domingo, 21 de octubre de 2018

Palabras a Constance (V) - I


Es preciso encontrar, en la maraña de lo que nunca escribiste, las palabras que mejor te representen para encontrar una salida a tus equivocaciones, para decirle a los vientos cuando recorran su calle que pasabas por allí, que, aunque nadie lo recuerde, alguna vez viviste, que tuviste una amante aunque nunca yacieras con ella.




Ya no puedo ascender
a la falda plisada del alfiler prendido
como un broche angustiado,
tu huella se perdió en la última fuente
y arrastra otros pasos, otra rosa de nube,
entre los calendarios olvidaste mi fecha,
ya no hablaré de amor cuando diga tu nombre,
sintetiza la muerte el color de tus ojos,
me equivoqué, lo sabes, y no me lo dijiste,
me dejaste soñar en un azul confuso.


Ahora
sé que la muerte
lleva otro vestido,
tiene otra mirada,
miente con otros labios.


***


Sé que ahora la muerte
lleva otro vestido,
tiene otra mirada,
miente con otros labios.


Ya no puedo ascender
al alfiler prendido de la falda plisada  

que cierra tu cintura como una despedida
en un broche angustiado.


Tu huella se perdió en la última fuente
y otros pasos arrastra, 

otra rosa de nube
hacia un camino incierto que ilumina tu rostro
en parcas direcciones que rompen nuestros lazos.

Entre los calendarios olvidaste mi fecha;
ya no hablaré de amor cuando diga tu nombre,
ha bordado la muerte el color de tus ojos,
me equivoqué, lo sabes, y no me lo dijiste,
me dejaste soñar en un azul confuso

y me quedé en la calle de la sonrisa amarga 
con un geranio roto, rostro de primavera.


***   ***   ***

La muerte tiene ojos color avellana.
(Manuel Vicent)

I

Me equivoqué, Constance, 
al pensar que tus ojos eran un cielo, 
en una mañana espesa de engañosa primavera
de ideas descontroladas,
una habitación abierta a sombras desiguales,
un estanque tenso, anclado 
en los ejes de un diario dolorido
que no quería seguir y manchaba las palabras,
las fechas, las fotografías, la tinta, los borrones...

Así  tu mirada muestra en tu rebeca
la muerte cuando piensas
en los cánticos que rompen con una melodía
la fragilidad de la noche del amante
adolescente 
en su primera cita con Georgia en el recuerdo, 
así la primavera parece recortarse
en un grito lejano donde las flores brillan
cuando luces tu vestido por las calles antiguas
que sueñan con tu paso y acarician tus pecados.

Ya no habrá queja alguna,
el sol hierve despacio y sonríe la última
luminiscencia de tu acento 
distante, estanco, seco,
perdido al pie de una nota, 
de algún verso suelto
en una canción sin vida.

Ya no podré negarte en la firma de esos días,
ya no podré fingir
el amor entre tus piernas,
este limo del Tíber se olvidó de estas cruces
que vigilan sin tregua los gigantes de piedra, 
pienso en mi pueblo quieto, párvulo de llanura,
allí recordarán a un triste apasionado
que no se echó a los montes y murió en esa pena
ebria de remordimientos.

Callas, y en torno a ese silencio se derrama el amor
que las columnas del pórtico no sostienen,
el amor que los transeúntes tocan, torturan
y no guardan
pues no lo reconocen en la claridad de la fiesta 
oscura que crepita cuando planeas otro vuelo,
pues temen los suspiros de mujeres de negro
que siguen en la guerra, estallan, se enamoran 
de los ángeles caídos, de los hombres sin noticia.

Eres como una isla que se me aleja y canta
con el perfume ciego de una rosa cortada,
como el ayer de una comparsa que se oculta
en la máscara suave de un carnaval extinguido
que sigue con sus quejas
sin mirar el calendario.

No era azul el cielo que descubrí en tus ojos,
no era roja la herida que esbocé en tu pecho,
quizás solo la carne me arrastra cuando hablo
cansado de latir,
quizás solo el deseo sabe cuánto he amado
el color de tus medias, la muerte en tus ojos.

