martes, 20 de junio de 2017

Pavese - Vendrá la muerte y tendrá tus ojos



                                                     He visto caer
muchos frutos, dulces, sobre una tierra que conozco,
como un golpe. Así te estremeces tú también
al sobresalto de la sangre. Tú mueves la cabeza
como si en torno hubiese un prodigio de aire
y el prodigio eres tú. Hay un sabor igual
en tus ojos y en el recuerdo cálido.

(Cesare Pavese – Verano - fragmento)
(Traducción – José Agustín Goytisolo)



 Reconozco que no he estado muy afortunado al elegir la fotografía, es de la primavera de 1950 y Cesare está en ella con la que fue su último intento de encontrar el amor. Ese tú que estremece en el poema es Battistina Pizzardo, lo había escrito unos años antes. Ella fue la gran pasión que determinaría su desapego por la existencia.

Admiro con verdadera devoción a Pavese, no tanto al novelista sincero que supo reflejar el alma de las mujeres a las que no conocía, al traductor esplendoroso que le entregó a los italianos el cachalote albino que sigue el impulso de su naturaleza o al poeta que creó un tipo de poesía, realista y tierna, que oponer al triunfalismo vacuo de aquellos que se plegaron a los delirios de gloria del Duce, como al hombre que era consciente de que la felicidad no puede lograrse, pero sí la paz, sí el amor que el mundo le negó hasta en su última primavera.

 Lo único que puedo reprocharle, y esto lo dice alguien que tiene una frase del sombrío Philip Larkin entre las que le han provocado una sonrisa, es su falta de sentido del humor, pero hasta en eso fue sincero, fiel y honesto a lo que no supo explicarse a sí mismo; las personas con apetencia de muerte se toman demasiado en serio la vida, no es extraño que aparezcan un día vestidos sobre la cama de un hotel esperando que les cierren los ojos para no verse más y dejen, en una mesa, un libro abierto que nunca podrá cerrarse.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.