sábado, 12 de septiembre de 2026

Costana de Ribalta


A Rafel, a su amor por su bohemia, más o menos loca, con mucho cariño, brindo por él, de todo corazón, es mi valedor.


Una mujer con sombrero,

como un cuadro del viejo Chagall,

corrompiéndose al centro del miedo

y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.

(Silvio Rodríguez - Óleo de mujer con sombrero)


Llega un rumor

de silencio que se abraza a tu figura

cuando pasa el último autobús de la frontera

y mantengo en la memoria

de tu mirada el misterio del olivo silvestre,

me miro en un espejo asustado

y los muelles se alejan entre la bruma de la noche

y la muerte de los besos

que se hunden en el asfalto de la carretera herida

y en la huella de las farolas

que se imprime en los nombres de las fábricas.


Te amo en este rincón de la ciudad que duerme

y aprisiona los sueños perdidos de un pasado

que sería distinto

sin tu aliento en los carteles y los cristales,

sin la caricia que guardas en el regazo de la luna;

yo no hablaría de los faros que nublan la garganta

con la huella estridente de un canto sobre las tejas,

no hallaríamos las portadas escondidas

en la humareda cargada

de los lunes cenicientos sin papeles y sin rastro,

te acosaría el alma de la primera sonrisa

que no supo esperarte

en la herrumbre que llora la sed de las cancelas

de tu puerto desencajado en los bosques de ladrillo

vencidos por la nostalgia

de tus manos ardientes en el suelo y en las tizas

cuando jugar era serio y nunca hacía daño.


Vago en la quietud atormentada

de los muros encalados

que suben la implacable costana de Ribalta

y en el temblor errante

de las luces encalladas que rezan en los umbrales

de la última puerta que se abre en el olvido.


En ese momento que has llenado de estrellas furtivas

me levanto como un hombre desmaquillado

que se abraza a la cola que tiembla en otra luna

intentando encontrar

tu destello en la noche del índigo caído

que hiere su soledad con una lágrima oscura

para llevar tu timidez antigua a un rincón de los lienzos

que esbozan un corazón amortajado

en una cometa inocente y desnortada

que nunca llega a alcanzar el lugar alto en donde vibras,

aun así te persigo en un norte sin brújula

que se pierde en el marco del óleo que tú amabas,

te abrazo en la cortina que desgarra el clamor de tu vestido

entre las sombras de los gatos que resisten

en los colchones viejos y en las sillas rasgadas

de la colonia desnuda del taller arr

asado,

en el poema que hablabas de la libertad en el viento.





1 comentario:

Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.