miércoles, 24 de diciembre de 2014

El sueño triste de un optimista irreductible.



       A Juanito, que, con un trabajo durísimo, se quedaba casi sin dormir, cada vez que le entregaba una letra para que le pusiera música. Por esos cinco minutos que, de vez en cuando, me regalaba.

      

         
      No podré escapar de mí mismo, por mucho que me esconda, si no es a través de la locura o de la muerte, y no sé a cuál de las dos temo más.
 
       Ignoro si estuve muerto alguno vez, no hay certificado de defunción que lo atestigüe, pero muchas mañanas desperté con la sensación de haber estado durante la noche en un lugar más bien triste, simplemente por no poder gozar de algún recuerdo de amor. Un lugar donde no se respira y no se sufre. 

       Sé que estuve loco dos veces de una forma tan profunda que ni las piedras que me llegaron de todas partes podrán negarlo, añadiría una más, sin duda alguna la más peligrosa porque no se la reconocía y me atacaba por la espalda y desde adentro, pero no tengo informe con los detalles y el término que lo defina, firmado por el loquero, y que me lo demuestre para enseñarlo a los demás. Se empeñan en decir, se dicen muchas cosas, que pudo ser un sortilegio de un amor incomprensible que me arrebató un sentido que por otra parte nunca tuve, y uno acaba cediendo en estos pequeños detalles sin trascendencia  a las manías de los formales, ya sé sabe, como Ford nos dijo poéticamente con imágenes, que lo que cuenta no es lo que pasó sino la leyenda. Pero insisto también esa vez estuve loco y no reconozco en ese caso la deliciosa locura incontrolable del amor, por lo demás este recuento carece de importancia ya que para la mayoría de la gente serás siempre un loco con que lo hayas sido una sola vez, y en muchos casos sin que haya una confirmación convincente. 

       Pero estoy orgulloso de decir con la tranquilidad emocionada de los elegidos que no cambiaría los cinco minutos en que mi corazón vibrara con una mirada de deseo o una sonrisa acogedora por la realización de una obra maestra incontestable, ya que me sigo reconociendo cada día, a pesar de mis delirios de grandeza, en la pasta y en los impulsos humanos e irracionales de algunos ilustres poco recomendables para pulular por una hagiografía como Huston, Mallory, Joaquim Agostinho, Santiago y ¿por qué no? su pez espada amigo y Zorba el griego, y en tantos desconocidos de quienes no puedo decir los nombres ya que los ignoro en muchos casos y en otros no los conoceríais. Ellos dejaron, sin duda, muchos de esos cinco minutos a los que antes hacía mención, y un rastro de vida, de vida verdadera y perdurable en su efímera transparencia. 

       Mi incapacidad para odiar ha hecho que mis enemigos, y algunos de mis amigos, me odien con más fuerza de la que desean, pero, como suelo decir para excusarme, no tengo la culpa de haber nacido con una sonrisa triste y, por encima de todo, burlona, en un mundo donde la seriedad solemne de quienes nos castigan me provoca una  risa que casi nunca puedo contener, y así me va, pero cómo me lo paso entre caída y caída. Pero no me preguntéis cuando estoy arriba y cuando abajo, cuando me visita con más frecuencia la inspiración o cuando tengo más miedo.  
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Nota; Escrito el 29 de Mayo de 2013 en el muro de Alaire para todos los compañeros. Deseaba justificarme por mi injustificado comportamiento en algunos comentarios.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.