viernes, 12 de diciembre de 2014

Pablo Milanés - Burgueses


          A mí que me suena lo que dice esta canción. Pongamos, es un ejemplo, que tenemos una isla que está unida a tierra firme por un puente construido por el hombre. Pongamos que en la isla vive la créme de la créme y en tierra firme los católicos de clase media baja y otros que están todavía peor. Resulta que llega la democracia y no hay revolución los de la isla siguen con los resortes, llenan las listas de los partidos y profesan la demagogia como principal atributo para recaudar votos. Algunos católicos pobres ya han ido a la universidad pero no impartirán clases, no reúnen méritos en sus expedientes. Los que eran los más pobres, ni de aquí ni de allá, han progresado y ahora, además de comerciantes prósperos, tienen políticos que usan la labia eficazmente y se parecen cada vez más a los otros. En fin, que todo lo recuerdo, y como todo lo recuerdo, ¿Qué carajo me pide usted que haga? Espero el día en que la mayoría se esos demagogos abandonen la isla que han ido vendiendo.

       Ilustro con una anécdota uno de los males sempiternos de la gente de la isla, lo aleatorio del saludo; Fuimos a Algeciras a celebrar la participación de mi cuñado en una corrida de toros, no es un asesino, es un artista, siento decepcionar a los animalistas, aunque, en realidad, no estoy de acuerdo con este espectáculo que hiere la sensibilidad moderna y tengo un poema en concreto que lo mejor es que se lo esconda, es muy temperamental.  Fuimos a cenar a un restaurante cerca de la Calle Alta y apareció entre muchos otros una chica más bien mona de la isla, a la que no conocía de nada, acababa de separarse y estaba muy apenada, era tan ridícula que cada vez que hablaba lo hacía cantando por Rocío Jurado, casi ná, y por lo que vi tenía toda la pinta de querer ligar con un sobrino muy guapo que tengo. Total que comimos y bebimos y se acordó que cada mesa pagara por separado, hasta ahí todo bien. Parecíamos un grupo de amigos de toda la vida y durante no menos de cinco horas nos contamos hasta donde comprábamos las camisas. La despedida fue efusiva y larga, dio tiempo a que se tomaran un par de copas más, el final lo pusieron Los Manolos. 

      Volví a verla, ya en nuestra ciudad, y no me saludó, llegué a pensar que no me había visto, cuando me lo hizo un par de veces más comprendí que no quería tenerme entre sus conocidos, que le olía al arroyo de donde vengo. Así que no hay nada que decir. Se me olvidó mencionar que la señorita bien no puso un solo euro, todo lo pagamos, no era ninguna tontería, dos de mis cuñados y yo. No me daría pena que esta gentuza tuviera que vivir de trabajar de verdad, que no ocuparan puestos público para hacer nada y que esta nada sea lo preferible ¿No es verdad señora Mato?  No me parecía que tuviera muchos estudios, así que le habrán buscado un empleíllo que pagaremos todos. Y si no es así, y ejerce el muy digno empleo de dependienta en una tienda ¿a qué vienen tantos humos? 

        Fidel Castro acabó con todo esto en los tres primeros años de su revolución, ahí tendría que haber dado paso a unas elecciones democráticas, todo lo demás, un naufragio de orgullo grotesco y grandilocuente y muchas carencias que sufren los de siempre. Pero no hablo de Cuba, sino de una pequeña ciudad española en el norte de África, 39 años de democracia han dado para muchos cambios, casi todos nefastos, y para estos burgueses, muy correctos políticamente ahora, la vida sigue igual, solo que los cargos destacados sonríen a los pobres cada vez que los ven porque hacen campaña permanentemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.