sábado, 24 de octubre de 2020

19 de noviembre


Dios está llorando sobre las calles de Abyla,
esas que se han llenado de noche esta mañana,
no aquellas encendidas al calor de tus besos,
ni aquellas invocadas
en la última agonía de aquélla que recuerdo.
 
 
Esta oscura mañana de planetas perdidos
que amenazan mi pecho como una estalagmita
hace que te pronuncie
como estrella que brilla y busca emociones
en la noche del alma que no puede abrazarte.
 
Me han llegado las hojas sin tallo del otoño,
me han dolido los partes de tus viejas ausencias
que ruedan sin consuelo
en el raíl mojado que gime entre la lluvia.
 
Sigue tu primavera ardiendo en mi memoria,
en el jardín quedaron
nuestros bancos de piedra,
nuestros nombres grabados en el sauce que espera
sin alma ni esperanza de encontrar tu sonrisa.
 
¡Ay, juventud ligera que se llevó tu blusa
en sueños de poeta perdido en la tristeza!
 
¡Ay, vestidor del tiempo que me arrancó la falda
que cruzaba las vías hondas de mi deseo!
 
Y están todos los cielos, y están todas las calles
en el hueco profundo de no encontrar tu huella
borrada por las aguas que el tiempo se ha llevado,
sin rastro de ti misma
que no puede cantar, hundido en el silencio.
 
Dios sigue llorando sobre las calles de Abyla,
esas que se han llenado de noche esta mañana.
 
(19/11/1999 - Avenida de África en silencio)

 

martes, 20 de octubre de 2020

Segunda paráfrasis de "Al príncipe" de Pasolini.


 

Si regresa el sol, si cae el día,
si la sombra
tiene la esencia de noches venideras

y ya perdidas,
si una tarde de lluvia parece masacrar

los momentos
 que nunca nos pertenecieron y tuvimos

en tu madriguera.

Ya no soy feliz en el gozo 

ni sufro en el dolor,
Ya no tengo en mi alma 

toda una vida entera.

El poeta debe tener tiempo:
La única manera de hallar algo
es sentir aquello que tenga fuerza 

o abandono
para forjar el vicio

o edificar
la libertad que someta al caos.

Ahora no tengo tiempo por culpa de la muerte
que se acerca
con los funerales de mi juventud.
Pero también por culpa
de este mundo nuestro tan humano
que quita el pan a los pobres 

y la paz a los poetas.

 

(Pasolini - Al Príncipe (1961) Versión - F. E. León)

viernes, 16 de octubre de 2020

Vuelvo al patio romano

 Vuelvo al patio romano (8 de mayo)


Que me gusta enfangarme
porque el barro
es materia pobre y casi pura,
porque amo tu luz solo si no me ofrece esperanza.

(Pasolini - Análisis tardío V. F. E, L. 21 de octubre de 2020)


Vuelvo al tiempo de los besos
acorralados,
de los sueños erguidos en el parque de plata
que ya no nos espera,
al laurel de la India que nunca se marchita,
a los bancos de piedra que ya no son los mismos;
no recogen la firma de tu mano nerviosa
pergeñando los vuelos profundos de una rima.

Vuelvo al patio romano
como si quisiera gritarle a la rosa
que ya no será nunca temprana
cuánto te quería
en los recovecos de los jardines de las murallas,
en el pequeño foso del suicida
que aún guarda los calvarios brunos de nuestra nube
en el velo del mar que atravesaba
la pulpa del naranjo que oscurece
en el paseo crepuscular de Independencia,
y me estremezco
como si quisiera abrazarte de nuevo
en los surcos nostálgicos del agua
que se adentra en la noche de las incomprensiones,
de las barcas perseguidas
que gimen en el aria de tu arena
como una sirena que ha renunciado al canto
y horada con los ojos la amargura de sus piernas
entre los espigones derruidos por el salitre y su silencio
donde la luna araña al mediodía
tu sombra sobre la tierra del olvido,
el corazón sediento que aún rememora la caricia
del clavel caprichoso que tuviste en la boca.

