sábado, 11 de febrero de 2017

Raimon - La canción de la madre




       He dejado a mi madre sola en la casa de nuestra calle, ya siempre estoy acompañado por los fantasmas y las ruinas, el Tobogán se desliza sin tregua hacia otro olvido en el que no se reconoce, he amado en estos lugares que acabarán perdiendo el nombre y sonrío detrás de una lágrima en la parte de atrás de una fábrica abandonada. La Almadraba no volverá a ser un barrio blanco, los comerciantes fenicios nos vendieron con los primeros televisores; los que crecimos hollando sus orillas en el verano más largo teníamos el mismo corazón abierto al viento sin importarnos de donde venía, ahora somos comadres que sonríen en la fachada y tiran aviones de papel envenenados cuando nos damos la vuelta, el dinero tiene un encanto subversivo que hace que las anguilas maldigan el arroyo en el que nacieron. Había pobreza, y los defectos inherentes a la naturaleza humana, pero había dignidad, no sé qué significa eso cuando la comodidad se convierte en la diosa más implacable, resulta su sonido tan encantador cuando arrancas el motor de tu primer coche y piensas que puedes dejar atrás tantas cosas. Nadie me espera en una casa que perdió su aliento, no puedo luchar contra el miedo, ni contra el dolor, ni contra hombres distintos que son también mis hermanos.

      Cuando Raimon grabó esta canción en 1967, España empezaba a despertar al bienestar, a los que teníamos como única lengua el castellano nos decían en el colegio que en España había solo una lengua, nos decían demasiadas mentiras, pero sin pretenderlo decían algo cierto; la misma opresión nos había hermanado y podíamos entendernos y decíamos lo mismo aunque lo hiciéramos en diferentes lenguas. La crítica profunda y melancólica al desarrollismo de Raimon es la nuestra.   

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.