sábado, 12 de septiembre de 2026

Los amantes desconocidos


A Lou Reed en Berlín


Quiero llevarte el amor que queda

en una ciudad abandonada

y erigir una canción en los labios del viento

que recuerde una caricia sobre un muro derruido

con la presencia de un nombre que nunca supe escribir

y que nunca sabré borrar.

*** *** ***

Cuando llegue el corazón perdido de la noche

te preguntaré

si queda un beso para que te recuerde,

para saber cómo llamarte

cuando la escena haya concluido

en la oscuridad profunda que se anuda

a los árboles torcidos de las aceras

mientras tiemble en los pasajes el alma de los pájaros

que perdieron las notas, la caricia, los refugios

y las sombras celestes de los vuelos de ayer.


Te abrazaré en las herrumbres de las calles ruinosas

para llevarte el amor que encuentre

en una ciudad torpe y abandonada,

para abrir una cortina que deje tu mensaje

en una enredadera

que lleve una caricia sobre el muro enternecido

por un canto angustiado

que se arrastre en el suelo desierto de una hoja caída

en la que nunca me dejaste la dirección de tu voz y tus poemas.


He arrancado palabras en las esquinas del silencio para buscarte,

he clavado un lamento sobre un recuerdo derruido para tenerte,

una rosa en la ventana donde la luz se quiebra

ante las cruces quejumbrosas,

ante la soledad de las alas

que no encontraron

en los labios la quietud de la brisa.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.