domingo, 4 de enero de 2015

La canción más torera del pop-rock - Media Verónica.



       Alta suciedad es un disco extraño, de lo mejor que se pueda escuchar en sus baladas y canciones de ritmo latino (poco más de la mitad del disco) y, desde mi punto de vista,  algo menos de la otra mitad se llena con un rock con sabor a mercurio, un poco duro e indefinido en sus acordes para soportarlo en las canciones que Andrés hace un guiño a sus Stones y su Bob Dylan. Pero hay algo claro en mi mente, la colección de canciones que escapan a los admirados ídolos hasta la médula por Calamaro son tan profundas,  dolientes hablando de asuntos que nos conciernen a todos y que no podemos superar mirando hacia otro lado, y tan buenas, alguna de ellas son refrescantes y lúcidas, incluso. 

        Si tuviera que elegir una sola canción probablemente sería el novio del olvido por lo que me abre en este corazón sentimental que me tocó en la rifa de lo sentido y que no olvida fácilmente. Si tuviera que venderme un poquito, sabiendo como sé que es la más popular, me iría a buscar a la flaca. Pero si dejo que sea la parte sensiblera y algo pedante de rebelde impenitente que, a mis años, aún conservo, no puede ser otra que Media Verónica. Los comedores de asaos y parrilladas silbaron al bueno de Andrés en Buenos Aires por su confesa y reconocida afición a los toros, aquí tenéis el pequeño incidente. Para no olvidar, somos el botón invencible que pulsa los caballetes expuestos en las farolas del teatro del absurdo cotidiano; unos seis mil toros, por decir algo, al año valen más que millones de corderos, el toro tiene una posibilidad remota de ser indultado y además se dice que muere con dignidad, peleando, sin saber lo que le ocurre, como si estuviera narcotizado a partir de mediados el segundo tercio. El cordero ha de morir como Dios manda, mirando hacia algún sitio que no recuerdo y ahogándose en su propia sangre, un espectáculo doméstico que puede prolongarse, qué casualidad, unos pocos minutos, y a ver quien les contradice a estos amantes de que nada cambie. Muchos hombres firmarían morir en una agonía de diez minutos por haber llegado ahí en la más placentera de las vidas, no estoy de acuerdo plenamente que eso pueda ser así sin sexo. Estoy en contra de los toros, pero hay que ser coherentes, si es mala esa muerte, tenemos que atacarlos a todos los que la practican aunque sea con otros animales, en estos casos podrían perder la vida en un segundo, mirando adonde deben pero sin estertores agónicos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.