viernes, 23 de junio de 2017

Amy Winehouse - Rehab


Acercarnos a la figura de Amy Winehouse resulta complicado, es difícil justificarla, pero creo que sería una de las últimas cosas que ella querría; vi un documental sobre su vida y me quedé con la impresión de que actuaba siguiendo unos impulsos que no quiso controlar y que, seguramente, ni ella misma entendía. Supongo que perdía el tiempo en unas rehabilitaciones en las que no creía. Esta canción es una de las que menos me gusta de ella, pero tiene un gran valor para ilustrar lo que acabo de decir, nos habla a las claras de que sus adicciones no solo eran físicas sino que era su cerebro el que la llevaba de vuelta a lo mismo mientras su padre se preguntaba si no había condenado a su hija al haber propiciado su espíritu de artista con aquellas canciones que le ponía y empezó a cantar desde muy niña.

 La conocía como personaje público hasta que, por casualidad, escuché una de sus mejores canciones, Vuelta a las tinieblas y empecé a valorarla al margen de ese revuelo de escándalos que creaba y que alimentaba a la prensa sensacionalista y, tantas veces, malintencionada.

Es posible que lleves razón en lo que dices, quizás llevaba la marca de artistas de otros tiempos que tuvieron comportamientos parecidos incluso sin haber conocido el éxito y el acoso mediático y que no acabaron mejor que ella, ya que sus nombres ni siquiera quedaron en nuestra memoria.


 Me resulta muy difícil siquiera imaginar cómo era realmente, cómo conversaba o como podía valorar algo como la amistad o el amor, pero casi todo parece indicarnos que no la ayudaron mucho, precisamente, en su desconcierto vital. Persiguió hasta la muerte a la artista que la devoraba.

Lorca, un poeta menor - Alma ausente



Alma ausente
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.




Me pareces, sin duda, Javier, una de las personas más interesantes con las que me encuentro en este Foro y es para mí un placer sumergirme en tus dudas porque tienes el milagro de la juventud y, a través de ellas, veo al joven que fui y que se preguntaba constantemente por el verdadero sentido de las cosas, quizás las cosas no tengan un verdadero sentido pero es un paso adelante el que damos cuando tenemos capacidad y, sobre todo, humildad, para preguntarnos por ello.

Borges es un prodigio de inteligencia, pero yo nunca admiraré la inteligencia, como no admiro a esa muchacha hermosa, ni a ese guerrero alto y fornido. Pero siento un respeto profundo por Descartes que, quizás, no era excesivamente inteligente[i], pero que, a través del trabajo minucioso y cargado de buena intención nos encamina a un método que hace que nos enfrentemos al espinoso mundo de la razón con una herramienta eficaz al alcance del hombre de la calle, aunque éste mire hacia otro lado y se muestre reacio al aprendizaje.

La inteligencia de Lorca, Bernarda Alba lo atestigua, estaba obnubilada por los sentimientos porque Lorca era, fundamentalmente, un ser humano del que todos hemos de sentirnos orgullosos de su existencia.

Borges ha creado escuela, desde mi punto de mi vista, desastrosa, se flirtea con la pedantería y apenas se ejerce el verdadero fin que persigue el arte; encontrar un conjuro que reconcilie al hombre con la muerte, no es un milagro vivir pero sí lo es haber vivido. Lorca, no, porque no tenía método, nadie puede penetrar en el corpus poético de Lorca ya que estaba hecho a la medida de un hombre irrepetible, capaz de estar al lado de los pobres a pesar de nacer entre los favorecidos, pero cualquiera puede acercarse con éxito a los síntomas más reconocibles de su poesía popular, por su sencillez aparente que hace digerible su simbolismo, sus imágenes complejas y su cripticismo, y cualquiera que se haya cultivado a la progresista porque por encima de todo se yergue el grito contra tanta injusticia de la que los tiempos modernos no nos ha liberado creando otras formas sofisticadas de servidumbre.. 

Creo que tampoco Borges es un poeta mayor, no en la medida que lo son, pienso que por este orden; Pessoa, Antonio Machado, Juan Ramón, Éluard, Eliot y Robert Frost. El verdadero problema de Borges radica en que no supera, desde mi punto de vista, a ninguno de los poetas que he mencionado anteriormente y Lorca, con su traje de bufón que no encontró destino, los supera a todos.[ii].

Espero no haberte confundido, te adjunto la respuesta que le di a una compañera nuestra que se sintió un tanto alarmada por mi afirmación de que el poeta más grande de nuestro tiempo era, para mis ojos, un poeta menor[iii].

