sábado, 17 de junio de 2017

Ni tú ni yo.




Ni tú ni yo estamos 

en disposición 
de encontrarnos. 
Tú... por lo que ya sabes. 
¡Yo la he querido tanto!


(Federico García Lorca)



Te extrañará Juanlu que empiece este comentarios con unos versos del poeta universal más representativo, sin embargo veo pertinente que refleje nuestra situación poniendo la política donde Lorca habla de amor. No somos amigos pero sí conocidos que se respetan y aprecian. El azar quiso que compartiéramos momentos que nunca se van de la memoria y hacen que se derramen nuestras lamentaciones ante la implacabilidad de Saturno . 

Eres culto, inteligente, divertido, ocurrente y, lo más importante, cariñoso. Tú eres de derechas y yo soy de izquierdas, pretendo ser humanista, digo bien, y he comprendido que esta tendencia, a pesar de que casi todos sus representantes se alinean con la izquierda, también tiene cabida para la gente de derechas y es posible que tú seas más humanista que yo. 

Sé que puedes comprender que yo deteste el comunismo pero admire a algunos comunistas, Chicho Sánchez Ferlosio está entre ellos, posiblemente no conoció el éxito por ser fiel a sus ideas y creyera firmemente en el espíritu libertario que otros mancharan de sangre y él inundaba de amor, me emocionan la valentía y la verdad de Diamantino o el fervor hacia la Democracia un tanto ingenuo, pero sentido, de algunos brigadistas internacionales que, en el caso que pudieran regresar, no se olvidaron nunca de nuestro país y, aunque nos parezca paradójico, relataron a sus nietos que, para ellos, no hubo un tiempo más dichoso que aquel en el que defendían el Puente de los Franceses. 

Hablemos, Juanlu, de arte, de deporte, de la decadencia moral de los tiempos que nos ha tocado vivir, hagamos una academia de la barra de un bar como alguna vez lo hicimos, evitemos aquello en lo que tenemos posturas irreconciliables y que nos llevaría a reproches y puntualizaciones interminables, probablemente los dos estemos equivocados y no pasa nada, después de todo he comprendido que la valía de un hombre se mide por la magnanimidad que exhibe en sus aciertos y la autenticidad con las que muestra sus equivocaciones.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.