miércoles, 24 de febrero de 2021

Llanto por dos poetas

Yo seré aún joven,
con la camisa clara,
y los dulces cabellos lloviendo
sobre el amargo polvo.
(Pasolini - El día de mi muerte - Versión de Delfina Muschietti)


Para ver que todo se ha ido
dame tu mudo hueco, ¡amor mío!
Nostalgia de academia y cielo triste.
¡Para ver que todo se ha ido!
(Lorca - Nocturno del hueco)


Te escribiré mis deseos en los pétalos caídos
cuando se apague el resplandor de la antigua ventana
y vuelva la soledad en los recuerdos de la brisa,
cuando aparezca en tu cuaderno
la proclama que hierve en la frente de un profeta
abandonado y muerto
en el misterio corrompido de una playa violenta ,
cuando mida el calor de la luciérnaga perdida
el paso de los amantes mutilados
que envuelven
en una queja plagada y polvorienta
el mástil de las farolas que declinan
acogiendo en una prédica angustiada los nocturnos de los huecos
de una mirada oscura que nos halla en la techumbre
de un Pierrot sonriente y apasionado,
de un mártir que se emociona con la gravedad de una pluma,
con la mirada de una gacela herida detrás de unas rejas,
con un llanto desnudo a los pies de una guitarra desangrada.

domingo, 21 de febrero de 2021

Brel en la Escuela de Comercio


  Ella no ha vuelto más y su sombra se alarga
sobre la cruz del Puerto cansado que aún respira.

(Mares Lejanos - Canción de Otoño de 1996)


1

Me hiciste pensar
que ni siquiera tu amor era eterno.
Ahora sufres y te preguntas
qué fue de aquella mirada,
en qué instante murió tu postrera sonrisa,
qué viento se llevó las hojas del diario
donde decías que me amabas.

2

No supimos desentrañar el sueño
de nuestra encrucijada;
!Cuántas veces te amé y sentía un rencor
que nunca se apagaba¡

Sigo leyendo un poema
que no recuerdo, que nunca
he podido escribir
aunque nunca lo leas
ni en tu diario lo copies
y no lo hayas olvidado.

3

La sombra de mi llanto se perdió
aquella noche
en el aire callado de tu vuelo francés
mientras cantaba Brel
la soledad del hombre
en el amor y en la muerte
y el mundo le aplaudía
con tristeza y con fervor.

Triste en una caricia amortajada
llegaba a mi memoria
con un rumor inmenso que arañaba
los escombros del puerto
la caricia perpetua de los diques
de Amsterdam en la escena
oscura, decadente y encendida.

Tu sonrisa de piedra devastó
el rincón más sensible de los huecos
que acercaban tu corazón al mío
en tu rostro sediento de levante,
en la mirada herida
que llevaba la cruz angosta de mi alma.
   3 - bis 
Tu mirada que sueña en un árbol vencido,
en la hiedra que cubre la Escuela de Comercio
va subiendo la cuesta de las hojas caídas 
y no quiere enterrar
un verso amortajado que desgarra
las venas de la calle, del sol, de mi tristeza
y muestra en las paredes de un antro tu sonrisa,
las palabras de antaño que vuelven a la playa
y buscan un poema de amor entre la niebla,
la impronta de tu rostro en un cuaderno 
frágil y humedecido 
que se queda en tus ojos y se pierde en tus manos.

 

4

Ahora vuelvo al parque descuidado
de la Argentina
con sus puertas abiertas y veladas,
te recuerdo y no estás en sus bancos ausentes,
busco la remembranza de tu aroma
mientras hierve en mis ojos el hombre fracasado
que venera los tuyos y se enamora
de tu misterio
y se enreda en las hojas del laurel
reseco y carcomido
que arrastra su tiniebla en el vapor lejano
que se hunde en el mar de tus secretos.

5

Ya no eres la mujer que sonríe a la tarde
que, con su extraño rostro, acaricia y envuelve
la luz de los espejos, la voz de la neblina
y declina en las aulas de los vientos la rosa,
no vives la canción de la esperanza
mientras muere un poeta en las Puertas del Campo
del ansia de vivir su verbo en el pasado.

