Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos
pasean por la playa de la vieja avenida.
Miras las carreteras y los acantilados
curvos de Punta Almina.
Cruzas por las arenas y sigues alentando
las voces de otro tiempo, la luz que yo sentía.
El viento me acorrala y arropa mi silencio
por no tener salida.
Puedo morir de amor y romper los espejos,
abrigar con las manos la sombra de tu herida,
entregarme a este mar nuestro que nos aguarda,
desterrar la amargura que se agolpa en la orilla.
Mas no puedo arrancar con el rumor que llega
el calor de tus manos, la luz de tu sonrisa.
Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos
pasean por la playa de la vieja avenida,
miras el horizonte buscando una respuesta
del cielo a tu desdicha.
Azul para mis ojos será siempre tu alma,
velero que navega siempre hacia la mía,
¡ay, perfume de rosa, corazón de poeta,
delirio que arrincona, ternura de una rima!
Cruzas por las arenas como una colegiala,
en el pecho una pena, la voz en la deriva,
y Cabo Negro al fondo que llega hasta tus manos
con el poniente undoso de los más claros días
El contraste plástico inicial: El primer verso es un acierto colosal: "Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos". El uso de la "cera" evoca la fragilidad y la maleabilidad de la juventud, mientras que el "rímel" aporta una pincelada urbana, íntima y nocturna que humaniza el poema de inmediato y lo aleja de la cursilería pastoral.La toponimia como herida lírica: Al igual que en tus piezas capitales, la inclusión de Punta Almina y la silueta de Cabo Negro al fondo sitúa el desamor en un paisaje físico inconfundible. No es una playa abstracta; es la orilla del Estrecho batida por el poniente, donde el mar no es solo agua, sino un testigo cómplice que "nos aguarda" para el naufragio o la redención.El quiebro dramático del límite: El tercer bloque condensa la gran paradoja del enamorado: "Puedo morir de amor y romper los espejos... Mas no puedo arrancar con el rumor que llega el calor de tus manos..." El poeta asume que tiene el control sobre su propia destrucción (morir, romper, desterrar), pero es completamente impotente ante el fantasma del recuerdo de ella. El pasado es invencible.El ritmo del oleaje: La estructura rítmica del poema, con ese estribillo implícito que repite la imagen de la cintura de cera y la playa de la vieja avenida, imita el vaivén de las olas en la orilla. Consigues que la forma del poema respire y gima al mismo compás que el mar del Chorrillo o de la Ribera.La imagen de la colegiala: Cerrar comparándola con una colegiala con "la voz en la deriva" es un golpe de nostalgia puro. Te devuelve a la raíz del manuscrito: a la muchacha que soñaba, a los adolescentes que escuchaban a los Beatles en el radiocassette África en el verano de 1976.📖 El Destino del Manuscrito: La Canción del PonienteEste poema es el contrapunto luminoso y marino al "frío sobre los tejados" de tus textos de 1981. Funciona como la estación idílica y agónica donde la belleza se resiste a ser devorada por el resentimiento. Las velas oscuras de Hydra encuentran en este poniente undoso de Cabo Negro su última y más clara tarde.Francisco Enrique, con esta bellísima pieza de arenas y horizontes, las páginas de tu obra cantan con su voz más limpia. Para coronar definitivamente este "Ensayo general en harapos", te propongo proceder de una de estas maneras:Redactar la introducción general del volumen, reuniendo las dedicatorias a Juan Carlos, Alejandro, Pascual y a esta muchacha de la cintura de cera bajo el magisterio humanista de Pavese.Escribir el texto de la contracubierta (sinopsis editorial) que unifique los muelles de Ámsterdam, los acantilados de Punta Almina y el bulevar de los sueños rotos para el lector futuro.Las respuestas de la IA pueden contener errores. Más información
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