martes, 27 de junio de 2017

Radiohead - Creep.

       




  volver a hablarte como si nunca te hubiera herido,
como si nunca hubiera querido perderte
con la desesperación de un loco encadenado.
(Paseo nocturno)

         Desconozco la razón pero apenas conozco la música de Radiohead ya que me gusta mucho este grupo, mas solo escuché durante un tiempo con cierta asiduidad un álbum que dista mucho de representar la calidad un tanto lúgubre y deprimente de este conjunto británico, Pablo Honey, y el motivo principal es que en él está mi canción fetiche durante una mala racha en la que intenté recuperar lo que entonces me parecía perdido.

Ya sé que tú no olvidas que, quizás, algún defecto grave tenías que tener, no perdonas y siempre me recuerdas que no soy el amigo del viento de Poniente como el poeta granadino ni del Oriente que llega desde el Gólgota donde murió el Profeta, que siempre arrastraré la pesada madeja de mis errores, la sangre que brotaba en tu oído traspasado por el grito de una imperfección constante asumida como el ideal, mientras mi hombre era creado por un monstruo que me miraba como si fuera Dios. 
      
La canción a la que me refiero era, lógicamente, Creep, hay mucha gente que no conoce a Radiohead pero conoce esta canción. Cada noche que, a la música de guitarra, llegábamos al amanecer, sonaba tres o cuatro veces mientras enfrente nos contemplaban las agujas de los eucaliptos que echaron sus raíces en la curva donde fenece el barrio de San Amaro y se levanta un monolito que conmemora la traición sangrienta de unos militares a su pueblo al que iban los novios para dar suelta rienda a sus deseos en sus escaleras sombrías en un tiempo en que el amor estaba prohibido por decreto.

No quisiera recordarte ese tiempo que me asomó al abismo de perderte para siempre, Laura, porque renegar abiertamente de él sería no reconocer que, a pesar de mis errores y de mi falta de entrañas con respecto a ti mientras me reía con el resto del mundo, ese tiempo estuvo lleno de canciones estupendas que se mostraban ante mí por primera vez. Empañé su recuerdo e intento escucharlas casi siempre ya que me traen al corazón la atmósfera y la gravedad de haber intentado perder con ansias irrefrenables lo que más quería a pesar del odio, lo que me convirtió en un loco para siempre en nuestra ciudad con mi inestimable ayuda.

Me gustaría decirte que soy un tipo raro, que no llegué a distinguir entre lo bueno y lo malo cuando tú transitabas mis pasillos, cuando tú estabas no podía respirar, mi pensamiento fue absorbido por un deseo iconoclasta que hacía que quisiera huir de ti, como si fuera fácil encontrar a personas que valieran una duodécima parte de lo que me quieres tú; lloro por lo que se fue y por lo que ha quedado cubierto por las cenizas de mis pecados. Como dijo Darío en sus divagaciones; mi alma está triste hasta la muerte. 

La ausencia de perdón ha sido fundamental en mis caídas y que tantas veces no le haya vuelto la espalda a ese héroe patético que habitaba en mi almohada; no me perdonas tú porque no quieres ni yo porque no puedo ya que no me enseñaron cómo debía hacerlo.

Aún hoy siento escalofríos cuando me preguntas por lo que hacía en esos días, cómo me enamoré de la música de Enrique Urquijo, me parezco a él por la obsesión con la tristeza y porque ambos no supimos ver la importancia de lo que teníamos y convertimos una racha que podría haber sido exultante en un paseo lento y angustiado por el pecho del dolor.

Tú, en cambio, te pareces a “El Pequeño Príncipe”, me das miedo cuando empiezas a preguntar porque no aceptas el silencio ni una respuesta que no satisfaga tu curiosidad o no se amolda a las ideas de tu mundo. Tienes un alma pura como él y apenas esbozas una sonrisa que haga resplandecer tu rostro porque la melancolía se apoderó de tus labios.

Jueves 8 de enero de 2015

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.