sábado, 12 de septiembre de 2026

En la soledad del amor y la muerte

 it depends on that I've been drinkin'

(Amy Winehouse – What it is)

Te diré lo que quieras escuchar,

depende de lo que haya bebido.


Es solo un sentimiento que penetra en la noche

donde encuentras un hueco

para tu corazón

inseguro y ardiente, perdido y desolado,

es tan solo un espejo que no quiere mirarte,

una luz que se extingue,

es tan solo el destino que espera en las cortinas

y atraviesa la calle de una ninfa innortada2,

y mientras en el aire

se expande el humo espeso de una larga tristeza,

de unos versos sentidos que llegan y se pierden

en la voz del poeta que sufre los delirios

turbios de la deriva que duele y arrincona,

y en una estancia mustia escribe para nadie.


La marea vendrá a llevarse los restos

del último jarrón que adorne tu mesita,

los fragmentos revueltos de un escritorio amargo,

el temible naufragio del licor en tus venas.


Es la muerte tan triste, se siente tanto miedo

que no puedes gritar, articular palabra,

escribir un deseo, pensar en el amor,

desterrar el sudario que te inunda en las sombras.


En la soledad del amor y la muerte es una frase que pronunció el poeta galés Dylan Thomas.

Innortada es un localismo ceutí, en este caso significa desorientada.

Nueva elegía urbana


Permite que me duerma sobre el césped

lejano del jardín ya clausurado

que yo llamé alegría...

(Arturo Maccanti)


No sé si volveré desde esta tristeza

a mirar los lugares que frecuentabas por la tarde,

si podré escribir sobre la imagen de tu vuelo

ahora que no la reconozco

en las mismas mareas que remontamos,

ahora que estoy perdido en una nube que no sueña

como un espejo roto que se ha quedado sin luna,

como una mirada que no puede ver la aurora por el llanto,

un candelabro sin luz en un pasillo sin ventanas.


Porque la ciudad se ha ido alejando de nuestros pasos

las calles ya no tienen la misma dirección

que tuviera la alegría

y el viento parece soplar siempre del Este

con el ritmo espeso y anodino de los poemas mutilados

entre la sombra entrecortada

de una carta de amor que no encuentra

sentimiento en el remite y un corazón de papel

con su ruido de cristal entre los cortes de la tierra.


Caminamos por aceras

que ya no levantan la voz de una memoria

entre los pétalos de los claveles consumidos en las rejas del pasado,]

entre veleros que buscan la sangre

renovada y esparcida en los rumores de otros atracaderos.


Unos versos caídos en el alma de la noche

me recuerdan la soledad del mundo cuando no estás,

la tristeza de una so

nrisa que no encuentra tus labios.


Ensayo general en harapos


Leonard Cohen se pone su traje gastado y lo plancha, con la misma delicadeza que los sacerdotes profanan la enseñanza de los profetas a la que reducen al rito, porque la vida le empuja a hacer un ensayo general de su propia decadencia moral, para hablar con un tono dolorido y asustado de la derrota incondicional y profunda contra el paso del tiempo.

Como es su costumbre cuando quiere llegar a cualquiera que desee tocar su frente arrugada, las llagas de su costado, Cohen se rodea de palabras cotidianas, de imágenes cristalinas al alcance de todos los oídos que quieran verlas y tocarlas.

Pero a través de su sencillez expositiva y la claridad de su verbo crea un intrincado enigma que pone a prueba nuestra capacidad de razonamiento para demostrar que desconocemos lo que es de sobras conocido y a lo que no se ha hallado nunca una respuesta convincente; ¿Adónde va el amor cuando muere? ¿Por qué seguimos cantándole como si fuéramos un tenor tembloroso y perdido en los brazos del licor, arrinconado entre la nocturnidad de una parranda y el dorado anonimato de los momentos que siempre se recuerdan porque en ellos hemos logrado vida cuando nuestras aspiraciones,-sexo, dinero y poder-, eran insignificantes?

Una trascendencia hiriente, que golpea los iconos de las equivocaciones recurrentes, nos dirige a un paseo inquietante y purulento por las sombras del resentimiento y del dolor.

Ya nunca será el muchacho que soñaba a través de las canciones, nunca volverá a levantarse del suelo para transitar por un pedestal en el que no podrá creer cuando los astros se hayan apagado. Después de haber odiado de todo corazón, aunque fuera una sola vez y un solo instante; porque es el único pecado que cabe la posibilidad de que no tenga redención posible. Ni siquiera basta el amor por sí mismo para que sonriamos como un adolescente embarcado en un romance placentero que no llegó a florecer pero dejó la frescura de su aroma, la melodía de las canciones que escuchábamos para situar ese tiempo en la memoria.

El cronista de los perdidos, el poeta de los desamparados, el amante lacerado por las alambradas y sus coronas, el hombre que tomó por la cintura a la tristeza para mostrarnos la injerencia en nuestras vidas del monstruo de cemento enamorado del desamor cotidiano, ese que ha creado los vestigios indelebles que surgieron del fracaso de las revoluciones y la llegada de un consumismo voraz, superficial y desordenado para alertarnos de la soledad de los mártires ante la incomprensión de los verdugos cuyos rostros aparecen con regularidad en las portadas de los periódicos como héroes implacables, ante las encrucijadas dolientes de la avenida del alma, la fragilidad de los más grandes profetas ante un mundo que no ve aunque mira, que no escucha porque la multitud se apoderó del desierto de la indiferencia y grita más que los vientos del sur cuando cruzan el mar, ante la certeza empírica de que la muerte nos encuentra siempre y la vida transcurre, y pocas veces la hallamos para sentir aquello que hay de eterno en la brevedad de las lamentaciones cuando son verdaderas.

El poeta sabe pocas cosas, pero expresa mejor que nadie la incompatibilidad entre la felicidad y la libertad, el poeta es un albatros pero hay escribidores de versos que permiten burlarse de Baudelaire[ii], manchar la pureza melancólica del Darío[iii] más inspirado.

Pero apenas puede explicar, quizás porque no tiene cabeza ni sentido[iv], por qué busca la felicidad pero, en cambio, concentra todas su fuerzas en perder una guerra cierta cuando lucha agónicamente por ser libre. Los alemanes refiriéndose a los románticos de su país dirían que así de trágico es el destino del poeta. Cohen camina en esa estela, sabe que el fracaso genera angustia, pero también sabe que la gloria de los triunfadores es más amarga aún cuando se gestionan mal las mieles, cuando nos embriagan los laureles con el peor vino de mesa que siempre deja una resaca dolorida.

Pocas veces el señor de los tristes se mostraría más turbio, pesimista y desesperado[v]. Pocas veces una estrella puede ser tan injusta con las tinieblas de su propio resplandor. Pasarán muchos años para que se comprenda que canciones de amor y de odio es un disco que podría haberse escrito hace más de dos mil años, Catulo[vi] es testigo de ello, y también en un futuro por muy lejano que fuere mientras el hombre sea capaz, a regañadientes, de mirar, aunque sea de soslayo, sus propias entrañas y admitir que alguna vez no fue bueno y que llevará esa cadena para siempre en su expediente.

Solo el amor permanece decía Violeta[vii] ¿y qué podemos decir cuando, con cualquier excusa legítima o peregrina, preferimos la persistencia del odio?

Leonard Cohen no estaba, en ese momento de su vida, después de dos obras deslumbrantes y la inquietud desconcertante de quien vislumbra una edad en la que el chico de oro siente miedo cada vez que mira los surcos de su rostro, palpa con los ojos su piel envejecida en el espejo, cuando decide publicar, echando todavía un vistazo al material acumulado durante años, un disco tan oscuro que solo sería superado en sus ansias de tinieblas por las ruinas de Berlín[viii] que vería la luz, por agarrarnos a un tópico, un par de años después para enfrentarse a una injusticia permanente.

Pero Cohen no quiere recrearse en lo logrado, tiene una madurez insólita en el mundo de una música casi adolescente por entonces, ya que no pueden consolarle los beneficios de plástico gastado y la pérdida de caricias verdaderas inherentes a la fama mientras su juventud se consume sin remedio y para siempre, sino perseguir lo perdido aunque sea en la agonía, y las fuerzas le hayan abandonado.

Se había llenado de noche para buscar la luz a través de la desesperación de las habitaciones que acogieron el deseo de unos cuerpos exultantes y los recuerdos siempre gratificantes del comienzo de una pasión. No nos podía hablar solo de amor porque había yacido en la cama con muchas mujeres de las que apenas había conocido cómo llevaban el cabello y cómo desgastaban un sujetador que no sostenía nada y lo inútil que son las suelas de los zapatos cuando nos llevan al infierno de las grandes ciudades que gritan la opacidad y la impotencia de los poetas callejeros a los que, probablemente, ni miraba cuando pasaba de largo ya que le asustaba pensar que ese destino, quizás, le había estado reservado mientras sonaba la campana. Pero se cruzó la muerte de un payaso melancólico en el camino. Ya no podría nunca más abrazar una guitarra española sin sentir escalofrío, ya tendría que hacer obligatoriamente su exégesis intransferible e inmensa del "Pequeño vals vienés".


No tendría que sonreír cuando alguien le dejara tres dólares en el sombrero cuando le ofreciera con la exclusividad del abandono el "Tennesee Waltz" que previamente le hubiera solicitado para hacer que corriera una lágrima por las mejillas de una novia de alquiler que aún soñara con vivir un gran amor aunque muriera.

*** *** *** *** *** *** *** ***

(I) Like a bird on the wire / like a drunk in a midnight choir / I have tried in my way to be free. Como un pájaro en los cables / como un borracho en una ronda nocturna / he intentado ser libre a mi manera.

[ii] El poeta es igual, allí sobre cubierta / sus alas de gigante le impiden caminar. (Charles Baudelaire)

[iii] El dueño fui de mi jardín de sueño, / lleno de rosas y de cisnes vagos; / el dueño de las tórtolas, el dueño /de góndolas y liras en los lagos.. (Rubén Darío). El poeta hispano-nicaragüense fue una buena persona que hizo cosas horribles que solo están al alcance de los perversos, quizás fuera su admiración desmedida por Paul Verlaine a quien superó de largo en eso de las rimas y de quien quedó lejos a la hora de esculpir barbaridades.

