sábado, 22 de agosto de 2026

Sacerdotes

 


Sacerdotes


Me enamora esta extraña rudeza de los vivos.
Me enamoran los ritmos
de los miembros ya muertos.
Me enamoran aquellos que ya entraron
en la noche que huele a pétalos y a polvo.

( Sidney Keyes - Traducción; Mariano Manent)

He pensado mucho en Ramón Ataz en estos días, en cierta forma muchas de las cosas que he escrito han podido verse modificadas por la impresión, difícil de explicar, pero cierta, de pesimismo valiente lleno de esperanza que me ha dejado su despedida. Reconozco que al escribir éste que os presento, el más osado de todos los que he escrito puesto que en su búsqueda olvidó que existen las cuerdas y las redes o que siempre puede haber un lugar seguro donde guardar la ropa antes de mostrar una herida, su recuerdo era vago y difuso.

Pero no puedo reprimir mi admiración hacia un hombre que no solamente sabía latín, estoy casi seguro de ello, sino que lo amaba, de eso no me cabe la menor duda, y lo mostraba siempre con la humildad del peregrino iluminado, nunca se subió al púlpito para hacerlo. La causa de que no le dedique el poema abiertamente no es otra de que me queden muchas dudas de que el poema esté a la altura de lo que él merece.

Por pasar, puede ocurrir de todo en esta vida,
tan monótona y siempre abierta a la sorpresa.

Este poeta que se burla de su sombra y el destino
podría ser bendecido por el pueblo
que le volvió la espalda cuando necesitaba
calor en el largo invierno que su alma fingía
y algo esperaba
mover en las conciencias con su aullido temerario,
mas no por el sacerdote
que desde la primera fila podrá ver
las arrugas profundas que el hambre
y la verdad habrán labrado.

No es algo que yo diga,
es por todos admitido,
cada cual en su escenario despliega lo que tiene,
y ya sabe el actor que vive por las mujeres
que, casi nunca, visitan el camerino
cuando se apagan las luces.

Desconfía, Horacio,
incluso de aquellas almas delicadas
cuando se olvidan del hombre e imponen con voz
condescendiente el brillo de su sotana,
ellas no soportan el verbo temerario
de quien ya no sabe lo que dice,
pero en sus metáforas absurdas les recuerda
el origen de la miseria de sus triunfos.

No tengo más destino

 No tengo más destino que el aroma

de tu cuerpo temblando junto al mío
y sentir el ansiado escalofrío
de la venda de amor que al aire asoma.

No tengo más remedio que la toma
del corazón que fluye como un río
y me lleva a los pies del desvarío
de tu soga de amor que al viento doma.

Me acercaré a tu pecho que provoca
y no podré errar aunque tú falles
pues te llevo en el alma que te invoca.

No podré caminar sin los detalles
que circundan la línea de tu boca;
te escucharé, amor, aunque te calles,

Extraño fruto

 Abel Meerepol







Los árboles del Sur tienen un fruto extraño

con sangre en sus raíces,

sangre en sus hojas.

Los negros danzan

con los vientos del Sur

como esa fruta extraña que cuelga de los álamos.


Idílicas escenas llenan el Sur amable

entre los ojos mórbidos y la boca indignada,

de magnolia un aroma

plácido y fresco

penetra en el olor ardiente de la carne.


Aquí dormita el fruto que los cuervos arrancan,

que la lluvia recoge,

inspira el viento

y pudre el sol,

cuando cae del árbol

se amasa una cosecha lastimosa y extraña.


(Abel Meerepol – 193

9 – Variación – F. E. León)

Patrizio Bárbaro - A Pasolini











El problema es tener ojos

y no saber ver,

mirar las cosas que acontecen.

Ojos cerrados, ojos que ya no ven...

que ya no son inquietos.

Que ya no esperan que ocurra nada más.

Quizás porque no creen

que la belleza exista.

Pero ella pasa sobre el desierto

de nuestras calles

rompiendo el límite agotado

y llenando nuestros ojos de un deseo infinito.


(Variación - Francisco Enrique León)

Leonard Cohen - Perdí mi camino

 "I lost my way,

I forgot to call on your name.
The raw heart beat against the world,
and the tears were for my lost victory.
But you are here.
You have always been here.
The world is all forgetting,
and the heart is a rage of directions,
but your name unifies the heart,
and the world is lifted into its place.
Blessed is the one who waits
in the travellers heart for his turning."


