jueves, 30 de marzo de 2017

Estremecimiento (II)

Ya suenan los crepúsculos que hervían en tu boca.
¡Oh, poeta dormido en el limpio horizonte
que tu queja sentía
y tus ojos guardaban!

!Cantor de las arterias de la avenida larga,
de los escaparates que tus manos abrían,
que velaba tu olvido
y tu sombra buscaba!

Ya suenan los crepúsculos del verso que despierta
más allá de la huella, del mar, de la montaña
para abrir los recuerdos que tu pluma oscurece
en un barranco brusco, en un polvo perdido.

Me estremece tu boca que ríe entre los muertos.
Me estremecen tus ojos sin que pueda mirarlos.
Me estremece la mano que enturbia la palabra
que suena en el misterio donde nos conocimos.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.