Meditaciones dolidas

 Meditaciones dolidas


1
In my room

Dom, 14 Abr 2019 21:16

Now it's dark and I'm alone
But I won't be afraid
In my room.
(Brian Wilson)



Sigo donde estaba después de atravesar
la encrucijada
densa y plomiza de la tarde
que no habla, nunca espera
y cierra su cortina frágil de luz en el ocaso,
después de agrietar las linternas cansadas
de la niebla nocturna
en los mares
perseguidos que resisten in my room,
que naufragan en los mitos de mi aurora
y nunca besaron el puerto de mis dudas,
la lengua de mis remordimientos
cuando penetraba en el delirio verde
de unos soles añorados, en las pupilas
de una esperanza ansiosa que relincha en el silencio
de los hospitales de la calma enarbolada.

Porque, después de haber intentado
acometer nuevas empresas,
inútiles hazañas
en otros huertos, en otras latitudes,
he comprendido que no sé hacer otra cosa;
escribo
en los pétalos efímeros de la hiedra desprendida
que se abraza a los muros postergados
de la ermita solitaria,
en la huella de la luna que no podrá borrarse,
rubrico
epitafios de amor con un ritmo lastimero,
con un tono desesperado
que arrolla la vereda de un verso intransitivo
y una tierna romanza en los labios de una queja,
respiro
en el aliento añorado de la fuente de la infancia
que se retuerce y reza
en las alambradas que fluyen entre la hierba y el acero
y cierran su mensaje despiadado
en la mano violenta del destino
que ha ido sembrando los campos de la cala
con relojes de viento implacables
que me llaman, me empujan, y se alejan del niño
que no puede esconderse en el espejo
irreflexivo y menguante de mi esfera
ni en la estancia que sufre la ira de un desahucio,
ni derramar las flores que aromaron
el milagro fugaz de una sonrisa en el alba.



2

He roto los espejos

Me he levantado entre las violetas
mientras aclaraba
cantando un canto olvidado
en la noche serena.

(Pasolini - Versión: Delfina Muschietti)


He roto los espejos que rezan al pasado
en la alcoba que tiembla en el aire dolido 
que muerde la querida remembranza
de una lágrima densa que cae en el mirar
y el canto de tus manos
que busca en tu desierto la multitud que espera
la sed de la garganta
herida en las caricias que arrastran los vestigios
de la frágil cadena que tus brazos forjaron.

La cortina rendida en los escaparates
suspira en tu mirada
con un verso extraviado que sufre los agravios
del pensamiento lógico que perdió la razón
y siente tu latido en la espesura
cuando llega la noche profunda de tu ausencia
a los pétalos negros de mi bosque huidizo.

He roto la añoranza de un mundo malogrado
que no quiso quererme en su vacuo latido
ni que yo lo quisiera;
ya no soy quien pasó con la luz en la frente,
quien escribe un poema en los labios del viento.

3

Los tordos

A Carmen; Ya que tú no me quieres, tampoco yo he de quererte. 

Una cosa es renacer
y otra vivir con la muerte
para no quererla ver.
(Emilio Prados - Soledad)

Ahora sé que los árboles de la Quinta Avenida se arrodillan ante tus piernas, que las mariposas se encaprichan del silencio de tu pluma ahogada en la resaca, que Nueva York es un sueño que nunca duerme, que nunca abre sus venas a los perdidos, te llamaré cuando la luna recoja los latidos de las farolas que suspiran por ti .




(Mirando una fotografía. A Lou Reed))

Los tordos

Te llamará el lamento de los tordos oscuros

que muerden el ocaso mustio de la frontera
y extienden sus cortinas
nublando el cementerio pálido de los montes
cuando ya no me quieras
y olvides el silencio que siempre te ha llamado.