Ya no viertes tu aliento en mis mejillas,
no rompes la muralla del rencor afligido
ni abres el encaje a mi lujuria
atormentada y triste que arrastra su agonía
en los ojos de un bar que derrama el licor
y se adueña del humo. La barra de equilibrio
de todos los milagros, de todas las palabras,
estrecha e implacable espera la caída
del verso y las quimeras en los escaparates.

No apartas mi camisa del silencio,
no abres tu soledad a mi ardiente mirada
ni guardas mis requiebros en la caja de música
cuando Chopin detiene el llanto de la brisa.


6

Cuando vuelva la noche
profunda de las calas entre los matorrales
y camine en tu huella como un lobo exiliado
que no encuentra un camino en el camino
velaré por tus velas encendidas.

La luz de las campanas
que doblan en el barrio adormecido
llevará tu silencio en la mirada
que acoges con un gesto enamorado
y muestras el deseo
de alentar las caricias en el muelle tendido,
de vivir en la tierra tibia de tus mayores
y arrasa los cristales del silencio en los muelles
rotos que tú cantabas
para volver a amarte como si hubieras muerto.

Te abrazaré en la rosa
afligida y errante que perdió la fragancia
y anidara en tu paso fugitivo
mientras te perseguían los vientos desahuciados,
te entregaré los aires llorosos de las rimas
que siguen en tu alma y en la noche apagada.

7


Je est un autre.
(Yo es otro)
(Arthur Rimbaud)

Un hombre encadenado a tu figura
se encamina a mi rostro en la escollera
con un rumbo abortado
que invade los caprichos de la muerte
en los días sin nombre que fluyen en el agua.

Este hombre se arrastra por las nubes
rojizas del crepúsculo que hiere
y arrasa los cristales del silencio en las ramas,
permanece en los bancos vacíos de los parques
y se ahoga en tus ojos
que abren otras cortinas, buscan otro calor
y no sienten la luz lenta de mi esperanza.

Ya no me amas, es cierto, miras el horizonte
de los painicos tristes que lloran en la luna,
de palabras sin velo que cubren la sonrisa,
de ilusiones que pasan y se pierden
en cada esquina fría
que detiene mi olvido, mi angustia y tu mirada.
  8

He querido arrancar de la calle vacía
el dolor de tus ojos, la llaga de tu voz
en un pañuelo tierno y solitario
que agita para siempre los recuerdos
mientras vuelvo a la duda
que estremece una imagen
terrible y asfixiante que penetra en mi alcoba.

Me arrastro en las estrellas
que lloran a lo lejos
para hablar con la muerte que respira en mi sangre
para volver sin pausa y sin memoria
a tus labios soñados que vibran en los puertos
tiernos de las caricia arrebatada
que espera su legado entre las azucenas
que llevaste en un cesto desgajado
al rumor de los barcos ignotos de los muelles,
a la cumbre del aire que supura.

En los vanos callados de la iglesia ruinosa,
escucho tu lamento extenso y calcinado
para resucitar en mi pecho anhelante,
en mi mirada ardiente
la gracia de tus manos, la luz de tu sonrisa
y el lento suspirar que anidaba en tu boca
y brilla para siempre entre los muertos.

9

No te envié ningún archivo
atravesado por un sueño.

*** *** ***


He llegado al silencio oscuro de tu rostro
para desenterrarlo
de las simas profundas de los bosques perdidos
que guardan tu fulgor en un sudario,
en una despedida cenicienta
que rompió mis entrañas en el viento de marzo,
para poder abrir el camino sin huellas
que amabas en los mares azules y lejanos,
para recuperar el requiebro de amor
que no escuchaste nunca y yacía en mis brazos
cuando en tu amarga ausencia te llamaba,
en los labios la luz, la sombra en el costado.

