II
Miércoles de Ceniza
1
Quizás prosiga triste
por haber olvidado
su sonrisa de invierno despejando la aurora,
sus flores
derramadas en el viento de junio,
sus manos que tuvieron la emoción de las horas.
Quizás prosiga hablando de lugares perdidos,
de sombras que perduran
en un temblor
sin alba,
de rostros que pasaron bajo la luna errante
detenida en sus ojos,
de amor que no fue amor
pero me hiela el alma.
2
Si yo rezara
sobre tu amor inerte
sería una tumba abierta
sobre tu voz quebrada,
sería una primavera con el cielo apagado
que besara tu olvido, tus pies y tus palabras;
para verte en la calle
como si fueras otra,
para hundir en tu cuerpo extraño la mirada
y no saber reír, llorar, ni aparecerme
en el hombre de siempre
que siempre te abrazaba.
Si yo rezara
sobre tu amor inerte
la sombra de la muerte se llevaría mi cara
y el camino de tierra que siguió nuestro paso
quedaría en mis ojos en la noche cerrada.
¡ Ay triste carnaval de sueño y de pasiones
que muere cuando reza y llora cuando canta¡
3
Vientos de soledad que me aprisionan
han borrado tu huella de mi frente.
Si no te quiero, amor,
¿qué haré con el vacío?
¿qué buscará mi alma sin dios
por estas calles?
Sigue la primavera hermosa en los andenes,
¿qué haré con esta sombra
de pétalo fruncido?
¿qué haré con este sol que ya no quiere verme?
¿qué haré con el recuerdo
que agoniza?
¡Qué haré con tu mirada¡
Si no te quiero, amor,
¿qué haré con el vacío?
III
Nocturnos a pleno sol
1
Y tú y yo, separados por música y gemidos,
habitando en un mundo que no nos pertenece,
desvelamos los surcos del tiempo en nuestras almas.
(Las flores y los prados)
I
No me llames en la noche
silenciosa de tu manto y de tu olvido,
no me dejes soñar con la luz de la alborada
que transita por la estrella ansiosa que te alumbra,
por el lamento errante
de un hombre perseguido
que siempre me visita cuando pienso en tu alma
con la mueca suplicante de un monstruo atormentado.
II
Navego en las canciones profundas de esta tierra
que anuncia nuestro paso
y muerde su fatiga en los jazmines,
en castillos de naipes que se yerguen en una lágrima,
porque quiero mecerte en la memoria
de la muchacha de luz que muestra tu sonrisa por las calles
que nos vieron pasar y esconden tu figura en una esquina,
porque quiero sentir
que has vivido en tus entrañas
la herida penetrante del sueño que brota en tu penar,
los geranios que vibran solo con tu presencia.
III
La voz de tu fragancia vertida en los portales
se extiende por el barrio
donde ya nadie escucha la queja
siempre viva en los ojos de Billie Holiday,
ni la pluma extraviada de Paul Simon que sigue
arañando las paredes de un poema sin ritmo
en tus sentimientos,
ni la cadena sujeta a los caminos tortuosos de una oración
que no encuentra su palabra y culmina en tu nombre,
en una vieja soledad que no envejece
mientras pasamos por la frontera
con un mensaje sin destino encallado en el fulgor de tu mirada,
en los soles dichosos que brillaron y nos sonríen con tristeza.
2
Vives en otro mundo
que para mí
era el más querido de los últimos rayos
que bañan las acacias de tu esquina.
He pisado la isla entre el Hacho y las matas,
me hundo y tengo miedo,
he cantado a los hijos lóbregos de la noche
que muere en la escollera
como si fuera un sueño interrumpido
en el swing de tu mente y tu amargura.
He atracado en los astros de los dioses que penan
en caminos de polvo que perdieron el nombre,
en templos derrumbados cubiertos de ceniza.
Ya no puede pensar en ti sin un aullido,
ya no puedo olvidar la furia de tu brisa
cuando no me comprendes,
la soledad del mundo que brota en tu mirada
cuando dejas atrás la huella de mis labios
en tu vestido rojo,
y el silencio del búho que recorre los diques
de mis caídas bruscas, de la sombra que espera
suspendida en el aire de la muerte,
en el tenue latido
de la marea tibia que al alba se recoge
en la cala doliente que tú amaste,
y no hallo mi alma, perdida en la tristeza.
3
No he dejado de amarte
a pesar de la hondura del proceloso viaje
que me encierra, nos cubre y nos separa.
Volveré a los huecos de tu olvido
para gritar tu noche tensa y larga,
a los caminos grises para encontrar tu paso.
4
Quizás vuelva la noche profunda de las calas
y camine en tu rostro
la luz por los estrados y muestres el deseo
de vivir en la tierra
que anidara tus pasos cuando te perseguía
y te entregue los aires dolidos de mi voz.
Llevas en la mirada el soplo del Poniente,
en los labios la herida del pájaro que tiembla,
los soplos que iluminan
en la huerta que muere y vuelve en el recuerdo
para hablar en los bancos de la luz apagada,
del capricho que acoges en tus alas caídas.
5
He querido la sombra inquieta de tu blusa,
la nube de tu canto,
la hiedra de tus muros,
he escrito un poema en el atracadero,
viste su melodía
la farola en la piedra de un quejío pasado
en la taberna lúgubre de canciones sin rumbo,
en los juegos malditos
que llenaban tu boca y encendían los deseos,
en los mástiles rotos
en la herida de n
iebla cercenando las calas.
Solo puedo buscarte como un sueño perdido
que escucha en la mañana la voz de ese silencio
que se apodera de Abyla
y grita que aún me amas en su quietud nerviosa.
6
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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.