Escucho en la penumbra de este cuarto velado 
mi último requiebro, 
tu blusa ajustada,
tu pelo ordenado y quieto de esos días
de brillantina y laca,
tu determinación
de hundirme en el olvido
de arrastrarme en la Troya 
que hieres y arrebatas a mis anhelos;
quedarán mis palabras
tus imágenes dormirán en los archivos
aunque cambien de nombre y te duela. 

Te fuiste en abril, el año
lo he olvidado,
estarás en mi mente
y serás un recuerdo
en la llama de agosto, en las calles de Turín
en sombras bajo el sol que me empuja a la nada.

Ha pasado el amor, la muerte tiene hoy
lo que fue del silencio,
desde el silencio vuelve tu voz esta mañana,
tus ojos avellana son el triste sudario 
de un sueño interrumpido que mantuve despierto
y no supe mirarte aunque, sin duda, te amaba.






sábado, 20 de octubre de 2018

Cartas a Cesare; Segunda Guerra




Tu non sai le colline
dove si è sparso il sangue.
(Cesare Pavese - 1945)

No conoces los montes
donde corrió la sangre.
(Traducción; José Agustín Goytisolo)

Para cuando me muera, tendido en mi sudario
se apagará conmigo
el muchacho que tiembla en la colina
con el polvo cegándole los ojos,
el horror de los pasos que se acercan
y las frases solemnes en las temibles
rampas angostas de un gigante que no siente.
La pólvora y la muerte elevadas
a un ritual de honor y de conquistas
y un himno alentando la barbarie
con los cuerpos desgarrados en la niebla.
Arrinconados, en la altura
enrarecida de los montes Dolomitas,
el amor que esperaba y no me diste,
las cartas sin remite que nunca me enviaste,
y caricias que tendrían otro destino
mïentras
el silencio y la noche mordían con su abrazo
mi alma en la litera
y ardía el mundo de los tiernos y de los tristes
devastado por los celos de la espera que no muere.



      El delicado estado de salud que padecía hizo que Cesare Pavese no estuviera en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, eso supuso un gran alivio ya que evitó que tuviera que luchar al lado del enemigo. Vivió este período como un emboscado atravesando las calles de un Turín derruido, pero su militancia sincera y comprometida no exenta de riesgo no fue suficiente para evitar que viviera la Guerra con una angustia intensa y que floreciera en su alma un sentimiento de culpa que le corroía y en el que invocaba a compañeros perdidos que se echaron a los montes. A pesar de los años y las dificultades implícitas a un tiempo de guerra seguía pensando en Battistina Pizzardo cuya voz y cuyo recuerdo le acompañarían siempre a pesar de los intentos con otras mujeres.    


Me importa Pavese, lo considero un poeta imprescindible, sus poemas me han acompañado desde 1981 y he tenido la suerte de que José Agustín Goytisolo con sus poemas y Ángel Crespo con su famoso diario, El oficio de vivir, después fueran los traductores de sus poemas. 
De vez en cuando hablo de su soledad con mi mujer, y sopeso sus errores con los míos. Era taciturno, silencioso, grave, sus flores no nacían en un recuerdo claro que atrajera a los ojos alegres que pasaban por su vida y temían enamorarse de él.
Pienso que Pavese y yo jugamos con un pequeño margen de error por diferentes motivos; él era sincero cuando decía que el triunfo de una persona era medido por las cosas más elementales de la vida; satisfacer a una mujer, conservar a un amigo, mezclarse con la gente de su pueblo y tener las mismas aspiraciones que las personas que luchan por mantener un trabajo.
En los casi dos años que llevo en esto he intentado crear diálogos y opiniones, situarme en un mundo que suponía muy por encima de la sociedad nuestra de cada día. Estoy contento con este poema que no pretendió otra cosa que ser un homenaje íntimo a un poeta crucial en mi vida y en el que acabé reflejando mi repulsa hacia el perfil más perverso y brutal del hombre, la soledad en el amor, la incomprensión en la poesía.