"Perdí mi camino,
olvidé invocar tu nombre.
El corazón prístino latía contra el mundo
y lágrimas fluyeron por mi victoria perdida.
Pero tú estás aquí.
Tú siempre has estado aquí.
El mundo lo olvida todo,
y el interior es un torbellino de itinerarios[iii],
pero tu nombre unifica el corazón,
y el mundo se levanta en su lugar.
Bienaventurado el que espera
en el corazón de los viajeros para que vuelvan. "

Anne Sexton

  Sexton - La verdad que los muertos conocen


https://cuadrivio.net/wp-content/upload ... Sexton.jpg


[img]Se me han ido, vuelvo de la iglesia

evitando la fría procesión hasta la tumba,

dejando a los muertos solos en el coche.

Es Junio y estoy cansada de mi entereza.


Nos dirigimos al Cabo, y me animo a mí misma

cuando el sol se desvanece en el azul

y el mar se balancea como una cancela de hierro

y nos emocionamos. Muere la gente en otros lugares.


El viento, querido, cae como guijarros

de las blancas aguas y cuando nos turbamos

lo hacemos plenamente. Nadie está solo.

Los hombres matan por esto o cosas parecidas.


En cuanto a los muertos... viven descalzos

en los barcos de piedra

porque son más de piedra que el mar cuando se aquieta.”

No quieren que les bendigan

la garganta, los ojos, los tendones.


Para mi madre, nacida en marzo de 1902, murió en marzo de 1959

y mi padre, nacido en febrero de 1900, murió en junio de 1959


For my Mother, born March 1902, died March 1959

and my Father, born February 1900, died June 1959



Gone, I say and walk from church,

refusing the stiff procession to the grave,

letting the dead ride alone in the hearse.

It is June. I am tired of being brave.


We drive to the Cape. I cultivate

myself where the sun gutters from the sky,

where the sea swings in like an iron gate

and we touch. In another country people die.


My darling, the wind falls in like stones

from the whitehearted water and when we touch

we enter touch entirely. No one’s alone.

Men kill for this, or for as much.


And what of the dead? They lie without shoes

in their stone boats. They are more like stone

than the sea would be if it stopped. They refuse

to be blessed, throat, eye and knucklebone.

Pasolini - Cercana a los ojos

 Cercana a los ojos y los cabellos sueltos

sobre la frente, tú, pequeña luz, 

demacrada, enrojeces mi cuaderno.

De adolescente, en tu pálida llamarada,

ardía hasta la noche, y era extraño

escuchar al viento y a los grillos solitarios.

Entonces, en la olvidada habitación

dormían mis padres, y mi hermano,

inmóvil, descansaba tras un muro delgado.

¿Dónde está ahora, luz roja?

No hablas, sin embargo iluminas; y suspira

el grillo en el silencio de los campos.

Y mi madre se peina al espejo

de una manera antigua como tu luz,

pensando en su hijo ya sin vida.

Carta abierta a Rafel Calle

 Y tú lees tu Emily Dickinson

y yo mi Robert Frost,
y señalamos nuestro sitio
en la cinta del libro
para medir lo que hemos perdido.
Como un poema mal escrito
somos versos sin rima,
estrofas sin ritmo
con un compás entrecortado.
(Paul Simon)


Nunca tuve fe en este poema, Rafel,
así, todo lo que me llega hablando sobre él
es un regalo añadido,
una gota que se yergue en el ruido del mar
que nos separa y nos une
como si fuera la poesía que perseguimos
por caminos diferentes y alejados.

En esto me veo cada vez que lo leo
y pienso que añadiría esto que me conforta,
que suprimiría aquello que me hiere,
que me pierdo en el milagro de una sonrisa triste,
que vuelvo al surrealismo que impregna mi palabra
con el romanticismo intemporal
adueñándose de todo aquello
que a todos nos pertenece y se mantiene en el aire;
hay en mi corazón furias y penas
cuando me siento embargado
por un verso de Quevedo.

Tengo asumido que no tendré jamás la lucidez
de José Emilio Pacheco.
Él tenía por cierto que lo que salía de su pluma
sería comentado,
escrito en las paredes impasibles del metro,
que sus sentimientos pertenecerían
a aquellos transeúntes sin destino
que lo necesitaran
como yo en este día de sol
que tirita apagado
como yo en una estrofa de Paul Simon,
como una huella errante sin dueño.

Sé muy bien que la oscuridad de mi palabra
no se enciende en la avenida
que hay entre el olvido y yo
como un pensamiento irreflexivo de Dylan
en el señor de la pandereta,
y la voz cavernosa y deprimida de Cohen
en la elegancia de una sábana desgarrada.

Pero merece la pena intentarlo, en esa lucha
siempre hay alguna caricia que queda
y se rebela contra los vestigios
que permanecen en los labios ajados del silencio.