La fiebre turbulenta de mi sangre
inunda tus mejillas y hierve en el armario
de tu ropa tortuosa de los viernes
que recoge los aires dolientes del pasado
y sufre en los balcones la amargura,
el nerviosismo ansioso de tus manos,
la inmensa soledad de un verso ante la muerte
que vaga en mi recuerdo y se borra en tu diario.

10

Llevas en la mirada el soplo del Poniente,
en los labios la herida
tierna y ronca del pájaro que tiembla
en la acera caído
entre los transeúntes silenciosos
que asaltan el vacío y rutinario
cristal de la memoria en los escaparates,
el halo transparente de los cines,
el humo de las fábricas
el rayo que ilumina la caricia distante
en la huerta que muere
y se cubre con lirios de pureza
para hablar de los bancos con un nombre grabado,
con un libro perdido con la letra borrosa
y una firma sentida y olvidada
que no advirtiera nadie en un cuerpo que espera
la llama de tu amor, la magia de tus manos.

Llevas en la mirada el mito del exilio
de las nubes canoras que nunca se han movido
de tu eterna esperanza en el misterio,
del viento de tu imagen venerada
y ardiente
que llena las paredes con un nombre,
que rompe los adagios con un verso medido
y atormentado
que hierve en las esquinas teñidas de silencio,
sonríe a la muerte y llora en la mañana.



11

El eterno retorno de la primavera

Al contemplar tu cuerpo de mujer,
no puedo evitar
pensar en tus años más tiernos
y en aquel amor
que te esperaba
en el Purgatorio,
quizás en el Infierno.

Podría decir que hoy eres
aún más bella que entonces,
que volvería a desearte
con sólo cerrar los ojos
y no pensar.

Ya eres una mujer
nueva y brillante como el sol
de la mañana,
cuando yo apenas puedo salir
de las tinieblas
adonde tu crueldad me condujo.

12

Mariposa

1

Ahora que estamos solos, cerca de la ventana,
y nos rodea lo que ansiamos
y nos busca lo perdido,
elevarte quisiera y entregarte
las flores que aromaste en mi jardín.

Entregarte el paisaje y las casas vacías,
los árboles y el aire que tuvimos.
Entregarte la rosa sin espinas
que alumbrara el sueño del Poeta,
y el dolor de morir de la tierra de tus padres
que agoniza siempre.

Ahora que estamos quietos y el pasado
ha querido mirarnos para decirnos adiós.

2

¿En qué recuerdo he muerto
y en dónde me he perdido?
¿Hacia dónde camina tu perfume y tu amor?

Ahora que en las manos tenemos la palabra
y el viento del oeste deja oír su clamor
y se lleva las nubes de tormenta
y significa algo hermoso para ti1.

¿Por qué nos alejamos del jardín, de la tarde?
¿Así muere el deseo, así muere la flor?
¿Así revoloteas cuando sientes la herida?

Adiós mariposa, adiós mariposa de mi vida,
queda un suspiro y el viento del oeste
para cantar la gracia de tus alas
y caminar sonriendo hacia la muerte.

3

Cuando ya no me veas y me olvides,
llevaré en la frente esa tristeza tuya
que el sol acariciará.

Tú volverás a ser la mariposa
que revolotea y cae con el día,
que no encuentra esperanza
y que vuelve a volar.

1. Si desde lejos aunque separados - Oda Alcaica (Friedrich Hölderlin).

13

Un día de mayo de 2009

1

Tu nunca volverás,
lo sé y es por eso que no comprendo
la inquietud de la herida,
el desencanto de la espera.

*** *** ***

2


Pero hunde, amor mío, oscura tu mirada
en esta incomprensión sin luz que me atormenta,
para poder buscar en tu mar mis naufragios
y encender las orillas donde tus pies jugaban.
Ya no te puedo amar, besarte, ni soñarte.

Ya sabes que no puedo encerrarme en tu pecho,
que busco sin consuelo tu herida que sangraba,
pero no puedo verla, tu cuerpo es un castigo
que se acerca en la noche. Tu cuerpo es un castigo.
Y tengo que tocarte solo con la mirada.

3

Me dirás que con los locos
sólo quiere vivirse una aventura
que se guarda el equipaje de promesas
para abrirlo después del naufragio.

