viernes, 3 de febrero de 2023

La poesía en la música de nuestro tiempo - Años 60

 

I

The Beatles - Yesterday

No soy ni la mitad del hombre que solía ser,
hay una sombra que cuelga sobre mí,
de repente llegó el ayer.
 
 
    El quinto disco de los Beatles, "Help!", tiene canciones inmortales, y no está exento de experimentación, pero fue consumido por las prisas; canciones intrascendentes, irregularidad conceptual, vuelta a las versiones para darle una oportunidad a Ringo de que asomara la cabeza. Pero qué podemos decir de un disco que tiene la canción que le da título en la que John expresa abiertamente su angustia y en la que admite sin reparos que no tiene nada que ver con el joven triunfador que parecía, Ticket to Ride (hay quien dice, quizás exagerando, que contiene las primeras manifestaciones del hard rock), You got to hide your love away (Tienes que esconder tu amor), la única canción dylaniana que tendría una réplica del maestro, en su antológico "Blonde on blonde" precisamente y "I need you" la primera aportación verdaderamente valiosa de George, y Yesterday...
 
 



    Yesterday es probablemente la canción que más se ha cantado en la música popular y, sin duda, la que más veces ha sido versionada, unas 3200 se contabilizan hasta ahora. Paul ha explicado muchas veces como surgió, que primero tuvo la melodía que le vino durante un sueño y la tocó al despertar para evitar que se le olvidara, que le costó un par de meses convencerse de que no estuviera registrada ya dada su prístina sencillez, que fue muy laborioso encontrarle una buena letra siendo un objetivo propicio para la ironía de John durante meses en los que se referían a ella con el espantoso título de "Huevos revueltos". También ha hablado de las dudas que hubo para incorporarla al repertorio del grupo porque rompía con el tipo de música que estaban haciendo y los problemas con George Martin para grabarla acompañada solo de su guitarra y un cuarteto de cuerdas.

    La grabación que podemos disfrutar nos muestra a Paul sin sus compañeros en el escenario. Un documento histórico que nos trae el recuerdo indeleble de una de las grandes canciones de nuestras vidas.
 
 
II

The Kinks - Days
 
 
 

 

Thank you for the days,
Those endless days, those sacred days you gave me.
I'm thinking of the days,
I won't forget a single day, believe me.
(Ray Davies)

Gracias por los días
interminables, sagrados que me diste,
pienso en aquellos días,
no olvidaré un solo momento, créeme.

    Descubrir una nueva canción que se te escapó y tardaste en volver a encontrarla porque el día de la presentación improvisada no quisiste perder tres minutos en mirarla a los ojos que se acabarían revelando de una belleza innombrable puede ser tan complejo en su simplicidad, tan fustigante cuando se recuerda el momento de ese voluntario olvido como grande es saber de memoria un himno que no has escuchado o volver a verte en la senda de los sentimientos puros cuando no se quiere analizar en un amor perdido circunstancias, ni culpas, sino recordar las sensaciones que hacían florecer las ansias de vivir.

    Me gustaría poder hablar de Ray Davies y no mencionar su sentido del humor ni su inteligencia, ni las razones por las que en los países que no son de habla inglesa se sitúa a Los Kinks a años luz de Los Beatles o Los Rolling Stones en niveles de popularidad. En esta canción de un romanticismo vibrante y bienintencionado que intenta sepultar la derrota del presente en el triunfo del pasado, Ray Davies aparta su mirada crítica y corrosiva y se abraza a la exultante alegría de amar y haber sido amado, de guardar un maravilloso recuerdo que se lleva para los restos de la vida y lo proclama.

    Situaría "Days", así se llama la canción, muy cerca de "In my life", para algunas revistas especializadas la mejor canción del pop-rock. Creo que no se puede añadir más.
 

III

Ruby de los Martes



She would never say where she came from
Yesterday don't matter if it's gone
While the sun is bright
Or in the darkest night
No one knows, she comes and goes.

Goodbye, Ruby Tuesday,
Who could hang a name on you?
( Keith Richards)

Ella no solía decir de dónde venía;
el ayer no importaba si se marchó,
en el brillo del día
o en la noche más oscura
nadie sabe si viene o va.

Adiós, Ruby Tuesday,
nadie puede ponerte un nombre.

    Hay en el rock demasiadas canciones controvertidas, cuando no malditas, Ruby Tuesday puede añadir a estos dos adjetivos el hecho de ser una canción maravillosa que nos evoca una época con su sola audición. Está firmada por Jagger/Richards como la mayoría de los grandes éxitos de los Rolling Stones, cuando no es así en este caso, la canción es casi toda del segundo de ellos y de Brian Jones que le ayudó con la música, aunque hay voces muy relacionadas con el grupo que disienten de esto y afirman que Jones tuvo una gran participación en la música. Sea como fuere no parece lógico que alguien renuncie a la autoría de algo suyo por que le presione un productor mal intencionado. El mejor músico, con una diferencia sideral sobre los otros, de los Stones, debería estar ya muy metido en las drogas que le llevarían a la tumba a los 27 años cuando amaneció flotando en una piscina después de una fiesta.

    Marianne Faithful es una gran cantante, fue novia de Mick Jagger y alguna vez declaró que le engañó una sola vez, con Keith Richards precisamente, en la que fue la noche más hermosa de su vida. Ella no fue la destinataria de la letra de la canción sino una novia fugaz de Richards que le desconcertó con su comportamiento. De ella es esta versión enigmática, acercándose a los registros de la inevitable, cuando aparece el misterio, Nico, que grabó en 1995, tarde, muy tarde, para demostrar que la canción gozaba de una salud envidiable con el transcurrir del tiempo.



    Pero yo prefiero esta otra, la de Melanie, desgarradora y con una gran capacidad para transmitir la tristeza, aunque al final se recomponga un poco y se ajuste el vestido de algodón; una chica progre no podía transmitir los excesos de una Janis Joplin, por ejemplo.

    Como curiosidad, esta versión que extrajo la delicada profundidad de sus versos y los llevó al terreno de la melancolía circula por la Red en una versión en audio que le otorga a esta última la autoría, lo malo es que escuchándola puede parecer creíble.

    Ruby Tuesday se sitúa en la época dorada del grupo, pienso que Aftermath, Between the Buttons y Beggars Banquet son sus mejores álbumes, a partir de ahí los Stones pasaron a llamarse Rollings, así fue como los conocí y los nombro cuando hablo con mis amigos de entonces. Su segunda época dorada, de mayor culto para los que admiran su modernización de los aires primitivos, con Sticky fingers y Exile on main Street, es buenísima pero carece de su lirismo, será otra voz propia la que se apodere del grupo, una voz que clamará hasta nuestros días con poquísima fortuna en demasiados años. Pero ya no habría lugar para hitos intransferibles como Paint it black, Out of the time, Mothers little helper, Under My thumb, o ésta sobre la que insistimos. ¿Todas las canciones escritas por el dúo Jagger/ Richards? No me lo creo del todo viendo como se las gastaron con esta mítica canción. Brian Jones había vendido su alma y su destino, casi nadie habla de él, sin que nunca supiera por qué lo había hecho.
 

