viernes, 10 de julio de 2015

Pasolini en el recuerdo (poemario)




A Pablo Ibáñez

che mi piace infangarmi perché il fango è materia povera e perciò pura;
che adoro la luce soltanto se è senza speranza[1].

(Pier Paolo Pasolini – Analisi tardiva)





Cada época de nuestras vidas tiene su canción, su película, su lugar, un nombre, una sonrisa, que con su sola evocación nos traslada a ella, y, aunque a muchas personas les cueste trabajo decirlo y otras pocas lo digan como quien hace una trasgresión excitante de una regla, aunque no recuerden un solo verso de él, cada época tiene su poeta. Así, Bécquer y Juan Ramón Jiménez marcaron mi niñez, Neruda, Antonio Machado y Hernández  mi adolescencia, Hölderlin, Pavese y Lorca, iba a decir, mi madurez, pero casi he desistido en el intento de lograrla. Cohen y Pasolini llevan ahora unos años rondándome, no sé si me han desviado de la única lengua que conozco o si me han ayudado a la hora de hacer hablar a la del corazón, en la que todos entendemos.



Este apartado lo he reservado para el segundo de ellos, un descubrimiento tardío y que presentí que iba a ser largo nada más leer, antes de pagar el libro, el poema que venía en la contraportada. Este trabajo ha querido reflejar aquel encuentro.  No es un esfuerzo unitario, son poemas sueltos escritos durante estos últimos años, me he permitido  incrustar dos traducciones  del inspirado poeta italiano, una de ellas, como indico, desde una versión en inglés de Pasquale Verdecchio, aquí no incluyo los originales porque no estoy seguro sobre los derechos que tengo para hacerlo. 
          

                            1



Tenía veinte años, incluso menos, dieciocho,
diecinueve… y había vivido un siglo,
toda una vida.

Al constatar, consumido por el dolor  
que nunca podría dar mi amor
sino a mis manos o al musgo de las trincheras.

O quizás a la tierra de una tumba desolada...
Veinte años y, con una historia humana
y toda su poesía, una vida había terminado[2].





(Pier Paolo Pasolini, de “Una vitalidad desesperada,

 traducida al inglés por Pasquale Verdecchio)





              2



Arranca este lamento

en la mañana
cuando el licor asoma

en poros y gemidos.
Lleva el mar el aullido que intentaba
expresar mi dolor

por haberte perdido.

Roma erguida sobre siglos de pesares

y ruinas

 sobre divagaciones y sueños de profetas,
Roma en mi vida,

en la bifurcación de la memoria

 y esperando la muerte

en esta callejuela sin  luz de los fracasos

que me entregó la poesía, 
y una verdad amarga que me arrastra
por la arena al final de los caminos.





                                         3



                        Pasolini en el recuerdo





Cuando la luz no ofrece esperanza y se me adentra el verso
de un poeta que calla en el nocturno inhóspito de una playa tardía,
envejece mi alma por no saber nombrarle, por no saber arrastrar
el peso de mi culpa, por ser testigo ciego del olvido obstinado,
por no reconocer que la vida se me escapa y no conozco a nadie
para que llore por aquello que no hice[3].




                                        4



                         Cercana a los ojos



         “Cercana a los ojos” es un poema especialmente emotivo, escrito años después de los hechos a los que hace referencia; su hermano que duerme distendido y ausente fue fusilado por partisanos durante la Segunda Guerra Mundial. Una dolorosa contradicción en su vida a la que se irían añadiendo otras muchas, la más llamativa; la muerte violenta del propio poeta; aquellos con y por quienes luchaba acababan con la vida de aquél a quien recordaría siempre. La luz, el hermano y la madre, también el canto del grillo, quedan suspendidos en una atmósfera que nos recuerda la aparente quietud en la que viaja a veces la más conmovedora de las tragedias.  (27-10-2012)



Cercana a los ojos y los cabellos sueltos
sobre la frente, tú, pequeña luz,
dispersa, enrojeces mi cuaderno.
De adolescente, en tu pálida llamarada,
ardía  hasta la noche,  y era extraño
escuchar al viento y a los grillos solitarios.
Entonces, en la olvidada habitación
dormían mis padres, y mi hermano,
inmóvil, descansaba tras un muro delgado.
¿Dónde está ahora, luz roja?


