viernes, 4 de marzo de 2016

Nietzsche, Unamuno y Neruda.


       La genealogía de la tragedia. Estoy convencido de que no ha habido hombre más inteligente que Nietzsche y, sin embargo, fue terriblemente desgraciado, enfermó de dolor por lo que no pasó. Ser amado por una mujer, acaso. Fue un poeta bueno a secas porque su pensamiento no dejó nunca las riendas sueltas a sus sentimientos.

         No he considerado a Pablo Neruda demasiado bien a la hora de escribir aforismos. Pero tengo que reconocer que el último que acabo de leer es muy bueno, aunque ya no me acuerde del cajón en que lo guardé. El poeta no apela a la razón sino al sentimiento.

      Prefiero el vitalismo que nace del sentimiento trágico de la vida o del nacimiento de la tragedia, como en Nietzsche o Unamuno, que del optimismo del vividor con alma y sin entrañas que, a veces, fue Neruda, capaz de arriesgarse por salvar niños españoles y de repudiar a una hija porque tenía hidrocefalia. Con sus bandazos casi insostenibles, Nietzsche y Unamuno fueron fieles hasta el final a su propia deriva, uno con su locura a cuestas, el otro con síntomas acusados de haber sido derrotado por una España bipolar.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.