domingo, 23 de noviembre de 2014

Ya no sé qué decirte



Ya no sé qué decirte,

he ahondado en mi duda y me veo como siempre,

como un novio amputado del tumulto y las flores

que no encuentra calor

en sus miembros perdidos,

como un tonto exiliado del amor y el deseo

que añora la fragancia de un verso temerario.



Ya no sé qué decir de tu perfil sin sombra;

esta lengua de fuego ha de esperar dormida.

He surcado tu herida con palabras que eran

confesiones que nunca

quise haber pronunciado.



Amparado en la noche,

creyendo que sus manos cubrían mi mirada,

te explicaba las causas de mi huida al vacío,

mientras esos milagros que quería invocarte

volvían al sepulcro del que nunca salieron.



Mi lecho, situado detrás de la frontera,

aguardaba el dolor de mi cuerpo angustiado,

cuando el corto camino se hacía interminable.



 Intuía que la vida debía ser de otra forma,

que nunca conocí la calma del vencido.

Mientras nubes y rosas yacían en el oeste

no supe qué decir por despertar tu orgullo.

My back pages




      La fama ya no es aquello por lo que venderías tu alma sino aquello que maldices porque te impide tomar un café en el bar de la esquina mientras escribes algún verso de amor en una servilleta que acabaría manchada por el cerco que dejara el vaso sobre la mesa. Precisamente porque la chica a la que le diste tu número de teléfono el otro día debió perderlo, te acuerdas de María C., ya no sabes quién es, quién se esconde detrás del enigma de unas piernas y el fulgor de unas medias desgarradas por las manos de la lumbre y del deseo, por el pañuelo agitado por la fragilidad de las ramas descarnadas que duermen en los brazos de una presencia ausente.

   ¿Quién evocará los acordes inaudibles de la nada cuando le pregunten por Robert Zimmerman? Bob Dylan es distinto, todavía mira la acera donde cantaba las preocupaciones de un joven que se había dado cuenta de que la música estaba cambiando, que pensaba con determinación y coraje que no debíamos bailar al ritmo doctrinario de los dueños de la fiesta, estaba bien proclamar la rebeldía con la gabardina nihilista de James Dean soportando el aguacero o evocar con una lágrima sentida la frescura y la sonrisa de Buddy Holly cuando cantaba cada día, pero hay que hablar de problemas que afecten al conjunto de la sociedad y que nos implican en el perverso mundo de los mayores, dejamos atrás a Peter Pan, hay demasiadas reinas de corazones y este mundo nuestro no es el país de las maravillas.


       Hay quien pasa a la historia por escribir un solo himno, hay quien años después maltratará sus prístinas canciones cada vez que las interprete diciendo que le pertenecen, como ella que se quedó dormida para siempre, sin identidad, su nombre sepultado por el paso de las horas que no se marcan en el reloj de la plaza abandonada donde los recuerdos lloran, así suelen ser los sueños cuando los dejas escapar. Es muy difícil tocar con las manos el Paraíso y comprender que no eres Dios, despertar para darte cuenta de que tu pesadilla más perversa y difícil de dejar atrás eres tú mismo; lo peor que le puede pasar a un genio es encontrar el triunfo y tener que gestionar una encrucijada de inspiraciones entre una maraña de seguidores enfervorizados y enloquecidos. ¿Cómo puede ser de uno una canción que se escribió hace ahora cincuenta años y permanece en la memoria de un tiempo que no es de nadie y es el nuestro? ¿Llevaba razón David Bowie cuando te decía que tus poemas habían quedado para siempre escritos en las paredes de nuestras conciencias?



(23 de Noviembre de 2014)


sábado, 22 de noviembre de 2014

Déjame respirarte




Déjame respirarte
en la última tarde
que no tengan tus ojos
vestigios del amor.

Déjame ascenderte
en mi delirio alado,
para que pueda ser
albatros en tu risa.

No he perdido la llama
oscura de tus labios,
no he perdido tu pelo,
no te he crucificado.

Sigo en el camino
donde encontré tu huella.
Son tan largos los clavos,
tan frescas las espinas.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La primera estrofa en una canción de Serrat.


Francament
m'hagués agradat molt més
que hagués estat primavera
i que la primera
fóra aquella nina rossa,
prima i pigarda
que cada tarda
pujava amb mi al tramvia
quan el jorn s'endormia.




