miércoles, 1 de mayo de 2019

Cubre la soledad - 29 de abril



Cubre la libertad el velo de la tarde
 con un himno callado y ronco que destierra
las velas de la sangre que se pierde en la bruma,
las banderas celosas que devoran el mástil
de los mares del Sur, 
los lienzos y las penas
del pintor miserable que canta en una esquina
cerrada por los ojos que muerden el retrato
de los acantilados agrestes del olvido.

El amante que esboza tu amor en una sábana
mide en cada recuerdo la huella de tus piernas,
el declinar de un sueño 
que nunca tuvo pulso y agoniza sonriendo
con un aullido seco, un llanto desgarrado
que ya no tiene ritmo en las entrañas
ni recorre la brisa amarga de los puertos
cuando vuelven los barcos que surcan las miserias 
y nunca llegarán
al lazo de tu blusa tendido en la escollera,
al hombre que predijo los sueños del pasado.

El puente derruido que sostiene tu orgullo
y la caricia ciega que tropieza en el parque
atraviesan la noria de los días vencidos
donde yacen los lirios que recogían tu aroma,
la inmensidad del mar que no tiene mesura,
se detiene en tus ojos y cabe en una lágrima.

***



Cubre la libertad el velo de la tarde
 con un himno callado y ronco que destierra
las velas de la sangre que se pierde en la bruma,
las banderas celosas que devoran el mástil
de los mares del Sur, 
los lienzos y las penas
del pintor miserable que canta en una esquina
cerrada por los ojos que muerden el retrato
de los acantilados agrestes del olvido.

El amante que esboza tu amor en una sábana
mide en cada recuerdo la huella de tus piernas,
el declinar de un sueño 
que nunca tuvo pulso y agoniza sonriendo
con un aullido seco, un llanto desgarrado
que ha perdido el ritmo en las entrañas
y recorre la brisa amarga de los puertos
cuando vuelven los barcos que surcan las miserias 
y nunca llegarán
al lazo de tu blusa tendido en la escollera,
al hombre que predijo los sueños del pasado.

El puente derruido que sostiene tu orgullo
y la caricia ciega que tropieza en el parque
atraviesa la noria de los días vencidos
donde yacen los lirios que recogían tu aroma,
la inmensidad del mar que no tiene medida,
se detiene en tus ojos y cabe en una lágrima.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.