Gracias, Javier, me ayudas mucho y no encuentro otra forma de manifestarlo que la de intentar ayudarte a ti, pero ya ves, ni siquiera soy poeta.

Espero que mi amiga Susi no se moleste por tomar unas palabras que son suyas. En alma ausente aparece Lorca tocado por las alas de los ángeles, no ha habido forma más bella de llorar la muerte de un amigo. Uno de los mejores poemas que se hayan escrito.

3 de marzo de 2016



[i] El problema que me hace pensar de que su inteligencia.siendo alta, no se equipara a la de otros talentos no está en el hecho de intentar buscar la existencia de Dios a través de la razón sino que lo dijera con seguridad antes de intentarlo no siendo un aventurero que busca lo imposible en un impulso irracional o intenta escalar el Everest por la vertiente norte en invierno cuando amenazan las tormentas simplemente porque es la más difícil en la estación más cruda.

[ii] Espero que mi amiga Susi no se moleste por tomar unas palabras que son suyas. En alma ausente aparece Lorca tocado por las alas de los ángeles. Uno de los mejores poemas que se hayan escrito.

[iii] Está relacionado con la etimología de las palabras, noble, según la genealogía de la acepción que utilicemos puede significar; bueno, aristócrata, sincero. Así menor puede ser pequeño o simplemente que no cumple unos requisitos para ser incorporado a una regla. Dámaso Alonso es un poeta mayor por Hijos de la ira, pero, para mí, está lejos de Lorca

jueves, 22 de junio de 2017

Solo sé que fui y caí en el abismo




Fui como un perro cariñoso, tierno y travieso que encuentra a su dueño entre las copas de cristal de su bohemia con una resaca dolorida y una orquídea tatuada en su cerebro exhalando la fragancia mórbida del pesimismo desencantado de Bogart cuando no puede cerrar los ojos para vivir el sueño eterno.

         Como ese perro que amaría a su dueño aunque lo maltratara me gustaría seguir siendo hasta la muerte, pero me perdí por bajar varios peldaños mi tono natural para llegar a todos los oídos, para entrar en una complicidad tierna y piadosa con la gente entre la que me he criado, ejercer, al fin, de local, yo que siempre juego en campo contrario simplemente por matar el tiempo como Georges decía que era la norma de Saturno.

Comprendo que tengo mucho resentimiento porque como todo pequeño  burgués culpo a los otros por lo perdido, que éste habita en una nube de cenizas que me impide disfrutar de los pecados de mi mundo, abrir las puertas de la pequeña capilla marinera de Todos los Santos para cerciorarme de que Dios no está allí entre el Vía Crucis de las paredes que recuerda las caídas del Hombre .


Pero no envidio ni odio, no sufro por los logros de algunos ni por la falta de amor de aquellos que experimentan un orgasmo por la indefensión ante el olvido de un poeta.

He aprendido, forzado por los sacerdotes y sus arengas vacuas y subversivas, a desear concentrarme  en el hombre que vive conmigo y tengo miedo de caer en los abismos de su desesperación ante la fragilidad y la incertidumbre que le corroen las entrañas cuando comprueba que no hay nada cierto ante la paradoja eterna de llamar vida a la muerte.

Historias de la calle


La última vez que te vi parecías más joven, 
las arrugas y los gestos habían enaltecido 
tu rostro taciturno y adusto de profeta; 
no volverá la vieja revolución confusa 
que llenó de fantasmas la residencia de los dioses. 

Recordabas al poeta 
que empezaba a cantar a los perdidos 
e inclinado en un alféizar 
miraba la calle de una ciudad sin alma; 
con una pistola en una mano 
y en la otra una rosa. 

Como en los mártires, 
a los que quizás nunca rezaste, 
el sufrimiento no se había llevado 
tu gesto de contenida tristeza, 
ni la calma de tus ojos, 
y una aureola mostraba 
la profundidad insondable 
de tu herida más reciente. 

Recuerdo de la eterna juventud



Ya no encuentro felicidad en gozar ni sufrir por ello:
ya no siento ante mí la vida entera.
(Pier Paolo Pasolini – Al príncipe)

He perdido la inconsciencia del muchacho
que sueña un imposible y gobierna su caos
sorprendido por las agujas de la esfera,
acorralado por el fuego de su cuerpo
que hierve por la tarde
cuando vuelven los niños a la escuela
y un padre piensa en los trabajos perdidos.

