jueves, 2 de marzo de 2017

Georges Brassens - L'Orage

 Dieu fass' que ma complainte aille, tambour battant
Lui parler de la pluie, lui parler du gros temps
Auxquels on a t'nu tête ensemble
Lui conter qu'un certain coup de foudre assassin
Dans le mill' de mon cœur a laissé le dessin
D'un' petit' fleur qui lui ressemble





 Haga Dios que mi queja guarde alas
y le hable de la lluvia, la lleve a las tormentas
que nos sorprendió abrazados,
y le cuente que una saeta criminal
ha dejado  en la diana de mi pecho 
 una pequeña flor que se le parece.

       La versión española de esta canción, Javier Krahe y Alberto Pérez están detrás de ella, es loable pero se desmarca de la ternura de maduro tonto y enamoradizo de Brassens y prefiere incidir en su aspecto más pícaro y golfo. No aprendí francés con Georges, lo mío con los idiomas es algo digno de estudio, pero aprendí mucho de Brassens; su eclecticismo musical, su tendencia a la alegría, su amor por las estrofas clásicas, su aire libertario; los amigos lo primero, su bohemia mitificada plagada de anécdotas que, quizás, nunca sucedieron, la intertextualidad llevada a unos límites fuera de orden para un ciudadano de a pie, su pasión por el jazz y por los gatos, su encumbramiento de François Villon como el Poeta y las mujeres...

       Alentado por la lengua veloz e irreflexiva de quien alguna vez pretendió ser poeta y, en realidad, escribía cuentos, inventé que esta canción la conocí muchos años después de haberlo hecho realmente, que me llegó a través de un amor que no existía y que me atormentaba escucharla en un recuerdo sin nombre. No estaba en el primer disco de vinilo que tuve de Brassens, pero sabía de que trataba y hablé varias veces de ella con un admirador del poeta francés en las noches interminables del Moonlight.

      Una de las cosas que llevo con más orgullo, no sé cuántas veces lo habré dicho, es haber llegado a la conclusión de que tengo en él al más ilustre de mis paisanos. Sète (Seta en occitano), el pueblo donde nació, también Paul Valéry, y Ceuta eran rigurosamente homófonos, ambas tienen un número de habitantes similar, son marineras y están heridas de muerte por el Mediterráneo; Sète ama la poesía aunque esté enterrada en el Cementerio de los pobres, Ceuta detesta a los poetas que hablan mucho, nunca me he dado por aludido. Ya me he dado cuenta de que los franceses han decidido dejar el nombre de mi ciudad tal cual, y cambiar el de Sète, una lástima; son más osados que nosotros a la hora de modificar una Constitución. 


7 de diciembre de 2014

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.