sábado, 19 de septiembre de 2026

La madre

 He dejado a mi madre sola en la casa de nuestra calle, ya siempre estaré acompañado por los fantasmas y las ruinas, el Tobogán se desliza sin tregua hacia otro olvido en el que no se reconoce, he amado en estos lugares que acabarán perdiendo el nombre y sonrío detrás de una lágrima en la parte de atrás de una fábrica abandonada que ayudara a levantar los ladrillos de nuestra decadencia. La Almadraba no volverá a ser un barrio blanco, los comerciantes fenicios nos vendieron con los primeros televisores; los que crecimos hollando sus orillas en el verano más largo teníamos el mismo corazón abierto al viento sin importarnos de donde venía, ahora somos comadres que sonríen en la fachada y tiran aviones de papel envenenados cuando nos damos la vuelta, el dinero tiene un encanto subversivo que hace que las anguilas maldigan el arroyo en el que nacieron. Había pobreza, y los defectos inherentes a la naturaleza humana con la envidia ocupando un lugar de privilegio, pero había dignidad ante la muerte y el olvido, no sé qué significa eso cuando la comodidad se convierte en la diosa más implacable, resulta su sonido tan embriagador cuando arrancas el motor de tu primer coche y piensas que nunca volverás a sentir hambre de justicia por aquellos que se quedaron atrás y no encuentran su paso, cuando abandonas a aquellos a los que arrebataste hasta el último suspiro y ya no pueden caminar gobernando sus piernas.


Nadie me espera en una casa que perdió su aliento, no puedo luchar contra el miedo, ni contra el dolor, ni contra hombres distintos que son también mis hermanos aunque haya una barrera insalvable en nuestras respectivas formas de interpretar el mundo y el papel que desempeña el hombre en él; hay quien lucha contra Dios estando a su lado y quien lo hace contra el destino con todas sus consecuencias.


      Cuando Raimon grabó esta canción en 1967, España empezaba a despertar al bienestar, a los que teníamos como única lengua el castellano nos decían en el colegio que en España había solo una lengua, las demás eran dialectos, nos decían demasiadas mentiras, pero sin pretenderlo decían algo cierto; la misma opresión nos había hermanado y podíamos entendernos y denunciábamos el mismo Purgatorio tenebroso vestido con los ropajes de la Gloria aunque lo hiciéramos en diferentes lenguas. 


        La crítica profunda y melancólica al desarrollismo de Raimon es la nuestra. Habrá quien quiera ver en esta postura un sesgo reaccionario y es cierto que en algunos casos se han vertido proclamas insostenibles en contra del progreso. Pero nada más lejos de la realidad cuando algunas de las almas libres e independientes de nuestro tiempo se han manifestado en contra de la modernidad simplemente diciendo o narrando lo que ven, desentrañando una moral que nos esclaviza con las cadenas de nuestra libert

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.