domingo, 29 de enero de 2023

Georges Brassens - El Poeta

 

Cien años de la muerte de Brassens
Daniel Gascón
23 oct 2021 - 05:00 CEST

    Fernando Trueba sostiene que sus canciones contienen respuestas a todas las preguntas de la vida, y también es al revés: contienen preguntas para todas las respuestas. Se cumplen 100 años del nacimiento de Georges Brassens, que García Márquez definió como el mejor poeta francés de su tiempo. El propio Brassens se habría sentido desconcertado: si mis versos valen menos que los suyos al menos mi cementerio será más marino que el suyo, bromeaba sobre Paul Valéry. Le gustaban la poesía —estudió y musicó a Verlaine, Jammes, Hugo y Villon— y el jazz, pero también tenía algo de novelista: sus canciones corrosivas son una pequeña comedia humana. Los nazis lo enviaron a trabajar en Alemania en la II Guerra Mundial. Se escapó y se escondió en casa de una conocida casada de su tía, que le llevaba 30 años y se había enamorado de él. Vivió con el matrimonio más de dos décadas, al principio sin luz ni gas, con un montón de animales. (Luego compró la casa y se la regaló a la mujer.) Fundó una revista anarquista que duró un número y el Partido Prehistórico, que se dedicaba a reírse de los otros partidos. Era un ácrata —Pepitas de calabaza acaba de publicar sus Escritos libertarios—; se burlaba de la autoridad y las instituciones. Se reía del clero pero conocía el valor de lo sagrado y lo encontraba en la amistad, en un gesto generoso, en el amor. Defendía al que iba por libre: señalaba lo desafinadas que están las trompetas de la fama, apuntaba que es buena idea morir por las ideas pero es mejor hacerlo de muerte lenta, pedía que no tirasen piedras a la mujer adúltera porque él estaba detrás. En su obra hay algo de carnaval: el débil gana, la autoridad es objeto de escarnio. Otro de sus temas es el paso del tiempo, que mira con una combinación melancólica de resignación y socarronería. Satirizaba un mundo más represivo. Sin él no existirían Krahe, Labordeta, Sabina o Berrio; lo han cantado Carbonell, Paco Ibáñez, Loquillo. Algunas de sus canciones escandalizaban en su momento e indignarían ahora: una tonada masturbatoria propuesta como himno nacional o la crítica a los imbéciles felices del lugar donde nacen irritarían asimétricamente, la canción sobre las mujeres que pasan causaría zozobra en el Ministerio de Igualdad y sus canallas entrañables incomodarían a los nuevos mojigatos. Posiblemente eso no le importaría mucho porque, como cantaba en un castellano suave, la música militar nunca le pudo levantar. @gascondaniel
 
I

Dieu fass' que ma complainte aille, tambour battant
Lui parler de la pluie, lui parler du gros temps
Auxquels on a t'nu tête ensemble
Lui conter qu'un certain coup de foudre assassin
Dans le mill' de mon cœur a laissé le dessin
D'un' petit' fleur qui lui ressemble.
 

Quiera Dios que mi queja tome alas,
le hable de la lluvia, la lleve a las tormentas
que nos sorprendió abrazados,
Y le cuente
que una saeta criminal
ha dejado en el centro de mi pecho
una pequeña flor que la representa.

    La versión española de esta canción, Javier Krahe y Alberto Pérez están detrás de ella, es loable pero se desmarca de la ternura de maduro tonto y enamoradizo de Brassens y prefiere incidir en su aspecto más pícaro y golfo. No aprendí francés con Georges, lo mío con los idiomas es algo digno de estudio, pero aprendí mucho de Brassens; su eclecticismo musical, su tendencia a la alegría, su amor por las estrofas clásicas, su aire libertario; los amigos lo primero, su bohemia mitificada plagada de anécdotas que, quizás, nunca sucedieron, la intertextualidad llevada a unos límites fuera de orden para un ciudadano de a pie, su pasión por el jazz y por los gatos, su encumbramiento de François Villon como el Poeta, y las mujeres...
 
 

 
    Alentado por la lengua veloz e irreflexiva de quien alguna vez pretendió ser poeta y, en realidad, escribía cuentos poco afortunados, inventé que esta canción la conocí muchos años después de haberlo hecho realmente, que me llegó a través de un amor que no existía y que me atormentaba escucharla en un recuerdo sin nombre. No estaba en el primer disco de vinilo que tuve de Brassens, pero sabía de qué trataba y hablé varias veces de ella con un admirador del poeta francés en las noches interminables del Moonlight. Allí los dos socios se engañaban mutuamente y los camareros los engañaban a su vez; robar no es un pecado si es para comer, decía Georges recordando a François Villon, quien robaba todo lo que podía.

