viernes, 10 de julio de 2015

Insistencia en la herida (Poemario)



Ahora vives en mí aunque no estés te siento
como luz en mis sombras, sueño en mis quimeras.

1

Derrota          

Yo quería vivirte y que tú me vivieras.


Las notas del poema que llegaba a tu oído
se acercan a tu paso, se visten de tu aroma,
se pierden en tu alma
ahora que navega
en la tinta borrada por tu propio recuerdo.

Aunque no te lo diga y no busque tus manos
sigo pensando en ti
como el amor de siempre
porque vuelvo a tu piel en el bajel hundido
que ha surcado los miedos antiguos que guardamos,
porque piso las calles que fueron nuestra vida
como un poeta ciego
que muere en el destino y canta a la tristeza,
porque te reconozco
en mi sueño y mis ansias,
porque miro la esquina por donde aparecías
mostrando dolorido los estragos del tiempo.

Porque voy caminando sin rumbo hacia tus brazos
y no tengo palabras
hermosas que ofrecerte,
he perdido el pudor de admitir mis errores,
he apagado la llama que brotaba en mis labios
ahora que las llagas del pecado se muestran. 


2

Ya no mueren los labios lejanos que tuviste
en el rubor sin rostro de una lágrima amarga
que cae en el espejo de una sonrisa triste,
una fragancia muerta, una esperanza herida,
un árbol arrastrado por las hojas del tiempo.

He perdido tu gracia, el ritmo de tus brazos,
los libros que guardabas en el desván del viento,
tengo sangre en las alas
y el corazón perdido,
una corona mustia que insiste en los reflejos
de aquellos versos largos que huyeron de mi alma.

Ya no busco en las sombras el aura de tu rostro,
tu cintura prendida en un deseo que hiere,
la luz de tu recuerdo en las calles vacías,
pero sigo surcando
el mar de tu mirada. 


3

Insistencia en la herida

¡Aquella inspiración, aquel pulso sin alma
tocaban tus cabellos, tu despertar de dudas,
tus piernas de quimera, tu hambre de mañana!

Te amé con mi chaqueta, mi ausencia de ventanas,
te amé, te amé sin freno, tamaño ni medida.

Como una herida abierta gocé tu humor de lunes
tu reino sin corona, tu voz de sacrilegio,
y sufrí tus caricias.

Paso como un olvido,
una avecilla, un drama,
y no quiero firmar partes con mi fracaso,
no quiero acariciar la sombra de mi pecho
ni amanecer herido
con tu nombre en los labios.

Insisto con tu queja, tus excesos, tu risa,
el rostro que llevaste en una tela ardiente,
la canción que tejiste del sueño de tus manos.

Insisto en el aroma tierno de tus caderas
que se adueñó del aire
y vendrá adonde vaya,
en el mirar sonoro que me llevó al abismo,
la llama que elevaste cerca de mi locura.


4

Hoy tengo que arrastrar



Hoy tengo que arrastrar esta carga de dudas,
este mirar tan triste que se pliega en los astros,
sigue la enredadera
verde de los silencios
en el puerto vencido sin alba en el poema
que escribes en el antro donde nada te inquieta.

Yo en esta claridad que traspasa mi pecho
en la ciudad que sigue sin luz en la memoria,
conservo las palabras de amor que me dijiste,
enhebro los espejos oscuros de tu rostro,
escribo cuando llega
el misterio que duele,
hurgo en la soledad de los versos sin brillo. 


5

Ya escucho aquellos versos como si fueras otra,
como si hubieras ido
a traspasar las dudas de los mitos de piedra.

Pero yo estoy aquí, en el árbol, la fuente,
en tus ansias de sol, en flores que no hablan,
en estrofas que anidan alma de soledad
sin buscar un poema que destrone los llantos,
sin encontrar el ritmo, sin ver una palabra.

Ya escucho tu sonrisa en el mar que se aleja
y busco en otra playa de tu arena la orilla,
vivo como un olvido flotando entre las aguas
que se alejan de ti, sin poder detenerte.