He seguido insistiendo en este poema, María, que nació en un instante preciso. Es difícil saber si hemos interpretado bien a nuestros poetas, aunque creo que lo más importante es recrear lo que se nos ha quedado en la memoria; la soledad, las dificultad en entablar una relación amorosa, los remordimientos por no haberse echado a los montes como hicieron otros, la poesía como un sueño indefinido. Supongo que él no hubiera podido imaginar que se le recordaría por sus últimos versos, esos que surgieron de un deseo no realizado. 


Tanto tú como yo, Elda, tenemos la suerte de no haber vivido una guerra, eso no quita que no podamos tener una percepción de ella a través de lo que hemos visto o leído. Este poema tiene mucho que ver con la lectura de los que Cesare Pavese escribió en 1945, me impresionaron en su día y no han dejado de hacerlo, coindían la guerra y la falta de amor, quise acercarme todo lo que pude a un poeta honesto que llevaba con amargura no haber participado en la contienda al lado de los partisanos por problemas de salud.


Siempre me das, Fanny, la oportunidad de poder expresarme, es algo que te agradeceré siempre. Quizás éste sea un poema extraño, un intento de expresar algo terrible como la guerra que he tenido la fortuna de no vivir, lo encajé dentro de otros poemas centrados en la figura de Cesare Pavese aunque ofrece diferencias importantes respecto a los otros cuatro poemas. Te aconsejo que leas la breve obra poética de este autor, no sé hasta qué punto supe situarme en sus obsesiones, lo de las cartas hace referencia a un exilio que vivió un par de años antes de que empezara la guerra y gira alrededor del que fue el gran amor de su vida y la decepción que le produjo que se casara con otro y se despreocupara de la situación difícil a la que ella le había conducido, "La voz dulce y ronca no vuelve en el silencio frío" 

Siempre es difícil hacer valoraciones comparativas, leo, un poco al azar buscando tal o cual año, "El oficio de vivir" y me parece imprescindible cuando aparece la sombra de sus mujeres, la búsqueda de la muerte como un paso inevitable que no quería que ella lo diera; "Nadie se suicida por el amor de una mujer", llegó a escribir, cuando se acepta que lo último que hizo antes de ir al encuentro con la muerte fue llamar a algunas de las mujeres con las que había tenido contacto.

          Pero acabo inclinándome del lado del poeta, nunca fue reconocido como tal y fue premiado con el máximo galardón literario italiano como novelista. No sonreía, algo muy raro en él, por el reconocimiento sino por la presencia de Constance Dowling.

Mié, 22 Ago 2018 18:26

Creo que escribir un poema sobre Pavese allana mucho el camino, no hay, entre los grandes escritores, otro más coherente que él, con una vida más sencilla, hasta el haberse afiliado al partido fascista estaría justificado por la búsqueda de tranquilidad y por conseguir un empleo, no son cosas triviales bajo un régimen represivo y violento. De ideas izquierdistas fue detenido y condenado al exilio tres años más tarde, pero no fue por sus ideas (no creía demasiado en la política) sino por amor, sin duda el más grande y amargo. Es posible que su conocido y aclamado diario haya desviado la atención de sus estudiosos más allá de lo aconsejable, interpretándose todo lo que decía en él como si fuera una declaración ante un juez o un testamento; es posible que su obra de ficción y su poesía aporten tantos datos de su personalidad y de sus intenciones como él. Cabe la posibilidad de que Pavese  hurgara en sus páginas buscando a aquel que podría haber sido y respondiera, por ejemplo, en un lenguaje vulgar y despreciativo hacia las mujeres como una respuesta impulsiva provocada por la frustración constante que sufría por parte de ellas. Pero esta misoginia no se mantiene si analizamos el tratamiento que otorga a los personajes femeninos de sus novelas y, sobre todo, si atendemos a los testimonios que nos han llegado de su trato directo con ellas. Un hombre brillante en su oscuridad asumida; los mediocres casi nunca sacan los pies del tiesto. Quizás nunca consideró debidamente la presencia constante de su hermana María, fue, hay cartas que lo atestiguan, la fiel confidente en su cruel decepción con Battistina, y aquella con la que convivió hasta el final de su vida.

