martes, 25 de agosto de 2026

Pasolini

 Creo que, por desgracia, no hay que recordar mucho para encontrar el mundo que denunciaba Pasolini. El debilitamiento de la sociedad sagrada en Occidente no ha hecho que esta haya sido sustituida por otra con verdaderos valores humanistas.

(9 de junio de 2018)


Creo que debemos conocer a Pasolini, estemos de acuerdo o no con sus posicionamientos; dio motivos sobrados para cuestionarlos, en buena parte por una inconformista tensión constante que le hacía buscar la originalidad y desechar los tópicos más aceptados; su polémico punto de vista sobre el aborto no satisfizo a nadie. Pero quienes escribimos debemos insistir en su poesía, a veces pasan largos años sin que surja un poeta de su talla.

(7 de octubre de 2018)


Pasolini, en sus dos facetas más destacadas; la poesía y el cine, pasaba con suma facilidad de la genialidad al atropello, pero en ellas encontró lo más perdurable, yo añadiría, como su otra cumbre, la entrevista, un arte apenas reconocido e improvisado, en el que siempre buscaba la calidad estética y el compromiso, para mí incomprensible cuando lo basaba en la simple provocación del escándalo, ¿hay algo más escandaloso que decir simplemente la verdad a pequeño-burgueses que sueñan con la burguesía e imitan su decadencia? Su final, sinceramente presentido, podría haber formado parte de uno de sus guiones, sería el mártir en el que creía con el candor mortificado de un niño católico obnubilado por los brazos protectores de su madre. Probablemente nunca tuvo tiempo para escribir poesía, para corregirla o buscar la palabra exacta, el concepto adecuado, aun así dejó poemas que debiera conocer todo aquel que se asoma al mundo de los versos. Cuando empecé a conocer su obra dije, y el tiempo me ha ayudado a corroborarlo, que Pasolini partía de un lugar en el camino adonde no llegarían nunca incluso poetas de renombre.


(24 de octubre de 2018)


Ciertamente, Mirta, se me ha hecho corto tu comentario, perdóname si me he equivocado al llamarte, en España lo más normal es tener dos nombres y es, hasta cierto punto, frecuente que se nos llame por uno solo que no coincide con ninguno de los dos.


La luz del sol sigue madurando,

lejos andan los vendedores ambulantes;

sigue agriándose la tibieza del verdor en los mercados

del mundo,

por las calzadas de indecible perfume,

en las orillas de los mares, al pie de los volcanes.


(Pasolini – 1962 Las hermosas banderas – Traducción de Guillermo Fernández)


Me sorprende que, con respecto a Pasolini, algunos me hayan tratado como a un Jeremías extraviado. Respeto a todos los poetas y no niego ninguno de sus méritos pero pienso que la mayoría de los poetas endiosados, a pesar de su vasta cultura y su pulcritud a la hora de escribir versos, quedan lejos del alma apasionada del poeta boloñés.(26 de octubre de 2018)


Quizás haya demasiados que articulen la muerte de Pasolini haciendo referencia a los hechos y a través de ellos entrar en el pozo insondable de las especulaciones, quizás se haya acaparado demasiado en el simbolismo trágico de que fuera aplastado por una de sus debilidades menos perdonables, esa que le acercaba algunas veces, muy a su pesar, a la decadencia babilónica contra la que clamaba apasionadamente y sin ningún miramiento. No debemos pedirle más a un hombre, hasta Cristo llegó a perder la calma. Pero en el hito más importante de nuestra civilización cada error nos recuerda a los de Cristo, cada pasión de alguien que arrastre una cruz es la suya.


(25 de diciembre de 2018)


Sé bien, sé bien qué estoy en el fondo de la fosa;

qué todo aquello que toco ya lo he tocado;

qué soy prisionero de un interés indecente;

qué cada convalecencia es una recaída;

qué las aguas están estancadas...