No hablas, sin embargo iluminas; y suspira
el grillo en el silencio de los campos.
Y mi madre se peina al espejo
de una manera antigua como tu luz,
pensando en su hijo ya sin vida.



(Pier Paolo Pasolini)



                         5



       La Pasión según Pasolini



Será una noche de otoño, en una playa tranquila
donde busque el recuerdo
de los días perseguidos
de aquella juventud difícil
y trágica,
hermosa, sin embargo,
porque nunca
ha sabido marcharse de mi frente,
de este corazón que aún busca la verdad
y piensa
que no fue un delirio
de la sangre efervescente que aún me brota.

Aún no he aprendido a sentir lo que no siento,
a decir lo que se espera;

el bienestar ha envenenado[4]
el alma de los que luchaban
por sobrevivir en otros tiempos que me nublan los ojos.

Se acercará algún joven con el cabello rizado
que no podrá vender un rostro
que no le pertenece
pues lo dejó en el lienzo de un lombardo[5] atormentado.


...   ...   ...



En Ostia o en Trieste cuando florezcan los tilos,
o en cualquier descampado
donde jueguen la noche y el deseo
me llamará la muerte, como lo suponía,
con el cuerpo marcado por los golpes del Calvario,
cuando,
en los gestos que el sol esculpía en bronce
había creído ver
las puertas entreabiertas de un Ghiberti apasionado[6].


...   ...   ...


¡Señor, no me dejaste escuchar tus gemidos!
¡Señor, me abandonaste y me dejaste la cruz!








                              6



     Mi análisis tardío (Epístola a Pier Paolo)



Te entrego Pier Paolo el testamento
del hombre que se acostó la siesta esta tarde
con una herida difusa y acechante
que ya no le duele nada
porque ha despertado con el pensamiento firme
de ser distinto sin abandonar uno solo de sus sueños,
una sola de sus convicciones más sentidas,
y ya huele a verano en mi ventana abierta
al griterío de los niños jugando con el agua,
y la bahía le muestra la belleza inmortal del mensaje profundo
que al tenerlo tan cerca a menudo no notamos.

Vuelven a decir tu nombre en la agenda cultural
de las noticias,
un nuevo homenaje que no será a tu faceta de cómico distraído
que no supo coger de la cintura a la risa,
ni abrazar su sentido más patético por respeto a los pobres,
y se me vino el poema que escribías
cada vez que  la muerte te acechaba o pensabas en ella,
se me vino a la cabeza como un péndulo
cuyos golpes imitaba mis latidos.

Es verdad que no podré por más que lo intente
explicar la fascinación que me produjo tu análisis tardío,
que tan solo por él ya me atreví a llamarte grandísimo poeta,
a ti que vivías arrastrando los pies
para sentir el olor prístino y sensitivo de la tierra,
que no soñabas
por miedo a despertar en un lugar donde solo tuvieran cabida
los ángeles y los demonios,
que no tenías los delirios de grandeza
que reconozco en mí mismo,
que todo lo que deseabas estaba en la mirada
aún atónita de un muchacho moreno, llegado del Sur
donde aún tiembla Cristo por no encontrar su huella,
que camina hacia la obra donde fortalece sus músculos
y broncea su piel
y aún mantiene el candor forjado por un sufrimiento
injusto e innecesario, como todos.

En esto me doy cuenta de que el otro día
traspasé la frontera adonde tú no llegaste
por una noche aciaga,
y que me empieza a exasperar con una tristeza extraña
que me digan lo condenadamente bien que estoy
para ser tan viejo,
aunque lo digan de una forma distinta,
eso es lo que vienen a decirme,
ya ves, como tú me veré siempre joven
por esas ansias de seguir aprendiendo
aunque no sepa con que objetivo,  
que, sin que hayas tenido nada que ver en ello,
de todas las cuerdas que se me ofrecían
siempre tiré de una sola al mismo tiempo,
que las pocas intersecciones que hubo se debieron a errores
debidamente corregidos, y explicados,
aunque nunca comprendidos.

