viernes, 30 de agosto de 2019

Costana de Ribalta


Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
(Silvio Rodríguez - Óleo de mujer con sombrero)


Llega un rumor 
de silencio que se abraza a tu figura
cuando pasa el último autobús de la frontera
y sostengo 
en la memoria el misterio del olivo silvestre 
en tu mirada,
en un espejo asustado 
los muelles que se alejan entre la bruma de un grito
que se hunde en el asfalto.

Te amo en este rincón de la ciudad que duerme
y aprisiona los sueños perdidos de antaño
que serían distintos sin tu huella en los cristales;
no hablaría de los faros la garganta
con la huella estridente de su canto en las tejas,
no hallaríamos las portadas escondidas
en la oquedad cargada por la inercia 
de los lunes cenicientos sin papeles y sin recuerdo,
te acosaría el alma de una sonrisa 
que no supo esperarte
en la herrumbre que llora la sed de las cancelas
desencajadas en los bosques de ladrillo, 
escritas por la nostalgia 
de tus manos ardientes en el suelo.

Vago en la quietud atormentada
de los muros encalados
que suben la implacable costana de Ribalta
y en el temblor errante 
de las luces encalladas que rezan en los umbrales
de la última puerta que se abre en el olvido,
en ese momento que has llenado de estrellas furtivas
como un pierrot desmaquillado
que se abraza a la cola que tiembla en otra luna
para encontrar tu destello en la noche del índigo 
que hunde su soledad en un canto oscuro
para llevar tu timidez antigua a un rincón de los lienzos
que esbozan un corazón amortajado
en una cometa inocente y desnortada
que nunca llega a alcanzar el lugar alto en donde sueñas,
aun así te persigo en las agujas sin brújula
que se pierden en el marco del óleo que tú amabas,
te abrazo en el rumor que desgarra el clamor de tu vestido
entre las sombras de los gatos que resisten 
en los colchones y en las sillas
de la colonia desnuda del taller arrasado.



miércoles, 7 de agosto de 2019

Volvamos a las calles 7 de agosto de 2019

Volvamos a la calle


Volvamos a las calles sin nombre en los rincones
 que ya nunca serán nuestros, 
a ese puente que ha perdido la voz de su esperanza
y aún se extiende 
con un poema de luz en las paredes
que saben morir viviendo cada encuentro
como si le arrancaran una primera palabra.

Vuelve a decirme que me amas
aunque no sepas porqué y deja en el aire alguna caricia
que me inunde con tu presencia
cuando el sol se haya escondido en los flecos de la tarde.

Volvamos a pensar que tú y yo nos encontramos,
en estos lugares que se han ido perdiendo
y, desde entonces, hemos sonreído;
cuando se acerca el miedo nos cogemos de la mano
y sentimos que emergemos de cualquier marejada
mientras aparece en los labios el alma de una sonrisa,

***


Volvamos a las calles sin nombre en los rincones
 que ya nunca serán nuestros, 
a ese puente que ha perdido la voz de la esperanza
y aún se extiende 
con un poema de luz en las paredes
que sabe morir viviendo cada encuentro
como si le arrancaran una palabra antigua.

Vuelve a decirme que me amas
aunque no sepas porqué y deja en el aire alguna caricia
que me inunde con tu presencia
cuando el sol se haya escondido en los flecos de la tarde.

Volvamos a pensar que tú y yo nos encontramos,
en estos lugares que se han ido perdiendo
y, desde entonces, hemos sonreído;
cuando se acerca el miedo nos cogemos de la mano
y sentimos que emergemos de cualquier marejada

mientras aparece en los labios el alma de una sonrisa,