martes, 14 de febrero de 2023

Victoria perdida

 


 Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.
(Lorca - Poema doble del lago Eden)

1

Ya no quiero lagunas, alaridos, ni montes,
no alcanzo a despertar el adiós de las horas,
ni los besos de arcilla que cayeron sin alma,
ni voz que se apodere del cielo de tu boca
en la estampida quieta
que rompe los semáforos sin luz de la derrota.

Quiero mi libertad, que danza por las venas,
el amor del deseo que siempre se equivoca,
que sin ti no se entiende
en los Campos de fresas, en la Antorcha,
en el tierno jazmín de la Argentina,
quiero romper la sed de las caricias rotas,

del delirio ahogado  
en el Hadú que nunca duerme y llora
en el rincón siniestro de la brisa
que ya no quiere a nadie y anuncia la victoria
perdida en el entorno del tren de la esperanza
que nunca llegará a poseer tus costas,
que descarrila errante sobre una luna muerta.

¡Mi amor, mi ninfa triste, mi rostro que solloza,

mi libertad amarga en el vientre de un sueño,
mi paraíso efímero de gloria,
de lujurias, de polvo reventado,
mi amor, mi duro amor, mis vanas ansias locas
de aviones de papel en tu regazo herido,

en la tinta que muere, en tu promesa rota!

Mi canto entre las rejas
de mis zapatos mustios y de las crueles olas,
la estela del naufragio en tu sonrisa,
en una estrella frágil, fugaz y redentora
que hierve en las alturas del infierno,

que grita y se equivoca
con la multitud que ve en sus propias entrañas
la incomunicación febril de las farolas
prendidas a los puentes, a la Piedra
que hunde el despertar de la memoria
y habla enamorada sobre el mar

a la muerte anunciada por las notas
del exceso, de la blusa raída,

de la pasión intacta de tus noches de rosas.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.