Dom, 17 Mar 2013 14:24

Cuando escribí estos versos estaba inmerso en el poema de la duda, y vino tan claro y tan franco (excepto este poema que quedaba un poco desencajado y tuve que reescribirlo unas cuantas veces). Pero refleja la admiración que siento hacia un hombre bueno y sincero a quien todo le salió mal, creyó en el amor y en la amistad y éstos siempre escapaban por la ventana, murió como una vedette decepcionada por una aventura pasajera, como un hombre que no encuentra su sitio en el mundo. 

Para Pavese, Gallnnet, cualquier mujer era hermosa, su ideal amoroso era amanecer con una que llenara la estancia con su sonrisa, que iluminara el aire al respirar. Él no escribió su famoso diario para que fuera leído (comprendo que esto último genere dudas). La misoginia que se deduce de su lectura puede llevar a confusión, estaba dolido con las mujeres porque nunca pudo culminar un gran amor. Un hombre bueno y comprometido que fue severo consigo mismo hasta donde le fue posible, un mártir, quizás, sin Dios, un hombre honesto que se llamó a sí mismo cobarde por no haber participado de forma activa en la guerra.
Dom Dic 17, 2017 4:05 pm

Para Pavese, Gallnnet, cualquier mujer era hermosa, su ideal amoroso era amanecer con una que llenara la estancia con su sonrisa, que iluminara el aire al respirar. Él no escribió su famoso diario para que fuera leído, la misoginia que se deduce de su lectura puede llevar a confusión, estaba dolido con las mujeres porque nunca pudo culminar un gran amor. Un hombre bueno y comprometido que fue severo consigo mismo hasta donde le fue posible, un mártir, quizás, sin Dios.

Dom Dic 17, 2017 6:53 pm

Pavese era a la soledad lo que Pessoa al desasosiego, Ale, eran dos solitarios que demasiadas veces tenían que lidiar a solas con sus respectivos pensamientos. Con respecto a Pavese podemos decir que nunca llevó la vida que deseaba y que identificaba con la que llevaba cualquier hombre de la calle, el amor siempre le fue esquivo, desde la bronquitis crónica que cogió a la puerta de un teatro bajo la lluvia en donde le había plantado una bailarina hasta la ruptura con una actriz norteamericana meses antes de su muerte y siempre su amor sin descanso por la mujer de su vida, aquella que le traicionó y por la que sufrió un exilio; Tina Pizzardo.

y yo me maldecía por haber convertido
en nube aquel encanto,
en sueño el desvarío.

         Para él la soledad fue una tortura, quisiera haber sido cualquier hombre de su calle, pero es Turín una ciudad desangelada que no pudo desembarazarse nunca de la locura de Nietzsche. Demasiadas horas traduciendo, especialmente a los autores americanos de la Generación perdida. Era un traductor laborioso y excepcional, demasiadas horas escribiendo, él quería un amor al que consagrar su vida. Seguro que hubiera sacrificado ser el mejor poeta italiano del siglo XX por ello.

Dic 17, 2017 9:36 pm

Gracias, María, fui quizás un poco previsible con este trabajo, pero la soledad tiene otro sentido desde que Pavese pasó por ella y no pudo esquivarla. Te dejo unas palabras que escribí después de haber leído una página de su diario, "El oficio de vivir".
Es preciso encontrar, en la maraña de lo que nunca escribiste, las palabras que mejor te representen para encontrar una salida a tus equivocaciones, para decirle a los vientos cuando recorran tu calle que pasabas por allí, que, aunque nadie lo recuerde, alguna vez viviste, que tuviste una amante aunque nunca yacieras con ella, que tuviste un amigo aunque hayas olvidado su rostro y su nombre pero recuerdas su sonrisa en los días grises y un pueblo que recitará tus versos de mala gana porque te has convertido en la única posibilidad de que algunos se ganen la vida.

Sáb Dic 16, 2017 8:52 pm

Él la amó siempre, ella, quizás un instante, también lo quiso, él se jugaba la vida por entregar las cartas de amor que ella recibía de otro, no había para los fascistas nada tan subversivo como el amor. Él se llamaba Cesare Pavese, ella Battistina Pizzardo, de esta relación nacieron poemas inmortales, diarios antológicos.

