jueves, 22 de junio de 2017

Bob Dylan - Mr Tambourine man




Profeta y trovador que deslizara
la última canción de un tiempo en otros labios.
(Pequeño poemario de San Amaro – 1997)

Bob Dylan no es Dios, pero debemos admitir que en su época dorada, esa que va del "Freewheelin’" al "Desire", hubo momentos de plenitud en los que parecía que tuviera comunicación directa con él. Una década prodigiosa que duró 13 años (1963-1976), con algún descalabro muy sonado, aún no se explica que pintara tan mal su autorretrato, que hizo pensar a más de uno que la opacidad anónima de Robert Zimmerman había deslumbrado la brillantez caótica de Bob Dylan que se empeñó en demostrar, con poco respeto hacia sus detractores, que no era así aunque tuviera que dejarse la sangre en el camino y despertar a los demonios del deseo.

Mr Tambourine man nos lo recuerda cuando se yergue con orgullo aunque se pase la vida dando tumbos por el suelo. Los alucinógenos transitan en unas palabras confusas y que se nos escapan como si Bob fuera un mal poeta cuyas metáforas surgen por azar y no puede descifrarlas después de haberlas leído. Pero no importa porque son resplandecientes como el sol de julio cuando quema sin piedad la otra orilla de una playa, son profundas como el grito de rabia de un profeta que apenas se lava porque sufre depresiones.

Pero el arte no está para dar lecciones magistrales, indicar un camino o reflejar una verdad que quizás no exista sino para perseguir la belleza que nos haga sentir y despertar la conciencia y el orgullo de ser hombres a pesar de nuestras miserias, de pertenecer a una civilización que hace aguas por todas partes y aun así es la mejor de todas las conocidas. 

Es demasiado duro lidiar con una resaca, lo digo por lo que me ha contado Recordar de primera mano, haber pasado la noche en un Paraíso que no vuelve la espalda al pecado de la resurrección y, casi sin dormir, despertar en un Purgatorio perdido en la tristeza donde todas las calles parecen la misma, pero donde todos los hombres al fin somos iguales, por haber dilapidado nuestros sueños buscando un placer que nunca acabamos encontrando del todo. 

Mr Tambourine man es una canción en la que hurgarán los doctores de un futuro que, como el nuestro, nunca será cierto cuando se intente interpretar la deriva de nuestras emociones, el jovenzuelo irreverente de Minnesota estaba alcanzando la gloria por saber mostrar las llagas encostradas de un Infierno edificado sobre las columnas ruinosas de un talento interminable y una visión panorámica del declive de un imperio que no contaba con la vieja Europa aunque fuese para que le llevara las maletas, ni siquiera durante la invasión británica, de la que solo miraban, con excepciones impactantes como la de los Velvet Underground,  su aspecto exterior.
 
Dicen los sabios, a este tipo de personas nunca se les debe hacer caso, no suelen saber nada, que, cuando los Byrds cogieron las riendas del señor de la pandereta con un delicioso ritmo entre el folk y el pop y una conjunción insuperable en sus prístinas armonías vocales, se convierte en una de las mejores canciones de la historia y que supera en mucho a la interpretación de Dylan. 

       Yo no estoy de acuerdo aunque pienso que es solo por llevar la contraria, es mi costumbre y, a mi edad, es muy difícil aprender a hablar, porque pienso que los californianos hicieron algunas concesiones que empañan un poco su leyenda ya que es algo que nunca se debe esperar de un artista; respetaron, un poco adocenados aunque se rehicieran más adelante, la regla no pactada de una duración en torno a los tres minutos eliminando para ello estrofas llenas de significado dentro de una canción que apenas tiene sentido, me parece suficiente, pero por encima de todo es porque Dylan me emociona más, a pesar de que los críticos, otros que tampoco saben muchas cosas, siempre pensaron que la voz herida y angustiada  de Dylan chirriaba en sus oídos como el llanto de un animal cuando se está muriendo, que no pasaría por ella a la historia, ni falta que le hacía; Dios estuvo de su lado hasta 1976, después un cortocircuito. que aún no ha sabido reparar, a pesar de algunos discos interesantes. 

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.