Arrebatado estoy por el ritmo de la vida,
la voracidad del tiempo
que se alarga y me lacera,
por el hilo que ahogó la eterna juventud
fugaz y evanescente
aunque palpite trémula en las ramas
de los álamos que vieron
marchitarse los recuerdos en mi frente.

Ahora vivo abandonado por la lira del poeta,
obnubilado por el candor que tuve
en el primer encuentro con la lluvia de unos ojos,
desconcertado por el sollozo del amor que sangra.

No volverá el llanto a los laúdes
que tañen el fulgor que tuviste en las horas 
 de las reminiscencias de la playa
herida en lontananza entre los farallones 
cubiertos de poniente,
no volverán los pájaros que cruzaron las nubes
y la higuera de caricias
que perdieron sus alas en redes de un otoño
tierno de carteleras, herido de esperanza.

¿A qué país te fuiste que no pude encontrarte?
¿Qué rostro traspasó los espejos del viento?
¿Qué jazmín aspiró
  tu suspiro  de seda en la noche más triste
de tu sonrisa intacta en los últimos juegos?

Se han abierto los besos en la memoria esquiva
y las banderas vierten, sombrías, sin descanso
el aliento fragante en tu sombra de ayer
y el nido de la antena que colgaste en la fuente
que no tiene memoria
ni mantiene erguido el orgullo del canto
que mata el funeral
de los besos asustados
y el corazón se pierde cuando llega la noche,
cuando intenta sonreír
y el sufrimiento llora,
al evocar las prisas de una juventud perdida,
la camisa sin mangas que quemé una mañana
y no ha vuelto a encontrarme susurrando en la aurora.

Bob Dylan - Mr Tambourine man




Profeta y trovador que deslizara
la última canción de un tiempo en otros labios.
(Pequeño poemario de San Amaro – 1997)

Bob Dylan no es Dios, pero debemos admitir que en su época dorada, esa que va del "Freewheelin’" al "Desire", hubo momentos de plenitud en los que parecía que tuviera comunicación directa con él. Una década prodigiosa que duró 13 años (1963-1976), con algún descalabro muy sonado, aún no se explica que pintara tan mal su autorretrato, que hizo pensar a más de uno que la opacidad anónima de Robert Zimmerman había deslumbrado la brillantez caótica de Bob Dylan que se empeñó en demostrar, con poco respeto hacia sus detractores, que no era así aunque tuviera que dejarse la sangre en el camino y despertar a los demonios del deseo.

Mr Tambourine man nos lo recuerda cuando se yergue con orgullo aunque se pase la vida dando tumbos por el suelo. Los alucinógenos transitan en unas palabras confusas y que se nos escapan como si Bob fuera un mal poeta cuyas metáforas surgen por azar y no puede descifrarlas después de haberlas leído. Pero no importa porque son resplandecientes como el sol de julio cuando quema sin piedad la otra orilla de una playa, son profundas como el grito de rabia de un profeta que apenas se lava porque sufre depresiones.

Pero el arte no está para dar lecciones magistrales, indicar un camino o reflejar una verdad que quizás no exista sino para perseguir la belleza que nos haga sentir y despertar la conciencia y el orgullo de ser hombres a pesar de nuestras miserias, de pertenecer a una civilización que hace aguas por todas partes y aun así es la mejor de todas las conocidas. 

Es demasiado duro lidiar con una resaca, lo digo por lo que me ha contado Recordar de primera mano, haber pasado la noche en un Paraíso que no vuelve la espalda al pecado de la resurrección y, casi sin dormir, despertar en un Purgatorio perdido en la tristeza donde todas las calles parecen la misma, pero donde todos los hombres al fin somos iguales, por haber dilapidado nuestros sueños buscando un placer que nunca acabamos encontrando del todo. 

Mr Tambourine man es una canción en la que hurgarán los doctores de un futuro que, como el nuestro, nunca será cierto cuando se intente interpretar la deriva de nuestras emociones, el jovenzuelo irreverente de Minnesota estaba alcanzando la gloria por saber mostrar las llagas encostradas de un Infierno edificado sobre las columnas ruinosas de un talento interminable y una visión panorámica del declive de un imperio que no contaba con la vieja Europa aunque fuese para que les llevara la maleta, ni siquiera durante la invasión británica, de la que solo miraban, con excepciones impactantes como la de los Velvet Underground,  su aspecto exterior.
 
Dicen los sabios, a este tipo de personas nunca se les debe hacer caso, no suelen saber nada, que, cuando los Byrds cogieron las riendas del señor de la pandereta con un delicioso ritmo entre el folk y el pop y una conjunción insuperable en sus prístinas armonías vocales, se convierte en una de las mejores canciones de la historia y que supera en mucho a la interpretación de Dylan. 