IV

The Kinks - Tarde soleada




    En el mundo anglosajón, tributario del germánico, el poeta, como conocedor de los misterios, es adorado, respetado y, quizás, como cualquier oficiante que sabe lo que a los demás no les está permitido, temido y odiado.

    Ray Davies se encuentra en un mundo que no le pertenece pero sabe desentrañarlo con un espíritu crítico prodigioso, como Bowie o Lennon en sus momentos de lucidez. De joven causaba pavor a cualquier grupo social sobre el que proyectara su objetivo, ese era el suyo, hablar con ironía, incluso con sarcasmo del mundo al que socialmente pertenecía y se regocijaba en la decadencia de sus propias costumbres. No voy a cambiar esta sociedad, parecía decirse a sí mismo, pero me moriré riéndome de su estúpida autocomplacencia.

    Ray Davies pasará a la historia por aquellos discos que publicó su grupo, The Kinks, en la segunda parte de la década de los 60 y los primeros años de los 70, los mejores conceptuales que se han grabado en la historia de la música popular, ni Revolver, ni Blonde on Blonde tienen tanta coherencia, ni una planificación aparente tan absorbente y metódica. Ray Davies en su mejor momento no se daba el mínimo respiro, podíamos hilar versos de distintas canciones creyendo que estaban perdidos en el mismo poema; eran tan parecidas y tan distintas, a la vez, las canciones.


    Days no es una canción que nos pondrían como ejemplo del genio creador de Davis, es simplemente una canción de amor agradecida cuando ya todo se ha perdido. Una rareza considerada entre los grandes logros del pop-rock. Aquí ya no es joven ni está acompañado por su grupo, pero es un momento mágico. En España no se respeta a los sacerdotes incluso entre los propios poetas y nunca lucieron estos días que no hubo sangre en el camino ni el flautista yacía en las puertas de la aurora, los españoles solemos equivocarnos con frecuencia y somos casi incorregibles.

V

Simon & Garfunkel - Los sonidos del silencio
 
 
Gente que charla sin hablar,
gente que oye sin escuchar,
gente que escribe canciones
que ninguna voz compartirá,
nadie se atrevió
a perturbar el sonido del silencio.

    Hay canciones que nos acompañan siempre y trascienden lo que significaron en su momento, por muy grande que fuera lo que representaron más lo es que tengamos la impresión en cada audición de su intemporalidad y, sin embargo, nos sitúan con claridad y sinceridad en el tiempo concreto en el que fueron creadas.

    El nacimiento con fuerza poética del folk-rock, esa expresión musical que no desdeñaría el lirismo de unos versos y la contundencia de un nuevo sonido acabaría salpicando a Bob Dylan, los Beatles y a los Byrds, sin que pueda precisarse en qué momento y en quiénes estalló el pistoletazo de salida.

    Pude escuchar hace poco a Paul Simon en Madrid, creo que esa peregrinación se la debía a quien guio mis primeros pasos y me mostró la belleza de la poesía en nuestro tiempo en el que los pueblos parecen ciudades y hasta Ceuta conserva en el Paseo de las Palmeras una pequeña Manhattan desde la que Marilyn guiña un ojo a los adolescentes que hacen robona y se enamora del Puente Cristo.

    Paul no pudo irse de Madrid sin volver a interpretar "Los sonidos del silencio" como, sin duda, le ocurrirá en cada concierto, en cada ciudad. Admito que fue infinitamente más importante que la cantara que cómo lo hizo; desnuda y un tanto desangelada, porque no olvidaré en la vida que estuve allí.

    Él, que acabaría dando más importancia al sonido, lo dijo categóricamente a unos siete metros de distancia, no puede escapar de la significación ni la importancia de sus primeros poemas, esos que le convirtieron en el Poeta del Desencanto, a través de la disección intelectual y emotiva de Nueva York, el nuevo faro de Occidente ya que París se había desangrado en la tragedia de un continente y le entregó la antorcha porque no podía evitar que se apagara.

    El joven poeta nos relataba con amargura la soledad y la decadencia de los valores de una sociedad capaz de ser solidaria en situaciones extremas pero que olvida sus responsabilidades éticas con respecto al resto del mundo que la tiene como espejo porque ella ha querido que así sea y lo ha intentado imponer con las armas cuando no quedaban razones para sustentar su dominio en nombre de la libertad.

    Solo nos dejó esa noche cinco canciones de su etapa con Art Gunfunkel y algunos más de cuando empezaba a volar en solitario, aunque los muchachos de ahora ya no los escriban en los pasillos, ni crean en el poder redentor de una canción cuando todo se hunde.

    Algunos nos sentimos un poco tristes, sin dejar de sonar en nuestras cabezas canciones como Kathy's song, I am a rock o La conversación en el aire; todavía quedan algunos que leen a Emily Dickinson atraídos por el misterio de su soledad y su alejamiento voluntario de los salones y reuniones literarios, pero solo Coppola escribe en el aire un par de versos de Robert Frost para recordarnos que los amigos deben hacer todo lo posible para seguir siendo de oro cuando todo se precipita al vacío.
 


    Abandonábamos, mi mujer y yo, el recinto, mientras unas muchachas gritaban en la calle, sin perder la armonía, los sonidos del silencio y The boxer, quedaba claro que los jóvenes aventajados iban de lleno al origen del mito, aunque aplaudieran con rabia lo bueno que habían dejado etapas posteriores; Paul Simon siempre ha tenido capacidad para escribir grandes canciones, pero soy de los que piensan que sus doce primeros años en el mundo de la música son imprescindibles y eso a pesar de que su relación con Garfunkel y con los productores fue más acerba que idílica.

    Escrita el 19 de febrero de 1964, fue incluida en el primer y fallido álbum, Wednesday morning 3 A. M., de Simon y Garfunkel con el nombre "El sonido del silencio", unas modificaciones que afectaron a su expresión musical y un leve retoque del título, sin la participación de Paul que se encontraba en Inglaterra adonde había vuelto para rumiar el fracaso de un álbum no exento de calidad pero cuya ruptura con el folk tradicional no resultó convincente, significaron un éxito clamoroso como single y la aparición apresurada de un esplendoroso[ii] nuevo álbum que, sorprendentemente, nunca fue bien tratado por la crítica[iii] que siempre se ha ensañado con la precipitación del proyecto orientado a aprovechar el éxito de esta canción.

    Hay quien ha querido ver una relación directa de la letra de esta canción con el magnicidio de John Kennedy por su inquietante y profunda melancolía, porque sumía a una sociedad autocomplaciente en el terreno empantanado de la desconfianza y del miedo.

