sábado, 24 de junio de 2017

Jacques Brel Jojo



No deja de sorprenderme la soledad en la que Brel vive hoy en nuestro ámbito cultural, Simón, ni siquiera se le identifica ya cuando suena el "Ne me quitte pas".
Su enorme talento y su sensibilidad sin límites le hacen vulnerable ante una sociedad que no quiere entrar en la hondura de una declaración de amor, el lamento miserable por un romance que muere ni en la denuncia de la perversión aceptada de las buenas costumbres, la inconsistencia ideológica de los hombres que demasiadas veces está más relacionada con su situación económica que con la belleza de su pensamiento  y la muerte que siempre espera con una paciencia infinita...
 Esta canción no la interpretó nunca sobre un escenario, carecemos de una muestra de la faceta en la que Brel desarrollaba la máxima expresión de artista comprometido con la vida y con su tiempo que, la verdad sea dicha, no difiere mucho del nuestro. 
Pero su verdad es tan profunda y tan intensa aun en sus equivocaciones, tan emocionante y ardiente el estoicismo de quien vislumbra una derrota definitiva que podemos sentirnos exultantes con aquello que se gestó en el alejamiento de las candilejas de los escenarios; es posible que aquel poeta fragmentario de los últimos años de su vida superara con creces al cantante que sufría las servidumbres de su apogeo cuando podía superar los doscientos conciertos al año, una locura que supo llevar a las orillas del arte. 
Jojo no es una canción que se amolde al histrionismo apasionado del cantante que tuvo que postergar su retirada casi un año para cumplir lo que había firmado, fue la canción más complicada de su vida, era el tiempo de llorar y sentirse vencido despidiendo al amigo que nunca habría de volver, Brel lo hizo con los ojos anegados por una nube y con un cáncer de pulmón que lo acorralaba por mucho que se escondiera en los Mares del Sur que había conocido en sueños y cuya realidad había perdido el primitivismo que tanto había disfrutado en películas y libros.

 6 de junio de 2017

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.