Yo no estoy de acuerdo aunque pienso que es solo por llevar la contraria, es mi costumbre y, a mi edad, es muy difícil aprender a hablar, porque pienso que los californianos hicieron algunas concesiones que empañan un poco su leyenda ya que es algo que nunca se debe esperar de un artista; respetaron, un poco adocenados aunque se rehicieran más adelante, la regla no pactada de una duración en torno a los tres minutos eliminando para ello estrofas llenas de significado dentro de una canción que apenas tiene sentido, me parece suficiente, pero por encima de todo es porque Dylan me emociona más, a pesar de que los críticos, otros que tampoco saben muchas cosas, siempre pensaron que la voz herida y angustiada  de Dylan chirriaba en sus oídos como el llanto de un animal cuando se está muriendo, que no pasaría por ella a la historia, ni falta que le hacía; Dios estuvo de su lado hasta 1976, después un cortocircuito. que aún no ha sabido reparar, a pesar de algunos discos interesantes. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Lorca: En la mirada de la noche


En la mirada de la noche donde expiran los olivos,
en el verde de silencio oscuro y cerrado de los campos
donde alumbra sin brillo
una estrella que tiembla
con timidez de niña enamorada
y no se lleva el miedo que la luna sombría
acaricia en sus manos de araña que muerde,
y no mira a los locos
que sueñan la maleza del llanto de los grillos
que no pueden romper la aurora con sus patas,
ni el delirio infantil que acunan los carteros
sin palabras de amor
sin esquelas ni huellas gimiendo en los tejados
donde sufren los hombres y los poetas sangran.

martes, 20 de junio de 2017

Pavese - Vendrá la muerte y tendrá tus ojos



                                                     He visto caer
muchos frutos, dulces, sobre una tierra que conozco,
como un golpe. Así te estremeces tú también
al sobresalto de la sangre. Tú mueves la cabeza
como si en torno hubiese un prodigio de aire
y el prodigio eres tú. Hay un sabor igual
en tus ojos y en el recuerdo cálido.

(Cesare Pavese – Verano - fragmento)
(Traducción – José Agustín Goytisolo)



 Reconozco que no he estado muy afortunado al elegir la fotografía, es de la primavera de 1950 y Cesare está en ella con la que fue su último intento de encontrar el amor. Ese tú que estremece en el poema es Battistina Pizzardo, lo había escrito unos años antes. Ella fue la gran pasión que determinaría su desapego por la existencia.

Admiro con verdadera devoción a Pavese, no tanto al novelista sincero que supo reflejar el alma de las mujeres a las que no conocía, al traductor esplendoroso que le entregó a los italianos el cachalote albino que sigue el impulso de su naturaleza o al poeta que creó un tipo de poesía, realista y tierna, que oponer al triunfalismo vacuo de aquellos que se plegaron a los delirios de gloria del Duce, como al hombre que era consciente de que la felicidad no puede lograrse, pero sí la paz, sí el amor que el mundo le negó hasta en su última primavera.

 Lo único que puedo reprocharle, y esto lo dice alguien que tiene una frase del sombrío Philip Larkin entre las que le han provocado una sonrisa, es su falta de sentido del humor, pero hasta en eso fue sincero, fiel y honesto a lo que no supo explicarse a sí mismo; las personas con apetencia de muerte se toman demasiado en serio la vida, no es extraño que aparezcan un día vestidos sobre la cama de un hotel esperando que les cierren los ojos para no verse más y dejen, en una mesa, un libro abierto que nunca podrá cerrarse.

Lorca: El poeta y la muerte


Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, 
un andaluz tan claro, tan rico de aventura. 
Yo canto su elegancia con palabras que gimen 
y recuerdo una brisa triste por los olivos. 
(Federico García Lorca)



Yo acorralado en este desconcierto de palabra cautiva
que no verá su curso natural cubierto con requiebros
de amantes en la ventana y coplas en el aire;
Granada ya no es Granada, 
es una charca de muerte
en esa noche fría de partituras huecas
que toca la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones
que no temen las balas donde sus ramas duermen.

Y, al fin, llega el poeta
 con su traje de loco que no encontró destino,
su valiente alegría 
encogida en los salones
con la cruz en la mirada y el miedo en las entrañas  
con el corazón quebrado por una pena que brama,
que sangra, que duele, pero no puede nombrar
 en los labios que tiemblan, se precipitan y cantan,
y sitúan los huesos que arrastran a un rincón desconocido
entre el polvo y los espejos de un barranco aletargado.