       Desde que lo encontré en 1971 con Mediterráneo y lo perdí en 1976 con "Para piel de manzana" un disco casi tan bueno como aquél pero olvidado hasta por muchos de sus incondicionales, tuve a Joan Manuel Serrat como una de mis referencias como cantante y también como poeta. Me gustaba tanto que no tuve ningún problema en comprar o pedir que me grabaran algunos álbumes suyos, no le di mucha importancia a que algunos de ellos fueran en catalán. Suelo seguir escuchando a Serrat, viene bien detenerse en lo que dice y como lo dice, comprendo que hubiera mujeres de un barrio humilde como el mío que lo hubieran querido tener como hijo, comprendo que más de una muchacha temblara por él cuando lo viera alejarse con la guitarra al hombro, que pareciera tan cercano, tan abierto con esa sonrisa un tanto pícara y tan tierna que uno hubiera querido tenerlo como compañero en una partida de mus y contertulio en las noches de verano en la puerta adentrándonos en el misterio de una estrella parpadeando en el cielo azul oscuro.

       Esta canción pertenece a "Per el meu amic" (Para mi amigo), grabado en 1973, sin duda uno de los mejores discos de Serrat. No me gusta demasiado el tema central de la canción que he elegido para dar fe de ello, ni como lo trata, cuando intentas ser demasiado sincero y dices cosas que van en tu contra nadie te acaba creyendo del todo, pero la música es deliciosa, está empapada por aquella voz que hacía sentir y la primera es una de las estrofas más hermosas que yo recuerde de toda la música española.

jueves, 20 de noviembre de 2014

The Beatles - Julia.

La mitad de lo que digo no tiene sentido
pero solo lo hago para llegar a ti, Julia[1].
     
        Sé que a veces hablo como si tuviera comunicación directa con John Lennon, y esto lo digo como si hubiera alguien que pudiera advertirlo. Pero no, parece que he dado un paso adelante y algo que me parecía patético cuando lo advertía en Rafle[2] a pesar de su grandeza, hablar y seguir hablando aunque nadie te escuche e incluso cuando ponen un gesto contrariado, empieza a ocurrirme a mí y ya no me importa, debe haber algo bueno en ello cuando Rafle lo hacía. 

  
       Julia es una canción muy especial, una de las joyas, como Blackbird[3] o When my guitar gently weeps[4], del Álbum blanco, un disco irregular pero con canciones impresionantes que se vuelven más atractivas para los seguidores del cuarteto de Liverpool en tanto que algunas de ellas no son demasiado conocidas por el gran público.

Imagino que para Lennon no debió ser fácil escribir esta canción ensoñadora y entregada a la mujer a la que se la dedica; su madre. Las razones son demasiado obvias, Julia era una persona con muy buen carácter y con mucha suerte en alguna de sus decisiones, ella le regaló a John su primera guitarra, pero distó mucho de ser una buena madre; irresponsable, enamoradiza, caprichosa, abandonó la educación y la crianza de este genio en ciernes a su estricta hermana y a su cuñado, quien sería un amigo con el que John frecuentaba los cines para ver películas del oeste, y a quien le unía íntimamente compartir la misma cruz.    

       Julia murió atropellada cuando Lennon tenía 17 años y parecía haber vuelto, eso era lo que él quería creer. Los biógrafos de Lennon parecen querer dar más dimensión a la tragedia cuando recalcan que el coche que la arrolló era conducido por un policía borracho, eso sí, al menos estaba fuera de servicio.



[1] Half o what I say is meaningless / But I say it just to reach you, Julia.
[2] Rafle: entrañable amigo y lector compulsivo, su vida estaba en la lectura en la lectura de los grandes autores en un entorno que estaba lejos de comprender sus inclinaciones.
[3] Blackbird: Mirlo.
[4] Cuando mi guitarra dulcemente llora. 

sábado, 21 de junio de 2014

La calle

Oscuro callejón perdido en el tormento,
divagar sin salida
donde tropiezo y vago como una mariposa
empapada en el polvo que no tiene camino,
en el rostro sin alma de una esperanza muerta.

Este taró y el viento sin fuerza que persiste,
estas reminiscencias de muerte entre las alas  
son como los recuerdos que nunca se marcharon,
que nunca se escribieron y sufren en el alma.


Como un sueño abortado de agosto en las escenas
de Fellini que busca la muerte en el pasado,
en bambalinas rotas, en guirnaldas sin flores
y en el toldo mojado de un carrusel fingido

¡Ay, no te acuerdas , Laura, de la risa del Mato!,
No sabe estar callado este pobre poeta
y Zampanó se enfada y ejecuta a la risa,
y no quiere escuchar
aquella melodía tierna de Gelsomina,
esa triste condena que navega en el aire.

