miércoles, 10 de diciembre de 2014

Doña María y Lichis una explosión aislada de buen rollo, insumisión y alegría.

Tú que eres tan guapa y artista

   
      En el Fogón de Ana, una noche que se extinguió en la crueldad cognitiva del recuerdo, católicos, moros y nihilistas compartimos una velada estremecedoramente bella, todos los hombres del mundo teníamos alma, si es que alguien la tiene y estábamos juntos, con sentimiento y sin Dios. Entonces, cuando me tomaba un par de copas, soy un poco embustero, me parecía un excitante milagro comprobar que es maravilloso que todos seamos iguales y, sin embargo, diferentes.

       Espero que la gran María Jiménez me perdone lo de "doña". Inmensa, sensual, sincera hasta donde duele, como una buena chica rebelde provinciana. Tiene una obra maestra imprescindible, Sabina, tan generoso como desconcertante y tierno se la sirvió en bandeja de plata, ¡ay, esta Salomé de los excesos que desvían del camino de artista irrepetible! Su Dieguitos y Mafaldas debería ser de audición aconsejada en los institutos. Lichis, como Los Estopa, me cae de puta madre, además es capaz de escribir joyas, aparentemente de todos los días, como ésta. Me hieren hasta las orillas donde muere mi bahía esas playas donde se dejan morir las ballenas

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.