jueves, 22 de junio de 2017

Historias de la calle


La última vez que te vi parecías más joven, 
las arrugas y los gestos habían enaltecido 
tu rostro taciturno y adusto de profeta; 
no volverá la vieja revolución confusa 
que llenó de fantasmas la residencia de los dioses. 

Recordabas al poeta 
que empezaba a cantar a los perdidos 
e inclinado en un alféizar 
miraba la calle de una ciudad sin alma; 
con una pistola en una mano 
y en la otra una rosa. 

Como en los mártires, 
a los que quizás nunca rezaste, 
el sufrimiento no se había llevado 
tu gesto de contenida tristeza, 
ni la calma de tus ojos, 
y una aureola mostraba 
la profundidad insondable 
de tu herida más reciente. 

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.