Hace tanto te siento y no llevo tu nombre
como si fuera mío y pudiera abrigarlo,
tu buzón está lleno
de caricias que mueren
y no saben llegar a la orilla del rostro
que apenas puedo ver y sabe que lo vivo,
el mío está vacío y triste hasta la muerte.


Lun Dic 18, 2017 12:42 pm

Cesare no tenía la culpa de ser taciturno o, peor aún, de parecerlo, no llegaría a imaginar que nos hablara tanto de amor alguien que siempre se quedara a las puertas de conocerlo, no supo nunca que las mujeres suelen enamorarse de los hombres que las hacen reír. Le marcó para siempre que su padre fuera un mujeriego y que, Consolina, su madre el más estricto sargento de semana.


viernes, 12 de octubre de 2018

Esta noche contigo



Voy añadiendo posts a mi colección que ya no adorna los pasillos, desde luego que Sabina no ha encontrado en mí un buen embajador, pero hago lo que puedo con las mejores intenciones, sin saber la razón, ya sé que vivo en el país que se ha empeñado en dar calidad de bueno a lo mediocre mientras los santos vuelven a irse de paseo.

Creo que merece la pena medir los versos de Sabina, son inmensamente largos, como una cita bíblica sin Dios que la corrija, como ese sueño que perseguimos y que lo mejor que nos puede pasar es que no lo alcancemos. España tiene muchas cosas malas, pero tiene cosas buenas que pueden ser objeto de estudios minuciosos; ¿Cómo es posible que tengamos tan buenos escritores entre tanta gente que no sabe leer?



miércoles, 10 de octubre de 2018

Palabras a Fanny - La vieja revolución

 
Aprendimos a enterrar a los fantasmas que han encontrado a quienes los resucite y a luchar contra un dios implacable que vuelve con otro rostro después de que lo hubiéramos vencido.


Pienso que tu pregunta, Fanny, es complicada de formular cuanto más de encontrarle una respuesta, el Cohen que preferimos muchos; el de su tardío comienzo en el mundo de la música, es un hombre formado que ha perdido la ingenuidad de sus sueños de juventud por el camino de su experiencia propia. Al contrario que sus colegas estadounidenses mira a la vieja Europa, se identifica con su decadencia espiritual y bebe con amargura el fracaso de sus revoluciones a uno y otro lado del telón. Cohen llega a la conclusión de que carece de fórmulas conocidas para articular un mundo justo, en vez de eso indaga en las distancias cortas e intenta escuchar al hombre que mejor puede hablarle del declive de una civilización, aunque no llegue a conocerle como quisiera por más que lleve su traje y su sombrero, y escribe versos subjetivos sobre la amistad o el amor, o la presencia inquietante de la muerte sobre cualquier acto de creación. Después de todo el artista no ha tenido nunca una relación amable con la profecía, ya está el pensador para enunciarla, el político para ejecutarla y el hombre de la calle para sufrirla preguntándose si no la ha entendido bien o si los profetas no han sido bien interpretados. Cohen, a pesar de Dylan, ha comprendido que la misión del poeta no es arreglar el mundo teorizando posibles formas de gobierno sino denunciar los síntomas de nuestras equivocaciones, sabe que no le harán caso, que incluso habrá a quien se le escape unas risitas cuando mencione su pesimismo como si fuera una patología inherente a su personalidad taciturna y herida, no viendo que se enfrenta a él con sus mismas armas y en su terreno; mirarte al espejo cuando tienes una cierta edad y decir lo que ves en tu perfil menos favorecido cuando acabas de levantarte no es la única forma de superar un problema, pero sí la más sincera y efectiva.

         Un abrazo, Fanny, muchas veces pienso en ti y doy las gracias de que seas una soñadora deliciosa. Pienso en los años de la Transición y me emociono cuando recuerdo el teatro en la calle, el cine en las residencias juveniles, cuando la poesía no provocaba risitas sino respeto y admiración incluso en aquellos que no la entendían.