Y yo sabré que desnuda eras un sueño
que me llevó hacia ti la ola de tu playa
que descifré en tus labios la metáfora oculta,
que nunca floreció el alma de la aurora.

14

La muñeca que amaste
se pierde en otros brazos que apenas te sonríen,
en la muerte sentida
en un bosque de piedra que muestra su aspereza
y se arrastra en tu rostro y tu recuerdo,
en el dolor del muelle que se aleja en las brumas
y te lleva a otras nubes en un Madrid ansiado.

15

Los poemas escriben una nota en tu piel,
un destello en el agua,
un vuelo interrumpido
donde yace tu imagen en las largas cadenas
y vive la esperanza destrozada
que se mantiene firme en tus anhelos
como un héroe antiguo y derrotado
que no baja la guardia y ante la muerte
siente la soledad de los perdidos.



16

La palabra celosa te llama en los jardines
que abrieron nuestras lenguas
en un día remoto
que borraste en tu agenda polvorienta,
que vive en la muerte marchita de las astros
y guía al corazón en los faros de la sombra
que arrebataste al sol en tu locura.

17

Regresé de las sombras para volver a amarte
con tiernos besos sin luz y sin destino
en ese puerto donde me dejaste,
en esos labios tuyos que suspiraban a lo lejos
y tenían un acuse de recibo
con una dirección que alentaba tu pecho,
forzaba tu sonrisa y te mordía el alma.

18

Lloré por tu deriva
y tu determinación de romper nuestros lazos
al descubrir que yo no era tu destino,
respiraba en tu rostro el recuerdo
que humedecía tu boca
que me alcanzaba como si fuera otro,
fui tu amante una noche
que no recuerdas
y no me amabas,
y sufrí por los besos ardientes
que prendieron mis labios y murieron al alba.
 
19
 
Soy quien te llamó con la mirada del recuerdo
aquella tarde
que cruzaste el mar de la agonía
mientras el sol se ponía sobre la Mujer muerta
 
 

Brel en la Escuela de Comercio

por F. Enrique » Dom, 27 Sep 2020 9:50

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Ella no ha vuelto más y su sombra se alarga
sobre la cruz del Puerto cansado que aún respira.

(Mares Lejanos - Canción de Otoño de 1996)


1

Me hiciste pensar
que ni siquiera tu amor era eterno.
Ahora sufres y te preguntas
qué fue de aquella mirada,
en qué instante murió tu postrera sonrisa,
qué viento se llevó las hojas del diario
donde decías que me amabas.

2

No supimos desentrañar el sueño
de nuestra encrucijada;
!Cuántas veces te amé y sentía un rencor
que nunca se apagaba¡

Sigo leyendo un poema
que no recuerdo, que nunca
he podido escribir
aunque nunca lo leas
ni en tu diario lo copies
y no lo hayas olvidado.

3

La sombra de mi llanto se perdió
aquella noche
en el aire callado de tu vuelo francés
mientras cantaba Brel
la soledad del hombre
en el amor y en la muerte
y el mundo le aplaudía
con tristeza y con fervor.

Triste en una caricia amortajada
llegaba a mi memoria
con un rumor inmenso que arañaba
los escombros del puerto
la caricia perpetua de los diques
de Amsterdam en la escena
oscura, decadente y encendida.

Tu sonrisa de piedra devastó
el rincón más sensible de los huecos
que acercaban tu corazón al mío
en tu rostro sediento de levante,
en la mirada herida
que llevaba la cruz angosta de mi alma.

4

Ahora vuelvo al parque descuidado
de la Argentina
con sus puertas abiertas y veladas,
te recuerdo y no estás en sus bancos ausentes,
busco la remembranza de tu aroma
mientras hierve en mis ojos el hombre fracasado
que venera los tuyos y se enamora
de tu misterio
y se enreda en las hojas del laurel
reseco y carcomido
que arrastra su tiniebla en el vapor lejano
que se hunde en el mar de tus secretos.