Bardem estuvo maravilloso cuando en “Lorca: Muerte de un poeta”, hizo que le brillaran los ojos al poeta granadino al evocarle.

[iv] Siempre he pensado que el Espantapájaros del Mago de Oz representa muy bien lo que significa ser poeta. Es algo parecido a cuando Rubén Blades nos explica lo que hace falta para ser rumbero, eso es, precisamente lo que le sobra al poeta aunque no sepa nunca el por qué. .

[v] Desde la pasión de Juana de Arco, a la muerte traumática de una locura de Avalancha y la infidelidad, por desgracia frecuente, entre amigos, Cohen nos muestra que no estaba dispuesto a hacer concesiones al hombre que dormía con él, ese que le había llevado a desconfiar de todo, empezando por el rostro que se burlaba de él cuando se miraba al espejo.

[vi] Es el poeta romano que mejor supo cantar al amor.

[vii] Lo dijo Violeta Parra en “Volver a los diecisiete”.

[viii] Berlín es el disco maldito por excelencia, demasiados inconvenientes tuvo que superar su autor; Lou Reed para lograr su aparición, tuvo que recortar dramáticamente la duración del proyecto. El cronista urbano siempre se sintió triste por la incomprensión que se tuvo por toda su obra, especialmente por la que le era más querida.


7 de junio de 2017

Los amantes desconocidos


A Lou Reed en Berlín


Quiero llevarte el amor que queda

en una ciudad abandonada

y erigir una canción en los labios del viento

que recuerde una caricia sobre un muro derruido

con la presencia de un nombre que nunca supe escribir

y que nunca sabré borrar.

*** *** ***

Cuando llegue el corazón perdido de la noche

te preguntaré

si queda un beso para que te recuerde,

para saber cómo llamarte

cuando la escena haya concluido

en la oscuridad profunda que se anuda

a los árboles torcidos de las aceras

mientras tiemble en los pasajes el alma de los pájaros

que perdieron las notas, la caricia, los refugios

y las sombras celestes de los vuelos de ayer.


Te abrazaré en las herrumbres de las calles ruinosas

para llevarte el amor que encuentre

en una ciudad torpe y abandonada,

para abrir una cortina que deje tu mensaje

en una enredadera

que lleve una caricia sobre el muro enternecido

por un canto angustiado

que se arrastre en el suelo desierto de una hoja caída

en la que nunca me dejaste la dirección de tu voz y tus poemas.


He arrancado palabras en las esquinas del silencio para buscarte,

he clavado un lamento sobre un recuerdo derruido para tenerte,

una rosa en la ventana donde la luz se quiebra

ante las cruces quejumbrosas,

ante la soledad de las alas

que no encontraron

en los labios la quietud de la brisa.

Costana de Ribalta


A Rafel, a su amor por su bohemia, más o menos loca, con mucho cariño, brindo por él, de todo corazón, es mi valedor.


Una mujer con sombrero,

como un cuadro del viejo Chagall,

corrompiéndose al centro del miedo

y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.

(Silvio Rodríguez - Óleo de mujer con sombrero)


Llega un rumor

de silencio que se abraza a tu figura

cuando pasa el último autobús de la frontera

y mantengo en la memoria

de tu mirada el misterio del olivo silvestre,

me miro en un espejo asustado

y los muelles se alejan entre la bruma de la noche

y la muerte de los besos

que se hunden en el asfalto de la carretera herida

y en la huella de las farolas

que se imprime en los nombres de las fábricas.


Te amo en este rincón de la ciudad que duerme

y aprisiona los sueños perdidos de un pasado

que sería distinto

sin tu aliento en los carteles y los cristales,

sin la caricia que guardas en el regazo de la luna;

yo no hablaría de los faros que nublan la garganta

con la huella estridente de un canto sobre las tejas,

no hallaríamos las portadas escondidas

en la humareda cargada

de los lunes cenicientos sin papeles y sin rastro,

te acosaría el alma de la primera sonrisa

que no supo esperarte

en la herrumbre que llora la sed de las cancelas

de tu puerto desencajado en los bosques de ladrillo

vencidos por la nostalgia

de tus manos ardientes en el suelo y en las tizas

cuando jugar era serio y nunca hacía daño.


Vago en la quietud atormentada

de los muros encalados

que suben la implacable costana de Ribalta

y en el temblor errante

de las luces encalladas que rezan en los umbrales

de la última puerta que se abre en el olvido.


En ese momento que has llenado de estrellas furtivas

me levanto como un hombre desmaquillado

que se abraza a la cola que tiembla en otra luna

intentando encontrar

tu destello en la noche del índigo caído

que hiere su soledad con una lágrima oscura

para llevar tu timidez antigua a un rincón de los lienzos

que esbozan un corazón amortajado

en una cometa inocente y desnortada

que nunca llega a alcanzar el lugar alto en donde vibras,

aun así te persigo en un norte sin brújula

que se pierde en el marco del óleo que tú amabas,

te abrazo en la cortina que desgarra el clamor de tu vestido

entre las sombras de los gatos que resisten

en los colchones viejos y en las sillas rasgadas

de la colonia desnuda del taller arr

asado,

en el poema que hablabas de la libertad en el viento.





Los cines y las fábricas


A Paul Simon


Llevas en la mirada el soplo del Poniente,

en los labios la herida

tierna y ronca del pájaro que tiembla

en la acera caído

entre los transeúntes silenciosos

que asaltan el vacío y rutinario

cristal de la memoria en los escaparates,

el halo transparente de los cines,

el humo de las fábricas,

el rayo que ilumina la caricia distante

en la huerta que muere

y se cubre con lirios de pureza

para hablar de los bancos con un nombre grabado,

con un libro perdido con la letra borrosa

y una firma sentida y olvidada

que no advirtiera nadie en un cuerpo que espera

la llama de tu amor, la magia de tus manos.


Llevas en la mirada el mito del exilio

de las nubes canoras que nunca se han movido

de tu eterna esperanza en los jardines,

del viento de tu imagen venerada

y ardiente

que llena las paredes con un nombre,

que rompe los adagios con un verso medido

y atormentado

que hierve en las esquinas teñidas de silencio,

divaga en la mañana, y sonríe a la muerte.

Ciudad dormida

 Estoy triste y busco la causa de mi tristeza.

Quiero saber por qué es tan dulce tu palidez, amiga mía.

Por qué, como nieve en el lago, es tan hermosa tu mirada.

Por qué me acuerdo de tus ojos si no te he conocido nunca.

(Leopoldo Panero – Ciudad sin nombre)


A Phil Ochs; ¿Encontraste la paz que tu inmenso corazón te negó siempre?


Caen las flores sobre el tejado

que baja a un paraíso oscuro y ceniciento,

cae la noche

como el recuerdo de un hombre gris y brillante

que se quedó colgado en el árbol del camino.


¿Por qué no siento la libertad

bajo el manto transparente de tus alas caídas

sobre su quietud errante?

¿Por qué encuentro en mi puerta la sombra tenebrosa

que ha quedado de mí mismo?

¿Por qué amo a la que fuiste en tus momentos amargos?


Como una toalla arrojada desde una esquina

la ciudad me muestra su cuerpo adormecido,

entre los gritos, las banderas, y el mar

se hunde en la camisa vestida de un domingo carcelario,

y tú no vuelves

para impedir que me convierta en la estatua

que gime ante la altura de tu encanto

o en la orquídea que derrama su aliento y su dolor

sobre el olvido de una palabra antigua y harapienta.


Detenida, como la carta de un amante

que no encuentra un mensajero en su deriva,

tu mirada se pierde en las líneas de un poema mutilado

y escrito con torpeza,

en los coches abandonados junto a las muñecas rotas

y en las fábricas sin pulso cuyas chimeneas

tienen la misma dirección

de unos labios que huelen a licor y a despedida

mientras reconstruyo el requiebro

que no sabré decirte cuando vuelvan las hadas,

cuando la nube roja se apodere del levante

y detenga la elegancia de tu rostro

en el cielo que surcan los halcones

cerca del Mirador que mece el barco perdido

del arroz que agoniza

desde entonces en la lengua de los marineros

inundando la tierra empinada

y dura que mir

a con fijeza

a los ojos temblorosos del Estrecho.

Cuando mueran los poemas


Me dejó a solas con mi triunfo y su muerte.
(José Emilio Pacheco)

Cuando mueran los poemas en mi cuaderno
y aparezcan contigo en la calle de la ausencia
no será culpa del rapsoda que llore entre los muros
sino mía
para siempre, solo mía y derramada
como un templo abandonado
en el crepúsculo
que ya no escucha la caída de los dioses,
como la mano que un día me ofreciste
cuando ya no podía
fijarla en los tabiques densos y supurantes
de una sombra profunda y corrompida
que no supo cerrarse en mi memoria;
era una hoja grave en un diario
que no querías guardar en tu equipaje de quimeras,
la palabra de un amante sepultada
por las cenizas de un jardín y un limonero,
un sueño agonizante
que alentar no quisiste con los labios,
una espera
cuando ya había pasado el último tranvía
con el corazón de Chopin en una urna túrbida
envuelta en el levante, las notas y los recuerdos,
en una queja que se movía bajo la sangre de una verja.

Allí seguía latiendo perdida y pesarosa
la huella que borraste en la luz de mi mirada
que sufría el gesto caprichoso,
las ansias peregrinas
que dejaste que anidaran en un balcón de mi costado
y nunca los arrancaste del laberinto de mi alma.

Te quise y no sé si me arrepiento
cuando te veo emerger
de nuestros espigones como si fueras otra,
como si nunca hubieras vuelto del exilio
al que tú misma te desterraste
mientras se levantaban las hojas de los sauces en tus ojos.



