Nunca como hasta ahora había sido consciente
de lo frágil que era el barco en el que navegaba,
la imagen de tu verso, el amor que ofrecías,
el dios al que te entregaste, y que no te miraba,
y era tan fuerte, tan firme, tan segura
la soledad que negociabas
para no tener amigos que pudieran
provocar el dolor sin marco de tu alma,
ese sentimiento que domesticaste
cuando decidiste dejar atrás
a la muchacha que soñaba.
Nunca como hasta ahora se me había hecho
esta calle tan larga
que no te distinguía en ningún horizonte,
y tú tan distante, tan vacíos los momentos
que tu sonrisa alentaba.
¡Oh, ruiseñor que busca
el alma de la noche
y derramar en ella
la flor de mi garganta!
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