mismo aunque en diferente lugar. Tiene el privilegio de vivir de lo que sabe hacer y le gusta. Aunque su éxito y mi fracaso, en su caso no cabe la menor duda de que sí, fueran merecidos, ni él ni ninguno de los grandes que pasaron, no te voy a mentar lo que Lorca significa para mí, merecen que me dirija a ellos como si estuvieran en otra dimensión, son por encima de todo hombres, hombres que pasan y sueñan, cuyas vidas se debaten entre el gozo y el dolor y arrancan sus palabras más luminosas de las sombras. Admito el miedo que siento de mostrar mi obra sin restricciones, sin avisar,como decía X.,  olvidando que eres un simple aficionado, pero no puedo sustraerme de la tristeza de que nadie haya lanzado las campanas al vuelo por compartir espacio, tiempo e ilusiones con fueras de serie como J,  N., A., P., o M., sabes bien a quienes me refiero y te he enseñado sus poemas más de una vez, por poner unos ejemplos ilustrativos, porque hay algunos más y se nos pierden otros mientras hay quienes reciben premios prestigiosos sin que yo pueda ocultar mi estupor. No entiendo halagos desmedidos en obras mediocres de famosos en algunos casos con otras magistrales, podría poner muchos ejemplos, ni el pavor de manifestar abiertamente lo que no puede medirse, es una de las grandezas del arte, cuando se trata de desconocidos.


    Lo popular y lo populista, Verdi y Rossini, Bécquer y Campoamor.

Conversación con Virginia  sobre "En los límites de la humildad". (Es pública, aunque nadie la haya leído.)


8-12-2014

Querido amigo:

        Lo de bueno y malo, mejor o peor, tan-más-menos ¡Son conceptos tan relativos y subjetivos!

             Piensa que en los tiempos que corren los reconocimientos por lo general requieren estar introducido en los circulos indicados... ¡ Si se dieran a los méritos no existirían "indicados"! 

                No voy a profundizar en esto pues para cada cual va  a tener diferentes lecturas. 

             En los foros hay muchos que desean exponer su anónima obra a los ojos que no les han prestado las editoriales y muchos que simplemente tienen algo que expresar y lo hacen sin más pretensiones. La diferencia con el que vive de su obra es eso, el dinero y el "prestigio"( lo pongo entre comillas). Lo bueno de los foros es que todos ahora pueden mostrarse, las letras ahí quedan; el uso que de ellas se hagan en el futuro es incierto... pero tienen un futuro ¿y quién sabe? Si yo tuviera que hacer un estudio sociológico, humanístico... elegiría los foros.  En cualquier caso decirte que es un honor y un placer compartir espacio contigo. Cuando se elige un foro se hace porque es el lugar en dónde se desea estar y con quiénes se desea compartir. Un abrazo.

9 de Diciembre de 2014





        No me gustaría confundirte, Virginia. Mi posicionamiento principal se resuelve en buscar unos criterios que puedan determinar si una obra de arte lo es o es una coqueta y afortunada artesanía, pienso que el relativismo que preconizas es muy peligroso, no nos va a ayudar a distinguir lo bueno de lo malo.

             La llegada del verso libre ha creado una confusión tan grande en la poesía que con mucha probabilidad ha superado a la de la abstracción en la pintura, pero en ésta hay resortes para clarificar, técnicas palpables, méritos evidentes. Teniendo en cuenta que casi todos hablamos, todos los que hablamos nos hemos convertido en poeta, no es malo escribir mal y sentirse poeta, pero no debemos otorgar premios importantes con jurados que no conocen el lenguaje de la poesía, que se decantará por el efectismo más que por lo efectivo, y por lo tanto, valioso.

       Con respecto a los foros, no puedo quejarme, se me lee y se me comenta muy por encima de la media y de lo que esperaba, pero no encuentro lo que busco aunque haya dejado de molestarme verme rodeado por tantas estrellas.