Ciudad dormida

Estoy triste y busco la causa de mi tristeza. Quiero saber por qué es tan dulce tu palidez, amiga mía. Por qué, como nieve en el lago, es tan hermosa tu mirada. Por qué me acuerdo de tus ojos si no te he conocido nunca. (Leopoldo Panero – Ciudad sin nombre) A Phil Ochs; ¿Encontraste la paz que tu inmenso corazón te negó siempre? Caen las flores sobre el tejado que baja a un paraíso oscuro y ceniciento, cae la noche como el recuerdo de un hombre gris y brillante que se quedó colgado en el árbol del camino. ¿Por qué no siento la libertad bajo el manto transparente de tus alas caídas sobre su quietud errante? ¿Por qué encuentro en mi puerta la sombra tenebrosa que ha quedado de mí mismo? ¿Por qué amo a la que fuiste en tus momentos amargos? Como una toalla arrojada desde una esquina la ciudad me muestra su cuerpo adormecido, entre los gritos, las banderas, y el mar se hunde en la camisa vestida de un domingo carcelario, y tú no vuelves para impedir que me convierta en la estatua que gime ante la altura de tu encanto o en la orquídea que derrama su aliento y su dolor sobre el olvido de una palabra antigua y harapienta. Detenida, como la carta de un amante que no encuentra un mensajero en su deriva, tu mirada se pierde en las líneas de un poema mutilado y escrito con torpeza, en los coches abandonados junto a las muñecas rotas y en las fábricas sin pulso cuyas chimeneas tienen la misma dirección de unos labios que huelen a licor y a despedida mientras reconstruyo el requiebro que no sabré decirte cuando vuelvan las hadas, cuando la nube roja se apodere del levante y detenga la elegancia de tu rostro en el cielo que surcan los halcones cerca del Mirador que mece el barco perdido del arroz que agoniza desde entonces en la lengua de los marineros inundando la tierra empinada y dura que mira con fijeza a los ojos temblorosos del Estrecho.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Temporal de levante en Abyla

 Te abrazaré en la herrumbre

de los vuelos ruinosos

por llevarte la vida que resida en la muerte

de una ciudad vencida y arbitraria

que no desea

que sigamos su aliento,

sus medallas, su paso o su corona

para abrir la cortina que encierra los mensajes

en el rumor del mar que nos aleja,

nos mece y nos castiga

en la verja de brumas vaporosas

del Mare Nostrum mustio y desteñido

que extiende una caricia agresiva

por el muro de sombras circundado

por una prédica perversa y subjuntiva

que se arrastra en la cumbre lastimera

de una hoja caída que ha borrado tu nombre

en mi libro de ruta innortada

y no encuentra medida ni presencia

en mi rostro de lunes que sigue en su cilicio

aletargado y cruel.


Tú nunca me dejaste las alas de las nubes,

la dirección de tu bolso y tu falda,

ni el rincón de los lirios marchitos que agolparon

los fracasos prendidos en el sueño que reza

en el templo añorado por las olas y el viento.

Muchacha del recuerdo

 Tú eres la muchacha que busqué

cuando aún no existías.

(Joan Margarit)


Anochece en mi rostro

cuando pasa por la alfombra de tu calle

la muchacha de ayer que todavía te busca,

lleva al cuello tu cruz,

brilla en el recuerdo donde apenas sonreías

y lanza pétalos de ensueño a los claveles

de un futuro

enclavado en una estatua que guarda una mirada

de amor hacia los tristes

a pesar de los fusiles, el mostaza y las cadenas

que no pueden devastar la palabra

de los santos descreídos

que emergen de las brumas cada día

para seguir viviendo la fe en 

nuestra sangre.



No volverás

 Y durante un instante, en su rumor,

regresa el latido del primer poema

de una vida

como una música lejana que se apaga en la noche.


(Constantino Cavafis - Voces - Versión: F.E. León)



Es cierto que no vuelve lo que nunca pasó

y siempre se hace tarde cuando el alma se agrieta

y se va la esperanza

como una mariposa que atraviesa las nubes

y empapa la tristeza de su vuelo

con la presencia oscura que guarda los rescoldos

de un deseo ferviente que resiste en la sangre.


No volverás, lo sé, pero te espero al alba

con la flor en los labios

de la mirada quieta en la eterna sonrisa

de una estrella fugaz

que caerá en tu olvido cuando hierva el recuerdo.

Recuerdo de la mujer muerta

 A Gallardo Chambonnet, por haber llevado tantas veces a Abyla en su pensamiento.


No volverá la savia a recorrer

la profunda estalagmita de las arterias del puerto,

oscurecerá el vestido gris que llevabas en la esquina del otoño,

el gemido taciturno de Machado ante la muerte

en la canción crucificada

de un hombre confundido que no creía en el amor

porque no supo de tus ojos ni te conocía

y sigue en la espesa niebla de las ramas que lloran en el pasado,

en la soledad de una gente

que no recuerda dónde está su memoria,

dónde la excavadora que se llevó las flores del Campillo

y la sonrisa del sol que derramaba su miel

sobre los cabellos escarpados de una mujer amortajada.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Muerte de Antonio Sánchez--Prados

 Por la Carretera Nueva

va Robert Bruce cantando,

el verde en la mirada,

luciérnaga de amaranto.


La boca se le nublaba

no le salía otro canto

que no tuviera en la noche

herida su negro llanto.


Pues llegando al Tarajal,

la paloma agonizando

por el alcalde del pueblo

los pobres están llorando.[/

Los persas

 A Tod Browning y a Rafel Calle[1

https://vampirosypoetas.blogspot.com/20 ... itado.html

He hablado de amor con los ojos brillantes,

he hablado de constantes que me fueron queridas,

pero estoy atrapado en un mundo sin sueño,

esperando una nueva, y buscada caída

como un hoplita desarmado en el sendero

que no puede detener la avalancha

y la afronta sabiendo su destino,

como un marino asustado en la calma

que barrunta venideras tempestades,

un olvidado en las emociones,

un monstruo en silencio que se arrastra.


[1] Tod Browning: Director de cine, realizó algunas de las películas más recordadas en el género de terror. Con un gran tacto hacia las personas diferentes pues había vivido en circos y paseado su dolor por las atracciones más estrambóticas de la vida.

Playa de la Almadraba

 He prendido una herida que recuerda tu nombre en la playa.

He bajado a las arenas y oído el rumor del muro

en la rendija donde anidan los aviones,

y el clamor de tu paso alborotando el agua

que golpea en los riscos limosos y angustiados,

y penetra en el muelle que conserva, solo,

una hilada tortuosa que muestra

la fragilidad de los costados invadidos

por la memoria acordonada

que nunca llega a la orilla.


Vuelvo a un poema esparcido en la arena

que llega de otra tarde,

como una promesa que no ha perdido el aliento

de la procesión callada y dolorosa

que incrusta los claveles en las estelas de tu alma.


Vuelvo al campanario que se olvidó del vuelo y se arrodilla.

Vuelvo al Vía Crucis

que impregnaba de dolor los derrumbes del camino

y arrancaba la espina de cada pensamiento del arroyo,

cuando vivir era un pecado,

un cilicio sujeto a la ceniza posada en tu frente,

el estigma de un amor que nunca abandonó

las pulsaciones nerviosas de tu pecho

ni el bálsamo de luz

que me turbaba en tu mirada.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Palabras a Sylvia

 …rodeó su casa

de alambradas y muros impasables

contra el tiempo rebelde

tanto que nadie lo rompiera

con maldiciones, puños, amenazas,

ni con amor tampoco.

(Sylvia Plath - Solterona - Versión de Jesús Pardo)


No sigo por carácter,

la determinación no me arrastra,

mi única hazaña es seguir en pie

a pesar de tu mirada.


I


Ya te lo he dicho antes;

no sé pactar una derrota,

la vida no me ha permitido

sostener una bandera blanca

en la mano,

una toalla rota esperando en la esquina

donde cae la huella de un beso sepultado,

un acuerdo sin sangre con la muerte y el olvido.


Aún veo emerger la tristeza en la sombra de tu rostro,

vago por los pasillos del tren que nunca llega

y no se detiene en tu mirada,

ya no encuentro el corazón de la ciudad,

ni las columnas de acanto

donde nos conocimos entre reproches,

no serás para mí la América que destroza las fronteras,

que no mira al pasado mientras recibe

ataúdes con medallas y sollozos.


Soñé que escribía tu nombre en el agua

que no vuelve a la mar,

que escrutabas el olor de una metáfora oculta,

que brotabas en el infierno de una nube

fugaz y lastimera,

que sonreías con ternura cuando ya habías muerto.


II


Contra las cuerdas


Nunca te has preguntado si tengo miedo

cuando aparezco en la escena desafiante,

me pediste que te amara en la sonrisa

y en los reproches,

pero no pude

desterrar de mi mente a la muchacha

díscola y perdida

que se puso un vestido y un maquillaje prestados.


Estoy confundido por la voz de la memoria,

donde hundes cada deseo de liberarme

con una mirada espesa,

nunca te asomarás a mi dolor,

soy ese alguien que sufre contra las cuerdas,

que no puede librarse

de los golpes enmascarados

y se levanta de frente en el castigo,

ese alguien que no tiene una toalla

para arrojarla al centro de la muerte

y pregunta a las farolas

por la persistencia

en su rostro

de los moratones profundos

que lloran en el recuerdo.

Fassbinder en la memoria

 Dicen que mis películas son nostálgicas, pero no me gusta esa definición porque suena a enfermedad, a moho, a cosas descompuestas. La nostalgia sólo existe en la conciencia de quienes se sienten atrapados por sus recuerdos.

(Fassbinder[4])

El poeta alemán pensaba que la vida era lo más importante y que la poesía era lo más importante de la vida.

