viernes, 4 de septiembre de 2026

Elegía urbana

 A Luigi Tenco

Estoy seguro de que ya nada ahogará mi rima,

durante años he llevado el silencio en la garganta

como el sacrificio de una deuda,

pero ha llegado el momento de cantarle

una elegía al pasado.

(Alda Merini - Versión: F. E. León)


La ciudad se ha ido alejando de la que conocimos,

las calles no parecen tener el mismo color

ni las mismas camisas ofrecidas al viento,

apenas quedan vidrieras en las que reflejar nuestras emociones

y nuestra añoranza de lo que nunca ocurrió,

caminamos entre las cenizas de un pensamiento

que no llegamos nunca a poseer,

entre árboles extraños que perdieron sus raíces

y ya no distinguen

las sombras de los geranios blancos

que reman lentas en la mirada del crepúsculo

de los estantes que arañan el antiguo resplandor

de la huella de Camus sobre los adoquines

plegada en el papel que nunca llegué a enviarte.


Unos besos atravesados que se ocultan en las ramas

de las arterias caídas que sufren las direcciones de los puentes

me recuerdan

que los amantes que fuimos se fueron a buscar otra espesura

cuya penetrante melancolía

se derrama en la urna oscura de los himnos elegíacos

que no encuentran unos labios para que vuelvan

a ser besados en la túnica abierta

de los paseos cenicientos que los sauces aroman,

para que puedan entonar en el pasado una palabra de amor

que ahogue un largo poema de resentimiento

en la tarde más triste

 adonde huía el invierno más cruel.


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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.