Que siempre estuvo la vida por encima de todo
como si el niño que fui nunca me hubiera dejado
indefenso ante el mundo,
que pediría a la mujer que amo
que nunca me dijera “te quiero”
porque yo lo sabría con una simple sonrisa,
que volveré a pensar en los tordos que llenaban
el cielo de las tardes de invierno
y en los cachalotes que cruzaban Punta Almina
en Mayo y en Junio,
sabiendo que lo perdido
por nuestra avaricia anuncia nuestra propia condena
por lo que tuvimos sin hacernos falta.  

Que habré aprendido a esperar
cuando no tenga sentido
aunque merezca la pena porque, largo o corto,
dulcificará con momentos inolvidables el tiempo que me quede
y que si puedo dejar algo hermoso en alguien
aunque no me haya conocido, y quizás por ello,
pensaré que la semilla que se embarra no muere.





                                      7

                           El amigo fiel



“A menudo un poeta se acusa y se calumnia,
exagera, por amor, su propio desamor,
exagera, para castigarse, su propia ingenuidad…”


(Pier Paolo Pasolini)



El poeta y el político vocacional siempre mienten, éste sabe que lo hace, doblega a la mentira y utiliza el conocimiento de la verdad para ponerle su túnica cuando lo cree necesario, a través de las apariencias logra una vida mejor y, a veces, acaba muriendo por los placeres que le proporciona esa vida  El poeta, en cambio, acaba creyendo siempre sus mentiras, tiene innumerables problemas a causa de ellas y a ellas se consagra con el candor de un niño. En algunos casos muere por ellas con la autenticidad de un mártir…



Pasolini escribió en un poema que hubiera dado la vida por aquellos a los que amaba. Yo añadiría que incluso por muchos a los que no amaba ni merecían ser amados y yo, que no compartí ni un solo minuto de mi vida con él, ni una sola de sus mentiras,  le creo.





Sé que he mentido y que lo haré siempre

porque morirá conmigo el miedo

a sentir y a decir lo que siento,

que llamaré hermano

a alguien con unos padres distintos a los míos,

que le diré cuando enferme que no fui a visitarle,

por no causarle molestias,

que pensaba en él todos los días

y le recordaré que el mundo se derrumba

pero estamos nosotros para mantenerlo en pie,

para demostrar que vivir vale la pena,

que la amistad no existe

en este mundo sin entrañas que hiere

a las almas sensibles,

pero somos distintos y creemos

en el amor que no supieron darnos.



Le pediré quitando hierro al asunto,

o quizás se me olvide,

que perdone a mi hijo cuando le insulte

mientras teclea el pan que me había traído

y lo mastica mientras habla,

y yo no le diga nada por no estropear la fiesta

y cuando le pregunte a mi otro hijo por el color de su bandera[7]

y no sepa que le dice,

le diré que, tranquilo, será uno de los nuestros.



Sé que miento y esta es

la única verdad que me queda,

el único credo que me pone

al lado de los que toman decisiones,

con decirlo justifico lo que he hecho

y lo que he dejado de hacer;

llevaré a la cruz a un oscuro profeta

por haberme lavado los pies una noche sin destino,

el bienestar es todo a lo que  uno puedo aspirar

por encima de todo

pues no creo en la otra vida[8],

y hay que divertirse si es preciso

bailando sobre todas las tristezas.



Lloré algún día

por los negros  apaleados

que se amotinaron en las Murallas del Ángulo,

pero eso es otra historia,

aquel día estaba enfermo

y nadie vino a visitarme.



                                8



       Paráfrasis del poema "Al Príncipe".



Ma per colpa anche di questo nostro mondo umano,
che ai poveri toglie il pane, ai poeti la pace.

Pero por culpa también de este humano mundo nuestro
que quita el pan a los pobres y la paz a los poetas.