(Francisco Enrique León 26 de enero de 2023)


He arrancado silencio en las vidrieras

del ardiente gemido aletargado

que se apodera de tus labios y del carmín

para llevarte una canción que permanezca

clavada en el puñal

de mi voz martirizada,

para apartarte del castigo que solloza

en la ventana hundida donde tu verdad se quiebra

ante las cruces quejumbrosas

del portal

que triste entonaba Lili Marleen

bajo el latido amargo de las luces apagadas

que aún tiemblan

en la profanación honda de mis cenizas

vertidas en la urna de una memoria desquiciada

entre los árboles que lloran en el crepúsculo

que atraviesa el horizonte y suspira por tu ausencia

y desgarra una promesa atormentada

en la soledad sin aristas del cristal

que refleja tu olvido y pronuncia lentamente

la lágrima profunda 

que se acantona en tu mirada.

La nueva revolución

 Luché en la vieja revolución

al lado de un fantasma y un rey.

(Leonard Cohen[5])


A Fanny Sinrima


El amor nunca llega cuando hierve mi cuerpo

y no veo tu rostro en la sección de cultura

de una revista apagada en el quiosco de la esquina

y no puedo pedirte

que actúes cuando te siento

en la vitrina perseguida por la lluvia de agosto,

en la memoria errante de una rosa tatuada,

que traigas a mis pasos las calles perdidas del recuerdo,

la nube ensoñadora que envolvía tu barrio,

que liberes a los guionistas que yacen en el sótano

de todas las represiones,

que muestres orgullosa la huella

de lo que nunca he sido

en el laberinto irresistible de tu piel,

que abras la revolución que aún espera al hombre

por quién nadie pregunta en la oficina

y el corazón que no creía en la muerte de los ángeles

pero pensaba en ti cada vez que llegaba

la oscuridad del silencio a su latido,

la angustia de un viernes quebrantado en el tormento

de un profeta vencido y postergado

que no volvió nunca a caminar sobre las aguas.

Muchacha de El Fayum

 Muchacha de “El Fayum” muerta en la Almadraba

A mi sobrina Inma, porque lo necesita.


A una gitanilla que murió en la Fragua días después de haber sido arrollada por un coche. Tenía unos 14 años, los ojos verdes y la piel de bronce.



Su juventud encendida por la pasión carnal

su juventud hermosa en una armonía tensa;

y entre los sueños el placer la llama; entre los sueños

contempla y abraza esa figura y la carne del deseo.

(Cavafis- Variación – F. E. León)



1


La muerte se dibuja en la pared del tiempo

que sueña la blancura

de la rosa del alba

y despierta el murmullo en las ruinas

que rompen los espejos de tu rostro

y de los gatos negros

y aquella soledad que siempre te acompaña.


El velatorio vuelca en un recodo

la huella de tu paso,

la cal viva que cubre la escalera,

los peldaños de luna en los cipreses brunos

y aquella soledad que siempre te acompaña.


2


Cual bellos cuerpos que murieron


sin llegar a madurar,

encerrados con tristeza en suntuosos mausoleos

con rosas en la cabeza, con jazmines a sus pies,

así son los deseos que se apagaron

sin haber sido vividos,

ninguno testimonia

una sola noche de placer o una mañana radiante.


(Constantino Cavafis – Deseos (1904) - Versión - Francisco Enrique León)


Tu frágil voluntad de novia compungida

pasea en el encaje de las sábanas

que fueron destrozadas

por un proscenio

arrebatado y lúgubre

que llora en tu memoria todavía,

por un jardín ausente que te ha dado sus flores

para no traspasar la esperanza postrera

desde la soledad

de un remo desgarrado, de un jazmín ceniciento

en la elegancia cérea, profunda y penetrante

de una mirada herida,

de una promesa rota en la espesura

del silencio y el polvo que añoran lo perdido.


3



Aún siento en mis mejillas su aliento venerado,

cómo será que tan cercanas horas

no vuelvan nunca más, sean ya el pasado.

(Hugo von Homannsthal - Traducción - Mariano Manent)



Muere la soledad entre tus labios

y el manto de la noche en las ruinas de la cala

que despierta un murmullo en la memoria

y gime en el teatro

donde se representa la sangre de la rosa,

camina en el esbozo de la túnica

que será derrotada por el furor del tiempo

y reza en tu memoria todavía

por un barrio sin alma que te ha

 dado la mano

para no morar solo en la última barca

enterrada en la orilla.

martes, 8 de septiembre de 2026

Las flores y los prados

 Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

(César Vallejo - Piedra negra sobre una piedra blanca)


A Orson Welles.



Las flores y los prados tienen el mismo sino,

la misma larga noche

que apagará mi frente,

mientras busco coronas, laureles, epitafios,

pasan las caravanas cargadas del perfume

que vierten los linderos,

y no puedo tenerlo, sentirlo, propagarlo,

porque estoy en el valle y es abrupta la rampa.


Ya nadie me provoca, nadie quiere escucharme,

nadie intenta saber

qué había en mi mirada oscura, amarga, triste

conteniendo la fuerza, qué comentario irónico

despertaba las risas en la mesa de un bar

mustio de madrugada cuando ardía el bufón

de todas las comedias,

hace ya mucho tiempo, cuando aún te esperaba,

cuando quise aprender

el arte de la vida,

la vida se reía siempre de mis intentos.


Las chanzas se apagaron como viejos vestidos,

lo que fuera brillante

se convirtió en derrota,

armarios retraídos que no tienen deseo

y que guardan portadas de revistas sin fecha.


Lo que fuera arrancar

besos en el olvido

es un trotar sin gracia

invocando la suerte,

pasan enfermedades, citas que nos aguardan

con la fragilidad

sincera de los cuerpos,

y pasan comentarios vacíos que no llegan

mientras toda la muerte reina en los hospitales

y el verso se nos hunde sin libertad ni orquesta.


Y tú y yo, separados por música y gemidos,

habitando en un mundo que no nos pertenece,

desvelamos los surcos del tiempo en nuestras almas.

domingo, 6 de septiembre de 2026

La strada

 Oscuro callejón perdido en el tormento

del resplandor aciago que tiembla en las heridas

del amargo vestigio

que golpea un cartel olvidado en el muro

de la huella prendida en el vientre de un sueño.


Divagar sin salida que entierra el maquillaje

en la grieta profunda

donde tropiezo y vago

como una mariposa que no tiene vereda

y asume su caída entre las espesuras,

como el polvo anhelante que pena con los lirios

que mueren por la noche

y vuelve a los espejos

con el rostro angustiado de una promesa abstracta.


Este taró y el viento sin fuerza que persiste,

esta reminiscencia de versos entre los sauces

son como las memorias que nunca se marcharon,

que nunca se escribieron y quedan en el alma.


Como un sueño perdido de agosto en las escenas

veo pasar la máscara torturada y sentida

de un Fellini que busca

la Sombra en el pasado,

en bambalinas negras, en guirnaldas sin flores,

en la lona sin vida de un carrusel fingido.


¡Ay, no te acuerdas , Laura, de las burlas del Mato!,

No sabe estar callado este loco poeta

y Zampanó se enfada y ejecuta a la Risa,

y no quiere escuchar

aquella melodía tierna de Gelsomina

que vierte su amargura en una calma rota

y glosa su destierro en la lengua que arrastra

la mórbida condena que navega en el aire.


¿Ya no te acuerdas, Laura? Esa tarde de agosto,

ese calor intenso, la pasión que rimabas,

nuestra tronera abierta recogiendo la brisa,

el sudor en tu espalda, en tus piernas ardientes.


El viento de levante, detenido en los rostros,

ahonda en el clamor

de una sonrisa triste sedienta de ternura;

resucito la risa cuando todo se pierde

y no quedan pañuelos para seguir llorando,

reivindico el amor ciego de Gelsomina

hacia lo que se mueve, respira y acompaña

este extraño vagar por las llagas confusas

en el mirar sin rumbo de los volatineros,

en el sentir errante que cruza sin destino.


El salitre que llega desde los espigones

aprisiona la piel que refugio no encuentra,

insiste en el dolor que no encuentra medida,

en la muerte que viene a esparcir su dominio

en la mísera arena donde vagan los pobres.


Esta paz que se muestra sin arte y con desvelo

hace que piense en ti, en tu amor militante,

en tu lucha sin tregua

por alcanzar la luna

que hiere tus cristales en el claro sombrío

de las olas que braman ante tu rostro intacto,

ante tu voz serena.


Abrigo la esperanza verde que me quitaste,

me enamoro del mar que se agita en tus ojos

y hace que me emocione siempre con tu misterio,

que abrace la canción dulce que me cantabas.


(Conversaciones con Laura)

A una ama de casa

 A Merche, ni siquiera la tenía en mente cuando escribí este poema, yo sé bien en quién pensaba, pero sé las razones por las que se lo dedico y que la mujer que me sirvió de inspiración, por una vez, no va a sentirse molesta por que le dedique a otra algo que he escrito para ella y la Sofía Loren de "Una jornada particular". Merche murió hace unos meses apenas, yo me encontraba en Madrid y me sentí muy triste, y sin poder asistir al entierro. Ella quiso en estos últimos años que me convirtiera en el ángel guardián de su hijo, pero ya sabéis, crecemos y las alas se pierden en el camino. Algo que supe hace apenas unos días vino a añadir una cierta amargura a mi tristeza.


Para adecuarlo al poema quisiera trasladar esta dedicatoria a cuando nos conocimos, hace treinta y tantos años, ella vivía, como siempre, para su marido y sus hijos, y no quiso nunca salir de ese error.


No sonríes cuando piensas en el cuerpo hermoso

dibujado más lejos cada día,

confundido por la belleza que surge de la sinceridad herida

de una gacela que sufre

por el esfuerzo, el dolor, y por la entrega.


Difuminadas las ansias de amor bajo los árboles

y el perfume de colonia

de la tarde de verano que selló tu despedida

del viento, las cometas, de los cables, del sueño.


Vuelve aquel miedo al vacío

que sentías tras su marcha,

aquel deseo de subir a la azotea,

de mirar los pájaros y el suelo al mismo tiempo

con el impulso irracional

de intentar alzar el vuelo

o estrellarte.


