miércoles, 4 de enero de 2017

Sílabas a Era



       Quizás debamos, Era, agradecer que pertenezcamos a un tiempo en el que las noticias llegan con una celeridad asombrosa, la música vino a traernos la poesía que esta, quizás, no encontró en su forma convencional, al menos no en la medida de la narrativa. El país que, con sus muchas miserias también, marca las pautas en las manifestaciones culturales; Bob Dylan, Lou Reed, Paul Simon, Phil Ochs y, permíteme que incluya al canadiense Leonard Cohen y la Patti Smith que desgarraba en Horses y se esforzaba por liberarse del sentimiento de culpa y preguntaba a los ángeles en Radio Ethiopia, son poetas con mayúsculas acordes con su tiempo y sus experiencias, con el sentimiento de singularidad asfixiante que los convierte en testigos privilegiados de un tiempo contradictorio en el que llegamos a la Luna y convertimos el territorio de los países que luchaban por sacudirse el yugo de los colonialismos en un infierno. No es nada, mamá, solo estoy sangrando, dijo Dylan. En términos absolutos puede que lo que yo he escrito sea una nadería, pero me pareció interesante y espontáneo meterme en la piel de aquel jovenzuelo genial e irreverente cuando las cosas no le iban bien porque el amor y el deseo se cruzaban en su camino de trovador despechado. Se suele pensar que la imaginación es menos importante en la poesía que en la narrativa, no lo veo tan claro.



                                                                                        28 de agosto de 2016.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.