    Paul Simon insiste en que quería remover un poco la conciencia de los más jóvenes, invitarles a no imitar lo que veían en sus mayores y la decadencia sentimental y el embrutecimiento de la cultura urbana, reflejar la falta de comunicación, extrema en algunos casos como en la trágica y desolada "Un hombre muy raro".

    La ciudad no es el marco donde desarrollamos nuestro anhelo de justicia e igualdad es donde nos arrodillamos ante los símbolos más desequilibrantes del progreso, es donde se denuncia el olvido al que se condena a los poetas cuya voz no será compartida por nadie.

    Y a todo esto ¿Para qué sirve la Poesía?
 
VI
 
Cuando llegue el barco




  [i] Sorprende que La otra cara de Bob Dylan fuera denostado en su día y considerado un retroceso en la carrera del genio de Duluth con respecto a la respuesta está en el viento (FreeWheelin’). Sé que Dylan tiene varios álbumes que pueden ser considerados el mejor sin que se le pueda poner reparos porque encontraremos suficientes argumentos para respaldar nuestra elección. Yo me siento más a gusto escuchando “The another side of Bob Dylan” que con ningún otro, no es la única razón, pero, ahora mismo, no se me ocurre otra.

    Los Byrds desde su aparición hicieron una aportación valiosísima al folk-rock, destacando, precisamente interpretando a Dylan con excelentes armonías vocales y una música embriagadora y compleja que sin embargo llegaba con una sencillez prístina aunque bajando, no podía ser de otra forma, la intensidad desesperada de Bob que en esos días se había enfundado el traje de profeta.

Rubber Soul no es el mejor disco de los Beatles pero sí el más importante, su eclecticismo es proverbial y un folk rock complejo y progresivo de muchos quilates tiene cabida en “Te estoy calando” (I’m looking through you) y la genial e inclasificable Norwegian Wood.

[ii] Sé que los doctores no me perdonarán que haga mi propio diagnóstico, pero considero que un álbum que contiene tres obras maestras es un gran álbum aunque las nueve canciones restantes sean material para el olvido.

Los sonidos del silencio excede ese número; En abril ella vendrá, Un tipo muy raro, Soy una roca, La canción de Kathy y, por supuesto, la que da título al álbum, se encuentran en su diversidad temática y estilística entre lo más profundo para penetrar en las contradicciones de la Atenas de nuestro tiempo, capaz de albergar en su corazón las virtudes más exquisitas y las miserias más imperdonables. Lou Reed empezaba por esos días a cebarse con estas últimas haciendo hincapié en la otra cara de la Gran Manzana de Occidente.

[iii] El principal argumento que se suele esgrimir para sustraerle dos estrellas a este magnífico álbum carece de consistencia; en 1965 apenas existía el concepto de un trabajo orientado desde su creación a ofrecer una visión de conjunto, prevalecía el single sobre el álbum que normalmente solía ser una acumulación de discos sencillos, con la irregularidad que esto conllevaba, ni siquiera los Beatles escaparon a esta norma y cuando lo hicieron con el mítico A Hard Day’s Night (1964), bajo un dominio abrumador de Lennon sobre McCartney, consiguieron la primera de sus obras maestras.
 
VI

Bob Dylan - Mi contraportada



    El otro día en Madrid, mi mujer y yo, conocimos a una californiana de Sacramento, Suzanne. Ella andaba por un bar muy popular cerca del Sol buscando relaciones para mejorar su aceptable español y se fijó en un chico que estaba al lado nuestro, atractivo y con pinta de ejecutivo caído en su paraíso de oficinas grises, lo abordó y se situó en el hueco que me separaba de él. El chico, en vez de sentirse agasajado por una muchacha tan bella y simpática, se sentía incómodo, se excusó con ella y le dijo que era imprescindible en su oficina y se marchó. Mi mujer creyó ver una oportunidad para que yo mejorara algo mi maldito inglés y empezó a conversar con ella con la intención de cederme su plaza a la mínima oportunidad, como así fue. Después se arrepentiría de ello; hablé con ella en español, la puse al día sobre las grandes películas de nuestro cine, se las anoté en su blog de viaje junto al nombre de sus autores y dos poemas (En un día triste y He vagado en la noche de tu ardiente tristeza) de mi época más lírica, cuando creía que en poesía eran importantes los sentimientos, Silvio me metió hasta los huesos aquello de "He preferido dar que ser damnificado" y tuve la mala suerte de que un estúpido le dijera a mi mujer, al volver de la calle donde temblaban los árboles, adonde había salido para fumarse un cigarro, que le estaban robando el marido.

    Lo único que intenté sin lograrlo fue que me aclarara lo de "My back pages", le propuse alternativas inconsistentes como "Mi contraportada", "Mi página de atrás" " Mi última página" y como mi querido y recordado profesor de Filosofía y, sin embargo, gran filósofo, Tomás Lobato, a todo me dijo que sí, por lo tanto ella tampoco lo entendía. El sí amaba fuera de límites a Platón como pensador, no como el escritor más grande de la Antigüedad. Al final he comprendido que My back pages, incluso para los anglófonos, está escrita más allá de la última página.

    En My back Pages, Dylan exprime fuera de los límites de lo que podemos comprender el lenguaje sibilino de la poesía, aunque nos quedemos a medias en todo su significado demuestra de una forma fehaciente que la poesía es tan grande que puede llegar al corazón de una forma directa aunque no la entendamos.
 
VII

Bob Dylan - Stuck inside of Mobile with de Memphis blues again

Déjame recordarte por encima de todos los fracasos
en el último templo que quede de la arrogancia ante la vida,
en tu primer deseo perdido entre los árboles,
en la carta apasionada de un muchacho confundido
que nunca te olvidó entre los muertos
y vive en tu memoria.


    Creo que no conozco a fondo nada, Beatriz, simplemente creí que en la vida había un sitio para la poesía. Sé que habría que hablar de Robert Frost y de Allen Ginsberg, sé que los amigos deben seguir siendo de oro, que los poetas dormirán sin sueño en la calle que no tiene nombre ni esquinas desde que Federico murió y que las madres tendrán honores funerarios aunque no hayan muerto… ¿Cuándo muere una madre?

    Quizás los pájaros vuelen encadenados a otro cielo[ii] o yo no sienta la ausencia de una sombra cada vez que me miro en el espejo de este tiempo que persigue a los hombres e ignora a los poetas.

    Pero a mí me seduce este Bob Dylan que se siente dolido por esa juventud que le ha robado la celebridad y que flirtea con el amor más allá de unas medias y de un perfume en los documentales que no dan por televisión para no escandalizar a una reducida audiencia, ese tal Lou Reed que adora la perdición con un hedonismo descontrolado y el poder regenerador de unos versos sin alma que arañan las paredes y nos recuerdan que todos llevamos algo de la city en nuestros anhelos, esta mañana volveré a llorar sobre la corriente del Hudson, y Leonard Cohen, ese poeta embutido en un traje impecable desgastado que miraba al infinito mientras yo lo miraba, que no cantó ni una sola de las canciones que yo había anotado en un blog y no fue porque me tuviera en cuenta, ni fue porque me mordiera la lengua y escribiera unos versos entrecortados sobre un libro en un tren sin destino para no faltar a aquella cita. Por suerte, todos los hombres somos iguales cuando podemos gozar, aunque sea sufriendo, tocando con la mirada a aquellos que nos hicieron partícipes de sus canciones y de sus caídas.