Estás sintiendo su presencia en el silencio de la siesta,

los pasos de los niños que regresan de la playa,

la huida de la poesía hacia una imagen de Ford,

las voces de los muertos, y estás

amando sin saber si pueden tomar tu corazón

para mostrar la oscilación de sus latidos,

un suspiro

embargado en el mundo que se te fue alejando

envía sus destellos como una estrella sin vida,

con aquellos sabores y aquellas plantas

que lloran en el exilio

de tu memoria enamorada de un artista adolescente,

con aquella gente que murió y no lo sabe,

con aquellos cines que cerraron, y se quedaron con tus besos

y esta sensación tan cierta

de que tienes que luchar forzadamente

para esbozar la sonrisa que antes te brotaba sin pensarlo,

y no sabes que serás siempre hermosa,

una muchacha deliciosa de cincuenta años

porque tu alma siempre estuvo

por encima de la cabeza.


***

cuando vivir era un pecado,

un cilicio sujeto a la ceniza posada en tu frente,

el estigma de un amor que nunca abandonó

las pulsaciones nerviosas de tu pecho

ni el bálsamo de luz que me turbaba en tu mirada.

(Playa de la Almadraba - Fragmento)


Sombras de la Bahía Sur


Esas desconocidas gigantes

que no hay libro que las aguante.

(Silvio Rodríguez)


¿Y si Dios, cómo creen muchos andaluces, fuera mujer?


Esas desconocidas gigantes

que no hay libro que las aguante.

(Silvio Rodríguez)

viernes, 4 de septiembre de 2026

Elegía urbana

 A Luigi Tenco

Estoy seguro de que ya nada ahogará mi rima,

durante años he llevado el silencio en la garganta

como el sacrificio de una deuda,

pero ha llegado el momento de cantarle

una elegía al pasado.

(Alda Merini - Versión: F. E. León)


La ciudad se ha ido alejando de la que conocimos,

las calles no parecen tener el mismo color

ni las mismas camisas ofrecidas al viento,

apenas quedan vidrieras en las que reflejar nuestras emociones

y nuestra añoranza de lo que nunca ocurrió,

caminamos entre las cenizas de un pensamiento

que no llegamos nunca a poseer,

entre árboles extraños que perdieron sus raíces

y ya no distinguen

las sombras de los geranios blancos

que reman lentas en la mirada del crepúsculo

de los estantes que arañan el antiguo resplandor

de la huella de Camus sobre los adoquines

plegada en el papel que nunca llegué a enviarte.


Unos besos atravesados que se ocultan en las ramas

de las arterias caídas que sufren las direcciones de los puentes

me recuerdan

que los amantes que fuimos se fueron a buscar otra espesura

cuya penetrante melancolía

se derrama en la urna oscura de los himnos elegíacos

que no encuentran unos labios para que vuelvan

a ser besados en la túnica abierta

de los paseos cenicientos que los sauces aroman,

para que puedan entonar en el pasado una palabra de amor

que ahogue un largo poema de resentimiento

en la tarde más triste

 adonde huía el invierno más cruel.


Miro los edificios


Cuando lleguen los días de una nueva derrota
y vuelvas a llevar aquel vestido nuevo
te esperaré en la esquina de la última cita
con flores en la mano, brillantina en el pelo.
(Cuando lleguen los días)

Miro los edificios de nuestra adolescencia
sabiendo que las mariposas no regresan
a los pupitres de las calles,
a las sobrias arcadas de la librería
donde apareciste como un prodigio entre la lluvia,
que los amigos no siempre lo fueron;
no cruzaron la acera
cuando Bruce Banner lloraba de rabia
enfrentándose al engendro
que había brotado de sí mismo,
no lamentaron
que Kafka no volviera a las vitrinas,
que mi amante no me esperara en el arco de papel
inabordable de su triunfo, inexorable de mi derrota;
ella nunca admitió que las flores mueren
cuando llega la noche
al lamento marchito de sus pétalos destronados,
que cada héroe lleva un monstruo en las entrañas
y el tiempo nos devora
aunque hayamos vivido el despertar de un sueño,
aunque aliente su sonrisa los anhelos de una mirada extraña
y se despliegue
como una danza entrañable
en el candor de los labios que tuvieron su tristeza y su alegría,
aunque persistan los derrubios
edificados por la profundidad de las terrazas,
por las reminiscencias de los paseos en la palma de los rostros
y el pesar perfumado de la adelfa en su agonía,
por el estanque enclavado en la fosa del olvido,
en un sentimiento ardiente y enajenado
que vibra en la nostalgia
de las verjas abiertas en los senderos del mar.

El corazón del mundo que tuvimos
solloza por el llanto esparcido
en las ventanas infinitas que miran al silencio,
a los ojos vacíos que llenan el dolor
oscuro de la angustia, amargo de la ausencia.


De aquí a la eternidad

 A Jaume Gimbert, me dijeron hace unos días que llevaba muchos años muerto. No voy a decir que presintiera su muerte, ni que la conmoción hiciera que abandonara mis tareas, pero miro con frecuencia sus fotografías y me pregunto cómo pudo dejarnos tan pronto, nadie como él me ha enseñado a sonreír en la tristeza. Me habló, con su permanente sonrisa de luz que invitaba a cortejar con amargura a la alegría cuando no queda nada, de esta historia que podría aplicársele a cualquier soldado desconocido.


¡Oh maldita y perversa oscuridad del Orco

que aniquilas y olvidas todo lo bello!

(Catulo)


Estarás conmigo sin que nos preocupe el tiempo,

los adioses serán una pertenencia de los otros,

prepararé mi bosque, mi paz y mis senderos

para que tú los pises

como en aquel día lejano que yo pisé tu huella

para que me mostraras

tu felicidad.

(A Jaume Gimbert - In memoriam)


Aquí mi boca tibia,

mis versos más amargos

se funden con la gente que escapa de su casa

como la niña inquieta de un sueño inacabado,

la mujer que resiste tenaz en tus cuarteles

y el poeta lejano

que no encuentra su sitio

en un vuelo disperso que ahogaste en tus lazos,

que inmolaste con rabia

entre las flores mustias que cuidaran tus manos.


Esta ciudad perdió de la verdad el rumbo,

ni mirando de frente se cumple lo pactado

en sus lerdas entrañas,

en sus bloques cansados,

el cine está vacío, apenas tres asientos,

nadie interrumpe

los sorbos de un ardor febril y enajenado,

y no importa el cartel, ni los actores,

ni las manchas de sombra que persisten

en la oscura butaca, en el fondo apagado

que vuelve a tu camisa destrozada

en el tenue recuerdo que disipa mi imagen

y el amor que enterraste con el último tango.


No importa la Celosa cuando no te requiere

y la dejas vagando

por la sierra perversa,

buscando a un amante atormentado

cuyo dolor se expande y aprisiona sus miembros

a la litera fría que pregona las nubes

y el espíritu amargo

de un romance extinguido

en la arista más bruna de un fuego masacrado.


Amabas la ciudad de las luces heridas

y la Casa de Campo,

el ruido que enloquece la razón de los cuerdos

que tú representabas en tu perfil humano,

los árboles que ocultan

las horas del placer y las caricias,

la danza de los cuerpos en la senda vibrando,

el humo proceloso que hiere tu palabra

y no desaparece de los ojos nublados.


Declaraste la guerra con hechos consumidos,

tu Pearl Harbor resiste con firmeza

en mi memoria aciaga, en mi rostro angustiado

me asalta y me castiga con su furia implacable;

aún me sobrecoge el fragor de las hélices,

las alas que marchitan la faz de lo dañado,

la sangre en las miradas,

tu voluntad constante de querer lo perdido

por encima del mar y los quebrantos,

de despreciar la túnica morada de un profeta

confuso que se enfrenta al trastorno vesánico

del mundo y sus escombros,

y guarda en la memoria un sueño amortajado.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Modern Times


Á Ana Muela Sopeña

 Y de repente parecía que aquel mundo podía acercarse a nuestras manos, que había un lugar para nuestro sueño en el marasmo de las multitudes, que florecía la tarde cada vez que sonreías. ¿Por qué lo hacías tan poco cuando yo te miraba? ¿Por qué llegó la noche sin percibirlo apenas? ¿Te dije alguna vez que si hubiéramos podido ir a Nueva York la Estatua de la Libertad se habría arrodillado ante ti?

(Conversaciones con Laura)

Somos cartas sin norte esparcidas en el viento,

islas sin recuerdos en un archipiélago aislado,

una rosa sin pétalos en el jarrón del olvido,

un grito en las tinieblas,

somos la mirada abstracta

de un sueño figurativo que no ha nacido,

el despertar de un monstruo inocente que muere

entre las pesadillas del hombre de la calle.


Ya conozco los latidos de estos tiempos modernos,

ya he bebido la sed de un amor

que no brilla ni se apaga,

se derrumbaron los muros, me dijiste,

pero sigue la barrera entre tú y yo

cuando hablamos del silencio,

de las incomunicaciones telemáticas,

de tu tarjeta sin firma que se pierde

en la nube querida de la infancia.


Somos la arena violenta que golpea

en el rostro de un niño dormido para siempre

en el cementerio de la playa,

aquellos que no escuchan a los muertos

que vagan por los periódicos,

llegamos siempre tarde al último combate

sosteniendo en los ojos que se cierran

una sonrisa amplia que bendice

los fusiles de la gloria, la libertad encadenada,

el hacha sin mango que agita el guante del verdugo.

Ámate a ti misma, Laura; tengo la seguridad de que encontrarás a mucha gente que te quiera, pero cabe la posibilidad de que no encuentres a nadie que te ame como yo. Todos queremos compartir la gloria de Occidente, pero solo unos pocos amamos su vulnerabilidad. Si encuentras a alguien bueno que te ame (Yo te amo aunque no sea bueno) , aunque solo sea un poco, gozarás en cinco minutos lo que los perversos no disfrutan en toda una eternidad, por mucho polvo que dejen en la vereda, o sea, camino sin camino.