5

Ya no eres la mujer que sonríe a la tarde
que, con su extraño rostro, acaricia y envuelve
la luz de los espejos, la voz de la neblina
y declina en las aulas de los vientos la rosa,
no vives la canción de la esperanza
mientras muere un poeta en las Puertas del Campo
del ansia de vivir su verbo en el pasado.

Ya no viertes tu aliento en mis mejillas,
no rompes la muralla del rencor afligido
ni abres el encaje a mi lujuria
atormentada y triste que arrastra su agonía
en los ojos de un bar que derrama el licor
y se adueña del humo. La barra de equilibrio
de todos los milagros, de todas las palabras,
estrecha e implacable espera la caída
del verso y las quimeras en los escaparates.

No apartas mi camisa del silencio,
no abres tu soledad a mi ardiente mirada
ni guardas mis requiebros en la caja de música
cuando Chopin detiene el llanto de la brisa.


[align=center]
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6

Cuando vuelva la noche
profunda de las calas entre los matorrales
y camine en tu huella como un lobo exiliado
que no encuentra un camino en el camino
velaré por tus velas encendidas.

La luz de las campanas
que doblan en el barrio adormecido
llevará tu silencio en la mirada
que acoges con un gesto enamorado
y muestras el deseo
de alentar las caricias en el muelle tendido,
de vivir en la tierra tibia de tus mayores
y arrasa los cristales del silencio en los muelles
rotos que tú cantabas
para volver a amarte como si hubieras muerto.

Te abrazaré en la rosa

afligida y errante que perdió la fragancia
y anidara en tu paso fugitivo
mientras te perseguían los vientos desahuciados,
te entregaré los aires llorosos de las rimas
que siguen en tu alma y en la noche apagada.

7

Je est un autre.
(Yo es otro)
(Arthur Rimbaud)

Un hombre encadenado a tu figura
se encamina a mi rostro en la escollera
con un rumbo abortado
que invade los caprichos de la muerte
en los días sin nombre que fluyen en el agua.

Este hombre se arrastra por las nubes
rojizas del crepúsculo que hiere
y arrasa los cristales del silencio en las ramas,
permanece en los bancos vacíos de los parques
y se ahoga en tus ojos
que abren otras cortinas, buscan otro calor
y no sienten la luz lenta de mi esperanza.

Ya no me amas, es cierto, miras el horizonte
de los painicos tristes que lloran en la luna,
de palabras sin velo que cubren la sonrisa,
de ilusiones que pasan y se pierden
en cada esquina fría
que detiene mi olvido, mi angustia y tu mirada

8

He querido arrancar de la calle vacía
el dolor de tus ojos, la llaga de tu voz
de un pañuelo tierno y solitario
que agita para siempre los recuerdos
mientras vuelvo a la duda
que estremece una imagen
terrible y asfixiante que penetra en mi alcoba.

Me arrastro en las estrellas
que lloran a lo lejos
para hablar con la muerte que respira en mi sangre
para volver sin pausa y sin memoria
a tus labios soñados que vibran en los puertos
tiernos de las caricia arrebatada
que espera su legado entre las azucenas
que llevaste en un cesto desgajado
al rumor de los barcos ignotos de los muelles,
a la cumbre del aire que supura.

En los vanos callados de la iglesia ruinosa,
escucho tu lamento extenso y calcinado
para resucitar en mi pecho anhelante,
en mi mirada ardiente
la gracia de tus manos, la luz de tu sonrisa
y el lento suspirar que anidaba en tu boca
y brilla para siempre entre los muertos.

9

No te envié ningún archivo
atravesado por un sueño.

*** *** ***

He llegado al silencio oscuro de tu rostro
para desenterrarlo
de las simas profundas de los bosques perdidos
que guardan tu fulgor en un sudario,
en una despedida cenicienta
que rompió mis entrañas en el viento de marzo,
para poder abrir el camino sin huellas
que amabas en los mares azules y lejanos,
para recuperar el requiebro de amor
que no escuchaste nunca y yacía en mis brazos
cuando en tu amarga ausencia te llamaba,
en los labios la luz, la sombra en el costado.