[i] Kaddish de Allen Ginsberg es uno de los grandes poemas del siglo XX.
[ii] Bob Dylan. Variación F. E. León…
 
 
VIII
 
 The Animals - Dont let me be misunderstood

    Siempre situé a The Animals en la estela de The Beatles y The Rolling Stones y expresé esta opinión sin tapujos pensando que cualitativamente estaban en un nivel similar a ellos, no tenían el glamour y el encanto de los chicos de Liverpool ni el gancho un tanto siniestro y fuera de la ley de Los Stones.

    Pero estaban ahí escupiendo canciones que los enraizaba más que a ellos con el sonido racial y radical de la música negra.

    Hoy he cambiado de opinión y me gustan más The Kinks y The Zombies, supongo que por la alegría que puntualmente transmiten y porque Ray Davies es un genio irrepetible. Pero The Animals con Burdon y Price a la cabeza crearon y recrearon un buen número de temas que los colocan en la ladera abrupta de los imprescindibles. La primera canción que os presento fue un canto del cisne glorioso, creo que sin Price y trasladando el campo de acción a Escocia, Burdon se sacó de la manga un álbum magistral, no tuvo el éxito de los de la primera etapa del grupo, pero los degustadores de buena música lo sitúan incluso por encima de ellos. La segunda es tan soberbia, profunda e inquietante como la casa del sol naciente.
 
IX

The Kinks - La muerte de un payaso
 
 

    La muerte del payaso la compuso Ray junto a su hermano Dave con quien discutía y algo más sobre un escenario y fuera de él, los Gallagher tomaron en esto buena nota aunque no pudieron acercarse en lo del talento.

    Esta canción es una de las cumbres del grupo inglés, aquella hornada crecía muy aprisa y supo conjugar las alegrías del éxito y la brillantez de los focos con las reflexiones más taciturnas y conmovedoras. Es una canción firmada por ambos hermanos pero se piensa que a Dave le correspondía el papel principal en la composición ya que llevaba la voz principal y la grabó en solitario.

    El circo y la vida, al mismo nivel que una Rifa benéfica para el señor Cometa de Lennon, menos irónica y onírica que la de John pero más profunda y con una visión más perdurable de las miserias humanas. Hay una cierta falta de realismo en eso de ahogar las penas en alcohol o en evocar la tristeza de la muerte. ¡Qué sería de las licencias sin los artistas!
 
x

The Zombies - Ella no está aquí
 


    El triunfo pletórico de los Beatles en los Estados Unidos propició la aparición de grupos en las islas, los más importantes ya se habían creado antes y aprovecharon el impulso y el carisma de los de Liverpool modificando, en muchos casos, la música que hacían para sintonizar con la fiebre de pop fresco y atractivo en la simplicidad de bellos estribillos y en su sonido que invitaban a la vida. Bueno, Lennon y McCartney estaban ahí con sus hundimientos sentimentales, en los que, con frecuencia, simplemente eran unos chicos abandonados y los Stones se encaminaban hacia su mejor etapa, impactantes son las secuelas y los ayeres de papel, teniendo como base la fusión de los nuevos aires juveniles con el rock y el rhythm and blues.

    Los Animals, Los Who y Los Kinks ayudaron a los aventajados de Liverpool a crear una cumbre de celos llena de confianza y aroma juvenil, pero, al contrario de lo que se solía hacer hasta entonces, versionar canciones llegadas desde la otra orilla del Atlántico, empezaron a preocuparse de sus canciones, basando su repertorio en temas propios. The Zombies, entre los grandes, es hoy día el grupo más olvidado y se da el caso que tenían unos compositores con una base musical consolidada en los conservatorios y canciones magistrales de una dulce melancolía que algún día volverán y no será bajo la oscuridad. Esta canción, en concreto, me resulta fascinante, el comentario sobre ella lo realizaré más tarde, quizás nunca. Lo más importante es escucharla y que, cuando lo haga un buen degustador musical por primera vez, acabe con un agridulce sentimiento de culpa.

XI

La canción que John Lennon despreció en público.

    Estamos en el año 1976, un chico estupendo con un sobrepeso preocupante, a quien el líder incuestionable de nuestro grupo de muchachos que soñaban con llamarse John, Paul, George y Ringo le puso el mote de Euskadi, porque venía de allí, aunque no era vasco, nos dejó el vinilo del álbum Help!. 
 


    Para mí fue algo impresionante, inolvidable, ya no sería el mismo, a pesar de la irregularidad del disco que incluía varias canciones de relleno. Tiene himnos que no tengo que recordar porque nunca se han ido de mi memoria; la que da título al trabajo es un canto a la desesperación del joven ídolo que no encuentra donde esconderse de sí mismo y pide ayuda emocional, la conceptista; acción, lugar, isla, amor sin futuro por los celos y la absorción molesta de la chica por parte de su amante desafortunado; Ticket to Ride o Ryde, la inmortal Yesterday, ni más ni menos que la canción más versionada de la historia y que refleja por parte de un maduro Paul su réplica a la angustia que le ha robado una parte de sí mismo, la dylaniana You've Got to Hide Your Love Away, la deliciosa y teñida de melancolía I need you que pone a George en la onda de sus compañeros más aventajados , la country o ranchera «I've Just Seen a Face y, en fin, para mí por lo que me sugería en ese momento y como de directa me llegaba, la canción de la que se burló en público su autor, Lennon, Es solo amor. Vamos a llegar a un acuerdo, es un tema menor comparado con los títulos de los que hemos hablado, pero sería un número uno para un montón de grupos de calidad. Este John no cambiaría nunca.

XII

The Velvet Underground - Femme fatale
 


    Lou Reed no había cumplido treinta años y ya había hecho méritos sobrados para no morir nunca. Aquí le tenemos a la guitarra llevando el ritmo de la canción más sensual del rock, para que la dicha sea completa la canta Nico, la enigmática artista y modelo alemana con la que se le atribuyó un romance fugaz. Se dice que la genial cantante perdía el interés por sus amantes una vez consumaba con ellos el acto sexual.

    Esta Femme fatale de la canción puede llevar a confusión, no se trata de un amor decadente y desesperado con una mujer frágil de vida disoluta, habla simplemente de una prostituta cuyos clientes deben padecer eyaculación precoz a tenor del número tan elevado de ellos que lleva en una sola tarde.