(Pasolini - Análisis tardío -Traducción - Hugo Beccacece)


No recuerdo en este preciso momento si fue su propio y lujoso coche el que acabó deformándolo, aplastando sus órganos y sus huesos, el instrumento póstumo del martirio, como le dije a nuestra entrañable compañera, Roxane. Cada minuto de escritura nos exige demasiado, quedará escrito lo que podrá leerse cuando pasen los años, podrán ser evaluados los errores de sintaxis, las faltas de ortografía, el desconocimiento cada vez más profundo que tenemos de nuestra alma.


La grandeza de Pasolini, de Lorca o Antonio Machado no puede evitar que al hablar de ellos hablemos de sus muertes y que memoricemos morosamente los detalles que las precedieron y los que las siguieron, estoy seguro de que ninguno de ellos quiso morir por sus ideas pero, sin la tierna ironía de Brassens y muy a su pesar, es por lo que lo hicieron.


Reconozco que yo también hubiera preferido hablar de Pasolini con ropa de mercadillo y con un utilitario carente de extras que hiciera sonreír con burla a los jovencitos bellos y pretenciosos; la soledad de la muerte acoge en las mismas garras del silencio al burgués y al comunista.


(21 de septiembre de 2019)  


que no se pueden comparar mundos diferentes (como cuando la gente dice que el libro es mejor que la película, frase que escucho con demasiada frecuencia. No se pueden comparar artes que están hechas de materiales distintos).

Como en un disco habrá canciones que nos gusten más que otras, no se si es buena comparación.

También sabemos distinguir que Revolution number 9 del álbum blanco, no se le puede llamar si quiera canción. Más bien un experimento.


Francisco Enrique León13 de noviembre de 2017, 3:08


Me dejé el escalofriante "Análisis tardío", "La rabia" y "Las hermosas banderas". Tardé mucho en cogerle el pulso a los dos últimos poemas, el primero fue un flechazo.


Para mí, Juan Carlos, hablar de poesía o música es hacerlo sobre lo mismo. Los artistas buenos suelen conseguir el sentimiento de la emoción en cualquier disciplina, cuando no lo logran pueden acudir a la llamada del oficio. En la poesía y en la música, el oficio por sí solo suele ser un argumento estéril.

el mundo desconocido,
él, desconocido, pequeño santo,
semilla perdida en el campo.
Y en cambio ha escrito
poesías de santidad
creyendo que así
el corazón se engrandecía.
los días pasaron
en un trabajo que le ha arruinado
la santidad del corazón:
la semilla no ha muerto,
y él ha quedado solo.
(Traducción de Delfina Muschietti – Versión de 1974)


22 de Julio de 2013


Sin que sepa, Ó., la razón concreta, siempre me ha gustado hacer partícipe a otros compañeros del placer que me causaba el descubrimiento de artistas en general y, especialmente, de poetas. Lo que me dices lo encuentro fascinante como el hecho de que Pasolini te haya resultado extraordinario, conocer a los grandes siempre nos abre puertas para afrontar nuestros retos, cuando requieren traducción en ella se nos ofrece unas posibilidades originales de tratar nuestra propia poesía.


Vuelvo a Pasolini en esta noche de levante que ha oscurecido las plantas, los semáforos, las nubes, las aceras y me recuerda algunos poemas que podría haber escrito.


Gracias, Rosana, por darme la oportunidad de acordarme de algunos momentos que no he vivido, de algunas cosas que no han pasado.


***


Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.


(11 de agosto de 2017)


En la vida no importa los pasos que des,

las sandalias que lleves

sino la huella que dejas.