 10 de Diciembre
       Nunca podremos ponernos de acuerdo respecto a este criterio. A mí no me gustan las varas de medir, ni que existan quienes se erigen medidores, tal vez deba convivir y compartir con ellos y lo haré sin problemas sencillamente porque para mi siempre serán personas limitadas por sus propias medidas. En ninguna faceta artística  creativa se deberían aplicar tales desatinos... y si  me apuras aún entraría en la discusión de si serían de aplicación en la ejecución de la obra conocida siempre que se definiera como una variante y se mencionara al autor del original.


9 Diciembre de 2014


       He leído varias veces tu réplica, Virginia, y perdóname, no llego a captar lo que me quieres decir, creo que estás circunscribiendo este asunto al ámbito de los foros y yo estoy hablando del Arte, ese que precisamente tienen algunos de nuestros compañeros tengan o no tengan buena  estrella. Pero si vas por donde me imagino, no estoy de acuerdo contigo; Pavarotti era grande porque después de una paliza brutal era capaz de dar más "do de pechos" que nadie, Mozart porque iba haciendo partícipe de una canción a más y más cantantes y lo hacía in crescendo y sin perder la armonía, Verdi supo reflejar las aspiraciones de independencia de los italianos en el coro de los esclavos de Nabucco, si tocas el corazón colectivo tienes que ser muy bueno necesariamente, un Beethoven completamente sordo por entonces nos emocionó con las ansias de libertad y armonía del hombre nuevo extrayendo los sonidos de su corazón al traducir en música la inmortal Oda de la alegría de Schiller. En fin, Chopin supo fingir que se moría en cada nocturno con una técnica que solo le pudo otorgar el mismísimo Diablo. Utilizar el término vara de medir en los casos que te he expuesto, aunque sea para que veamos lo arriba que están, no me resulta demasiado bello.

      No, no puedo ir diciendo que los sacerdotes son muy buenos si me bendicen y perversos si no quieren que mire las estrellas desde dentro. En ese aspecto, los foros son un juego en donde se premia la sombra supuesta de la buena persona, los contactos y lo participativo que se pueda llegar a ser, si las personas que tienen que decidir a quienes encumbramos no saben o no quieren distinguir entre lo que parece bueno y lo que realmente los es, es su problema, no tengo una solución para corregirlo sin que se me presente la furia de la irritabilidad de los poetas como si hubiera cometido un sacrilegio. Pero, Virginia, para saber distinguir lo que te he dicho hay que tener criterio; Darío escribió un soneto en alejandrinos prodigioso, y todos los versos acababan en palabra esdrújula. Creía en ello y se ajustaba a su ideal estético. Pídele lo mismo a muchos grandes poetas  que andan por ahí dando lecciones magistrales en los medios.  

       Gracias, Virginia, creo que sí podemos ponernos de acuerdo, el arte no es aleatorio, detrás de él hay un corazón y un alma que deben servirse de los conocimientos que ha acumulado una mente. 

10 de Diciembre de 2014

         Pavarotti es un fenómeno de masas, tiene técnica y potencia pero le falta la melodiosa   armonía, que otros tenores dando solo los “do de pecho” justos consiguen, convirtiéndose en magia el efecto que produce su garganta integrándose en la partitura de la obra y pareciendo una fuente de milagrosas palabras; por decir uno y ser español Alfredo Kraus en su momento.

        Verdi también fue un fenómeno de masas y  tuvo cantidad de detractores  clasistas que consideraban su música frívola.  El Coro al que te refieres, Va pensiero magnífico a mí me encanta, no fue más que otro efecto populista, y ya ves hoy su música se sigue tocando más que otras de grandes autores y es precursora de la nuestra, nos encanta el romanticismo y emoción de sus obras… En fin compañero… para qué seguir.

11 de Diciembre de 2014

       Comparto que los foros son poco críticos y muy contempladores, soy como tú partidaria de las críticas cáusticas si  son necesarias, se aprende  muchísimo de ellas  y  hace salir la flema del autor. Pero se necesita un gran equilibrio para moderar un foro  así, yo lo hice fue una época muy gratificante y no fue retirada ni una letra de lo que allí se dijo… y te aseguro que se dijo mucho y fuerte… Pero… Pero… Todo tiene un pero, y puede ser muy grande si no está asumido por los foristas , porque alguien puede considerarse dañado por las opiniones de otros, que como ahora tu y yo entren en un  intercambio de ideas contrastadas y llega un momento en que pasan a mayores… y eso es muy peligroso porque los puntos de vista divergentes pocas veces se sostienen en el mayor de los respetos.
En fin amigo mío, es condición del hombre ver las cosas desde su ángulo de visión, lo que hace que haya tantas versiones como los ojos que miran. 

