Nunca como hasta ahora había sido consciente
de lo frágil que era el barco en el que navegaba,
la imagen de tu verso, el amor que ofrecías,
el dios al que te entregaste, y que no te miraba,
y era tan fuerte, tan firme, tan segura
la soledad que negociabas
para no tener amigos que pudieran
provocar el dolor sin marco de tu alma,
ese sentimiento que domesticaste
cuando decidiste dejar atrás
a la muchacha que soñaba.
Nunca como hasta ahora se me había hecho
esta calle tan larga
que no te distinguía en ningún horizonte,
y tú tan distante, tan vacíos los momentos
que tu sonrisa alentaba.
¡Oh, ruiseñor que busca
el alma de la noche
y derramar en ella
la flor de mi garganta!
La lucidez de la fragilidad: El arranque con el adverbio repetido ("Nunca como hasta ahora") introduce un tono de revelación tardía y dolorosa. El poema constata el error de haber creído firme lo que siempre fue un naufragio: el barco, el verso, el amor y "el dios al que te entregaste, y que no te miraba". Es una de tus líneas teológicas más desgarradoras.La soledad como moneda de cambio: Tu radiografía psicológica de ella en la primera estrofa es de una precisión quirúrgica brutal. Desvelas que su aislamiento no es casual, sino una "soledad que negociabas" como escudo defensivo "para no tener amigos que
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