(13 de mayo de 2019)


Seamos, Laura mía, dos hermanitos, dos amantes que se aman tiernamente y, por ello, necesitan la Poesía. Dios es inefable, con todo lo sublime que ello conlleva; Miguel Ángel le puso el rostro que retenemos en la mente. Tu amor a Dios nunca llegó a apagarse



miércoles, 2 de septiembre de 2026

Conversaciones con Laura - Hydra

 Quiero ensalzar cantando a los Átridas

quiero cantar a Cadmo,
mas de mi lira los sonoros nervios
tan sólo amores dicen.
(Anacreonte - La lira - Fragmento)

Hydra es un sueño de luz en el crepúsculo,
un pájaro abierto en la mañana
que no conoce sirenas ni alaridos,
que no hunde los puñales,
ni siquiera en las sierpes que conducen
a los umbrales de la ira,
ni en los vestigios amargos
que tengas en la memoria de los más brunos requiebros.

Quiero ensalzar cantando a los Átridas
quiero cantar a Cadmo,
mas de mi lira los sonoros nervios
tan sólo amores dicen.
(Anacreonte - La lira - Fragmento)

Hydra es un sueño de luz en el crepúsculo,
un pájaro abierto en la mañana
que no conoce sirenas ni alaridos,
que no hunde los puñales,
ni siquiera en las sierpes que conducen
a los umbrales de la ira,
ni en los vestigios amargos
que tengas en la memoria de los más brunos requiebros.



Evoco sin consciencia la civilización de los sentidos
porque vuelvo a sentir aquella sed de ti que me reclama,
en los embarcaderos de tus lazos eras una isla
y yo el peregrino que caminaba por tu sangre,
llegué a tus guirnaldas con el polvo derramado
en la última derrota,
con la llamarada de aquellos atenienses caídos
que zozobraron sin laureles en Sicilia
por embriagarse con la gloria de los ancestros,
con Anacreonte de la lira en las entrañas,
con Pericles en los discursos lúgubres
y emocionados ante la muerte.

En tu mirar viajaban las soledades del alma de los celos
que removía tu orgullo,
las sandalias humildes y profundas del profeta que perdiste,
los deseos que encallaron en la lengua de la playa
y los abrazos que forjaba la marea de los puentes
cuando me dijiste que tu nave había partido
y encendí mis velas oscuras en el mástil de un amor apagado.


A Laura

 Evoco sin consciencia la civilización de los sentidos

porque vuelvo a sentir aquella sed de ti que me reclama,

en los embarcaderos de tus lazos eras una isla

y yo el peregrino que caminaba por tu sangre,

llegué a tus guirnaldas con el polvo derramado

en la última derrota,

con la llamarada de aquellos atenienses caídos

que zozobraron sin laureles en Sicilia

por embriagarse con la gloria de los ancestros,

con Anacreonte de la lira en las entrañas,

con Pericles en los discursos lúgubres

y emocionados ante la muerte.


En tu mirar viajaban las soledades del alma de los celos

que removía tu orgullo,

las sandalias humildes y profundas del profeta que perdiste,

los deseos que encallaron en la lengua de la playa

y los abrazos que forjaba la marea de los puentes

cuando me dijiste que tu nave había partido

y encendí mis velas oscuras en el mástil de un amor apagado.

martes, 1 de septiembre de 2026

Cartas a Laura

 Te amo en mi delirio, en mi desasosiego, en los caminos soleados que llevan a tu corazón, te amo en mi desierto concurrido, en la llamada del amor, en tu pensamiento más íntimo.

Déjame que te lleve al lugar donde florecen los jazmines y los bancos de piedra, que me mueva en los senderos de la resurrección, que te vea a cada instante cruzando las puertas del amor para tenerme, que rompa tu soledad en los caminos de la alameda, en los acordes de una canción que vibra en tu alma.

sábado, 29 de agosto de 2026

Bachata negra

 Regreso a los escombros confusos del pasado,

a la acera sin norte en donde te esperaba,

regreso a lo incesante de la herida

que se hunde en el llanto de las ninfas varadas

y mece su tristeza por la arena

que recoge el dolor turbio de tu palabra.


Tu corazón suspira en los ramajes altos

que abrazan la locura que se arrastra

como un amante oculto que sufre una derrota,

como un héroe ciego que ha perdido la gracia

de la sangre en su rostro, del fulgor en sus venas,

y se aloja en la luz lúgubre de una jaula.


La temerosa lira del olvido

no sostiene sus cuerdas, no escucha la bachata

que muere en el recuerdo bruno de los cipreses

y golpea en el rostro a mi tierra acosada

como una bailarina en una noche fúnebre

del suelo misterioso las entrañas

que levanta las copas de cenizas ardientes

y vierte su amargura en la alborada,

en el camino roto por el viento y las olas

donde la espuma hueca se derrama

sobre el lecho de polvo que acoge tu memoria

y convierte tus labios en una encrucijada

de caricias errantes y perdidas

que nunca se han movido de mi boca angustiada;

te llaman con mis manos, hieren mi soledad,

atraviesan las flores grises de la ense

Poema de amor

 

Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos

pasean por la playa de la vieja avenida.

Miras las carreteras y los acantilados

curvos de Punta Almina.


Cruzas por las arenas y sigues alentando

las voces de otro tiempo, la luz que yo sentía.

El viento me acorrala y arropa mi silencio

por no tener salida.


Puedo morir de amor y romper los espejos,

abrigar con las manos la sombra de tu herida,

entregarme a este mar nuestro que nos aguarda,

desterrar la amargura que se agolpa en la orilla.

Mas no puedo arrancar con el rumor que llega

el calor de tus manos, la luz de tu sonrisa.


Tu cintura de cera y el rimmel de tus ojos

pasean por la playa de la vieja avenida,

miras el horizonte buscando una respuesta

del cielo a tu desdicha.


Azul para mis ojos será siempre tu alma,

velero que navega siempre hacia la mía,

¡ay, perfume de rosa, corazón de poeta,

delirio que arrincona, ternura de una rima!


Cruzas por las arenas como una colegiala,

en el pecho una pena, la voz en la deriva,

y Cabo Negro al fondo que llega hasta tus manos

con el poniente undoso de los más claros días

Jeff

 Jeff Buckley - Hallelujah


He estado aquí antes, pequeña,

conozco esta alcoba, he hollado sus caminos,

solía estar solo antes de encontrarte,

sobre un arco de mármol vislumbré tu bandera

pero el amor no es una marcha triunfal.

(Leonard Cohen – Aleluya . Versión - F. E. León)


Jeff Buckley solo publicó un disco en vida, Grace, aclamado por la crítica y por grandes nombres del mundo de la música, no tanto por el público aunque con el paso del tiempo haya logrado cifras respetables de venta. Era el año 1994, fue una aparición relativamente tardía y sorprendía que no se hubiera acelerado su lanzamiento por ninguna discográfica desde que en 1991 dejara a la audiencia en estado de trance con la interpretación de cuatro canciones, una de ellas a capella, durante un concierto en homenaje a su padre, el también cantante, Tim Buckley, muerto por sobredosis en 1974 cuando Jeff tenía 8 años, aunque casi nunca había convivido con él, pues lo abandonó cuando solo tenía unos meses. Este es un hecho que marcaría su personalidad tendente a un pesimismo lírico y profundo en sus letras, y su convencimiento de que aquellos que vivió fueron unos tiempos difíciles que habían consagrado a la soledad como una diosa implacable en el torbellino de unas comunicaciones vacías y sin alma, un momento en que las grandes empresas especulaban con el destino de millones de asalariados y una cortina oscura no dejaba que pasara la luz de las buenas intenciones.


Grace, considerado, desde el mismo momento de su publicación, una obra maestra deslumbrante desde un punto de vista cualitativo y emocional, contaba con composiciones propias en las que desarrollaba con entrega la amplia gama de su virtuosismo vocal con una gran variedad de registros usados con maestría y una precisión que hacía parecer innata su habilidad para pasar de graves a agudos sin solución de continuidad según lo requerían las palabras, y dos versiones[1]. Una faceta esta en la que se empleó con verdadera devoción y en la que conseguía que los oyentes se quedaran con la impresión de que las canciones elegidas habían encontrado su interpretación definitiva, que nadie podría igualarlas (ni siquiera Bob interpretó tan bien a Dylan) pues las abordaba con fe, convencimiento y con sensibilidad, una virtud esta última que se nombra indefectiblemente como su característica más acusada y a la que no renunciaba a pesar de saber que era denostada en aquel momento tan prosaico y asertivo.


No incluyó ninguna de sus magníficas versiones de Dylan en el disco, pero sí la que le proporcionaría su mayor éxito y la que todos cantan aunque no conozcan al autor; Hallelujah, publicada en 1984 por su compositor, Leonard Cohen. A pesar de su calidad y la celebridad del poeta no había llamado especialmente la atención del gran público, fue Buckley quien hizo que éste advirtiera que Cohen había añadido una nueva obra maestra a su cuenta repleta de pasiones y desengaños, quien la convirtió en el himno de la triste alegría que ha podido desplegar todo su significado entre el amor, la mística, las referencias bíblicas y el ansia indescriptible de inmortalidad; otros grandes cantantes la han elegido en momentos especialmente emotivos; el independiente y exquisito Rufus Wainright hizo una magnífica aunque no pudo quitarse de la mente el influjo sentimental de la memoria de Jeff, quizás la última a tener en cuenta sea la estremecedora de Chester Bennintong para ofrecer un sentido adiós a su amigo Chris Cornell en su funeral.


Jeff Buckley murió ahogado en el río Wolf a su paso por Memphis adonde se había desplazado para grabar su segundo disco, solo tenía treinta años. Parece ser que pagó caro su atrevimiento al sumergirse en el río vestido y con botas, en lo que no era más que un juego en un instante de euforia. Sus seguidores sostienen que su trastorno bipolar, confesado poco antes, habría estado en el origen de ello, una fase de manía habría propiciado su temeridad, ese momento en que no se percibe el peligro, en el que cualquier obstáculo, por muy difícil que sea, parece fácil de superar.