12 de Diciembre de 2014

       Leo tu mensaje, Virginia y me parece que me estás dando la razón, yo también caigo y caeré en múltiples contradicciones. Creo que confundes populista con popular cuando te refieres a Pavarotti y a Verdi. Yo daría muchas horas de trabajo para desentrañar la fórmula que me hiciera popular aunque tengo claro que la popularidad la quiero para mi obra, querría los beneficios inherentes a ella pero permanecer siendo un ente anónimo.

       No tengo la ópera entre mis preferencias, puedo decirte que Wagner me resulta poco menos que insoportable y admiro con devoción de tonto ilusionado a Mozart y a Verdi, porque me emocionan, el uno como genio sin freno que no miente e insiste en la deriva a la que le lleva su música y el otro por saber conectar a través de su
pueblo postergado con el ansia de vuelo de todos los hombres de la tierra. La única ópera que he contemplado en directo en mi vida es la inigualable, heterodoxa e imprescindible Flauta mágica, disfruté hasta unos límites insospechables con la parte cantada, me exasperaba la historia paralela dramatizada, para una persona de nuestro tiempo es acaramelada e infantil en el peor sentido que se pueda tener de esta palabra. Wofgang Amadeus solo puso la mejor música que pudo, y estuvo fino, ese pastiche no tiene nada que ver con sus ideales de universalidad armoniosa de los  francmasones.
       Armonía, técnica, potencia, popular, son criterios, son puntos de vistas con los que hay que luchar hasta donde sea posible por objetivar. Supongo que eres bastante más joven que yo, si no es así, perdóname. Puede que estés más al principio del camino. La juventud se cura con el tiempo, pero, ya ves, yo no hubiera querido sanar nunca de esa locura.

          Yo no tengo mi Dios, como dicen tantos pedantes, si existe es él el que me tiene a mí, aunque no me haga mucha gracia.

 12 de Diciembre de 2014

       Perdóname, solo por matizar, he dicho que  " Va pensiero" fue un efecto populista, una solución  que le pidieron a Verdi para aguantar en las butacas a los espectadores que abandonaban la representación de  Nabucco en el entreacto. Solo a eso me he referido como populista.

 12 de Diciembre de 2014


     No tienes nada que perdonarme, Virginia, solo puedo agradecerte la aclaración, siempre es bueno saber algo nuevo. Eres un encanto que ha mantenido viva y con llama ardiente esta epístola que se me escapa.
 


  

       












       




































 Lo popular y lo populista, Verdi y Rossini, Bécquer y Campoamor.

Conversación con Virginia  sobre "En los límites de la humildad". (Es pública, aunque nadie la haya leído.)


8-12-2014

Querido amigo:

Lo de bueno y malo, mejor o peor, tan-más-menos ¡Son conceptos tan relativos y subjetivos!
Piensa que en los tiempos que corren los reconocimientos por lo general requieren estar introducido en los circulos indicados... ¡ Si se dieran a los méritos no existirían "indicados"!
No voy a profundizar en esto pues para cada cual va  a tener diferentes lecturas.
En los foros hay muchos que desean exponer su anónima obra a los ojos que no les han prestado las editoriales y muchos que simplemente tienen algo que expresar y lo hacen sin más pretensiones. La diferencia con el que vive de su obra es eso, el dinero y el "prestigio"( lo pongo entre comillas). Lo bueno de los foros es que todos ahora pueden mostrarse, las letras ahí quedan; el uso que de ellas se hagan en el futuro es incierto... pero tienen un futuro ¿y quién sabe? Si yo tuviera que hacer un estudio sociológico, humanístico... elegiría los foros.  En cualquier caso decirte que es un honor y un placer compartir espacio contigo. Cuando se elige un foro se hace porque es el lugar en dónde se desea estar y con quiénes se desea compartir. Un abrazo.