    Una de las cosas que llevo con más orgullo, no sé cuántas veces lo habré dicho, es haber llegado a la conclusión de que tengo en él al más ilustre de mis paisanos. Sète (Seta en occitano), el pueblo donde nació también Paul Valéry, y Ceuta eran rigurosamente homófonas, ambas tienen un número de habitantes similar, son marineras y están heridas de muerte por el Mediterráneo; Sète ama la poesía aunque esté enterrada en el Cementerio de los pobres, Ceuta detesta a los poetas que hablan demasiado y no fingen estar ciegos, nunca me he dado por aludido. Ya me he dado cuenta de que los franceses han decidido dejar el nombre de mi ciudad tal cual, y cambiar el de Sète, una lástima; son más osados que nosotros a la hora de modificar una Constitución.

II

El testamento
Encore un' fois dire: "Je t'aime"
Encore un' fois perdre le nord
En effeuillant le chrysanthème
Qui est la marguerite des morts.




Una vez más decir "te quiero",
perder el norte una vez más
al deshojar el crisantemo
que es margarita funeral.
(Versión española - Pierre Pascal)


    Para Brassens el mejor poeta francés de la historia era François Villon, una especie de Arcipreste de Hita trasladado a la gran ciudad, pero no era un pícaro libidinoso, era un verdadero delincuente del que no se sabe cuando nació ni siquiera si murió alguna vez, para Georges era inmortal, ya que no se encontró su cuerpo, se calcula la fecha de su muerte porque dejó de escribir y sus coetáneos descansaron de sus monsergas, hubo una buena cosecha y no hubo enterrador que confesara haberlo sepultado para que se callara. Su obra más importante se conoce como el Gran testamento, Brassens lo hizo respirar por todos los rincones en el suyo, igualmente inmenso y abierto a la ternura de un rebelde que nunca se apartó de su camino aunque estuviera cubierto por la estulticia que la buena gente acumulaba a su paso.

    Brassens asegura que estará triste como un sauce, que escogerá el camino más largo como si fuera un colegial que hace robona, que dejará la vida reculando aunque el enterrador le gruña y lo crea loco de atar.

III

La mala reputación

Sin embargo no hago daño a nadie
al no escuchar el clarín que suena.
 


    De vez en cuando en la vida hay que hacer concesiones. No es, ni mucho menos, la canción de Brassens que más me guste, pero estoy casi seguro de que, aquí en España, es la que más se conoce y se asocia con su autor, Paco Ibáñez tiene mucha culpa de ello por la magnífica versión que cantó en el Olympia y que incluiría años más tardes en un disco antológico dedicado por entero a la obra del cantante de Sète. De todas formas me sirve para recordar la admiración, casi enfermiza; robar no es malo si es para comer, que sentía el mejor poeta francés del siglo pasado por el irreverente, fatalista, impetuoso, arrogante, es decir, poeta, François Villon. Era algo así como un Arcipreste de Hita pero que excedía con mucho los límites de la picaresca.

    Brassens hace en esta canción una declaración de principios siguiendo su ideario ácrata y libertario. Su proverbial ternura no resta una costura al hilo de sus reivindicaciones y sus posicionamientos.

IV

Barbara - La marcha nupcial
 
 

    Bárbara tenía un aspecto algo siniestro, aunque podría haber sido una mujer atractiva, prefirió dejarlo ahí, escapar por la puerta de atrás, ir vestida como una rata de tugurio. Una chica existencialista cuando no lo era rigurosamente, aunque una de sus mejores composiciones, La soledad, podría ser interpretada como un himno de este movimiento. Es posible que la causa principal de su desapego a los baños de multitudes fuera una confesión que hizo tardíamente en sus memorias; había sufrido abusos sexuales por parte de su padre.

    Su voz prodigiosa que conservaba un tono melodioso y conmovedor en los registros más altos llenó canciones de su autoría, pero quizás donde pudo recurrir con más acierto a su ayuda fue en las canciones de Brassens, las clavó sin provocar los celos del cantante de Sète. Con Brel no tuvo fortuna, sólo destaca, por su originalidad, su versión del No me dejes

    Quienes conocen superficialmente a Brassens, suelen recurrir al tópico de su monotonía, lastrado por la falta de orquestación, la mayoría de las veces solo se acompañaba de guitarra y contrabajo, pero no hay nada más lejos de la realidad, fue un mago en recoger aires de todos los vientos. Su marcha nupcial, muy querida por él, ya que narra la boda de sus padres, el bueno de Georges, para dejar bien clara su posición hacia el matrimonio, le dio una cadencia de marcha fúnebre. La versión de Barbara es tan maravillosa que yo la escucho alternándola con la de su autor.