Ya no tengo la calma para medir
un poema de amor;
volvamos a la calle de la ausencia,
a ese momento que rompe la soledad
de los poetas polvorientos en el exilio de las calles
que nos siguen acompañando
cuando descubrimos
algún misterio en la palabra siempre,
cuando tenemos por cierta la belleza
que subsiste en el cuidado de un Garcilaso ausente,
en la eternidad que brota en la mirada fugitiva
de aquella que nos mueve en el recuerdo
aun cuando perdemos fuelle en la soledad
que conserva el milagro
del primer verso de cada poema,
ese que nos entregan los dioses
y muere en el secreto de la audiencia
en los pies del teatro de los sueños.

No sé decirte nada más,
como los álamos tiemblo
en los lugares donde solía jugar.

II
Mi abuelo decía - El último tren de Tetuán



Para qué quiero salir a la calle si tengo el sol en la terraza desde donde veo el primer espigón que me trae el recuerdo de la tarde más triste; las rocas cortaron la cuerda que nos unía, a pesar de que me comías a besos y que me amaste cuando no me querías. Desde el espigón, a lo alto, mirábamos el túnel que viera pasar el tren de Tetuán en el taró que retaba al sol árido de agosto y vio la última guerra. A pesar de que la corrupción arrasaba a burócratas y militares, estudios minuciosos de las cuentas lo delatan, los tetuaníes guardan un recuerdo místico, sincero en su paternalismo desmesurado, de los españoles, quizás fuera porque estos carecían del orgullo de pertenecer a una civilización superior de los franceses que se quedaron con la parte más grande, culta y pacífica del Protectorado. Aunque también hubieron que vérselas con Abdelkrim y sus rifeños sanguinarios, en la toma de Fez.

Mis abuelos fueron a Tetuán en su viaje de novios, él, casi con toda seguridad, visitaría el cementerio judío y rezaría en la memoria de sus mayores, sus apellidos; le delatan, sus abuelos quizás eran sefarditas, llegué a conocer a mi bisabuela que parió 16 hijos y estaba prematuramente envejecida, era católica, ella se dejaría llevar, quería que así fuera. Entonces sería antigua y casi culta, conocía todas las canciones populares y todo los refranes, lejos de la amargura para siempre que 33 años después le dejaría la muerte de su hijo pequeño que no tenía más que 18 años, el amor perdió a su mensajero que trabajaba en una de las tiendas de comestibles del barrio.

Mi abuelo decía que lo más grande era ser español como Ricardo Zamora y después ser de Abyla y católico, aunque solo iba a los bautizos y a las misas de difunto, y el 16 de junio a la procesión de la Virgen del Carmen, ya que era contraguía en la procesión de la patrona de los pescadores, aunque no se embarcaba, temía a la mar aunque vivía de ella; compraba el costo, en el que no faltaban el café, la leche y las galletas, y lo llevaba a varios barcos que le obsequiaban con media parte.

Mi abuelo amaba el fútbol, en un principio era del Atlético de Tetuán, no dejaba de narrar sus hazañas, con los ojos llorosos y encendidos, del año que estuvo en la primera división española, después fue del Atlético de Ceuta a muerte y, al final de su vida de la Agrupación Deportiva, en un proyecto ilusionante en que era el bardo que cantaba; un equipo de tercera, con plantilla de segunda y juego de primera, aquel hombre bueno, manso y culto dominado por el carácter amargo de su mujer, se convertía en el hincha más fervoroso del Ceuta, del que era empleado, llevando café en el descanso y alguna pomada al final del partido para aliviar los dolores que provocaban las patadas. Mi abuelo será feliz porque su querida Agrupación ha vuelto a subir a segunda después de una presencia efímera en ella hace 45 años.

Mi abuelo decía que no había naufragio como el del 12 de diciembre de 1948, hasta entonces era panadero y empezó a tener un miedo patológico a la mar, ese mismo mar al que consagró su vida desde entonces.


Baudelaire - A una transeúnte

 La rue assourdissante autour de moi hurlait.

Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,

Une femme passa, d'une main fastueuse

Soulevant, balançant le feston et l'ourlet;


Agile et noble, avec sa jambe de statue.

Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,

Dans son oeil, ciel livide où germe l'ouragan,

La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.


Un éclair... puis la nuit! - Fugitive beauté

Dont le regard m'a fait soudainement renaître,

Ne te verrai-je plus que dans l'éternité?


Ailleurs, bien loin d'ici! trop tard! jamais peut-être!

Car j'ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,

O toi que j'eusse aimée, ô toi qui le savais!