 No me gustaría confundirte, Virginia. Mi posicionamiento principal se resuelve en buscar unos criterios que puedan determinar si una obra de arte lo es o es una coqueta y afortunada artesanía, pienso que el relativismo que preconizas es muy peligroso, no nos va a ayudar a distinguir lo bueno de lo malo.

       La llegada del verso libre ha creado una confusión tan grande en la poesía que con mucha probabilidad ha superado a la de la abstracción en la pintura, pero en ésta hay resortes para clarificar, técnicas palpables, méritos evidentes. Teniendo en cuenta que casi todos hablamos, todos los que hablamos nos hemos convertido en poeta, no es malo escribir mal y sentirse poeta, pero no debemos otorgar premios importantes con jurados que no conocen el lenguaje de la poesía, que se decantará por el efectismo más que por lo valioso.

       Con respecto a los foros, no puedo quejarme, se me lee y se me comenta muy por encima de la media y de lo que esperaba, pero no encuentro lo que busco aunque haya dejado de molestarme verme rodeado por tantas estrellas.


Nunca podremos ponernos de acuerdo respecto a este criterio. A mí no me gustan las varas de medir, ni que existan quienes se erigen medidores, tal vez deba convivir y compartir con ellos y lo haré sin problemas sencillamente porque para mi siempre serán personas limitadas por sus propias medidas. En ninguna faceta artística  creativa se deberían aplicar tales desatinos... y si  me apuras aún entraría en la discusión de si serían de aplicación en la ejecución de la obra conocida siempre que se definiera como una variante y se mencionara al autor del original.

He leído varias veces tu réplica, Virginia, y perdóname, no llego a captar lo que me quieres decir, creo que estás circunscribiendo este asunto al ámbito de los foros y yo estoy hablando del Arte, ese que precisamente tienen algunos de nuestros compañeros tengan o no tengan buena  estrella. Pero si vas por donde me imagino, no estoy de acuerdo contigo; Pavarotti era grande porque después de una paliza brutal era capaz de dar más "do de pechos" que nadie, Mozart porque iba haciendo partícipe de una canción a más y más cantantes y lo hacía in crescendo y sin perder la armonía, Verdi supo reflejar las aspiraciones de independencia de los italianos en el coro de los esclavos de Nabucco, si tocas el corazón colectivo tienes que ser muy bueno necesariamente, un Beethoven completamente sordo por entonces nos emocionó con las ansias de libertad y armonía del hombre nuevo extrayendo los sonidos de su corazón al traducir en música la inmortal Oda de la alegría de Schiller. En fin, Chopin supo fingir que se moría en cada nocturno con una técnica que solo le pudo otorgar el mismísimo Diablo. Utilizar el término vara de medir en los casos que te he expuesto, aunque sea para que veamos lo arriba que están, no me resulta demasiado bello.

      No, no puedo ir diciendo que los sacerdotes son muy buenos si me bendicen y perversos si no quieren que mire las estrellas desde dentro. En ese aspecto, los foros son un juego en donde se premia la sombra supuesta de la buena persona, los contactos y lo participativo que se pueda llegar a ser, si las personas que tienen que decidir a quienes encumbramos no saben o no quieren distinguir entre lo que parece bueno y lo que realmente los es, es su problema, no tengo una solución para corregirlo sin que se me presente la furia de la irritabilidad de los poetas como si hubiera cometido un sacrilegio. Pero, Virginia, para saber distinguir lo que te he dicho hay que tener criterio; Darío escribió un soneto en alejandrinos prodigioso, y todos los versos acababan en palabra esdrújula. Creía en ello y se ajustaba a su ideal estético. Pídele lo mismo a muchos grandes poetas  que andan por ahí dando lecciones magistrales en los medios.  

Gracias, Virginia, creo que sí podemos ponernos de acuerdo, el arte no es aleatorio, detrás de él hay un corazón y un alma que deben servirse de los conocimientos que ha acumulado una mente. 