La fiebre turbulenta de mi sangre
inunda tus mejillas y hierve en el armario
de tu ropa tortuosa de los viernes
que recoge los aires dolientes del pasado
y sufre en los balcones la amargura,
el nerviosismo ansioso de tus manos,
la inmensa soledad de un verso ante la muerte
que vaga en mi recuerdo y se borra en tu diario.

10

Llevas en la mirada el soplo del Poniente,
en los labios la herida
tierna y ronca del pájaro que tiembla
en la acera caído
entre los transeúntes silenciosos
que asaltan el vacío y rutinario
cristal de la memoria en los escaparates,
el halo transparente de los cines,
el humo de las fábricas,
el rayo que ilumina la caricia distante
en la huerta que muere
y se cubre con lirios de pureza
para hablar de los bancos con un nombre grabado,
con un libro perdido con la letra borrosa
y una firma sentida y olvidada
que no advirtiera nadie en un cuerpo que espera
la llama de tu amor, la magia de tus manos.

Llevas en la mirada el mito del exilio
de las nubes canoras que nunca se han movido
de tu eterna esperanza en el misterio,
del viento de tu imagen venerada
y ardiente
que llena las paredes con un nombre,
que rompe los adagios con un verso medido,
solo y atormentado
que hierve en las esquinas teñidas de silencio,
sonríe a la muerte y llora en la mañana.


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11

El eterno retorno de la primavera

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Al contemplar tu cuerpo de mujer,
no puedo evitar
pensar en tus años más tiernos
y en aquel amor
que te esperaba
en el Purgatorio,
quizás en el Infierno.

Podría decir que hoy eres
aún más bella que entonces,
que volvería a desearte
con sólo cerrar los ojos
y no pensar.

Ya eres una mujer
nueva y brillante como el sol
de la mañana,
cuando yo apenas puedo salir
de las tinieblas
adonde tu crueldad me condujo.

12

Mariposa

1

Ahora que estamos solos, cerca de la ventana,
y nos rodea lo que ansiamos
y nos busca lo perdido,
elevarte quisiera y entregarte
las flores que aromaste en mi jardín.

Entregarte el paisaje y las casas vacías,
los árboles y el aire que tuvimos.
Entregarte la rosa sin espinas
que alumbrara el sueño del Poeta,
y el dolor de morir de la tierra de tus padres
que agoniza siempre.

Ahora que estamos quietos y el pasado
ha querido mirarnos para decirnos adiós.

2

¿En qué recuerdo he muerto
y en dónde me he perdido?
¿Hacia dónde camina tu perfume y tu amor?

Ahora que en las manos tenemos la palabra
y el viento del oeste deja oír su clamor
y se lleva las nubes de tormenta
y significa algo hermoso para ti1.

¿Por qué nos alejamos del jardín, de la tarde?
¿Así muere el deseo, así muere la flor?
¿Así revoloteas cuando sientes la herida?

Adiós mariposa, adiós mariposa de mi vida,
queda un suspiro y el viento del oeste
para cantar la gracia de tus alas
y caminar sonriendo hacia la muerte.

3

Cuando ya no me veas y me olvides,
llevaré en la frente esa tristeza tuya
que el sol acariciará.

Tú volverás a ser la mariposa
que revolotea y cae con el día,
que no encuentra esperanza
y que vuelve a volar.

1. Si desde lejos aunque separados - Oda Alcaica (Friedrich Hölderlin).

13

Un día de mayo de 2009

1

Tu nunca volverás,
lo sé y es por eso que no comprendo
la inquietud de la herida,
el desencanto de la espera.

*** *** ***

2


Pero hunde, amor mío, oscura tu mirada
en esta incomprensión sin luz que me atormenta,
para poder buscar en tu mar mis naufragios
y encender las orillas donde tus pies jugaban.
Ya no te puedo amar, besarte, ni soñarte.

Ya sabes que no puedo encerrarme en tu pecho,
que busco sin consuelo tu herida que sangraba,
pero no puedo verla, tu cuerpo es un castigo
que se acerca en la noche. Tu cuerpo es un castigo.
Y tengo que tocarte solo con la mirada.