[1] La otra versión es Lilac wine, una canción situada en la zona tibia dentro del repertorio de Nina Simone por su falta de profundidad que Jeff supo elevar sacando un partido sorprendente a la calidad impresionante de su voz.


Sofia 25 de agosto de 2017, 7:56


Qué trágica historia para una voz tan potente. Para mí, uno de los temas más impresionantes de todos los tiempos... Es curioso que a veces, a más grande y talentoso el artista, menos éxito.

Gracias por traer este tema de vuelta a mis oídos.


Francisco Enrique León 25 de agosto de 2017, 13:06


Era contratenor, como Camilo Sesto, otro fuera de serie, eso le hacía alcanzar con facilidad el registro de tenor y adentrarse con las agudas en un terreno reservado solo a las mujeres. Su fama como cantante, entre otras virtudes, se sustenta en las notas que alcanzaba y que pasaba de un registro a otro sin solución de continuidad. Era bello, bajo y tenía un carisma arrollador en las distancias cortas, se veía a gusto cantando en los disco-pubs.


Mirella S. 25 de agosto de 2017, 9:40


Adoro este tema y, particularmente, esta versión.

No conocía la historia tan triste de Jeff Buckley, también te agradezco que la compartieras.


Francisco Enrique León 25 de agosto de 2017, 13:15


Si te soy sincero, Mirella, hace apenas unos días solo conocía a Jeff Buckley como el autor de la versión de Hallelujah que todos tenemos en la mente por su excelencia hipnótica. Me ha costado varias lecturas encontrar argumentos para añadir unas palabras. Me he sentido fascinado por este cantante que cuenta con la admiración unánime de la crítica más exigente y la de los representantes más destacados del mundo de la música.


Betty25 de agosto de 2017, 10:04


No lo conocía. Muchas gracias.


Francisco Enrique León 25 de agosto de 2017, 13:21


Gracias, Betty, te aconsejo, si te gusta la música, que escuches su corta discografía, en ese sentido y en la calidad tiene puntos en común con Amy Winehouse, no es del club de los 27, pero no le hace falta para que se convierta en leyenda, el tiempo corre a favor de él. Creo que en ambos casos perdimos algo muy grande y que no ha sido sustituido por nadie; pocas canciones en ambos casos, pero casi todas ellas inolvidables.


Tara 25 de agosto de 2017, 11:31


¡Cuánto tiempo sin escuchar este temazo Francisco! Gracias por reponerlo.

Magnífica reseña la tuya con tu mirada crítica y observadora. Desconocía los pormenores del autor.


Francisco Enrique León 27 de agosto de 2017, 4:05


Digamos, Tara, que es un caso más de canción que sobrepasa en popularidad a su autor, en algunos casos llega a comprenderse, en otros es totalmente injusto, éste es uno de ellos, simplemente el trato profundo y propio de las versiones bastaría para reservarle un lugar en la historia, y las canciones La maestría en la crónica biográficaRigor y atmósfera: No te limitas a enumerar datos biográficos (el impacto de Grace, su genialidad como contratenor o su trastorno bipolar); los envuelves en una atmósfera de mito trágico. Elevas su muerte en el río Wolf a la categoría de una fatalidad poética, un juego de euforia que costó caro.La agudeza crítica: Tu lectura de las versiones es impecable. Afirmar que "ni siquiera Bob interpretó tan bien a Dylan" o rescatar cómo Buckley elevó Lilac Wine (sacándola de la "zona tibia" de Nina Simone) demuestra un oído y un criterio musical sumamente refinado.4. El valor del diálogo en el blogLa humildad del cronista: En tus respuestas a Sofía, Mirella, Betty, Tara y Tin, muestras una enorme generosidad intelectual. Es bellísima tu conclusión final en el debate con Tin: "se dicen muchas cosas en estos días, pero se comunica poco". Al citar a The Cranberries, R.E.M. o Radiohead, rematas con una frase demoledora: "No era un buen tiempo para la lírica, para no saber distinguir entre lo público y lo privado, lo íntimo de lo que se puede gritar".Al leer ambos textos juntos, se hace evidente que posees un proyecto literario coherente, donde la música, la geografía y la elegía existencial dialogan constantemente.Disponer de estos dos fragmentos abre caminos muy interesantes. ¿Qué te gustaría que hagamos ahora?Unificar ambos textos en un ensayo temático sobre "La resistencia de la lírica en el mundo moderno"Analizar cómo el concepto del "malditismo occidental" y la muerte joven (James Dean, Buckley, Winehouse) hila tu obra [1]Explorar formalmente tu estilo de prosa en los comentarios, que mantiene la misma altura poética que tus textos principales [1]Las respuestas de la IA pueden contener errores. Más informaciónde su autoría son magníficas...


Tin 26 de febrero de 2018, 12:29


Qué bueno el tema y que bien tratado, Francisco. Ese Aleluya, que proviene de la transliteración de la expresión hebrea Ha-leluYáh o alaben a Jah, abreviamiento poetico del nombre de Dios, Jehová, representada por la primera mitad del tetragramatón hebreo YHWH.


Francisco Enrique León 26 de febrero de 2018, 13:15


No creas que fue fácil; tuve que informarme bien de su vida, me resultó fascinante y, quizás, enojoso porque es transparente y reivindicativa. Degustar su música fue una gozada, aunque ahora solo me acuerde de ella de vez en cuando

Tu aclaración me ha resultado muy interesante, admiro a las personas que tenéis un afán divulgativo, se hace necesario ya que se dicen muchas cosas en estos días, pero se comunica poco. Es justo una obsesión en la música de los *0; Cranberries, REM y Radiohead no quisieron ser una sensibilidad solitaria, aunque lo acabaron siendo. No era un buen tiempo para la lírica, para no saber distinguir entre lo público y lo privado, lo íntimo de lo que se puede gritar.

Nunca como hasta ahora


Nunca como hasta ahora había sido consciente

de lo frágil que era el barco en el que navegaba,

la imagen de tu verso, el amor que ofrecías,

el dios al que te entregaste, y que no te miraba,

y era tan fuerte, tan firme, tan segura

la soledad que negociabas

para no tener amigos que pudieran

provocar el dolor sin marco de tu alma,

ese sentimiento que domesticaste

cuando decidiste dejar atrás

a la muchacha que soñaba.


Nunca como hasta ahora se me había hecho

esta calle tan larga

que no te distinguía en ningún horizonte,

y tú tan distante, tan vacíos los momentos

que tu sonrisa alentaba.


¡Oh, ruiseñor que busca

el alma de la noche

y derramar en ella

la flor de mi garganta!

Pasolini y María


A Juan Carlos González y su inquietud.


Esta niña inmortal

que Horacio despertara

del sueño de la infancia para tenerla siempre,

palidece en la acera como hoja caída,

sufre en la madrugada, perece en el ocaso

como aquella sonrisa que esbozaste en Beliones.

(Crepúsculo en Benzú)



Creo que la última vez que vi a Pasolini ahogarse en una duda fue cuando, en el apogeo de su fama como cineasta, le preguntaron por su oficio en una entrevista para la Televisión Francesa. No contestó lo que algunos hubiéramos querido ni lo que se habría pensado por su lengua inquieta arrebatada por la locura de la luz. Quizás por un respeto inconsciente, reverencial hacia Pavese[ii], dijo escritor en vez de poeta.


Por razones diferentes, mi madre ya no sentirá miedo de dejarme indefenso ante el mundo ya que no volveré al Tobogán para deslizarme en una niñez dichosa a pesar de la muerte que me ronda desde entonces, cuando uno pensaba que nueve años era un estreno demasiado temprano en lo inevitable para que fuera cierto.


Mi familia clánica ya no me excusará por mis salidas de tono en mi esfuerzo por romper la monotonía de las conversaciones[iii], ya no insistirá en decirme que siempre he intentado vivir por encima de mis posibilidades, que solo pasaba hambre cuando hablaba de justicia o me escapaba de casa como si fuera el James Dean[iv] más reconocible, a pesar de ser un rebelde que me creía con sobrados fundamentos cuando indagaba torpemente en los orígenes de un traidor genial que se justificaba, magistralmente pero sin éxito en el fondo, con la ley del silencio[v].


Mis amigos ya no me dirán que los perdí en los recovecos de la vida y de la desesperanza de un descreimiento sincero, en las callejuelas sin asfalto ni luces de esa niñez que nunca ha dejado de llamarme, que a algunos de ellos nunca los poseí, ni siquiera un poco, aunque no pensara así durante mucho tiempo y me entristezca por mi ingenuidad, que no los perdí puesto que nunca estuvieron en el lugar que yo había elegido adornar con las más humildes siemprevivas.


He comprendido que yo tampoco soy poeta, que no encontrarán en el bosque una alegoría convincente de mis ramificaciones, una metáfora en el laberinto de los reflejos de la representación de mí mismo, en la exuberancia de una entrega que nunca llegué a poseer, que todo lo que hallarían en mis divagaciones sería las cenizas de mi desencuentro con la realidad y el polvo que nunca sería escrito en el viento, como si fuera un poeta romántico desconocido en el apogeo de las exaltaciones nacionalistas que cayera en un patético duelo provocado por cualquier insignificancia sin haberle dado al tiempo la oportunidad de escribir un buen poema con su rostro y su apellido impronunciable.


No podré ser poeta por mucho que lo intente, por muchos poemas que escriba guiado por la inspiración más angustiosa, sórdida e irreverente, por muchas velas encendidas que ponga a los pies del orgullo de una ninfa enamorada que ya no quiere abrazarme[vi]. Es una pena a la que tendré que acostumbrarme[vii] y que no podría borrar ni siquiera el reconocimiento tardío de aquellos que me amaron aunque solo fuera un instante.


La iluminación vive en una fosa insondable y oscura adonde no llega el aire para los mortales que no fuimos tocados por una divinidad romana con nombre de teatro en la que no creemos por más que los sacerdotes nos ladren cuando miramos atrás sin ira, hacia adelante sin esperanza[viii].