(9 de junio de 2017) 

martes, 9 de octubre de 2018

Los nacionalistas flamencos




Insisto en el aroma tierno de tus caderas
que se adueñó del aire
y vendrá adonde vaya,
en el mirar sonoro que me llevó al abismo,
la llama que elevaste cerca de mi locura.

Pensaba hace un mes que lo importante era hablar aunque no te escucharan, pero no lo sentía. Una agonía de más de cinco años me decía que lo importante era llegar a tu gente, hacer que alguien viviera unas palabras como si fueran suyas y le trajeran el recuerdo del primer amor.

           Después de haberme bajado al lenguaje de las callejuelas y pegar mis poemas en un muro al que llaman olvido y siempre tiene espacio para seguir devorando proyectos, asesinando ilusiones, he pensado en el espíritu irrenunciable del artista. Ser popular no es algo que esté a mano de todos los hombres de la calle. Pero he comprobado que no represento a nadie; ni a los navegantes fenicios, ni a los héroes portugueses, ni a los andaluces que aún cantan su pena en mi memoria, ni a los niños de ayer que jugábamos en la pequeña playa de la Almadraba; hace veinte años me sentía más viejo que ahora y sé, sin ninguna duda, que ahora soy más joven que en el mañana que pasó y nunca fue porque vivíamos engañados por una imagen distorsionada de nosotros mismos.

La Democracia hay que aceptarla con elegancia incluso cuando te muestra sus miserias y el capricho arbitrario de las masas que encumbran la vulgaridad y le dan la espalda a una carta de amor cuyo destinatario se ha quedado sin nombre para hablar de lo perdido.

            La burguesía urbana de mi ciudad no sabe distinguir entre los pensamientos y los sentimientos. Hasta ahora ha resistido a todo en el fortín de su estulticia, en la máscara sonriente de su hipocresía ¿Para qué me sirve que esta gente aprenda el lenguaje sibilino de la poesía? ¿Para qué voy a decir que son mis conciudadanos mientras venden la isla para mantener los privilegios?

            Pienso que Insistencia en la herida es un buen poema, pero sin la gente no es nada. Ha dejado de importarme, quizás vuelva a sentirme encadenado a las ansias divulgativas y sufra otra vez por ello, mientras tanto y sin saber la razón ha dejado de molestarme que la gente de mi barrio aparte la vista cuando le muestro algunos versos, que piense que ese papel hubiera sido mejor empleado en una pajarita con las alas cortadas y caminando contra el viento.

lunes, 8 de octubre de 2018

Alunizando en el planeta de Brel



Humildad es darte cuenta de que tienes talento y saber actuar, sin demasiado esfuerzo y con convicción, como si no lo tuvieras. 

No desprecio a los ceutarras porque no me hayan admitido entre ellos sino porque no lo hicieron porque no desprecié a la gente humilde a la que pertenezco. Hay un estatuto para ellos de cuyo árbol cuelgan medallas, todavía quedamos aquellos que esperamos que vuelvan a crecer las hojas. (Sobre los Flamencos)

Hay buena gente tan mala que nunca se mira hacia dentro por miedo a que se rompan los espejos impolutos de su respetabilidad.

Hay tanto que hablar de la realidad que hacerlo de la ficción suele ser una pérdida de tiempo, los grandes novelistas son aquellos que son capaces de encontrar sueños cuando buscan realidad. Soñar es lo hermoso que queda cuando hemos exprimido la pulpa de la rutina, cuando nos revelamos contra creer solo en aquello que tocamos con los ojos y no alentar aquello que tocamos con el corazón.

Escribir un aforismo puede ser unos segundos de lucidez en los que no sabes lo que dices o varias horas en una cámara oscura en que no sabes lo que has ido diciendo.

No creo en los dioses pero quiero creer en la inmortalidad del alma.

hay quien lucha contra Dios estando a su lado y quien lo hace contra el destino con todas sus consecuencias.

Si la mayoría llevara siempre razón tendríamos que admitir que en España elegimos bien a los gobiernos

Mi angustia no reside tanto en el hecho de que piense que puedo estar equivocado sino en la seguridad absoluta de que la mayoría lo está. Creo que es una de las sensaciones más amargas que puede experimentar un demócrata.

