jueves, 27 de agosto de 2026

A Rosario

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Soy un poeta de mujeres sensibles, Rosario, y cada vez son más escasas con el impacto regresivo e implacable de la Nueva Revolución. Es mi estigma y lo llevo muy bien, soy un heterosexual interminablemente cerrado aunque no vista bien en estos días sin huellas y con un virus. Los hombres que escriben poesía se han puesto el traje del John Wayne implacable y nostálgico, de no se sabe qué, a Ford le encantaba guardar muy bien sus secretos aunque derrochaba poesía porque le sobraba, en la inmortal "Los buscadores", aunque no quieran admitirlo; El papel vergonzoso del bueno de John en la Caza de Brujas y su conservadurismo glorioso y retrógrado tienen la culpa de ello. Pienso que nuestros colegas se sitúan todo lo cerca que pueden de la órbita de poetas prosaicos de nombres impronunciables muy alejados de Bécquer. El genial poeta sevillano era acusado de prosaísmo por sus amigos de la Escuela Neoclásica sevillana, el misterio de su inmortalidad estaría en que supo, con una maestría propia de muy difícil exportación, conjugarlo con el lirismo, la musicalidad, la tradición oral andaluza y el Flamenco. Esos poetas, mucho de ellos extranjeros, no suelen gustarme, quizás sean las traducciones o el complejo que nos lleva a la consagración de los nombres y las vidas extrañas que nos vienen de afuera, especialmente cuando acaban en suicidio.

Lo que me dices, Rosario, es lo que espero y, me lo tomo como un gran cumplido de tu arte y de tu elemental y atractiva actitud hacia la poesía, tu desparpajo me recuerda al de Concha aunque seáis muy distintas; ella en la onda de Carrol, tú persiguiendo la longitud creciente de la nariz de Pinocho, ella deliciosamente loca, tú, gran observadora de la realidad, dejando títere sin cabeza con una ironía medida. Pero sé que soy un divulgador natural y espontáneo que ha empleado más de una hora en colgar algunos posts que no suele leer nadie. Es muy duro para un cantante expresarse con convicción ante unas gradas casi vacías con gente con miedo como si habitara en su cemento frío un coronavirus permanente.

Me ha costado mucho trabajo comprender y no acabo de admitirlo de buena gana que no me parezco al Dostoievski que indaga con desesperación en los más oscuros recovecos de la naturaleza del ser humano en las situaciones más atormentadas y controvertidas, esas que lo llevaron a escribir una obra grandiosa con una introspección psicológica que aún no se ha superado y que le arrastró en su propia vida hasta la muerte.

Muchas gracias, Rosario, por tus cálidos comentarios.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.