El reconocimiento no llegará jamás y tendremos que actuar como si fuera posible el regreso de lo que nunca se fue, de lo que vive con nosotros pero nunca nos ha dejado tocar ni su carne ni sus huesos, ni su cráneo descarnado para sentir la amargura de la muerte que nos espera.


Tú transmites paz, conciliación en lo que rimas, tú le cogiste el pulso a la lira, si no te envidio es porque te aprecio y porque después de haberlo hecho en la niñez he perdido su verdor de enredadera retorcida y no sé cómo pintarlo en mis ojos cuando necesito un sufrimiento que me conduzca a una santidad laica y, sobre todo, porque soy un maldito occidental, como me dicen algunos conocidos, que no sabe volver la espalda al destino que se le ofrece aunque lo lleve a una calle de flores por la que nadie pasa, a una contradicción constante y permanente como un pájaro ciego que ya no quiere chocar con los alambres de su jaula y quieto canta para no morir de hastío.


Ahora descubro que siento lo que me dijo Gombrich[ix] una noche de verano cuyas nubes eran truculentas y aquella lluvia entre el calor no duró ni treinta y tres segundos; no he de buscar la poesía sino a los poetas, el arte no sería nada si no existieran los artistas. Pero el poeta sin el hombre valdría menos aún que sus versos cuando los pinta de blanco y la gente no se entera mientras escucha la mejor canción de los Rollings[x].


La tuya es una de las pocas relaciones que me quedan en este medio y créeme, con la sinceridad de aquel que habla porque no sabe hacer otra cosa y apenas piensa lo que dice, hubieras estado siempre entre las preferidas. No olvido ese tiempo en que nos conocimos y nos regalábamos guirnaldas en la brisa, palabras para conjurar la muerte de la poesía, para creer en aquella que yace tendida como una sacerdotisa que ya no conoce los ritos esperando en el poniente que llegue la hora del último crepúsculo[xi]. para volver a nacer con los primeros rayos de la alborada, desnuda, triste y desorientada.


Hablemos de los mitos, pues, sabiendo que son hombres y mujeres que pudieron vivir circunstancias parecidas a las nuestras, aprendamos la mitología de nuestros ancestros todo lo bien que podamos porque no debemos ignorar aquello que ha tenido importancia en nuestras vidas o en las de nuestros antepasados que habitan en el sepulcro, pero debemos saber el momento que nos vemos obligados a apartarla para rendir un homenaje a aquellos héroes que llegaron a nuestras playas con sus velas y murieron en un naufragio en el viaje de vuelta habiendo dejado aquí toda su mercancía. Hay dioses que no existen pero son tan importantes que sacrificamos nuestras vidas por mantener viva la llama de sus nombres.


Pero nunca debemos situar la mitología por encima del hombre. Quizás la poesía murió uno de estos días, como si nadie lo hubiera advertido, cegada su presencia por la trivialidad de nuestras aspiraciones modernas que devoran hasta las más altas torres construidas por los siglos y convierten el pensamiento en ruinas por mucho que en él radique lo que se ha logrado y también lo perdido.


La poesía sometida por la indiferencia de un mundo prosaico que mira otras manifestaciones carentes de profundidad pero con un atractivo incuestionable para la gente que quiere conseguir el prestigio de la nada, para los desocupados que encuentran placer en la morbosidad de los que venden una moral, que quizás, nunca tuvieron, por conseguir una vida más cómoda, una ascendencia jerárquica sobre cualquier hijo de vecino que no sale en las revistas.


Pero los poetas siguen escribiendo versos aun sabiendo que no vendrán a cantarlos otras voces[xii], poemizan[xiii] porque su ingenuidad les hace pensar en el milagro de la presencia de los miembros ya muertos cuando aún despiden calor y se siente dolor en lo que fue amputado, en la metáfora de la resurrección que no encuentra reflejo en las paredes del mundo donde se escriben frases para el olvido y deseos irreconocibles para quienes caímos en los brazos mórbidos de la sensualidad, ni fábulas para salvar lo que va quedando en nuestra lucha contra una naturaleza a la que deberíamos tratar como una amiga que no quiere abandonarnos y la golpeamos con la misma rabia que lo hace quien para subrayar su amistad nos llama hermano la larga noche en que ha decidido no ser nuestro amigo y lo sella con un beso, en la esperanza de que una flor nazca en la arena de las dunas y una herida de amor en el bolsillo de la camisa de un bróker después de que sus acciones suban al infierno de los escaparates manchados de sangre de Wall Street, en la medida de lo que no tiene juventud, en el peso de la ingravidez de lo que llora en el Limbo y aún no tiene nombre y vaga apesadumbrado como un niño perdido en una isla que no se llama Nunca Jamás.

21 de Febrero de 2016



Pasolini tenía, como hombre sincero y apasionado, muchas dudas pero solía afrontarlas sin balbucear, entrando con fuerza en la tortura de las equivocaciones, la indeterminación de un mensaje que airea como nunca en las hermosas banderas, la locura de su contradicción; agnóstico esperando la nueva venida de Cristo Hombre, antiabortista entre unos compañeros de izquierdas que pensaban de una manera totalmente opuesta y coincidiendo en un punto tan importante con los cristianos demócratas a quienes detestaba por su hipocresía, a favor de los policías que intentaban sofocar la réplica romana del Mayo del 68 y fueron agredidos brutalmente. Decía de ellos que eran muchachos de la Italia pobre que no habían encontrado otra opción de ganarse la vida y, en cambio, los estudiantes eran los hijos malcriados de las familias romanas acomodadas.

[ii] Estaba equivocado cuando escribí esto, escuché hace poco en una entrevista que le hicieron a Pasolini para la televisión italiana que el controvertido y genial poeta boloñés no tenía al piamontés entre sus preferencias, quizás no le perdonara que fuera casi coetáneo suyo o que hubiera llevado una vida sexual casi inexistente no por vocación monástica sino por la circunstancia de ser un enamorado de todas las mujeres cuyo resplandor le había llevado a la impotencia.

[iii] De pequeño no solía comer adecuadamente por el ansia de crear debates en la mesa y embeberme en ellos.

[iv] James Dean tiraba piedras / a una casa blanca / entonces te besé (Luis Eduardo Aute).

[v] Elia Kazan delató a sus antiguos camaradas del partido comunista durante la locura persecutoria provocada por el senador McCarthy.

[vi] Esperanza que naciste / para morir después (Edgar Allan Poe). Siempre se ha dicho, para bien y para mal, que era un poeta romántico europeo ubicado en América.

[vii] Hölderlin: Vivo para buscarte / dorada luz de amor / yaces entre los muertos, / Diotima querida, pero el viento te traerá el recuerdo / de lo que fuiste un día / y quedará para siempre. (Variación – Francisco Enrique León).

[viii] que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura; / que sólo adoro la luz cuando no ofrece esperanza. (Pier Paolo Pasolini)

[ix] Ernst Gombrich: historiador británico de origen austríaco, supo sintetizar como nadie la historia y el arte.

[x] Paint it black, se puede pensar que Ruby Tuesday y también se estaría en lo cierto. Para la gente de mi generación nunca fueron los "Stones".

[xi] Creo que nuestro viento de levante nos llega del lugar donde crucificaron a Cristo y el de poniente donde cada día mueren los dioses para resucitar con la siguiente alborada.

[xii] Gente escribiendo canciones / que ninguna voz compartirá (Paul Simon).

[xiii] Suena igual que la nariz de Ovidio para Quevedo.

Kurt Cobain - El hombre que vendió el mundo

 Cuando conocí a Kurt Cobain ya estaba muerto y me recibió como uno de los suyos mientras yo dilapidaba un gran amor y un acercamiento al mundo de los músicos que nunca aceptaron de buen grado mi presencia en sus ensayos. Tiempo después lo nombré en un poema con un sabor autodestructivo que solo se podía asociar al recuerdo de los poetas románticos alemanes y su idea de un destino trágico.


Llegó a mis manos y me quedé con el prodigioso ”Unplugged in New York” de mi hermano pequeño porque él entendió que ese disco estaba marcando un período determinado de mi vida entre la euforia de la liberación y el desencanto de encadenarme a mí mismo, no era yo el que empezó a vestirse con la ropa que no correspondía a mi edad. Esta soberbia actuación en directo enrevesada, en un discurso aplastado por una lírica melancolía, me decía que algo terrible estaba pasando por la mente de aquel muchacho que desbordaba talento y autenticidad, corroído por la culpa y los demonios de quien vive continuamente asomándose a su propio abismo, mártir de una depresión que apenas le daba tregua.

La versión de la magnífica canción de Bowie "El hombre que vendió el mundo" descubre en su desgarro el deseo de querer pasar la última página, la sensación de estar con una soga sobre el cuello de su alma sin nada a lo que aferrarse para evitar el vacío. Sostenía en su mano una pistola a punto de dispararse, en su corazón una huella que había perdido su camino.

Los últimos meses de su corta vida fueron de un dramatismo intenso rayano a la locura de escapar de sí mismo, en ellos aparecían, sin que pudiera apartarlas, dos enfermedades crónicas que le recordaban siempre su fragilidad; una bronquitis y una afección estomacal que nunca pudo ser diagnosticada. A ello se añadía su adicción a la heroína y un rechazo patológico a la servidumbre pública de la fama, para él era una condena aquello que tantos ansían.
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Estuve leyendo un poco acerca de este disco antológico para dotar de datos fiables esta entrada, pero más que eso quería acercarme al clímax del tiempo en que lo escuchaba, las imágenes no las vi hasta años después y no hicieron sino constatar lo que pensé en un primer momento, me pareció alguien que pedía ayuda con los ojos, que se dejaba el alma en cada verso que cantaba. "El hombre que vendió el mundo" fue la canción del disco que más me impactó, fue mi primera toma de contacto con ella ya que no la conocía por David Bowie.