V

Las transeúntes con Máxime LeForestier

Je veux dédier ce poème
à toutes les femmes qu'on aime
pendant quelques instants secrets.
 
 

    Antoine Pol fue un poeta anónimo y desafortunado que encontraría sus minutos de gloria cuando Georges Brassens descubrió por azar uno de sus libros en un rastrillo y decidió poner música a uno de sus poemas y cantarlo, alumbrando con ello su aportación tardía más entrañable; Quiero dedicar este poema a toda mujer que se ama durante un instante preciso, quise decir secretos.

VI
 
 

    Louis Aragon - No hay amor dichoso. Brassens puso música a un ramillete de poetas. No hizo como Léo Ferré que consagró sendos álbumes monotemáticos a Baudelaire y Rimbaud,los exquisitos dicen que sublimes, los aficionados, como yo, opinamos que innecesariamente solemnes. Georges se limitó a dar un repaso panorámico y sentimental a grandes y, también, a desconocidos, de una manera extraña , sólo repitió un paisano suyo, más bien desconocido, Paul Fort, desde el poeta bajo-medieval Franćois Villon, hasta su coetáneo Louis Aragon, tuvieron lugar en él. Entre lo mejor del repertorio del cantante están; Balada de las damas de antaño de Villon, Pensamientos de los muertos de Lamartine, Las transeúntes de Antoine Pol, La plegaria de Fort y esta que nos ocupa de Louis Aragon., el comunista, eterno enamorado de su esposa, tenía un rincón en su corazón para hablar de las espinas.
 
VII

Paco Ibáñez canta a Brassens - Versión española - Pierre Pascal

“La revolución en el fondo es tratar de mejorarse a sí mismo, esperando que los demás hagan lo mismo”.

“En realidad, los hombres no tienen muchas cosas que decir: hablan del amor, del paso del tiempo, de dios, de la dificultad de ser... el resto es literatura”
(Brassens)
 
                   


Es adusto, es taciturno,
dueño es del tiempo, tiempo cruel.
Nombre hermoso el de Saturno
pero es un dios, cuidao con él.

Y si el tiempo al seguir su rumbo,
de vez en cuando al descansar
se entretiene matando rosas,
es por matar tiempo sin más.

Y hoy a ti te tocó mi amada
pagar el pato de su crueldad.
El tiempo no perdona nada
y en tu pelo una cana más.

Los poetas todos cantaron
las flores del tiempo otoñal.
Cuando te miro yo proclamo,
flor de mi dicha, que es verdad.

Ven otra vez mi amor, mi vida,
ven, vamos juntos al jardín
a deshojar la margarita
del veranillo de San Martín.

Si tú eres la preferida
que pase el tiempo, qué más da.
Deja a Saturno vivir su vida,
la nuestra en nuestro amor está
y las mocosas de hoy en dia
por mi pueden irse a pasear.

(Adaptación - Pierre Pascal)
 
 
    El paso del tiempo preocupaba a Brassens tanto como a Brel o Antonio Machado, envejecido prematuramente por su enfermedad crónica, parecía que le asustara más que la propia muerte de la que no dejaba de reírse. En homenaje de su novia de siempre, dejó bien claro su posicionamiento en contra del matrimonio, eleva tiernamente su pensamiento del amor otoñal.

    No es la mejor obra de Paco Ibáñez, esa sería su primer disco dedicado a partes iguales a Góngora y Lorca, pero este álbum dedicado por entero a Brassens es una obra maestra imperecedera. Destacaría El testamento, Por una muñeca me hice chiquitín, Tengo cita con usted, Canción para un maño... Pierre Pascal se merece un monumento, ya quisiera el español medio saber la mitad del español que él.

    Respuesta a una partidaria de la versión original siempre: Es muy interesante lo que dices acerca de la traducción, respetar una obra de arte es degustarla tal como ha sido concebida pero no siempre puede hacerse, piensa en el latín, por ejemplo, es imposible alcanzar el sentido del odio amoroso de Catulo o la tristeza e indefensión de Horacio ante el paso del tiempo y los estragos en la piel de una cortesana. Se hace preferible disfrutarlos con una buena traducción. En España la obstinación por doblar las peliculas ha propiciado que tengamos unos excelentes actores de doblaje, además se suele respetar que siempre sea el mismo quien le preste su voz a un actor determinado. Harrison Ford no podrá hablar de otra forma como aquella que buscaba el arca perdida.

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