lunes, 2 de enero de 2017

Jacques Brel - Ver a un amigo llorar.


   



Todas las decepciones caben en una lágrima. La vulgaridad unifica, el amor sigue buscando agónicamente su camino en las encrucijadas, pero los edificios interrumpen su paso en la ciudad que ha perdido el culto al arte que nos ayudaba a morir de pie cuando solo quedaba el orgullo, ya no lloramos por un pájaro muerto, ya no soñamos con un gran amor, el tiempo nos ha quitado las maletas de la mano y la identidad del bolsillo de la camisa. Hay un silencio de sombras en el sol ardiente del verano y no llega el tren de la tarde que sale cada mañana. Adoramos a un dios implacable que nos amarra a nuestro deseo de poseer lo inaprensible, a una forma de vida donde se apaga la música mientras la escriben los locos en el muro de cera de una fábrica. Este que nos contempla con una sonrisa cínica es un dios más tiránico, más severo que el de siempre, porque, sin duda, existe, lo veo en los ojos de la gente que me cruzo mientras voy a una calle cuyo nombre se me perdió, en la lengua que no se pregunta, siquiera, sobre el sexo de los ángeles.

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Desconozco a quien le dedicó Brel esta canción, quizás se refería a su amigo Georges Pasquier que lloraba mientras perdía su batalla contra la muerte. 
Brel sobreviviría por poco a Jojo, tendría tiempo de publicar su último disco, el mítico Les Marquises, entre sus joyas siempre me han llegado muy hondo, soy un sentimental, esta canción, la ruptura de Orly y la estremecedora elegía con aires del sur de Italia que le dedicó a Jojo, precisamente. Cuando habla el sentimiento y se arrinconan los artificios. 

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Jojo murió en septiembre de 1974, cuatro años antes que Brel. La canción fue la más difícil de terminar que tuvo Brel en toda su vida y cambió de título en un último momento, hasta entonces la titulaba "Six pieds sous terre" (Algo así como "Dos metros bajo tierra") y la tuvo lista al fin poco antes de publicar el disco "Les Marquises".

      Gracias por tu interés.

      Un saludo.

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  2. Para mí esta reflexión golpea y si la leés haciendo sonar la música, golpe doble, como que se acompañan mutuamente.
    Me llegó hondo.
    Un abrazo grande!!

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    1. No deja de sorprenderme la soledad en la que Brel vive hoy en nuestro ámbito cultural, Simón,ni siquiera ya se le identifica cuando suena el "Ne me quitte pas". Su enorme talento le hace vulnerable ante una sociedad que no quiere entrar en la hondura de una declaración de amor, ni en la denuncia de la perversión aceptada de las buenas costumbres o la inconsistencia ideológica de los hombres. Esta canción no la interpretó nunca en un escenario, carecemos de una muestra de la faceta en la que Brel desarrollaba la máxima expresión de artista comprometido con la vida y con su tiempo que, la verdad sea dicha, no difiere mucho del nuestro. Pero su verdad es tan profunda y tan intensa aun en sus equivocaciones, tan emocionante y ardiente el estoicismo de quien vislumbra una derrota definitiva que podemos sentirnos exultantes con aquello que se gestó en el alejamiento de los focos. Además no es una canción que se amolde al histrionismo apasionado del cantante. Si tuviera que quedarme con una sola canción de Brel lo haría con ésta.

      Gracis, Simón, sinceramente.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.