viernes, 12 de diciembre de 2014

Moris - Nocturno de Princesa


Y aquí estoy ahora esperando a nadie,
esperando a nadie...
...Y aquí ahora estoy aquí mi dulce Princesa



       Llegó, no vio absolutamente nada (escuchen el álbum en la calle donde se encuentra perdida esta canción), y se fue, pero nos dejó su Nocturno de Princesa. No sé si se refiere a la avenida algo desangelada de Madrid o a la calle, creo, de Buenos Aires.

     Este rockero con zapatos de gamuza azul es la prueba irrefutable de que la combinación Argentina - Madrid es una de las más poderosas, fecundas, nostálgicas, perdidas y lagrimeras que ha dado la música en toda su extensión. 

       Entristecí, casi hasta la desesperación, cuando me enteré de los resultados de la encuesta previa a la final del mundial, ¡casi el setenta por ciento de los españoles deseaban que ganaran los nibelungos! Yo hubiera querido con toda mi alma que ganara Argentina, aunque no fuera justo por el juego, no hubiera sido así viendo lo que vimos. Somos tan iguales (ellos con su sangre italiana y su pequeña y orgullosa representación indígena, con el vasco Don Ata a la cabeza, nosotros con la francesa y nuestros gitanos universales, me lo dice Camarón) que algo me habría tocado en ese triunfo. Pero de sobras conocemos como se llevan de bien algunos hermanos; los Davies y los Gallagher, son un ejemplo demasiado explícito y, casi, violento, cuando no utilizan las guitarras para el noble y exquisito fin para el que fueron concebidas.   

         Deliciosa y perniciosa en su empeño por querernos hacer a todos ciudadanos del Madrid cosmopolita, con una nostalgia mórbida y placentera del futuro que pasó,  sería una buena forma de definir esta antológica canción sin romper un solo acorde. ¡Qué tiemble, Elvis, los castellanohablantes tenemos nuestro rey! 

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.