    Se comenta que ni Reed ni el otro líder del grupo, John Cale, vieron bien la imposición que el artista pop por excelencia, Andy Warhol que patrocinaba y promocionaba a los Velvet, hizo para que ella fuera la vocalista de tres piezas magistrales que se incluyeron en el mejor disco debutante que se conoce, aquí en España nos solemos referir a él como el del plátano por la portada diseñada por su mentor. Fuera como fuere volvieron a reunirse varias veces sobre un escenario y no se notaba ninguna tensión, si la hubo, se había perdido por el camino.
 


    Lou Reed pasa por ser el gran poeta urbano, el que nos mostró el lado más sórdido de Nueva York, parecía que en vez de una pluma llevaba una cámara en la mano. Su estilo objetivo y su capacidad de observación, su comprensión hacia las desviaciones y su lucidez para aceptar la caída individual en los males de nuestro tiempo crearon una poesía de imposible clasificación pero de una calidad insultante. Lou Reed no está muerto, simplemente está dormido esperando que los ángeles negros vuelvan para llevarlo al Purgatorio donde le espera un carrusel sin pausa de sexo, drogas y Rock'n'roll.
 
 
XII

Simon and Garfunkel - Canción de Kathy
 
 


Cada día es una cadena sin fin
de revistas y cigarrillo,
los mismos cines
y las mismas fábricas,
y cada cara que no reconozco
me recuerda que debería
estar yendo hacia casa.


    En 1996 el mundo empezó a cambiar, Internet ya avisaba a los más adelantados, ya nos hacía pensar en lo bueno y lo malo de la aventura. Yo tenía algo de dinero y me pasaba una vez a la semana por la tienda oficial de discos de Abyla. El encargado, enseguida me di cuenta de que lo controlaba todo en la sección, y, aunque no era moro, le gustaba el regateo, y me ofreció joyas que empezaban por 30 euros como precio de salida y se acababan quedando en la mitad. Una de ellas fue "Savia, perejil, romero y tomillo de Simon y Garfunkel, el disco llegaba de Holanda y traía "Saudade de casa", una joya que habían sustraído a la versión española que yo conocía.

!Ay, David Bruce Banner,
los muertos siguen quietos y siguen su camino;
listas en los periódicos
que nunca se publican
y que serán leídas por almas que se mueven
lentas como la tarde, miran, no reflexionan,
admiran a quien triunfa, desprecian al vencido!
(F. E. León)

    El tercer disco de una unión contra natura cuya mala relación se arrastra hasta nuestros días, pasa por ser el mejor estructurado y el que tiene una queja más reconocible, todas las canciones son muy buenas. Destacan La feria de Scarbourough ( versión de una canción popular pacifista), La vuelta a casa (así lo tradujeron) y Conversación en el aire que habla de una pareja vencida por el hastío, y que era la canción favorita de su autor en esos días.
 
 

Y tú lees tu Emily Dickinson
y yo mi Robert Frost,
y señalamos nuestro sitio
con la cinta del libro
para medir lo que hemos perdido.

Como un poema mal escrito
somos versos sin rima,
estrofas sin ritmo
en un compás entrecortado.

Dentro de una conversación en el aire,
de los deseos interrumpidos
de nuestro paso por la frontera.


    Nueva York seguía planeando en casi todas las canciones y también la incomunicación en el medio urbano, un regusto claro que lleva al poeta a la vieja Inglaterra que, tal vez, no conoció pero le inspira en las intenciones. Paul se siente un representante de la izquierda más culta, piensa que el mundo no se reduce a los Estados Unidos, tiene una visión de esa tendencia política más sosegada y reflexiva que Dylan o Phil Ochs y siempre está cerca de ellos con propuestas más reales, más encuadradas en el mundo de lo posible y supera a ambos en lirismo puro. De hecho se ve solo en las alturas en este factor. Sus canciones de amor podrían haber sido escritas , en algunos casos por Garcilaso, y como el maestro toledano puede resistir perfectamente otros quinientos años.
 
La canción que componía quedó sin terminar.
Aún no sé por qué malgasto el tiempo
escribiendo canciones en las que no creo
con palabras que se rompen y estiran para rimar.

Por eso ves que he empezado a dudar
en todo lo que alguna vez tuve por cierto.
Estoy solo, solo y sin fe,
eres tú la única verdad que tengo.
(Paul Simon - La canción de Kathy)

    Dicen que Paul Simon fue el primero que presentaba las letras de sus canciones como "Poesía", y eso lo hacía el hombre que le daba una prioridad a la música. En efecto, Simon fue premiado como poeta, sin que se desviase demasiado del hecho de construir canciones, en un ramillete de alegatos en los que nos habló de la pesadilla americana, y nos dejaba entrever el sueño.
 
XIV
 
No habléis de amor,
ya conozco esta palabra,
está durmiendo en mi mente
y no quiero despertar el sueño
de los sentimientos que han muerto.
(Soy una roca)

El boxeador

En el fondo queda un boxeador,
un luchador que va por libre
y arrastra los vestigios
de cada golpe que lo derribó o le cortó
hasta que gritó de rabia y de vergüenza;
me voy, me voy
pero el luchador sigue en pie.
 

    Estoy en el ring, en una esquina, voy perdiendo ampliamente a los puntos, tengo los ojos tan hinchados que, casi, no puedo ver, el rostro tan castigado que no siente, pero lo tiro todo en busca de un golpe definitivo. Si no llega quiero al menos acabar el combate. Ese podría ser el tema sobre el que gira The boxer, pero no, una de las canciones más complejas que se conocen; es casi imposible reproducirla fielmente en directo y necesitó más de noventa tomas, y una encrucijada de mezclas para darla por terminada.

    Con Puentes sobre aguas turbulentas Paul Simon y su enemigo íntimo Art Garfunkel daban por finalizada su tortuosa relación con un disco que aún cuenta entre los más vendidos de la historia, heterogéneo y con canciones comerciales que funcionaron muy bien como singles, pienso que dista mucho de ser el mejor trabajo del dúo neoyorquino, pero tiene obras maestras entre las que destaca, precisamente, esta canción. Quizás la letra no tenga el lirismo de Paul Simon en otros momentos, pero entra de lleno en sus mensajes descarnados, y la música es maravillosa, el li lie li contagioso, el tono con el que cantan de un pesimismo que nos lleva al respeto, cuando no a la piedad. Su mensaje es claro y devastador; la Gran manzana ya no quiere a nadie y un pobre muchacho malgasta las ilusiones que tenía cuando llegó allí, sin trabajo y sin dirección, solo los vagabundos le dan un poco de calor pero tienen que pensar en ellos mismos y las prostitutas le hacen un guiño pero tiene que pasar por caja. Solo encuentra cobijo en la estación del tren, el invierno está donde se olvidan los sentimientos y no debe ser muy agradable estar allí cuando llega; Me voy, me voy, pero el luchador sigue en pie.

    Sin duda alguna, a alguien a quien quisiéramos le suplicaríamos que arrojara la toalla.
     