(Pasolini - Variación: F.E. León)


Francisco Enrique León1 de junio de 2019, 20:40


Me gusta hablar de Pasolini, Rosana, indagar en sus contradicciones aun sabiendo que nunca llegaré hasta el fondo de ninguna de ellas porque ni él mismo supo darnos las pistas sobre dónde residían y cuál era su procedencia. Siempre admiré su alma de profeta que denunciara con valentía y misericordia las miserias de una modernidad deshumanizada y lo hiciera en cualquiera de sus facetas artísticas con un compromiso irrenunciable. Ahí era coherente e iluminaba con su verso redentor las enseñanzas de Cristo a pesar de su ateísmo confeso. En su contra tendría la misoginia rancia e irracional que exhibió, sobre todo, en sus últimos años, y la debilidad manifiesta que sentía por los más jóvenes para saciar su apetito sexual, tuvo problemas, no del todo aclarados, con la justicia por ello. En esto último no quisiera dejar un poso de dudas que, con razón, pudiera interpretarse como malintencionado; conociendo las escasas simpatías que provocaba debemos pensar que habría sido condenado, para regocijo de sus influyentes enemigos, de haberse encontrado el mínimo indicio de culpabilidad.


(11 de agosto de 2017)

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Francisco Enrique León1 de junio de 2019, 20:43


Dom, 25 Nov 2018 8:53

No me parezco en nada a Pasolini, Roxane, él escribía poemas políticos y sociales y los llenaba de amor, yo solo escribo poemas de amor y, casi siempre, cuando no queda amor. Para mí es importante arrastrar esa contradicción; escribo poemas de amor y pies de página; he llegado hasta ahí por circunstancias específicas. No creo que la poesía me haya dado la espalda y, sin embargo, me siento como si fuera así.


Ni los ateos más recalcitrantes pueden negar la importancia de Cristo en nuestra civilización. Nos encontramos con la aparición de la sociedad laica y la contradicción que nos encontramos es que los creyentes más fervientes de Cristo, ahí debemos de situar a Pasolini, no creen en su divinidad, y quienes creen en ella la reducen a la parafernalia; lo importante es comprarle la túnica más lujosa al Nazareno para que procesione cada primavera u organizar una recogida de alimentos para los ➕ necesitados sin querer enseñarles el camino para que dejen de ser pobres.


Cada época de nuestras vidas tiene su canción, su película, su lugar, un nombre, una sonrisa, que con su sola evocación nos traslada a ella, y, aunque a muchas personas les cueste trabajo decirlo y otras pocas lo digan como quien hace una trasgresión excitante de una regla, aunque no recuerden un solo verso de él, cada época tiene su poeta. Así, Bécquer y Juan Ramón Jiménez marcaron mi niñez, Neruda, Antonio Machado y Hernández mi adolescencia, Hölderlin, Pavese y Lorca, iba a decir, mi madurez, pero casi he desistido en el intento de lograrla. Cohen y Pasolini llevan ahora unos años rondándome, no sé si me han desviado de la única lengua que conozco o si me han ayudado a la hora de hacer hablar a la del corazón, en la que todos entendemos.


Este apartado lo he reservado para el segundo de ellos, un descubrimiento tardío y que presentí que iba a ser largo nada más leer, antes de pagar el libro, el poema que venía en la contraportada. Este trabajo ha querido reflejar aquel encuentro. No es un esfuerzo unitario, son poemas sueltos escritos durante estos últimos años, me he permitido incrustar dos traducciones del inspirado poeta italiano, una de ellas, como indico, desde una versión en inglés de Pasquale Verdecchio, aquí no incluyo los originales porque no estoy seguro sobre los derechos que tengo para hacerlo.






Tenía veinte años, incluso menos, dieciocho,

diecinueve… y había vivido un siglo,

toda una vida.


Al constatar, consumido por el dolor

que nunca podría dar mi amor

sino a mis manos o al musgo de las trincheras.


O quizás a la tierra de una tumba desolada...

Veinte años y, con una historia humana

y toda su poesía, una vida había terminado[2].


(Pier Paolo Pasolini, de “Una vitalidad desesperada,

traducida al inglés por Pasquale Verdecchio)




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