martes, 8 de septiembre de 2026

Las flores y los prados

 Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

(César Vallejo - Piedra negra sobre una piedra blanca)


A Orson Welles.



Las flores y los prados tienen el mismo sino,

la misma larga noche

que apagará mi frente,

mientras busco coronas, laureles, epitafios,

pasan las caravanas cargadas del perfume

que vierten los linderos,

y no puedo tenerlo, sentirlo, propagarlo,

porque estoy en el valle y es abrupta la rampa.


Ya nadie me provoca, nadie quiere escucharme,

nadie intenta saber

qué había en mi mirada oscura, amarga, triste

conteniendo la fuerza, qué comentario irónico

despertaba las risas en la mesa de un bar

mustio de madrugada cuando ardía el bufón

de todas las comedias,

hace ya mucho tiempo, cuando aún te esperaba,

cuando quise aprender

el arte de la vida,

la vida se reía siempre de mis intentos.


Las chanzas se apagaron como viejos vestidos,

lo que fuera brillante

se convirtió en derrota,

armarios retraídos que no tienen deseo

y que guardan portadas de revistas sin fecha.


Lo que fuera arrancar

besos en el olvido

es un trotar sin gracia

invocando la suerte,

pasan enfermedades, citas que nos aguardan

con la fragilidad

sincera de los cuerpos,

y pasan comentarios vacíos que no llegan

mientras toda la muerte reina en los hospitales

y el verso se nos hunde sin libertad ni orquesta.


Y tú y yo, separados por música y gemidos,

habitando en un mundo que no nos pertenece,

desvelamos los surcos del tiempo en nuestras almas.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.