 
XV

Leonard Cohen - Uno de nosotros no puede estar equivocado
 
Y entonces confieso que torturé el vestido
que llevaste por el mundo para olvidar
(Leonard Cohen)
 
 


    Yo que conocí la tortura que nos ofrecen ciertas bendiciones, confieso que nadie como Cohen en esta canción ha ilustrado lo que yo sentía en mis tormentas, sí, ahora confieso que torturé el vestido / que llevaste por el mundo para olvidar.

    Hablar de Leonard Cohen para mí en estos días supone hacerlo del poeta al que le he hecho un seguimiento más fragmentario y, sin embargo, intenso en los diez últimos años, este canadiense que nos habla de la decadencia, del deseo y del amor, de la agonía críptica del hombre y de la civilización se ha asentado en mí y me ha invitado varias veces a que intente evitarle.

    Por esas cosas difíciles de explicar tuve desde el mismo día que salió al mercado su "Old ideas", me lo consiguió mi cuñada pues pensaba que también yo pertenecía, como él, al mundo de los tristes y solo lo escuché una vez si exceptuamos el amplio repaso que hizo de este disco en Madrid cuando fui a verlo. Mi mujer no pudo hacerme un mejor regalo, se lamentaba de que no había podido conseguir las entradas en primera fila, así que tuvimos que conformarnos con la segunda. Nunca olvidaré aquel concierto, duró cuatro horas con un descanso que había dicho que duraría quince minutos y no llegó a los doce, no me enteré mucho de lo que pasaba, me emocioné cuando lo vi arrodillarse cuando cantaba Hallelujah, no podía creer que allí ante nosotros y envolviéndonos en una letanía bíblica estuviera un anciano de setenta y ocho años que nos decía que aún tenía que cumplir algún sueño.
 



    Después de haber leído poemas suyos he llegado a la conclusión de que entre los mejores están aquellos que ha convertido en canciones. Había hecho sus pinitos en la música de adolescente pero la había aparcado para triunfar en la literatura, varios poemarios y dos novelas le convirtieron en el "enfant terrible" de las letras canadienses en lengua inglesa. Su debut como cantante fue muy tardío, grabó su primer y, probablemente, mejor disco; Songs of Leonard Cohen en 1967 (era un material de años, que también inundó el siguiente y excelente disco, y cerró con inspiración ante la ilusión de un disco primero) desde entonces ha tenido dos caídas y tres resurrecciones, reinventarse es una de las facetas que mejor ha dominado, solo su poesía ha estado muy por encima ello. Hubiera dado mucho por escuchar en ese concierto "One of us cannot be wrong" pero no se acordó de ella y evalué la dificultad que entrañaría escucharle alguna vez cantarla en un gran escenario o, mejor aún, en un pequeño bar, con Leonard Cohen nunca se sabe, aún pienso que me lo puedo encontrar en cualquier esquina.

XVI

Bob Dylan - Acabó todo, chica triste



El pintor miserable de tus calles
dibuja esbozos locos en tus lienzos.

1
 
    ¿Vale la pena vivir por vivir, ser pasado sin saberlo, despertar del sueño de la vida, convertirse en un asiduo de la barra de algún bar donde todos te sonríen y nadie te comprende, confesar que nunca rezaste por la muerte de una revolución, que te enamoraste de la sensación de volar porque siempre tuviste los pies en el suelo y aún te arrastras en tus propias huellas preguntándote donde está tu voluntad o el muchacho que fuiste?

    Sabes, Laura, hablaré de Dylan como si le conociera, ¿a quién le importa que un día me cruzara con la sombra de un judío de Duluth? Alguna vez escuché en la playa “Acabó todo chica triste” y me creí un tipo interesante, ya podía subir hasta mi casa, sin mirar atrás, como si llevara una guitarra al hombro y la cabeza llena de melodías.

    Ahora todo lo que queda es aguantar en las trincheras, escribir acaso un cuento de amor con otros protagonistas para que podamos creérnoslo, pensar que respirar es hermoso, que somos bocetos irreflexivos dentro del cuadro que nunca hemos pintado.

    Han pasado muchos años desde nuestro primer encuentro, el mundo se ha ido alejando de nuestra capacidad de comprensión, pero tú sigues moviendo la emotividad del amor en el recuerdo. Es solo una canción, preciosa, eso sí, piensa que me gusta mucho, pero no tengas en cuenta lo que dice, el poeta casi siempre se difumina y yerra, pero lo que cuenta es la belleza que podamos hallar en sus equivocaciones.

(Conversaciones con Laura - 15/11/2014 - Publicado 23/11/2015)
2
    Hablar de Bob Dylan, Fanny, siempre es un reto, sobre todo si te conjuras para no recurrir a la leyenda. Empiezo a sentirme un poco triste cuando percibo la conciencia que suelen tener los anglosajones de encontrarse ante algo irrepetible y decirlo antes de que sea demasiado tarde y a nosotros nos falta en el país donde los poetas lloran más y mejor, como decía un tal Mariano José.

    “It's all over now, baby blue” es una canción de despecho en la línea de “It Ain't Me babe” (Ese no soy yo, niña) en la que muestra una capacidad extraordinaria para encontrar metáforas imposibles y para utilizar las puntas más afiladas de la belleza para devolver el daño que le han hecho. La calidad literaria de esta canción nos recuerda las múltiples veces que sonó el nombre de Bob Dylan como candidato al Nobel.

    ¿Qué falta le hace ese premio confuso y que tantas veces nos dio la impresión de que se jugaba a los dados al único e irrepetible trovador de Minnesota? ¿Cómo pueden unos estirados suecos decantarse por alguien que con 25 años ya había demostrado que experimentaba una agonía placentera cada vez que cogía la pluma para hablar de amor?

    Sí también yo creo que los pintores miserables de cualquier calle suelen descargar su frustración dibujando bocetos irreflexivos en las sábanas que compartieran con su última amante cuando nadie les hace caso y comen una vez al día. Ya ves, la gitanilla que toca la pandereta en el Harlem Hispano ha desplazado a esta chica triste en mis preferencias, después de tantos años juntos, de mantenerse imperturbablemente joven mientras yo envejecía. No me preguntes por qué, pero siempre he sentido un impulso irrefrenable de alinearme, como ese Dios huraño y desconocido, al lado de los que nacieron con un estigma en la frente.

XVII
 
The Velvet Underground - Afterhours 
 
 

    El tercer disco de los Velvet Underground fue un desastre genial, desprovisto por un robo de buena parte de su equipo de sonido, se vieron obligados a bajar la intensidad de su música, aun así no cayeron en la monotonía, hay canciones para todos los gustos, eso sí limitadas todas por una falta evidente de sonido. Entre las rarezas destaca esta canción al límite, no estaba el asunto para gastar decibelios. La canción estaba programada para que la cantara Maureen Tucker, debió tener una cita para tomar el té y declinó la oferta.
 
