miércoles, 29 de marzo de 2017

La Lupe - Puro teatro.




       ¿Por qué sigo escribiendo poemas en mi muro? Primero diría que simplemente por matar el tiempo como decía Brassens que hace Saturno constantemente, después, José Luis Coll lo puso en boca de Molière, cada uno pierde el tiempo como le da la gana. Además mi muro es demasiado pequeño para escribir en él una novela. ¿Lo del teatro? Tengo una tendencia natural muy acusada hacia las actividades lucrativas.



Una nueva palabra y te llenas de vida,
y cantas al amor, ¡oh, dios de la tristeza!,
avanzas entre chanzas por tenebrosas sendas,
y abrazas la amistad, te ríes de los formales.

Pero ya no eres tú quien se acerca a la escena,
conversa con los trajes que tuvieron un nombre,
no eres tú quien celebra de la noche el reinado,
cuando
Nada desvela y aparece Dionisos.

No tendrás otras fiestas para apurar las horas,
otro momento intenso para hablar del destino.
Llega el telón de fondo, el show ha terminado,
se recoge el atrezo, se apagan las linternas.


         En una fiesta de los profesores de la Uned, después de llevar dos horas solo en la barra bebiendo vino de los que ne les gusta a Y. llegó una pareja a la que quería de una forma equivocada y no sé porqué motivo salió a colación La lupe, no recuerdo si estaba sonando. Cabreado por esa soledad y acordándome de los desplantes constantes que la cubana hacía a los yanquis que le pagaban y adoptaban una actitud masoquista ante ella, sin haber visto una sola fotografía suya grité que era una mulata despampanante que tenía unas tetas como montañas. Se iba de tono por provocar, era una deliciosa cabra loca y ahí estaba yo comportándome como ella, aunque nunca viera un solo euro de la UNED después de haber trabajado algunas horas en ella. Bueno no fue la UNED, a la que le estoy muy agradecido sino un representante, sino un representante suyo, nunca Poeta en Nueva York me parecieron tan tristes, comprendí que, para alguna gente, no dejaría de ser nunca un meteco.

        Por mi parte, ya no me faltó companía el resto de la noche, a pesar de que el tequila reposado se derrochaba en otro lugar del escenario. La provocación tiene su encanto.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.