lunes, 14 de agosto de 2023

La niebla

  
 No podré ni llorar por lo que no comprendo
ni ofrecerte la llama que hierve por tu nombre...
(No hablaré de poesía)
 
Después de un cruel silencio se derrama tu voz
en un alegre canto hundido en la tristeza,
no queda una palabra que pueda reclamar
los sentimientos rotos,
no queda una elegía para invocar las notas
que llegan a tus medias
 transidas de dolor estrechando tu pecho,
a puentes que se apagan en barandas que mueren,
 a excesos que caminan entre los adoquines,
marchitan la esperanza y nublan las farolas.
                                                  
En un martirio abrupto se sumergen los astros
que sin norte se agitan en un mar de ginebra  
latiendo en el cristal de una mano que llora,
de unos labios pintados que marcan las paredes
que se estiran sin rima en un poema mustio.

El amor no aparece con su extraña sonrisa
pincelando los huecos que tus párpados abren 
mientras se inclina un mundo sin rostro en otra ruta
que no tiende sus lazos, que nunca se detiene,
te abandona y se aleja
como un barco de lluvia
cuando cortan los puentes las ramas del celaje
y un caballo de mar se ahoga en el asfalto.

El desconcierto sufres, con las pastillas sueñas,
mueres en la amargura con el tono apagado
de quien perdió la senda
de una esperanza herida en raíles sin luna,
en vagas estaciones donde no espera nadie
y no tienen respuesta
 como un nocturno antiguo que pregunta a las nubes.
 
Un espejo que funde tu sombra y tu figura
te susurra lo cerca que se encuentra la muerte.

¡Ya no sé cuántas veces te busqué en el murmullo
del parque por la noche,
cantante callejera del muelle solitario,
ni  cuántas evoqué a Ginsberg deshaciendo
 su aullido irreverente,
el alma de tu rostro de ninfa enajenada!

Miro ahora tu cuerpo, 
tu ausencia, tus caderas en el cartel de un muro
embargado en la niebla,
en un pulso angustiado que no encontró salida,
en los escaparates que tejiera el olvido
que  cubría tus ojos cerrados al mañana.

2 comentarios:

  1. Un gran poema que además que alberga a otro: el "aullido" de Ginsberg.
    Te felicito es un muy buen poema.

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  2. Muchas gracias, Toro Salvaje. Me alegra mucho que te haya gustado mi poema.

    Un abrazo.

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Debo tener en cuenta lo que me dijiste algún día y no escuchar tu silencio de ahora.