XVIII

The Byrds - Mr. Tambourine Man
 
 
Profeta y trovador que deslizara
la última canción de Dylan en sus labios.
(Pequeño poemario de San Amaro – 1997)
 
 


    Bob Dylan no es Dios, pero debemos admitir que en su época dorada, esa que va del "Freewheelin’" al "Desire", hubo momentos de plenitud en los que parecía que tuviera comunicación directa con él. Una década prodigiosa que duró 13 años (1963-1976), con algún descalabro muy sonado - aún no se explica que pintara tan mal su autorretrato - que hizo pensar a más de uno que la opacidad anónima de Robert Zimmerman había deslumbrado a la brillantez caótica de Bob Dylan que se empeñó en demostrar, con poco respeto hacia sus detractores, que no era así aunque tuviera que dejarse la sangre en el camino y despertar a los demonios del deseo.

    "Mr Tambourine Man" nos lo recuerda cuando se yergue con orgullo aunque se pase la vida dando tumbos por el suelo. Los alucinógenos transitan por unas palabras confusas que se nos escapan como si Bob fuera un mal poeta cuyas metáforas surgieran por azar y no pudiera descifrarlas después de haberlas leído. Pero no importa porque son resplandecientes como el sol de julio cuando quema sin piedad la otra orilla de una playa, son profundas como el grito de rabia de un profeta que apenas se lava porque sufre depresiones.

    Pero el arte no está para dar lecciones magistrales, indicar un camino o reflejar una verdad que quizás no exista sino para perseguir la belleza que nos haga sentir y despertar la conciencia y el orgullo de ser hombres a pesar de nuestras miserias, de pertenecer a una civilización que hace aguas por todas partes y aun así es la mejor de todas las conocidas.

    Es demasiado duro lidiar con una resaca, lo digo por lo que me ha contado Recordar de primera mano, haber pasado la noche en un Paraíso que no vuelve la espalda al pecado de la resurrección y, casi sin dormir, despertar en un Purgatorio perdido en la tristeza donde todas las calles parecen la misma, pero donde todos los hombres al fin somos iguales, por haber dilapidado nuestros sueños buscando un placer que nunca acabamos encontrando del todo.

    Mr Tambourine man es una canción en la que hurgarán los doctores de un futuro que, como el nuestro, nunca será cierto cuando se intente interpretar la deriva de nuestras emociones, el jovenzuelo irreverente de Minnesota estaba alcanzando la gloria por saber mostrar las llagas encostradas de un Infierno edificado sobre las columnas ruinosas de un talento interminable y una visión panorámica del declive de un imperio que no contaba con la vieja Europa aunque solo fuese para que le llevara las maletas, ni siquiera durante la invasión británica, de la que solo miraban, con excepciones impactantes como la de los Velvet Underground, su aspecto exterior.

    Dicen los sabios, a este tipo de personas nunca se les debe hacer caso, no suelen saber nada, que, cuando los Byrds cogieron las riendas del señor de la pandereta con un delicioso ritmo entre el folk y el pop y una conjunción insuperable en sus prístinas armonías vocales, se convierte en una de las mejores canciones de la historia y que supera en mucho a la interpretación de Dylan. 
 


    Yo no estoy de acuerdo aunque pienso que es solo por llevar la contraria, es mi costumbre y, a mi edad, es muy difícil aprender a hablar, porque pienso que los californianos hicieron algunas concesiones que empañan un poco su leyenda ya que es algo que nunca se debe esperar de un artista; respetaron, un poco adocenados aunque se rehicieran más adelante, la regla no pactada de una duración en torno a los tres minutos eliminando para ello estrofas llenas de significado dentro de una canción que apenas tiene sentido, me parece suficiente, pero por encima de todo es porque Dylan me emociona más, a pesar de que los críticos, otros que tampoco saben muchas cosas, siempre pensaron que la voz herida y angustiada de Dylan chirriaba en sus oídos como el llanto de un animal cuando se está muriendo, que no pasaría por ella a la historia, ni falta que le hacía; Dios estuvo de su lado hasta 1976, después un cortocircuito. que aún no ha sabido reparar, a pesar de algunos discos interesantes.

    Los Byrds eran muy buenos, a pesar de sus peleas continuas que no impidieron que fueran creativos y productivos. Populizaron, hasta cierto punto, la guitarra de 12 cuerdas. Uno de sus líderes cambió de nombre entre un disco y otro, en uno de ellos hicieron una incursión en el country, alabada con justicia por la crítica. Su versión de Mr Tambourine Man es considerada el inicio del Folk-rock, pinceladas pop la adornan, y un estribillo que la convierte en el himno de un viaje al interior de uno mismo.
 
 
XX

Pink Floyd - Syd Barret - Mira cómo juega Emily


    El espantapájaros es bastante más triste que yo, que soy tan triste, y no tiene remedio; el mago de Oz cuando murió se marchó en busca de otro sueño.

    Entre la inspiración y la locura, sus encabalgamientos abruptos y desencadenados, sus imágenes que nos ofrecían la posibilidad de tocarlas y cotejar una textura onírica con la que intentaba que fuera comparado el mundo de todos los días, Syd Barrett nos dejó un escaso bagaje cuantitativo y su buena estrella empezó a torcerse antes aún de su salida, poco diplomática, aunque provocada por su desenfreno, de Pink Floyd. Tenía apenas 21 años y su trayectoria se interrumpió definitivamente dos o tres años más tarde cuando con la ayuda desinteresada de su sustituto en el grupo, David Gilmour, intentaba enderezar en solitario su camino, y no pudo dominar su gigantesca proyección como artista de primer orden. Fueron dos discos muy buenos, pero de Barrett se esperaba mucho más.

    La causa de su temprana caída fue una enfermedad mental diagnosticada, trastorno bipolar, a la que se añadiría una ingesta desmedida de alucinógenos. En apenas cuatro años de actividad pública y con poco más de una treintena de canciones publicadas dejó su impronta original e intransferible dentro del cambio más brusco que sufriera el mundo del rock, ese que enterraría el lenguaje de las flores y el deseo de paz universal, no es que ya no interesara esto último, pero era tarea de otros, así nos va.
 


    En la grabación del único álbum en el que lideró a Pink Floyd, El flautista en las puertas de la aurora, coincidió con los Beatles cuando grababan la que para muchos es su obra maestra, Sgt. Peppers, ya sabemos que los pedantes nos rebelamos contra esta opinión extendida y decimos que es el Revolver a pesar de su submarino amarillo. Se dice, desconozco con que base, que la inmersión ensoñadora de Lennon en los senderos de la imaginación en canciones como Un día de tantos (a estas alturas aparece McCartney a reclamar su autoría) o Lucy en un cielo con diamantes se debió, aparte del LSD y la presión del talento de McCartney, a que entrara en contacto personal con aquel jovencísimo e incorregible genio.

    Mira cómo juega Emily es solo una canción juguetona e irreverente que exprime como pocas la música y la letra hasta hacer de ellas un todo imposible de separar. Pero, junto a Astronomy domine y El espantapájaros, vino a decirnos que algo había cambiado para siempre en el candor juvenil, pocas canciones se acordarían de una manera simple del chico que sufría por su amor.