El buen Dios

¿Y si Dios existiera y no fuera bueno, y anduviera siempre preocupado por su propia eternidad porque no la comprende?

Dios se durmió cuando creó al hombre y todavía no ha despertado.

***   ***   ***

Brel en el corazón

Brel fue alguien que no cesó nunca de tirar piedras contra su propio tejado y siempre fue capaz de recomponer los destrozos. Por amor nos castigamos y nos redimimos. No todos los flamencos lo han perdonado.

Encadenar cigarrillos y copas no debe ser una mala forma de arreglar el mundo cuando tantas personas lo hacen, es tan eficaz al menos como gritar nunca más mientras no se cambia de costumbres; practicamos la guerra en otros territorios y hablamos de conflictos como si la guerra no lo fuera.

Estar alegre o borracho depende más de la extracción social que del alcohol que se haya ingerido..

Su enorme talento y su sensibilidad sin límites le hacen vulnerable ante una sociedad que no quiere entrar en la hondura de una declaración de amor, el lamento miserable por un romance que muere ni en denunciar la perversión aceptada de las buenas costumbres. La inconsistencia ideológica de los hombres que, demasiadas veces, está más relacionada con su situación económica que con la belleza de su pensamiento, y la muerte que siempre espera con una paciencia infinita...

La niñez

 Nos queda el recuerdo de la niñez para salvaguardar un poco de ternura y para ver el amor como un prodigio y un vuelo que tienen que llegar cuando los violinistas vuelvan al tejado o los barcos de Dylan encuentren puerto.

La niñez es un lugar que nunca deberíamos dejar atrás o un sueño del que no tendríamos que despertar para creer en la vida.

Brel amaba las alturas de tal forma que prefería morir en el vuelo antes que vivir con los pies en el suelo. 

Brel llegó a Francia huyendo de una fábrica de cartones, si tenía que estrellarse contra algo debía ser contra las piedras de Notre Dame.

Es posible que Brel fuera más crítico y amargo cuanto más éxito tenía, más desesperado cuanto más se movía en la tranquilidad de una vida resuelta, más despreciativo y desconsiderado con el hombre común cuanto más lo amaba, cuanto más le hubiera gustado ayudarle a que se rebelara contra su destino en la mediocridad de las supuestas buenas costumbres. Quien busca la verdad puede vivir la angustia de no encontrarla, pero si lo hace es muy probable que viva una eterna agonía.
Ya no lloramos por un pájaro muerto, ya no soñamos con un gran amor, el tiempo nos ha quitado las maletas de la mano y la identidad del bolsillo de la camisa.


Una de sus características más acusadas era que su palabra iba tres segundos por delante de sus pensamientos.

Quizás ningún músico haya sido más ecléctico que Brel, nadie haya desarrollado sobre un escenario un dramatismo más convincente o cantado al amor como si fuera un sueño que se le reclamara a la vida.


Misoginia aparte

Las mujeres suelen ser más permisivas con los hombres que buscan sexo que con los que buscan amor.

Los hombres piensan siempre en el sexo, en los ratos que les deja libres ese siempre siguen pensando; hablan de fútbol y de mujeres.

La buena gente

La mayoría escribe lo que puede, unos pocos lo que quieren; entre estos últimos hay demasiados que no saben lo que quieren y el resto solo sospecha lo que no quiere escribir. Por suerte queda un sitio para Galdós, García Márquez, Camus...que no está localizado en ningún navegador.

Lamento que tanta gente haya dejado de importarme. 

Las equivocaciones

En mis ofensas no discrimino a nadie.

Equivocarse es un arte y cómo cualquier otro requiere conocimientos y experiencia para saber en qué merece la pena estar equivocado.

Tan importante cómo llevar razón es el modo en que la defiendes.

Escribo para vivir. Es posible que acabe viviendo para escribir; nunca sería mi deseo.

No comprender a la gente a la gente causa angustia, comprenderla suele ser una causa para pegar un grito.


El payaso profundo que glosa mis tristezas
frecuenta las consultas, persigue batas blancas,
fuma en los hospitales, le sonríe a la muerte...
y no hay ninguna queja.
                                                        5 de mayo de 2011.