Por eso canto,
 para recordar la emoción del niño
que mira a sus mayores agradecido y obnubilado,
canto por esta senda perdida que cubre la soledad del mar,
los quejidos del monte y el dolor de los recuerdos
por este eco profundo 
cuyo lamento no escucho pero llora y me despierta
en el rostro de aquellos inundados por la gracia,
tocados por la elegancia, prendidos por la cintura.

Canto para enmarcar la brisa pasajera del cómico ambulante,
de los iletrados que llevan en la sangre la poesía
de mi pequeña calle donde sigue mi madre
y siempre encuentran abrigo en el pecho de la muerte
que viste a Federico frío y amortajado
en la hondura temeraria que los vientos no se llevan,
en el poema de luz que se prolonga en los estanques
y suspira entre los mirtos mientras una nube pasa.



Mientras las limusinas esperaban en la calle



Nunca deberías haber aceptado no haber dado todo lo que pudiste, no haber sabido exprimir tu leyenda, no escribir más canciones. Pero debiste aceptar con elegancia que el público mostrara su desconcierto cuando no podía arrastrar las cadenas de tus excesos, soportar los patéticos delirios de tu ebriedad encima de un escenario

Ni siquiera Janis Joplin en la cúspide de su desenfreno, en el cenit de su gloria debería haberle dado la espalda a la multitud, en ella había muchachos que canturreaban sus canciones y creían en el espíritu del himno de las flores, había quien gemía cuando enmarañaba sus cabellos a ritmo de un blues dolorido y exigente, quien lloraba cuando las limusinas la esperaban en la calle, supongo que hubieran deseado que se desplazara en un pequeño Ford, que llevar con orgullo haber sido una muchacha de clase media acomplejada por sus granos y por su peso. 


Pero te fuiste, ¿no es cierto, nena? y nunca más escuché que me necesitabas mientras la gente decía tonterías a nuestro alrededor. Pero ya ves, no te quería tanto como para luchar por enderezar las alas de tu ángel caído, las mías apenas me hacían despegar de los días monótonos y del miedo a la vida; es duro tener alas y no poder volar, perder la libertad por no haber sabido interpretar una metáfora quetemblaba en el viento de la rosa. Te fuiste, nena, y las primaveras han sido más cortas desde entonces,  nadie supo explicarme que los años duran menos cuanto más cerca nos mira la muerte, nadie supo ocupar tu pedestal de un modo convincente y prolongado.

      Yo no te quería tanto como para recoger del suelo aquel pájaro herido que se ahogaba en tu canto cuando Leonard danzaba en las dominios de Plutón para tenerte.

 Como dijo el poeta de los tristes, de los perdidos; solo pienso en ti de vez en cuando, pero es suficiente para que tenga que secarme una lágrima de sal, para que sostenga en una mano una pistola que te recuerda siempre y en la otra una flor que te ha olvidado.

Vivamus mea Lesbia atque amemus



Vivamos, Lesbia mía, por lo tanto amemos.
(Catulo)

Clodia



Dejemos a los poderosos que mueran viviendo, Laura, no hablemos a quienes no nos escucharían pensando que no tenemos el mismo derecho que ellos a hablar,  no juzguemos con severidad a quienes se han equivocado, no ciñamos los laureles en la cabeza de los modestos que fingen que sienten algo que demuestran no conocer cuando se pone en duda su magisterio. Nosotros que supimos algún día de amor y de la consagración del arte como un reflejo de la divinidad creada por el hombre, debemos vivir muriendo en este mismo instante que la vida nos contempla y Saturno nos persigue por delante con la sonrisa cínica de quien sabe que nunca podremos alcanzarle.

El amor es el bien más deseado  para los hombres justos, aquellos que tratan con piedad a aquellos cuyo objetivo más importante en la vida es acumular riquezas y poder, para aquellos que tienden una mano a los que entristecen porque yerran ya que equivocarse es una parte esencial en el destino del hombre y una consecuencia inexorable de su deseo desesperado de libertad. Ya sabemos que es verdaderamente hermoso que una persona que sonríe a Dios diga que éste es simplemente amor,  pero es maravilloso y reconcilia con el hombre que esa sonrisa salga de los labios de una persona que ha perdido la fe en una de las encrucijadas de la vida, quien sonríe al amor porque piensa que es inmortal y necesario aunque sea perecedero.