    Veo en ella claros signos de que Barrett conocía perfectamente a Lewis Carroll.

XXI

Phil Ochs, la voz prístina y pura de la izquierda estadounidense.

    Hay que buscar la verdad aunque muchas veces corramos el riesgo de encontrarla.
 
 


A Juan Carlos González.

    Phil Ochs era la voz más hermosa de la izquierda radical americana, no mató a nadie, disparaba a las conciencias con su guitarra, hería a la clase media aburguesada con las alas de su verso exquisito y elegante incluso en los temas más desgarrados.

    No conocía su “Canción de la Guerra Civil española”, la he leído un par de veces y puede que no aporte nada especial al repertorio del gran cantante, no analiza el conflicto español con el pensamiento sino que se deja llevar por los clichés y la generosidad de sus sentimientos. Parece ser cierto que los crímenes nacionalistas triplicaron a los del bando alineado con la República durante la guerra, como es cierto que ésta nunca estuvo de acuerdo con los métodos expeditivos de aquellos que fusilaban en su nombre y eso no solía ser así entre los militares, sobre todo los africanistas, del bando nacional y su culto indisimulado a la destrucción y a la muerte. Pero algunos integrantes del oprimido campesinado español y del mundo obrero alentados por las opciones políticas más extremistas optaron por dejar fluir la sed de venganza de una forma similar con la que Pasternak nos ilustra la de los siervos resentidos de la Santa Rusia después de la Revolución.
 
 

    Para ver al mejor Phil Ochs hay que acercarse a lo que le tocaba de cerca y le hacía expresarse en el campo poético que considero más dificultoso, en el que con frecuencia se cae en el panfleto irreflexivo y vehemente; el social, así de memoria cito "En su mano un anillo de oro" donde denuncia con amargura un atentado racista en una iglesia metodista; una de las víctimas solo pudo ser reconocida por el anillo que llevaba en un dedo y "Un círculo cerrado de amigos" donde critica la deshumanización de la gran ciudad; en Nueva York una mujer fue violada y apuñalada durante un buen número de minutos hasta morir mientras algunos vecinos miraban por la ventana; sus gritos de agonía, probablemente, impedían que pudieran escuchar la televisión.


XXII

Paseando por Greenwich Village 
 

 
Dylan un dinosaurio de un tiempo que no existe
y es nuestro propio tiempo; guerras y disparates.
(Para nadie)
 
    Creo que ni siquiera me sitúo en un nivel medio entre aquellos que han escrito sobre Dylan o esos otros que lo han seguido con fervor; son horas de estudio o de devoción las que han podido lograr que todos ellos hayan conseguido una imagen aproximada de la realidad de un hombre acorralado por la memoria de un tiempo.
 

    Pero yo soy poeta, ya sabes lo que me ha costado llegar a esta conclusión a la que tantos llegan, en estos días de comunicación vacía y pretenciosa, una vez han escrito siete poemas aunque entre ellos se les haya colado alguna cesta de la compra o un listín de direcciones perdidas, y eso significa que no persigo el rigor de aquel que se deja la piel en una tesis o en un trabajo de fin de grado. Este luchará para que, durante esos meses que atesora con avaricia la información, nadie le supere a la hora de conocer datos concretos y constatables que su agudeza y su esfuerzo arrebate a la verdad entre el tumulto confuso y engañoso que regurgitan los labios de la fama. Tratándose de Dylan enumerarán de corrido los nombres de sus amantes más duraderas e incluso elucubrarán sobre aquellas que pudieron haberlo sido y se basarán para ello en alguna presencia en público juntos, alguna cita, en alguna carta o en alguna canción de la que nunca haya querido su autor desvelar el nombre o la marca de la blusa y las medias que envolvían una declaración de amor que agitaba el espíritu y apartaba el deseo. No podemos pedir que sienta como cualquier hombre que pasa por la calle a un transeúnte aventajado de los cafés de Greenwich Village.
 

 
    El poeta se suele llevar por el fulgor de los mitos o se detiene en puntos concretos que, aparentemente, no son demasiado atractivos para el interés general, pero encuentra belleza en ellos y piensa que tienen un hondo significado. Pero hay poetas, creo que me encuentro entre ellos, que empiezan por sacarle brillo a este resplandor desordenado y, una vez llegado a un punto en el que parece que han logrado realizar bien su tarea, estas importantes razones dejan de interesarle hasta cierto punto y empiezan un largo camino por la intermitencia para desentrañar, más por azar o intuición que por un trabajo minucioso, la fragilidad de las miserias de un poeta perdido que llora en los escombros la amargura de su propio esplendor, la hierba de su inmortalidad que le alejan de las elegías cotidianas de aquellos para los que canta y empiezan a narrar la historia del indomable que se esconde detrás de un apellido sometido por las garras de una leyenda que, quizás, no le pertenezca desde el día en que las multitudes aprendieron a escribirlo en las paredes de un teatro equivocado mientras Judas se subía a un escenario que comprobaron que no era el de los sueños. Ahí empieza algo a lo que nunca se le acaba de encontrar los destellos y que podría romper los nervios a cualquiera en el caso de intentar hacer atrevidas conjeturas que penetraran en las venas de los otros. Podríamos rellenar muchas páginas en una farola que solo tiene luz cuando la invade la penumbra quejumbrosa y militante del verso herido de un Phil Ochs, a quien no se le ocurrió otra cosa, en plena Guerra Fría, que tomar el relevo de Woody Guhtrie y utilizar su arma para entregar en auditorios vacíos el alma de su tristeza, la presencia de su despedida cuando la poesía se rendía a la profunda inefabilidad de la música; era demasiado duro que fuera rojo e insoportable que poeta. Es como una historia de amor que ya no cree en los requiebros que se le dicen ni en el dios que nunca llegó a ser adolescente, en las palabras que se escriben en un diario abierto y están llenas de saltos e incoherencias emocionales, porque, por mucho que nos aferremos a nuestras ansias de conquista pasajera, llevan la fragancia marchita del convencimiento de que no van a ser creídas y, por lo tanto, esas cartas, sin manos que las sostengan, surgen en la noche del olvido para morir después en la alborada.
 
 

    Creo que Dylan es, en la segunda parte del siglo XX, lo que Lorca fue en la primera. Phil Ochs compitió, sin saberlo, con Pasolini por el título de mejor poeta socio-político de los 60 y 70. No tenía la talla intelectual del italiano, ni su diversidad temática. Alineados ambos en la izquierda radical, Pasolini intentaba someter los sentimientos a la razón con un tono desesperado, Phil Ochs, quizás anclado en el recuerdo de Pete Seeger y los hermosos brigadistas americanos, disparaba flores con un discurso desafiante entre los pétalos y versos caídos. Murieron, sin saberlo, con cinco meses de diferencia.

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