6

Quizás nunca más vuelvas a llevar el vestido
de nuestra madrugada
en un campo de luna,
ni muestres el sendero en el que ardió la noche,
ni evoques la arboleda donde el mirlo jugaba.

Porque hoy me detienes
en el umbral del sueño
que se hunde en la duda que crearon los pájaros,
porque hoy el carmín tus labios no desborda
y hay folios en tu cama, sin firmas ni palabras,
porque busco tu luz en las calles oscuras,
el amor en tu estela, la voz en tus fracasos. 


7

Nocturno de las Huertas


Insisto en el bolero
que expiraba en la noche
de balcones abiertos y una estrofa asustada,
insisto en los teatros empapados de sueño,
en el recuerdo roto
que reposa en el suelo donde Bécquer soñaba
oscuras golondrinas,
en las flores perdidas de los escaparates
cuando Brecht esperaba la llave de tu ausencia,
la cuerda que rompiste para tejer tu olvido.

Insisto en la pasión de Peckinpah que asalta
el último desierto con amarga sonrisa,
de Fassbinder viviendo la angustia de un esquema
de tu letra temblando sobre un pájaro herido,
en la triste elegancia negra de tus zapatos,
en hojas agolpadas en aceras sin rima
que llevaron tu firma hacia ningún destino.


8

Mi elegía


¡Oh, ramas de licor que me llevan al borde
y salpican las gotas sin dueño de tu esencia!

¡Oh cortina sin velo, serenata sin canto
donde amaga tu rostro y muere mi silencio!

¿Estoy despierto o sueño con hombres que pasaron,
con cartas que no firmo, con adioses tan tiernos
que llegan a mi alma y no puedo entender?

Hoy quiero despejar de los muertos la sombra,
la voz de tu tristeza, creer en el futuro.

Desvarío en mi rumbo, mi vieja dirección
donde aún vagan los patos salvajes de la noche,
insisto en mi elegía;
nadie quiere leer
los poemas que escribo
en el viento sin rumbo de tu amor que gemía,
nadie quiere llegar al puerto de mi duda,
con la luz ahogada de farolas inquietas
oscurece el enigma de tu alma cambiante
sobre los adoquines donde suenan los saxos.


9

Insisto en los acordes  de la guitarra oscura
que duerme entre los labios de un trovador que llora,
en los muelles que añoran de tus barcos la ausencia,
en la torre que muere prisionera en los muros
de las alas azules que cortaron tus pájaros.

Pues hoy la tierra gime y no tengo tu acento,
pues hoy me precipito sobre la huella inquieta
que tu orgullo fingía
y tu amor abrigaba
sobre la sombra errante  del pino solitario
que arrinconó el delirio de una rima candente
y recogió tu vuelo de palabra encendida.

Quiero romper las nubes que tus ojos miraron,
vivirte en la fragancia de las horas que pasan,
en la niebla que brilla entre los farallones,
arrancar el nocturno de Chopin de tu pecho,
acariciar tu herida como si recordaras,
como si fueras vida,
como si fueras viento.


10

Epílogo


Desgarro en mi silencio la voz honda de un bardo
el mar donde soñabas ser una bailarina,
los árboles cansados a cuyos pies pensabas,
desgarro este misterio
donde mi amor crecía.

Este vagar sin luz que no encuentra tus ojos,
este trote sin ritmo que me lleva a tu paso,
este sentir tu verso sin poder encumbrarte
se agolpan en mi mente,
insisten en tu rostro.

Insisto en tu caricia dulce como un racimo,
la llama de tu herida, la voz de tu presencia,
insisto en la alborada
donde cantaba el mirlo,
en tu pecho temblando, tus manos que gemían.

Insisto en tu sonrisa que alentará mi huella
en el amplio salón que guardaba tus besos,
los visillos abiertos que secaban tus lágrimas,
en tu amor que aún me duele,
tu sombra que se acerca.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.