jueves, 8 de enero de 2015

Y tengo que cantar.




Y tengo que cantar caricias de un instante,
recuerdos que no existen, sombras que me abandonan.

El vapor, a lo lejos, canta nuevas hazañas
que ahogan los anhelos
de Antiguas travesías de puertos y guitarras.

!Oh, juventud esquiva que fuiste y te marchaste
sin dejarme una seña de tu nuevo destino¡

Aparecen borrachos rasgando las esquinas
donde arreglan fachadas y rompen los periódicos.

Se apagaron las risas, farola engalanada
de soledad sin Dios cuando llega la herida
de amor sin ti, mi amiga, de amor que no comprende
este torpe escenario que glosa soledades...

Ya sé que no me quieres. Lo siento y me castiga.
Sé que habría un camino de sal si lo aceptaras.



2 comentarios:

  1. ¡Vaya tarde que estoy pasando "contigo en la distancia" como dice nuestra amiga Elda.

    ¡Pero si a ti no se te ha ido la juventud, Enrique! Tus versos rebosan vitalidad incluso si hay en ellos melancolía de los amores que dejaron huella. ¡Es que escribes muy bien; no hace falta que yo te lo diga, pero quiero decírtelo para quedarme a gusto.

    Un abrazo.

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    1. Si hubiera un par de personas más que me tuvieran la fe que me tienes acabaría creyéndomelo. Hay algo bueno, descubro poemas antiguos que han sabido superar el paso del tiempo, éste es de los actuales pero miró hacia atrás y supo encontrarme.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.