Te asaltarán las lágrimas vencidas de la alcoba,
de los retratos graves y las sordas esquinas
de los muelles brumosos que vieron los adioses.,

Dormirá en los escombros de los Palos siniestros
una promesa verde
guardada en un pañuelo con los ojos velados
que surquen la mezquita recostada en la luna
que cruza los Rosales temblorosos
y no mira la infancia que retoza en las charcos,
en el arroyo negro,
duerme en la madriguera de los muros,
en la cárcel que eleva una plegaria
que atraviesa las nubes
y vibra en los escombros que surcan tu tejado,
desatan tus quimeras
cantan en los ventanales cerrados de las sombras,
ajustan tu jersey en los rasgos de un lunes
y escuchan el rumor que agoniza en las cañas.

Te buscará la huella
que cruza la palabra que tuviste en las manos
y se adueña del aire
que muere en el destino de los pobres
y no pierde su aurora como un jardín sombrío
que espera un claro día
en el patio sagrado de una ninfa afligida
con el rostro exiliado en los labios de sangre.

Veo pasar el vals que perdió sus anhelos
en tu falda teñida de lúbrica azucena
y mortifica el aire, la huella de mi olvido,
despierta en tu mirada,
en tu sonrisa fresca, intacta y dolorida
que no vuelve a la escuela rodeada de sauces,
de clavos en las manos,
en la cuesta del Morro que mantiene el aliento
de los cines tardíos que conservan tu aroma
y alumbran tu linterna
en los escaparates, en las rosas tempranas
que avivan los portales claros que conocimos.

Llevamos en las venas la cruz de una mirada,
las calles de Hadú que lloran tu alegría.

Te llamará el lamento de los tordos oscuros,
la tristeza que quiebra la luz de tu cintura
en un mito que canta en un valle sombrío
donde vagan penando
los árboles de piedra que guardan tu secreto
en versos olvidados que perdieron las ramas
donde añoran los ojos
de un amor que no encuentra el requiebro ni el ritmo
de la copla que gime por la noche
ni el mar de los espejos que siempre te aguardaba
y en tu memoria siente la herida de la luna. 



miércoles, 14 de octubre de 2020

Variación del poema de Leonard Cohen "Perdí mi camino".

 

Perdí mi camino

Perdí mi camino, no supe amarte,
olvidé invocar tu rostro entre las brumas
del invierno gris
cuando aparecían en tus ojos las galernas
y los corazones prístinos latieron 
contra el mundo
mientras fluían las lágrimas
por mi victoria perdida, por tu triunfo malogrado.

Pero tú aún estás aquí
cuando te canto en el portal
de la mañana y acaricio tu memoria por la noche.

Tú siempre has estado aquí cuando respiro
en tu nombre de espliego cincelado
y te siento detrás de una ventana sin cortinas.

El mundo acaba olvidándolo todo
y nosotros nos escondemos ante sus garras
y nuestros corazones se convierten
en  un torbellino de angustiosas direcciones,
pero tu nombre unifica el interior de los recuerdos
y el mundo se levanta en su lugar
para quererte 
como si fueras mía porque te miras en los espejos
de nuestro viejo barrio abandonado.

Bienaventurado el que espera
en las entrañas más amadas del anhelo
que regresen los transeúntes de nuestra vida. 
 
(Memorias de Hydra)

domingo, 11 de octubre de 2020

Mi corazón

 


Mi corazón sin freno en su tormento
te busca por las calles de tu infancia
sintiendo en tu figura la fragancia
gentil que no se pierde con el viento.

Mi despertar no sabe estar contento;
sonríe por su incauta tolerancia
que recibe el desdén de tu arrogancia,
y no puede ordenar su pensamiento.

Mi deseo se fue por la ventana
hacia donde respiras y te siente.
Si no quieres mirarlo en la mañana

deja al menos que vibre y te alimente
con la sangre de amor que aún le mana
y haga en tu frío manto un lecho ardiente.