(Pier Paolo Pasolini – Al Príncipe)



Si se oscurece el sol y nunca vuelve,
si  los caminos pierden
su propio curso
y no ofrecen salida,     
si aparece la culpa con su paso  renqueante
y me recuerda el daño que he engendrado
confesaré que nunca había temido a la muerte
con la desesperación de un loco perseguido,
la ingenuidad temible que acosa a los poetas.

Confesaré que tuve lo más deseado  
y no supe distinguirlo confundido por los sueños
y no pude abrigarlo cuando caía la noche,
pues luché amargamente
por el aplauso  pasajero
y trivial que confundía el cardo con la rosa
cuando tenía la poesía y el amor.

Ahora tengo  tiempo pero me falta la paz,
queriendo huir de mí mismo voy de un sitio a otro
sin aprehender nada nuevo en el camino,
sin escribir los versos que recuerden
mi paso por este marco que hierve en la memoria
que ya no será mía,
ya no persigo hallarlos en los pétalos marchitos de mi alma
ni prendidos al viento que muere con la tarde.

Apartaré mi voz
sin dejarla abierta en  la herida que tiembla
escondida en un recuerdo ardiente,
sin esperar que fluya
en las ramas del tilo que brillan en primavera,
sin poder transcribirla por culpa de mi mente
que no quiere encontrarla si no es para el cuidado
que no vi
cuando ascendía a los abismos,
que no sabe llamarte y aún en la sombra hiere.
Apartaré mi voz para que tú la abras
en el recuerdo tierno que tengas de mi amor.

Si oscurece el sol, si la sombra brilla,
si la vida no ofrece
más que un único camino minado  de reproches
y lamentos,
si la ingenuidad lleva a la muerte
a quien cree con los ojos cerrados
en la bondad primigenia de los hombres,
si las huellas volvieron con las quejas y sin el pan
confesaré que el destino se burla sin piedad
del sueño legítimo y necesario de los pobres
y masacra sin desvelo
el delirio pueril de los poetas.

 





                                                       9



                                               Sacerdotes



He pensado mucho en Ramón Ataz en estos días, en cierta forma muchas de las cosas que he escrito han podido verse modificadas por la impresión, difícil de explicar, pero cierta, de pesimismo valiente lleno de esperanza que me ha dejado su despedida. Reconozco que al escribir éste que os presento, el más osado de todos los que he escrito puesto que en su búsqueda olvidó que existen las cuerdas y las redes o que siempre puede haber un lugar seguro donde guardar la ropa antes de mostrar una herida, su recuerdo era vago y difuso.



Pero no puedo reprimir mi admiración hacia un hombre que no solamente sabía latín, estoy casi seguro de ello, sino que lo amaba, de eso no me cabe la menor duda, y lo mostraba siempre con la humildad del peregrino iluminado, nunca se subió al púlpito para hacerlo. La causa de que no le dedique el poema abiertamente no es otra de que me queden muchas dudas de que el poema esté a la altura de lo que él merece.





Por pasar, puede ocurrir de todo en esta vida,
tan monótona y siempre abierta a la sorpresa.

Este poeta que se burla de su sombra y el destino
podría ser bendecido por el pueblo
que le volvió la espalda cuando necesitaba
calor en el largo invierno que su alma fingía
y algo esperaba
mover en las conciencias con su aullido temerario,
mas no por el sacerdote
que desde la primera fila podrá ver
las arrugas profundas que el hambre
y la verdad habrán labrado.

No es algo que yo diga,
es por todos admitido,
cada cual en su escenario despliega lo que tiene,
y ya sabe el actor que vive por las mujeres
que, casi nunca, visitan el camerino
cuando se apagan las luces.

Desconfía, Horacio,
incluso de aquellas almas delicadas
cuando se olvidan del hombre e imponen con voz
condescendiente el brillo de su sotana,
ellas no soportan el verbo temerario
de quien ya no sabe lo que dice,
pero en sus metáforas absurdas les recuerda
el origen de la miseria de sus triunfos.