¿Ya no te acuerdas, Laura? Esa tarde de Agosto,
ese calor intenso, la pasión que rimabas,
nuestra ventana abierta recogiendo la brisa,
el sudor en tu espalda, tus piernas enlazadas.


El viento de levante detenido en  el aire
ahonda en el clamor de una sonrisa amarga;
reivindico la risa cuando todo se pierde,
reivindico el amor ciego de Gelsomina
hacia lo que se mueve, respira o acompaña
este extraño vagar por la herida que muere
en la vida sin rumbo de los volatineros,
en las almas errantes que no tienen camino.

El salitre que llega desde los espigones
acaricia la piel que refugio no encuentra,
insiste en el dolor que no tiene consuelo,
en la muerte que viene a expandir su dominio
en la playa tendida donde lloran los pobres.

Esta paz que se muestra sin arte y sin desvelo
hace que piense en ti, en tu amor militante,
en tu lucha sin tregua por alcanzar la luna,
en las olas que tiemblan ante tu voz serena.

Abrazo la esperanza tierna que me quitaste,
me enamoro del mar que se moja en tus ojos
y hace que me emocione  siempre con tu misterio
y llore la canción triste que me cantabas.

lunes, 9 de junio de 2014

En un límpido embate de vodka destilado


I died a hundred times, 
You go back to her
And I go back to black.
(Amy Winehouse)




He muerto cien veces,
tú vuelves con ella
y yo a las tinieblas.


En un límpido embate  de vodka destilado
me sumerjo en la tarde que muere en la bahía,
sufro porque no puedo desear unos ojos
y no tiembla mi cuerpo como una estrella errante.


Se me ha ido el amor, y ya no sé llamarlo
¿en qué calle estará
el ansia desmedida de besos de tus noches?
¿a qué puerta sin llave caminará tu olvido,
tu larga ausencia herida por no seguir tu paso,
tu ineludible imagen de muñeca asustada?

Tu colchón de verdades roto por el silencio
alienta la tristeza de un pasaje rendido
al mundo de los otros que no sabe acunarte
ni escuchar la palabra que presagia tu muerte
en la orilla sangrante del laurel del vencido
que agoniza en el miedo a la vida que vibra.

Tu canción de cristal  en los escaparates
busca una nueva luz que abrace lo perdido,
tu palabra en la alcoba de la sentencia mustia
vuelve a las amarguras de los días sin huella

 y a las flores que gritan en el rimmel corrido.

Se me ha perdido el arte y no encuentro la senda
para volver atrás, atrás cuando pensaba
que había sentido en ti  una verdad profunda,
profunda y transparente que ignoraban los otros,
que latía en tus élitros proclives al abismo,
que rompía el contorno de las horas marchitas
que querías matar y mi pecho anhelaba.

Que era suficiente pensar en tu destello
para cruzar los puentes  rotos y desolados
que cada día hablaban del mundo y los azares,
del mar de la derrota que batía en mi rostro,
de la leyenda herida, del amor que dejaste
atravesando calles y no encuentra el recuerdo
de la ninfa frustrada en un sueño que duele, 

de la voz que gemía
en un soul encubierto, marchito, amortajado.

lunes, 2 de junio de 2014

¿Recuerdas que querías ser John Lennon?



         A Alfonso Sibajas (Un soldado de la paz y el amor), después de escuchar una vez más In my life. Sabía que tarde o temprano tendría que volver a encontrarme con él. También con el muchacho a quien le hablaba de Nietzsche.




       Los hombres que no tuvimos madre,  o  sentimos con un dolor desgarrado que así es, con la fragilidad de una sonrisa estúpida que no se sabe de qué abismo de la tristeza sale, hacemos pensar  a menudo que amamos a todas las mujeres, alguna de entre todas ellas nos ama aunque piense que estamos locos, a pesar de todo, y, en contra del desprecio sin límites que sentimos hacia nosotros mismos, en ella encontramos a la madre y a la amante que nunca tuvimos. 

(Publicado el 2 de Junio de 2014)

lunes, 21 de abril de 2014

Te besaré algún día - Recitado



      Te besaré algún día, recitado por Manolo, lo conocemos como el de la Biblioteca de Humanidades. Lo había visto un par de veces antes y gentilmente se ofreció a recitar este poema, lo hizo dos veces, desgraciadamente la primera lo hizo aún mejor, pero se la tomó como un ensayo y no se grabó.