Pavarotti es un fenómeno de masas, tiene técnica y potencia pero le falta la melodiosa   armonía, que otros tenores dando solo los “do de pecho” justos consiguen, convirtiéndose en magia el efecto que produce su garganta integrándose en la partitura de la obra y pareciendo una fuente de milagrosas palabras; por decir uno y ser español Alfredo Kraus en su momento.
Verdi también fue un fenómeno de masas y  tuvo cantidad de detractores  clasistas que consideraban su música frívola.  El Coro al que te refieres, Va pensiero magnífico a mí me encanta, no fue más que otro efecto populista, y ya ves hoy su música se sigue tocando más que otras de grandes autores y es precursora de la nuestra, nos encanta el romanticismo y emoción de sus obras… En fin compañero… para qué seguir
Comparto que los foros son poco críticos y muy contempladores, soy como tú partidaria de las críticas cáusticas si  son necesarias, se aprende  muchísimo de ellas  y  hace salir la flema del autor. Pero se necesita un gran equilibrio para moderar un foro  así, yo lo hice fue una época muy gratificante y no fue retirada ni una letra de lo que allí se dijo… y te aseguro que se dijo mucho y fuerte… Pero… Pero… Todo tiene un pero, y puede ser muy grande si no está asumido por los foristas , porque alguien puede considerarse dañado por las opiniones de otros, que como ahora tu y yo entren en un  intercambio de ideas contrastadas y llega un momento en que pasan a mayores… y eso es muy peligroso porque los puntos de vista divergentes pocas veces se sostienen en el mayor de los respetos.
En fin amigo mío, es condición del hombre ver las cosas desde su ángulo de visión, lo que hace que haya tantas versiones como los ojos que miran.
Un abrazo


Leo tu mensaje, Virginia y me parece que me estás dando la razón, yo también caigo y caeré en múltiples contradicciones. Creo que confundes populista con popular cuando te refieres a Pavarotti y a Verdi. Yo daría muchas horas de trabajo para desentrañar la fórmula que me hiciera popular aunque tengo claro que la popularidad la quiero para mi obra, querría los beneficios inherentes a ella pero permanecer siendo un ente anónimo.

       No tengo la ópera entre mis preferencias, puedo decirte que Wagner me resulta poco menos que insoportable y admiro con devoción de tonto ilusionado a Mozart y a Verdi, porque me emocionan, el uno como genio sin freno que no miente e insiste en la deriva a la que le lleva su música y el otro por saber conectar a través de su


pueblo postergado con el ansia de vuelo de todos los hombres de la tierra. La única ópera que he contemplado en directo en mi vida es la inigualable, heterodoxa e imprescindible Flauta mágica, disfruté hasta unos límites insospechables con la parte cantada, me exasperaba la historia paralela dramatizada, para una persona de nuestro tiempo es acaramelada e infantil en el peor sentido que se pueda tener de esta palabra. Wofgang Amadeus solo puso la mejor música que pudo, y estuvo fino, ese pastiche no tiene nada que ver con sus ideales de universalidad armoniosa de los  francmasones.

       Armonía, técnica, potencia, popular, son criterios, son puntos de vistas con los que hay que luchar hasta donde sea posible por objetivar. Supongo que eres bastante más joven que yo, si no es así, perdóname. Puede que estés más al principio del camino. La juventud se cura con el tiempo, pero, ya ves, yo no hubiera querido sanar nunca de esa locura.

          Yo no tengo mi Dios, como dicen tantos pedantes, si existe es él el que me tiene a mí, aunque no me haga mucha gracia.



Perdóname, solo por matizar, he dicho que  " Va pensiero" fue un efecto populista, una solución  que le pidieron a Verdi para aguantar en las butacas a los espectadores que abandonaban la representación de  Nabucco en el entreacto. Solo a eso me he referido como populista. De nuevo un abrazo


No tienes nada que perdonarme, Virginia, solo puedo agradecerte la aclaración, siempre es bueno saber algo nuevo. Eres un encanto que ha mantenido viva y con llama ardiente esta epístola que se me escapa.