3

Me dirás que con los locos
sólo quiere vivirse una aventura
que se guarda el equipaje de promesas
para abrirlo después del naufragio.

Y yo sabré que desnuda eras un sueño
que me llevó hacia ti la ola de tu playa
que descifré en tus labios la metáfora oculta,
que nunca floreció el alma de la aurora.

14

La muñeca que amaste
se pierde en otros brazos que apenas te sonríen,
en la muerte sentida
en un bosque de piedra que muestra su aspereza
y se arrastra en tu rostro y tu recuerdo,
en el dolor del muelle que se aleja en las brumas
y te lleva a otras nubes en un Madrid ansiado.

15

Los poemas escriben una nota en tu piel,
un destello en el agua,
un vuelo interrumpido
donde yace tu imagen en las largas cadenas
y vive la esperanza destrozada
que se mantiene firme en tus anhelos
como un héroe antiguo y derrotado
que no baja la guardia y ante la muerte
siente la soledad de los perdidos.

[align=center]
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16

La palabra celosa te llama en los jardines
que abrieron nuestras lenguas
en un día remoto
que borraste en tu agenda polvorienta,
que vive en la muerte marchita de las astros
y guía al corazón en los faros de la sombra
que arrebataste al sol en tu locura.

17

Regresé de las sombras para volver a amarte
con tiernos besos sin luz y sin destino
en ese puerto donde me dejaste,
en esos labios tuyos que suspiraban a lo lejos
y tenían un acuse de recibo
con una dirección que alentaba tu pecho,
forzaba tu sonrisa y te mordía el alma.

18

Lloré por tu deriva
y tu determinación de romper nuestros lazos
al descubrir que yo no era tu destino,
respiraba en tu rostro el recuerdo
que humedecía tu boca
que me alcanzaba como si fuera otro,
fui tu amante una noche
que no recuerdas
y no me amabas,
y sufrí por los besos ardientes
que prendieron mis labios y murieron al alba.


19

Ya no puedo tener la luz de tus columnas,
las ansias de vivir
en la huerta tapiada que mueve los recuerdos
de una niña asustada que persigue sus pasos,
la magia de mi orgullo en tus caderas,
el dulzor de sentir tu túnica caída
velando en el prodigio fervoroso del Puente
donde padecen mustios
los clavos de mis noches que tu espejo refleja,
la herida de los salmos
que ven correr la nube que no vuelve a tu cielo.

20

Regresa a tu retrato la caverna del tiempo,
la sangre del poeta que recogió tu abrigo
en las Puertas del Campo,
en el levante denso que azota las murallas
y muestra los destrozos de mis viejos naufragios,
en la tierra del mar y de los espigones
que aprisionan la huella de tu aliento
que no puedo arrancar de mi alma peregrina.

Resiste en mi dolor
el ramo de la aurora esparcido en tu rostro,
el bosque de silencio de un perdedor oscuro
que te sigue alumbrando
desde la lejanía escabrosa del miedo
donde llora el ciprés negro de mi esperanza.

21

Los labios de un destino que nos tiende emboscadas
no saben desterrar
la llama del olvido que atraviesa la plaza
que nunca desvelamos en su antiguo esplendor
y fluye entre las fuentes,
escondida en las horas permanece desierta
helando mi memoria entre los matorrales
que esparciste en la acera y en los cables.

Se adentran en la isla los ecos de los pasos,
los folios afligidos que imprimen nuestros besos,
cubren las azucenas la mueca apasionada
de un instante de luz que se quedó en el aire
y llega a tus rodillas postradas en la arena.

Hiere la soledad la barca del silencio
en el foso angustiado que perdió tu sonrisa
y empuja hacia tu muro
el llanto de la noche que hierve en las tinieblas.