A una transeúnte


La calle aturdidora aullaba en torno mío,

alta, fina, de luto, dolor majestuoso

una mujer pasó paseando una orla,

recogiendo el encaje que la brisa erizaba.


ágiles y livianas sus piernas de escultura

yo bebía crispado, como un extravagante,

en su lívidos ojos que arrastran la tormenta,

el dulzor que fascina, los placeres que matan.


Un resplandor de noche, fugitiva belleza

cuyo mirar me ha hecho de pronto renacer.

No he de volver a verte sino en la eternidad.


Lejos de aquí, muy lejos, tarde, nunca quizás,

tú ignoras dónde voy, yo adónde te perdiste.

Tú a quien yo hubiese amado. ¡Oh, tú que lo sabías!

(Versión española - F. E:. León)


De tanto amarlos, el exquisito ácrata que se compró un castillo, no es tan malo Pablo Iglesias como dicen, perdió el tren de sus colegas del siglo XIX sin percibirlo apenas; El barco ebrio apenas da tumbos y se trastabilla al hablar, apenas toca con los ojos a la transeúnte, el albatros no solo yace roto sobre la cubierta sino que antes perdió las alas. El mejor músico de la Chanson con una diferencia abismal sobre los otros, se empeñó en tratar de usted al poeta maldito y a la amante de Verlaine, el resultado es fascinante según la crítica, pero mi opinión difiere, ninguno de los discos consagrados a estos dos clásicos que no lo pretendían contiene obras maestras como "Con el tiempo", "Barrio latino" o "En mi enterramiento". Brassens con su forma tan primitiva de componer logró joyas imperecederas como "No hay amor dichoso","Las pasantes" o "La balada de las mujeres de antaño".


Me desdigo, he vuelto a escuchar la canción varias veces y me parece una obra maestra sin estribillo.

A una transeúnte


(Versión fiel al original de “À une passante”, Charles Baudelaire)


La calle ensordecía a mi alrededor, aullante.

Alta, delgada, de luto —dolor majestuoso—,

una mujer pasó, con mano fastuosa

alzando y balanceando el borde del vestido.


Ágil y noble, con pierna de estatua.

Yo bebía, crispado como un demente,

en su ojo, cielo lívido donde germina el huracán,

la dulzura que fascina y el placer que mata.


Un relámpago… ¡luego la noche! Fugaz belleza

cuyo mirar me hizo de pronto renacer,

¿no volveré a verte sino en la eternidad?


Lejos, muy lejos de aquí, tarde, nunca quizá.

No sé adónde huyes, tú no sabes adónde voy,

¡oh tú que yo habría amado, oh tú que lo sabías!

Plegaria

 A Morgana de Palacios (Plegaria)


Nada ni nadie es la poesía.

(Joan Margarit)



y destroza a pedradas

el castillo de arena y cicatrices

que a diario restauras

en alguna bahía de mi olvido.

(Katy Parra – Coma idílico).



Nada ni nadie sabe dónde duerme el olvido,

ni en la voz cavernosa de Tom Waits

diciendo que sin ti


no existe la primavera,


ni en la mirada que arrancara su latido.



No está en la plegaria que cubrió tus ojos


con la melodía desenfrenada


de Patti Smith


cuando añora,


en medio de un sueño,


la ausencia perdida en el llanto de su madre.



Nada ni nadie sabe dónde duerme el olvido,


ni en la última huella de Jim Morrison


en los versos procelosos


que no escribió en París,


ni en la mirada abstracta


de los fríos calcetines de Pavese,


ni en la voz niña y triste de una violeta enamorada,


ni en los besos que aún permanecen en tu boca,


nada ni nadie sabe dónde está la poesía,


adónde van las palabras que nunca se dijeron


y siguen esparcidas en el aire que abrazas,


adónde los pasos que siempre me conducen


del puerto hacia la niebla


donde brota la herida que nunca acaba,


donde habita tu rostro,


donde espera


el vestido que llevaste en la aurora,


la huella de la 

cruz de tu mirada,


el miércoles de ceniza que se posó en mi frente.


Ya no conoces

 Ya no conoces el rumor del aire

en el alma fugaz de los jazmines,
la sangre clara y nueva que brota en los veneros,
ya no miras las nubes que se escapan
mientras la tarde oscura
se pliega en el cansancio de tu rostro
y esa niña en grisalla con lazos en el pelo
siente con amargura mi derrota advertida,
sufre las soledades del alma ante la muerte,
solloza en los relojes
por la eterna crueldad del tiempo con Saturno;
ya no escribe mi nombre en el camino
devastado en los bordes de tu huella,
y en su candor
no vuelve a las sandalias profundas de tu canto,
a la sonrisa tierna que llora entre los sauces.