viernes, 23 de junio de 2017

Amy Winehouse - Rehab


Acercarnos a la figura de Amy Winehouse resulta complicado, es difícil justificarla, pero creo que sería una de las últimas cosas que ella querría; vi un documental sobre su vida y me quedé con la impresión de que actuaba siguiendo unos impulsos que no quiso controlar y que, seguramente, ni ella misma entendía. Supongo que perdía el tiempo en unas rehabilitaciones en las que no creía. Esta canción es una de las que menos me gusta de ella, pero tiene un gran valor para ilustrar lo que acabo de decir, nos habla a las claras de que sus adicciones no solo eran físicas sino que era su cerebro el que la llevaba de vuelta a lo mismo mientras su padre se preguntaba si no había condenado a su hija al haber propiciado su espíritu de artista con aquellas canciones que le ponía y empezó a cantar desde muy niña.

 La conocía como personaje público hasta que, por casualidad, escuché una de sus mejores canciones, Vuelta a las tinieblas y empecé a valorarla al margen de ese revuelo de escándalos que creaba y que alimentaba  la prensa sensacionalista y, tantas veces, malintencionada que aprovechaba su fragilidad de ninfa herida y dislocada, de mujer que en el desconcierto deja sus lágrimas de alcohol en la mesita, el rimmel en la almohada.

Es posible que lleves razón en lo que dices, quizás llevaba la marca de artistas de otros tiempos que tuvieron comportamientos parecidos incluso sin haber conocido el éxito y el acoso mediático y que no acabaron mejor que ella, ya que sus nombres ni siquiera quedaron en nuestra memoria.


 Me resulta muy difícil siquiera imaginar cómo era realmente, cómo conversaba o como podía valorar algo como la amistad o el amor, pero casi todo parece indicarnos que no la ayudaron mucho, precisamente, en su desconcierto vital. Persiguió hasta la muerte a la artista que la devoraba.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.