22

Tus anhelos que sueñan en un árbol vencido,
en la hiedra que cubre la Escuela de Comercio
van subiendo la cuesta de las hojas perdidas
y no quiero enterrar
un beso amortajado que desgarra
las venas de la calle, el mar en mi tristeza
y muestra en las paredes de un antro tu sonrisa,
las palabras de antaño que mueren en a la playa
escribiendo un poema de amor entre la niebla,
la impronta de tu rostro en un cuaderno
frágil y humedecido
que se queda en tus ojos y pierde tu mirada.
y sobre mi rostro.



*** *** ***

Todos este poema de poemas está intrínsecamente conectado a ella y a mí, como dijo muy bien mi amigo, Leonardo Favio, ella ya me olvidó, yo no puedo olvidarla. Los distintos poemas han sido compuestos en la primavera triste de 2020, excepto el 1, un día de diciembre de 2019, el 11, el 16 de septiembre de 2011 y el 12 que recuerdo que lo hice en julio de 1977, afligido y desconcertado por la mediocridad de algunos poemarios de Pablo Neruda, un ídolo indestructible entonces para mí, pero pasa el tiempo y compruebas en tu piel que las rosas tienen espinas y Pablo tenía dos que no las aguanto, que me había regalado mi novia y profesora y por su lejanía, llevábamos apenas seis meses juntos, que frecuentaba los grandes almacenes de Madrid en esos mismos momentos que yo, para intentar sin éxito sustraerme de su ausencia sin éxito leía y escribía, esto último bastante mal por cierto, y la soledad y el despoblamiento de la Tierra de Campos, en Grajal, era demasiado joven para negarse a cumplir con la liturgia de las vacaciones sempiternas de sus padres. Madrid era la vida y la animación y la ropa de marca en rebajas, Grajal, el tedio, los guisantes cada día, un póster del tenor Nino de Grajal, como los cantaores o los toreros, y una familia demasiado vieja y cansada que nunca se atrevió a salir del pueblo que tenía un rico casi seco en verano donde abundaban los cangrejos. A Brel le quedaban apenas tres meses de vida y yo no me enteraba de su calvario terminal ni de que con él iba a morir un moribundo lleno de vida, un niño de cuarenta y nueve años.
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sábado, 6 de febrero de 2021

El parque borrador


 Y el amor nunca llega cuando hierve mi cuerpo y no puedo decirte que vivas como te siento en el recuerdo, que traigas a mis pasos las calles de entonces, que muestres orgullosa la huella del jazmín en tu piel, el inconformismo prístino en tus ojos, que sostengas el puente que nos une a quienes fuimos cuando queríamos ser como aquellos a los que amábamos.

Se derrama en la noche el lirio de tu ausencia
como una carta amarga que no puede escribirse 
y sigue en la mesita
donde teje la angustia de un amor disidente
que lucha con los monstruos sombríos del rencor.

Muere el parque de siempre con el alma 
de un banco que no espera

al viajero cansado que escruta el horizonte  
de los viejos amantes que perdieron la rima.


Rompen los coches roncos la frontera y los muros 
murmuran en la savia de las flores
que murieron en los ojos del último verano,
y no vuelve tu aliento sobre mi nombre errante,
no tengo tu caricia como si fuera mía,
como si me abrigara
el viento del pasado que recorre tu pelo,
y volviera la huella de tu piel al jazmín.

Yace abierta una llaga que brilla en el futuro

que nunca llegará a los labios de Abyla
cuando mueran los faros que abrazan otros mares
para seguir desiertos en las noches de luna,

cuando ya no se vea tu lengua en el teatro
de la acera que escucha del naranjo la rabia, 
el grito del poeta
que guarda en cada encuentro con la sombra  
un papel apagado que hierve en el olvido.

He sentido en mi pecho el pulso de los astros,
las palabras del loco que escribe en las paredes
de una noche romana que agita la memoria
de un libro amortajado

que arrastra la amargura de un verso interrumpido,

y no puedo tener la luz de tus columnas 

el sueño de vivir 
la magia de tu piel tersa entre mis manos,
el ansia de sentir tu túnica caída

que llora en la deriva espesa de los puertos
que ven partir los barcos que no regresarán 

y no quieren perder la huella de tus alas.